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jueves, 5 de noviembre de 2020

TAPABOCAS

 



“El agua es fresca y deseable. Deseable también el vino puro. Pero hago de la mezcla un brebaje para castrados”.

Saint-Exupéry

 

lunes, 31 de julio de 2017

31 DE JULIO - SAN IGNACIO DE LOYOLA


San Ignacio de Loyola + Roma, 31 de julio 1556


La batalla es dura
pero con San Ignacio
la victoria es segura.



“He venido a poner fuego a la tierra: ¿y qué quiero sino que arda?”
Lc. 12,49.


miércoles, 7 de junio de 2017

LEONARDO CASTELLANI, DEFENSOR DE LA TRADICIÓN



"Desde aquel reportaje en una revista porteña de gran difusión por los años 70 donde señala a Monseñor Lefebvre como la guía de la Iglesia hacia la correcta dirección, la generalidad del episcopado argentino terminó de defenestrar a Castellani o de meter su obra en el agujero negro de la conspiración del silencio".


sábado, 2 de julio de 2016

“LA GRACIA DE LA PERSECUCIÓN”





“Ello sucedió allá por los años de 18**, cuando en cierta parte del mundo amenazaba a la Compañía una de esas crueles persecuciones que le dejó por heren­cia su santo Padre Ignacio; aquel varón insigne que si no hubiera subido a los altares por su santidad mara­villosa, hubiese alcanzado la gloria de las estatuas por su exquisita prudencia. Comprendía bien el ilustre guipuzcoano que nada enerva tanto las fuerzas morales como la prosperidad; que para levantarse el hombre a toda su pujanza requiere ser sepultado a tiempo bajo los rigores de lo adverso, y que presto pierde el sol­dado sus hábitos guerreros, si la paz llega a enmohe­cer las arrinconadas armas.
Por eso corre entre los jesuitas como tradición fidedigna, que un día encontró el Padre Ribadeneira a San Ignacio entregado a inusitado gozo; manifestóle su extrañeza con sencilla confianza, preguntándole el motivo de su particular contento.
—Regocijaos, conmigo, Pedro —respondió el san­to—, por hoy me ha prometido el Señor lo que con tantas lágrimas le he pedido... Que la gracia de la persecución jamás faltará a la Compañía”.


P. Luis Coloma, S.J., “Pinceladas del natural, “El Mensajero del Corazón de Jesús”, Bilbao, 1920.

jueves, 12 de noviembre de 2015

SOBRE EL VERDADERO CONCEPTO DE OBEDIENCIA - PADRE CASTELLANI






–L. Castellani, El ruiseñor fusilado, cap. 7: Digresión sobre la obediencia–

* Nota: reproducimos el excelente texto del P. Castellani con ocasión de algunos gravísimos errores que corren y corren por la web, deformando gravemente las conciencias y causando estragos en las almas. La advertencia de cualquier semejanza con alguna realidad cercana que el estimado lector pueda apreciar, queda sujeta a la capacidad de discernimiento del lector y en última instancia es responsabilidad del autor –que se consideraba a sí mismo un “signo”, para las futuras víctimas del fariseísmo–.


       
La “santa obediencia” es una gran virtud. Pertenece al género de las virtudes morales, que se discute si en el cristianismo son infusas o no son infusas; y a la especie de la virtud de la “Religión”; al cuarto mandamiento, Primera Tabla; deberes para con Dios, y no para con el prójimo: los padres representan a Dios.

Ninguna fuerza de este mundo será capaz de quitar a Jacinto Verdaguer el sambenito de “desobediente”, que le cuelga incluso la Enciclopedia Espasa. Pero hay desobedientes y desobedientes.

No hay que confundir la obediencia con la paciencia. Tener que hacer cosas absurdas por fuerza, no es obediencia sino paciencia. Y si se acaba la paciencia (porque la paciencia se acaba, algunas veces depende incluso de las fuerzas físicas), surge una singular especie de “desobediente”.

De la santa obediencia (del poder de hacerse obedecer) se puede abusar, como de cualquier otra cosa. Si no existieran hoy día abusos, no solamente históricos (como nos consta), sino también teóricos de la santa obediencia, no nos meteríamos en este espinoso tema.

“¡Calla, calla, tapa, tapa!” Hay tiempos de callar y tiempos de hablar. O somos o no somos teólogos… periodistas.

