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jueves, 1 de septiembre de 2016

DOM GRÉA: DE LA ACCIÓN EXTRAORDINARIA DEL EPISCOPADO






Extractos del Cap. X, "De la Acción Extraordinaria del Episcopado", del libro «De la Iglesia y de su Divina Constitución», París, Société Générale de Librairie Catholique, 1885; por Dom Marie-Étinenne-Adrien Gréa (1828 - 1917), fundador de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción.

Si la falla de las Iglesias particulares llama a la acción inmediata de la Iglesia universal y puede dar apertura a esta acción extraordinaria del episcopado, es manifiestamente en dos ocasiones:

En primer lugar, cuando las Iglesias particulares no son todavía fundadas, y es propiamente el apostolado. En segundo lugar, cuando las Iglesias particulares están como derribadas por la persecución, la herejía o cualquier grave obstáculo que destruya completamente y suprima la acción de sus pastores: y es el caso más raro de la intervención extraordinaria del episcopado viniendo en su socorro.

Por lo que se refiere al establecimiento mismo de las Iglesias, los apóstoles al comienzo y, después de ellos, sus primeros discípulos, actuaron en la virtud de esta misión general: “Id y enseñad a todas las naciones”; esto es manifiesto, pues el Evangelio no les da otra. Ahora bien, esta misión concierne constantemente al episcopado. Es, en efecto, propiamente al Colegio Episcopal que ella ha sido dada, pues la eficacia debía durar hasta el fin del mundo, de conformidad a lo que sigue en el texto sagrado: “Y he aquí que Yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos”.

Pero esta misión fue dada antes de toda delimitación de territorio y antes que algún obispo tuviera un poder particular sobre un pueblo determinado. Ella ha precedido la fundación de las iglesias que debían ser atribuidas después a cada uno de los miembros del Colegio; y así los obispos recibieron en la persona de los apóstoles una misión general, verdadera y primitivamente, de anunciar el Evangelio.

A medida que la fundación de las iglesias particulares, sucediendo a la conquista evangélica, aplicó este poder a rebaños particulares, ésta restringió por lo mismo el campo de esta actividad más general con respecto de los pueblos a conquistar y que debe cesar con el establecimiento de jerarquías locales.