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viernes, 8 de enero de 2016

LA DUBITANTE FRATERNIDAD SAN PÍO X (II)




Habíamos mostrado recientemente en una entrada la cobarde estrategia de la Neo-FSSPX de evitar a cualquier costo la crítica directa a Francisco y la iglesia concilar modernista, valiéndonos del ejemplo de las portadas de sus revistas del Distrito América del Sur.

Podemos comprobar una vez más esa lasitud, por no decir cobarde defección, ahora a raíz del reciente y horroroso video oficial del Vaticano, donde Francisco se muestra claramente herético y apóstata. Esto lo dicen hasta sitios que no pueden ser considerados como “ultras” o “extremistas”, que hablan en sus titulares de lo “escandaloso” que tal video resulta.

Pero hete aquí que la que se presenta como “vanguardia” o “baluarte” de los tradicionalistas del mundo, la actual FSSPX, no se atreve a fustigar con la dureza que se merece tal acto de rebeldía y afrenta a Nuestro Señor Jesucristo y su Iglesia, pues parece que tal escandaloso video no la escandaliza o si lo hace no le permite decirlo a viva voz . Veámoslo.

El sitio de USA recurre a un signo de pregunta -como hace la Iesus Christus- para no ser duro en su crítica (acá):


La FSSPX ya no es capaz de hacer afirmaciones, no es capaz de hablar “sí, sí, no, no”. Ahora todo son dudas o titulares que dejan abierta más de una posibilidad. Si hay herejía, ¿por qué no decirlo directamente?

sábado, 19 de septiembre de 2015

MONS. FELLAY: PAGANDO EL PRECIO POR LA ESTAMPILLA




¿POR QUÉ MONS. FELLAY NO CRITICA LOS MUCHÍSIMOS Y GRAVÍSIMOS ESCÁNDALOS DEL PAPA FRANCISCO?



SIMPLE: PORQUE SI HABLA CLARO, SI CUMPLE ESE SU SAGRADO DEBER, SI DICE LO QUE DEBE DECIR...

 NO HABRÁ ESTAMPILLA.




DIJO
 EL P. PETRUCCI: "Es importante que hay un reconocimiento jurídico de parte del Papa sin que nos haya solicitado una contraprestación". ¿SEGURO DE QUE NO HAY CONTRAPRESTACIÓN? ¿Y QUÉ ES EL SILENCIO CÓMPLICE Y TRAIDOR DE MONS. FELLAY ANTE FRANCISCO EL DEMOLEDOR, SINO EL PRECIO QUE SE PAGA POR LA ESTAMPILLA?  


Sus vigías son ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos incapaces de ladrar (Isaías 56, 10).

jueves, 17 de octubre de 2013

LA DECLINACIÓN DEL CORAJE



Por Alexander Solyenitzin
Del discurso pronunciado en la Universidad de Harvard
el 8 de Junio de 1978


La merma de coraje podría ser la característica más sobresaliente que un observador externo notaría hoy en Occidente. El mundo occidental ha perdido su coraje cívico, tanto en forma genérica como en forma particular, en cada país, en cada gobierno, en cada partido político y, por supuesto, en las Naciones Unidas. Esta declinación del coraje se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales, causando la impresión de una pérdida de coraje en la sociedad entera. Existen muchos individuos valientes, pero no tienen influencia sobre la vida pública.

Los funcionarios políticos e intelectuales exhiben esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad tanto en sus acciones como en sus declaraciones, y más aún en sus autojustificaciones tendientes a demostrar cuan realista, cuan razonable y cuan intelectual y hasta moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la debilidad y la cobardía. Y esta declinación del coraje, que en ocasiones llega hasta lo que podría considerarse como falta de hombría, resulta irónicamente resaltada por ocasionales exabruptos de inflexibilidad por parte de los mismos funcionarios cuando éstos tienen que tratar con gobiernos débiles, con países que carecen de respaldo, o con corrientes desacreditadas, claramente incapaces de ofrecer resistencia alguna. Pero quedan mudos y paralizados cuando tienen que vérselas con gobiernos poderosos y fuerzas amenazadoras, con agresores y con terroristas internacionales.

¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de coraje ha sido considerada siempre el primer síntoma del fin?


lunes, 16 de septiembre de 2013

COBARDÍA SIN PRECEDENTES EN LA FSSPX





"Si los Pastores se arrogan... el poder -con el que Cristo no los dotó y que está en contradicción con su deber de Pastor -de callar, de disminuir, de obliterar, aunque sea sólo un punto de la Verdad recibida de Cristo y transmitida por su Iglesia; de alterar la administración aunque sea de un solo Sacramento; de imponer un único rito litúrgico ambiguo, entonces el católico, cuyo deber es preferir la muerte a la negación de una sola verdad de Fe o a la transgresión de un solo mandamiento divino, tiene el deber de resistir a la Autoridad, en nombre de Dios. De otra manera, ninguna "obediencia" bastará para justificar, ante Dios la apostasía más o menos larvada".

La Tradición Excomulgada

Carta de Monseñor Tissier de 29 de marzo de 2013 (los comentarios en rojo son nuestros):

… “durante la entrevista de 13 de junio 2012, el cardenal Levada dijo rechazar este texto [la Declaración doctrinal de Mons. Fellay] como "equívoco", ya que no cumplía con el requisito de lealtad de la Fraternidad San Pío X al magisterio conciliar. Y ese día Monseñor Fellay rechazó formalmente la sumisión requerida.
Así pues, la Declaración doctrinal no es un texto que Monseñor Fellay haya redactado espontáneamente, sino más bien un documento destinado por él para evitar a la Fraternidad la excomunión con que la amenazaba el Cardenal. Es decir que Mons. Fellay, a fin de evitar la sanción de excomunión, propuso a la secta conciliar la “Declaración Doctrinal” de abril de 2012, mediante la que cede en la doctrina al declarar la legitimidad del rito bastardo, la validez de los nuevos sacramentos, la aceptabilidad del nuevo Código de Derecho Canónico, etc. Todo con tal de no ser excomulgados. ¿Pero en qué quedó este principio básico de la moral: “nunca es lícito hacer el mal para conseguir el bien”? Y el ejemplo de los mártires ¿significa algo para Mons. Fellay? Y estas palabras de Mons. Lefebvre, ¿todavía tienen algún valor para el Superior General?:"Si hemos sido excomulgados por una logia masónica... Deo gratias". Lo que hizo el Superior General de la FSSPX no es más que rehuir la Cruz de Cristo debiendo cargarla virilmente, y eso tiene un calificativo preciso: cobardía. Nunca antes en la historia de la FSSPX se vio cosa semejante y, en adelante, cualquiera en la congregación se creerá con derecho a seguir el pésimo ejemplo de Mons. Fellay. La lección es que, ante amenazas, se puede ser ambiguo en la doctrina y ceder algo en la fe.
A pesar de sus debilidades, este texto no concedió nada en cuanto a la autoridad del pretendido magisterio del concilio. ¿Nada? “La completa Tradición de la fe católica debe ser el criterio y la guía para la comprensión de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, el cual a su vez, ilumina –es decir profundiza y explica ulteriormente- ciertos aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia, implícitamente presentes en ella, y aún no formulados conceptualmente” (n° 4). Y para colmo habla de “Magisterio Pontificio posterior” (n° 5), reconociendo así la calidad de Magisterio de la Iglesia a las enseñanzas envenenadas de los Papas modernistas.
Finalmente, Monseñor Fellay no firmó este texto Quod scripsi, scripsi. Argumento ridículo y pueril: firmado o no firmado, todo el mundo sabe que el responsable del documento es Mons. Fellay, ¿o es que tenía previsto valerse de la falta de firma para negar su relación con el documento? Lo que alguien varonil hubiera hecho en su lugar, es redactar una negativa inequívoca y categórica a los herejes modernistas y firmarla el cual fue propuesto solamente para la apreciación de Roma, y al ser rechazado por las autoridades romanas, el documento no tuvo ningún efecto. No tuvo el nefasto efecto buscado por Mons. Fellay, pero sí tuvo el efecto no menos funesto de fijar la nueva posición de la FSSPX: ahora los liberales romanos saben que el “líder de los tradicionalistas” no tiene reparos en hacer uso de la ambigüedad en la manifestación pública de la fe y que está dispuesto a hacer concesiones doctrinales absolutamente inaceptables. Ahora los modernistas saben que no hay Sacerdotes de la FSSPX que estén dispuestos a reaccionar ante la traición del Superior General. Ahora… es cosa de tiempo.
Por consecuencia, esta “Declaración” no puede ser considerada como si hubiera comprometido a la FSSPX. Con su “Declaración Doctrinal”, Mons. Fellay ha puesto a la congregación una posición de debilidad nunca vista ante la secta conciliar, y eso ciertamente es comprometer gravemente a la FSSPX. Y usted, Mons. Tissier, deberá dar cuentas a Dios por defender al responsable de este desastre, en lugar de sacarlo del cargo de Superior General, cosa que usted habría logrado si se lo hubiera propuesto, pero para usted la unidad de la congregación es más importante que la Verdad. Dios tenga misericordia también de usted, porque pudo salvar a la FSSPX y no quiso.
El capítulo general de julio de 2012 estudió este texto; los capitulares tuvieron toda la libertad de denunciar sus debilidades, lo que no dejé yo de hacer por mi parte. Los capitulares carecen de imparcialidad, pues más del 70 % de ellos deben el derecho a formar parte del capítulo a Mons. Fellay, que los nombró en sus cargos.
Y se concluyó tácitamente que no había necesidad de hacer hincapié en este asunto, ya que estaba claro que el Superior General se arrepintió de su paso en falso y se determinó a "no hacerlo de nuevo", como él dijo a los sacerdotes durante retiro de sacerdotes en septiembre de 2012. Nuevo argumento pueril. Si en una empresa cualquiera el gerente general hubiera dado un “paso en falso” semejante, habría quedado en la calle en cosa de horas, pese a cualquier promesa de “no hacerlo de nuevo”. Por lo demás, el Superior General jamás se ha retractado claramente. “Es que Mons. Fellay es demasiado bueno”, hemos oído decir bobamente por ahí… ¿Ah sí? ¿Fue “demasiado bueno” cuando expulsó con procedimientos ilegales y sin posibilidad de apelación a los que justificadamente se escandalizaron de su “paso en falso”? ¿Es “demasiado bueno” quien evita la Cruz por medios menos rectos? ¿Es “demasiado bueno” el que estando a la cabeza de los tradicionalistas y teniendo el gravísimo deber de defender la fe contra el liberalismo y el modernismo imperantes, habitualmente hace uso de exactamente los mismos medios de que se valen los liberales y los modernistas para destruir la Verdad, tales como la ambigüedad deliberada, la prudencia de la carne, el secretismo indebido y la diplomacia mundana? 
  