Es conocida y famosa en la literatura ascética la Carta de la Obediencia, de San Ignacio de Loyola. Es una especie de tratadito apologético de esta virtud a los Estudiantes Jesuitas de Coimbra, impregnada de una vehemente exhortación. Escrita por Luis de Polanco, género retórico, sin errores teológicos, por supuesto, pero sin la teología completa de esta virtud; la cual no era su fin, desde luego. No es un escrito “científico”, sino oratorio, exhortatorio.

Con ejemplos, ponderaciones y discursos trata de la excelencia de esta virtud, a la cual llama “ciega”: y da medios para practicarla. No esta aquí la decantada frase perinde ac cadaver, aunque sí la comparación con el bastón de hombre viejo, de tanta menta. Dice que la obediencia es una virtud que trae consigo a las otras, las imprime y las conserva; que el que la posee a la perfección está en estado de perfección evangélica; que se apoya en la virtud teologal de la fe y se le parece. Todo esto es verdad incontestable.

Mas la “carta” no define el fin específico de la virtud de la obediencia, su esencia filosófica, ni su dependencia de las otras virtudes. Apunta sí de paso, sin explicarlos nada, sus topes extremos, que son el absurdo y el pecado; vale decir: no se puede obedecer en lo que es ilícito; y no puede haber “obediencia de entendimiento” delante de algo manifiestamente falso.

Notemos de paso que la expresión “obediencia de entendimiento” es metafórica y no exacta. La obediencia es una virtud de la voluntad y su sujeto no puede ser el entendimiento. “Obediencia de entendimiento” sólo puede significar obediencia en la que (por justas razones o sin ellas) suspende el ejercicio del entendimiento. En suma, la voluntad puede hacernos cerrar los ojos; pero no puede hacer que veamos árboles azules o ranas con pelos, a ojos vistas.

No es necesaria ni es posible esta carta (mediocre y tosca en su teología, pero correcta en puridad) para explicar los abusos actuales de la santa obediencia, a que nos referimos arriba: basta para ello la pícara condición humana, y el apetito de mandar, tan fuerte en el hombre como los otros apetitos; y aún más fuerte a veces en los que han renunciado (mal) a otros apetitos ‒en virtud de la “ley de compensacion”. Hay casos en que la perra de la lujuria. echada por la puerta, vuelve sigilosamente por la ventana…

viernes, 28 de agosto de 2015

LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE





“Quien llamara evangélicos a los herejes, convendría que pagase alguna multa, para que no se goce el Demonio de que los enemigos del Evangelio y Cruz de Cristo, toman un nombre contrario a sus obras; porque a los herejes se los ha de llamar por su nombre, para que dé horror hasta el nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud”.


San Ignacio de Loyola, Carta a San Pedro Canisio, 13 de agosto de 1554.



viernes, 31 de julio de 2015

FIESTA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA



Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me disteis, A Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed todo a vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que con ésta me basta.



Sermón del Padre Castellani.

 



 Opera "San Ignacio de Loyola" (ca.1755) de Domenico Zipoli (1688-1726), Martin Schmid (1694-1772) e Indios Chiquitanos.



Descubierta a comienzos de la última década del siglo XX, de la ópera de San Ignacio se encontraron dos copias: una en los archivos de Chiquitos (Santa Ana, Chiquitos-Bolivia), y otra en la Misión de San Ignacio en la provincia de Moxos (Bolivia). La partitura fue restaurada y transcrita por el musicólogo Bernardo Illari.

La ópera de San Ignacio de Loyola es una de las tres obras dramáticas que se conservan en los archivos de las antiguas misiones jesuíticas de América. Compuesta entre 1717 y 1726, su creación se atribuye al jesuita toscano Domenico Zipoli (Prato, 1688-Córdoba, 1726), conjuntamente con el también jesuita suizo Martin Schmid (Baar, 1694-Lucerna, 1772) e indios chiquitanos.

Con texto castellano, de autor desconocido, posee un libreto pedagógicamente eficaz. Los personajes principales son San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y el demonio, quien a pesar de su dudosa seducción (su aspecto es magnífico en su simplicidad y sensualidad), no consigue desviar a los dos santos de su sagrado deber, la evangelización.

Señala el musicólogo Piotr Nawrot que el drama evangelizador, u ópera, como se denominaba a todas las obras escénicas que se ejecutaban en las misiones fue muy popular en la vida de las reducciones jesuíticas y resultó un aporte único al repertorio americano de la ópera en tiempos de la colonia.

Las óperas se representaban en los momentos más significativos del año litúrgico o en ocasión de acontecimientos de importancia política. Su puesta en escena tenía lugar hacia el anochecer, en la plaza mayor, junto al pórtico de la Iglesia o al castillo del estandarte real. Los actores eran los indios mismos y, a menudo, se insertaban elementos del mundo indígena: vestuarios ricos y coloristas adecuados al papel representado, escenografía típica de la zona con arcos de flores y plantas selváticas, frutas tropicales, pájaros de gran colorido y animales salvajes. Esto era inaudito para la época, pero los Jesuitas adelantados a su tiempo integrando a los indígenas y su cultura dentro de las obras musicales, lograron calar y llevar a Dios al corazón de aquellas gentes. 

Domenico Zipoli (1688-1726), fue contemporáneo de Bach, Haendel y de Domenico Scarlatti, difícilmente pueda ser confrontado con ninguno de sus coetáneos. No hay casos iguales en la historia de la música, donde un solicitado músico profesional (Zipoli) renuncia a un seguro camino de éxitos, para ocuparse de la salvación de las almas de los indígenas. El vuelco que dio a su vida al misionar a la provincia jesuítica del Paraguay modificó substancialmente su lenguaje y estética. Las potencialidades que había demostrado al publicar su primera obra, las Sonate d´intavolatura per organo e cimbalo (Roma, 1716), parecieran haberse reducido en gran medida. El proyecto de vida de músico profesional al que se consagró hasta ese momento cambió radicalmente en 1716. Un buen día decidió abandonarlo todo y sumarse a la gesta jesuítica evangelizadora americana. Para la historia de la música, durante más de dos siglos Zipoli el europeo desapareció inmediatamente después de publicar sus Sonate. El otro Zipoli, el americano, volvió a manifestarse en 1933 en los estudios del jesuita Guillermo Furlong primero y del musicólogo uruguayo Lauro Ayertarán hacia 1940. Fue sin embargo otro uruguayo, Francisco Curt Lange, quien sentó las bases del redescubrimiento del músico italo-argentino. En la época que Zipoli vivía en Roma era largamente comentado el esplendor artístico y las nuevas formas de convivencia social y comunitaria en las reducciones de los Guaraníes, los Tupí, Chiquitos y Moxos en la provincia jesuítica del Paraguay: Dadme una orquesta y convertiré toda Sudamérica, fue su consigna. 
(Información proporcionada por Enrique Guerrero)

martes, 25 de noviembre de 2014

SAN IGNACIO Y LA POBREZA





“San Ignacio fundó la compañía para "bautizar lo sociológico", es decir, para hacer en defensa de la Iglesia obras de gran empuje, de largo alcance, y de efecto trascendente, no sólo individual sino colectivo y aun universal, si posible fuere. Para esas obras se necesitan a veces instrumentos materiales poderosos y caros. ¿Cómo conciliar la magnanimidad en pro de la Iglesia con la desnudez total de los pobres de Cristo? San Ignacio concibió hombres tan bien formados que su trabajo fuese innegablemente reconocido como útil a la colectividad donde viviesen, y tan desprendidos que estuviesen prestos a vivir mendigando, en casas tan desinteresadas que no tuviesen ningún bien estable o renta para su manutención, y donde todo fuese como de prestado; pero que fuesen baluartes mantenidos si fuera posible de día en día por esa misma colectividad o "ekklesía" con todo lo necesario a un baluarte: armas y pertrechos de un Colegio, una Universidad o una Casa de Escritores, colaboración hermosa de la liberalidad del laico con el heroísmo del monje. En otra carta estudiaré cómo decayó este ideal de la Casa Profesa, no sólo por causas externas sino por una causa interna, que fue la decadencia de la formación de los NN.
Ahora baste acabar diciendo que ese ideal no debe ser abandonado, que ese esquema de gran estratega espiritual no debe ser renegado, y que su posible restauración y aun su germinal conservación dependen de la pobreza virtud, del muro del desapego espiritual, del materno regazo de esa disposición de ánimo que en los Santos Ejercicios se llama "indiferencia". La cual ruego a Cristo Nuestro Señor me quiera donar a mí completamente antes de que llegue el día oscuro y turbinoso, el día de temporal y de tormenta, en que me fallen todas las casas nuestras, en que no tenga dónde reclinar la cabeza, y en que llenando los deseos de mi R. P. Provincial me vaya de Buenos Aires sin salir de Buenos Aires y tome por última vez el tranvía Lacroze.”

Padre Leonardo Castellani. Sobre la pobreza. Cristo y los fariseos. Ediciones Jauja, Mendoza, 1999.



jueves, 30 de octubre de 2014

SAN IGNACIO DE LOYOLA – POR GIOVANNI PAPINI





1

Es inútil ocultar la verdad: San Ignacio no es po­pular. Entre los mismos católicos muchos lo admiran como a un gran santo pero pocos lo aman.
El pagano Goethe pudo contemplar con agrado la imagen de San Felipe Neri; el protestante Sabatier pudo consagrarse a San Francisco; el ateo Shaw pudo entu­siasmarse por Santa Juana de Arco; pero al creador de la Compañía de Jesús nadie lo acaricia. Aquellos mismos que lo veneran no saben acercarlo con el corazón e ilu­minarlo con la imaginación; algunos lo estiman como político y místico cuando saben, o lo desprecian como el' corifeo de los hipócritas cuando no saben nada de él y de los suyos.
Esta aversión proviene de diversas causas: en pri­mer lugar, como se ha dicho, de la ignorancia; la se­gunda, del odio hacia la Orden que repercute en su fun­dador y también, creo, por el hecho de que ningún ver­dadero escritor, después de Daniel Bartoli, ha empleado su arte para representar la belleza de la vida y del alma de Loyola (1). Pero existe una razón más profunda y menos conocida; esto es, que San Ignacio, por su naturaleza y por la empresa que eligió es, en cierto sentido, el más absolutamente católico de los santos. Los enemigos del Catolicismo, los ausentes de Roma y los católicos tibios (que son los más) se hallan demasiado distantes para comprenderlo plenamente, id est para amarlo.
Entendámonos: entre los santos no existen grados de catolicidad y todos los santos reconocieron y aceptaron la disciplina de la Iglesia y la autoridad del papa. Pero los más, aun conservando siempre una adicta reverencia al jefe visible, consagráronse más bien a la oración, a la predicación de la palabra de Dios, y al consuelo de las miserias del cuerpo y del espíritu. San Ignacio unió más estrechamente estos ejercicios de la santidad con la defensa directa del cuerpo terrestre de Cristo que es la Iglesia. Esta originalidad, que constituyó la fuerza y el éxito de la Compañía, y respondía a la urgente necesidad de la época, es también la razón por la cual aparece tan hosca su alma a los no católicos, atraídos generalmente por los aspectos humanitarios o pintorescos de la santidad, y también a los católicos, los cuales, prefieren y aprecian más a aquel que se desvela en curar las heridas y alimentar al hambriento y no comprenden a aquel que se sacrifica en pro de la conexión necesaria para la salvación de las almas. Ved, para comprender mejor la novedad y el alcance, la sucesión de las grandes Órdenes que de tiempo en tiempo surgieron para salvar, ante la inminencia del peligro, la Fe y la Iglesia.
Los hijos de San Benito eran campesinos contemplativos, mas luego, con el tiempo, convirtiéronse en señores demasiado ricos y poderosos. Surgieron entonces los hijos de San Francisco y de Santo Domingo que fueron los apóstoles mendicantes: pobres entre los pobres. Mas a principio del siglo xv la gran revuelta luterana amenazó, por otra parte, toda forma de monaquismo y de ahí que surgieron los hijos de San Ignacio que fueron maestros y guerreros de acuerdo a las exigencias de los tiempos. Todas estas órdenes se distinguen entre sí por las diversas empresas exigidas por la época, y por los diversos genios de los fundadores. De esta manera, para los Benedictinos la virtud característica era la contemplación; para los Franciscanos la pobreza; para los Jesuitas fue la obediencia. Debían defender y reconquistar; por consiguiente debían convertirse en soldados y no existe ningún regimiento o ejército que pueda mantenerse sin la obediencia. Pero entre todas las virtudes cristianas, la que atañe a la obediencia es, en los tiempos modernos, la más repudiada: y a ello se debe también que la Compañía Ignaciana aparezca tan opuesta al encarnizado espíritu de rebelión de los últimos siglos y sea, por esta razón, tan impopular.
Sin embargo la obediencia, para un cristiano consciente, tiene tantos derechos a la absoluta admiración como la castidad y la oración: el pecado original, aun siendo soberbia en la sustancia, manifestóse como desobediencia. Quien quiera volver a la perfección de Adán en su inocencia, ha de hacer desaparecer de sí toda resistencia a la divina voluntad y a los que hacen sus veces.
“Renunciar a la propia voluntad — escribió San Ignacio—, tiene más mérito que resucitar a los muertos...” Palabras que parecen blasfemias a la gazmoñería luterana que también hoy oscurece el entendimiento de las semibestias modernas, pero palabras muy profundas, puesto que la voluntad propia significa casi siempre, egoísmo, orgullo, es decir, la quintaesencia de todo delito de lesa divinidad. El famoso perinde ac cadaver no es más que una imagen violenta, de las que acostumbran los genios, para significar que hemos de extirpar de nosotros el Adán carnal y soberbio, para que nuestro espíritu logre una mayor vitalidad y una mayor disposición al trabajo necesario. Pero es así: cuando Epicteto habla del hombre como de un alma apocada que se arrastra tras un cadáver, todos los espíritus fuertes, los filósofos desamorados y falsificados exultan y aplauden; si un santo habla de “cadáver” estos mismos jumentos antropocéfalos se horrorizan y protestan.
Pero esta absoluta obediencia que quiso e impuso San Ignacio era muy necesaria, entonces, por graves razones, si bien contingentes. La Iglesia, a principios del siglo xv, fue asaltada, asediada y desmembrada como nunca: había necesidad, más que de orates y de mendicantes, de soldados. El heroico oficial de Pamplona fue la respuesta victoriosa de la España romana a la Alemania herética y separatista: el Antilutero.


