sábado, 9 de abril de 2016

LA BIENAVENTURANZA DE LOS PACÍFICOS





Por Mons. Émile Guerry


"Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt., 5, 9).


I. ¿QUIÉNES SON LOS PACÍFICOS?

Son aquellos que además de poseer en sí mis­mos la paz, la derraman en torno suyo.

La paz no es de la tierra, ni de los hombres; es un bien divino. En el cielo gozaremos de la plenitud de la paz en la eterna dicha. Nosotros hemos sido hechos para el único Ser que puede darnos la paz, y mientras no descansemos en Él, no tendremos paz.

Él puso en nosotros ansias de lo infinito y de lo eterno.

Ahora bien, aquí abajo todo es finito, limi­tado, contingente. Los bienes creados no pue­den satisfacernos sino en un punto; o son bienes de la inteligencia, o lo son del cuerpo; o lo son del corazón, o lo son de los sentidos. Entre sí se perjudican y se contradicen. Nos hace falta el Infinito para colmar todas las aspiraciones de nuestro ser.

Además, todo es aquí abajo de corta duración. Por eso, el mundo no tiene paz. Los hombres se aturden por medio de placeres pasajeros. Pero en el fondo de sus almas, al goce que les procu­ran esos placeres sucede el cansancio, el hastío, la desazón de las pasiones, la intranquilidad y el sufrimiento.

¡Ah! ¡Si se pudiese dar a todas las almas la paz divina! En medio de este mundo agitado, un alma portadora de paz es algo así como la revelación de otro mundo, superior e invisible. Esa alma es una bienhechora de la humanidad.

Oh Padre divino, Tú, cuyo Amor llena el alma con la suavidad de su paz, haz que irradie esa paz sobre todos esos hermanos míos que se aproximarán a mí en este día.

II. SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS

La paz, es la atmósfera de la familia divina. Es el privilegio de aquellos que han llegado a ser hijos de Dios.

Jesús es Hijo de Dios por naturaleza: por eso es llamado “el Rey Pacífico”, “el Príncipe de la paz.”

¡Qué océano de paz es el alma de Jesús! Cuan­do meditamos el Evangelio, tenemos como la sen­sación de que nos inundan los suaves efluvios de esa paz.

Sobre su cuna, los Ángeles anunciaron la paz que Él venía a traer a los hombres de buena voluntad (a toda la humanidad, objeto de la bue­na voluntad de Dios), paz en la tierra para Gloria del Padre en el cielo. Jesús tributó al Padre toda la gloria.

Apaciguó la tempestad sobre el oleaje amena­zador, así como apaciguó las almas de sus dis­cípulos y las angustias de las turbas. Dejó a los Apóstoles su paz, la que Él sólo puede dar. Cada vez que se les aparece después de su Resurrec­ción es para traerles la paz. Toda visita de Jesús a un alma deja con ella la paz.

La paz es la señal de los hijos de Dios, porque la garantía de la verdadera paz es tener a Dios por Padre, es saber que el Padre está siempre con nosotros para custodiarnos, y velar sobre nosotros, es saber que el Padre nos ama (Juan, 16, 27). De nosotros depende que esa paz no salga de nosotros.

Por esta razón es que San Agustín y Santo Tomás de Aquino refieren la bienaventuranza de los pacíficos al don de Sabiduría. Este don nos hace juzgar todas las cosas a la luz de Dios: nos hace comprender que la razón de ser de todo para Dios es su Amor Infinito. El alma que así posee las razones supremas de las cosas y las contempla todas en Dios, descubre el orden ad­mirable de su Providencia paternal.

Y si se tiene presente que la paz es la tran­quilidad del orden, esa alma estará en la paz, la paz de los hijos de Dios, paz irradiante, con­quistadora, iluminadora, paz visible a los ojos de los que saben ver, porque sus realidades más hon­das aparecerán en toda la vida exterior de la per­sona.

Aquellas almas que comprendieron la dicha de pertenecer al Padre, es menester que se ha­gan, a impulsos de una ardiente caridad, las sembradoras de la paz en el mundo, a fin de que muy pronto, todos los que aun no saben nada de esa dicha, puedan, al encontrarlas, reconocer en ellas, por esa señal, los hijos del Padre, y designarlas con una sola palabra, que lo dice todo: "¡Aquí están los hijos de Dios!”


