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miércoles, 22 de enero de 2014

DEL "MITO DE LA SUSTITUCIÓN" A LA RELIGIÓN NOÁQUIDA





DEL "MITO DE LA SUSTITUCIÓN" A LA RELIGIÓN NOÁQUIDA

Por Michel Laurigan


La crisis que actualmente sacude la Iglesia de Dios, vista desde los cielos, se inscribe necesariamente en el combate multisecular entre la Iglesia y la Sinagoga de Satanás (Ap 2, 9).
A este respecto, el siglo XIX fue testigo de la elaboración de un nuevo plan de asalto contra la ciudadela católica, estrategia revelada en 1884 por Elías Benamozegh.
Este rabino cabalista de Livorno, maestro del pensamiento judío contemporáneo, propuso entonces no borrar de la superficie de la tierra el catolicismo sino "transformarlo" según los criterios de la ley noáquida 
(2).
¿Fue el Vaticano II un intento de aplicar este plan? Esa es la cuestión que Michel Laurigan aborda en el presente artículo.
El lector percibirá toda su actualidad consultando en los documentos del presente número de La Sal de la Tierra el mensaje dirigido a la B' nai B' rith por Mons José Doré, arzobispo de Estrasburgo.
Le Sel de la Terre, nº 40. Otoño, 2003

"Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia" (Gn 3, 15).



Con motivo de la entrega del premio Nostra Aetate (3) el 20 de octubre de 1998 en la sinagoga Sutton Place (Nueva York) que conceden conjuntamente Samuel Pisar y el Centro para el Entendimiento entre judíos y cristianos de la universidad del Sagrado Corazón de Fairfield (EE.UU), el cardenal Jean M. Lustiger, arzobispo de París, hizo una declaración (4) de título prometedor: El mañana de judíos y cristianos. Esta declaración, cuya importancia a nadie escapó en su momento, aún hoy merece nuestra atención. Frente a los adalides del mundo judaico, el cardenal presentó un panorama histórico de las relaciones judeocristianas e hizo un profundo análisis de la obra de salvación de la humanidad. Se podía esperar que recordase algunos datos de la teología católica sobre la historia de la salvación. Lejos de ello, fue más bien el debut de una nueva teología de la historia. Unas pocas citas del cardenal permitirán entender la gravedad de sus observaciones e introducirán este estudio.

En el momento de entrar en el tercer milenio de la era cristiana, ha comenzado una nueva época en la historia de la humanidad. Se está dando una vuelta de página en la historia de la humanidad. En las relaciones judeocristianas, los cristianos por fin abrieron sus ojos y sus oídos al dolor y a la herida de los judíos. Quieren llevar el peso sin transferirlo a otros y no pretenden aparecer como inocentes (5).

¿Cuál es el pecado en virtud del cual cristianos deben llevar una carga? El cardenal se encarga de responderlo en el capítulo titulado "La elección y los celos", que debería citarse por entero al describir tan erradamente la historia de la salvación. 

"Con Nostra Aetate los obispos de la Iglesia Católica presentaban por primera vez una imagen positiva y atrevida de los judíos infieles".

La elección recae sobre el pueblo judío infiel; jamás ha sido revocada en razón del "escogimiento del pueblo elegido". Los celos, es cosa de los cristianos: