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martes, 21 de abril de 2020
viernes, 29 de diciembre de 2017
miércoles, 27 de diciembre de 2017
lunes, 22 de mayo de 2017
viernes, 13 de enero de 2017
CATOLICISMO LIBERAL
FUENTE (extracto)
Cuando
se lee la obra titánica del P. Felix Sarda y Salvany El Liberalismo es Pecado, de
1886, la conclusión sólo puede ser que la FSSPX ha abrazado segura y lentamente
la mentalidad liberal católica.
En
el Capítulo 31 [37 en la versión en español], “Una Ilusión de los católicos
liberales”, el P. Salvany advierte de las muchas tentaciones que el liberalismo
presenta a los no liberales, siendo una de las más seductoras, la idea de que
la victoria depende del número de personas que tenga uno a su lado.
Las
palabras del P. Salvany (transcritas abajo en su totalidad) son directamente
aplicables a la situación en que la FSSPX se encuentra en la actualidad.
Actualmente,
obispos como Atanasius Schneider creen que una vez que la Fraternidad sea
“regularizada”, se podrá “unir fuerzas” con otros “dentro” de la Iglesia, y de
este modo permitir que comience finalmente el duro trabajo de reconstruir la
Iglesia de Cristo.
Como
un virus, este argumento se ha alojado en las mentes de muchos fieles y
sacerdotes de la Fraternidad. Frecuentemente se manifiesta de la siguiente
manera: “La Fraternidad tiene aliados en la Iglesia. Ellos nos dicen que
necesitan ayuda. ¿Cómo podemos sentarnos sin hacer mientras hay almas en
necesidad? ¡Debemos unirnos con ellos!
Discutiremos
más acerca de los efectos psicológicos de la “regularización” que puede tener
la Fraternidad en una entrada futura. Por ahora, presentamos la sabiduría del
P. Salvany:
Es este, como
hemos dicho antes, el sueño dorado, la eterna ilusión de muchos de nuestros
hermanos. Creen éstos que lo que le importa principalmente a la verdad es
sean muchos sus defensores y amigos. Número paréceles sinónimo de
fuerza: para ellos sumar, aunque sean cantidades heterogéneas, es siempre
multiplicar la acción, así como restar es siempre disminuirla. Vamos a
esclarecer un poco más este punto, y a emitir algunas últimas observaciones
sobre esta ya agotada materia.
La verdadera
fuerza y poder de todas las cosas, así en lo físico como en lo moral, está más
en la intensidad de ellas que en su extensión. Mayor volumen de igual intensa
materia es claro que da mayor fuerza; más no por el aumento de volumen, sino
por el aumento o suma mayor de intensidades. Es regla, pues, de buena mecánica
procurar aumento en la extensión y número de las fuerzas, más a condición de
que con esto resulten verdaderamente aumentadas las intensidades. Contentarse
con el aumento, sin detenerse a examinar el valor de lo aumentado, es no
solamente acumular fuerzas ficticias, sí que exponerse, como hemos indicado, a
que con ellas salgan paralizadas en su acción hasta las verdaderas, si algunas
hubiere.
Es lo que pasa en
nuestro caso, y que nos costará poquísimo demostrar. La verdad tiene una
fuerza propia que comunica a sus amigos y defensores. No son éstos los que se
la dan a ella; es ella quien a ellos se la presta. Mas a condición de que sea
ella realmente la defendida. Donde el defensor, so capa de defender mejor
la verdad, empieza por mutilarla y encogerla o atenuarla a su antojo, no es ya
tal verdad lo que defiende, sino una invención suya, criatura humana de más o
menos buen parecer, pero que nada tiene que ver con aquella otra hija del
cielo.
Esto sucede hoy
día a muchos hermanos nuestros, víctimas (algunos inconscientes) del maldito
resabio liberal. Creen con cierta buena fe defender y propagar el Catolicismo;
pero a fuerza de acomodarlo a su estrechez de miras y a su poquedad de ánimo,
para hacerlo (dicen) más aceptable al enemigo a quien desean convencer, no
reparan que no defienden ya el Catolicismo, sino una cierta cosa particular
suya, que ellos llaman buenamente así, como pudieran llamarla con otro nombre.
Pobres ilusos que, al empezar el combate, y para mejor ganarse al enemigo, han
empezado por mojar la pólvora y por quitarle el filo y la punta a la espada,
sin advertir que espada sin punta y sin filo no es espada, sino hierro viejo, y
que la pólvora con agua no lanzará el proyectil. Sus periódicos, libros y
discursos, barnizados de catolicismo, pero sin el espíritu y vida
de él, son en el combate de la propaganda lo que la espada de Bernardo y la
carabina de Ambrosio, que tan famosas ha hecho por ahí el modismo popular para
representar toda clase de armas que no pinchan ni cortan.
¡Ah! no, no,
amigos míos; preferible es a un ejército de esos una sola compañía, un solo
pelotón de bien armados soldados que sepan bien lo que defienden y contra quién
lo defienden y con qué verdaderas armas lo deben defender.
Denos Dios de
esos, que son los que han hecho siempre y han de hacer en adelante algo por la
gloria de su Nombre, y quédese el diablo con los otros, que como verdadero
desecho se los regalamos.
Lo cual sube de
punto si se considera que no sólo es inútil para el buen combate cristiano tal
haz de falsos auxiliares, sino que es embarazosa y casi siempre favorable al
enemigo. Asociación católica que debe andar con esos lastres, lleva en si lo
suficiente para que no pueda hacer con libertad movimiento alguno. Ellos
matarán a la postre con su inercia toda viril energía; ellos apocarán a los más
magnánimos y reblandecerán a los más vigorosos; ellos tendrán en zozobra al
corazón fiel, temeroso siempre, y con razón, de tales huéspedes, que son bajo
cierto punto de vista amigos de sus enemigos. Y, ¿no será triste que, en vez de
tener tal asociación un solo enemigo franco y bien definido a quien combatir,
haya de gastar parte de su propio caudal de fuerzas en combatir, o por lo menos
en tener a raya, a enemigos intestinos que destrozan o perturban por lo menos
su propio seno? Bien lo ha dicho La Civiltá Cattolica en unos famosos
artículos: "Sin esa precaución, dice, correrían peligro certísimo no
solamente de convertirse tales asociaciones (las católicas) en campo de
escandalosas discordias, mas también de degenerar en breve de los sanos
principios, con grave ruina propia y gravísimo daño de la Religión."