viernes, 17 de mayo de 2013

LA COBARDÍA ES UN PECADO, Y EN ALGUNOS CASOS MUY GRANDE





R. P. Leonardo Castellani

(Tomado de su libro "El Evangelio de Jesucristo ", fragmento)


Cosa increíble: hay una tormenta tal en el Mar de Tiberíades que las olas invaden la cubierta de la barca de los Pescadores; y Jesucristo duerme. ¿Se hace el dormido, como dicen algunos, para ‘probar a sus discípulos’? No: duerme, con la cabeza apoyada en un banco. Esa manera de probar a la gente con cosas fingidas es una chiquilinada inventada por un mal maestro de novicios: lo único que prueba de veras es la vida, la verdad, la realidad; no las ficciones. Tampoco es verdad que Dios le haya prohibido a Eva el Fruto del Árbol del Malsaber para probarla; se lo prohibió porque simplemente ese fruto no le convenía ni a ella ni a nadie. Dios no hace pavadas, pero hay gente que tiene inclinación a atribuirle las pavadas propias. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza; pero el hombre se lo ha devuelto; porque ¡cuántas veces no ha rehecho el hombre a Dios a imagen y semejanza suya!

Jesucristo es notable: duerme de día en medio de una tormenta; y de noche deja la cama y se sube a una colina para orar hasta la madrugada. No lo despiertan el bramar del viento, el golpe del agua, los gritos de los marinos, y lo despierta un gemido en la noche o una mujer hemorroísa que le toca el vestido. Mi abuela Doña Magdalena decía: "Jesucristo es bueno, yo no digo nada; pero ¿quién lo entiende, dígame un poco?".

