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lunes, 19 de julio de 2021

LA VIRTUD DE LA DESOBEDIENCIA

 


 

Fuente

LA VIRTUD DE LA DESOBEDIENCIA

 

Prof. Juan Carlos Ossandón Valdés

 

Parece que un error de imprenta se deslizó en el título de este artículo. Porque ¿quién no sabe que la virtud de la obediencia se opone al vicio de la desobediencia? ¿Se puede desobedecer? No, nunca. Y, sin embargo. . .

Hay un pero muy grave a esta afirmación, un pero que habría que escribir con mayúscula: Nuestro Señor Jesucristo, ejemplo en todos los actos de su vida. . . desobedeció; es decir, nos dio ejemplo de la práctica de la virtud de la desobediencia.

¿Es o no una desobediencia que un niño de doce años se fugue de su casa y se esconda durante tres días de modo que sus padres no lo puedan encontrar? Podrá decirse que Jesús se limitó a no pedir permiso para quedarse en Jerusalén, de lo que se siguió que sus padres andu­viesen angustiados buscándolo sin poderlo hallar (Cfr. Lc. II, 41-50). Pero todo niño de doce años sabe perfectamente que debe pedir permiso, más aún la Infinita Sabiduría que lo habitaba. Podrá insistirse aún y sostener que Jesús hizo esto para probar a sus padres y purificarlos en su amor hacia El. Muy bien dicho, pero no podía utilizar un medio ilícito y aquí parece que lo usó; por lo que debe decirse que es ilícito desobedecer y, por lo tanto, hay una virtud que debería llamarse así: la virtud de la desobediencia.

El diálogo padres-Hijo que viene al final de la narración nos lo explica todo.

María reprende al Niño, con toda la delicadeza con que se puede reprender al Mesías: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote”. María sabía perfectamente que Jesús no ignoraba cómo y cuánto lo habían buscado y cuán grande había sido su dolor, pero deseaba saber la razón del comportamiento de su Hijo. Este responde: “¿Por qué me buscabais?... Jesús siempre exige más y más perfección de sus predilectos en su amor por El. Quiere Incluso que sus predilectos amen sus imperfecciones porque, por ellas El ejercerá su misericordia y perdonará sus faltas. Continúa el Reden­tor: “¿No sabíais que es preciso que me ocupe de las cosas de mi Padre?”. Con lo cual Jesús nos da la clave de toda su desobediencia legítima: la que obedece a una autoridad más alta.

jueves, 12 de noviembre de 2015

SOBRE EL VERDADERO CONCEPTO DE OBEDIENCIA - PADRE CASTELLANI






–L. Castellani, El ruiseñor fusilado, cap. 7: Digresión sobre la obediencia–

* Nota: reproducimos el excelente texto del P. Castellani con ocasión de algunos gravísimos errores que corren y corren por la web, deformando gravemente las conciencias y causando estragos en las almas. La advertencia de cualquier semejanza con alguna realidad cercana que el estimado lector pueda apreciar, queda sujeta a la capacidad de discernimiento del lector y en última instancia es responsabilidad del autor –que se consideraba a sí mismo un “signo”, para las futuras víctimas del fariseísmo–.


       
La “santa obediencia” es una gran virtud. Pertenece al género de las virtudes morales, que se discute si en el cristianismo son infusas o no son infusas; y a la especie de la virtud de la “Religión”; al cuarto mandamiento, Primera Tabla; deberes para con Dios, y no para con el prójimo: los padres representan a Dios.

Ninguna fuerza de este mundo será capaz de quitar a Jacinto Verdaguer el sambenito de “desobediente”, que le cuelga incluso la Enciclopedia Espasa. Pero hay desobedientes y desobedientes.

No hay que confundir la obediencia con la paciencia. Tener que hacer cosas absurdas por fuerza, no es obediencia sino paciencia. Y si se acaba la paciencia (porque la paciencia se acaba, algunas veces depende incluso de las fuerzas físicas), surge una singular especie de “desobediente”.

De la santa obediencia (del poder de hacerse obedecer) se puede abusar, como de cualquier otra cosa. Si no existieran hoy día abusos, no solamente históricos (como nos consta), sino también teóricos de la santa obediencia, no nos meteríamos en este espinoso tema.

“¡Calla, calla, tapa, tapa!” Hay tiempos de callar y tiempos de hablar. O somos o no somos teólogos… periodistas.

Es conocida y famosa en la literatura ascética la Carta de la Obediencia, de San Ignacio de Loyola. Es una especie de tratadito apologético de esta virtud a los Estudiantes Jesuitas de Coimbra, impregnada de una vehemente exhortación. Escrita por Luis de Polanco, género retórico, sin errores teológicos, por supuesto, pero sin la teología completa de esta virtud; la cual no era su fin, desde luego. No es un escrito “científico”, sino oratorio, exhortatorio.

Con ejemplos, ponderaciones y discursos trata de la excelencia de esta virtud, a la cual llama “ciega”: y da medios para practicarla. No esta aquí la decantada frase perinde ac cadaver, aunque sí la comparación con el bastón de hombre viejo, de tanta menta. Dice que la obediencia es una virtud que trae consigo a las otras, las imprime y las conserva; que el que la posee a la perfección está en estado de perfección evangélica; que se apoya en la virtud teologal de la fe y se le parece. Todo esto es verdad incontestable.

Mas la “carta” no define el fin específico de la virtud de la obediencia, su esencia filosófica, ni su dependencia de las otras virtudes. Apunta sí de paso, sin explicarlos nada, sus topes extremos, que son el absurdo y el pecado; vale decir: no se puede obedecer en lo que es ilícito; y no puede haber “obediencia de entendimiento” delante de algo manifiestamente falso.