Por lo cual
concluiremos nosotros este capítulo trasladando aquí aquellas otras tan
terminantes y decisivas palabras del mismo periódico, que para todo espíritu
católico deben ser de grandísima, por no decir de inapelable autoridad. Son las
siguientes: "Con sabio acuerdo las asociaciones católicas de ninguna
cosa anduvieron tan solicitas como de excluir de su seno, no sólo a todo aquel
que profesase abiertamente las máximas del liberalismo, si que a aquellos que,
forjándose la ilusión de poder conciliar el Liberalismo con el Catolicismo, son
conocidos con el nombre de católicos liberales".
sábado, 29 de octubre de 2016
EL DOGMA REVOLUCIONARIO
“Todo el dogma revolucionario se reduce
a tres negaciones fundamentales: negación del pecado original, negación de la
divinidad de Cristo, negación de la autoridad de la Iglesia”.
P. Félix Sardá y Salvany, El año cristiano, 1892.
jueves, 9 de junio de 2016
LA POLÉMICA CATÓLICA
R.P.
Félix Sardá y Salvany
Es lícita la defensa de
la Religión desde el periódico* exclusivamente
religioso. Esta es la forma de la polémica en el día, y es forzoso adoptarla.
La Revolución quisiera sin duda que escribiésemos sobre cada cuestión diaria
sendos tomos en folio, segura de que tales tomos no fueran leídos. Ahora, como
el periódico lo lee todo el mundo, ahí está la razón de las invectivas contra
el periódico. Y escucha, más. Si por nuestras razones particulares hubiésemos
desdeñado esta forma de discusión, se nos hubiera echado en cara que no
queríamos descender al terreno propio del siglo, que en odio a las luces
odiábamos la institución de la prensa periódica, que no sabíamos movernos de
las armas anticuadas de la Edad media. Hoy hemos adoptado el armamento de
nuestros enemigos, y se nos echa en cara esto como crimen de lesa Religión,
como si ellos más que nosotros celasen por su honra. ¡Qué perversidad! ¡Qué
hipocresía!
Óyeme, pues. La verdad
puede ser defendida hasta por un periódico, ¿estás? Y el interés de la verdad
está en que cada día aumente el número de estos, defensores guerrilleros. Los
grandes controversistas católicos, los autores de obras magistrales, vienen a
ser la artillería gruesa de nuestro Ejército, que dispara de vez en cuando
algún cañonazo para destruir las aparatosas fortificaciones del enemigo. La
prensa periódica viene a ser la fusilería que al amparo de los fuegos de la
artillería, y aprovechando la brecha que ésta abre en las obras enemigas, se
lanza al combate parcial y de avanzadas, atacando, cuerpo a cuerpo, cansando
con repetidos escarceos, explorando, el campo, reconociendo y obligando a
contestar al quién vive a los sospechosos, etc., etc. Es, en fin, un ejército
movilizado, excelente mientras no se separe, que nunca lo hará, de la voz del
general en jefe. Lo repito. Por esto le aborrece en tanto grado el enemigo...
Esto por lo que toca a la prensa exclusivamente religiosa.
¿Y por lo que toca a la
prensa político-religiosa? Aquí te parecerá que tienen alguna razón nuestros
adversarios: en efecto; aquello tan manoseado de que tales periódicos confunden
la religión con la política es realmente un cargo atroz. Ya verás, no obstante,
a qué queda reducido.
La política es una
ciencia como otra. Y puede tratarse de política en orden a la fe:
O con criterio
contrario,
O con criterio
indiferente,
O con criterio
favorable.
Si lo primero, el
periódico será político anticatólico franco, y por lo tanto, dicho se está que
será cosa mala.
sábado, 16 de enero de 2016
SÁBADO MARIANO - NO OLVIDE REZAR EL ROSARIO
Es el Rosario ante todo
una profesión de fe, una protestación cabal y completa, no de ese deísmo vago e
insustancial con que aparenta satisfacerse el sentimentalismo pseudo-religioso
de algunas personas, sino del Cristianismo puro, íntegro y verdadero, con su
Dios y su Criador y su Iglesia y su Encarnación y, su Redención y sus
Sacramentos y su vida futura y sus premios y penas, y todo lo restante que
constituye el edificio dogmático de nuestra Religión santa. El hombre que rece
bien y con frecuencia el Rosario, es hombre que está de continuo repitiendo al
mundo esta su protesta de Religión, y repitiéndose a la vez á sí propio el
código de sus más imperiosos deberes.
P. Félix Sardá y Salvany.
¡Únase al Rosario Perpetuo por
la Consagración de Rusia!
jueves, 14 de enero de 2016
SARDÁ Y SALVANY: ATRACCIÓN Y TRANSACCIÓN
"En muchísimos casos,
el mero callar constituye
verdadera negación y formal apostasía."
ATRACCIÓN Y TRANSACCIÓN
Extractos tomados de Propaganda
Católica, Tomo IX, Librería y tipografía Católica,
1900, Barcelona, España; págs. 48-56.
¿Habéis notado la analogía
y casi igual fisonomía ortográfica y hasta el parecido eufónico que ofrecen las
dos palabras “atracción y transacción”? Digo, pues, que es la
"atracción” palabra de las que saben a miel y almíbar, y gozan del
privilegio de atraer a sí multitud de aficionados a dulces y golosinas.
A un panal de rica miel
Diez mil moscas acudieron,
Que por golosas murieron
Presas de patas en él.
