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sábado, 8 de agosto de 2015

SENTENCIAS – SAN ISIDORO DE SEVILLA





De la hipocresía.


El hipócrita tiene palabras de los santos, la vida de los santos no la tiene: a los que engendró por la comunica­ción de la doctrina, no fomenta con ejemplos: si con la palabra edifica, con la vida y las costumbres destruye.


A los hipócritas llámase simuladores, que no buscan el ser justos, sino que desean parecerlo. Estos hacen el mal y profesan el bien, pues mientras que por ostentación aparecen buenos, por sus hechos son malos.


Los simples pueden perpetrar todos los pecados, pero la simulación y la hipocresía no la cometen más que los muy astutos y sagaces, que saben cubrir los vicios con el manto de las virtudes y ofrecer la santidad no verda­dera.


Los Santos no sólo no apetecen gloria que no corresponde a su vida, sino que huyen de parecer lo que han merecido ser: mas los hipócritas para ser venerados, ta­pando lo vergonzoso de sus maldades, preséntanse a las mirada de los hombres revestidos de cierta inocencia de santidad. A los tales dice bien la divina palabra (Math. XXIII, 27, 28): ¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas!, porque sois semejantes a los sepulcros blanqueados, los cuales por afuera parecen hermosos a los hombres, mas por dentro están llenos de huesos y de todo género de podredumbre. Así también vosotros en el exterior os mostráis justos a los hombres; mas en el interior estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.


Doblemente se condena a los hipócritas, por su oculta malicia y por su manifiesta simulación. Por lo primero se los condena porque son inicuos; por lo segundo porque ostentan lo que no son.


No siempre están ocultos los hipócritas, pues aunque algunos no se descubran en un principio, sin embargo descúbrense antes que se les acabe la vida que con simulación vivieron. Porque todo lo sincero es permanente, mientras que lo simulado no puede ser duradero.


No ha de desesperarse la salvación de los que todavía tienen algún gusto terreno, mientras que puedan también hacer ocultamente por qué ser justificados. Porque éstos son mejores que los hipócritas, por cuanto si son malos manifiestamente, también son buenos ocultamente; los hipócritas empero son malos ocultamente y se presentan como buenos en público.


El justo se ve contenido de reprender al hipócrita, para que castigado éste no se haga peor, como advierte Salomón (Prov. IV, 8): «No quieras redargüir al mofador, para que no te aborrezca».



Del odio.


Los vicios, no los hombres, han de sor odiados.


Y amargamente han de ser llorados con lágrimas los que se consumen por odiar al hermano y observan dañosa doblez de ánimo en contra de los otros.


Pues los que se disocian de la caridad, se alejan del reino de Dios.


Como la madre Iglesia es malamente oprimida por los herejes y no obstante abraza con benigna caridad a los que vienen a ella; así también cada uno de nosotros, imitando a la madre, soportamos a cualesquiera enemigos y debemos abrazar prontamente a los que retornan.


Pronto ha de perdonarse a cualquiera cuando pide perdón.


No es posible que se perdonen los pecados al que no perdona al que peca contra él. Porque la norma del perdón nos la puso Dios en razón de nuestra disposición, cuando nos manda orar de este modo: «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». El juicio de Dios es justo y manifiesta que tanto perdona al pecador, cuanto cada uno perdona a quien le ofendió.


Algunos confiando en sus merecimientos perezosamente dan el perdón a quienes le ofenden; pero a quien no está preparado para perdonar de nada aprovecha estar limpio de culpa. Porque esta es culpa tanto más grande cuanto más se tarda en perdonar las faltas de los hermanos.


Quien más tarda en reconciliar al hermano, más tarda en aplacar a Dios en favor suyo. Quien es negligente en aplacarse pronto con su prójimo en vano busca que Dios le sea propicio.

miércoles, 13 de mayo de 2015

EXHIBICIONISMO POBRISTA DE FRANCISCO







MAMARRACHADA

Francisco pone a prueba nuestra paciencia, cansando ya con su “humilditis” y su exhibicionismo pobrista: el domingo 3 de mayo se presentó en una parroquia “periférica” de Ostia con una sotana prolija y deliberadamente raída. No es creíble que en apenas dos años se la haya desgastado tanto y tampoco es creíble que tenga una sola sotana. Es simplemente otra de sus grotescas artimañas demagógicas para conseguir la jefatura espiritual de los “pobres” del mundo. (¿Pronto tendremos que rezar las “Letanías de los Pordioseros”?)

Frente a tal mamarrachada, bueno es acudir a Santo Tomás y a su Suma:
-“ el fin de la vanagloria es la manifestación de la propia excelencia… a lo cual puede el hombre tender de dos modos: primero, directamente, ya por palabras, y así tenemos la jactancia, ya por hechos, y entonces, si son verdaderos y dignos de alguna admiración, tenemos el afán de novedades, que los hombres suelen especialmente admirar, y si son ficticios, la hipocresía”. (II-IIae – Cuestión 132)

-“…la humildad, en cuanto virtud, lleva consigo cierto laudable rebajamiento de sí mismo. Esto se hace, a veces, sólo con signos externos y es fingido, constituyendo la falsa humildad, de la cual dice San Agustín, en una carta, que es gran soberbia, porque parece que busca la excelencia de la gloria”. (II-IIae – Cuestión 161)

-“Andrónico asigna tres virtudes al ornato externo. La primera es la humildad, que excluye la intención de vanagloria. Por eso dice que la humildad no se excede en gastos ni en preparativos. La segunda consiste en contentarse con poco, que excluye la intención de regalo. Y dice: El contentarse con poco es el hábito por el que nos contentamos con lo conveniente, y que señala lo que necesitamos para vivir (según lo que dice el Apóstol en 1 Tim: Teniendo alimento y con qué vivir, estemos satisfechos). La tercera es la sencillez que excluye la excesiva solicitud, diciendo que la sencillez es el hábito por el que recibimos las cosas tal como vienen.

El desorden por defecto puede ser, también, doble, según el afecto. Primero, por negligencia del hombre, que no pone el cuidado y empeño necesario en usar el ornato externo conveniente. Al respecto, dice el Filósofo, en VII Ethic., que es molicie el dejar que el vestido arrastre por tierra sin levantarlo. En segundo lugar, cuando se ordena a la vanagloria el mismo defecto en el ornato exterior. De ello dice San Agustín, en De Serm. Dom. in Monte: No sólo en el esplendor y pompa corporal, sino en los vestidos más viles y degradantes, se puede buscar vanidad. Y este segundo defecto es más peligroso por presentarse con capa de virtud. Y el Filósofo dice, en IV Ethic., que tanto la superabundancia como la deficiencia desordenada pertenecen al mismo género de jactancia”.(II-IIae – Cuestión 169)

Pero si Tomás fue lo que fue y escribió lo que escribió es porque siempre pedía:
“Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción, que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dadme, dulcísimo Dios mío, un corazón velador, que ningún pensamiento lo aparte de vos; un corazón noble, que ningún bajo deseo lo cautive; un corazón valeroso, que ningún trabajo lo quebrante; un corazón libre, que ningún poder lo fuerce, y un corazón derecho, que ninguna mala intención lo pueda doblar”.(La oración es del mismo santo. Texto completo en

La plegaria es hermosísima y la deberíamos rezar todos los días. Y me permito recomendársela al mismo Papa Francisco.
  

viernes, 27 de junio de 2014

LA HIPOCRESÍA, EN UN MUNDO DE APARIENCIAS





“La hipocresía es la gran tentación desde hace quinientos años, si lo pensamos bien. La Cristiandad ha estado presente durante mil años pero con Lutero empieza su declive. A partir de ese momento hay que aparentar el ser cristiano. Desde entonces se van encadenando una serie de sistemas hipócritas. Por ejemplo el protestantismo, el jansenismo, el liberalismo, el comunismo, el modernismo, el neomodernismo…y ahora el tradicionalismo corre el peligro de caer en la hipocresía. Sí, ustedes, mis semejantes, mis hermanos, –como dice Baudelaire- ustedes y yo estamos amenazados, acechados por la hipocresía, es decir la tentación de establecer una religión, una tradición de apariencias más que una tradición de substancia. Estemos atentos a la realidad, a la substancia, y no nos dejemos vencer por este pobre mundo que nos rodea. (…)

Nuestra Señora habló así a los niños de Fátima: “Rezad por los pobres pecadores que van al infierno porque nadie reza por ellos”. A ustedes y a mí, queridos amigos, Dios nos ha dado la fe. Pues bien, nos toca a nosotros rezar por los millares de pobres hombres que actualmente se encuentran en una confusión extrema. Pero confiemos. Nuestra Señora tiene al demonio bajo sus pies. Y no es Ella la que se dejará vencer. Basta con que recurramos a su protección. Nuestra Señora también pondrá al demonio bajo nuestros pies con tal que permanezcamos unidos a Ella”.

Mons. Williamson. Sermón en Econe, 29 de junio de 2007.