-La teología de la liberación, que el Papa Wojtyla excomulgó, estaba
bastante presente en América Latina.
-“Sí, muchos de sus exponentes eran argentinos”.
-¿Usted piensa que fue justo que el Papa la combatiese?
-“Ciertamente daban un seguimiento político a su teología, pero muchos de ellos eran creyentes y con
un alto concepto de humanidad”.
Como hábil político que es, Francisco elude astutamente la controversia
sobre un tema polémico por el cual le preguntan, pero destacando indirectamente
los valores positivos de quienes integraron –e integran- esa nefasta corriente
que subvirtió la Iglesia en el continente americano. Su encuentro con el
apóstata Gustavo Gutierrez y los elogios insistentes del apóstata Leonardo
Boff, más el apoyo cómplice del heretizante Cardenal Kasper, no hacen más que
confirmar el perfil y el plan en marcha de Bergoglio, para que aquello que se
aplicó entre nosotros –con exitosos resultados, aunque sin llegar a su
culminación en todo lo extenso de la Iglesia Establecida- se lleve a cabo a
nivel mundial, en mayor medida y profundidad, pero con más astucia y apoyo
mediático, por uno de sus velados representantes.
Uno de los personajes con los que Bergoglio ha tenido amistoso contacto
y del que puede decirse que sigue los lineamientos ha sido el escandaloso y
apóstata obispo Jerónimo Podestá, funesto personaje que se juntó (o “casó”) con
una mujer divorciada y feminista y terminó sus días siendo Presidente
de la “Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados”.
Profesor
de Teología en el Seminario de La Plata, Obispo de Avellaneda, en el Gran
Buenos Aires, participante del Vaticano II, Podestá se involucró en la política
brindando apoyo ideológico a militantes de organizaciones armadas subversivas,
y también tuvo participación activa en el retorno de Perón a la Argentina. Pero
quizás su rol más conocido sea el de propulsor de los “curas obreros” e
impulsor de lo que luego llegaría a ser el llamado “Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo”, “versión argentina de la Iglesia Clandestina”, al decir
de Carlos Alberto Sacheri, en su libro “La
Iglesia Clandestina”, donde este neomodernismo progresista, a diferencia de
las herejías anteriores, intentó “transformar
la Iglesia desde su interior, negándose a abandonarla. Esta ‘herejía inmanente’
se ha convertido en una Iglesia paralela, subterránea, cuyos objetivos y
métodos se caracterizan por la clandestinidad propia de las sociedades secretas”.
Se
afirma que el haber descubierto en su libro la estructura clandestina de este
movimiento sacerdotal pro-marxista, entre otros servicios a Cristo Rey, fue lo
que hizo que Sacheri fuera asesinado por una banda terrorista al salir un
domingo de Misa, en tiempos en que las organizaciones castristas asolaban el
país con el terrorismo armado.
Pues
bien, hoy con Francisco, esa herejía de los pseudoprofetas progresistas ha
salido de la clandestinidad y ha ocupado el poder en Roma, dispuesta a acabar
con todo resto de verdadera Iglesia católica –desde luego que infructuosamente,
pues cuando parezca que el triunfo sea suyo, será el triunfo de Nuestro Señor
sobre sus enemigos.
![]() |
| Encuentro de dos herejes: Mons. Jerónimo Podestá y Mons. Helder Cámara. |
Destacamos
algunas declaraciones de este prelado revolucionario, que muestran, por un
lado, el grado de audacia de los herejes a la vez que la ignorancia y,
evidentemente, el pésimo nivel de los seminarios argentinos, que confirmaron en
su vocación a alguien que seguramente nunca tuvo fe o la perdió muy pronto, y
encima luego lo elevó al obispado, con los desastrosos resultados a la vista,
tratándose además no de un caso aislado, sino de uno más de un inmenso cardumen
de seguidores de la herejía.
Puede
decirse que muchas de las cosas que hace tiempo venía afirmando Podestá, son
las mismas que hoy dice Francisco en las entrevistas y sermones difundidos
masivamente. El discurso modernista, podría decirse, quiere renovarlo todo,
pero él mismo no se renueva. Cambian sus medios de comunicarlo, a la vez que disminuye
en general la recta doctrina en los cristianos, que entonces dejan de discernir
el lenguaje equívoco y modernista.
Mons.
Lefebvre (en “Le destronaron”) hace un recuento clarísimo de las orientaciones
que surgieron del espíritu liberal del concilio, a saber:
El
sacerdocio de los fieles.
Exaltación
de la conciencia por encima de la ley.
Definición
liberal de la verdad.
Confusiones
e incoherencias.
Tendencia
al indiferentismo religioso.
Tendencia
al naturalismo.
Sincretismo
religioso.
La
búsqueda.
El
diálogo.
Veremos
que algunas de estas ideas, muchas veces entremezcladas, se repiten tanto en el discurso liberal de
Podestá como de Francisco:
La
Iglesia debe renovarse en sus estructuras, pues estas la vuelven pecadora y le
impiden avanzar.
Podestá:
“La Iglesia misma se
halla inmersa en la situación de pecado. Esta no es privativa de la sociedad
humana, sino que afecta también a la estructura misma de la Iglesia. Cuando la
Iglesia denuncia al mundo, se denuncia a sí misma.
Porque no sólo falta diálogo,
justicia, solidaridad y amor entre los hombres sino que también hay injusticia
y opresión en las propias estructuras de la Iglesia. Si hacen falta en el mundo
profundos cambios de estructura e innovaciones audaces, profundamente
renovadoras, en primer lugar hacen falta en las propias estructuras de la
Iglesia porque también ella debe favorecer la plena liberación.”
Francisco:
"En
la vida cristiana y en la Iglesia también hay estructuras antiguas y frágiles.
Debemos renovarlas". "No debemos tener miedo de abandonar las
estructuras frágiles que nos encorsetan"
(El papa Francisco quiere renovar las
estructuras "antiguas y frágiles" de la Iglesia, La Nación,
6/7/13).
“Prefiero
mil veces una Iglesia accidentada que enferma".
(Francisco, a los obispos argentinos:
"Prefiero mil veces una Iglesia accidentada que enferma". La
Nación, 17/4/13)
No
hacer proselitismo sino dialogar con los demás, la Iglesia debe igualarse con
la gente, hacerse desde abajo hacia arriba.
Podestá:
“Bueno, el estilo que
impusimos [en las villas] fue el siguiente: ‘No vamos a empezar construyendo
una capilla poniendo una cruz encima con una campanita para que la gente venga.
¡No! La Iglesia hay que construirla de otra manera. Van a ir de a tres a un
barrio, van a alquilar una casita y van a vivir ahí; y van a empezar a tomar
contacto con la gente y van a ir a la Biblioteca Popular, a la Sociedad de
Fomento, van a empezar por detectar las instituciones del barrio. Y van a ir y
se van a presentar a colaborar y después de un tiempo…la gente se empieza a
preguntar:’¿Quiénes son éstos?’. Van a ubicar dónde viven, cómo viven, no
empiecen porque sino la gente les va a pedir misas, funerales, primeras
comuniones, bautismos, y ustedes tienen que entrar con la gente, a convivir con
la gente’. Bueno ése era mi sistema, que inicié yo y que por desgracia no lo
han seguido.
Era distinto, la Iglesia desde abajo, desde el pueblo,
desde la realidad humana. Digamos que fueron las dos cosas revolucionarias
que yo hice. Y la tercera, el testimonio de mi vida”.
Francisco:
“El
proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido. Es necesario conocerse,
escucharse y hacer crecer el conocimiento del mundo que nos rodea. A mí
me pasa que después de un encuentro quiero tener otro porque nacen nuevas ideas
y se descubren nuevas necesidades. Esto es importante, conocerse, escuchar,
ampliar el cerco de los pensamientos. El mundo está lleno de caminos que se
acercan y alejan, pero lo importante es que lleven hacia el “Bien”.









.jpg)