¡Dulces recuerdos de la
infancia! Sí, y también verdadero retrato de nuestra situación
actual. Sí, que esta
palabra es la “miel" con que la Revolución artera engolosina a muchos y
los tiene cautivos en su red, al menos para que no se la combata y hostilice
como debieran todos los hombres honrados y de buena voluntad. Reparad para eso
que en tres sentidos se usa, y lo que es peor se practica, la palabra
«atracción» y son los siguientes: 1°. Como simple atenuación de formas. 2.º Como
simple preterición o silencio sobre alguna verdad. 3.º Como simple manera de
presentarla bajo cierto aspecto a los amigos o a los adversarios.
¿Sabéis
lo que es acostumbrar las almas a que oigan, sin horror, las más grandes
infamias? ¿Sabéis lo que es acostumbrar al pueblo a ver tratados con respeto a
los peores enemigos de la verdad? ¿Sabéis lo que es
acostumbrar el corazón propio a que no se subleve contra ninguna injusticia?
¿Sabéis lo que es acostumbrar los oídos a que reciban como exageración cualesquier
varonil arranque o impetuosa arremetida? ¿Sabéis lo que es acostumbrar los
espíritus a ese perfecto equilibrio e igualdad de formas comedidas entre lo que
es intrínsecamente malo y lo que es intrínsecamente bueno, entre lo que de
veras se debe siempre odiar y combatir y lo que de veras (de veras, repito) se
debe siempre amar y defender? ¿Sabéis lo que es todo eso? Pues es la primera
etapa de los triunfos del mal sobre el bien; es lo primero a que
aspira aquél como prenda segura de su definitivo triunfo; es el homenaje del
respeto, es la consideración social, es la carta pacífica de ciudadanía, es
cuando menos el pleno reconocimiento en su favor de legítima
beligerancia. Tal manera de “atracción” es sencillamente la primera y
más común y más desastrosa manera de “transacción”. Ya sé que se
aducen aquí las reglas de urbanidad y cortesía; ya sé que hasta se invocan los
sacratísimos fueros de la caridad. ¡Mentira! ¡Desvergonzada mentira! No
se ha dado jamás verdadera caridad en daño de la verdad. Ni se ha estimado
jamás digna la cortesía en ofensa y menoscabo del honor y de la virtud. ¡Y cuán
frecuente es hoy en día esta fementida “atracción”, que no es en el fondo más
que vil y cobarde “transacción”!
sábado, 26 de diciembre de 2015
REZA EL SANTO ROSARIO
“Rezad, vuelvo a insistir, rezad el Santo Rosario, y rezadlo
siempre y rezadlo bien. Rezadlo, si andáis afligidos, para consolaros; si
tentados, para resistir; si desalentados, para cobrar bríos; si con fortuna
próspera, para equilibraros en la debida moderación y templanza. Colgad junto a
vuestro lecho esta insignia de piedad, para que se vea que allí se ha echado a
reposar un cristiano bajo los pliegues de su bandera: izadla en el lugar más
visible del doméstico hogar, allí donde en hermoso grupo se reúne cada noche la
familia, a fin de que sea como una señal para todo el mundo de que en aquella
casa reina y es servido Cristo Dios. ¡Qué os acompañe siempre en vida y los
oigáis murmurar por vuestros amigos a vuestro oído en la hora de la muerte, y
os sea recomendación y eficacísimo empeño en el divino tribunal!”.
R. P. Felix Sardá y Salvany
martes, 30 de junio de 2015
DEL P. SARDÁ Y SALVANY PARA MONS. FELLAY Y DEMÁS ACUERDISTAS LIBERALES QUE LO SECUNDAN
“Con los liberales debemos abstenernos de relaciones
como de verdaderos peligros para nuestra salvación. Aquí tiene lugar de lleno
la sentencia del Salvador: «el que ama el peligro perecerá en él». Rómpase el
lazo peligroso aunque mucho cueste.
“Sobre esto le habíamos oído decir a persona de gran
jerarquía hoy en la Iglesia de Dios: «¡Nada con liberales; no frecuentéis sus
casas; no cultivéis sus amistades!». A bien que antes lo había dicho ya de sus
congéneres el Apóstol: «no os relacionéis con ellos» (I Cor. 5, 9), «con ellos
ni sentarse a la mesa» (ibid. 5, 11).
“En país apestado lo primero que se procura es
aislar. ¡Quién nos diese hoy poder establecer cordón sanitario absoluto entre
católicos y sectarios del liberalismo!”.
R. P. Félix Sardá y Salvany
miércoles, 13 de mayo de 2015
LA ESPADA DE BERNARDO O LOS RIESGOS DEL FALSO CELO
![]() |
| Mons. Bernardo Fellay. |
“Cismáticos-exponentes del celo amargo”.
Usted insista
una y otra vez con ese latiguillo, no se canse de repetirlo, no afloje en su
reiteración, no desista de usarlo, ubíquelo en cuanta nota, artículo,
comentario o sermón dedicado a la Resistencia se oriente, y ya verá cómo va
horadando las mentes cansadas de pensar por sí mismas, que buscan una respuesta
simple y sencilla a todo el asunto de la crisis en la Fraternidad.
Repita: “Cismáticos-exponentes del celo amargo”-“Cismáticos-exponentes
del celo amargo”-“Cismáticos-exponentes del celo amargo”-“Cismáticos-exponentes
del celo amargo” -“Cismáticos-exponentes del celo amargo”.
Fíjese usted qué
buen efecto han tenido otras aplicaciones de variantes ideológicas muy
socorridas: “antisemita-neonazi”,
“pelagianos”, “ultratradicionalistas”, “negacionista”, “derechista”, “lefebvriano”, etc.
No, no son
herramientas nada desdeñables para los cabecillas de la Revolución, se
encuentren operando donde se encontraren. La mayoría se acomoda fácilmente a
estas consignas que resuelven fácil y rápidamente (instantáneamente) cualquier
conflicto que la verdad pudiera suscitar en cabezas no dispuestas a realizar un
gran esfuerzo por conquistarla. Nunca faltan los fatuos que se conforman con
consignas o slogans que sustituyen como por arte de magia todo razonamiento. Es como aquel
maquinismo del que hablaba el Padre Castellani (cit. en su biografía): “una
“mecanización” sociológica de los grandes organismos espirituales, semejante a
la arterioesclerosis: la máquina sustituye a la mente y los automatismos a las
inteligencias; fenómeno general del mundo contemporáneo”.
