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sábado, 19 de marzo de 2016

SAN JOSÉ, PADRE NUTRICIO DEL SALVADOR, CASTÍSIMO ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA Y PATRONO DE LA SANTA IGLESIA





“¿Quién ignora que San José es entre todos los santos, después de María Santísima, el más apreciado de Dios para impetrar las divi­nas gracias a favor de sus devotos?

Bien nos cumple venerar a San José, a quien el propio Hijo de Dios quiso honrar lla­mándole padre (Orig. Hm.17) Idéntica denomi­nación le dan los Evangelios (Lc.2, 33) y con ese mismo nombre lo designó también la Santísima Virgen (lbid.2,48). Si el Rey de los reyes encumbró, pues, a José a tan elevada honra, justo y debido es que nosotros procure­mos ensalzarlo en cuanto podamos... ¿Qué ángel o qué santo, dice San Basilio, mereció ser llamado padre del Hijo de Dios? ¿Puede darse mayor dignidad ni más encumbrada cel­situd, prosigue diciendo, como la de mandar al que impera sobre todos los reyes? ¡Gran con­fianza debemos colocar en la protección de San José por el señalado amor que le mereció de Dios su eminente santidad!

Y pues siendo María, como aseguran los santos, la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer enriqueciese de ellas a su esposo, a quien tanto amaba y del que era respectivamente amada? Y ¿cuánto no es de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos? ¿Qué llamas de caridad no debemos suponer ardiesen en el pecho de San José por aquel trato continuo que durante tantos años vivió unido al Hijo de Dios?”

(San Alfonso María de Ligorio - Serm. de la festividad de San José).


Acordaos, oh purísimo esposo de María Virgen y protector mío San José, que jamás se ha oído decir que habiendo alguno invocado tu protección y pedido tu ayuda, no haya sido consolado. Con esta confianza vengo a tu pre­sencia y me encomiendo fervorosamente a ti ¡Oh! no desprecies mi oración, oh Padre virgi­nal del Redentor, sino recíbela piadosamente. Amen.


sábado, 20 de junio de 2015

QUAMQUAM PLURIES – SOBRE EL ROSARIO Y EL PATROCINIO DE SAN JOSÉ


QUAMQUAM PLURIES
Sobre el Rosario y el patrocinio de San José
Carta encíclica
del Papa León XIII
promulgada el 15 de agosto de 1889





A Nuestros Venerables Hermanos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y otros Ordinarios, en Paz y Unión con la Sede Apostólica.

1.Aunque muchas veces antes Nos hemos dispuesto que se ofrezcan oraciones especiales en el mundo entero, para que las intenciones del Catolicismo puedan ser insistentemente encomendadas a Dios, nadie considerará como motivo de sorpresa que Nos consideremos el momento presente como oportuno para inculcar nuevamente el mismo deber. Durante períodos de tensión y de prueba —sobre todo cuando parece en los hechos que toda ausencia de ley es permitida a los poderes de la oscuridad— ha sido costumbre en la Iglesia suplicar con especial fervor y perseverancia a Dios, su autor y protector, recurriendo a la intercesión de los santos —y sobre todo de la Santísima Virgen María, Madre de Dios— cuya tutela ha sido siempre muy eficaz. El fruto de esas piadosas oraciones y de la confianza puesta en la bondad divina, ha sido siempre, tarde o temprano, hecha patente. Ahora, Venerables Hermanos, ustedes conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad. Estas cosas son, en efecto, tan notorias que no hace falta que nos extendamos acerca de las profundidades en las que se ha hundido la sociedad contemporánea, o acerca de los proyectos que hoy agitan las mentes de los hombres. Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar la asistencia del poder divino.

2. Este es el motivo por el que Nos hemos considerado necesario dirigirnos al pueblo cristiano y exhortarlo a implorar, con mayor celo y constancia, el auxilio de Dios Todopoderoso. Estando próximos al mes de octubre, que hemos consagrado a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, Nos exhortamos encarecidamente a los fieles a que participen de las actividades de este mes, si es posible, con aun mayor piedad y constancia que hasta ahora. Sabemos que tenemos una ayuda segura en la maternal bondad de la Virgen, y estamos seguros de que jamás pondremos en vano nuestra confianza en ella. Si, en innumerables ocasiones, ella ha mostrado su poder en auxilio del mundo cristiano, ¿por qué habríamos de dudar de que ahora renueve la asistencia de su poder y favor, si en todas partes se le ofrecen humildes y constantes plegarias? No, por el contrario creemos en que su intervención será de lo más extraordinaria, al habernos permitido elevarle nuestras plegarias, por tan largo tiempo, con súplicas tan especiales. Pero Nos tenemos en mente otro objeto, en el cual, de acuerdo con lo acostumbrado en ustedes, Venerables Hermanos, avanzarán con fervor. Para que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en auxilio de Su Iglesia, Nos juzgamos de profunda utilidad para el pueblo cristiano, invocar continuamente con gran piedad y confianza, junto con la Virgen-Madre de Dios, su casta Esposa, a San José; y tenemos plena seguridad de que esto será del mayor agrado de la Virgen misma. Con respecto a esta devoción, de la cual Nos hablamos públicamente por primera vez el día de hoy, sabemos sin duda que no sólo el pueblo se inclina a ella, sino que de hecho ya se encuentra establecida, y que avanza hacia su pleno desarrollo. Hemos visto la devoción a San José, que en el pasado han desarrollado y gradualmente incrementado los Romanos Pontífices, crecer a mayores proporciones en nuestro tiempo, particularmente después que Pío IX, de feliz memoria, nuestro predecesor, proclamase, dando su consentimiento al pedido de un gran número de obispos, a este santo patriarca como el Patrono de la Iglesia Católica. Y puesto que, más aún, es de gran importancia que la devoción a San José se introduzca en las diarias prácticas de piedad de los católicos, Nos deseamos exhortar a ello al pueblo cristiano por medio de nuestras palabras y nuestra autoridad.

3. Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria.
Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la beatísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. El se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propio padres.
De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús.
Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

4. Ustedes comprenden bien, Venerables Hermanos, que estas consideraciones se encuentran confirmadas por la opinión sostenida por un gran número de los Padres, y que la sagrada liturgia reafirma, que el José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero por su gloria prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. Y ciertamente, más allá del hecho de haber recibido el mismo nombre —un punto cuya relevancia no ha sido jamás negada— , ustedes conocen bien las semejanzas que existen entre ellos; principalmente, que el primer José se ganó el favor y la especial benevolencia de su maestro, y que gracias a la administración de José su familia alcanzó la prosperidad y la riqueza; que —todavía más importante— presidió sobre el reino con gran poder, y, en un momento en que las cosechas fracasaron, proveyó por todas las necesidades de los egipcios con tanta sabiduría que el Rey decretó para él el título de "Salvador del mundo". Por esto es que Nos podemos prefigurar al nuevo en el antiguo patriarca. Y así como el primero fue causa de la prosperidad de los intereses domésticos de su amo y al vez brindó grandes servicio al reino entero, así también el segundo, destinado a ser el custodio de la religión cristiana, debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse a la confianza y tutela del bienaventurado José.
Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad virginal. Los nobles de nacimiento aprenderán de José como custodiar su dignidad incluso en las desgracias; los ricos entenderán, por sus lecciones, cuáles son los bienes que han de ser deseados y obtenidos con el precio de su trabajo. En cuanto a los trabajadores, artesanos y personas de menor grado, su recurso a San José es un derecho especial, y su ejemplo está para su particular imitación. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo.

5. Por medio de estas consideraciones, los pobres y aquellos que viven con el trabajo de sus manos han de ser de buen corazón y aprender a ser justos. Si ganan el derecho de dejar la pobreza y adquirir un mejor nivel por medios legítimos, que la razón y la justicia los sostengan para cambiar el orden establecido, en primer instancia, para ellos por la Providencia de Dios. Pero el recurso a la fuerza y a las querellas por caminos de sedición para obtener tales fines son locuras que sólo agravan el mal que intentan suprimir. Que los pobres, entonces, si han de ser sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino más bien en el ejemplo y patrocinio del bienaventurado José, y en la maternal caridad de la Iglesia, que cada día tiene mayor compasión de ellos.

6. Es por esto que —confiando mucho en su celo y autoridad episcopal, Venerables hermanos, y sin dudar que los fieles buenos y piadosos irán más allá de la mera letra de la ley— disponemos que durante todo el mes de octubre, durante el rezo del Rosario, sobre el cual ya hemos legislado, se añada una oración a San José, cuya fórmula será enviada junto con la presente, y que esta costumbre sea repetida todos los años. A quienes reciten esta oración, les concedemos cada vez una indulgencia de siete años y siete cuaresmas. Es una práctica saludable y verdaderamente laudable, ya establecida en algunos países, consagrar el mes de marzo al honor del santo Patriarca por medio de diarios ejercicios de piedad. Donde esta costumbre no sea fácil de establecer, es al menos deseable, que antes del día de fiesta, en la iglesia principal de cada parroquia, se celebre un triduo de oración. En aquellas tierras donde el 19 de marzo —fiesta de San José— no es una festividad obligatoria, Nos exhortamos a los fieles a santificarla en cuanto sea posible por medio de prácticas privadas de piedad, en honor de su celestial patrono, como si fuera un día de obligación.

7. Como prenda de celestiales favores, y en testimonio de nuestra buena voluntad, impartimos muy afectuosamente en el Señor, a ustedes, Venerables Hermanos, a su clero y a su pueblo, la bendición apostólica.

Dado en el Vaticano, el 15 de agosto de 1889, undécimo año de nuestro pontificado.

