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viernes, 14 de agosto de 2015

LA DERROTA DE LA REVOLUCIÓN






“Lo que no se había visto lo vemos hoy, “La Revolución, es la lucha entre el hombre y Dios; quiere ser el triunfo del hombre sobre Dios.” Esto es lo que declaran aquellos que dicen que actualmente se trata de saber si triunfará la Revolución o la Contra-Revolución.

Por eso, M. de Saint-Bonnet no dice nada más, él no dice quizás lo suficiente, cuando afirma que “el tiempo presente no puede compararse con la rebelión de los ángeles.” Y por consiguiente, de Maestre, Bonald, Donoso Cortés, Blanc de Saint-Bonnet, entre otros, seguramente coinciden en decir: “El mundo no puede permanecer en este estado”.

O estamos llegando al final del odio a Dios y a su Cristo levantado por el Anticristo, volviéndose más general y violento; o bien estamos en la víspera de la más grande misericordia que Dios haya ejercido en este mundo después de la Redención.

He aquí la situación en que estamos, he aquí lo que la Revolución creó, aquello que no ha dejado de ser desde los primeros días de la Revolución, bajo el imperio en el cual todavía estamos.

(…)

La época de la Revolución, es la época del antagonismo más agudo entre la civilización cristiana y la civilización pagana, entre el naturalismo y lo sobrenatural, entre Cristo y Satanás.

¿Cómo será el fin de la lucha? Lucifer y los suyos piensan en que triunfarán. Los judíos dicen que será la venida de su Mesías, que el reino del Anticristo está cerca, y que ese reino abrirá, para su beneficio, la más grande época del mundo.

Esperamos que nuestros lectores, después de haber leído este libro, compartirán nuestra convicción que es muy opuesta. La derrota de la Revolución inaugurará el reino social de Nuestro Señor Jesucristo sobre el género humano que formará un único rebaño bajo un único Pastor”.

Mons. Henri Delassus, La Conjuración Anticristiana, Cap VI, 1910.

jueves, 27 de marzo de 2014

EL ENCANTAMIENTO REVOLUCIONARIO (LA REVOLUCIÓN DENTRO DE LA FSSPX)









Para poder hablar de la revolución en los tiempos modernos, hay que hablar del nominalismo y todos sus errores.

Todo el problema de la filosofía moderna es el no creer en la capacidad de la razón para conocer la Verdad. La primera consecuencia de esta negación del intelecto humano es que, para imponerse, la revolución no hará razonamiento, ella buscará los métodos que están mucho más cercanos de los métodos publicitarios que de los métodos de demostración (la lógica).

Hay una segunda razón (y consecuencia) de esta negación. La revolución es contra natura, le será necesario encontrar un método particular, diferente de las vías normales de la naturaleza. Este método lo llamaremos “maleficio revolucionario”. El encantamiento según el diccionario es “la acción de subyugar a alguien, de atraerlo, de dominarlo irresistiblemente[1]”.

¿Por qué estudiar este método? Porque los católicos tradicionalistas[2] que somos tenemos confianza en la razón y su lógica. Creemos en las verdades y en las definiciones. En todos los problemas ante los cuales estamos práctica y cotidianamente enfrentados, nosotros buscamos el error y no es habitual en nosotros buscar por principio las maniobras y mucho menos las maniobras puramente psicológicas que no tienen nada de racionales. Es por eso que tenemos una cierta debilidad e ingenuidad frente a la revolución: bajo el pretexto de tomar las cosas con seriedad, no queremos ver a la revolución tal como ella es y ella no nos ataca siempre con groseras mentiras y horrores que estarían en plena contradicción con las verdades por las cuales luchamos. La revolución moderna es más sutil: ella nos ataca minando astutamente los cimientos del espíritu.

La historia de la revolución nos permite constatar este hecho: hay un gran número de contrarrevolucionarios que se convierten en revolucionarios de dos maneras: sea sin darse cuenta o siendo persuadidos de servir a la contrarrevolución (este es el fin de los fines). Se ve así un gran número de gente que han tenido contactos con la revolución y que no la han comprendido verdaderamente. En cada batalla contrarrevolucionaria, algunos, que parecen haber comprendido hasta ese momento, se dejan atrapar en la trampa. Cada vez hay un golpe de publicidad que tiene éxito donde los estrategmas precedentes de la revolución habían fracasado.

Observemos ahora el ciclo revolucionario.

     1.    El ciclo revolucionario

1) Lobby, 2) encantamiento, 3) terror.

Lobby, es el nombre del pasillo del parlamento inglés. En el concilio Vaticano II, hubo la cafetería, el bar Jona y el bar Abbas. Es allí donde se hizo el concilio. Y en las reuniones secretas de cardenales que prepararon la revolución. El lobby es un grupo de presión, más aún, un núcleo dirigente. El alma escondida.

Una vez que esta preparación tuvo lugar, este lobby lanzará una campaña que está preparada. Se pasa a la etapa de encantamiento.

Fase externa. Encantar. Esencialmente es la anestesia de la inteligencia por la exacerbación de las pasiones.

En esta segunda fase está la subversión, la desinformación. Tantos aspectos o partes integrantes del mecanismo del encantamiento.

Los revolucionarios no creen en la inteligencia y si ellos dejan ejercer la inteligencia, necesariamente ella va a volver a la Verdad, por lo tanto, a la contrarrevolución. No hay nada más contrarrevolucionario que un hombre que habla de su oficio. Él es muy contrarrevolucionario porque sabe de lo que habla.