(“Hacia el Padre”, Ediciones Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1947)



SOBRE LA ORACIÓN - SANTA TERESA DE JESÚS (I)





1. El que persevere en la oración, por pecados y tentacio­nes y caídas de mil maneras que ponga el demonio, tengo por cierto le sacará el Señor a puerto de salvación (Vid. 8).

2. De lo que tengo experiencia puedo hablar: digo, pues, que por males que haga quien hace oración, no la deje: pues es el único medio por el que se podrá remediar, y sin ella será difí­cil (Ibíd.)

3. Quien no haya comenzado a tener oración, le ruego, por el amor de Dios, no carezca de tanto bien (Ibíd.)

4. Pues si a los que no le sirven, sino que le ofenden, les está tan bien la oración y les es tan necesaria, que no se pueden hacer a sí mismos daño mayor que dejar la oración; los que sirven a Dios y le quieren servir, ¿por qué la habrían de dejar? Por cierto, si no es para pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender... Cierto los tengo lástima, que a su costa sirven a Dios; porque a los que hacen oración, el mismo Señor les hace la costa, pues por un poco de trabajo da gusto para que con él se pasen los trabajos (Ibíd,.)

5. Sólo digo que, para estas mercedes tan grandes que me ha hecho a mí el Señor, es la puerta la oración; cerrada ésta, no sé cómo las hará (Ibíd.)

6. Para no hacer pecados..., es necesario que se aprovechen las armas de la oración (Vida, 15).

7. En este punto quisiera yo ser una persona de gran autori­dad para que se me creyera esto; al Señor suplico su Majestad la dé: Digo que no desmaye nadie de los que han comenzado a tener oración, con decir: “Si vuelvo a ser malo será peor seguir con la oración”. Lo malo sería si por no enmendarse del mal dejara la oración; pero si no la deja, tenga por seguro que al fin la sacará el Señor a puerto de luz... (Vid. 19).

8. Yo la dejé año y medio, y no fuera más ni fue que meterme yo misma en el infierno sin necesidad de demonios que metieran en él. ¡Oh, válgame Dios, qué ceguedad tan grande! ¡Y qué bien acierta el demonio en cargar aquí la mano! Sabe el traidor que, alma que tenga con perseverancia oración, no puede ser suya, y que incluso, todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bon­dad de Dios, a dar después un mayor salto en su servicio. (Ibíd.)

9. No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración (Ibíd.)

martes, 5 de abril de 2016

DE BUENOS Y MALOS FRUTOS EN LA RESISTENCIA



Orgullo farisaico.


“Vosotros aún no sabéis qué espíritu es el que os mueve”.
 Luc. 9,53


Los últimos meses nos han hecho testigos de una serie ininterrumpida y creciente de ataques hacia los Obispos en particular, y la Resistencia católica en general, por parte de ciertos sacerdotes y sus acólitos que, habiéndose encaramado sobre imaginarios pedestales ecuestres, desde dentro mismo de la Resistencia han estado socavando la buena obra que continúa la resistencia iniciada por Mons. Lefebvre en la FSSPX. Según vemos por todo lo referido a las acciones del Padre Pfeiffer en Estados Unidos, en recientes artículos e informes, pero también de otros de sus colegas y cómplices en otros puntos de nuestro continente, la acción diabólica se está llevando a cabo de manera furiosa y constante con el fin de dividir y corromper la Resistencia, como la levadura farisaica que corrompe la masa y de la cual ya nos advirtiera Nuestro Señor. Esta levadura actuó silenciosamente por cierto tiempo, pero ahora las consecuencias de su pudrición son estridentes. “Enemistades, pleitos, celos, enojos, riñas, disensiones, envidias”, son algunos de los frutos de la carne que menciona San Pablo en Gal. 5, 20-21, y que vemos ahora madurar en diversos árboles que se presentan a sí mismos como irreprochables campeones de la fe. A estas obras de la carne pueden agregarse los frutos venenosos del desprecio por la autoridad, la difamación, la mentira, la calumnia, los falsos razonamientos, los juicios temerarios, las amenazas, la destrucción parcial de una capilla, la publicación constante de correspondencia privada, los escándalos,…Todo esto en nombre de la fe pura e incontaminada, bajo el estandarte de un Cristo que desconocen y de un Monseñor Lefebvre al que citan pero no imitan.

