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lunes, 18 de enero de 2021

LA DEMOCRACIA LIBERAL PARTITOCRATICA ES EL VEHÍCULO PARA LLEGAR AL COMUNISMO

 


Jordán Bruno Genta, en su análisis del “Manifiesto Comunista”, deja muy claro que la democracia liberal es vehiculizadora del comunismo:

 “Ya hemos visto más arriba, que el primer paso de la revolución obrera es la constitución del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia. (…) He aquí la clave de la vertiginosa y arrobadora expansión del Comunismo por el mundo entero: su vehículo ha sido y es la democracia liberal, jacobina, populista, fundada en la aberrante soberanía popular, o sea, en la omnipotencia del número. La personalidad más siniestramente representativa de la praxis revolucionaria, Lenin, después de haberlo verificado con la toma del Poder en la Democracia de Kerensky declaró que: "La República democrática es el acceso más próximo a la Dictadura del Proletariado".

 Louis Veuillot se mostraba como siempre doctrinalmente intransigente y constataba:

 “Vemos desde hace mucho tiempo que el sufragio universal nos conduce al abismo y sabemos que no escaparemos…Francia no será salvada sino por Jesucristo y con Jesucristo.”


sábado, 2 de diciembre de 2017

¡TOMAD NOTA, ORGULLOSA NEO-FSSPX!





“Un hombre que muere no destruye una familia, una familia que se apaga no destruye una nación, una nación que desaparece no hace hundirse la humanidad. Dios se sirvió de Francia, ella no le es necesaria. Francia puede caer y el mundo entero quedar de pie, advertida por una de las más formidables lecciones que ella jamás haya recibido. Desde Lucifer, que era un ángel, nada tan grande habrá caído del cielo… Pero ¡qué! Francia, la nación de las Cruzadas, es también el país donde, levantando indignos aplausos, indignos sofistas se han dado a la empresa de mostrar cómo los dogmas se acaban…Si Dios está irritado de este orgullo y de esta alegría insolente, los sofistas y sus imbéciles auditores aprenderán cómo acaban las sociedades”.


Louis Veuillot, Ici et là dans l’ouvre de Louis Veuillot, pag. 267, Éditions Sainte Philomène, 2014. 

viernes, 28 de abril de 2017

PARA SOSTENER EL BUEN COMBATE


“Con el liberalismo religioso, no hay más mártires ni misioneros, sino liquidadores de la religión, reunidos alrededor de la pipa de una paz puramente verbal. Lejos de nosotros ese liberalismo sepulturero de la Iglesia católica. Siguiendo a Nuestro Señor llevemos el estandarte de la Cruz, único signo y única fuente de salvación”. 

Mons. Marcel Lefebvre


“El católico es un guerrero al servicio de la Verdad, y no un diplomático que busca arreglarse con el Infierno. No hay transacciones posibles entre el error y el mal, sino una lucha sin tregua ni piedad”.

Padre Gabriel Jacquier



“Para obtener la victoria no necesita la verdad más que un pequeño número de corazones firmes que no renieguen de ella y que sepan confesarla cuando la ocasión se presente”.

Louis Veuillot



“Cuanto más religioso es un hombre menos ganas tiene de ostentar su religiosidad, de orar a gritos o de tocar trompetas –e invitar a los periodistas- cuando da limosna. El gran pudor de mostrar lo que hay de mejor en nosotros viene del miedo al manoseo, que lo estropea todo. Cuando un hombre tiene dones extraordinarios tiene un grandísimo deseo de parecer un hombre ordinario; por lo menos en lo religioso.”

Padre Leonardo Castellani


“El fariseísmo es el abuso y la corrupción de lo religioso; y si lo religioso es el remedio de las corrupciones, ¿con qué remedio se remediará la corrupción del remedio? De suyo, no tiene remedio la corrupción del remedio; es como si un endiablado echara a su diablo, pero después se descuidara y dejara las puertas de su alma abiertas; el diablo echado volvería y se traería otros siete diablos peores que él; y los postres de aquel poseído serían peores que los principios”.

Padre Leonardo Castellani


lunes, 17 de agosto de 2015

EL SYLLABUS DE PÍO IX (O EL ANTIVATICANO II)



Papa Pío IX



RP Nicolás Pinaud y David Aldalur
Tomado de la revista “Fideliter”, n° 161, de septiembre-octubre de 2004.



En un principio, el Papa Pío IX tuvo la intención de publicar este catálogo de errores junto a la bula “Ineffabilis Deus” (en que se define el dogma de la Inmaculada Concepción de María) en el año 1854.

¿Acaso no era lógico colocar esta larga lista de proposiciones condenadas a los pies de quien ha conculcado todas las herejías? Por lo tanto, no fue una reacción ante la ex­poliación de los Estados Pontificios u otro desgraciado acontecimiento, sino que fue el fruto de una larga preparación.

Todo parece indicar que la idea de redac­tar este compendio surgió durante el mes de noviembre del año 1849, mientras se estaba desarrollando el concilio provincial de Es­poleta, presidido por el Cardenal Arzobispo de Perusa, Monseñor Joacchino Pecci, futuro León XIII: “Pedimos al Santo Padre que pro­mulgue un documento que, enumerando los diversos errores relativos a la Iglesia, la au­toridad y la propiedad, les aplique la censu­ra teológica conveniente y los condene en forma ordinaria. Aun cuando estos mismos errores ya hayan sido individualmente condenados por la Iglesia, este santo concilio es­tá convencido de que sería de gran beneficio para la salvación de los fieles si se los pre­sentara ya sea reunidos en un catálogo o bien según el modo en que han aparecido en nuestros días, señalándolos con una nota teológica específica”.

Inspirándose en la obra Essai sur le socialisme et les doctrines et tendances socialistes”, aparecida en 1851, el Padre Libera­tore, en un artículo sobre las consecuencias sociales de una definición dogmática de la In­maculada Concepción que escribió para la “Civiltà Cattolica”, volvió a poner en el tape­te la conveniencia de insertar en la bula o en el documento de definición la condenación del racionalismo y del semirracionalismo.

Estas dos iniciativas movieron a Pío IX, que ya había condenado varias veces los errores modernos, a editar el famoso catálo­go del “Syllabus”.

A indicación del Papa, el Cardenal Poma­ri envió el 20 de mayo de 1852 una carta a algunos Obispos y laicos eminentes —entre ellos, Louis Veuillot— comunicándoles “algu­nos estudios acerca del estado intelectual de la sociedad moderna en lo que se refiere a los errores más difundidos relativos al dog­ma y en lo que atañe a las ciencias morales, políticas y sociales”, invitándolos “a sumar­se a estos trabajos, que no pueden sino ser de gran utilidad para los intereses de toda la cristiandad”.

Esta carta, acompañada de una lista de 28 proposiciones, constituyó el punto de par­tida de un proyecto que iba a durar doce años y que culminaría con la publicación de la encíclica “Quanta Cura” y del “Syllabus”.

Desde 1852 a 1860

A los destinatarios de la carta del Carde­nal Fornari se les dio un plazo de treinta días para que “hicieran llegar algunas observacio­nes” en el idioma que pre­firieran. Los archivos va­ticanos no se han abierto hasta ahora para revelar la cantidad y el contenido de dichas respuestas.

Sin embargo, sabemos por ejemplo que la prime­ra “Instrucción Sinodal” del año 1855 del Cardenal Pie es una especie de de­sarrollo de sus respuestas al cuestionario enviado.

El periódico “L'Univers” descubrió parcial­mente el pensamiento de su jefe de redacción, Louis Veuillot, quien señaló que la Inmaculada Concepción era un privilegio tal que parecía exigir una bula especial.

No creía conveniente que fuese acompa­ñada de una condenación de los errores mo­dernos, no porque se opusiera a ello, sino pa­ra resaltar más su importancia. Aconsejaba, pues, que se hiciera en un documento ponti­ficio especial y distinto. No sabemos si esta opinión habrá influenciado o no a Pío IX; lo cierto es que ni bien fue publicada la bula “Ineffabilis Deus”, el Santo Padre ordenó a la comisión que la había elaborado que se iniciaran los estudios preparatorios para condenar los errores modernos.

domingo, 31 de mayo de 2015

LA CONSAGRACIÓN PEDIDA POR LA VIRGEN MARÍA EN SUS APARICIONES DE FÁTIMA Y LA MISIÓN PROVIDENCIAL DE RUSIA




Icono de Ntra. Sra. de Fátima en Rusia.


Por: IGM


La consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, pedida por la Virgen en sus apariciones a los pastorcitos de Fátima, no deja de ser un tema que se presta a controversias, negaciones y discusiones. Creemos que no es un tema que ha quedado anclado en el pasado, sino que, por el contrario, cada día se torna más actual. Decimos más bien que apremia plantear esta cuestión, que los enemigos enquistados en la iglesia conciliar y, curiosamente los sedevacantistas que dicen oponérsele, desdeñan y descartan.

En su tercera aparición en Fátima, el 13 de julio de 1917, la Sma. Virgen, tras haberles mostrado la suerte que corren los condenados al Infierno, les dijo a los tres niños pastores lo siguiente:

“Para salvarlas [las almas de los pobres pecadores que están en camino del infierno], Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la grande señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas”.

La relación entre la mención a Rusia en el mensaje, y la Revolución bolchevique ocurrida poco tiempo después en ese mismo año, fue clara y como tal la asociación entre los males del comunismo ateo que la revolución pretendía expandir por el mundo y la consagración de Rusia, evidente. El mensaje es por demás claro al respecto.

