Anexos
Damos aquí
algunos otros textos de autores tomistas que comparten la opinión de
Cayetano y Juan de Santo Tomás: Bañez, los Carmelitas de Salamanca, Billuart y
el P. Garrigou-Lagrange.
Báñez
Domingo Báñez
o Bannez O.P. (1528-1604) es uno de los más ilustres teólogos del siglo 16, la
edad de oro de la teología en España (con Francisco de Vitoria, Domingo de
Soto, Melchor Cano, Bartolomé de Medina y Pedro de Sotomayor).
Báñez es
considerado, a justo título, como uno de los comentadores más profundos y los
más seguros de la doctrina de santo Tomás. Su estilo es claro, sobrio y
vigoroso, sin oscuridad ni falsa elegancia. Su erudición es abundante, sin
ostentación ni sobrecargado. Su poder lógico y su inteligencia de la metafísica
son particularmente remarcables, y en este terreno él sobrepasó a sus maestros
y cofrades más célebres [i].
En su
comentario de la Summa teológica (II-II, p. 1, a. 10), él
defiende la siguiente opinión:
Si el pontífice
supremo cae en la herejía, él no pierde enseguida la dignidad pontifical, antes
de que sea depuesto por la Iglesia.
Él explica
que cierto número de teólogos piensan que el papa convertido en hereje pierde
inmediatamente su poder. Pero la opinión que defiende es la de Cayetano, del
cual resume los argumentos:
1. Los otros
obispos, si se vuelven herejes, conservan su dignidad episcopal hasta que sean
depuestos por el papa. […]
2. Si el
pontífice vuelto hereje está dispuesto a corregirse, no debe ser depuesto, como
lo admiten incluso aquellos que sostienen la opinión contraria, por lo que no
deja de ser papa. […]
Enseguida
examina una objeción contra su tesis, y este es el pasaje más interesante para
nuestro estudio:
Se nos objeta
que el soberano pontífice deja de ser cabeza de la Iglesia desde el momento que
cae en herejía, y por lo tanto deja de ser papa. “Desde que cae en la herejía
deja de ser miembro de la Iglesia y por lo tanto de ser cabeza”.Respondemos
fácilmente a esta objeción con la doctrina que dimos explicando la definición
de la Iglesia. El soberano pontífice no es dicho cabeza de la Iglesia en razón
de su santidad o de su fe, pues no es así que el influye sobre los otros
miembros, sino que es dicho cabeza de la Iglesia en razón de su oficio
ministerial que aspira a gobernar la Iglesia definiendo la verdad,
estableciendo leyes, administrando los sacramentos, todas las cosas que
son ejercidas exteriormente según la jerarquía eclesiástica visible, y por así
decirlo, palpable. Por otra parte, el hecho de que el pontífice, a causa de la
herejía, deje de ser miembro de Cristo porque deja de recibir de Él la
influencia espiritual con miras a su propia santificación, no le impide ser
dicho el miembro principal de la Iglesia, a saber, su cabeza, en cuanto al
gobierno eclesiástico. De la misma manera el jefe del Estado es dicho la cabeza
de la república. Como la noción de miembro es empleada metafóricamente, hemos
dicho anteriormente que puede haber allí diversos puntos de vista de la
metáfora: según un punto de vista [NDLR: la influencia espiritual recibida
de Cristo] el pontífice no es miembro de Cristo o de la Iglesia, y según otro
[NDLR: el poder de gobernar] él es miembro de ella.
Los carmelitas de Salamanca
La
composición del Cursus theologicus salmanticensis se extiende
durante unos setenta años, durante los tres últimos cuartos del siglo 17. Es un
célebre curso de teología compuesto por seis teólogos carmelitas descalzos del
convento San Elías de Salamanca. Este convento fue fundado en 1581, viviendo y
según el consejo de Santa Teresa de Ávila.
Ellos se
preguntan si el papa, en cuanto doctor particular, puede volverse hereje. Ellos
citan algunos autores que piensan que no es posible (Pighi, Belarmino, Suárez),
luego continúan:
La opinión
contraria (que afirma que el soberano pontífice como doctor particular puede
equivocarse, no solamente sobre los objetos secundarios sino incluso sobre las
cosas de la fe, y no solamente un error no culpable proveniente de la
ignorancia o de la negligencia, sino también con pertinacia de suerte que sea
hereje) es mucho más probable (longe probabilior) y más común entre los
teólogos.
Entre las
razones que dan en favor de su opinión, está la siguiente:
