Mostrando entradas con la etiqueta Pasión de Cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pasión de Cristo. Mostrar todas las entradas
jueves, 13 de abril de 2017
miércoles, 12 de abril de 2017
sábado, 26 de marzo de 2016
LA PALABRA “CRUZ”
Por Mons. Dr. Paul W.
von Keppler
«Porque
la palabra de la cruz, para los que se pierden es locura; mas para nosotros,
los que nos salvamos, es virtud de Dios.»
Verbum
enim crucis pereuntibus quidem stul- titia est: iis autem qui salvi fiunt, id
est nobis, Dei virtus est. (1 Cor. 1, 18.)
La
pena y el dolor que lleva consigo el Viernes Santo, la esperanza y la gracia
que promete, el recuerdo de tristes hechos y el mensaje de salud que trae, todo
está sintetizado y como personificado en un emblema, en una señal: la señal de
la Cruz.
Cuando
allá en tierra de infieles, después de las primeras instrucciones, el
misionero levanta en alto la cruz, causa esta señal profunda impresión en los
que la ven por vez primera. La contemplan con temeroso respeto y sienten a su
vista singular atracción y repulsión al mismo tiempo.
Nosotros,
acostumbrados a verla desde nuestra infancia, la llevamos impresa en la
retina, y no podemos recordar cuándo ni dónde la vimos la primera vez.
Hallárnosla
en todas partes, en casa, en la iglesia, en el campo, en los caminos; y se nos
ofrece bajo todos aspectos, figuras y formas. Es ya para nosotros cosa tan
cotidiana, que ninguna impresión especial nos produce.
Hoy
es cabalmente el día en que debemos fijar bien nuestra mirada en esta cotidiana
señal, para que conmueva profundamente nuestro espíritu y nuestro corazón.
Fijad vuestra atención en la cruz. ¿Puede haber cosa más llana y sencilla que
esas dos líneas que se cruzan, ese palo enhiesto con su travesaño en el centro?
Figura simplicísima, exacta, regular, y sin embargo es la imagen de la más
radical contrariedad y oposición; el símbolo más expresivo del dolor, de la
pena, de la muerte; árbol seco, sin hojas ni ramas; con sus dos brazos cortados
y escuetos: y así y todo es la cruz en su forma fuertemente trabada, la imagen
de aspiraciones vigorosas, de tesón firmísimo; la imagen de la fortaleza y de
la vida.
Como
imagen del dolor y de la muerte, como expresión de fuerza y de vida, escogió
Dios y señaló la cruz para que fuera el instrumento de la redención. Como señal
de muerte y señal de vida también, hállase predominando en la vida de Jesús, y
debe también presidir y gobernar los actos de nuestra vida. Esto querría demostraros
hoy; y así toda mi exhortación se encerrará en una sola palabra, en la palabra
«Cruz», de la cual dice el Apóstol que es como una necedad a los ojos de los
que se pierden; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es la
virtud y poder de Dios. Ojalá por la gracia del Crucificado y por la mediación
de su Madre dolorosa, sea la cruz para todos nosotros verdadera virtud divina.
ANTE EL CRUCIFIJO
“Voy a decirle lo que
hago cuando me encuentro un poco cansada. Miro el Crucifijo, y al ver cómo El
se sacrificó por mí, me parece que lo menos que puedo hacer por El es gastar y
quemar mi vida para devolverle algo de cuanto El me entregó”
Sor Isabel de la
Trinidad, Epistolario, carta 136.
LA CRUZ
Loas a la Cruz
Cruz, descanso
sabroso de mi vida,
Vos seáis la
bienvenida.
iOh bandera, en
cuyo amparo
El más flaco
será fuerte!
iOh, vida de
nuestra muerte,
Que bien la has
resucitado!
Al león has
amansado,
Pues por ti
perdió la vida.
Vos seáis la
bienvenida.