Entonces, una vez pasado el encantamiento, queda gente que, a pesar de todo, reflexiona y que se sirve de su inteligencia. Gente que grita “el lobo”: “cuidado, se lleva a cabo una empresa de seducción”. “Pasa esto y aquello, se los mostraré”. “No caigan en la trampa”. El encantamiento tiene la ventaja de develar estas personas que empiezan a reaccionar. Hasta entonces eran desconocidos. Pero de golpe, salen. Entonces estas personas, al develarse, prueban que son peligrosos para la revolución porque razonan. Entonces se utilizará una última arma contra ellos que es muy simple: la eliminación (física, sociológica, financiera, etc…)

El terror. Actualmente hay leyes que van en este sentido a nivel de los estados revolucionarios: Está la ley Gayssot sobre el racismo. Con ciertas penas accesorias: por ejemplo, un racista puede ser privado del permiso de conducir. Se priva del permiso de conducir a un farmacéutico que se niega a vender anticonceptivos. Es mucho más eficaz socialmente hacerlo perder su permiso de conducir que de pagar una multa. Es eficaz, funciona, no es idiota.

domingo, 22 de diciembre de 2013

REFLEXIONES SOBRE LOS ENEMIGOS Y LA MANIOBRA.- POR JEAN VAQUIÉ. PARTE I.



Les ofrecemos en español, un extracto de esta extraordinaria obra del señor Jean Vaquié, eminente contrarrevolucionario, amigo personal de Monseñor Lefebvre, quien dedicó gran parte de su vida a denunciar la infiltración gnóstica en los medios tradicionales. Habiendo sido censurado por la neo-FSSPX de Monseñor Fellay y atacado especialmente por el Padre Célier en su libro La Paille et le Sicomore, queremos compartirles esta obra, que muestra la gran calidad de este autor. 

LAS ENEMISTADES

La naturaleza caída en la cual estamos inmersos, es el lugar de un combate. Tal es nuestro estado por naturaleza: nacemos en un campo de batalla: “Pondré enemistad entre tú y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya” (Gen. III, 15). Es Dios quien habla de este modo a la serpiente que acaba de derrocar a nuestros primeros padres de su trono real.


El texto latino de la Vulgata debe retener nuestra atención: "Inimicitias ponam inter te et mulierem, et SEMEN tuum et SEMEN illius". Las dos descendencias son dos gérmenes, dos semillas que se separaron desde el origen y que no tienen nada en común, este es el por qué el texto repite dos veces la palabra semen.

La posteridad por excelencia de la mujer, es María, y por lo tanto también su Hijo. Y la posteridad por excelencia de la serpiente, es el Anticristo, que por efecto de la misericordia divina, aparecerá solamente al final de los tiempos.

Lo que está anunciado por los profetas para el fin de los tiempos, no es la reconciliación de las dos descendencias, sino la VICTORIA de la posteridad de la mujer, es decir, la victoria de Cristo. Esta victoria terminará con la guerra y procurará la paz, habiendo sido expulsado el enemigo.
       
Regresaremos frecuentemente sobre este estado de guerra, revelado desde los primeros versículos del Génesis, de las dos descendencias. Hablaremos de las dos ciudades, dos estandartes, dos cuerpos místicos. Escuchemos ahora a San Pablo hablándonos de la incompatibilidad de los cálices: “Vosotros no podéis beber a la vez del Cáliz del Señor y del cáliz del demonio” (I Cor. X, 21).

San Pablo es un belicoso, su emblema es la espada, tiene el sentido de la guerra que siempre está presente en su espíritu; prohíbe todo comercio entre la luz y las tinieblas: “No os juntéis bajo el yugo desigual con los que no creen. Pues, ¿qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O en qué coinciden la luz y las tinieblas? ¿Qué concordia entre Cristo y Belial? ¿O qué comunión puede tener el que cree con el que no cree? (IICor. VI, 14-15).

La Iglesia no es conciliadora, como lo sugieren los documentos emanados del concilio Vaticano II, ella es MILITANTE, como la sana y antigua doctrina no ha cesado de enseñar. Ya la sinagoga de los judíos antiguos estaba rodeada de colosos como Egipto y Asur, siempre en guerra declarada contra ella. Al igual que la Iglesia, si está en paz con Dios, está en guerra con los colosos del mundo. "Non veni pacem mittere in terram sed gladium" (Mat. X, 34). No he venido a traer la paz sino la espada.
   
San Luis María Grignon de Montfort es a justo título el que mejor ha definido el estatus de enemistad, que es el nuestro en esta tierra:

 “…el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás. A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse sobre todo aquella primera y célebre predicación y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. "Inimicitias ponam..." Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado como Satanás es María, su Santísima Madre.   
   
Dios no puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir: Dios puso enemistades, antipatías y los odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros. Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado ¡todo viene a ser lo mismo! han perseguido siempre y perseguirán más que nunca de hoy en adelante a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú figuras de los réprobos persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob figuras de los predestinados.” 
(Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, Cap. I).

Es necesario entonces el combate de las dos ciudades, el enfrentamiento de estos dos cuerpos místicos, el de Cristo y el del Anticristo. JESUS Y BELIAL NO ESTÁN PARA ABRAZARSE, SINO PARA COMBATIRSE. Nosotros conocemos la última fase de este combate plurimilenario: es la fulminación del Anticristo por Cristo resucitado y glorioso. Es verdad que no hay que “predicar otra cosa que la Cruz”, como dice San Pablo, pero hay que predicar otra cosa con la Cruz. Nuestra fe reposa sobre la Resurrección de Nuestro Señor, vencedor de la muerte: "Ubi est mors victoria tua". (I Cor. XV, 55). Muerte, ¿dónde está tu victoria?