Notemos de paso que la expresión “obediencia de entendimiento” es metafórica y no exacta. La obediencia es una virtud de la voluntad y su sujeto no puede ser el entendimiento. “Obediencia de entendimiento” sólo puede significar obediencia en la que (por justas razones o sin ellas) suspende el ejercicio del entendimiento. En suma, la voluntad puede hacernos cerrar los ojos; pero no puede hacer que veamos árboles azules o ranas con pelos, a ojos vistas.

No es necesaria ni es posible esta carta (mediocre y tosca en su teología, pero correcta en puridad) para explicar los abusos actuales de la santa obediencia, a que nos referimos arriba: basta para ello la pícara condición humana, y el apetito de mandar, tan fuerte en el hombre como los otros apetitos; y aún más fuerte a veces en los que han renunciado (mal) a otros apetitos ‒en virtud de la “ley de compensacion”. Hay casos en que la perra de la lujuria. echada por la puerta, vuelve sigilosamente por la ventana…

sábado, 5 de septiembre de 2015

SOBRE LA OBEDIENCIA – PADRE CASTELLANI





La obediencia es una gran virtud cristiana. Cristo murió por obediencia, dice San Pablo, “hecho obediente hasta la muerte; y muerte de cruz”. La desobediencia es hija de la soberbia, y como ella, es la raíz de la perdición; porque en definitiva, todo pecado es una desobediencia.
Pero la obediencia no es el Mandato Máximo y Mejor del Cristianismo, sino la Caridad. La obediencia es una virtud moral, pertenece al grupo de la Religión, que es la primera de las virtudes morales: no es una virtud teo­logal. Digo esto, porque hay una tendencia en nuestros días a falsear la virtud de la obediencia, como si fuera la primera de todas y el resumen de todas. “Usted no tiene más que obedecer y está salvo. La obediencia trae consigo todas las otras virtudes. El que obedece está siempre seguro. «El que a vosotros oye, a Mí me oye», dijo Cristo” (1). El que obedece no puede equivocarse porque hace la voluntad de Dios. Hay que matar el juicio propio. La obediencia es pura fe y pura cari­dad. El Papa es Cristo en la tierra”, etcétera. Todo eso es menester entenderlo bien.
Algunos representantes de Dios parecen a veces pre­tender sustituirse a Dios. “Lo que yo digo es para usted la voz de Dios, no se puede seguir nunca el propio juicio. La obediencia lo dispensa a usted de todo”. Eso ya no se puede entender bien, es engaño. Sería un grave y dañoso error teológico equiparar la obediencia con las virtudes teologales. La obediencia, como todas las virtudes morales, tiene sus límites. No se puede amar demasiado a Dios, no se puede esperar ni creer dema­siado; pero sí obedecer demasiado a un hombre.
Los límites de la obediencia son la caridad y la pru­dencia. No se puede obedecer contra la caridad: en donde se ve pecado, aun el más mínimo, hay que dete­nerse, porque “el que despreciare uno de los preceptos estos mínimos, mínimo será llamado en el Reino de los Cielos”. Y no se puede obedecer una cosa absurda; por­que “si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo” (2).

viernes, 10 de octubre de 2014

SOBRE LA OBEDIENCIA







Algunos quedaron “escandalizados” por las reflexiones del P. Deman sobre la obediencia en relación con la prudencia. Para ilustrar aquellas profundas observaciones traemos hoy un ejemplo concreto, tomado de la parte de “un superior religioso”, fundador para más señas, a quien –“a más, a más” por razón de voto– unas religiosas debían obediencia. Conmovedor y edificante testimonio de grandeza de alma y de eximia prudencia, preocupado delicadamente por que la obediencia sea humana, responsable, discreta. Don V.A. Berto se dirige a una de “sus” religiosas:

Dirigid vuestra vida en la paz y en el gozo, dentro de la ligera austeridad de vuestra regla. Haced siempre lo que ella os demande, esperando, si es necesario, que se precise el punto de la obediencia. Admito que yo mismo no pongo demasiada solicitud en precisarlo.

Me da miedo que el compromiso de obediencia os vuelva tímidas, vacilantes, timoratas ante las iniciativas y las responsabilidades. Tengo miedo de que os pueda proporcionar la ilusión de cumplir completamente la voluntad de Dios con el pretexto de que, por el hecho de obedecerme, pensarais tener la seguridad de haberla cumplido, de suerte que os creyerais dispensadas de buscarla y de mirarla directamente a la cara. En el deseo de obedecer puede esconderse la pereza de alma, la dimisión de uno mismo. En absoluto niego que, por otro lado, el voto de obediencia no tenga mérito en sí, ¡pero hasta qué punto debe ser purificado de toda escoria el deseo de realizarlo! Por lo demás, en las cosas que no están intrínsecamente ligadas a la caridad no hay una voluntad divina determinada con antelación. Por poner un ejemplo: ¿en qué sentido cumples más la voluntad de Dios si, porque yo lo haya “ordenado”, recitas el rosario antes y no después de la cena en lugar de hacerlo en ese mismo momento por tu propio juicio, suponiendo que no lo tengas enturbiado por la ligereza, el capricho o la terquedad, sino en plena abnegación propia? De manera que si en vuestra vida –al menos tal como yo la entiendo, salvo mejor juicio– es necesaria una parte de obediencia, debe ser únicamente para asegurar la unidad de los esfuerzos y la colaboración de cada una a la obra común, pero sin pretender dispensaros de todo esfuerzo por colocar inmediatamente vuestra voluntad propia en las manos de Dios.

Victor-Alain Berto

[De “Notre Dame de Joie. Correspondance de l’abbé V.A. Berto”, Paris: Nouvelles Editions Latines, 1974. pp. 144-5].



martes, 25 de marzo de 2014

IN MEMORIAM: 23 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE.-




Viendo la triste situación en la que se encuentra la Fraternidad, la cual, traicionando a su fundador, desea un “reconocimiento” por parte de la Roma conciliar, por parte de los enemigos de la Iglesia, y confunde tristemente la verdadera Iglesia Católica con la Roma conciliar, les ofrecemos extractos de esta conferencia de Monseñor Lefebvre de junio de 1978, como un tributo al 23 aniversario de su fallecimiento. ¡Gracias Monseñor!

Monseñor Lefebvre:
«Al contrario, creo que en el próximo encuentro, o antes del próximo encuentro, si me piden verdaderamente ese coloquio, soy yo quien plantearía las preguntas. Yo soy quien los interrogaría, para decirles: ¿A qué Iglesia pertenecen ustedes? ¿A qué Iglesia nos referimos –quisiera saber- si nos referimos a la Iglesia Católica o a otra Iglesia, a una Contra-Iglesia, a una falsificación de Iglesia?... yo creo sinceramente que se trata de una falsificación de la Iglesia y ya no la Iglesia católica. ¿Por qué? Porque ellos ya no enseñan la fe católica. Ya no defienden la fe católica. Y no solamente no enseñan la fe católica ni la defienden, sino que enseñan otra cosa, ellos han convertido a la Iglesia en otra cosa que no es la Iglesia católica. Ya no es la Iglesia católica. Están sentados en la sede de sus predecesores, todos esos cardenales que están en las congregaciones y todos esos secretarios que están en las congregaciones o en la Secretaría de Estado; ellos están bien sentados donde estuvieron sus predecesores, pero no tienen continuidad con sus predecesores. Ya no tienen la misma fe, ni la misma doctrina, ni la misma moral que sus predecesores.”

«Entonces ya no es posible. Y principalmente, su más grave error es el ecumenismo. Ellos enseñan un ecumenismo que es contrario a la fe católica.

Y yo diría: ¿Qué piensan ustedes de los anatemas del Concilio de Trento? ¿Qué piensan ustedes de los anatemas de la Encíclica “Autorem Fidei” sobre el Concilio de Pistoya? ¿Qué piensan del Syllabus? ¿Qué piensan de la Encíclica “Immortale Dei” del Papa León XIII? ¿Qué piensan de la “Carta al Sillon Por el Papa San Pío X? ¿De la Encíclica Quas Primas del Papa Pío XI, de « Mortalium Animos » justamente del Papa Pío XI contra el ecumenismo, de este falso ecumenismo ? y así seguiría… ¿Piensan ustedes todo eso? ¡Que me respondan! Que me respondan si todavía están de acuerdo con todos estos documentos de los papas, con todos estos documentos oficiales que definen nuestra fe. No son documentos cualesquiera, no son alocuciones o conversaciones privadas de los papas, son documentos oficiales que comprometen la autoridad del papa. ¿Entonces?...”

Creo que podemos, e incluso debemos creer que la Iglesia está ocupada. Ella está ocupada por esta Contra-Iglesia. Por esta Contra Iglesia que conocemos bien y que los papas conocieron perfectamente, y que los papas han condenado a lo largo de los siglos. Desde hace cuatro siglos, la Iglesia no ha cesado de condenar esta Contra-Iglesia que nació con el protestantismo sobre todo, que se desarrolló con el protestantismo y que es el origen de todos los errores modernos que destruyeron toda la filosofía y que nos llevó a todos esos errores que conocemos y que los papas han condenado: liberalismo, socialismo, comunismo, modernismo, sillonismo y qué se yo. Y estamos muriendo. Los papas hicieron todo para condenar esos errores. Y ahora aquellos que están en las sedes de quienes condenaron los errores, están de acuerdo prácticamente con el liberalismo y con el ecumenismo. No podemos aceptar esto”.

«Entre más se aclaran las cosas, más nos apercibimos que este programa, que ha sido elaborado en las logias masónicas –todo este programa, todos esos errores que han sido elaborados en las logias masónicas- nos apercibimos lentamente y con precisiones cada vez más grandes, que simplemente hay una logia masónica en el Vaticano. Y que ahora cuando uno se encuentra ante un secretario de congregación o un cardenal que se encuentra sentado en su sede o en una oficina donde antes estuvieron santos cardenales, cardenales que tenían la fe de la Iglesia y la defendían, y que eran hombres de Iglesia, ahora nos encontramos ante un masón!”.

« Entonces ¿es la misma cosa? Ellos blanden la misma obediencia. Sí, anteriormente se nos decía que obedeciéramos a la fe, se nos hacía prestar el juramento antimodernista, se nos hacía hacer profesiones de fe y todo eso, pero ahora, estas personas ¿qué fe nos piden profesar? Ya no es la misma. Se enarbola siempre la obediencia, obediencia, obediencia. Sí, obediencia a la Iglesia, sí. Obediencia a lo que la Iglesia siempre ha mandado ¡sí! Pero obediencia a la masonería ¡no! Ustedes saben que no.

Últimamente se me han presentado documentos que parecen ser completamente verídicos, estos documentos muestran la correspondencia entre Bugnini y el gran maestro de la Masonería sobre toda la reforma litúrgica, en la cual el gran maestro pide a Bugnini de aplicar la reforma del famoso Roca, el sacerdote apóstata que había predicho todo lo que debía hacerse y previó lo que debería hacerse cuando el Vaticano fuera ocupado por la masonería: -Esto es lo que se debe hacer. Y entonces el gran maestro le pide a Bugnini aplicarlo. Y el gran principio: hay que llegar a la “naturalizatione del Incarnatione”, es decir, desnaturalizar la Encarnación.

Entonces se llega al naturalismo. Hay que aplicar los principios de la lengua vernácula, de la multiplicidad de ritos, de la multiplicidad de la liturgia para que la liturgia se vuelva completamente confusa y llevar la confusión por todas partes, y las oposiciones entre los diferentes ritos. Bugnini respondió que estaba completamente de acuerdo con eso, pero que haría falta cierto tiempo. Se necesitarán probablemente diez años, pero en el espacio de estos diez años esto llegará, y que con la confianza que le profesa particularmente el cardenal Lercarro e incluso el Papa Paulo VI, con esta confianza que él tiene está asegurado el poder llegar a estos fines. Y el nombra todos aquellos con los que trabajará en la curia romana, todos aquellos que, también, tienen lazos con la masonería, entonces él podrá trabajar con ellos. Pero se necesitará ubicar a algunos, es necesario que todas las congregaciones estén más o menos infiltradas por los miembros de la masonería que nombró: fulano, fulano, fulano… habrá que perseguir a quien nos moleste, a quien esté contra nosotros, habrá que sacarlos fuera. Hay que suprimir la congregación de ritos- eso es lo que pone- pero no es la congregación de ritos, es la congregación de los sacramentos. Él logró suprimir la congregación de sacramentos para poner todo bajo la congregación de ritos, por consecuencia, poner todo bajo su autoridad. Todo eso se ha dicho en las cartas del gran maestro de la masonería, entonces, ¿qué quieren?

¿La obediencia? ¡Ah no, que no nos hablen de obediencia!

Queremos obedecer, por supuesto. Nosotros somos los más obedientes a la Iglesia y a todo lo que la Iglesia siempre enseñó, lo que siempre quiso, pero no a los hombres que trabajan para la destrucción de la Iglesia en el interior mismo de Ella. El enemigo está en el interior de la Iglesia. El papa Pío X lo anunció, la Salette lo anunció, Fátima lo anunció. Todo ha sido anunciado de manera pública. Se sabía que el enemigo iba a introducirse en el interior de la Iglesia. Pues bien, ya está allí, ya está allí”.



martes, 18 de febrero de 2014

“EL JUEGO DE LA MUERTE”: EXCELENTE Y REVELADOR DOCUMENTAL

Recibimos vía correo-e este interesantísimo documental. Lo incluimos con el comentario recibido.


Ante nuestros ojos se viene gestando desde hace 50 años el mayor poder conocido por el hombre, capaz de la destrucción absoluta de todos los valores conocidos, incluso los religiosos, y que cada uno de nosotros ha comprendido, tolerado y hasta propagado: los medios de comunicación. Y especialmente entre estos LA TELEVISIÓN. No en vano decía el P. Castellani, que sería el vehículo de propaganda del Anticristo. (C.A.)

Documental que sigue a 80 personas que se presentan voluntarias para participar en el piloto de un nuevo concurso de televisión y que, sin saberlo, están participando en un experimento similar a los que Stanley Milgram realizó en Yale en los años sesenta para estudiar el impacto de la autoridad en la obediencia de la población. Con ellos, Milgram pretendía encontrar una explicación al sometimiento de la sociedad civil alemana bajo el mandato de Adolf Hitler.

En este concurso, una glamorosa presentadora ordena a los concursantes que realicen descargas eléctricas a sus compañeros de juego cada vez que éstos fallen las preguntas de un cuestionario. El concurso comienza y, mientras tanto, un grupo de psicólogos analiza los inquietantes resultados.

Aunque el concurso es una farsa y las descargas eléctricas no son reales, ni el público en el plató ni los participantes lo saben. Parte del juego les obliga a convertirse en torturadores, realizando descargas eléctricas hasta niveles casi letales. El concurso avanza, la presión del público y de la presentadora es fuerte. ¿Realizarán descargas eléctricas los concursantes?, ¿hasta qué extremo serán capaces de llegar? ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer si una figura de autoridad nos lo ordenara?

Este controvertido documental generó titulares de prensa por todo el mundo tras su reciente estreno en la televisión francesa. El experimento que muestra El juego de la muerte es una llamada de atención sobre la obediencia ciega a la autoridad y el poder de manipulación de la televisión.



Comentario Syllabus:
Después de ver esto no podemos dejar de pensar en lo que está pasando en la FSSPX con la obediencia a una autoridad que abusa del poder, censurando, persiguiendo, actuando fuera de la ley y con medios ilícitos, expulsando a un obispo, a sacerdotes y fieles, a algunos negándoles los sacramentos y a otros prohibiéndoles libros con textos de Mons. Lefebvre, llegando incluso al extremo de confinar por largos meses y someter a un juicio inicuo y prohibirle su ministerio a un sacerdote. Y ante estos castigos injustos y arbitrarios, los espectadores de la Neo-FSSPX sólo miran, algunos incluso aplauden, otros quieren hablar pero tienen miedo al "qué dirán", y los ejecutantes obedecen aunque en el fondo sepan que hacen algo malo. Gracias a Dios no todos se someten a este juego perverso, y algunos pocos resisten y hablan claro. Es interesante ver cómo –y lo muestra bien el documental- se puede llegar a actuar, por una cuestión de obediencia y ante la presión de una mayoría, pensando tal vez que “si la autoridad lo avala, esto que parece malo no lo debe ser tanto. Si no, la autoridad no lo permitiría”. Cuántos hay que escucharán, como en el documental, ante las injusticias cometidas contra los sacerdotes o ante las barbaridades doctrinales de Mons. Fellay: “Que no te impresione. Hay que continuar”. Sin convicciones firmes y la defensa espiritual que nos da la verdadera caridad que se sustenta en el amor a la verdad y el odio al error, más allá de lo que piensen los demás, será muy difícil sustraerse a esta suave pero masiva presión que en todos los ambientes se cierne sobre las personas para que dejen de actuar como hombres en nombre de una mala obediencia.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