Quien no os ama
está cautivo
Y ajeno de
libertad;
Quien a vos
quiere allegar
No tendrá en
nada desvío.
iOh dichoso
poderío
Donde el mal no
halla cabida!
Vos seáis la
bienvenida.
Vos fuisteis la
libertad
De nuestro gran
cautiverio;
Por vos se
reparó mi mal
Con tan costoso
remedio,
Para con Dios
fuiste medio
De alegría
conseguida.
Vos seáis la
bienvenida
SANTA TERESA DE
JESÚS
YO ¿CÓMO VINE AL MUNDO?
Yo ¿cómo vine
al mundo? Condenado;
Dios ¿cómo me
libró? Dando su vida;
Yo ¿cómo la
perdí? Por un bocado,
Que fue del
mundo todo el homicida.
Dios ¿qué me
pide a mí? Lo que me ha dado;
Yo ¿qué le pido
a él? La eterna vida;
Dios ¿para qué
murió? Para librarme:
¿Yo para qué
nací? Para salvarme.
De tierra soy,
en tierra he de volverme;
Y a siete pies
de tierra reducido,
Y una pobre
mortaja en que envolverme,
Tendré del
mundo el pago merecido;
No puedo deste
paso defenderme,
Ni el César
puede, ni el jayán temido;
¡Miseria
general!, ¡caso terrible!
Que tengo de
morir es infalible.
Allí de los
amigos más amados,
Del alma
tiernamente más queridos,
Los últimos
abrazos regalados
Recibiré con
llantos y gemidos
Allí seré el
mayor de mis cuidados,
Los deleites y
vicios cometidos,
Pues que puedo
por ellos no salvarme
Dejar de ver a
Dios y condenarme.
viernes, 25 de marzo de 2016
SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS. PRIMERA PALABRA DE CRISTO EN LA CRUZ
Por
Mons. Dr. Paul W. von Keppler
«Padre, perdónales,
porque no saben lo que hacen.»
Pater,
dimitte illis, non enim sciunt quid faciunt.
(Luc.
23, 34.)
La
imagen lastimera del Salvador crucificado, en la que fijan hoy su mirada todos
fieles, fuéle mostrada en vaticinio al profeta Isaías, con toda claridad. Una
circunstancia, entre todas, causóle profundísima impresión: el silencio
maravilloso de este divino Paciente, en medio de tan terribles tormentos y de
tan horrenda injusticia. Este silencio llena de sagrado asombro al profeta, que
maravillado exclama: «Ofrecióse al sacrificio voluntariamente, y no abrió su
boca; será conducido al matadero, como la oveja, y, como cordero delante del
que lo trasquila, enmudecerá y no abrirá su boca»—Oblatus est quia ipse voluit, et non aperuit os suum; sicut ovis ad
occisionem ducetur, et quasi agnus coram tondente se obmutescet, et non aperiet
os suum (Is. 53, 7).
De
este silencio del Salvador maravillóse también Pilato (Matth. 27, 14), y se
maravillan asimismo todas las almas nobles. Acumulan los judíos acusaciones y
más acusaciones contra el Señor, mas él no se defiende, y calla. Herodes hace
burla de él, y calla; los soldados desgarran sus carnes con dolores acerbos,
que le arrancan algún gemido, pero calla; le hincan en la cabeza y en las
sienes la corona de espinas, que le hace estremecer, por lo terrible de sus
dolores, pero calla; cargan sobre sus llagados hombros el peso de la cruz, y
lleva esta carga hasta que no puede más, hasta sucumbir debajo de ella; pero
calla. Realmente no hay cosa que tanto nos descubra la grandeza de alma y la
heroica paciencia del Varón de dolores, como este soberano silencio.
Mas
con este su callar tan elocuente mezcló el Salvador en su Pasión, algunas
veces, muy breves frases; y el largo y profundo silencio que guardó, estando en
la cruz, lo interrumpió para decirnos, en aquellos postreros momentos, sus
últimas siete palabras.
¡Sus
últimas palabras! Las últimas expresiones de un moribundo suelen tenerse en
grande estima, y los que le sobreviven las conservan como un legado
testamentario.
Las
últimas palabras del Salvador moribundo son palabras de un Redentor,
reveladoras de su dignidad de Mesías; palabras que iluminan como relámpagos las
tinieblas del Calvario, el misterio de la cruz; palabras que suenan, a la vez
poderosas y terribles, como los siete truenos del Apocalipsis (Apoc. 10, 3), y
dulces y suaves como las campanillas de plata del vestido del sumo sacerdote,
cuando entraba en el Sancta Sanctorum para
ofrecer el sacrificio. La primera de estas siete palabras es el mensaje de
salvación, que hoy no&-envía el Salvador desde la cruz. ¡Ojalá que todos
los corazones se abran para recibirlo!
Los
verdugos en el Calvario acaban de terminar su tarea sanguinaria: se ha
extinguido ya el eco de los martillazos, con que han hecho penetrar los gruesos
clavos por las delicadas carnes de las manos y pies del Salvador. Éste queda
como víctima santa pendiente de la cruz entre el cielo y la tierra,
desangrándose por muchas heridas, entre convulsiones y estremecimientos de
dolor. Hasta la misma naturaleza universal parece suspender todo movimiento y
rumor, presa de espanto y admiración; y ni los rayos del sol ni el aire de la
primavera se atreven a tocar el sagrado cuerpo. De la muchedumbre misma del
pueblo parece haberse apoderado un terror insólito, que paraliza sus lenguas;
y reina un silencio pavoroso. Sólo el odio de los sumos sacerdotes y de los
fariseos se está cebando en los tormentos de su víctima, y con diabólica
fruición comienzan a burlarse del Salvador y a blasfemar de él. Entonces
levanta el Señor su sagrada cabeza, echa una mirada sobre el pueblo, alza sus
ojos al cielo, y abriendo sus labios exclama con voz clara y sonora: «Padre,
perdónales, porque no saben lo que hacen.»
miércoles, 10 de febrero de 2016
MIÉRCOLES DE CENIZAS
DEL CATECISMO DE SAN
PÍO X (edic. 1973, publicado por el sitio Stat Véritas.
En algunas respuestas se han suprimido las reiteraciones):
¿Qué es la Cuaresma? - La
Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por
tradición apostólica.
¿A qué fin ha sido
instituida la Cuaresma? - La Cuaresma
ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de
hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos
Padres, es figura la Cuaresma; 2.°, para imitar en alguna manera el riguroso
ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3.°, para
prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.
¿Por qué el primer día
de Cuaresma se llama día de Ceniza? - Porque
en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.
¿Por qué la Iglesia
impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? - Para
recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la
muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras
tenemos tiempo.
¿Con qué disposiciones
hemos de recibir la sagrada Ceniza? - Con un
corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en
obras de penitencia.
¿Qué hemos de hacer
para vivir la Cuaresma según la intención de la Iglesia? - Hemos
de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno, la abstinencia y mortificarnos
no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en
las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la
oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más
que de ordinario, 3ª, oír la palabra de Dios, no por costumbre o curiosidad,
sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con
solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y
disponernos mejor a la comunión pascual.
¿En qué consisten el
ayuno y la abstinencia? - El ayuno consiste
en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne
ni caldo de carne.
¿Se prohíbe toda otra
refección los días de ayuno, fuera de la única comida? - Los
días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el
mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la
mañana.
¿Quiénes están
obligados al ayuno y a la abstinencia? - Al
ayuno están obligados todos los que sean mayores de edad, hasta que hayan
cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia
los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.
¿Están exentos de toda
mortificación los que no están obligados al ayuno? - Los
que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque
ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así
deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.
domingo, 5 de abril de 2015
RESUCITÓ ¡ALLELUIA!
Antífona:
Resurrexi, et adhuc tecum sum, alleluia!
Posuisti super me manum tuam, alleluia!
Mirabilis facta est scientia tua, alleluia, alleluia!
Versos del Salmo 139 y Doxología:
Domine, probasti me, et cognovisti me.
Cognovisti sessionem mean, et resurrectionem meam.
Ecce Domine, tu cognovisti omnia novissima et antiqua.
Tu formasti me et posuisti super me manum tuam
Gloria Patri et Filio et Spiritu Sancto,
Sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula saeculorum.
Amen.
Resurrexi, et adhuc tecum sum, alleluia!
Posuisti super me manum tuam, alleluia!
Mirabilis facta est scientia tua, alleluia, alleluia!
Versos del Salmo 139 y Doxología:
Domine, probasti me, et cognovisti me.
Cognovisti sessionem mean, et resurrectionem meam.
Ecce Domine, tu cognovisti omnia novissima et antiqua.
Tu formasti me et posuisti super me manum tuam
Gloria Patri et Filio et Spiritu Sancto,
Sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula saeculorum.
Amen.
sábado, 4 de abril de 2015
EL SANEDRÍN
Además de esos gestos, y otros que ha realizado siendo ya Papa, ¿en
Evangelii Gaudium encontramos algún aporte reflexivo novedoso sobre el
judaísmo?
Hay
varias cosas que llaman mucho la atención. Una es que no solo lamenta las
persecuciones de las que fueron objeto los judíos, sino, también aquellas de
las que “son” objeto ahora e “involucran” a cristianos no solamente con la
iniciativa-menos frecuente-, sino además, “con el silencio” -más frecuente-. Es
muy interesante que diga que “el diálogo y la amistad con los hijos de Israel
son parte de la vida de los discípulos de Jesús” (EG 248). No es una actividad,
no es una tarea conveniente, esa amistad ¡es parte de nuestra vida!
Pero lo que
contiene más densidad teológica es una afirmación verdaderamente novedosa
en el Magisterio,
que invita a dar un paso más en la reflexión y en la acción de la Iglesia. Dice
que “Dios sigue obrando en el pueblo de la antigua Alianza y provoca tesoros de
sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia
también se enriquece cuando recoge los valores del judaísmo” (EG 249). Esto
es muy fuerte. Muchos aceptan fácilmente que los cristianos recibamos
la riqueza del Antiguo Testamento, e incluso los aportes del judaísmo anterior
a Jesucristo, sin embargo, aquí se habla de los valores actuales, porque se
vinculan con lo que Dios “sigue obrando” ahora en ellos. No se dice que
debemos convertirlos, que la religión judía tiene que desaparecer, sino que esa
religión guarda un valor por la acción sobrenatural de Dios ahora. Lo
mismo que expresó Bergoglio al otorgar un doctorado honoris causa a un rabino
está expresado ahora con palabras magisteriales, al referirse a los “tesoros de
sabiduría” que hoy brotan del encuentro de los judíos con la Palabra divina. Espero
que este avance, plasmado en un párrafo breve, sea adecuadamente valorado por
los teólogos que estudian las relaciones de los cristianos con el judaísmo y
por aquellos que en la Santa Sede se dedican a estas relaciones.
Por
otra parte, él retoma una insistencia del Cardenal Kasper, quien sostenía
que no deben incluirse los judíos en los proyectos misioneros que procuren la
“conversión” de los demás, puesto que el sentido bíblico de la conversión no se
aplica propiamente a ellos. El Papa asume esa línea de reflexión al decir
que los cristianos no incluimos a los judíos “entre aquellos llamados a dejar
los ídolos para convertirse al verdadero Dios (cf. ITes 1, 9). Creemos
junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos
la común Palabra revelada” (EG 247).
Mons.
Victor Manuel "Tucho" Fernández explicando “El
programa del papa Francisco. ¿Adónde nos quiere llevar?”, libro editado
por la editorial San Pablo.
viernes, 3 de abril de 2015
MEDITACIÓN DE LA PASIÓN DE CRISTO
« Nuestro
tiempo no es tiempo de temor ya que somos testigos de un Dios que ofreció la
vida para lograr hacerse amar. La pasión de Jesús fue llamada un exceso, por lo
cual nadie que la medite podrá seguirle a medias.