Nunca faltan los
que se valen de una verdad para mentir. Por ejemplo, condenar algo execrable
como el celo amargo, para disimular su propia falta de celo auténtico por la
verdad. O reducir a un problema psicológico o temperamental, un problema
doctrinal.
Claro, el diablo
hace de las suyas y hoy tiene puestos sus mayores empeños en destruir mediante
la confusión y la discordia las numéricamente pequeñas fuerzas de la Tradición.
El latiguillo
favorito de los liberales es el del viejo y querido “celo amargo”, siempre a
mano para combatir a cualquiera que con o sin razones obstaculiza, critica o se
opone a sus transacciones diplomáticas con los enemigos.
La existencia de
verdaderos poseídos por tal celo amargo cuyo espíritu se ha tornado cismático,
les sirve de pretexto para meter en la misma bolsa todo aquello que resulta
irritante para sus operaciones cambiarias, pues las denuncias contra sus
acciones no las pueden rebatir con argumentos de peso. Entonces sale de la
vieja galera la tan útil herramienta que les permite evadir toda contienda en
términos razonables: “cismáticos-exponentes
del celo amargo”.
Si la Neo-FSSPX
ha llegado a tal situación, es porque no se entendió a tiempo que debía despojarse
de una influencia liberal nefasta (claro, con el pretexto de no caer en el “celo
amargo”) y entonces unas pocas manzanas podridas contagiaron su pudrición a una
gran parte del cajón. Indudablemente que un árbol para mantenerse sano y dar
buenos frutos debe ser podado periódicamente con la firmeza de la verdad que no
transige, y regado con el agua de la caridad que sabe esperar. Debe ser
fumigado contra las plagas que lo parasitan. Nada de esto ha ocurrido. Pero
veamos mejor el problema que significan estos católicos liberales que han
infestado a la Fraternidad, en las siguientes palabras del Padre Félix Sardá y
Salvany (de su gran libro que, aunque elogiado, es
siempre dejado de lado por el “establishment” liberal fellecista):
“La verdad tiene
una fuerza propia que comunica a sus amigos y defensores. No son éstos los que
se la dan a ella; es ella quien a ellos se la presta. Mas a condición de que sea
ella realmente la defendida. Donde el defensor, so capa de defender mejor la
verdad, empieza por mutilarla y encogerla o atenuarla a su antojo, no es ya tal
verdad lo que defiende, sino una invención suya, criatura humana de más o menos
buen parecer, pero que nada tiene que ver con aquella otra hija del cielo.
Esto
sucede hoy día a muchos hermanos nuestros, víctimas (algunos inconscientes) del
maldito resabio liberal. Creen con cierta buena fe defender y propagar el
Catolicismo; pero a fuerza de acomodarlo a su estrechez de miras y a su poquedad
de ánimo, para hacerlo (dicen) más aceptable al enemigo a quien desean
convencer, no reparan que no defienden ya el Catolicismo, sino una cierta cosa
particular suya, que ellos llaman buenamente así, como pudieran llamarla con
otro nombre. Pobres ilusos que, al empezar el combate, y para mejor ganarse al
enemigo, han empezado por mojar la pólvora y por quitarle el filo y la punta a
la espada, sin advertir que espada sin punta y sin filo no es espada, sino
hierro viejo, y que la pólvora con agua no lanzará el proyectil. Sus
periódicos, libros y discursos, barnizados de catolicismo, pero sin el espíritu
y vida de él, son en el combate de la propaganda lo que la espada de Bernardo y
la carabina de Ambrosio, que tan famosas ha hecho por ahí el modismo popular
para representar toda clase de armas que no pinchan ni cortan.
¡Ah!
no, no, amigos míos; preferible es a un ejército de esos una sola compañía, un
solo pelotón de bien armados soldados que sepan bien lo que defienden y contra
quién lo defienden y con qué verdaderas armas lo deben defender. Denos Dios de
esos, que son los que han hecho siempre y han de hacer en adelante algo por la
gloria de su Nombre, y quédese el diablo con los otros, que como verdadero desecho
se los regalamos.
Lo
cual sube de punto si se considera que no sólo es inútil para el buen combate
cristiano tal haz de falsos auxiliares, sino que es embarazosa y casi siempre
favorable al enemigo. Asociación católica que debe andar con esos lastres,
lleva en sí lo suficiente para que no pueda hacer con libertad movimiento
alguno. Ellos matarán a la postre con su inercia toda viril energía; ellos
apocarán a los más magnánimos y reblandecerán a los más vigorosos; ellos tendrán
en zozobra al corazón fiel, temeroso siempre, y con razón, de tales huéspedes,
que son bajo cierto punto de vista amigos de sus enemigos. Y, ¿no será triste
que, en vez de tener tal asociación un solo enemigo franco y bien definido a
quien combatir, haya de gastar parte de su propio caudal de fuerzas en
combatir, o por lo menos en tener a raya, a enemigos intestinos que destrozan o
perturban por lo menos su propio seno? Bien lo ha dicho La Civiltá Cattolica en
unos famosos artículos.
"Sin
esa precaución, dice, correrían peligro ciertísimo no solamente de convertirse
tales asociaciones (las católicas) en campo de escandalosas discordias, mas
también de degenerar en breve de los sanos principios, con grave ruina propia y
gravísimo daño de la Religión."
Por
lo cual concluiremos nosotros este capítulo trasladando aquí aquellas otras tan
terminantes y decisivas palabras del mismo periódico, que para todo espíritu
católico deben ser de grandísima, por no decir de inapelable autoridad. Son las
siguientes:
"Con sabio acuerdo las asociaciones católicas de
ninguna cosa anduvieron tan solicitas como de excluir de su seno, no sólo a
todo aquel que profesase abiertamente las máximas del Liberalismo, si que a
aquellos que, forjándose la ilusión de poder conciliar el Liberalismo con el Catolicismo,
son conocidos con el nombre de católicos liberales".
R.P. Félix
Sardá y Salvany, El liberalismo es pecado.
Cap. XXXVII.
miércoles, 1 de abril de 2015
EL LIBERALISMO DE MENZINGEN Y LA CONSAGRACIÓN DE MONS. FAURE
“El
católico simplemente resabiado de Liberalismo se conoce en que, siendo hombre
de bien y de prácticas sinceramente religiosas, huelen no obstante a
Liberalismo en cuanto habla o escribe o trae entre manos. Podría decir a su
modo, como Mad. Sevigné: "No soy la rosa, pero estuve cerca de ella, y
tomé algo de su olor". El buen resabiado discurre y habla y obra como
liberal de veras, sin que él mismo, pobrecito, lo eche de ver. Su fuerte es la
caridad: este hombre es la caridad misma. ¡Cómo aborrece él las exageraciones
de la prensa ultramontana! Llamarle malo a un hombre que difunde malas ideas,
parécele a ese singular teólogo pecado contra el Espíritu Santo. Para él no hay
más que extraviados. No se debe resistir
ni combatir; lo que se debe procurar siempre es atraer. "Ahogar el mal
con la abundancia del bien", esta es su fórmula favorita, que leyó un día
en Balmes por casualidad, -y fue lo único que del gran filósofo catalán se le
quedó en la memoria. Del Evangelio aduce únicamente los textos que saben a miel
y almíbar. Las invectivas espantosas
contra el fariseísmo diríase que las tiene él por genialidades e intemperancias
del divino Salvador. A bien que sabe usarlas él mismo muy reciamente contra los
irritables ultramontanos, que con sus exageraciones comprometen cada día la
causa de una Religión que toda es paz y amor. Contra éstos anda acerbo y duro el buen resabiado, contra éstos es
amargo su celo y agria su polémica y agresiva su caridad. Por él exclamó el
P. Félix en un discurso célebre, a propósito de las acusaciones de que era
objeto en persona del gran Veuillot: "Señores, amemos y respetemos hasta a
nuestros amigos". Pero no; el buen
resabiado no lo hace así: guarda todos sus tesoros de tolerancia y de caridad
liberal para los enemigos jurados de su fe. ¡Es claro, como que el infeliz los ha de atraer! En cambio, no tiene
más que el sarcasmo y la intolerancia cruel para sus más heroicos defensores.
En suma, al buen resabiado, aquello de la oposición per diametrum del Padre San
Ignacio en sus Ejercicios espirituales, nunca le pudo entrar. No conoce más táctica que la de atacar por
los flancos, que en religión suele ser la más cómoda, pero no la más decisiva.
Bien quisiera él vencer, pero a trueque
de no herir al enemigo ni causarle mortificación o enfado. El nombre de guerra le alborota los nervios;
mas le acomoda la pacífica discusión. Está
por los Círculos liberales en que se perora y delibera, no por las Asociaciones
ultramontanas en que se dogmatiza e increpa. En una palabra, si por sus
frutos se conoce al liberal fiero y al manso, por sus acciones principalmente
es como al resabiado de liberalismo se le ha de conocer”.
R. P.
Félix Sardá y Salvany, El Liberalismo es
pecado.
miércoles, 25 de junio de 2014
CÓMO RECONOCER A UN LIBERAL
Monseñor “Pero”.
Visto y considerando el presente de la FSSPX,
podemos afirmar que la de aprender a reconocer a aquellos que entre la grey
católica llevan en sí el germen liberal es una asignatura desaprobada por la
gran mayoría de quienes pertenecen a sus filas. De otro modo no podría haber
avanzado hasta donde llegó la facción liberal o acuerdista que hoy sigue
pidiendo la tolerancia o "reconocimiento" a los modernistas romanos. Que a estas alturas
experimentados sacerdotes sean incapaces de reconocer, tras siete horas de
escuchar una conferencia o leer multitud de cartas y escritos, a un Superior
General que es un liberal, habla a las claras de una falta de vigilancia
gravísima, ya sea por falta de formación, por exceso de confianza, por
desinterés o por falta de amor a la verdad y una obediencia muy mal entendida.
Negligencia que hoy lleva comprometida la existencia misma de la congregación,
al parecer condenada a su total hundimiento. Lo cierto es que ese espíritu
liberal, que muchas veces aparece muy sutilmente, no lleva en sí una tarjeta de
presentación, pero sí deja ver la hebra de su disfraz o el olor de su
podredumbre. Es grave responsabilidad de los sacerdotes formarse al respecto y
mantener despierto al rebaño de Cristo que apacienta.
Inmutable como el vaivén de las mareas, el
doble lenguaje de Mons. Fellay vuelve en cada nueva carta, entrevista o sermón,
a descolocar a los incautos mientras confirma a quienes ya conocen su juego
liberal el descaro con que pretende urdir un rechazo tradicional al modernismo,
cuando ayer nomás execraba a los que osaban condenar a éste con absoluta
firmeza.
Esta estrategia conciliadora con Roma
requiere una táctica Semi-acuerdista que se sustenta en un estilo de
comunicación, cada vez más dirigido unívocamente desde Menzingen para que no
haya un disenso en la forma y en el fondo del mensaje. El Padre Félix Sardá y
Salvany ha hablado mucho y bien acerca de esto, y con él nos vamos a ayudar
para ver más en detalle cómo descubrir a estos perniciosísimos enemigos de la
verdad.
Explica en su indispensable “El liberalismo es pecado” el Padre Sardá
y Salvany, que “todo error claramente
formulado en la sociedad cristiana tuvo en torno de sí otra como atmósfera del
mismo error, pero menos denso y más tenue y mitigado. El Arrianismo tuvo su
Semi-arrianismo; el Pelagianismo su Semi-pelagianismo; el Luteranismo feroz su
Jansenismo, que no fue más que un Luteranismo moderado. Así, en la época
presente el Liberalismo radical tiene en torno de sí su correspondiente
Semi-liberalismo” (Cap. VIII).
Del mismo modo y en nuestros días, así como
ha habido un Acuerdismo con la Roma modernista de parte de Campos y otros
grupos de la tradición (algunos desprendimientos de la misma FSSPX) que se
movieron con total determinación hacia la iglesia conciliar, existe un
Semi-acuerdismo o Acuerdismo mitigado, que hoy bajo el nombre de
“Reconocimiento” es llevado adelante por la actual FSSPX. Esto ha debido ser
así de tortuoso y ambiguo debido a la tenaz resistencia interna que este
movimiento acuerdista ha encontrado en la congregación. Mons. Fellay y sus
adláteres saben que no pueden ser totalmente abiertos y frontales en la
admisión de su Acuerdismo (llamamos Acuerdismo al deseo de reintegrar la FSSPX
dentro de la actual estructura de la Iglesia oficial o iglesia conciliar sin
que ésta haya abjurado del modernismo y regresado a la Tradición, contra el
deseo y final determinación del fundador de la congregación Mons. Lefebvre).
Es este el Acuerdismo “para el uso de los que no consienten todavía en dejar de parecer o
creerse” de la Tradición. Es el liberalismo de quien desea pertenecer a
ambos mundos inconciliables: la Tradición católica y la iglesia modernista. Por
eso su discurso alterna las citas de los papas católicos preconciliares, con la
condena a quienes “hacen de los
documentos del Vaticano II super herejías”.
“Es el liberalismo
–dice Sardá y Salvany-, triste crepúsculo
de la verdad que empieza a obscurecerse en el entendimiento, o de la herejía
que no ha llegado aún a tomar completa posesión de él”.
Como si estuviese viendo lo que pasa hoy con
la nueva FSSPX, afirma este autor que “en
efecto, suelen ser católicos liberales los católicos que van dejando de ser
firmes católicos”. Y esto ocurre aunque las apariencias se mantengan. Este
ingeniosísimo y sutil medio que usa el Diablo, como enseña aquel gran autor
antiliberal, es “permitir que los tales
tengan todavía un pie en el terreno de la verdad, a condición de que el otro
pie lo tengan ya completamente en el campo opuesto. Así evitan el saludable
horror del remordimiento los todavía no encallecidos de conciencia; así,
además, se libran de los compromisos que trae siempre toda resolución decisiva
los espíritus apocados y vacilantes, que son los más; así logran los
aprovechados figurar, según les conviene, un rato en cada campo, haciendo por aparecer
en ambos como amigos y afiliados; así puede, finalmente, el hombre dar como un
paliativo oficial y reconocido a la mayor parte de sus miserias, debilidades e
inconsecuencias” (Ibid.).
Lo que ha venido a ocurrir con estos
acuerdistas disimulados o mitigados es que ya no tienen horror y asco por las
herejías, por el contrario, toda definición firme, chocante y afrentosa para
con los herejes les produce incomodidad y rechazo, como si eso fuera una falta
a la caridad. Por eso si por un lado Mons. Fellay en su última Carta a los amigos y benefactores hace
afirmaciones contra el modernismo del Vaticano II, anteriormente fue capaz de
decir con la misma determinación que “no
hay que hacer de los errores del concilio súper herejías” (Carta a los tres
obispos). Lejos de los tradi-liberales o semi-acuerdistas el odio a la herejía
que los haga reaccionar con el gesto viril correspondiente. Una moderación
imprudente es su carta de presentación. El diálogo con los enemigos y la
aceptación a discutir lo que no se debe, su modo de afirmar su iluso
“optimismo”.
Muy lejos de ellos han dejado sentencias como
las de Sardá y Salvany: “¡Horror, pues, a
la herejía, que es el mal sobre todo mal! En país apestado lo primero que se
procura es aislar. ¡Quién nos diese hoy poder establecer cordón sanitario
absoluto entre católicos y sectarios del liberalismo!” (Ibid., Cap. XIX).
Ese cordón sanitario fue roto con el levantamiento de las “excomuniones” por
parte de Roma, y el correspondiente movimiento dialoguista por parte de la FSSPX.
Alguna vez, y antes de que ocurriera, el mismo Mons. Fellay admitió la ventaja
que ante los enemigos tenían las falsas “excomuniones”. Luego vino todo lo que
ya sabemos, con Mons. Fellay como el abanderado de la sonriente “pax romana” y
condenando la “excesiva rigidez
reprensible” de algunos de sus sacerdotes.
Pero dijimos que hace falta reconocer a un
católico liberal, y para eso cabe distinguir algunas de sus señas particulares,
las cuales no vendrán simplemente indicadas por su solo aspecto exterior, sino
más bien por su discurso y su comportamiento. En otro escrito, titulado “Los malos periódicos”, el P. Sardá y
Salvany hace un análisis pormenorizado del “periódico liberal hipócrita hábil”,
que muy bien le cabe a los liberales que estamos analizando dentro de la FSSPX,
y en particular a Mons. Fellay y su discurso. Quien analice sus conferencias,
entrevistas y sermones atentamente se
dará cuenta de ello.
Dice aquel gran autor (y subrayamos nosotros): “La máscara del periódico hipócrita hábil suele ser en primer lugar la
moderación. Vean Vds.: es moderado, templado y comedido hasta en la defensa
de su fe atacada con frenesí y furor por sus enemigos. En el asalto de una
combatida fortaleza él no se pondría de parte de los sitiadores, no, mas se
limitaría a recomendar la calma, la moderación y la templanza a los combatidos.
A los primeros no les vituperaría la fiereza del ataque; ¿por ventura no están
en su derecho legal? Pero a los defensores les tacharía de execrable sinrazón
el vigor de la defensa. (…)
El tipo que estoy sacando a la
vergüenza suele tener, en segundo lugar, una palabrita que es la clave de
todas sus operaciones y el secreto de todos sus equilibrios en la cuerda floja.