2

En el mismo año de la Dieta de Worms (1521), cuando perdióse la esperanza de una posible retractación del frenético agustino cuyos librejos venenosos fueron quemados por orden de Carlos V, un audaz caballero vasco, herido en una pierna por un cañón de Francisco I de Francia, era conducido al castillo paterno de Loyola y durante su convalecencia resolvía abandonar el servicio del Mundo y de los príncipes, para consagrarse a la divina Majestad y al servicio de la Iglesia. También Lutero, en aquellos mismos meses, era recluido, aunque no herido en el cuerpo, en un castillo, en Wartburg, pero para mejor aprestar, libre de todo peligro, sus nuevas agresiones contra Roma.

lunes, 27 de octubre de 2014

ORACIÓN POR NOSOTROS LOS VENCIDOS – POR EL PADRE CASTELLANI


“¿Qué he hecho yo por Cristo?”
(San Ignacio)


Dios, que recibes hasta la derrota, 
cuando ha luchado tanto el derrotado 
que de su sangre la postrera gota 
quedó sobre el costado traspasado. 


Dios, que no despreciaste ni el desastre 
cuando ha luchado un poco el desastrado 
pero la ola, el viento, el rumbo, el lastre 
y los astros no estaban de su lado. 



Dios, a quien no lo aterra ni el derrumbe 
cuando el escombro de lo derrumbado 
dejó un pabilo, un hálito, una lumbre 
con que encender el incendio iluminado. 



Dios, que eres capaz de alzar la ruina 
cuando no amó su ruina el arruinado, 
cuando gime sobre ella y adivina 
la huella en ella del primer pecado. 



Que con dejar lo caedizo 
no quedarías bien acreditado, 
harías como todos, como hizo 
siempre el vulgo desaconsejado. 



Señor, que siempre sanaste lo vencido 
más que al triunfante desapoderado 
porque incluso de lo ya fenecido 
surge, si quieres, lo resucitado. 



Rey, cuyo corazón se va al herido 
más bien que al corazón acorazado, 
que más por el enfermo habrás venido 
a nuestra tierra que por el sanado. 



Rey a quien no interesa la victoria 
sino que sea el juego bien jugado 
y más que los laureles de la historia 
que salga alguno, y sea buen soldado. 



Que sobre la política contienda 
no estás ni con uno ni con otro lado 
y estás encima dando siempre rienda 
al que se mata por un sueño honrado. 



Mírame, oh Rey, mi vida dimediada 
la flor de mi vivir ya dimediado, 
con este gran dolor en el costado 
de no haber hecho nada, nada, nada. 



De no haber hecho nada consecuente 
a todo lo soñado y deseado, 
de no haber hecho nada equivalente 
al gran honor del estandarte alzado. 