  

viernes, 1 de mayo de 2015

1° DE MAYO: FIESTA DE SAN JOSÉ ARTESANO







1. Después de Jesús y María, San José ha de ser el Santo más honrado y amado de nuestro corazón, porque lo fue de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
2. El Patriarca San José es un Santo sin igual y el más honrado y amado de Dios, porque es padre virginal de Jesús, Hijo de Dios y verdadero Esposo de María, Madre de Dios.
3. Es Ayo de Jesús, tesorero y dispensador de las gracias del Rey de la gloria.
4. Es Provisor de la gran familia cristiana y Patrón de la Iglesia Universal. (Pio IX, 8 de diciembre de 1870).
5. San José es guía del Gobernador de cielos y tierra, y preceptor del Niño Jesús, Sabiduría encarnada.
6. En el cielo Jesús hace cuanto le pide su Padre virginal San José. (Santa Teresa).
7. San José es Maestro de oración y de conocimiento y unión íntima con Jesús.
8. Jamás pedí cosa por intercesión de San José que no la haya alcanzado (Santa Teresa).
9. San José, tengo experiencia, socorre en toda necesidad; todos los años en su día le pedí alguna gracia y siempre la vi cumplida (Santa Teresa)
10. Quien no tenga maestro que le enseñe oración, tome a San José por maestro y no errará el camino. (Santa Teresa).
11. San José alcanza una buena muerte a todos sus devotos.
12. Querría ver a todo el mundo devoto de mi Padre y Señor San José. (Santa Teresa)
13. No he conocido persona que de veras sea devota de San José y le haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud. (Santa Teresa).
14. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio del bienaventurado San José, de los peligros que me ha librado, así del cuerpo como del alma.(Santa Teresa).
15. Pruébelo quien no lo creyere, y verá por experiencia cuán gran bien es encomendarse a este glorioso Patriarca San José y tenerle devoción. (Santa Teresa)


CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

Incomparable Patriarca San José, el más digno entre todos los Santos de ser venerado, amado e invocado, tanto por la excelencia de vuestras virtudes, como por el mérito de vuestra dignidad, sublimidad de vuestra gloria y el poder de vuestra intercesión.

En presencia de Cristo Jesús, que os ha obedecido como Padre, y de María Inmaculada, que os ha servido como a Esposo, yo os elijo por mi abogado, por mi Protector y mi padre en todo peligro y necesidad. Me obligo a no olvidarme nunca de Vos, a honraros y extender vuestra devoción y culto todos los días de mi vida. Os suplico con todas las veras de mi corazón, oh mi amadísimo Padre y Señor mío San José, que me recibáis en el número de vuestros hijos. Asistidme en todas mis acciones, y no me abandonéis en la hora decisiva de mi muerte. Amén.
  

sábado, 28 de marzo de 2015

COMENTARIOS ELEISON - NUEVO OBISPO



Número CDII (402)
28 de marzo de 2015

Nuevo Obispo

Mons. Williamson



¡San José, Patrono de la Iglesia, muchas gracias
Por así prolongar los rangos de sus verdaderos obispos!

La consagración del Padre Jean-Michel Faure como obispo en el Monasterio de la Santa Cruz en Brasil la semana pasada fue una ocasión de deleite. El tiempo estaba cálido y seco. El sol brillaba. Los monjes y las Hermanas cercanas del Padre Tomás de Aquino han sobresalido al transformar un garaje de concreto y metal en un santuario digno de la noble liturgia, la cual ellos también habían muy bien preparado. A pesar de la noticia tardía, estuvo presente un grupo de sacerdotes de todas las Américas y de Francia. Una congregación de una centena de almas, también de muchos diferentes países, siguió atentamente la ceremonia de tres horas.

Desde entonces todos los Católicos que ven la necesidad de al menos un obispo más para ayudar a asegurar la supervivencia de una “Tradición Resistente” se han regocijado. La comprehensión que Monseñor Lefebvre tenía de la defensa de la Fe Católica no podía ser dejada por mucho tiempo más dependiendo solamente de un único obispo. Su consagración de los cuatro obispos en 1988 sin el permiso de Roma, por la “Operación Supervivencia” en oposición a la “Operación Suicidio”, tenía que ser prolongada en el siglo 21ero. Disculpas van a todos los Católicos que hubieran amado estar presentes si solamente lo hubieran sabido con suficiente antelación, pero todo tuvo que hacerse para asegurar que la consagración tuviera lugar, lo que incluía una medida de discreción.

Tenía la consagración enemigos poderosos. La Iglesia oficial en Roma reaccionó declarando al consagrante estar “automáticamente excomulgado”, pero tanto como en 1988 esta declaración es falsa, porque según la Ley de la Iglesia quienquiera comete un acto punible no incurre en la penalidad normal, por ejemplo excomunión por consagrar un obispo sin el permiso de Roma, si es que él actuó por necesidad. Eso es sentido común, y ciertamente había necesidad en este caso. En la medida que el mundo se acerca más y más a la Tercera Guerra Mundial, ¿qué individuo en la tierra puede estar seguro de su propia supervivencia?