¿Cuál es el espíritu que sopla y empuja sobre estos revolucionarios que engañan a los incautos y matan con su lengua a los fieles que no se les someten, todo bajo la armadura combatiente de la Tradición católica? Quizás en algunos pudo haber en sus lejanos inicios nobleza de intenciones, pero creemos ver en la actual y penosa degradación de ciertos sacerdotes el espíritu de Judas, de Caifás o de Pilatos. El drama de la traición, el circo vociferante de la turbamulta, la lapidación impiadosa, vuelven a repetirse. Sólo la paz de Cristo puede ayudarnos a permanecer ajenos a los aullidos hirientes para así poder discernir claramente contra qué nos enfrentamos. Insensatos y orgullosos han abierto la “caja de Pandora” de las pasiones más vergonzantes pues involucran el odio homicida.

lunes, 4 de abril de 2016

UN GRAN PASO HACIA EL ACUERDO (HACIA EL ABISMO): MONS. FELLAY SE REUNIÓ CON FRANCISCO





Francisco se reunió el sábado con el líder de los lefebvrianos


Bernard Fellay y el Papa encontraron "puntos positivos" para la reconciliación
La Fraternidad San Pío X podría conseguir el estatus de "Prelatura Personal", como el Opus Dei

El Papa Francisco se reunió el pasado sábado con el superior general de la Fraternidad San Pío X, más conocidos como los lefebrianos. El encuentro entre el Pontífice y Bernard Fellay, según adelanta en su edición de hoy Il Folgio, fue "muy positiva", y se han abierto las puertas para el reconocimiento canónico de la congregación fundada por Marcel Lefebvre. Tanto es así, que ya se plantea la opción de una prelatura personal, al estilo del modelo "Opus Dei", para los lefebvrianos

En una reciente entrevista publicada en la web de la Fraternidad, Fellay se mostró abierto al diálogo, que ya comenzó en 2013 con un encuentro en Santa Marta. Ello no ha sido óbice para que, en diversas ocasiones,los lefebvrianos se hayan mostrado sumamente críticos hacia Francisco, en especial tras las discusiones del Sínodo de la Familia.

"Es evidente que Francisco nos quiere dejar vivir y sobrevivir", subrayó Fellay, quien agradeció que el Papa haya incluido a los sacerdotes lefebvrianos dentro de los que podrán administrar el sacramento de la reconciliación durante el Año de la Misericordia.

En su carta de convocatoria del Sínodo, Francisco incluye otra novedad, referente a los lefebvrianos. "Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie", incidió el Papa, quien reclama que "en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad". Por ello, "establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados".
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DICI: COMUNICADO DE MÉNZINGEN:

domingo, 3 de abril de 2016

ACERCA DE UNA MENTIRA REITERADA






"La mentira sólo es un vicio cuando obra el mal; cuando obra el bien es una gran virtud. Sed entonces más virtuosos que nunca. Es necesario mentir como un demonio, sin timidez, no por el momento, sino intrépidamente y para siempre." 

Voltaire.


Los enemigos de la Resistencia suelen repetir esta mentira, que por reiterada una y otra vez, puede resultar eficaz para engañar a algunos incautos:

Todos saben que Mons. Fellay quiere hacer un acuerdo con Roma.
¿Y los Obispos de la falsa “Resistencia”?
Mons. Williamson dice que “tomaría el primer avión a Roma”.
Mons. Faure dice que iría a Roma con Mons. Williamson.
Dom Tomás también dice que iría a Roma.
¿Entonces?
¡Entonces los cuatro están en lo mismo! ¡Los cuatro están dispuestos a ir a Roma! 
Los Obispos de la falsa “Resistencia” quieren llevarnos, aunque por caminos distintos, al mismo punto que Mons. Fellay: al acuerdo con Roma.
¡Todos son liberales! ¡Todos son traidores!