Mírame, oh Rey, el hontanar vacío 
el gran terreno yermo abandonado 
y ven Tú mismo un día como un río 
en mi vacío nunca resignado. 



Ven Tú mismo, Señor, a mi hondo abismo 
y no lo cures por apoderado, 
pues creaste el mundo por Tí mismo 
y portmismamente lo has salvado. 



Porque si llego al ataúd sombrío 
sin una flor en el peñón pelado 
no eres injusto porque nada es mío, 
pero no fueras tan santificado. 



Pues fuera todo desaprovechado 
y un lance y un albur tan mal perdido 
de hacer un gran milagro insospechado 
diferente de todos los que han sido. 



El más milagro y milagrez más pura, 
el más sencillo y simplemente dado 
inmerecidamente regalado 
a su creatura de la nuca dura 


por el Creador de todo lo creado. 





P. Leonardo Castellani  

jueves, 31 de julio de 2014

31 DE JULIO - SAN IGNACIO DE LOYOLA





"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro: disponed de todo según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta".

viernes, 24 de enero de 2014

EL P. PFLUGER EN SÍNTESIS


NON POSSUMUS


ENTRE AMBIGÜEDADES Y AFIRMACIONES ESCANDALOSAS, ES POSIBLE SINTETIZAR LAS IDEAS EXPRESADAS POR EL P. PFLUGER EN EL RETIRO QUE DICTÓ EN FLAVIGNY EN DICIEMBRE:

Los tradicionalistas estamos encerrados en nosotros mismos, rígidos, autosuficientes y llenos de temores infundados, siempre condenando, preocupados más de la verdad que de la caridad.

Pero la reforma de la Iglesia es más amplia que una vuelta a la verdad, es una reforma de la vida toda, y de eso no nos hemos dado cuenta. Lo central no es la verdad o la doctrina, sino la caridad y la vida en su totalidad.

No hemos sido realistas, sino que hemos idealizado las cosas. Lo que parece drástico en nosotros (como algunas actitudes de Mons. Lefebvre y la decisión del capítulo del 2006 respecto de Roma) es, en realidad, circunstancial, es decir, relativo a las condiciones del momento. Debemos dejar nuestra amargura y buscar la alegría que hay en sentire cum Ecclesia y evitar las críticas al Vaticano II.

Lo primero es la caridad, no la verdad. Por eso no hay que ser rígidos idealistas, sino que hay que ser realistas y tener caridad. No hay que pretender convertir al Papa y a los conciliares: eso es inútil porque ellos no entienden nuestro lenguaje y están preocupados de lo pastoral, no de lo doctrinal.

En definitiva: lo que hay que hacer es salir de nuestro auto encierro, deponiendo nuestras amarguras, nuestros temores hacia pretendidos lobos,  y abandonando el sedevacantismo en que se cae al rechazar el Vaticano II.  Hay que confiar en Roma, que ha dado muestras de buena voluntad, e  intensificar las relaciones con los conciliares. No debemos esperar ningún giro súbito en la crisis de la Iglesia. La reforma de la Iglesia se producirá, pero gradualmente, y nosotros debemos cooperar desde dentro, aunque estando protegidos. Hay que purificar a la FSSPX de los elementos que se oponen a esto, pues para ser oídos debemos estar dentro y ser dóciles al Papa. Nuestra vuelta al aprisco generará iniciativas de cambio que llegarán gradualmente hasta el Papa, y entonces se producirá la esperada reforma de la Iglesia.

TRES COMENTARIOS:

No otra cosa diría el diablo. También nos reprocharía privilegiar la verdad con daño de la caridad, pero... “Nuestra fórmula es muy clara y concreta. Es la siguiente: La suma intransigencia católica, es la suma católica caridad”. Padre Sardá y Salvany", "El Liberalismo es Pecado".

"Hay algunos que, dejando de lado la fe, insisten en efectuar la unión en la caridad: es imposible... el primer lazo de unión es la verdad". P. Castellani, "El Evangelio de Jesucristo".

"Propio es del mal espíritu morder, tristar y poner impedimentos inquietando con falsas razones". San Ignacio, "Ejercicios Espirituales", n° 315.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

ATACAN LA IGLESIA MÁS ANTIGUA DE BUENOS AIRES


La iglesia de San Ignacio de Loyola.