También, la Fraternidad oficial San Pío X en Menzingen, Suiza, condenó la consagración de Monseñor Faure en una declaración de prensa emitida ese día mismo. Vale la pena notar en ella la admisión de que el consagrante fue excluido de la Fraternidad en el 2012 debido a su “crítica vigorosa” de los contactos de la Fraternidad con Roma en años recientes. Menzingen reclamó por el mayor tiempo posible que el problema era uno de “desobediencia”. Ahora, finalmente Menzingen admite que fue continuamente acusado de "traicionar la obra de Monseñor Lefebvre". Ciertamente, traicionar y destruir.

La propia Roma confirma la traición. Al día siguiente de la consagración, Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, además de declarar la inexistente “excomunión”, continuó diciendo Varias reuniones (entre Roma y la FSPX) han tenido lugar y más de ellas están planeadas con ciertos prelados (Romanos) para discutir los problemas que todavía necesitan ser clarificados en una relación de confianza”, problemas “doctrinales e internos a la Fraternidad”.

Monseñor Pozzo prosiguió: El Papa está esperando que la Fraternidad se decida a entrar en la Iglesia y nosotros estamos siempre listos con un proyecto canónico conocido (una prelatura personal). Un poquito de tiempo se necesita para que las cosas devengan claras dentro de la Fraternidad y para que Monseñor Fellay obtenga un consenso suficientemente amplio antes de dar este paso.

¿Qué más puede alguien necesitar para ver la inscripción en la pared?

Kyrie eleison.


viernes, 20 de marzo de 2015

SERMON DEL PADRE BRUNO OSB (SUPERIOR DE LA USML EN FRANCIA), SOBRE LA CONSAGRACION EPISCOPAL DE MONSEÑOR FAURE.





EL REGALO DE SAN JOSÉ
  
Nosotros jamás hemos dudado de la generosidad de nuestro buen San José, pero en este 19 de marzo de 2015, estamos especialmente colmados: el regalo de San José es… ¡Un Obispo! En algunas horas, el Padre Jean-Michael Faure se habrá convertido en Monseñor Faure, consagrado por Monseñor Williamson. Esta misa es celebrada por la intención del feliz elegido. La ceremonia de consagración comenzará a las 9:00 horas de Brasil, que son las 13:00 de nuestro horario. Yo debería estar allí en este momento, pero debí renunciar a este viaje. El Padre Emmanuel-Marie representa a la comunidad de los dominicos, el Padre Pivert a la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre.

Esta consagración estaba prevista desde hace mucho tiempo, pero permaneció en secreto casi hasta el último momento para evitar el desencadenamiento de los medios de comunicación y de otros enemigos de la Iglesia y de Mons. Williamson, que hubieran podido tratar de evitar esta ceremonia.

La consagración se llevará a cabo en el monasterio benedictino de la Santa Cruz en Brasil. Su Superior, el Padre Tomás de Aquino, es un veterano en la lucha contra el acuerdo: él tuvo que separarse sucesivamente de Barroux en 1988, de Campos en 2002 y de la Fraternidad en 2012. Es una gracia para él y su comunidad que esta ceremonia se haya llevado a cabo en la Santa Cruz. Después de Misa les entregaré su texto “¿Por qué una Consagración en 2015?”.

También les entregaré un documento del Padre Faure, que data de septiembre de 2013, pero que conserva todo su interés: “El Capitán del Titanic nos va a hundir”. Pequeño paréntesis: El naufragio del Titanic se produjo en la noche del 14 al 15 de abril de 1912. El barco chocó contra un iceberg la noche del 14 de abril a las 23:45 hrs, y se hundió hacia las 2 de la mañana del 15 de abril. En 2012, cien años día a día después del naufragio, tuvo lugar la respuesta de Mons. Fellay a los tres obispos, el 14 de abril, y la desastrosa Declaración Doctrinal el 15 de abril…

Algunas palabras sobre el Padre Faure: Tiene 73 años (cumplirá 74 en agosto). Es un pie-negro, que conoció la tragedia de los años 60-62. El buen Dios lo preparaba así para el combate de la hora presente: el Padre Faure sabe por experiencia (¡dolorosa experiencia!) que los jefes pueden traicionar…

Entró en el año ´72 a Econe, fue ordenado en el año ´77. E inmediatamente Mons. Lefebvre le confió la fundación del Distrito de América Latina. Enseguida fue director del seminario de América Latina (La Reja) y Superior del Distrito de México.

