Santa Catalina
de Alejandría, patrona de nuestro blog.
Pintura de
Bartolomé Esteban Murillo.
Santa
Catalina, mártir, que, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada
tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se
venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí.
Patronazgo: patrona
de las niñas, vírgenes, monjas, jóvenes casaderas, de las universidades y
bibliotecas, de los filósofos, teólogos, profesores y estudiantes, de oradores
y abogados, y de todos los oficios que se relacionan con ruedas, protege contra
la migraña y las enfermedades de la lengua, se la invoca para descubrir el
paradero de quien se haya ahogado.
Tradiciones,
refranes, devociones: Existen muchas tradiciones populares referidas a
la santa, sobre todo de jóvenes casaderas que piden a la santa novio.
Existe, según
parece, un dulce en Jaén llamado «ruedas de santa Catalina».
La expresión
«rueda de santa Catalina» nombra también un fenómeno óptico atmosférico que
dicen que se ve el día de la santa, al amanecer, en el que es como si el sol
girara imitando las ruedas dentadas de Maximiano; aunque otros refieren este
fenómeno -con el mismo nombre- al sol del 25 de junio.
Oración:
Dios
todopoderoso y eterno, que diste a tu pueblo la virgen y mártir invicta santa
Catalina, concédenos, por su intercesión, ser fortalecidos en una fe constante
y trabajar sin desmayo por la unidad de la Iglesia. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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Desde el
siglo X o aun antes, se venera mucho en el Oriente a santa Catalina de
Alejandría. Sin embargo, desde la época de las Cruzadas hasta el siglo XVIII,
la santa fue todavía más popular en Occidente. En efecto, se le dedicaron
numerosas iglesias y se celebraba su fiesta con gran solemnidad; se la incluyó
en el número de los Catorce Santos Auxiliadores y se la veneró como patrona de
las estudiantes, de los filósofos, de los predicadores, de los apologistas, de
los molineros, etc. Adán de San Víctor escribió un poema en su honor. Su voz
fue una de las que oyó santa Juana de Arco. Bossuet le dedicó uno de sus más
célebres panegíricos. A pesar de todo, no sabemos con certeza absolutamente
nada sobre la vida de la santa.


