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sábado, 26 de marzo de 2016

LA PALABRA “CRUZ”






Por Mons. Dr. Paul W. von Keppler


«Porque la palabra de la cruz, para los que se pierden es locura; mas para nosotros, los que nos salvamos, es virtud de Dios.»

Verbum enim crucis pereuntibus quidem stul- titia est: iis autem qui salvi fiunt, id est nobis, Dei virtus est.    (1 Cor. 1, 18.)


La pena y el dolor que lleva consigo el Viernes Santo, la esperanza y la gracia que promete, el recuerdo de tristes hechos y el mensaje de salud que trae, todo está sintetizado y como personificado en un emblema, en una señal: la señal de la Cruz.

Cuando allá en tierra de infieles, después de las pri­meras instrucciones, el misionero levanta en alto la cruz, causa esta señal profunda impresión en los que la ven por vez primera. La contemplan con temeroso respeto y sienten a su vista singular atracción y repul­sión al mismo tiempo.

Nosotros, acostumbrados a verla desde nuestra in­fancia, la llevamos impresa en la retina, y no podemos recordar cuándo ni dónde la vimos la primera vez.

Hallárnosla en todas partes, en casa, en la iglesia, en el campo, en los caminos; y se nos ofrece bajo todos aspectos, figuras y formas. Es ya para nosotros cosa tan cotidiana, que ninguna impresión especial nos produce.

Hoy es cabalmente el día en que debemos fijar bien nuestra mirada en esta cotidiana señal, para que con­mueva profundamente nuestro espíritu y nuestro co­razón. Fijad vuestra atención en la cruz. ¿Puede haber cosa más llana y sencilla que esas dos líneas que se cruzan, ese palo enhiesto con su travesaño en el centro? Figura simplicísima, exacta, regular, y sin embargo es la imagen de la más radical contrariedad y oposición; el símbolo más expresivo del dolor, de la pena, de la muerte; árbol seco, sin hojas ni ramas; con sus dos brazos cortados y escuetos: y así y todo es la cruz en su forma fuertemente trabada, la imagen de aspiracio­nes vigorosas, de tesón firmísimo; la imagen de la for­taleza y de la vida.

Como imagen del dolor y de la muerte, como ex­presión de fuerza y de vida, escogió Dios y señaló la cruz para que fuera el instrumento de la redención. Como señal de muerte y señal de vida también, hállase pre­dominando en la vida de Jesús, y debe también presidir y gobernar los actos de nuestra vida. Esto querría de­mostraros hoy; y así toda mi exhortación se encerrará en una sola palabra, en la palabra «Cruz», de la cual dice el Apóstol que es como una necedad a los ojos de los que se pierden; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es la virtud y poder de Dios. Ojalá por la gracia del Crucificado y por la mediación de su Madre dolorosa, sea la cruz para todos nosotros ver­dadera virtud divina.

ANTE EL CRUCIFIJO





“Voy a decirle lo que hago cuando me encuentro un poco cansada. Miro el Crucifijo, y al ver cómo El se sacrificó por mí, me parece que lo menos que puedo hacer por El es gastar y quemar mi vida para devolverle algo de cuanto El me entregó”

Sor Isabel de la Trinidad, Epistolario, carta 136.


LA CRUZ





Loas a la Cruz


Cruz, descanso sabroso de mi vida,
Vos seáis la bienvenida.

iOh bandera, en cuyo amparo
El más flaco será fuerte!
iOh, vida de nuestra muerte,
Que bien la has resucitado!
Al león has amansado,
Pues por ti perdió la vida.
Vos seáis la bienvenida.

Quien no os ama está cautivo
Y ajeno de libertad;
Quien a vos quiere allegar
No tendrá en nada desvío.
iOh dichoso poderío
Donde el mal no halla cabida!
Vos seáis la bienvenida.

Vos fuisteis la libertad
De nuestro gran cautiverio;
Por vos se reparó mi mal
Con tan costoso remedio,
Para con Dios fuiste medio
De alegría conseguida.
Vos seáis la bienvenida                  


SANTA TERESA DE JESÚS


YO ¿CÓMO VINE AL MUNDO?