Sólo un niño o un animal pueden dormir en esas condiciones en que los tres Evangelistas dicen que Cristo realmente "dormía"; y también un hombre que esté tan cansado corno un animal y tenga una naturaleza tan sana como la de un niño.

(…)

Bueno, el caso es que Cristo dormía, y los discípulos lo despertaron diciéndole algo que está diferentemente en los tres Evangelistas; pero en realidad le deben haber gritado no tres sino unas doce cosas diferentes por lo menos; que se resumen en ésta: «¡Sonamos!» ¿No te importa nada que nosotros «sonemos»? que trae San Lucas como resumen de toda la gritería. Lo que dijo San Mateo, que estaba allí, fue esto: "Señor, ayúdanos, que perecemos". Cada uno dijo lo mejor que supo, y eso es todo.

Lo que les dijo Cristo -en esto concuerdan los tres relatores- fue "cobardes”. La Vulgata latina traduce "Modicae fidei ", o sea "hombres de poca fe"; pero Cristo, en griego o en arameo, les dijo “cobardes”. Un hombre que grita cuando hace agua su lancha en una tempestad del Mar de Galilea, que son breves pero violentas; suponiendo incluso que haya gritado un poco de más, ¿es cobarde? Para mí, no es cobarde. Pero para Jesucristo es cobarde. A Jesucristo no le gustan los cobardes.

La Iglesia ("la barquilla de Pedro", que le dicen) ha tenido muchas tempestades y ha de tener todavía otra que está profetizada, en la cual las olas invadirán el bordo, y parecerá realmente que los pocos que están dentro suenan. Cristo parece haber conservado su costumbre juvenil de dormir en esos casos; y también su idiosincracia de no amar la cobardía.

¿La cobardía es pecado? Sí; y en algunos casos muy grande. Los Apóstoles tenían una manera de predicar que yo no usaría otra si me dejaran predicar: la cual es hacer una lista de pecados grandes, recitarla y después decir: "Ninguno de éstos entrará en el Reino de los Cielos. Basta". Así San Pablo dice: "No os engañéis, hermanos; que ni los idólatras, ni los ladrones, ni los divorciados, ni los avaros, ni los perros [o sea, los maricones] ni... y así sigue un rato- entrarán en el Reino de los Cielos". Hoy en día habría que predicar así, sencillamente... es opinión nuestra.

Pues bien, San Juan en el Apokalypsis, que es una profecía acerca de los últimos tiempos, añade a la lista de pecados otros dos que no están en San Pablo: "los mentirosos y los cobardes". Lo cual parece indicar que en los últimos tiempos habrá un gran esfuerzo de mentira y de cobardía. Dios nos pille confesados.

La cobardía en un cristiano es un pecado serio, porque es señal de poca fe en Cristo (“cobardes y hombres de poca fe”) que ha dado sus pruebas de que es un hombre "a quien el mar y los vientos obedecen "-dice el Evangelio de hoy- con lo cual por lo tanto, el miedo no es cosa bonita; ni lícita siquiera. Julio César, en una ocasión parecida, no permitió a sus compañeros que se asustaran. "¿Qué teméis? Lleváis a César a su buena estrella", les dijo. Mucho más Jesucristo, creador de las estrellas.

Lo que gobierna el mundo son las Ideas y las Mujeres, dijo uno. Las Ideas, lo dudo mucho. Las Mujeres, habría que hacer la prueba. ¿Qué sucedería si en la Argentina saliese una especie de Teresa de Jesús, que persuadiese a todas las mujeres de este propósito: "¡No me casaré con ningún hombre que sea un cobarde!" Yo creo que se vendría abajo la tiranía de turno, y no subiría más ningún otro tirano.

En otros tiempos, los argentinos no eran ni adulones ni cobardes. Ahora parecería, según algunos que leen los diarios, que se están volviendo adulones y cobardes. Que Dios nos salve por lo menos de las mujeres.