I.  MONSEÑOR WILLIAMSON

La cita está tomada de una conferencia dada por él en Post Falls, Idaho, EE.UU, en junio de 2014.

Monseñor se pregunta: ¿Puedo yo ejercer autoridad?
Y responde: -(…) En los tiempos de Monseñor Lefebvre, los sacerdotes pertenecían a la Fraternidad del Arzobispo, su propia Fraternidad. No era mi Fraternidad, yo no la fundé, nunca fui el superior -excepto en el Seminario- nunca fui el Superior. En lo que a mí concierne, mi relación con los sacerdotes [de la Resistencia] es más o menos como la relación del Arzobispo con los sacerdotes que no pertenecían a la Fraternidad: amistad, contactos, consejo, apoyo, confirmar a sus niños (eso es lo que estoy haciendo aquí), pero nada más que eso. Yo no tengo autoridadYo no tengo autoridad. Tengo las Ordenes que me dio el Arzobispo, pero las Ordenes no es lo mismo que Jurisdicción. Cuando el Arzobispo consagró los cuatro obispos en 1988, dijo en el sermón “no les estoy dando jurisdicción a estos cuatro, solamente les estoy dando las Ordenes”, que es la Consagración. Si hubiera pretendido darnos jurisdicción, hubiera estado creando otra Iglesia, se hubiera autonombrado Papa. El Arzobispo estaba muy consciente de lo limitado de su autoridad. Lo que hizo fue heroico, pero era muy limitado, por el hecho de que no fue autorizado por el Papa. Ahora, el Arzobispo tenía cierta medida de autoridad sobre los sacerdotes de su propia Fraternidad. Pero yo no fundé ninguna Fraternidad, si fundo una sin el permiso de Roma, estaría haciendo algo por mi cuenta. Yo no tengo autoridad. Yo no puedo tener autoridad. Amistad, consejo, contacto, apoyo: no hay problema.Autoridad: hay problema. Es un problema que proviene del Papa, yo no puedo hacer nada. En la realidad de la situación actual, vayamos de la teoría a la realidad. En la realidad, ¿pueden imaginarse que mandar a los padres Resistentes es como reunir gatos? [bromeando] ¿Pueden imaginarlo? ¿Es inimaginable? En tal caso, ¿vale la pena probar o está destinado al fracaso? Sería mejor no intentarlo, que intentar y fracasar. Algunos de ustedes pueden pensar que sería mejor intentar porque podría tener éxito. Yo no tengo la autoridad. Si… si… si… por algún milagro, el Papa Francisco me llamara la semana próxima y dijera: “Excelencia, usted y yo tenemos nuestras divergencias, pero en este momento yo lo autorizo a fundar una Fraternidad. Siga adelante por el bien de la Iglesia” “Santo Padre, ¿puedo tenerlo por escrito? ¿Le importa si voy a Roma y obtengo su firma?” “Sí, por supuesto.” “Muy bien, entonces tomaré el siguiente avión a Roma. ¡Estaré en el siguiente avión a Roma!” Pero sin eso, somos un bote sin remos. Y esta no es la solución. Entonces, en lo que llamamos el movimiento de la Resistencia, tendrán un problema de autoridad. Acostúmbrense a la idea. Pero piensen también que la autoridad es secundaria comparada con la fe. Y piensen que en el movimiento de la resistencia, en su conjunto, el movimiento de la Resistencia fue creado para la Fe. Por la Fe. Fue creada por la Fe.

Monseñor no dice que iría a Roma para hacer un acuerdo. Nadie que tenga un mínimo de honestidad intelectual puede afirmar que de las palabras citadas se puede deducir que Monseñor Williamson desea un acuerdo con Roma.

sábado, 2 de abril de 2016

REGLAS PARA LEER CON FRUTO LA SAGRADA ESCRITURA - P. SEVERIANO DEL PÁRAMO





1. Tomemos en nuestras manos la Biblia con amor, conforme escribe San Jerónimo en una de sus cartas: Ama las Santas Escri­turas y te amará la Sabiduría (Ef. 130 PL. 22, 1124). Además, ya que según San Pablo, toda la Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, convencer, corregir e instruir en la santidad (2 Tim. 3, 16-17), debemos leerla no para satisfacer nuestra curiosidad, sino para encontrar en ella el provecho de nuestra alma.