Esta palabra dulce, blanda, acomodaticia, es la gran palabra de hoy, la
gran palabra del siglo, la palabra compendio de todo el sistema filosófico de
ciertas gentes. Esta palabra no es nombre, ni es verbo; es una simple
conjunción, que ningún gramático reaccionario hubiese soñado llegase a tener
con el tiempo tal importancia. Esta palabra mágica es el pero. Un pero, soltado a tiempo y con habilidad, es el admirable
comodín con que se sale de todos los apuros y se contenta a todo el mundo. Con
él se puede hacer, no como Jano, cara a dos, sino cara a ciento, como no
imaginó jamás la mitología. Con un buen pero
se unen cosas al parecer
perpetuamente irreconciliables, como son el espíritu católico y el espíritu
revolucionario, el amor a la Iglesia y el entusiasmo por sus opresores, etc. Se puede decir, como se decía no ha mucho: El
Papa está en su derecho de convocar el Concilio, pero
no conoce que los
tiempos no están para eso. Lo de Víctor Manuel es una villanía, pero el Non possumus del Papa es una
terquedad. La Iglesia ha sido la gran civilizadora del mundo, pero en el siglo actual no debiera oponerse a la corriente de las ideas. La
unidad católica es gran bien, pero
no por eso queremos la
intolerancia. ¿Quién no ha leído estas y otras frases por el estilo? ¿Quién no
conoce a alguno o algunos de estos periódicos sabios, que se erigen en intermediarios y amigables componedores
entre la Iglesia y Satanás, dando lecciones al uno y otro, y lamentando
melodramáticamente que por no seguir sus prudentes
consejos se perjudique a la causa de la fe, que ellos indudablemente
defenderían mejor que los mismos encargados de defenderla? ¿Qué es un
catolicismo con peros sino un catolicismo que es un catolicismo
mutilado, sino un catolicismo falso? ¡Maldito pero, gran encubridor de
traiciones y apostasías!” (“Los malos periódicos”, artículos
publicados en “Propaganda católica”, T. II).
Sí, amable lector, allí está la marca que deja a su paso tras largas,
larguísimas disertaciones en los principales idiomas del mundo, Monseñor
Fellay. Allí está su truco para anestesiar a los incautos o indolentes oyentes,
aunque su habilidad está en no siempre articular la palabreja y su sentido sino
después de variaciones distractivas ya sea mediante anécdotas o datos
estadísticos que vuelven más farragoso y disperso su discurso. A veces no hace
falta que use la palabra, sino solamente su sentido de otra forma. A veces
puede decirse “sin embargo” o algo semejante. Lo importante es que tal sirva de
nexo para unir cosas inconciliables, principios o actores contradictorios que
por una hábil retórica se logra unir y conciliar. Veamos:
“Humanamente hablando, dudamos de que la jerarquía
actual esté dispuesta a ello*. Pero una serie de indicaciones muy graves nos
obligan a pensar que, no obstante, el Papa Benedicto XVI estaría listo para
ello” (Cor unum 101, marzo
2012).
*”Que se le conceda a la Fraternidad una verdadera libertad y autonomía de
acción, y que éstas le permitan vivir y desarrollarse concretamente”
“Así pues, hemos recibido una propuesta que trataba
de hacernos entrar en el sistema de la hermenéutica de la continuidad. Ésta
afirma que el Concilio está y debe estar en perfecta armonía con la enseñanza
de la Iglesia a través de todos los tiempos (…) Por primera vez el 1º de
diciembre, y por segunda vez el 12 de enero, comunicamos a Roma la
imposibilidad en que nos encontramos de firmar un documento que contiene tales
ambigüedades. (Pero) Con el fin de no
cortar todos los contactos, hemos propuesto una alternativa, inspirados en un
pensamiento que Monseñor Lefebvre dirigió al Cardenal Gagnon en 1987: aceptamos
ser reconocidos TAL COMO SOMOS. Es importante no dejar de tener relaciones y
mantener la puerta abierta, incluso si nada nos permite pensar que la
Congregación para la Doctrina de la Fe estaría de acuerdo en abordar, así sea
de lejos, una tal perspectiva.” Cor
unum 101, marzo 2012).
“Si
aceptamos que la Divina Providencia conduce los asuntos de los hombres,
respetando su libertad, entonces hay que aceptar que los gestos de estos
últimos años a nuestro favor están bajo Su gobierno. Estos indican una línea
–no siempre recta- pero claramente a favor de la tradición” (Carta
a los tres obispos, 14 de
abril de 2012).
“Por el bien común de
la Fraternidad, preferiríamos de lejos la solución actual de status quo
intermedio, pero evidentemente Roma ya no lo tolera.” (Carta a los tres obispos, 14 de abril de 2012).
“La Iglesia sufre de los mismos males, las consecuencias son todavía más
graves y manifiestas que en aquel entonces, pero al mismo tiempo se
puede constatar un cambio de actitud en la Iglesia, ayudado por las acciones y
los gestos de Benedicto XVI hacia la Tradición. (Carta a los tres obispos, 14 de abril de 2012).
“Así, por ejemplo, respecto al Concilio,
podemos decir que hay que rechazar prácticamente todo. Sin embargo, de
otra parte, podemos decir igualmente que hay que intentar salvar lo que podría serlo. Con
todo, no todos podremos decir siempre la misma cosa. El Concilio es una mezcla:
hay bueno y malo”. (Entrevista concedida en Menzingen el 31 de
julio de 2012, Agencia italiana Apcom).
“¡Todavía no
estamos de acuerdo doctrinalmente, y sin embargo el Papa quiere
reconocernos! ¿Por qué? La respuesta es ésta: hay problemas tremendamente
importantes en la Iglesia de hoy. Debemos hacer frente a estos problemas.
Debemos dejar de lado los problemas secundarios y hacer frente a problemas
mayores. Esta es la respuesta de tal o cual prelado romano, pero no lo dirán
jamás abiertamente; hay que leer entre líneas para entender”. (Entrevista a Mons. Fellay del 6 de junio 2012, DICI)
“Las autoridades
oficiales no quieren reconocer los errores del Concilio. Ellas no lo dirán
nunca de manera explícita. Sin embargo, si leemos entre líneas, se puede
ver que quieren remediar a algunos de estos errores”. (Entrevista a Mons. Fellay del 6 de junio 2012, DICI)
“Por supuesto, esto
no elimina todos los problemas, y todavía hay graves dificultades en la
Iglesia: el ecumenismo, Asís, la libertad religiosa… pero el contexto
está cambiando; y no sólo el contexto sino la situación misma…” (Entrevista a Mons. Fellay del 6 de junio 2012, DICI)
“Por supuesto que
lo mejor sería que Roma renunciara a los errores conciliares, regresara a la
Tradición y únicamente después, sobre esta base, la Fraternidad obtuviera
automáticamente un estatus canónico regularizado en la Iglesia. Sin embargo,
la realidad nos incita a no hacer depender un eventual acuerdo de una gran
autocrítica de Roma, sino de una atribución de garantías reales que Roma, tal
cual ella es, permitiera a la Fraternidad permanecer tal como es”. (Mons. de Galarreta,
entrevista en Polonia, 7 abril 2013).