Comentario SYLLABUS:
Bien, y sencillamente ¿cómo se pueden aplicar estas palabras a la actual crisis que padece la FSSPX, ocupada por los liberales? Hay una forma peor aún de cobardía, que la aquí señalada por el Padre Castellani –o en realidad por Cristo-. Y que es no la de ver la tempestad y gritar asustados y al borde de la desesperación; sino taparse los ojos para no ver la tempestad y hacer callar al que dice que la hay. O, en vez de esperar que Nuestro Señor calme la tormenta cuando su Eterna Sabiduría lo disponga, lanzarse a soluciones estúpidas y riesgosas para el alma, como buscar acuerdos con quienes no sólo no ven la solución a la tempestad, sino que ni siquiera entienden que están atravesando una tempestad, o ven la tempestad pero no se dan cuenta que están llevando la nave precisamente hacia lo peor de ella en vez de saber alejarse del mayor peligro.
Es una terrible cobardía acusar al que se mantiene firme con la esperanza en Cristo –pero sin cruzarse de brazos sino obrando la salvación de la mayor cantidad de almas-, de estar fuera de la realidad o carecer de esperanza cuando la esperanza que se han inventado ellos no tiene fundamento en la realidad sino en sus sueños o sus cobardes deseos de que la tempestad no los azote, por lo menos a ellos; son éstos los que, temiendo abrir la boca para reprobar a los que conducen la nave pésima e infielmente, callan y en cambio se agitan contra los que dicen “No queremos seguir ese rumbo que conduce al naufragio, no queremos ser cómplices de los que hacen todo para perder a las almas que se nos han encomendado”.
Es una triste forma de la cobardía el acusar de desobediencia a quien osa decir la verdad porque esa verdad es malsonante a los oídos de los enemigos que hacen todo lo posible para hundir la barca de Cristo. Es cobardía callar cuando los enemigos de Cristo horadan el casco de la nave o suben a ésta a los que desean verla en el fondo del océano.
Es cierto lo que indica de alguna forma Castellani: los hombres hoy no llevan los pantalones, y por eso Dios no nos envió una Santa Teresa sino el castigo –en la Argentina- de una Mala Tiranuela, y, en la Fraternidad, de unos Liberales, como castigo por la cobardía de sacerdotes y fieles que ya no se animaron a llamar a las cosas por su nombre, y cerraron los ojos para no ver que estaban atravesando la peor de las tormentas. Ay de los que duermen porque se han vuelto cobardes. Que Dios no nos deje olvidar que Él sigue con nosotros y que nosotros debemos luchar por la Nave y contra los que destruyen su Nave.


jueves, 28 de marzo de 2013

DE LOS QUE CALLAN CUANDO DEBEN HABLAR


Fragmento de un artículo reciente de Antonio Caponnetto en respuesta al Padre Iraburu, texto que puede ser dirigido no sólo a los sacerdotes en que piensa el Prof. Caponnetto, sino a todos aquellos de la Tradición en la Fraternidad San Pío X que enmudecen la voz o el pensamiento, y de a poco se vuelven indiferentes o pusilánimes por temor a perder lo que tienen, esto es, una situación, y no el alma, lo único que en verdad cuenta. Nos unimos a la caritativa y respetuosa exhortación de Caponnetto. Es tiempo de vencer los temores y hablar claro, o, en todo caso, buscar la verdad si no se está seguro de ella, pues sin la verdad el católico no tiene razón de ser en este mundo y es como un grano de sal que ya no sala y no sirve para nada. El texto completo de su artículo puede leerse  aquí.




“Una aclaración postrimera me queda en el tintero y he de hacerla. No me causa ninguna gracia andar de desencuentro en desencuentro con curas,  obispos, y Pontífices. No he sido educado para tener que rebelarme contra  las autoridades de la Iglesia, sino para arrodillarme frente a la Jerarquía, orgulloso de mi vasallaje, y ofrecerle mis servicios. Me lastima hasta la fibra más honda del alma constatar que, en líneas generales, nuestros pastores y clérigos son medrosos, ambiguos, heresiarcas y hasta poco viriles, como diría Santa Catalina de Siena. Tal situación me provoca una desazón y un tormento que, repito, sólo Dios conoce, y sólo Él sabrá porqué lo permite. Pero no debo callar. En mi nombre, en el de los tantos y tantos que padecen conmigo similar dolor, en el de mis maestros mártires y en el de mis discípulos. No debo callar, porque la esperanza está puesta en el triunfo de la Verdad Crucificada, oportuna e inoportunamente testimoniada. No debo callar ni retroceder, porque a pesar de la jerarquía prevaricadora y de sus inesperados obsecuentes, alguien tiene que decir la Verdad”.