2. Antes de comenzar su lectura debemos dirigimos a Dios por medio de una corta y fervorosa oración a Jesucristo el cual es el único digno de abrirnos el divino libro y romper los sellos que le tienen como cerrado (Apoc. 5, 5 y 9).

3. Es necesario leer la Escritura con grande humildad y con entera sumisión a la Iglesia, la cual es la que recibió de Jesucristo este sagrado depósito, y la única que puede dar­nos la verdadera inteligencia de una manera infalible, como enseña el Concilio de Trento, siguiendo la tradición.

4. Jesucristo es el grande objeto que siem­pre hemos de tener presente en la lectura de la Santa Biblia, si queremos alcanzar su recto sentido, como dice San Agustín (In Ps. 96).

5. No siempre se guarda en la Escritura el orden de los tiempos; los Evangelistas y otros autores sagrados anticipan o posponen a veces la narración de un suceso, o hacen de él una recapitulación.

CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE DOM TOMÁS DE AQUINO OSB: MANDATUM APOSTOLICUM







+
PAX

MANDATO APOSTÓLICO


– ¿Tenéis un mandato?

– Lo tenemos.

– Que sea leído.

Nosotros lo tenemos de la Iglesia Romana que, en su fidelidad a las santas tradiciones recibidas de los Apóstoles, nos ordena que transmitamos fielmente estas santas tradiciones -es decir, el depósito de la Fe- a todos los hombres en razón de su deber de salvar sus almas.

Ahora bien, por un lado las autoridades de la Iglesia Romana, desde el Concilio Vaticano Segundo hasta hoy, están movidas por un espíritu de modernismo que subvierte profundamente la Santa Tradición hasta el punto de pervertir la noción misma de Tradición: Porque vendrá el tiempo en que no soportarán más la sana doctrina, apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas, como dice San Pablo a Timoteo en su segunda Epístola (IV, 3,5). ¿De qué serviría pedir a tales autoridades un Mandato para consagrar un obispo que se opondrá profundamente a su gravísimo error?

Por otro lado, para tener tal obispo, los pocos católicos que comprenden su importancia podrían, incluso después del Vaticano II, esperar que viniese de la Fraternidad San Pío X de Mons. Marcel Lefebvre, así como éste les consagró cuatro por un primer Mandato de suplencia en 1988. Infelizmente, observando que las autoridades de la Fraternidad toman el mismo camino liberal, remitiéndose constantemente a las autoridades romanas, tal esperanza parece ser vana.

Y entonces, ¿de dónde esos católicos fieles obtendrán los Obispos necesarios para la supervivencia de su verdadera Fe? En un mundo cada día más opuesto a Nuestro Señor Jesucristo y a Su Iglesia, el peligro parece tan grande que, en tanto Pedro no se convierta (Luc. XXII, 32), es la misma Santa Iglesia la que nos pide venir en auxilio de las ovejas abandonadas, asegurándoles un número suficiente de verdaderos pastores (Jer. III, 15) en la medida en que tal necesidad se haga presente.

Ninguna presunción ni cesión de poder episcopal de jurisdicción acompaña a esta transmisión del poder episcopal del Orden y, tan pronto como Dios intervenga para salvar Su Iglesia, a la cual no le queda ninguna esperanza humana de salvación, los efectos de esta consagración y de este Mandato de suplencia serán puestos inmediatamente en las manos de un Papa que sea de nuevo inequívocamente católico.



COMENTARIOS ELEISON - LEGADO DE MONSEÑOR - II




Número CDLV (455)
02 de abril de 2016

Legado de Monseñor – II

Mons. Williamson




¿Estructura o ninguna? ¿Donde está la Fe?
¡Donde esté, allí obligado iré!

