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sábado, 30 de marzo de 2013

CARTA ABIERTA A LOS SACERDOTES DE LA FRATERNIDAD SAN PIO X.- POR S.E.R. MONSEÑOR RICHARD WILLIAMSON


 Traducción nuestra en tanto que se publica la versión oficial en español.

NON POSSUMUS




28 Marzo 2013

Reverendos y estimados Padres:

La reciente publicación de la Declaración Doctrinal, enviada por el Consejo General de la FSSPX a las autoridades de la Iglesia en Roma el 15 de abril del año pasado, confirma nuestros peores temores. Esperamos casi un año para saber lo que contiene. Esto prueba de una vez por todas que el presente liderazgo de la FSSPX trata de alejarse de la dirección establecida por Monseñor Lefebvre, y hacia las ideas y los ideales del Concilio Vaticano II.

Sin embargo, estando ustedes tan ocupados por su ministerio diario, esto debe preocuparlos porque significa que las almas que están bajo su cuidado están, a través de ustedes, poniéndose bajo la intención del Superior para llevarlas a ellas, y a ustedes, hacia la gran apostasía de los tiempos modernos. Les recordamos que son los Superiores los que moldean a sus subordinados y no al contrario -¿no hemos observado cierta cantidad de buenos sacerdotes de la  Fraternidad, uno tras otro, rindiéndose de la batalla por la Fe como sabemos que Monseñor Lefebvre la realizó, y en su lugar dejarse llevar por la corriente, esa corriente fuerte y muy diferente que brota desde hace algunos años desde la cúpula de la Fraternidad hacia abajo?

Un análisis detallado confirmará el peligro de cada uno de los diez párrafos de la Declaración, como se subraya solo brevemente a continuación:

I La fidelidad prometida a la “Iglesia Católica” y al “Romano Pontífice”, puede ser mal conducida actualmente hacia la Iglesia Conciliar como tal, y a los Pontífices Conciliares. Se necesita hacer distinciones para evitar la confusión.

II Aceptación de las enseñanzas del Magisterio de acuerdo con Lumen Gentium N° 25 que puede ser fácilmente comprendida, especialmente en conjunción con la Declaración de Fe de 1989 de Roma, la cual es mencionada en una nota de pie de página de la Declaración, como que se requiere la aceptación de las doctrinas del Vaticano II.

III,1 Aceptación de la enseñanza del Vaticano II sobre el Colegio de Obispos como está contenida en Lumen Gentium, capítulo III es, a pesar de la “Nota Praevia”, un paso significativo hacia la aceptación de la colegialidad Conciliar y la democratización de la Iglesia.

III,2 El reconocimiento del Magisterio como el único intérprete auténtico de la Revelación, corre el grave peligro de someter la Tradición al Concilio, especialmente cuando la interpretación de cualquier ruptura entre ellos automáticamente es rechazada (cf. III,5 abajo)

III,3 La definición de Tradición como “la transmisión viva de la Revelación” es altamente ambigua, y su ambigüedad es confirmada por las palabras vagas acerca de la Iglesia y por la cita de la igualmente ambigua Dei Verbum #8 que le sigue.

III,4 La proposición de que el Vaticano II debe “iluminar” la Tradición “profundizándola” y “haciéndola más explícita”, es completamente Hegeliana (¿desde cuándo los contradictorios explican y no excluyen uno a otro?), y se corre el riesgo de falsificar la Tradición torciéndola para encajar en las múltiples falsedades del Concilio.

III,5 La declaración de que las novedades del Vaticano II deben ser interpretadas a la luz de la Tradición, pero que ninguna interpretación que implique cualquier ruptura entre los dos es aceptable, es una locura (Todas las camisas deben ser azules, pero cualquier camisa no azul debe ser tomada como azul). Esta locura no es otra cosa que la “Hermenéutica de la Continuidad” de Benedicto XVI.

III,6 Dar crédito a las novedades del Vaticano II como siendo material legítima de debate teológico, es subestimar gravemente su nocividad. Ellas solamente deben ser condenadas.

III,7 El juicio de que los nuevos Ritos sacramentales fueron promulgados legítimamente, es gravemente engañoso. El Nuevo Orden de la Misa es especialmente demasiado perjudicial para el bien común de la Iglesia como para ser una ley verdadera.

III,8 La “promesa de respetar” como ley de la Iglesia el Nuevo Código Canónico, es respetar el número de supuestas leyes que son contrarias a la doctrina de la Iglesia.

Reverendos Padres, quienquiera que estudie estos diez párrafos en su texto original, no puede más que concluir que su autor o sus autores han renunciado a la lucha de Monseñor Lefebvre por la Tradición y en sus mentes se han pasado al Vaticano II. ¿Ustedes desean para ustedes mismos y su rebaño ser moldeados por tales Superiores?

Ni que se diga que los primeros dos y los últimos tres párrafos están tomados esencialmente del Protocolo del propio Arzobispo del 5 de Mayo  de 1988, por lo que la Declaración es fiel a él. Es bien conocido que el 6 de mayo él repudió el Protocolo porque él mismo reconoció que había hecho demasiadas concesiones para que la Fraternidad pudiera continuar defendiendo a la Tradición.

Otro error es decir que el peligro terminó porque la Declaración ha sido “retirada” por el Superior General. La Declaración es el fruto envenenado de lo que se ha convertido en un modo de pensar liberal en la cúpula de la Fraternidad, y ese modo de pensar todavía no ha sido reconocido, mucho menos retractado.

Una tercera idea falsa es decir que ya que no se firmó un acuerdo con los apóstatas de Roma, entonces ya no hay problema. El problema es menos el acuerdo que el deseo de cualquier acuerdo que garantizará a la Fraternidad reconocimiento oficial, y ese deseo todavía está allí con mucho. Siguiendo el mundo moderno y a la Iglesia Conciliar, los líderes de la Fraternidad parecen haber perdido la comprensión de la primacía de la verdad, especialmente la Verdad Católica.

Reverendos Padres, “Lo que no puede ser curado debe ser aguantado”. Los líderes ciegos son un castigo de Dios. Sin embargo, lo menos que ustedes pueden hacer acerca de esta Declaración desastrosa es estudiarla por ustedes mismos con todo lo que condujo a ella, de otro modo ustedes perderán su Fraternidad sin ni siquiera darse cuenta, tal como la gran masa de Católicos perdió su Iglesia con el Vaticano II y no se dieron cuenta. Entonces, habiendo puesto en claro el desastre en su propia mente, deben decir la verdad a su rebaño de la Fraternidad, específicamente el peligro en el cual sus Superiores están poniendo su fe y con esto su salvación eterna.

Para todos nosotros en esta Fraternidad la cual Monseñor Lefebvre convirtió en una fortaleza mundial de la Fe, Nuestro Señor ahora está planteando la pregunta de Juan, VI, 67: ¿Ustedes también van a dejarme?

A todos ustedes les imparto gustosamente mi bendición episcopal, de su siervo en Cristo,


+Richard Williamson, Nova Friburgo, Jueves Santo, 2013




jueves, 21 de marzo de 2013

"HASTA QUE PUNTO LLEGÓ".- POR ARSENIUS




NON POSSUMUS

Con la reciente publicación de la DeclaraciónDoctrinal de Monseñor Fellay enviada al Cardenal Levada el 15 de abril de 2012, varias observaciones ya han sido hechas, pero hay algo que parece que está pasando desapercibido: es la referencia que Monseñor Fellay hace a la profesiónde fe de 1989. En efecto, él cita en la nota del n°2 de su Declaración (nota n°1) este documento que señala la manera de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia. He aquí un pasaje de esa profesión de fe: “Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas como un acto definitivo”. Hay que notar que esa profesión de fe es precedida por un texto introductorio donde se lee: “Por eso, ha sido necesario preparar textos adecuados para ello, poniéndolos al día con estilo y contenido más en sintonía con la enseñanza del concilio Vaticano II y de los documentos posteriores”.

Y ahora veamos que Monseñor Lefebvre, con sus penetrantes ojos, nos da una apreciación adecuada de este documento del Cardenal Ratzinger:

 “Los errores del Concilio y sus reformas permanecen en la norma oficial consagrada por la profesión de fe del Cardenal Ratzinger de marzo de 1989” (Monseñor Lefebvre, Itinerario Espiritual, págs. 10-11).

 “La nueva profesión de fe redactada por el Cardenal Ratzinger contiene explícitamente la aceptación del Concilio y sus consecuencias. Es el Concilio y sus consecuencias que han destruido la Santa Misa, que han destruido nuestra Fe, que han destruido los catecismos, que han destruido el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en las Sociedades civiles. ¡Cómo podemos aceptarlo! (…) Es necesario conservar la Fe Católica, protegerla por todos los medios” (Monseñor Lefebvre, París, 19 de noviembre de 1989)

 “Eso es colocarnos en una contradicción, porque al mismo tiempo que Roma da a la Fraternidad San Pedro, por ejemplo, la abadía de Barroux y a otros grupos la autorización de celebrar la misa de siempre, al mismo tiempo se pide a los nuevos sacerdotes que firmen una profesión de fe en la cual es necesario admitir el espíritu del concilio. Esta es una contradicción, porque el espíritu del Concilio se expresa en la Nueva Misa. ¿Cómo querer mantener la Misa tradicional aceptando el espíritu que destruye la Misa tradicional? Es colocarse en una completa contradicción. Un día, poco a poco, se requerirá de aquellos a los que se concedió la Misa de San Pío V, la Misa de todos los tiempos, se requerirá de ellos que también aceptan la nueva misa. Y se les dirá que se trata simplemente de que ellos se ajusten a lo que firmaron, ya que ellos firmaron que aceptaban el espíritu del concilio y las reformas del Concilio. No podemos colocarnos en una contradicción, es una aberrante falta de lógica. Es una situación completamente incómoda. Y eso pone en dificultades a los grupos que firmaron eso y que actualmente se encuentran en una especie de callejón sin salida” (Homilía en Friedrichshafen, 29 de abril de 1990, citado en el libro La messe de toujours, p. 428)

Lo que quisiera sobre todo es subrayar hasta qué punto Monseñor Fellay llegó a ceder a fin de alcanzar su objetivo: la legalización de la Fraternidad San Pio X.

Con o sin acuerdo con Roma, el mal ya está en la cabeza de Monseñor Fellay. Y su posición está contaminando cada vez más a las mentes de los que confían en él.

Nuestros votos es que todos abran los ojos, no se dejen engañar y se unan a los que le resisten a la cara. (cf. Gál. 2, 11-14): ut fideles inveniantur.

Arsenius

miércoles, 13 de marzo de 2013

DECLARACION DOCTRINAL DE MONS. FELLAY: UN PECADO CONTRA LA FE, LA CARIDAD, LA JUSTICIA Y LA RELIGIÓN.- POR UN SACERDOTE DE LA FSSPX


NON POSSUMUS



En la línea de la doctrina común entre los moralistas aprobados, enseña el P. Royo Marín en su Teología Moral Para Seglares (t. I, n° 794):

“Nunca es lícito mentir... Pero hay ocasiones en que… es lícito echar mano de la llamada restricción mental…

Hay que distinguir entre términos equívocos, anfibología y restricción mental.

a) TÉRMINOS EQUÍVOCOS son los que tienen de suyo dos o más significados…

b) ANFIBOLOGÍA es una frase de doble sentido, uno de los cuales no es el corriente o habitual…

c) RESTRICCIÓN MENTAL es una especie de anfibología que consiste en trasladar con la mente una expresión o frase a un sentido distinto del que se desprende de la significación obvia de las palabras…

¿Cuándo podrá decirse que hay causa justa y proporcionada para echar mano de esta clase de restricciones mentales?

En general, hay que responder que siempre que sea obligatorio ocultar la verdad o cuando el prójimo formula imprudentemente una pregunta a la que no tiene ningún derecho…

No es lícito, sin embargo, usar la restricción mental cuando es obligatorio manifestar la verdad por exigirlo así la fe, la caridad, la justicia, la religión, etc.”

Ahora bien, la declaración de Mons. Fellay de 15-4-12 es “un texto ambiguo, lo que de por sí es una falta grave, porque no podemos desear reconstruir la Iglesia fundándonos en un malentendido” (Breve Reflexión Sobre el Texto Del Preámbulo Doctrinal Del 15 de Abril de 2012, por un Sacerdote de la FSSPX). En efecto, además de las inequívocas afirmaciones escandalosas a que se refiere este artículo, la declaración está llena de restricciones mentales, siendo algunas de ellas sumamente peligrosas (cfr. “La Ambigüedad de Abril”, por Mons. Williamson).

Mons. Fellay debe responder a la siguiente pregunta: ¿estaba obligado a ocultar la verdad ante Roma modernista, o más bien estaba obligado a manifestar la verdad por exigirlo así la fe, la caridad, la justicia y la religión?

Pero ¿sería Mons. Fellay capaz de responder sin recurrir a sus ya acostumbradas restricciones mentales? Dios quiera que nos equivoquemos, pero creemos que no, porque eso lo obligaría a abandonar su intento por alcanzar un acuerdo práctico con Roma, a pedir perdón y a dimitir; todas cosas necesarias, no obstante, para sacar a la FSSPX del proceso de auto demolición en el que ésta se halla inmersa.

Un Sacerdote de la FSSPX



JUICIO DEL R. P. ÁLVARO CALDERÓN SOBRE LUMEN GENTIUM N° 25.




"Nosotros declaramos aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia en materia de fe y de moral, dándole a cada afirmación doctrinal el grado de adhesión requerido, según la doctrina contenida en el n° 25 de la Constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II".

Mons. Fellay, Declaración Doctrinal de 15-4-12.




"Si hay una página (...) que parece reafirmar y hacer progresar la enseñanza tradicional es, justamente, la que trata de la autoridad del magisterio jerárquico, en el n. 25 de Lumen Gentium. ¿Podemos al menos rescatar este texto? No, por cierto, porque en el capítulo anterior este mismo documento ha subordinado el oficio jerárquico al sensus fidei, lo que obliga a entender la doctrina del n. 25 de manera muy distinta a lo enseñado por el Vaticano I".

R. P. Álvaro Calderón, “La Lámpara Bajo del Celemín”.

martes, 12 de marzo de 2013

DE LA LEGITIMIDAD DE LA NUEVA MISA EN EL PREÁMBULO DEL 15 DE ABRIL DE 2012





LA SAPINIÈRE
NON POSSUMUS

Nuestro buen sentido católico, ese sensus fidei que guía a las almas hacia lo Bello, lo Verdadero, hacia el Bien, nos muestra de manera natural que esta declaración es un texto ambiguo, complicado, que se aleja de la simplicidad que animaba a un San Pío X, a un Monseñor Lefebvre, o al padre Calmel. Sus textos eran siempre comprensibles hasta para el más simple, el más ignorante de los fieles. Ellos iluminaban la inteligencia, destilaban sanamente la luz de la doctrina que penetraba muy profundamente en las almas.

¿Podemos tener este mismo juicio concerniente a esta declaración doctrinal? De la misma confesión del padre Thouvenot, no, porque habrá que explicársela a los sacerdotes en el próximo Cor Unum. ¿Pero no es lo propio de un texto modernista y liberal el ser ambiguo, que al leerse puede ser interpretado de diferentes maneras, y que debe ser explicado para que todo el mundo concuerde en la buena interpretación, buena interpretación que podrá cambiar en función de las circunstancias?

No voy a tratar de explicar todas las ambigüedades y los errores contenidos en este texto, les dejo esta tarea a los teólogos y a los sacerdotes mejor calificados.

Sin embargo, haré algunas observaciones concernientes a los nuevos sacramentos y particularmente a la nueva misa que un simple fiel tiene el derecho de hacer porque se trata de su alma, y no tenemos más que una, una solamente, que debemos salvar.

Primera observación: en este preámbulo doctrinal del 15 de abril de 2012, se afirma:

Nosotros declaramos reconocer la validez del sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia según los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal romano y de los Rituales de los Sacramentos legítimamente promulgados por los papas Paulo VI y Juan Pablo II.

Lo que siempre y hasta hace poco escuché decir, es que la nueva misa es ilegítima. En su último Editorial a los Amigos y Benefactores, nuestro Superior de Distrito nos escribe:

« La nueva misa no puede agradar a Dios porque es engañosa, nociva y equívoca: “Ella no puede ser el objeto de una ley obligatoria como toda la de la Iglesia. En efecto, la ley litúrgica tiene por objeto de proponer con autoridad el bien común de la Iglesia y todo lo que se requiere. La nueva misa de Paulo VI, representando la privación de este bien, no puede ser objeto de una ley: ella no solamente es mala sino que también es ilegítima, a pesar de todas las apariencias de legalidad de que la pudieron rodear y que todavía la rodea” (Padre Jean-Michel Gleize: “Vaticano II en debate”, página 63). 


Entonces ¿a quién debemos creer ahora: Al Superior General que tiene rango de obispo, al Padre de Cacqueray, que es superior de Distrito de Francia, o el teólogo calificado que es el Padre Gleize? Esta cuestión de la legitimidad o no de la nueva misa es una cuestión crucial del combate de la Tradición para preservar la doctrina y la Fe de siempre y para que nuestra pertenencia a la Tradición no se reduzca solamente a una cuestión de sensibilidad.

Segunda observación : Desde junio, se nos dijo que Monseñor Fellay no pudo firmar el día 13 de junio el acuerdo basado sobre este Preámbulo doctrinal porque Roma le pidió reconocer el Concilio Vaticano II y la licitud de la nueva misa. Este término de licitud no había sido empleado antes en nuestros medios. Intrigado, verifiqué las definiciones en diferentes diccionarios y pude constatar que legitimidad y licitud quieren decir, en un matiz muy sutil, la misma cosa.

Licitud:

En teología: cualidad de lo que es objetivamente bueno.
Derecho canónico: carácter de un acto permitido por la ley. “Todas las condiciones son observadas para que el sacramento sea administrado de conformidad a las exigencias de la moral y del derecho canónico (…) la licitud y la validez plantean condiciones en el ministro, la materia y el sacramento (Teol. Cat. 14, 11939, pág. 635)”

Legitimidad:

Cualidad, estado de lo que es legítimo, conforme al derecho, a la ley.
Conformidad de alguna cosa, de un estado, de un acto, con la equidad, el derecho natural, la moral.

Legítimo:

Que es conforme al derecho positivo.
Que es conforme a la equidad, que está fundado en el derecho natural, la moral, la ley divina.
Que está dictado, justificado explicado por el buen derecho, el buen sentido, la razón.

Concluyo que ahora en la Fraternidad algunos pasaron:

- solo del reconocimiento de la validez de estos nuevos sacramentos, siempre y cuando sean « celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (que era la opinión de Monseñor Lefebvre)

-a reconocer igualmente su legitimidad, es decir, de su conformidad a la ley divina según la definición mencionada arriba (legitimidad que Monseñor Lefebvre siempre impugnó).

-pero ellos niegan todavía la licitud de estos nuevos sacramentos, es decir que sean objetivamente buenos.

Si alguna cosa es legítima porque es conforme a la ley divina, esta ley divina no puede ser más que buena, porque viene de Dios, por lo tanto esta cosa tiene obligatoriamente la cualidad de lo que es objetivamente bueno. Por consecuencia, si los nuevos sacramentos son legítimos, entonces son conformes a la ley divina objetivamente buena, por lo que adquieren este carácter objetivamente bueno que hace su licitud. En conclusión, ya nada formal se opone a que asistamos o recibamos esos nuevos sacramentos, solamente nuestra sensibilidad podría evitarlo.

Para concluir, si algunos en la Fraternidad admiten la legitimidad de la nueva misa, admiten implícitamente su licitud. O ellos no tienen la misma definición de los términos. O no les importa una contradicción más. Lo que ya hemos mencionado.

Para nosotros los fieles, lo más conforme a la ley divina y lo más sabio por el bien de nuestras almas, es atenerse a la opinión de Monseñor Lefebvre:

 “…esta unión querida por los católicos liberales entre la Iglesia y la Revolución, es una unión adúltera! De esta unión adúltera no pueden venir más que bastardos. ¿Y quiénes son los bastardos? Son los ritos. El rito de la nueva misa es un rito bastardo. Los sacramentos son sacramentos bastardos. Ya no sabemos si son sacramentos que nos dan la gracia o que no lo hacen. No sabemos si esta misa nos da el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo o si no lo hace.” (Sermón de Monseñor Lefebvre en Lille, el 29 de agosto de 1976)

Un fiel.



ANÁLISIS DE LA DECLARACIÓN DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012.- STAGEIRITÈS.


NON POSSUMUS

Cardenales Ottaviani y Bacci.

Lunes 11 de marzo de 2013

Análisis de la Declaración doctrinal del 15 de abril de 2012

La Declaración doctrinal que Monseñor Fellay envió al Cardenal Levada el 15 de abril de 2012 se mantuvo en secreto hasta hoy, y contiene un artículo 7 que debe retener la atención de los fieles:

“7 Nosotros declaramos reconocer la validez del sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia según los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal romano y de los Rituales de los Sacramentos legítimamente promulgados por los papas Paulo VI y Juan Pablo II.”

I.- Este artículo 7 constituye una negación escandalosa de las conclusiones del estudio teológico Breve exámencrítico de la Nueva Misa (presentado a Paulo VI por los cardenales Ottaviani y Bacci).

En efecto, este estudio trata del rito en sí mismo, independientemente de la falta de intención del celebrante. Los teólogos autores del Breve Examen Crítico, siguieron a Santo Tomás de Aquino, al Concilio de Trento y a León XIII, para estudiar un eventual vicio intrínseco al nuevo Ordo Missae procediendo con el método requerido. El estudio del vicio de forma es primero en relación al estudio de la falta de intención, como lo precisó León XIII en la encíclica Apostolicæ Curæ sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas.

II.- De este estudio del Breve Examen Crítico, se pueden sacar dos conclusiones coexistentes sobre la “nueva misa”, una relativa a la bondad eventual de este rito, la otra sobre la validez eventual de este mismo rito.
Existen en efecto tres condiciones imperativas para que se pueda asistir a un oficio: que la misa sea válida, que sea buena y que el sacerdote quiera hacer lo que quiere la Iglesia de siempre. Una sola de estas condiciones mencionadas que no sea cumplida, impide en conciencia asistir al oficio en cuestión.

La misa debe ser válida (es el problema de la validez del sacramento)
La misa es un sacramento, no es una oración. En tanto que no se comprenda esta diferencia esencial, no nos percibimos de la crisis en la Iglesia más que en sus dolorosas consecuencias pero en ningún caso de las causas. El sacramento es una cosa sensible que significa y produce la gracia. Para que un sacramento sea válido, es decir, para que la gracia sea producida, se necesita que la cosa sensible signifique realmente, concretamente, públicamente lo que ella debe significar: el agua del bautismo debe ser verdaderamente agua y debe correr.  De esta forma –nos dice el catecismo del Concilio de Trento- nuestros sacramentos “son muy claros y no dejan lugar a la incertidumbre”. (1)

En el caso de la misa, debe ser conocido que se trata de un verdadero sacrificio, el sacrificio de la Cruz. (2)

La misa debe ser buena (es el problema de la bondad de la Misa). (3)
En el breve examen crítico del novus ordo de Paulo VI, los dos cardenales que presentaron al papa este documento escriben: El novus ordo missae « se aleja de manera impresionante, tanto en su conjunto como en el detalle, de la teología católica de la santa Misa”. Así, suponiendo que la misa de Paulo VI sea realmente una misa, de lo que conviene dudar, esta misa favorece la herejía. Por su destino, no es buena y por consecuencia no se puede participar en ella. (4)

III.- El fundador de la FSSPX concluyó sobre este último punto, que el nuevo ordo « conducía a la herejía”, que fue igualmente la posición de Monseñor de Castro Mayer (5).  Monseñor Lefebvre escribió igualmente: La nueva misa es “mala en sí misma” (6).

Sobre el primer punto, él demostró la existencia de una duda fundada sobre la validez del rito. Hablando de la nueva misa a los fieles, dijo: “La Misa a la cual ustedes acaban de asistir ¿fue válida?” (7). Otros teólogos como el padre M. L. Guérard y el padre Coache llegaron cada uno por su lado a la conclusión de invalidez.

Pero existe otra dificultad que el artículo 7 de la Declaración se guarda bien de evocar: el rito de Paulo VI es evolutivo.

Jean Madiran recordó en su editorial del periódico Présent del 22 de mayo de 2008: “No se trata ya de cambios eventuales de la misa de Paulo VI en sus ediciones oficiales típicas. Se trata de “misas salidas de la misa de Paulo VI”, de las cuales esta es la responsable, porque ellas salieron de aquélla gracias al carácter evolutivo que ha sido suyo desde el origen, pero que es mucho más difícil de corregir […]”. Esta praxis litúrgica evolutiva fue muy bien descrita en su tiempo  en el folleto Missus Romanus, La revolución permanente en la liturgia, editorial Cèdre 1975.

Además ya no existe la certitud concerniente a la intención del celebrante (intención que no puede ser conocida por la feligresía más que por el respeto de un rito válido y estable).

Ahora es fácil de constatar que el artículo 7 de la Declaración de Monseñor Fellay falsifica completamente el pensamiento del fundador de la FSSPX sobre la “nueva misa”.
______________________________________________________
1 Capítulo 14 §V, Materia y forma de los sacramentos.
2 Un verdadero sacrificio, es decir, el sacrificio propiciatorio. Esto es lo que nos opone irreductiblemente a los protestantes. El canon 3° de la sesión XXII° del concilio de Trento, precisa que aquél que dice que el sacrificio de la misa no es más que un sacrificio de alabanza, de acción de gracias o una simple conmemoración y no un sacrificio propiciatorio, sea anatema.
3 Recordemos que la Misa es una acción. Como toda acción ella puede ser buena o mala.
4Los que se sorprenden de que una verdadera misa pueda igualmente favorecer la herejía, o dicho de otro modo, que ella no sea “buena”, deben recordar que la Iglesia prohíbe por este motivo, por ejemplo, la participación de los fieles en las misas válidas de los ortodoxos (cismáticos) y a fortiori a las misas “negras” que son misas válidas.
5 Mgr Tissier, Marcel Lefebvre - une vie, pp 489 et 441.
6 Mgr Tissier, Marcel Lefebvre - une vie, p 491.
7 Mgr Lefebvre, Carta Abierta a los Católicos Perplejos, IV. El Santo Sacrificio de la Misa.

Bernard de Midelt


domingo, 10 de marzo de 2013

BREVE REFLEXION SOBRE EL TEXTO DEL PREÁMBULO DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012


AVEC L'IMMACULÉE
NON POSSUMUS



Por un sacerdote de la FSSPX.

Se me pidió mi primera impresión sobre el texto publicado hoy en La Sapinière y otros buenos sitios de la Resistencia al acuerdo. Espero que alguien más calificado que yo tendrá el tiempo de estudiar todas las sutilezas de este preámbulo, pero ciertos puntos problemáticos son desde ahora fácilmente identificables. He aquí, como se me pidió, algunas reflexiones a quemarropa.

Como Monseñor Fellay lo dijo en mayo o junio de 2012, la reacción respecto a este texto dependerá de la disposición de espíritu del lector (anteojos rosas o negros…). En efecto, luego de algunos párrafos que reafirman la adhesión al Papa y a la doctrina tradicional, encontramos afirmaciones escandalosas. Esta mezcla de verdadero y falso recuerda el proceder de los modernistas tal como lo denunció en Pascendi el Papa San Pio X. Esto significa entonces qe se trata de un texto ambiguo, lo que de por sí es una falta grave, porque no podemos desear reconstruir la Iglesia fundándonos en un malentendido. Esto no es honesto, ni en relación a Roma, ni en relación a la Tradición. El Consejo General, en la práctica, nos muestra que cree que el fin justifica los medios. Ellos tienen por lo menos un poco de vergüenza porque tuvo que ser la Resistencia quien publicara este texto. En breve, estos son los puntos problemáticos, por decir lo menos.

1.- Encontramos en este texto, sin sorpresa, lo que sabíamos ya desde hace largo tiempo porque fue revelado por el Padre Pfluger el 5 de junio de 2012 en San Joseph des Carmes, y que es en sí mismo una abominación (cf. párrafo III.4 del Preámbulo). Al decir que el Vaticano II explica “ciertos elementos” contenidos implícitamente en la completa Tradición de la Iglesia, coloca a este concilio “pastoral” (que además fue corrompido y pirateado por los masones y los modernistas) en el mismo nivel que los concilios legítimos y doctrinales. Cuando se piensa en ello, el Vaticano II se parece más a un conciliábulo que a un verdadero concilio, incluso si fue realizado bajo la presidencia y la aprobación de dos Papas, ya que estos Papas se sirvieron de eso de manera ilegítima, es decir, para hacer una revolución en la Iglesia. Es por eso que yo hablo de conciliábulo. La primera cosa que un Papa Católico hará, será declarar este concilio como ilegítimo y sin efectos, como fue el caso de algunos concilios orientales en los comienzos de la Iglesia.

2.- La segunda falta grave de esta parte del texto es el no mencionar cuáles elementos de la Tradición hubieran sido supuestamente explicados o aclarados por el Vaticano II. ¿Se trata de la libertad religiosa? ¿de la colegialidad? ¿del « subsistit in » ? ¿del ecumenismo ? ¿Del permiso de tener lecturas en la Misa en lengua vernácula? ¿Del permiso de portar el alzacuello en lugar de la sotana?

3.- La tercera cosa que observo, es que en lugar de decir que hay textos erróneos que de ninguna manera pueden ser bien interpretados, se dice que se pondrían los medios para discutirlos para llegar a una buena interpretación (cf párrafo III.5). Ya no se dice que el concilio Vaticano II enseña doctrinas condenadas anteriormente por los Papas tradicionales. Y esto va en contra de nuestra posición de siempre, que dice que hay tres tipos de documentos en el Vaticano II: Los “buenos”, los que se deben interpretar en el sentido Tradicional, y los que se deben descartar absolutamente (Ver el Catecismo del padre Gaudron, número 29).

4.- En su conjunto, este Preámbulo dice que queremos permanecer fieles a la Tradición, pero estamos listos a dejar de lado la cuestión doctrinal. Estamos listos para firmar un acuerdo, y una comisión de estudio se encargará, en el futuro, de dilucidar los puntos del Vaticano II que parecen ir contra la Tradición (cf. párrafo III.6). Se trata entonces de la formulación del principio por el cual estamos listos a firmar un acuerdo puramente práctico sin la corrección previa de los errores del Vaticano II.

5.- En lugar de una declaración en contra de la nueva misa, que  atenta gravemente contra la majestad de Dios y que por lo tanto es un pecado grave contra el primer mandamiento, se contentan con reconocer su validez bajo ciertas condiciones (cf. párrafo III.7). Se coloca bajo el celemín el hecho de que el Novus Ordo Missae ataca directamente el más grande tesoro de la Iglesia, la fuente de vida sobrenatural que es el Sacrificio del Jefe de la Iglesia, Nuestro Señor Jesucristo.

6.- También está el reconocimiento del Derecho Canónico de 1983, bajo el cual aceptan colocarse. Monseñor Lefebvre dijo que él detestaba ese código emponzoñado con las teorías del Vaticano II. Recordemos el canon 844 que permite la “communicatio in sacris”, compartir los sacramentos entre Católicos y no-Católicos (Cf. párrafo II.8)

En conclusión, este Preámbulo doctrinal nos muestra hasta qué profundidad el Consejo General se ha hundido en el abismo.  Nos confirma la advertencia del Catecismo del Padre Gaudron, que nos previno del grave peligro de la contaminación que implica la frecuentación de las autoridades romanas. (Ver páginas 291 y 294 de la edición de mayo de 2008). ¡Utinam! Que el cielo hubiera querido que el Consejo General hubiera tenido al Catecismo del Ppadre Gaudron como su lectura de cabecera. ¡No estaríamos aquí!