Si
quieres crecer en la vida del espíritu, piensa todos los días en los
padecimientos del Señor porque pensando en ellos es imposible que no te llenes
de amor y fortaleza; amor capaz de relativizar los demás efectos en comparación
con el suyo, y fortaleza para sobrellevar con gozo las pruebas y las cargas
inevitables de la vida.
¿Quién
podrá desesperarse o irritarse por lo injusto de sus sufrimientos viendo a
Jesús herido y despedazado? ¿Quién rehusará sujetarse a las exigencias del bien
común al recordar a Cristo obediente hasta la muerte? ¿Quién podrá temer si se
abraza a la cruz de nuestro Redentor?
Se
lamentaba Santa Teresa de que algunos libros le hubieran aconsejado dejar de
meditar la pasión, porque la humanidad de Cristo hubiera pudiera impedirle la
contemplación de su divinidad; y consciente del error exclamaba: "Oh
Señor y bien mío, Jesús crucificado, me parecía haberte hecho una gran
traición, pues ¿de dónde me vinieron todos los bienes sino de vuestra
cruz?".
Decía
San Pablo que solo ambicionaba saber la ciencia de la cruz, es decir, el amor
que ella encierra: "Pues no quise entre vosotros sino a Jesucristo, y
éste crucificado" (1 Co 11,2).
Preguntado
San Buenaventura de dónde sacaba tan copiosa y excelente doctrina como ponía en
sus obras, dijo mostrando un crucifijo: "Este es el libro que me dicta
todo lo que escribo. Aquí he aprendido lo poco que sé".
¿Dudarías
de consagrarte por entero al Redentor si verdaderamente conocieras el misterio
de la cruz? ¿Cómo habiéndote amado hasta la locura no ha logrado aún gobernarte
el corazón? Ten presente que "Cristo murió por todos, para que los que
viven no vivan para sí, sino para El que murió y resucitó por ellos"
(2 Co 5,15) .»
San Alfonso
María de Ligorio
¡ECCE HOMO!
¡Ved
al hombre con beso vil marcado
Que
purga las hipócritas traiciones!
¡Ved
al hombre que paga rebeliones,
Sujeto
por cordeles y arrastrado!
¡Ved
al hombre por débiles juzgado,
Cancelando
soberbias opiniones!
Ved
al hombre que sufre bofetones
Y
así insomnes venganzas ha saldado.
Con
vestimenta está de necio y loco
Porque
yo me infatué con falsa ciencia,
Es
pospuesto a un infame sin conciencia
Porque
yo el primer puesto siempre invoco.
Jamás
pensó Pilatos el renombre
Que
le diera exclamar: ¡He aquí al hombre!
P.
VIRGILIO FILIPPO
STABAT MATER
Stabat Mater dolorosa
Juxta crucem lacrimosa
dum pendebat Filius.
Estaba
la Dolorosa
junto
al leño de la Cruz
¡Qué
alta palabra de luz!
¡Qué
manera tan graciosa
de
enseñarnos la preciosa
lección
del callar doliente!
Tronaba
el cielo rugiente
La
tierra se estremecía
Bramaba
el agua...María
estaba
sencillamente.
José María Pemán
CRUX FIDELIS
Crux fidélis, inter omnes Arbor una nóbilis: Nulla silva talem profert,
Fronde, flore, gérmine.
Dulce lignum, dulces clavos, Dulce pondus sústinet.
1. Pange lingua gloriósi
láuream certáminis, et super Crucis trophaeo * dic triúmphum nóbilem: *
quáliter Redémptor orbis * immolátus vícerit.
R. Crux fidélis.
2. De paréntis protoplasti
fraude Factor cóndolens, * quando pomi noxiális * in necem morsu ruit: * ipse
lignum tunc notávit, * damna ligni ut sólveret.