MONS. LEFEBVRE: PREVALECE LA FE



Nosotros hemos sido llamados por Dios a mantener la Fe católica y a librar un combate extraordinario. Roguemos a Dios ser realmente dignos de haber sido elegidos por El para esta cruzada excepcional. Prometámosle nuestra fidelidad incondicional a la Fe.
Con seguridad, el gobierno de la Iglesia ha sido, asimismo, establecido para la defensa de la Fe y normalmente debemos serle sumisos para ayu­darle a mantener, difundir y continuar la Fe católica. Pero si ese gobierno falta a su deber, si abandona su función y se vuelve en contra de la Fe ¿qué debemos hacer? ¿Permanecer adictos al gobierno o adictos a la Fe? ¿Prevalece el gobierno o la Fe? Nos hallamos ante un dilema y nos vemos en la obligación de optar. Ahora bien, el gobierno ha sido establecido para la Fe y no la Fe para el gobierno, puesto que la Fe es Jesucristo mismo. Por tanto debemos adherirnos a Jesucristo antes que al gobierno mismo de la Iglesia, establecido por Jesucristo mismo, pero no para que se convier­ta en su enemigo, no para destruirle, no para entregar las almas a los ídolos, a los falsos dioses, a los demonios.
Seamos firmes en la Fe y pidamos a la Santísima Virgen, a Nuestra Señora de las Victorias, que nos dé fuerzas para la lucha, que nos ayude a lograr el triunfo contra los ataques infernales a Nuestro Señor Jesucristo, Nuestro Salvador.
Meditemos este día la Pasión, los dolores, los sufrimientos, el aban­dono de Ntro. Señor Jesucristo por sus apóstoles, pero sigámosle y esforcémonos con toda el alma en seguir a la Santísima Virgen, a San Juan, a las santas mujeres —y no imitar a los Apóstoles que abandonaron a Nuestro Señor— a fin de ser realmente hijos de Jesús y de María.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amen.

 Marcel Lefebvre
Arzobispo
Ecóne, sermón de Jueves Santo, 27 de marzo de 1986.

viernes, 6 de diciembre de 2013

CARTA ABIERTA DEL PADRE RIOULT AL DISTRITO DE FRANCIA






Estimados cofrades,

Ya que el B.O. de la FSSPX (n°251) me nombró explícitamente en julio de 2013, les pido algunos minutos de atención para escuchar mi “derecho a responder”.

Les suplico, por principio, no darle ningún crédito a la afirmación del Padre Thouventot que dice que nosotros estaríamos buscando “hacer estallar la Fraternidad”. Yo le debo todo a la Fraternidad e incluso le lego todo por testamento. Nuestra finalidad fue el mismo objeto de acción de gracias de Monseñor Fellay en Kansas City en octubre de 2013: ser “preservados de toda clase de acuerdo”, pues esto hubiera sido una gran “desgracia”.

Los deseos…

El Padre de Cacqueray afirma que “sería verdaderamente una paradoja y una obra del diablo querer dejar la Fraternidad cuando tal Declaración acaba de producirse (27 de junio de 2013). Es bajo el cayado de nuestro Superior general, y no con los francotiradores, que debemos continuar llevando el combate de la Fe”. Pero el Padre de Cacqueray tuvo que escribirles tres páginas para tranquilizarlos respecto a esta Declaración, mientras que no se requirió ningún comentario para la Declaración del 21 de noviembre de 1974. “Llevar el combate de la Fe bajo el cayado de nuestro Superior general”. ¡Sea! Pero desde el 2002, ¿dónde están los comunicados de la Casa General que condenan oficialmente a Roma? Peor aún, los comunicados incluso han favorecido las mentiras romanas. Monseñor Tissier, en el editorial de Le Sel de la Terre (n° 85, verano de 2013), habla de “mentira y de equívoco” respecto al motu proprio de Benedicto XVI sobre la misa y el levantamiento de las excomuniones. ¿Es así como habla Monseñor Fellay? ¿Por qué el Padre Nély, en privado, desaconseja a los cofrades la lectura de este artículo de Monseñor Tissier, describiéndolo como malo o sin interés?

El Padre de Cacqueray nos dice combatir “con inteligencia y prudencia, con espíritu sobrenatural y en la obediencia a nuestros Superiores”. ¡Sea! ¿Pero, por qué al regresar de Menzingen con el Cor unum 104, afirmó que un“acuerdo era inevitable” y que él no estaba “en condiciones de exigir la obediencia de sus subordinados hacia Monseñor Fellay?” El Padre de Cacqueray, en privado, ha criticado fuertemente las desviaciones de la Casa General. Lo hizo a justo título, con valor e inteligencia. Pero públicamente ¿qué es lo que queda? Dos afirmaciones que deforman la realidad: a) L.A.B.n°80 : El Padre de Cacqueray expresa a Monseñor Fellay su “reconocimiento por su valiente rechazo que le dirigió al Papa”. b) B.O. n°251 : El Padre de Cacqueray escribió: “Nuestro Superior general nos comunica ahora esta otra Declaración. Que él sea vivamente agradecido por ello”.

Pero en privado, el Padre de Cacqueray le dijo a un cofrade, el 11 de junio de 2013, que la declaración del 15 de abril de 2012, si bien retirada, fue amplificada por la publicación del Cor Unum 104 y por la carta a Benedicto XVI del 17 de junio… Pero a finales de julio de 2012, el Padre de Cacqueray planteó el verdadero problema: “Una vez que no fueron capaces de respetar las decisiones del Capítulo de 2006, ¿por qué respetarían mañana los compromisos hechos hoy?” Los agradecimientos son entonces inoportunos mientras que las injusticias no hayan sido reparadas y los errores claramente renegados. ¿Usted tal vez se escandaliza de tales exigencias? Estas son clásicas en la historia eclesiástica. En las Actas de Cartago, el diácono Paulin declaró respecto de un cura fautor de errores: “Una de dos: o niega haber enseñado eso o que lo condene”.