He perdido muchas cosas por dedicarme a lo que me dedico. Vivo orgullosamente con lo puesto. Pero siempre me preocupó perder algo más: la vida eterna. Y la vida eterna la perderé si enmudezco como un pusilánime, si disimulo como un oportunista o si miento como un patán. Sepan, pues, los nuevos pendolistas anónimos, pseudónimos o encubiertos; sépanlo los calumniadores ociosos y los que, por ser ladrones, creen que todos son de su condición. Seguiré en batalla, hasta que el Señor me llame. Y sépanlo asimismo aquellos que bien me quieren –me consta– pero me aconsejan prudencias que no van con las urgidas perentoriedades, postergaciones que terminan siendo renuncias y subterfugios impropios del testigo. En esto al menos, procuro hacerle caso a Borges:

“Entre las cosas hay una
de la que no se arrepiente
nadie en la tierra. Esa cosa
es haber sido valiente”.

(…) Pero hay una clase especialísima de esas cartas a las que quiero dedicar un párrafo aparte. Son las de aquellos sacerdotes que no pueden hablar porque es mucho o es todo lo que perderían si así lo hicieran. En privado me felicitan, me apoyan, me sostienen, me alientan a decirlo todo, me aportan elementos de juicio, y a veces me enmiendan con caridad y ciencia. Entiendo las razones de su silencio. No les formulo el más mínimo reproche. No quisiera herirlos con una línea siquiera que pudiera rozar sus nobles decisiones. Les pido perdón sinceramente y de antemano si estos renglones pudieran embretarlos. Pero ellos saben más que yo. Es cierto. Han estudiado disciplinas arduas cuya plena posesión me es ajena. Harían un bien inmenso si salieran a hablar con sus rostros y voces y nombres y títulos, a plena luz del día, desde los tejados. Harían un bien inmenso incluso, si ante estocadas arteras como ésta que me toca hoy responder, dijeran en público lo que me dicen en privado: que tengo razón.

 A ellos, pues, a estos sacerdotes a quienes tanto admiro y debo, sólo quiero formularles unas preguntas, cuyas respuestas ignoro: ¿Cuál es el límite de ese silencio? ¿Cuál es el borde de la fingida conformidad? ¿Cuándo habrá que quemar las naves? ¿Cuándo es el día del viaje desasido, sin regreso, sin orillas amigas que nos esperen, sin lechos familiares en que reposar seguros las osamentas? Sólo el desierto, el páramo, el peregrinaje arduo y combatiente. ¿Cuál es el día para decir ¡basta! y gritar desde los tejados? ¿No sería menos desolada la soledad, menos apenada la pena, menos desangelado nuestro Ángel, si ellos hablaran de consuno, con la facundia y la sabiduría que el Señor les ha prodigado?

Me uno a ellos con afecto entrañable en vísperas de este nuevo Viernes de Pasión en que termino mi escrito. Me aferro como amigo y penitente  a sus manos que saben bendecir y perdonar. Me permito pedirles un sitio en el Via Crucis, para decirles que, tal vez por nuestro mutismo o indiferencia, Jesús se está cayendo por cuarta vez:

La tarde huele a sangre y a gemido,
arriba espera el monte abovedado,
más hondo que la huella del arado,
más seco que el ahogo de un latido.

Ya estaba terminado el recorrido,
pronto estaría todo consumado
pero advertiste el rostro de un pecado
venidero y final como un crujido.

La Nave quiebra un mástil, se te aparta,
¡Navega hacia alta mar!, le gritas mudo
y caíste la vez número cuarta.

Mañana sonarán repiqueteos
pero hoy, tu viernes desolado y rudo,
Aquí estamos, Señor, tus cireneos.

Antonio Caponnetto