* Dulce lignum.
3. Hoc opus nostrae salútis
* ordo depopóscerat: * multifórmis proditóris ars ut artem fálleret * : et
medélam ferret inde, * hostis unde laeserat.
R. Crux fidélis.
4. Quando venit ergo sacri
* plenitúdo témporis, * missus est ab arce Patris * natus, orbis Conditor: *
atque ventre virgináli * carne amíctus pródiit. *
Dulce lignum.
5. Vagit infans inter arcta
* cónditus praesépia * membra pannis involúta * Virgo Mater álligat: * et
Dei manus, *pedésque * stricta cingit fáscia.
R. Crux fidélis.
6. Lustra sex qui jam
perégit, tempus implens córporis, * sponte libera Redémptor * passióni déditus,
* Agnus in Crucis levátur * immolándus stípite *
Dulce lignum.
7. Felle potus ecce
languet: * spina, clavi, láncea * mite corpus perforárunt, * unda manat, et
cruor: * terra, pontus, astra, mundus, * qui lavántur flúmine!
R. Crux fidélis.
8. Flecte ramos, arbor
alta, * tensa laxa víscera, * et rigor lentéscat ille, * quem dedit nativitas:
* et supérni membra Regis * tende miti stípite. *
Dulce lignum.
9. Sola digna tu fuisti *
ferre mundi vitimam: * atque portum praeparáre * arca mundo náufrago: * quam
sacer cruor perúnxit, * fussus Agni corpóre.
R. Crux fidélis.
10. Sempitérna sit beátae *
Trinitáti gloria: * aequa Patri, Filióque; *par decus Paráclito: Unius Trinique
nomen laudet univérsitas. Amen.
* Dulce lignum
¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro
igual en hoja, ni en flor, ni en fruto.
¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!
DIOS ES AMOR
“Muéstrasenos Jesucristo
pendiente de una cruz, atravesado con tres clavos, arroyado en sangre todo su
sacratísimo Cuerpo, y agonizando en medio de un piélago de dolores. Y yo
pregunto: ¿Por qué el Dios Humanado se ofrece a nuestras miradas en un estado
tan conmovedor? ¿Es sólo para excitar nuestra compasión? No, por cierto: si
quiso reducirse a tan lastimoso estado, no fue tanto para enternecernos con sus
padecimientos, como para que le amásemos. Harto nos había obligado a amarle al
declararnos que nos ama desde toda la eternidad. Te amé-dice a cada uno de
nosotros- con eterno amor (Jr. 31, 3). Mas, al ver que esto no bastaba para
arrancarnos de nuestra tibieza, y con el fin de inducirnos a amarle como El lo
deseaba, quiso probarnos de una manera práctica y con hechos el amor que nos
tenía; y, para ello, se presentó a nuestra vista cubierto de heridas y acabado
de dolores en las agonías de la muerte por nuestro bien y remedio, a fin de
hacernos comprender el tierno e inmenso amor en que por nosotros se abrasa su
Corazón. Que es, cabalmente, lo que por admirable manera expresa San Pablo al
decir: Cristo Jesús nos amó, y se entregó a Sí mismo por nosotros (Ef. 5,2).”
San Alfonso
María de Ligorio, “Dios es amor”.
viernes, 29 de marzo de 2013
NO NOS ES LÍCITO AMARLE CON TIBIEZA
“Oigamos lo que dice
San Agustín: “No os está permitido amar con amor menguado, pues debéis llevar
grabado en vuestro corazón al que por nosotros murió clavado en la cruz”. A los
que sabemos por la fe que un Dios murió por nosotros en la cruz, no nos es
lícito amarle con tibieza, pues en nuestro corazón solo ha de estar grabado
Aquél que por amor nuestro quiso morir crucificado”.
San Alfonso María de Ligorio, “Reflexiones
sobre la Pasión de Jesucristo”, Ed. Apostolado Mariano, 3ª edición, pág. 114.
STAT VERITAS blog
LA PASIÓN DE CRISTO, NUESTRO MODELO A SEGUIR
"En efecto, como dice San Agustín,
la Pasión de Cristo basta para instruirnos completamente sobre la manera como
debemos vivir. Porque si alguno quiere llevar una vida perfecta, no tiene que
hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y desear lo
que Cristo deseó.
Porque ningún ejemplo de virtud falta en la cruz. ¿Buscas un ejemplo de caridad? Nadie tiene mejor ejemplo de caridad que el que da la vida por sus amigos, dijo el mismo Jesús (Jo.15,13). Y esto fue lo que hizo Cristo en la cruz. Si, pues, dio su vida por nosotros, no deberá sernos gravoso soportar por Él cualquier mal. Decía el Salmista: ¿Cómo podré corresponder al Señor por las mercedes que me ha hecho? (Ps. 115, 12)
¿Buscas un ejemplo de paciencia? Lo encontrarás excelentísimo en la cruz. Porque la grandeza de la paciencia se manifiesta de dos maneras: o bien sufriendo pacientemente grandes males, o bien sufriendo algo que podría evitarse y no se evita.
Pues bien, Cristo sufrió grandes males en la cruz. Pudo aplicarse a Sí mismo las palabras de Jeremías en sus Lamentaciones (1, 12): Oh vosotros todos, que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor. Y esos grandes males Cristo los sufrió pacientemente, porque, cuando le atormentaban - dice S. Pedro -no prorrumpía en amenazas (1 Pe. 2, 23). Se comportó al decir de Isaías, como cordero llevado al matadero, y como oveja muda ante los trasquiladores (Is.53,7)
Asimismo, Cristo habría podido evitar esos sufrimientos, y no los evitó. Él mismo se lo dijo a Pedro cuando lo arrestaron en Getsemaní: ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre, y me enviaría enseguida más de doce legiones de ángeles? (Mt. 26, 53).
Grande fue, pues, la paciencia de Cristo en la cruz. Por eso dice la Escritura: Corramos con paciencia al combate que se nos ofrece, puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, el cual, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia.( Hebr.12, 1-2).
¿Buscas un ejemplo de humildad? Mira el crucifijo. En efecto, Dios quiso ser juzgado bajo Poncio Pilatos y morir. Tu causa, Señor - podríamos decirle -ha sido juzgada como la de un impío (Job 36,17). Sí, verdaderamente como la de un impío, porque sus enemigos pudieron decirse unos a otros:Condenémosle a muerte afrentosa (Sab. 2, 20). El Señor quiso morir por su siervo, y el que es la vida de los ángeles aceptó morir por el hombre. Como escribe S. Pablo: Se hizo obediente hasta la muerte (Filip.2,8).
¿Buscas un ejemplo de obediencia? Síguelo a Él que se hizo obediente al Padre hasta la muerte. Dice el Apóstol: Como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, muchos serán constituidos justos (Rom. 5,19).
¿Buscas un ejemplo de menosprecio de las cosas terrenas? Síguelo a Él, que es el Rey de los reyes y el Señor de los señores, en quien están todos los tesoros de la sabiduría, y que sin embargo en la cruz apareció desnudo, objeto de burla, fue escupido, golpeado, coronado de espinas, abrevado con hiel y vinagre, y luego murió. No te aficiones, pues, a los vestidos o a las riquezas, porque los soldados se repartieron mis vestidos (Ps. 21,19); ni te aficiones a los honores, porque a Mí me cubrieron de escarnios y de golpes; ni busques las dignidades, porque tejieron una corona de espinas y la pusieron sobre mi cabeza; ni las delicias, porque en mi sed me hicieron beber vinagre (Ps. 68,22)
Comentando aquellas palabras de la Epístola a los Hebreos: Cristo, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia (12,2), escribía S. Agustín: "Cristo Jesús despreció todos los bienes terrenos para enseñarnos que debemos despreciarlos".