Yo ¿cómo vine al mundo? Condenado;
Dios ¿cómo me libró? Dando su vida;
Yo ¿cómo la perdí? Por un bocado,
Que fue del mundo todo el homicida.
Dios ¿qué me pide a mí? Lo que me ha dado;
Yo ¿qué le pido a él? La eterna vida;
Dios ¿para qué murió? Para librarme:
¿Yo para qué nací? Para salvarme.

De tierra soy, en tierra he de volverme;
Y a siete pies de tierra reducido,
Y una pobre mortaja en que envolverme,
Tendré del mundo el pago merecido;
No puedo deste paso defenderme,
Ni el César puede, ni el jayán temido;
¡Miseria general!, ¡caso terrible!
Que tengo de morir es infalible.

Allí de los amigos más amados,
Del alma tiernamente más queridos,
Los últimos abrazos regalados
Recibiré con llantos y gemidos
Allí seré el mayor de mis cuidados,
Los deleites y vicios cometidos,
Pues que puedo por ellos no salvarme
Dejar de ver a Dios y condenarme.

viernes, 25 de marzo de 2016

SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS. PRIMERA PALABRA DE CRISTO EN LA CRUZ





Por Mons. Dr. Paul W. von Keppler



«Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.»
Pater, dimitte illis, non enim sciunt quid faciunt.
(Luc. 23, 34.)

La imagen lastimera del Salvador crucificado, en la que fijan hoy su mirada todos fieles, fuéle mostrada en vaticinio al profeta Isaías, con toda claridad. Una circunstancia, entre todas, causóle profundísima im­presión: el silencio maravilloso de este divino Paciente, en medio de tan terribles tormentos y de tan horrenda injusticia. Este silencio llena de sagrado asombro al profeta, que maravillado exclama: «Ofrecióse al sacri­ficio voluntariamente, y no abrió su boca; será conducido al matadero, como la oveja, y, como cordero delante del que lo trasquila, enmudecerá y no abrirá su boca»—Oblatus est quia ipse voluit, et non aperuit os suum; sicut ovis ad occisionem ducetur, et quasi agnus coram tondente se obmutescet, et non aperiet os suum (Is. 53, 7).

De este silencio del Salvador maravillóse también Pilato (Matth. 27, 14), y se maravillan asimismo todas las almas nobles. Acumulan los judíos acusaciones y más acusaciones contra el Señor, mas él no se defiende, y calla. Herodes hace burla de él, y calla; los soldados desgarran sus carnes con dolores acerbos, que le arrancan algún gemido, pero calla; le hincan en la cabeza y en las sienes la corona de espinas, que le hace estremecer, por lo terrible de sus dolores, pero calla; cargan sobre sus llagados hombros el peso de la cruz, y lleva esta carga hasta que no puede más, hasta sucumbir debajo de ella; pero calla. Realmente no hay cosa que tanto nos descubra la grandeza de alma y la heroica pacien­cia del Varón de dolores, como este soberano silencio.

Mas con este su callar tan elocuente mezcló el Sal­vador en su Pasión, algunas veces, muy breves frases; y el largo y profundo silencio que guardó, estando en la cruz, lo interrumpió para decirnos, en aquellos pos­treros momentos, sus últimas siete palabras.

¡Sus últimas palabras! Las últimas expresiones de un moribundo suelen tenerse en grande estima, y los que le sobreviven las conservan como un legado testamentario.

Las últimas palabras del Salvador moribundo son palabras de un Redentor, reveladoras de su dignidad de Mesías; palabras que iluminan como relámpagos las tinieblas del Calvario, el misterio de la cruz; palabras que suenan, a la vez poderosas y terribles, como los siete truenos del Apocalipsis (Apoc. 10, 3), y dulces y suaves como las campanillas de plata del vestido del sumo sacerdote, cuando entraba en el Sancta Sancto­rum para ofrecer el sacrificio. La primera de estas siete palabras es el mensaje de salvación, que hoy no&-envía el Salvador desde la cruz. ¡Ojalá que todos los cora­zones se abran para recibirlo!

Los verdugos en el Calvario acaban de terminar su tarea sanguinaria: se ha extinguido ya el eco de los martillazos, con que han hecho penetrar los gruesos clavos por las delicadas carnes de las manos y pies del Salvador. Éste queda como víctima santa pendiente de la cruz entre el cielo y la tierra, desangrándose por muchas heridas, entre convulsiones y estremecimientos de dolor. Hasta la misma naturaleza universal parece suspender todo movimiento y rumor, presa de espanto y admiración; y ni los rayos del sol ni el aire de la primavera se atreven a tocar el sagrado cuerpo. De la muchedumbre misma del pueblo parece haberse apo­derado un terror insólito, que paraliza sus lenguas; y reina un silencio pavoroso. Sólo el odio de los sumos sacerdotes y de los fariseos se está cebando en los tor­mentos de su víctima, y con diabólica fruición comien­zan a burlarse del Salvador y a blasfemar de él. Entonces levanta el Señor su sagrada cabeza, echa una mirada sobre el pueblo, alza sus ojos al cielo, y abriendo sus labios exclama con voz clara y sonora: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.»

miércoles, 10 de febrero de 2016

MIÉRCOLES DE CENIZAS






DEL CATECISMO DE SAN PÍO X (edic. 1973, publicado por el sitio Stat Véritas. En algunas respuestas se han suprimido las reiteraciones):

¿Qué es la Cuaresma? - La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

¿A qué fin ha sido instituida la Cuaresma? - La Cuaresma ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2.°, para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3.°, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza? - Porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.

¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? - Para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza? - Con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

¿Qué hemos de hacer para vivir la Cuaresma según la intención de la Iglesia? - Hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno, la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que de ordinario, 3ª, oír la palabra de Dios, no por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la comunión pascual.

¿En qué consisten el ayuno y la abstinencia? - El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne.

¿Se prohíbe toda otra refección los días de ayuno, fuera de la única comida? - Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana.

¿Quiénes están obligados al ayuno y a la abstinencia? - Al ayuno están obligados todos los que sean  mayores de edad, hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.

¿Están exentos de toda mortificación los que no están obligados al ayuno? - Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.




domingo, 5 de abril de 2015

RESUCITÓ ¡ALLELUIA!



Antífona:

Resurrexi, et adhuc tecum sum, alleluia!
Posuisti super me manum tuam, alleluia!
Mirabilis facta est scientia tua, alleluia, alleluia!

Versos del Salmo 139 y Doxología:

Domine, probasti me, et cognovisti me.
Cognovisti sessionem mean, et resurrectionem meam.

Ecce Domine, tu cognovisti omnia novissima et antiqua.
Tu formasti me et posuisti super me manum tuam

Gloria Patri et Filio et Spiritu Sancto,
Sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula saeculorum.
Amen.

sábado, 4 de abril de 2015

EL SANEDRÍN






Además de esos gestos, y otros que ha realizado siendo ya Papa, ¿en Evangelii Gaudium encontramos algún aporte reflexivo novedoso sobre el judaísmo?

Hay varias cosas que llaman mucho la atención. Una es que no solo lamenta las persecuciones de las que fueron objeto los judíos, sino, también aquellas de las que “son” objeto ahora e “involucran” a cristianos no solamente con la iniciativa-menos frecuente-, sino además, “con el silencio” -más frecuente-. Es muy interesante que diga que “el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús” (EG 248). No es una actividad, no es una tarea conveniente, esa amistad ¡es parte de nuestra vida!
Pero lo que contiene más densidad teológica es una afirmación verdaderamente novedosa en el Magisterio, que invita a dar un paso más en la reflexión y en la acción de la Iglesia. Dice que “Dios sigue obrando en el pueblo de la antigua Alianza y provoca tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia también se enriquece cuando recoge los valores del judaísmo” (EG 249). Esto es muy fuerte. Muchos aceptan fácilmente que los cristianos recibamos la riqueza del Antiguo Testamento, e incluso los aportes del judaísmo anterior a Jesucristo, sin embargo, aquí se habla de los valores actuales, porque se vinculan con lo que Dios “sigue obrando” ahora en ellos. No se dice que debemos convertirlos, que la religión judía tiene que desaparecer, sino que esa religión guarda un valor por la acción sobrenatural de Dios ahora. Lo mismo que expresó Bergoglio al otorgar un doctorado honoris causa a un rabino está expresado ahora con palabras magisteriales, al referirse a los “tesoros de sabiduría” que hoy brotan del encuentro de los judíos con la Palabra divina. Espero que este avance, plasmado en un párrafo breve, sea adecuadamente valorado por los teólogos que estudian las relaciones de los cristianos con el judaísmo y por aquellos que en la Santa Sede se dedican a estas relaciones.
Por otra parte, él retoma una insistencia del Cardenal Kasper, quien sostenía que no deben incluirse los judíos en los proyectos misioneros que procuren la “conversión” de los demás, puesto que el sentido bíblico de la conversión no se aplica propiamente a ellos. El Papa asume esa línea de reflexión al decir que los cristianos no incluimos a los judíos “entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios (cf. ITes 1, 9). Creemos junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada” (EG 247).