Y la realidad

La realidad no es desgraciadamente la descrita oficialmente por el Padre de Cacqueray. La realidad es que Monseñor Fellay ha sido PARCIAL al desatender el análisis de Monseñor Lefebvre (1988-1991), DESOBEDIENTE al capítulo de 2006, IMPRUDENTE al despreciar las advertencias de los obispos e INFIEL al componer una declaración impía (15 de abril de 2012). Además, el Superior General tuvo una actitud DESHONESTA al practicar la mentira, la manipulación de textos… sin olvidar los pecados por omisión y las contradicciones evidentes, ocultas bajo el falaz pretexto de “saber leer entre líneas”…

En abril de 2012, el Padre de Cacqueray afirmó que la declaración de Monseñor Fellay era “escandalosa, que atentaba contra el honor de la Fraternidad y que él se esforzaría en obtener la retractación solemne en el curso del Capítulo” El 15 de junio de 2012, Monseñor de Galarreta le confió a un cofrade: “Monseñor Fellay comprenderá que él no puede mantenerse pues ha decepcionado a aquellos que esperaban un acuerdo y los otros le dirán: ¡todo eso para nada!” Después del Capítulo, el Padre de Cacqueray constataba que “la condición del 2006 ha sido completamente abandonada. En mayo de 2013, Monseñor Tissier de Mallerais declaró al contenido del Cor Unum 104 como “demasiado deplorable para ser comentado, muy evidentemente insatisfactorio para ser aprobado, demasiado escandaloso para no avergonzar a quien corresponda”. Al final, no hubo la “retractación solemne” sino un abandono de nuestras posiciones con un Superior que se ha mantenido por una actitud oficial “deplorable”, “insatisfactoria”, “escandalosa” “vergonzosa”.

Nuestro bien común

¿Qué esperan estos cofrades para sacar las consecuencias de estos hechos? Ellos saben escribir los números pero no se atreven a hacer la suma. ¿Habrá que esperar a que Monseñor Fellay concelebre la misa de Paulo VI con una guitarra para actuar públicamente? En lugar de tener una opinión eficaz, ellos han pensado que lo que sería beneficioso es imposible, olvidando que los límites de lo posible se desvanecerían si solamente ellos tuvieran la audacia de decir en voz alta lo que piensan. El demonio les habla de unión para detenerlos, ellos olvidan inmediatamente que solo la unión es fecunda cuando se hace sobre principios ciertos, y que de otro modo, esta palabra no sirve mas que para cubrir un malentendido donde los más honestos son burlados por los más bribones.

La Casa General ha dicho y cometido enormidades que han herido muy gravemente a nuestra Fraternidad. La advertencia de Monseñor Lefebvre vale también para nosotros:

« No son los inferiores que cambian a los superiores, sino los superiores que cambian a los inferiores »1 ¿Qué se puede esperar de Monseñor Fellay que es capaz de decir: “La nueva misa evacúa el Sacrificio de la Cruz”  (junio de 2013) y la nueva misa fue “legítimamente promulgada” (abril 2012) o que el Vaticano II ha “inaugurado un nuevo tipo de magisterio imbuído de principios modernistas” (junio 2013) y “El Concilio Vaticano II aclara y explica ciertos aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia” (abril 2012)?

Tal contradicción doctrinal, en tales circunstancias (50 años del Vaticano II), por un hombre de su calibre (el Superior general), debió ser suficiente para provocar en nosotros una indignación saludable.

Perdiendo su credibilidad, Monseñor Fellay la hizo perder a toda la Fraternidad y a cada uno de sus sacerdotes.

Como bien lo dijo el Padre Chazal: “La Fraternidad ha perdido su virginidad doctrinal”. Monseñor Fellay ha afectado la cohesión de la Fraternidad comprometiendo su bien común. Él ha fisurado las convicciones doctrinales fuertes que pedían nuestra lucha sin descanso. Y los superiores mayores de la Fraternidad han preferido, en el Capítulo, la unidad a la verdad, el renombre de un hombre al amor de la verdad. ¡Ese es el veneno mortal! Un falso principio, que parece aceptado implícitamente por todos, rige de ahora en adelante nuestra Fraternidad: “La autoridad es intocable y/o el superior es infalible”. Decir que un superior es indigno y que debe renunciar, ¡sería una blasfemia o un pecado contra el Espíritu Santo! Esto es ridículo pero tal es el espíritu que reina entre nosotros. Si no hay reacción, este principio nos matará en un término más o menos breve.

« La mayor desgracia para un siglo, es el abandono o la disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo el resto; pero jamás del sacrificio de los principios… El más grande servicio que un hombre puede dar a sus semejantes en las épocas de desfallecimiento y de oscurecimiento, es el de afirmar la verdad sin miedo, aunque no se le escuche”.2

Una nueva línea…

lunes, 23 de septiembre de 2013

CAMBIARON LA COHERENCIA POR LA OBEDIENCIA





Estamos a fines del 2005 y la Revista oficial de la FSSPX del Distrito América del Sur publica, en su Nº 102, dos artículos del Padre Pablo Suárez, uno de ellos titulado “EL VALOR DE LA COHERENCIA”. El mismo, más allá del valor intrínseco de su contenido, sirve para ilustrar la volatilidad de las palabras, cuando las mismas no se sustentan luego en los hechos concretos. Esto que decimos con temor y temblor esperamos que sirva para comprender que la coherencia, más que pregonarla, hay que vivirla, aunque ello implique –y va de suyo que al tratarse de cristianismo es así- la contrariedad, la persecución o el rechazo, aun de aquellos que parecían ser nuestros compañeros de lucha. Coherencia es un bien que se extingue en la actual Neo FSSPX.

No somos doctos ni tenemos títulos, y sabemos que esos logros acreditados muchas veces pueden ser un gran obstáculo para el sentido común del católico que a pie y desde el llano, tiende a mirar dos veces las cosas, sin estar seguro de sí mismo. Decimos esto porque quienes han pisoteado la coherencia han sido justamente los encargados de enseñarnos a los fieles lo que, tal vez, olvidaron que no sólo se enseña con los escritos en revistas o boletines, sino también con el ejemplo de vida.

El artículo de marras, muy bien escrito –un poco complicado y falto de vigor para nuestro gusto-, está dedicado a demostrar cómo los hombres modernos –en especial dentro de la Nueva Iglesia- niegan los principios más elementales sobre los cuales descansa la realidad, de tal manera que su inteligencia viene a estar, según palabras citadas de Marcel de Corte, “en peligro de muerte”. De esa manera, el hombre manipula y distorsiona la realidad, negando –o intentando negar y destruir- el principio de no contradicción.

Citemos algunos pasajes:

“El primer principio acerca de cualquier cosa traduce su condición más fundamental y es que no puede ser contradictoria.
Una casa, un perro, un hombre, es algo que “es”. En el mismo acto de aprehenderlo viene subsumido qué implica su negación, el no-ser: si estoy ante un hombre, éste no puede ser hombre y no ser hombre a la vez y en el mismo sentido.
Decimos “a la vez” porque nada impide, por ejemplo, que ese hombre antes haya sido un niño y ahora un adulto, supuesto en el cual abordo al hombre en dos momentos diferentes. Y agregamos “en el mismo sentido”, porque esa persona madura puede ser experta en ciertos temas, no así en otros”.

Otros párrafos:

“Mientras no haya estudiado un mínimo de matemática, puedo decir que un hombre no sabe multiplicar. Después que lo ha aprendido, puedo sostener que sí sabe hacerlo. Ahora bien, en este caso, no puedo afirmar que “Juan sabe multiplicar” y “Juan no sabe multiplicar”, pretendiendo que las dos cosas son verdaderas al mismo tiempo en ese preciso sentido.
Tan elemental es esto, que el principio de no contradicción –ontológica o lógicamente considerado- no cabe demostrarse. Así es de evidente”.

“Si nada tiene una naturaleza estable intrínsecamente sino que todo depende del sentido que a su arbitrio los hombres le confieran, se comprende que carezca de sentido hablar ni de ser o no ser, de verdad o de falsedad, de bien o de mal. Destruido el orden ontológico, se destruye el lógico, y no se tardará mucho en pasar a la destrucción del orden práctico o moral”.

“En el orden psicológico esta negación genera una inmensa perplejidad a los ojos del sentido común”.

Pasa luego el P. Suárez a dar un excelente ejemplo, de cuando la iglesia conciliar suspendió a divinis a un sacerdote que “en el marco de un multitudinario congreso ecuménico celebrado en Berlín a fines de mayo de ese año (2003) celebró una misa en la iglesia de Getsemaní, no sólo invitando a los luteranos sino administrándoles también la Sagrada Comunión”. Roma confirmó luego la sanción, estando entre los firmantes del decreto el Cardenal Ratzinger. Pero, sin embargo, “escasos cuatro meses más tarde, el Cardenal Decano del Sagrado Colegio Cardenalicio, Joseph Ratzinger, celebraba en la explanada de la basílica de San Pedro la misa de exequias del difunto pontífice [Juan Pablo II]. Pues bien: el Hermano Roger estaba presente y en momentos en que el Cardenal Ratzinger se disponía a distribuir la comunión, se acercó a recibirla y la recibió”.

Agrega el P. Suárez: “Éste no es, por cierto, el único caso en el que puede señalarse una infracción a la no contradicción”.

Afirmación que terminó resultando premonitoria de lo que iba a pasar en la FSSPX, y que sería bueno que su autor la revisara.

Se multiplican los casos de contradicción que ya no sólo son notoriamente visibles en la iglesia conciliar, sino ahora en la Fraternidad conciliar.

Pero esto el Padre Suárez no lo ve o si lo ve no ha escrito un artículo para denunciarlo.

Uno de los mayores ejemplos: el “levantamiento de las excomuniones” de los obispos de la FSSPX.

“No puedo afirmar que “Juan sabe multiplicar” y “Juan no sabe multiplicar”, pretendiendo que las dos cosas son verdaderas al mismo tiempo en ese preciso sentido”, dice el Padre Suárez. Pero sí puedo afirmar –parece- que “la excomunión era inválida” y “la excomunión era válida” al mismo tiempo: para la FSSPX eran inválidas, para Roma y los “fieles perplejos” eran válidas, y ambos tenían razón. “Tanto ellos como nosotros entendemos lo que decimos”, como explican los Padres del Seminario de La Reja, en su famosa carta a los fieles de la primera hora. Por eso: celebremos con un Te Deum el decreto…y a la vez critiquémoslo.

Confiesan esa inconsecuencia los mismos Padres del Seminario de La Reja:

“La Fraternidad Sacerdotal San Pío X agradeció a Roma el decreto sobre las excomuniones, siendo que éste no las declaraba nulas por injustas, como hubiera debido, y a algunos les parece que así ha dado a entender que las considera válidas. Sería cierto si esta fuera la única vez que la Fraternidad se hubiera manifestado respecto a este asunto…” (El resaltado es nuestro).

Conceden allí estos sacerdotes (buenos sacerdotes otrora tan firmes) que la conclusión lógica es cierta, respecto de que la FSSPX consideró válidas las excomuniones al aceptar ese decreto. Sólo invalidan esto –o creen invalidarlo- porque antes la FSSPX dijo algo distinto. Pero lo que importa es la posición oficial de la FSSPX frente a Roma entonces, allí donde tiene que dar el testimonio de la fe. Y allí –como los mismos Padres de La Reja admiten- han aceptado la validez de las excomuniones. Luego, afirmando una cosa ad extra y afirmando otra ad intra, destruyen el principio de no contradicción y, por supuesto, como dice el P. Suárez en su artículo, “En el orden psicológico esta negación genera una inmensa perplejidad a los ojos del sentido común”. Y los Padres que les preguntaban (¿ingenuamente?) a los fieles en su carta: “¿Por qué se inquietan?”…El mismo P. Suárez ya les había dado la respuesta.