Sin embargo, en esa aparición Nuestra Señora no pidió la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. Allí anunció que volvería para pedirla. Lo hizo recién en 1929. ¿Por qué? ¿Qué relación hay entre ese año y el pedido de consagración? Si 1917 está marcado por la aparición en Fátima y la Revolución bolchevique, sucesos que pueden y deben relacionarse, ¿qué sentido pudo tener o qué quiso darnos a conocer el Cielo con el pedido explícito de consagración de Rusia realizado en 1929?

Pero antes de introducirnos en esta cuestión, veamos primero este pedido. El 13 de junio de 1929, estando la Hermana Lucía de Fátima en el noviciado de las Hermanas Doroteas en Tuy, España, fue testigo de otra aparición de Nuestra Señora, que volvía para cumplir aquello anunciado en 1917. Esto le dijo Nuestra Señora a la Hermana Lucía:

‘Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir Reparación. Sacrifícate por esta intención y reza’.

Es sabido que la consagración de Rusia, tal como fue pedida por Nuestra Señora, nunca fue realizada. Hubo consagraciones del mundo, pero no la consagración exclusiva de Rusia por el Papa en unión con los Obispos del mundo.

Algunos creen o enseñan que esta consagración ya no es necesaria que se haga, pues Rusia ya esparció sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Entonces sería inútil realizarla.

¿Es esto así? 

La conclusión de todo el Secreto de Fátima es: 

“Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”.

Pero antes de que esto ocurra, habrá un gran castigo para la Iglesia y el mundo.

Ese castigo, según el mensaje divino, tendría su origen en Rusia:

“Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas”.

Sin embargo, las dos posturas contrarias a la consagración de Rusia dan sus razones: los liberales, afirman que no es necesaria pues en Rusia cayó el comunismo; algunos sedevacantistas, que Rusia ya castigó al mundo esparciendo el comunismo, entonces la consagración sería innecesaria. Para unos, entonces, ya se habría cumplido exitosamente con el pedido de la Virgen; para otros, ya vino el castigo, por lo tanto todo quedó en el pasado.

Quizás para entender mejor las implicaciones del mensaje, haya que pensar en lo siguiente: ¿qué es lo que esparcirá Rusia por el mundo? ¿Cuáles son esos errores? La respuesta parece obvia: el comunismo. Pero: ¿qué es el comunismo? No una ideología, no una filosofía, no un sistema económico, no una forma de gobierno. Es en verdad esto: “una conspiración para la revolución”. Y esta revolución es la que lleva hasta sus últimas consecuencias el odio diabólico a Dios.

La definición dada del comunismo la hemos tomado de uno de los documentos fundamentales para entender la revolución en el mundo moderno, en especial la historia de los últimos cien años. Nos referimos al “Interrogatorio Rakovsky”, también conocido en su edición española como “Sinfonía en Rojo mayor” (documento que puede leerse en este resumen o completo aquí).

¿De qué se trata?

En 1938, la policía secreta soviética, NKVD, durante una de las purgas de Stalin contra sus enemigos trotskistas, realizó un interrogatorio al agente  masón illuminati Christian Rakovsky, notable conspirador de la primera hora, socio de Trotsky en la revolución rusa, y embajador de Moscú en París. Rakovsky se despacha durante toda una noche –su vida estaba en juego- con revelaciones que nunca debían salir a la luz, pero que por circunstancias extraordinarias llegaron a conocerse.  Este agente de los Rothschild explica por ejemplo que “el objetivo de la Revolución es nada menos el de redefinir la realidad en términos de los intereses de los banqueros. Esto implica la promoción de la verdad subjetiva sobre la verdad objetiva”. Descubre que es el poder del dinero (“Imperialismo Internacional del Dinero” lo llamó el Papa Pío XI) el que ha estado financiando las revoluciones anticristianas y desde sus orígenes al Comunismo. Con respecto a la Revolución en Rusia, habiendo perdido el control sobre Stalin, la misma banca internacional que financió la Revolución soviética financió a Hitler, para  oponerse al “bonapartista” tirano, que había interrumpido la pronta mundialización de la revolución que llevaba a cabo Trotsky, pronto fuera de combate debido a una enfermedad mortal.  Abrieron así el camino a una guerra en dos frentes, cuyo objetivo final era expandir la revolución comunista a todo el mundo. Luego perderían el control sobre Hitler, que empezó a emitir su propio dinero contra los intereses de la banca internacional, viéndose obligados a hacer un frente aliado con Stalin. Dos fechas son claves en este proceso revolucionario. Una, el 25 de octubre de 1917. La otra, el 24 de octubre de 1929.