Mons. Victor Manuel "Tucho" Fernández explicando “El programa del papa Francisco. ¿Adónde nos quiere llevar?”, libro editado por la editorial San Pablo.



viernes, 3 de abril de 2015

VIERNES SANTO



MEDITACIÓN DE LA PASIÓN DE CRISTO




« Nuestro tiempo no es tiempo de temor ya que somos testigos de un Dios que ofreció la vida para lograr hacerse amar. La pasión de Jesús fue llamada un exceso, por lo cual nadie que la medite podrá seguirle a medias.

Si quieres crecer en la vida del espíritu, piensa todos los días en los padecimientos del Señor porque pensando en ellos es imposible que no te llenes de amor y fortaleza; amor capaz de relativizar los demás efectos en comparación con el suyo, y fortaleza para sobrellevar con gozo las pruebas y las cargas inevitables de la vida.

¿Quién podrá desesperarse o irritarse por lo injusto de sus sufrimientos viendo a Jesús herido y despedazado? ¿Quién rehusará sujetarse a las exigencias del bien común al recordar a Cristo obediente hasta la muerte? ¿Quién podrá temer si se abraza a la cruz de nuestro Redentor?

Se lamentaba Santa Teresa de que algunos libros le hubieran aconsejado dejar de meditar la pasión, porque la humanidad de Cristo hubiera pudiera impedirle la contemplación de su divinidad; y consciente del error exclamaba: "Oh Señor y bien mío, Jesús crucificado, me parecía haberte hecho una gran traición, pues ¿de dónde me vinieron todos los bienes sino de vuestra cruz?".

Decía San Pablo que solo ambicionaba saber la ciencia de la cruz, es decir, el amor que ella encierra: "Pues no quise entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Co 11,2).

Preguntado San Buenaventura de dónde sacaba tan copiosa y excelente doctrina como ponía en sus obras, dijo mostrando un crucifijo: "Este es el libro que me dicta todo lo que escribo. Aquí he aprendido lo poco que sé".

¿Dudarías de consagrarte por entero al Redentor si verdaderamente conocieras el misterio de la cruz? ¿Cómo habiéndote amado hasta la locura no ha logrado aún gobernarte el corazón? Ten presente que "Cristo murió por todos, para que los que viven no vivan para sí, sino para El que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5,15) .»

San Alfonso María de Ligorio



¡ECCE HOMO!




¡Ved al hombre con beso vil marcado
Que purga las hipócritas traiciones!
¡Ved al hombre que paga rebeliones,
Sujeto por cordeles y arrastrado!

¡Ved al hombre por débiles juzgado,
Cancelando soberbias opiniones!
Ved al hombre que sufre bofetones
Y así insomnes venganzas ha saldado.

Con vestimenta está de necio y loco
Porque yo me infatué con falsa ciencia,
Es pospuesto a un infame sin conciencia

Porque yo el primer puesto siempre invoco.
Jamás pensó Pilatos el renombre
Que le diera exclamar: ¡He aquí al hombre!



P. VIRGILIO FILIPPO

STABAT MATER






Stabat Mater dolorosa
Juxta crucem lacrimosa
dum pendebat Filius.

Estaba la Dolorosa
junto al leño de la Cruz
¡Qué alta palabra de luz!
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección del callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente
La tierra se estremecía
Bramaba el agua...María
estaba sencillamente.