En el 2012 los sucesores de Monseñor a la cabeza de su Fraternidad de San Pío X, habiendo fallado en comprender su postura fundamental de anteponer la Verdad católica a la Autoridad católica, afirmaron falsamente estar siguiendo su ejemplo cuando en el Capítulo General de la Fraternidad de ese verano, se dispusieron a poner de vuelta la Autoridad encima de la Verdad al abrir la puerta a algún acuerdo político y no doctrinal con los mentirosos de Roma – “El Catolicismo es Revolucionario” es una monstruosa mentira. Por años ya estos sucesores han difundido rumores de que el acuerdo es inminente, pero Roma los tiene donde quiere tenerlos, por su propia culpa, y se exponen a que les continúen extrayendo concesiones tales como, posiblemente, la desastrosa entrevista del 2 de Marzo concedida por el Superior General a un depredador profesional. La Roma Conciliar nunca se olvida de lo que la FSPX parece no querer recordar más – la Tradición católica y el Vaticano II son absolutamente irreconciliables.

Sin embargo, Monseñor tuvo discípulos que no han olvidado esto. Ellos van bajo el nombre de la “Resistencia”, el cual es un movimiento más que una organización, lo cual es lógico. Aferrándose a la Verdad contra la falsa Autoridad tanto de Roma como ahora de la FSPX, cualquier autoridad interna entre ellos puede cuando mucho ser de suplencia, es decir, una autoridad anormal suplida invisiblemente por la Iglesia en caso de emergencia para la salvación de las almas. Pero tal autoridad, por la invisibilidad de su transmisión (en contraste con las ceremonias visibles por las cuales muchos tipos de autoridad entre los hombres son transmitidas), es tanto más débil y más contestable que la autoridad normal en la Iglesia, la cual desciende siempre, en última instancia, del Papa. Por consiguiente, la “Resistencia” tiene la fuerza de la Verdad pero una debilidad de Autoridad normalmente esencial para proteger la Verdad católica.

SECTA DEL P. PFEIFFER: SOBRE UN PERSONAJE CLAVE





REVELANDO EL CULTO DEL P. PFEIFFER: ¿QUIÉN ES PABLO HERNÁNDEZ?


Fuente Nota: ponemos extractos. La negrita es nuestra.

Es necesario advertir a los católicos acerca de los muchos peligros que acechan en la pandilla del P. Pfeiffer. El P. Pfeiffer salió a escena en 2012 como una de las voces más abiertas en contra de la nueva dirección de Menzingen. Pronto empezó a subir cada uno de sus sermones, algunos de más de una hora, a su canal de YouTube en el canal 469fitter. Desafortunadamente, desde entonces el P. Pfeiffer ha causado mucho daño a la Resistencia católica debido a sus muchos escándalos, expuestos por buenos sacerdotes y antiguos asociados como el P. Chazal, el P. Ortiz, el P. Voigt y otros.

El propósito de esta entrada es exponer al brazo derecho del P. Pfeiffer, Pablo Hernández, también conocido como Pablo el Mexicano (no es mexicano). La gravedad de desasociarse de la secta del P. Pfeiffer se vuelve más apremiante cuando miramos cuidadosamente detrás de escenas y no solamente al pretendido obispo cismático que celebra “misa” en su altar.

viernes, 1 de abril de 2016

CARTA DEL P. VOIGT SOBRE EL "SEMINARIO" DEL P. PFEIFFER






Fuente
 
Nota: se publica la carta en extracto y con negritas puestas por nosotros.

Preámbulo: Me tomo el tiempo de evaluar la vida de tres años en Boston, KT, con la finalidad de exponer los peligros que acechan en ese lugar. Todo lo que escribo puede ser verificado por los seminaristas que se separaron del P. Pfeiffer. Esta exposición está destinada a corregir y ayudar a mejorar lo que está ocurriendo en ese lugar. La corrección fraternal es un acto de caridad y por eso escribo. Esta exposición consta de cinco partes: 1) Orden vs. Desorden; 2) Centrado en sí mismo vs. Centrado en Dios; 3) Duro criticismo de los demás pero no de uno mismo; 4) Esfuerzo ilegítimo vs. Verdadera resistencia; 5) Herejía, investidura laica, protestantismo en efecto. Primer tema:

1. Orden vs. desorden

Orden es el primer signo de imitación del cielo. En el cielo encontraremos perfecto orden, y entonces en un seminario el esfuerzo completo debe ser el de poner este orden en el trabajo para que el seminarista pueda enfocarse en la obra y palabra de Dios. Sin respaldo, sin ninguna novena u oración, y sin un obispo que sancionara el proyecto, el Padre abrió un seminario (?) con un aspirante a cocinero, un músico, un recién graduado de preparatoria y un señor de edad. Desde el principio hubo carencia de profesores, por lo que el graduado de preparatoria se convirtió en profesor de latín a pesar que solamente tenía cuatro años de estudio. Los dos padres salían cada fin de semana y algunas veces durante toda la semana cuando iban a Asia o alrededor del mundo. Cuando uno regresaba, entonces había clases. Mientras tanto, no había Misa, la vida de oración sufría, pero los hombres continuaron a pesar del desorden.

Un seminarista enfermó y no parecía mejorarse. Debido a la edad, la enfermedad, y otras circunstancias, alegó que el hombre no tenía vocación para el sacerdocio por lo que el Padre decidió que sería hermano. Siguiente desorden: basarse en los números y seguir el patrón de preparación que existe en Winona. Parecía que la estructura fue modelada en la FSSPX para la recepción de la sotana, las salidas, los horarios, pero fue un parecido muy vago. El P. Hewko arregló caminatas, pero este no era un buen grupo para ese tipo de salidas, solo uno tenía la resistencia necesaria, por lo que el Padre las complementó con los sobrinos del P. Pfeiffer.

Mi punto: el P. Pfeiffer muerde más de lo que puede masticar y quiere cada vez más y más. En lugar de una prudente evaluación del lugar, el personal, y la falta de legitimidad, él se fue hundiendo cada vez más profundamente en el fango de la actividad. Entre más tiempo estaba fuera, más difícil se volvía el programa. Yo sólo puedo pensar y expresar mi punto de vista cuando visité durante los fines de semana o durante los descansos escolares. No recuerdo que el Padre haya llamado ni a una sola junta para resolver los problemas o para coordinarse con el P. Hewko.

LA SIMPLICIDAD (POR OPOSICIÓN A LA DOBLEZ)





Por Mons. Émile Guerry


“Sed sencillos como palomas” (Mt., 10, 16).


I. LA SIMPLICIDAD ES UNIDAD

La simplicidad no es ni la ingenuidad excesiva de la inexperiencia, ni la liberación de toda re­gla, ni la imprudencia en los modales o en el len­guaje. La palabra "simple” evoca ante todo la idea de unidad. Simple y uno es la misma cosa. El Divino Maestro predica constantemente la unidad en la vida espiritual: “Ninguno puede servir dos amos: porque o aborrecerá el uno, y amará el otro, o se adherirá a uno, y despreciará el otro” (Mt., 6, 24). Y acto continuo Jesús recomienda la entrega entre las manos del Padre celestial.

Lo que Nuestro Señor condenó con mayor se­veridad en los fariseos fue su duplicidad, su hipocresía, que los hace aparecer en contradicción consigo mismos: "Dicen, y no hacen”; condenó la mentira de sus vidas, y llamó bienaventurados a los rectos de corazón. Toda la Escritura nos manifiesta que ésta es una condición indispensa­ble para agradar a Dios y que El rechaza a los hombres que pretenden seguir dos caminos.

Ser simple es tener la mirada puesta en Dios, es ir derecho hacia Él como hacia un Padre, sin desviarse hacia las criaturas, ni replegarse sobre sí mismo. La paloma vuela con derechura, sin dar vueltas como otros pájaros, cuando se dirige al palomar. El alma simple se desprende de todo lo creado por un vigoroso aletazo, sin mirar a diestra ni a siniestra, ni hacia las criaturas, ni hacia sí misma, no viendo sino una sola cosa, la meta a la cual se lanza con ímpetu: ¡Sólo Dios!

"Como los ojos de la esclava están fijos en las manos de su señora, así nuestros ojos se adhieren al Señor Dios nuestro” (S. 122, 2).