“Porque es imposible que a la mayoría de los
Superiores de la Fraternidad –después de una discusión franca, un análisis de fondo
de todos los aspectos, de todos los pormenores-, es impensable que la mayoría
se equivoque en una materia prudencial. (Pero) Y si, por casualidad, lo imposible sucede, entonces
que así sea, de todos modos, vamos a hacer lo que la mayoría piensa”. (Mons. de
Galarreta, sermón en Villepreux, 13 de octubre de 2012).
“Nos alegramos y agradecimos ese decreto,
precisamente en cuanto nos quita ese estigma, en cuanto nos quita ese estigma,
en cuanto quita esa condenación a lo que representamos, que es la verdadera
Tradición católica, que es la verdadera Fe católica. Y ese primer aspecto
allana el camino para que podamos discutir sobre doctrina, sobre Fe, con esta
Roma” (…) (Pero) Ahora, que nos alegremos de eso no quiere
decir que el decreto en sí mismo nos parezca bueno. Es evidente que ese
decreto no responde ni a la realidad, ni a la verdad, ni a la justicia”
(Mons. De Galarreta, Sermón en el Seminario de La Reja, 15 de enero de 2009.
Nótese que ¡se alegra de discutir de doctrina con alguien que emite un decreto
al que él mismo califica de irreal, injusto y mentiroso! ¿Qué confianza o qué
podía esperar de esa gente? En este caso, se concilian dos cosas opuestas por
un motivo de “caridad” que excluye la verdad).
“Estos acontecimientos sugirieron a
Monseñor Fellay dejar de lado el principio que guio las negociaciones con Roma.
Este principio era: “ninguna solución práctica sin acuerdo doctrinal”. Pero
los acontecimientos pasados probaron que las diferencias relativas a la
cuestión doctrinal no pueden ser resueltas. El papa quiere una solución
canónica para la FSSPX… Si la Fraternidad rechaza un acuerdo, incluso en estas
circunstancias, el resultado podría ser nuevas excomuniones". (Conferencia
del padre Niklaus Pfluger, en Hattersheim, el 29 de abril de 2012)
Estas no son
textuales pero sintetizan lo que se nos ha venido diciendo en montones de
discursos o sermones de los superiores y sacerdotes:
-Las excomuniones
son inexistentes, pero si las levantan lo aceptamos y agradecemos porque
así podremos extender nuestro apostolado.
-El motu proprio
Summorum Pontificum declara que el modo ordinario del rito romano es el Novus
Ordo. Pero lo aceptamos y agradecemos porque también da lugar a que se
pueda rezar libremente la Misa tradicional.
-Las discusiones
doctrinales no llevaron a ningún acuerdo. Pero Roma igualmente quiere
ofrecernos algo así que debemos escucharlos.
-El Papa no nos dio
ni el acuse de recibo de nuestros ramilletes de rosarios. Las discusiones
doctrinales fueron como si no hubiesen sido. Siguen los efectos del Vaticano
II. Pero el clima cambió y tenemos amigos en Roma, por lo tanto tenemos
que cambiar nuestra actitud para con ésta.
-En Roma sigue el
modernismo, incluso peor que antes con Francisco. Pero si el Papa quiere
reconocernos como somos ¿cómo no aceptarlo?
La táctica es
siempre la misma: avanzar con afirmaciones católicamente impecables, citando a
veces a Mons. Lefebvre, para en un momento dar un paso atrás poniendo el
énfasis en algo que no es doctrinal, haciendo ver que tal posibilidad entrevista
sería un gran bien para la Fraternidad. Mons. Fellay se seguirá valiendo de
vaguedades, incertidumbres y palabras “pías” para enhebrar sus discursos donde
subyace la misma idea de siempre, cada vez más lejos de las afirmaciones claras
de los varones católicos que nos precedieron, esparciendo sus convenientes nebulosidades
ante la obsecuente tribuna de descuidados hombres de Dios que ya no parecen
reconocer y distinguir el lenguaje coherente de la verdad, que no lleva en sí
contradicción alguna. Dios quiera que abreven más en los escritos antiliberales
de aquellos cuyo ejemplo debemos seguir. El fundador de la FSSPX por la que
dicen luchar, por ejemplo.
Nota:
En su
exposición dada en el curso del “Premier Symposium de Paris” acerca de la
religión del Vaticano II, realizada los días 4-5-6 de octubre de 2002, el Padre
Paolo Pasqualucci, de la FSSPX, se refirió, al dar las hipótesis de trabajo
para una tipología de los errores del Vaticano II, al uso de los adversativos.
Dice así:
“El uso de la
partícula pero (mais, en francés)
para renegar de facto de verdades
fundamentales. La cosa ha sido revelada por Amerio, que relata declaraciones
del período post-conciliar.: “El fundamento de la vida religiosa no es puesto
en cuestión, pero su estilo de
realización”; “la clausura debe ser mantenida, pero ella debe ser adaptada según las condiciones de los tiempos y
de los lugares, etc.” (ver Iota Unum,
cap. V, par. 50). Esta “fórmula del pero” –continúa Amerio- se la encuentra a
menudo en las intervenciones de los padres en el Concilio; remarquemos que en
esas intervenciones “la aserción introducida con el pero destruye la aserción principal”. Según nosotros, habría que
controlar todos los debates conciliares (y todos los textos del Concilio
también) para reconstituir el rol eventualmente jugado por el pero y por construcciones adversativas
similares”.
(« La religión de Vatican II », Editions des Cercles de Tradition
de Paris, 2003, pp. 34-35).
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