Era muy cercano a Mons. Lefebvre, quien le tenía gran confianza. En el ´86, Monseñor quería consagrarlo, él pensaba entonces en tres obispos: El Padre Tissier, el Padre Williamson y el Padre Faure. Pero el Padre Faure, por humildad, prefirió no aceptar este cargo y propuso al Padre De Galarreta… En cuanto al cuarto obispo, fueron los suizos quienes presionaron a Monseñor Lefebvre para tener un obispo suizo. Tal vez Monseñor no tuvo elección y eligió al Padre Fellay. (Cuando se haga el proceso de canonización de Mons. Lefebvre, el abogado del diablo tendrá por lo menos una cosa que decir: que Monseñor cedió a las presiones de los suizos, con las consecuencias que todos conocemos hoy…)

jueves, 19 de marzo de 2015

SAN JOSÉ



SAN JOSÉ
Esposo de la Santísima Virgen María
Patrono de la Iglesia Universal
Patrono de los trabajadores


San José es el hombre del silencio; es la oscuridad, es la noche. Pero también la noche tiene su belleza, una belleza solemne, que recoge nuestro espíritu y le aquieta y le levanta y le mece en el reposo y abre para él los horizontes infinitos del trasmundo. Esto mismo nos acontece con esta figura sagrada de la hagiografía evangélica, con este hombre admirable envuelto en la densidad de las sombras. De otros hombres que el mundo llama grandes, la Historia ha recogido el recuerdo, los hechos, las palabras, el retrato, los triunfos y los fracasos. De San José sólo se nos dice esta frase: «Era un hombre justo.» El elogio es espléndido; pero aun así, el elogio continúa en la sombra. Para el mundo, su vida es una verdadera noche; oscura, ciertamente, pero a la vez profunda, majestuosa e impresionante. Su grandeza nos conmueve, nos cautiva, nos abruma, y llega un momento en que esta figura se nos presenta con una gracia, con un encanto, que no tienen las grandes figuras históricas. La primera aparición, la fisonomía grave, dulce y tranquila del principio, empieza a revelarnos tesoros de luz; vérnosla rodeada de una aureola divina, de una influencia celeste, y un mundo nuevo aparece a nuestras miradas. Este hombre del silencio es un hombre aparte, aun en medio de los bienaventurados. Él solo forma un mundo en el inmenso sistema de mundos que forma la sociedad de los elegidos. Si alguna cosa puede darnos una idea de su alma, sería el océano, donde no se ven las riberas, o firmamento, que no las tiene.

A pesar de todo, la oscuridad fue el destino de su vida, una oscuridad fecunda en tesoros de humildad, de abnegación, de sacrificio; es decir, en tesoros de generosidad, de amor y de santidad. Era de estirpe real, descendía del más famoso, del más popular de los héroes de Israel, y, sin embargo, nadie sabe de él; vive lejos de la tierra que es la cuna de sus mayores, en una ciudad pequeña y tan desacreditada, que se decía con burla: «¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?» Y allí no es más que un pobre carpintero; un carpintero demasiado honrado, para no tener algún prestigio entre sus convecinos; demasiado inofensivo, caritativo y servicial, para no tener algunos amigos. Siempre trabajando mucho para ganar poco, para vivir, no en la miseria, pero sí en la estrechez. No regatea con los que vienen a encargarle una mesa, una silla, una ventana; no amenaza ni persigue a los deudores, siempre remolones; no es un hombre hábil para los negocios de la tierra. Todo lo contrario, confía demasiado en la probidad, en la buena fe de los demás, y muchas veces es víctima de la malicia y del engaño. Con tal de ganar lo suficiente para que Jesús y María no sufran, está contento. No es posible imaginarle escondiendo los siclos y las dracmas debajo de un ladrillo, aunque, como buen padre de familia, sabe pensar en el día de mañana. Por lo demás, no es nada en aquella villa de Nazaret, que era tan poca cosa. Ni tiene autoridad entre el vecindario, ni se distingue por sus conocimientos; a lo más, como es bueno y discreto, las gentes vienen a pedirle un consejo ó una palabra de apoyo en sus tristezas. Pero esta oscuridad, si es que piensa en ella, es su mayor alegría, una fuente de goce para su espíritu, el reposo de su alma, enamorada del silencio.

martes, 18 de marzo de 2014

SAN JOSÉ






Leonardo Castellani

HIJO, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo te estábamos buscando con angustia1.

El Justo.
Esposo de la Madre de Dios.
Padre adoptivo del Redentor.
Lugarteniente de Dios Padre.
Patrono de la Iglesia Universal.
Abogado de una Buena Muerte.
Defensor de todos los Obreros.
Modelo de todos los Padres de familia,

y al mismo tiempo el Santo de quien menos se sabe, el más humilde y escondido, como una estrella que hay en el cielo tan al lado del Sol que nadie ha visto.
La Escritura dice de San José una sola palabra: que era justo, lo cual en el lenguaje de la Escritura significa santo, perfecto, cabal. Es tan grande la virtud de la justicia.
Una virtud perfecta presupone todas: muchos distinguen en alguna virtud, no hay hombre que no tenga alguna: generoso, leal, compasivo, recto, valiente, franco, piadoso, religioso, sobrio... Pero hay quie­nes son compasivos y débiles, generosos e incontinentes, fuertes y or­gullosos, humildes y pusilánimes.
Las tres virtudes que resplandecen en lo que el Evangelio nos narra de San José son la castidad, el trabajo y la oración.
La castidad en el pasaje de San Lucas que cuenta la Anunciación de Nuestra Señora, donde se deduce que San José había ofrecido a Dios su castidad perpetua prenunciando así lo que había de ser des­pués el estado religioso.
El trabajo humilde y oscuro: “¿Acaso no es este el hijo del carpinte­ro?”.
La oración de San José está en las dos moniciones del ángel, la de recibir a su esposa 2 y la de huir a Egipto 3.
La narración de San Lucas es un pasaje delicadísimo. Lucas nos presenta de golpe las cosas ya hechas: una doncella prometida, el anun­cio de que va a ser Madre del Mesías. La respuesta de María: “No co­nozco varón” ni lo conoceré nunca. “No importa”, dice el ángel: “será un milagro”. El milagro será la realización de la profecía de Isaías al rey Acaz: “El Señor mismo os dará una señal: he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” 4.
La virgen consiente. Ese consentimiento es un poema de alabanza a San José, porque supone que los dos jóvenes habían hecho jura­mento de castidad. San José había aceptado casarse con María y vivir con ella como hermano y hermana. La virgen tenía plena confianza en la fidelidad de San José.
El Espíritu Santo había inspirado a estos dos jóvenes esa actitud tan insólita en las costumbres de Israel. San José era joven, por lo me­nos relativamente, pues su misión era proteger y criar a Jesús durante treinta años. El matrimonio virginal de San José y la virgen fue matri­monio válido y no fingimiento porque lo que constituye al sacramento del matrimonio no es la unión conyugal propiamente sino el consenti­miento de la voluntad ante el sacerdote. Porque el hombre es un cuer­po y es antes de todo una voluntad.
San José es así ejemplo de una de las virtudes más necesarias de nuestros tiempos perturbados. La castidad significa el dominio del hombre sobre los propios apetitos, aun los más violentos, el respeto a la propia dignidad y al honor ajeno, la limpieza y decoro delante de Dios y delante de los hombres. Perdida esta virtud, trae como conse­cuencia toda clase de terribles castigos; y el mundo moderno lo sabe perfectamente porque a un especial desenfreno de impureza, vemos cuántas plagas, desórdenes y catástrofes siguen. Sois vasos del Espíritu Santo, Dios mora en vosotros, sois miembros de Cristo, no ensuciéis vuestros cuerpos con torpezas, nos dice San Pablo.
El Trabajo. San José fue encargado de una de las misiones más grandes del mundo. Personaje importantísimo. Nos asombramos ante la misión de un Colón, de un San Martín, de un Dus... San José es el eje sobre el que gira la redención -el mayor de los santos fuera de la madre de Dios- y mirad cómo son las vías de Dios: trabajo el más os­curo, humilde, insignificante. Trabajo manual rudo toda la vida. Pero, ¿cómo? ¿Vos, oh, San José, sois padre del Mesías, mandáis al Verbo de Dios, tenéis en vuestra casa a la esperanza de toda la humanidad y estáis haciendo arados, manceras, vigas, puertas, postigos, batientes, ataúdes...
No se puede decir que el mundo moderno no trabaje; trabaja quizá demasiado, pero trabaja mal. Ha robado al trabajo su sello divino y humano y ese es quizá al peor crimen de nuestra época, trabajo de bestias, trabajo de esclavos, máquinas, enfermos enloquecidos... Tra­bajan los pobres explotados por algunos ricos; trabajan ricos esclaviza­dos al dios cruel del Lucro de la Avaricia, del más tengo más quiero; y al dios estúpido del placer frívolo y la diversión incesante que los trae con fiebre continua y se llama Vida Social, Figuración, Vida Mundana. Y sobre este mundo que ha olvidado la dignidad humana y cristiana del trabajo planea la más grande de las revoluciones de la historia.
La Oración. La oración es necesaria. El mundo moderno anda perturbado porque ha perdido el contacto con Dios. Anda ciego detrás del Placer o del Oro porque no ve ni conoce más a Dios. La oración es necesaria al ser humano. El niño necesita de sus padres para poder llegar a su estado perfecto, a ser adulto. El hombre necesita de Dios para llegar a su Ultimo Fin que es el mismo Dios. Representaos el estado de un hombre sin oración como el estado de un niño sin sus padres, y en medio de un bosque. La oración es necesaria para la salvación. Sin oración no hay salvación. El cielo nos lo da Dios. Nos lo da por nuestras buenas obras, pero nos lo da. “Pedid y recibiréis”. Y nuestras bue­nas obras nos las da Dios. “Sin mí nada podéis”.
Por eso la Iglesia nos manda a hacer oraciones vocales, asistir a la misa dominical y a ciertas solemnidades.
San José hablaba con Dios continuamente y penetraba las pala­bras de Jesús. ¿Por qué murió antes de la predicación de Jesús? Por­que no la necesitaba. ¿Y por qué la Virgen? Porque Jesús necesitaba de ella. La contemplación de los santos, San Ignacio, Santa Teresa, es nada el lado de la de San José.
Se ora poco en el mundo. A Dios gracias hay santas almas que oran por otras. Pero las naciones no oran, porque en ellas ha triunfado el liberalismo. Y bien, he aquí que las naciones se derrumban. “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si el Señor no guarda la ciudad, el centinela vigila en vano”. Las guerras son efectos de los pecados. Dice De Maistre que cuando los pecados; ciertos pecados se acumulan, estalla la guerra:

1o: los vicios nefandos
2o: la explotación del pobre, claman al cielo.

Un mundo muere. Que se salve. Y nosotros morimos. La muerte, que tenemos tan olvidada, hecho trascendental para el hombre. Pa­trón de la buena muerte, salvadnos. Enséñanos a mirar la muerte sin horror y sin desesperación haciendo que nuestra alma penetre, como la tuya, el Misterio Grande de Jesús y de María.


Revista Gladius 52 – Año 2001

1 Lc. 2, 48.
2 Mt 1, 20-21.
3 Mt 2,13-14.
4 Isaías 7, 14.


lunes, 9 de diciembre de 2013

¡EXCELENTES NOTICIAS DE LAS CARMELITAS DE BRILON-WALD!





BOLETÍN DE NOVIEMBRE, 2013.

“¡Te Deum laudamus!”


Terminando el año queremos relatar las respuestas a nuestras oraciones, a través de las cuales terminamos en nuestro nuevo Monasterio, donde estamos muy felices y todavía más cerca de Nuestra Señora y por lo tanto, más íntimamente conectadas con ustedes.

Todo empezó y terminó especialmente por la gracia de nuestra Madre Celestial y Reina:

Nunca nos hubiéramos atrevido a aventurarnos en un futuro tan incierto, si no hubiera sido por los actos específicos de consagración a Ella (13 de Mayo de 2011, 25 de Marzo de 2012), lo que nos dio la luz y fortaleza necesarias.

Una vez tomada la decisión de que era necesario mudarnos, empezamos a buscar una propiedad adecuada en Bavaria, especialmente en la región de Allgäu. Ofrecimos oraciones íntimas a Nuestra Señora, especialmente bajo la advocación de “Nuestra Señora del Buen Suceso”. También rezamos diariamente a nuestro buen Padre San José para pedirle ayuda. Para hacer que lo imposible sucediera, le prometimos varios servicios si él lograba que, a finales de este año y antes del invierno, encontrábamos una casa a la cual mudarnos. Una de las promesas fue que cada año, en dos de sus fiestas (en el Carmelo hay tres grandes Días de Fiesta para San José) haríamos una procesión solemne en su honor. Una hermana expresó su preocupación de que tal vez no podríamos mantener nuestra promesa si la casa encontrada no tuviera  Claustro para llevar a cabo adecuadamente las procesiones. Las otras hermanas contestaron: ¿No crees que San José pueda darnos no solo un monasterio sino también un Claustro? Y la promesa se mantuvo.

En el verano no había señal de que nuestras oraciones hubieran sido contestadas. Entonces las hermanas pensaron en nuevos acuerdos con los habitantes celestiales. Una hermana, que le tiene una devoción especial a San Antonio, fue a ver a la Reverenda Madre para preguntarle: “Madre, ¿qué le puedo prometer a San Antonio para que nos ayude a encontrar una casa?” Nuestra Reverenda Madre pensó por un momento y le contestó espontáneamente: “30 Misas para las pobres almas”. Toda la comunidad se emocionó. La condición fue entonces clara: Para el 15 de Agosto, fiesta de la Asunción, teníamos que haber encontrado la casa y haber recibido los medios para comprarla. Una hermana añadió una promesa privada mantener un año una devoción en beneficio de las almas del purgatorio si esta condición se realizaba. Inicialmente, queríamos esperar hasta el 15 de agosto para cumplir con nuestra promesa, pero entonces adelantamos nuestros estipendios para las Misas para que el “acuerdo” estuviera realizado por nuestra parte.

Desde el primer momento, hubiéramos elegido una peregrinación al Santuario Mariano de nuestra futura casa, pero permanecimos en silencio al respecto pues queríamos ser dirigidas por la Providencia. Solamente una vez, nuestra Reverenda Madre mencionó Altötting a la persona que nos ayudaba a buscar, pero rápidamente se interrumpió diciendo: “No, no es nada”. Después de muchos intentos fallidos, todavía no teníamos nada a finales de junio.

A pesar de todos los intentos fallidos en todo Bavaria (algunos lugares ya habían sido visitados) pues tenían algún inconveniente, nuestro intermediario no quería detener la búsqueda.

“Bien”, dijo nuestra Reverenda Madre, “¡entonces primero debe hacer una visita a Nuestra Señora de Altötting y pedirle a Ella, y luego busque allí mismo! En una reacción de protesta para demostrar que nuestras ideas eran ilusorias, de inmediato miró en Internet... y se encontró de inmediato la "Casa de campo con patio, cerca de Altötting"!

La información que se ofrecía era confusa, lo que nos permitió tener esperanzas de que ese inmueble fuera adecuado.

Fue en la fiesta de “María, Mediadora de todas las Gracias”, que se celebra en nuestra Orden en Julio, cuando dos hermanas fueron a Altötting para inspeccionar la propiedad. La escéptica que externó sus dudas respecto al Claustro, vio con vergüenza y entusiasmo, al entrar a la propiedad, el futuro Claustro. ¡San José pareció saludarla con un guiño de sus ojos!

Ya que la propiedad era muy solicitada, una rápida decisión era necesaria. Alguien fue tan amable de reservarnos la propiedad. Pronto estuvimos decididas a comprarla y realizamos el compromiso verbal –en la fiesta de “María, Madre de Misericordia”. Pero todavía carecíamos del dinero para comprarla. Sin embargo, confiando en Nuestra Señora, en San José, San Antonio, y las Almas del Purgatorio, fijamos la fecha para el 21 de Agosto. La fecha límite era ahora el 15 de agosto. Hasta entonces nos tuvimos que darle tiempo a Nuestra Señora para proporcionarnos el dinero.

Con cada pensamiento para las Ánimas del Purgatorio, siempre recordamos muy intensamente al finado señor Jacob Bichlmeier, a quien le perteneció antiguamente Schnitzlehen. Los herederos de la casa de campo nos dijeron que él siempre tuvo una gran fe. Uno de ellos lo veía frecuentemente arrodillado rezando frente a una hermosa cruz en el patio de su finca. Esta hermosa cruz no la dejaron los herederos –gracias a Dios, pues es apreciada y venerada por almas fervientes- pero varias cruces en las fachadas y en el techo daban testimonio de la piedad practicada aquí. Orar por el descanso del alma de este hombre era una cuestión de honor para nosotras, un hermoso deber que nos dio nuevas esperanzas.

Por la tarde el 15 de Agosto, todavía no recibíamos el dinero necesario, tampoco el 16. ¿Qué pasa? ¿Nos abandonaron nuestros administradores celestiales? Hicimos un último intento para solicitar la cantidad faltante. Y justo antes del término, un Sábado, Sábado de Nuestra Señora, llegaron dos donaciones que nos permitieron viajar para firmar el contrato. La confirmación de ambas donaciones llegó en un día de fiesta de Nuestra Señora: Nuestra Señora de Ransom. En el último momento, nuestra confianza fue premiada: La cantidad correcta llegó en el momento justo para cumplir con el pago. En la fiesta de “María, Madre del Buen Pastor”, el precio fue pagado.

¡Qué lección se oculta en estas dispensaciones de Dios! San José nunca nos da provisiones de antemano. El honor siempre pertenecerá a Dios, a la Virgen y a San José,  también las Almas del Purgatorio  y San Antonio demostraron ser intercesores eficaces - ¡y más aún si esto significa el rescate en el último momento!

Publicamos esta narración de los eventos por otra promesa que hicimos: Que si nuestros pedidos se cumplían, se lo haríamos saber a todos para que Dios sea glorificado.

Ustedes ya conocen el resto de la historia. El 7 de octubre, celebramos el nuevo comienzo con la primera Santa Misa en el Schnitzlehen. Esto no estuvo exento de la mano de Dios: Cuando nuestra Reverenda Madre le sugirió a nuestro Capellán la Fiesta del Santo Rosario como  fecha posible de mudanza, respondió que hasta el 6 de octubre tendría rentada su casa, que previó como su asilo temporal en Altötting, hasta que las habitaciones del Monasterio estuvieran listas para ocuparse.

Nuestros corazones desbordan gratitud. Muchísima gente ha sufrido con nosotros y nos ha apoyado con sus oraciones, nos han ayudado frecuentemente con muchos sacrificios. Nuestra Señora ha guidado maravillosamente los corazones, y sin ustedes nunca habríamos llegado a nuestro objetivo. Cuando se considera el valor de cada uno de los dones, se recuerdan las palabras de Nuestro Señor, “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10,42), por tanto ustedes esperen una gran recompensa en la eternidad y en esta vida. Con cada una de sus oraciones, todas sus intenciones estarán presentes ante nuestro Dios y nuestra Reina del Carmelo. Que estos lazos permanezcan, es lo que pedimos fervientemente para el futuro. Les haremos llegar nuestras noticias de cómo va nuestro Monasterio. Queremos que se sintonicen en nuestro himno de acción de gracias al final del año, en un eterno “Te Deum laudamus –Dios Santísimo, alabamos vuestro Nombre”.

Sus hermanas de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

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