Acusan a alumnos del Nacional Buenos Aires de realizar pintadas en una iglesia y quemar un banco



"La única iglesia que ilumina es la que arde", escribieron; además, el sacristán brindó detalles sobre los incidentes

Ataque a la parroquia de San Ignacio de Loyola: "La única iglesia que ilumina es la que arde". Foto: Archivo 

La parroquia de San Ignacio de Loyola, la iglesia más antigua de la Ciudad de Buenos Aires, amaneció con pintadas por un ataque de vándalos que dejaron mensajes anarquistas e intentaron prender fuego un sillón. Según denunció el sacristán Alberto, los responsables del hecho serían algunos alumnos del Nacional Buenos Aires, ya que un túnel conecta a la iglesia con el colegio. Sin embargo, los estudiantes dicen que ellos no fueron,ya que los túneles están tapiados.

"La única iglesia que ilumina es la que arde" e "Hipócritas: ni Dios ni amo", fueron las pintadas que dejaron adentro de la iglesia, con pintura blanca, sobre el piso.

El sillón sacerdotal quemado fue arrojado sobre un banco. Pasadas las 9 no se podía ingresar a la iglesia, ubicada al lado del Colegio Nacional Buenos Aires.

"La túneles en el colegio están tapiados", dijeron los alumnos del Nacional, que negaron haber participado del ataque.

"Cuando bajamos a abrir la iglesia encontramos humo y daños", indicó el sacristán a Crónica TV. También dijo que los agresores habrían entrado "por un túnel que hay del colegio para la iglesia".




"Ayer pusimos un candado nuevo y lo rompieron", sostuvo y agregó que el mismo día vieron "a dos chicos que salieron corriendo" en dirección al establecimiento educativo.

Esta mañana estuvieron el vicario general de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, y el rector de la catedral, sacerdote Alejandro Russo, para evaluar los daños junto al párroco del templo, Francisco Baigorria.

LA IGLESIA MÁS ANTIGUA DE LA CIUDAD

La iglesia de San Ignacio se remonta a la llegada de los primeros jesuitas a Buenos Aires, en época del gobierno de Hernandarias. La primera construcción estuvo emplazada en la hoy Plaza de Mayo y bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto, pero en 1610, al ser beatificado el fundador de la Compañía de Jesús, fue rebautizada como San Ignacio de Loyola.

En 1661, por razones de seguridad y defensa del fuerte de la ciudad, los jesuitas abandonaron la construcción de Plaza de Mayo y se trasladaron al solar delimitado por las actuales calles Perú, Bolívar, Alsina y Moreno, propiedad de una hacendada mujer que había enviudado sin hijos.


El templo actual data de 1675, cuando se inauguró la segunda iglesia, también de adobe. El templo hoy afectado tiene más de 300 años de antigüedad. En 1942 fue declarado Monumento Histórico Nacional. El 16 de junio de 1955, el edificio fue atacado por simpatizantes del presidente Juan Domingo Perón, quienes también incendiaron la Curia Eclesiástica y otras nueve iglesias de Buenos Aires..

Alumnos dicen que no fueron: "Las puertas están tapiadas"




En diálogo con LA NACION, el vocal del centro de estudiantes del colegio negó la responsabilidad en el ataque a la iglesia y acusó: "dicen que fuimos nosotros para deslegitimar nuestro reclamo"

 Los estudiantes dicen que no fueron. Foto: Archivo 

Los estudiantes del Nacional Buenos Aires negaron que hayan sido ellos los responsablesdel acto de vandalismo con el que hoy amaneció la parroquia de San Ignacio de Loyola.

Nicolás Cernadas, vocal del centro de estudiantes del colegio, dijo a LA NACION: "Nos enteramos hoy a la mañana por los medios, desconocíamos esta situación. Nosotros no fuimos, los túneles en el Nacional están todos tapiados y tampoco sabemos cómo se conectan con la iglesia".

Nos acusan para deslegitimar nuestros reclamos. Nosotros no fuimos.
A la hora de buscar un responsable, Cernadas contó: "Creemos que fue alguien de afuera del colegio, e intuímos que esto tiene que ver con la toma de los secundarios, nos acusan para deslegitimar nuestros reclamos. En cada colegio tomado hay problemas externos, muchas veces la policía se acerca para intimidarnos".
Según el estudiante, la iglesia se mantiene abierta durante casi toda la noche, por lo que "también pudieron haber entrado por la puerta a hacer esas pintadas"