Santo Tomás de Aquino, Catecismo Tomista, Gladius/Vórtice, Buenos Aires, 2011.-
Porque ningún ejemplo de virtud falta en la cruz. ¿Buscas un ejemplo de caridad? Nadie tiene mejor ejemplo de caridad que el que da la vida por sus amigos, dijo el mismo Jesús (Jo.15,13). Y esto fue lo que hizo Cristo en la cruz. Si, pues, dio su vida por nosotros, no deberá sernos gravoso soportar por Él cualquier mal. Decía el Salmista: ¿Cómo podré corresponder al Señor por las mercedes que me ha hecho? (Ps. 115, 12)
¿Buscas un ejemplo de paciencia? Lo encontrarás excelentísimo en la cruz. Porque la grandeza de la paciencia se manifiesta de dos maneras: o bien sufriendo pacientemente grandes males, o bien sufriendo algo que podría evitarse y no se evita.
Pues bien, Cristo sufrió grandes males en la cruz. Pudo aplicarse a Sí mismo las palabras de Jeremías en sus Lamentaciones (1, 12): Oh vosotros todos, que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor. Y esos grandes males Cristo los sufrió pacientemente, porque, cuando le atormentaban - dice S. Pedro -no prorrumpía en amenazas (1 Pe. 2, 23). Se comportó al decir de Isaías, como cordero llevado al matadero, y como oveja muda ante los trasquiladores (Is.53,7)
Asimismo, Cristo habría podido evitar esos sufrimientos, y no los evitó. Él mismo se lo dijo a Pedro cuando lo arrestaron en Getsemaní: ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre, y me enviaría enseguida más de doce legiones de ángeles? (Mt. 26, 53).
Grande fue, pues, la paciencia de Cristo en la cruz. Por eso dice la Escritura: Corramos con paciencia al combate que se nos ofrece, puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, el cual, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia.( Hebr.12, 1-2).
¿Buscas un ejemplo de humildad? Mira el crucifijo. En efecto, Dios quiso ser juzgado bajo Poncio Pilatos y morir. Tu causa, Señor - podríamos decirle -ha sido juzgada como la de un impío (Job 36,17). Sí, verdaderamente como la de un impío, porque sus enemigos pudieron decirse unos a otros:Condenémosle a muerte afrentosa (Sab. 2, 20). El Señor quiso morir por su siervo, y el que es la vida de los ángeles aceptó morir por el hombre. Como escribe S. Pablo: Se hizo obediente hasta la muerte (Filip.2,8).
¿Buscas un ejemplo de obediencia? Síguelo a Él que se hizo obediente al Padre hasta la muerte. Dice el Apóstol: Como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, muchos serán constituidos justos (Rom. 5,19).
¿Buscas un ejemplo de menosprecio de las cosas terrenas? Síguelo a Él, que es el Rey de los reyes y el Señor de los señores, en quien están todos los tesoros de la sabiduría, y que sin embargo en la cruz apareció desnudo, objeto de burla, fue escupido, golpeado, coronado de espinas, abrevado con hiel y vinagre, y luego murió. No te aficiones, pues, a los vestidos o a las riquezas, porque los soldados se repartieron mis vestidos (Ps. 21,19); ni te aficiones a los honores, porque a Mí me cubrieron de escarnios y de golpes; ni busques las dignidades, porque tejieron una corona de espinas y la pusieron sobre mi cabeza; ni las delicias, porque en mi sed me hicieron beber vinagre (Ps. 68,22)
Comentando aquellas palabras de la Epístola a los Hebreos: Cristo, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia (12,2), escribía S. Agustín: "Cristo Jesús despreció todos los bienes terrenos para enseñarnos que debemos despreciarlos".
Santo Tomás de Aquino, Catecismo Tomista, Gladius/Vórtice, Buenos Aires, 2011.-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