La misma caída había tenido Mons. de Galarreta, cuando justificó esta doblez del pensamiento en una entrevista (publicada en el mismo número de Iesus Christus que el testimonio de los Padres de La Reja, Nº 121):

I.C.: ¿Si no hubo excomunión, no le parece contradictorio haber pedido a Roma hacer algo respecto al decreto?

M.D.G.: Aparentemente contradictorio sí. En realidad no. Porque una cosa es la validez o no de las excomuniones, y otra cosa la impresión que tiene el resto de la iglesia y la opinión pública en general. Es evidente que recaía sobre nosotros un estigma a los ojos de toda la Iglesia, que era como una condenación de lo que representamos: la Tradición católica. Son dos aspectos distintos. El aspecto objetivo es que no había excomunión. El otro aspecto es el subjetivo, en el espíritu de la gente, y fue en orden a éste que se pidió se retirase el decreto.

Corregimos a Mons. de Galarreta, que en verdad debió decir, según su pensamiento: “Objetivamente contradictorio, sí. Subjetivamente, no”. De las declaraciones del obispo se desprende que la verdad puede ser contradictoria, pues lo que para unos es una cosa (el aspecto objetivo), para los otros es otra (aspecto subjetivo), y hay que conciliar ambos, quedando bien con todos. ¿No es acaso lo que hizo la iglesia conciliar en el ejemplo dado por el P. Suárez? Sancionan a un sacerdote que da la comunión a un protestante (imagen tradicional) y luego un cardenal que firmó la sanción da la comunión a un protestante sin ser sancionado (imagen modernista). El aspecto objetivo es que no debe darse esta comunión a los herejes. El aspecto subjetivo es que hubo que quedar bien con la opinión pública. Desde luego que así no se queda bien con la verdad.

Digamos también que afirmando que se hizo aquello (pedir y aceptar el levantamiento de las excomuniones) “por la gente”, en realidad la estaban estafando, considerando a los fieles como una chusma incapaz de comprender estas cosas y a la que había que engañar con una medida espuria y confusa para darles la impresión de que en la FSSPX no eran tan malos como les habían hecho creer. ¡El fin justifica los medios! “Como ustedes son tan tontos, simulamos –por amor a ustedes- que reconocemos estar excomulgados así nos quitan esa etiqueta y entonces ustedes se acercan a nosotros y nosotros les damos la verdad que no les da Roma”.

Luego, cada documento o declaración de la Superioridad podría tener dos interpretaciones (lentes negros o rosas): para con Roma decían una cosa (el asunto es la impresión, lo subjetivo), para con los fieles de la Fraternidad, otra cosa (lo objetivo, la verdad).

Como castigo, ya no se tiene el coraje ni la lucidez para afirmar claramente la verdad, y sí decirlo todo con ambigüedad, para no causar mala impresión en la opinión pública. De hecho, ahora ni siquiera se habla con ambigüedad: prefieren callar ante los escándalos de Francisco en Roma.

Otro buen ejemplo de esta falta de coherencia que el Padre Suárez ya no se encarga de denunciar: el motu proprio sobre la Misa.

La FSSPX había hecho de la Misa tradicional su bandera. Así lo destacaba, por ejemplo, el Padre Bouchacourt en el editorial de la Iesus Christus Nº 97 de comienzos del 2005, titulado “LA MISA ES NUESTRA BANDERA”.

Bien. Pero la FSSPX aceptó y agradeció –aunque les pareciera “imperfecto”- el “valiente” motu proprio Summorum Pontificum que hace de esa Misa que ellos dicen es su bandera el rito extraordinario de la Iglesia, debajo del rito ordinario, el Novus Ordo de Bugnini y su equipo protestante. Y Mons. Fellay dijo: “El motu proprio restablece la misa tridentina en su derecho”. Es decir: para él la Misa tridentina tiene derecho a ser el “rito extraordinario” y no el “rito ordinario” de la Iglesia. O sea: la oficial es la Misa nueva, la Misa tridentina es “la querida” y no puede aspirar a más derecho que ese, ya que el motu proprio de Benedicto “restableció la misa tridentina en su derecho”.   Con todo lo cual Mons. Fellay vino a demostrar que su apego a la Misa tridentina es superficial, ya que de otro modo no toleraría que esta conviviese bajo el mismo techo con la misa bastarda que conduce a la herejía. Misa a la que, por otra parte, finalmente terminó considerando legítimamente promulgada.

¿Dijo algo sobre todo esto el Padre Suárez en algún artículo, y tal vez nos lo perdimos? Por favor, si algún lector lo sabe que nos lo haga conocer.


ADVERTENCIA FINAL



A fines del 2004, la revista Iesus Christus publicó una nota referida a la caída del Padre Rifán y los Sacerdotes de Campos en las redes de la iglesia conciliar. “Dejaron de sufrir por la Iglesia”, dice su título. Desde allí mismo se recordaba –como testimonio de qué decía el ahora reconciliado con la Roma modernista- una carta del anteriormente “duro” Padre Rifán, que advertía celosamente que “es preciso reconocer que estamos peleando con Modernistas y con un Concilio Modernista”. Luego, el pobre diablo cayó, arrastrando otros tras de sí. Y el Diablo conciliar le dio su premio en codiciadas monedas del Vaticano, que de nada le servirán.

Parece que la advertencia no se tuvo en cuenta o no se recordó lo suficiente, tal vez sumergidos en la propia jactancia de que “nosotros no vamos a caer porque…” Valga la cita para recordarnos a nosotros mismos, quienes resistimos el presente derrumbe de la FSSPX, que si somos testigos de lo que ocurre ahora con la “inclaudicable” Fraternidad, no nos tengamos por listos sino que, recordando las palabras de San Pablo, nos vigilemos mutuamente, con la oración y la revisión de nuestra fe, para que el decir estas cosas nos sirva de constante centinela, y no de presunción de unos atributos que no nos pertenecen, ya que, el que esté de pie, que mire de no caer. El combate es permanente y, el que persevere hasta el fin, ese será salvo.