¡Oh Padre! Sólo una cosa debe valer para mí: tu Gloria. El buscarla, como la buscaba Jesús, debe ser el objetivo supremo de todos mis pen­samientos, de todos mis anhelos, de todos mis propósitos. Esa unidad en mi vida establecerá en mi alma la simplicidad. No buscaré ya mi gloria, y así quedaré libre de las vueltas y rodeos suscitados por las preocupaciones del amor pro­pio del qué dirán, por el incentivo de la vana gloria y el deseo de captar la estimación general.

II. LA SIMPLICIDAD DEL NIÑO

Ser simple es ir a echarse en los brazos del Padre, en el impulso alegre y confiado del niño que está seguro del amor y de la bondad de su Padre. En ese sentido Jesús nos ha propuesto como modelo el niño: "Si no os convertís y no os volvéis como pequeñuelos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 18, 3). Primero hay que convertirse, para en seguida volverse niño. ¡Somos demasiado grandes! Creemos poder con­ducirnos por nosotros mismos, cuando Él es quien nos quiere conducir.

El modelo es el pequeñuelo que se dirige a su padre sin segunda intención, sin vacilación, sin cálculo. ¡Qué capa de vanidad, de complicaciones ha echado el mundo sobre nuestras almas! Todo es disimulo y convencionalismo en las relaciones de unos hombres con otros. Ser simple es tener, con la rectitud de la intención, la pureza del corazón: es mantenerse constantemente bajo la mirada del Padre, confiando en su bondad, afir­mado en su amor, no buscando otra cosa que darle gusto, no hacer nada, sin antes consultarlo, sin darle cuenta después.

Padre, ¡soy tu hijo! Tú me tratas como el me­jor de los Padres. Haz que yo vaya a Ti con toda la simplicidad del niño.

(“Hacia el Padre”, Ediciones Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1947)



MENSAJE DEL P. CHAZAL AL P. HEWKO ACERCA DEL FALSO OBISPO MORAN


Los Padres Pfeiffer y Hewko en El Paso (Tx. USA), en marzo de 2016.




Extracto de un correo-e del P. Chazal al P. Hewko (de 14-11-15), respondiendo a un mensaje de este último (de 6-11-15) que contenía una tan gloriosa como falsa autobiografía inventada por impostor William (Ambrose) Moran:

Estimado P. Hewko:

Discúlpeme, pero todo esto es la típica patología de un mentiroso.

Una vez que se dice una mentira, deben decirse más para justificar las precedentes. Y Greg [Taylor, editor de The Recusant, medio pfeifferiano furioso] (quien creo está detrás de este intento) nos dice que es verdad porque se parece demasiado a una mentira… ¿No se acuerda de Voltaire? “Mentid, mentid, siempre quedará algo”. Nuevas mentiras para las mentiras previas, es por eso que los moranistas no responden nada acerca de las viejas mentiras recientes: sucesor del Rey Danielo de Wolinia, de la Familia Real Serbia, Patriarca Arzobispo Metropolitano de Kiev como sucesor del Cardenal Slipyj, con privilegio papal especial, certificado por Juan Pablo II, autoridad en el estudio de la neuropsicología, espía entrenado por los Jesuitas rusos, familiaridad con Nixon, el Pentágono, monje de estricta observancia… Y esta lista es corta, todas sus afirmaciones están en Youtube. Me divierte, sí, pero me entristece credulidad de ustedes.

¿Qué hago entonces?

Les pido que públicamente expliquen todas estas afirmaciones y comprueben que son verdad, no mentiras. Si son verdaderas, William Moran no es un mentiroso y yo debo disculparme ante esta autoridad en neuropsicología, etc.

Estoy esperando todas sus caritativas aclaraciones sobre estas importantes declaraciones que él está haciendo. Pero mal hasta ahora. No hay respuesta a pesar de que se los he pedido amablemente. En lugar de eso, ustedes me están acusando de calumnia y burla. Sólo les estoy pidiendo su explicación sobre esta pila de afirmaciones que él ha hecho en tan poco tiempo, la mayoría entre usted y la cámara de Pablo [Pablo Hernández, “el Mexicano”, brazo derecho laico del P. Pfeiffer].

Ahora, las nuevas mentiras.