José María Pemán 

CRUX FIDELIS




Crux fidélis, inter omnes Arbor una nóbilis: Nulla silva talem profert, Fronde, flore, gérmine.
Dulce lignum, dulces clavos, Dulce pondus sústinet.

1. Pange lingua gloriósi láuream certáminis, et super Crucis trophaeo * dic triúmphum nóbilem: * quáliter Redémptor orbis * immolátus vícerit.
R. Crux fidélis.

2. De paréntis protoplasti fraude Factor cóndolens, * quando pomi noxiális * in necem morsu ruit: * ipse lignum tunc notávit, * damna ligni ut sólveret.
* Dulce lignum.

3. Hoc opus nostrae salútis * ordo depopóscerat: * multifórmis proditóris ars ut artem fálleret * : et medélam ferret inde, * hostis unde laeserat.
R. Crux fidélis.

4. Quando venit ergo sacri * plenitúdo témporis, * missus est ab arce Patris * natus, orbis Conditor: * atque ventre virgináli * carne amíctus pródiit. *
Dulce lignum.

5. Vagit infans inter arcta * cónditus praesépia * membra pannis involúta * Virgo Mater álligat: * et Dei manus, *pedésque * stricta cingit fáscia.
 R. Crux fidélis.

6. Lustra sex qui jam perégit, tempus implens córporis, * sponte libera Redémptor * passióni déditus, * Agnus in Crucis levátur * immolándus stípite *
Dulce lignum.

7. Felle potus ecce languet: * spina, clavi, láncea * mite corpus perforárunt, * unda manat, et cruor: * terra, pontus, astra, mundus, * qui lavántur flúmine!
R. Crux fidélis.

8. Flecte ramos, arbor alta, * tensa laxa víscera, * et rigor lentéscat ille, * quem dedit nativitas: * et supérni membra Regis * tende miti stípite. *
Dulce lignum.

9. Sola digna tu fuisti * ferre mundi vitimam: * atque portum praeparáre * arca mundo náufrago: * quam sacer cruor perúnxit, * fussus Agni corpóre.
R. Crux fidélis.

10. Sempitérna sit beátae * Trinitáti gloria: * aequa Patri, Filióque; *par decus Paráclito: Unius Trinique nomen laudet univérsitas. Amen.
* Dulce lignum

¡Oh Cruz fiel! el más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en fruto.
¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!

DIOS ES AMOR





“Muéstrasenos Jesucristo pendiente de una cruz, atravesado con tres clavos, arroyado en sangre todo su sacratísimo Cuerpo, y agonizando en medio de un piélago de dolores. Y yo pregunto: ¿Por qué el Dios Humanado se ofrece a nuestras miradas en un estado tan conmovedor? ¿Es sólo para excitar nuestra compasión? No, por cierto: si quiso reducirse a tan lastimoso estado, no fue tanto para enternecernos con sus padecimientos, como para que le amásemos. Harto nos había obligado a amarle al declararnos que nos ama desde toda la eternidad. Te amé-dice a cada uno de nosotros- con eterno amor (Jr. 31, 3). Mas, al ver que esto no bastaba para arrancarnos de nuestra tibieza, y con el fin de inducirnos a amarle como El lo deseaba, quiso probarnos de una manera práctica y con hechos el amor que nos tenía; y, para ello, se presentó a nuestra vista cubierto de heridas y acabado de dolores en las agonías de la muerte por nuestro bien y remedio, a fin de hacernos comprender el tierno e inmenso amor en que por nosotros se abrasa su Corazón. Que es, cabalmente, lo que por admirable manera expresa San Pablo al decir: Cristo Jesús nos amó, y se entregó a Sí mismo por nosotros (Ef. 5,2).”


San Alfonso María de Ligorio, “Dios es amor”. 

viernes, 29 de marzo de 2013

NO NOS ES LÍCITO AMARLE CON TIBIEZA




“Oigamos lo que dice San Agustín: “No os está permitido amar con amor menguado, pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por nosotros murió clavado en la cruz”. A los que sabemos por la fe que un Dios murió por nosotros en la cruz, no nos es lícito amarle con tibieza, pues en nuestro corazón solo ha de estar grabado Aquél que por amor nuestro quiso morir crucificado”.

 San Alfonso María de Ligorio, “Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo”, Ed. Apostolado Mariano, 3ª edición, pág. 114.

STAT VERITAS blog

LA PASIÓN DE CRISTO, NUESTRO MODELO A SEGUIR





"En efecto, como dice San Agustín, la Pasión de Cristo basta para instruirnos completamente sobre la manera como debemos vivir. Porque si alguno quiere llevar una vida perfecta, no tiene que hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y desear lo que Cristo deseó.

Porque ningún ejemplo de virtud falta en la cruz. ¿Buscas un ejemplo de caridad? Nadie tiene mejor ejemplo de caridad que el que da la vida por sus amigos, dijo el mismo Jesús (Jo.15,13). Y esto fue lo que hizo Cristo en la cruz. Si, pues, dio su vida por nosotros, no deberá sernos gravoso soportar por Él cualquier mal. Decía el Salmista: ¿Cómo podré corresponder al Señor por las mercedes que me ha hecho? (Ps. 115, 12)

¿Buscas un ejemplo de paciencia? Lo encontrarás excelentísimo en la cruz. Porque la grandeza de la paciencia se manifiesta de dos maneras: o bien sufriendo pacientemente grandes males, o bien sufriendo algo que podría evitarse y no se evita.


Pues bien, Cristo sufrió grandes males en la cruz. Pudo aplicarse a Sí mismo las palabras de Jeremías en sus Lamentaciones (1, 12): Oh vosotros todos, que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor. Y esos grandes males Cristo los sufrió pacientemente, porque, cuando le atormentaban - dice S. Pedro -no prorrumpía en amenazas (1 Pe. 2, 23). Se comportó al decir de Isaías, como cordero llevado al matadero, y como oveja muda ante los trasquiladores (Is.53,7)


Asimismo, Cristo habría podido evitar esos sufrimientos, y no los evitó. Él mismo se lo dijo a Pedro cuando lo arrestaron en Getsemaní: ¿O piensas que  no puedo recurrir a mi Padre, y me enviaría enseguida más de doce legiones de ángeles? (Mt. 26, 53).


Grande fue, pues, la paciencia de Cristo en la cruz. Por eso dice la Escritura: Corramos con paciencia al combate que se nos ofrece, puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, el cual, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia.( Hebr.12, 1-2).

¿Buscas un ejemplo de humildad? Mira el crucifijo. En efecto, Dios quiso ser juzgado bajo Poncio Pilatos y morir. Tu causa, Señor - podríamos decirle -ha sido juzgada como la de un impío (Job 36,17). Sí, verdaderamente como la de un impío, porque sus enemigos pudieron decirse unos a otros:Condenémosle a muerte afrentosa (Sab. 2, 20). El Señor quiso morir por su siervo, y el que es la vida de los ángeles aceptó morir por el hombre. Como escribe S. Pablo: Se hizo obediente hasta la muerte (Filip.2,8).

¿Buscas un ejemplo de obediencia? Síguelo a Él que se hizo obediente al Padre hasta la muerte. Dice el Apóstol: Como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, muchos serán constituidos justos (Rom. 5,19).

¿Buscas un ejemplo de menosprecio de las cosas terrenas? Síguelo a Él, que es el Rey de los reyes y el Señor de los señores, en quien están todos los tesoros de la sabiduría, y que sin embargo en la cruz apareció desnudo, objeto de burla, fue escupido, golpeado, coronado de espinas, abrevado con hiel y vinagre, y luego murió. No te aficiones, pues, a los vestidos o a las riquezas, porque los soldados se repartieron mis vestidos (Ps. 21,19); ni te aficiones a los honores, porque a Mí me cubrieron de escarnios y de golpes; ni busques las dignidades, porque tejieron una corona de espinas y la pusieron sobre mi cabeza; ni las delicias, porque en mi sed me hicieron beber vinagre (Ps. 68,22)
       
Comentando aquellas palabras de la Epístola a los Hebreos: Cristo, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, despreciando la ignominia (12,2), escribía S. Agustín: "Cristo Jesús despreció todos los bienes terrenos para enseñarnos que debemos despreciarlos".

Santo Tomás de Aquino, Catecismo Tomista, Gladius/Vórtice, Buenos Aires, 2011.-