En palabras del mismo Rakovsky:

miércoles, 20 de mayo de 2015

LAS TRES TENTACIONES – LOUIS VEUILLOT





Cierto es, el Liberalismo anuncia lo contrario. La lámpara, dice, brillará más, y es entonces cuando ella atravesará las tinieblas. Desde el momento en que seamos católicos de matices, católicos modera­dos, en fin, para decirlo con una sola palabra, cató­licos modernos, de inmediato convertiremos al mun­do. En esto, los católicos liberales son inagotables. Esta ilusión, que acarician tiernamente, consuela su espíritu de los desfallecimientos del cora­zón, y la elocuencia que despliegan revela muy bien las violencias del apetito y la fuerza de la pasión de Esaú por las lentejas. Desgraciadamente, el cuadro seductor de las conquistas que la religión deberá hacer mediante el concurso del espíritu liberal, se halla dañado por un recuerdo difícil de olvidar.
Al comienzo del Evangelio de San Mateo, el Ten­tador se aproxima a Jesús retirado en el desierto, y advirtiendo que el hambre atormenta al Divino Maestro, le dice: “Haz que estas piedras se convier­tan en pan”. Jesús le responde: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el Tentador lo transporta al pináculo del Templo y le dice: “Si eres el Hijo de Dios échate de aquí abajo, pues escrito está: Que te ha encomendado a sus ángeles, los cuales te lle­varán en sus manos, para que tu pie no tropiece con alguna piedra”. Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. El Tentador hace entonces su último esfuerzo, y entrega su se­creto: transporta al Salvador a un monte muy em­pinado, y mediante una visión, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, diciéndole: “Todas esas cosas te daré si, postrándote delante de mí me adorares”. Jesús le respondió: “Apártate, Satanás; porque está escrito: Adorarás al Señor Dios tuyo, y a Él solo servirás”. Con esto le dejó el diablo, y he aquí que los ángeles se acercaron y Le servían (Mat. 4, 3-11).
El liberalismo renueva esta escena: la Iglesia es pobre, tiene hambre; pero si la Iglesia se hace liberal, será rica, y las piedras se convertirán en pan. Pero el hambre que atormenta a la Iglesia, el mismo que atormentaba a Jesús, es la caridad. La Iglesia tiene hambre por alimentar a las almas que languidecen en el error. El pan que ella quiere distribuirles, el pan que las hará fuertes, es la palabra salida de la boca de Dios, es la Verdad. El liberalismo le dice: Si sois de Dios, si tenéis la palabra de Dios, ningún riesgo correréis en abandonar el pináculo del Tem­plo: echaos abajo, id hacia la muchedumbre que no llega ya a vos, despojaos de aquello que en vos a ella no agrada, decidle las palabras que le gusta escu­char, y la reconquistaréis; total, Dios está con vos. Mas las palabras que a la muchedumbre le gusta escu­char, no son precisamente las palabras salidas de la boca de Dios, y siempre está prohibido tentar al Señor.
Finalmente, el liberalismo hace su última tenta­tiva: Yo tengo el mundo, y os daré el mundo si. . .
Y pone siempre la misma condición: Si cadens adoraveris me. Descended, caed, prosternaos ante la igualdad de los que no tienen Dios, y seguid a las gentes de bien que propondré a vuestra conducta después que hayan jurado no franquear jamás el umbral de una casa de oración. Entonces veréis có­mo el mundo os honrará y os escuchará, y cómo Jerusalén renaceréis más bella que nunca.
“El rey de la nada —decía san Gregorio VII— promete llenar de presentes nuestras manos. De esta manera, príncipes de la tierra que ni siquiera están seguros por un día, osan hablar al Vicario de Jesucristo, y le proponen: “Nosotros os daremos el poder, el honor, los bienes todos de la tierra, si reconocéis nuestra supremacía, si hacéis de nosotros vuestro Dios; si, prosternándoos a nuestros pies, nos adoráis”.
¡Cuántas veces ha sido intentada esta seducción! A los Papas que persiguió, Federico de Alemania les prometía un vasto progreso de la Fe; Cavour creyó engañar a Pío IX con este espejismo; el Parlamento de Florencia, al mismo tiempo que multiplicaba las injurias y las depredaciones, abrigaba las mismas intenciones, mezcla de burla y estupidez. Las condiciones puestas por ellos no varían: salir del campo de Israel, abandonar esa estéril fortaleza de Roma, hacer oídos sordos a las enseñanzas de esta Arca santa que no omite nunca oráculos nuevos; en fin, prosternarse, adorar al Príncipe de la Mentira y creerle sólo a él.



Louis Veuillot. La ilusión liberal. Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1965.

viernes, 17 de abril de 2015

EL DISCURSO DE LA NEO-FSSPX






"Cuántos hombres hoy día piensan llevar el mundo a una vida nueva, a una era mejor y lo conducen a su perdición”, dijo Blanc de Saint-Bonnet. Así parece estar ocurriendo hoy con la Neo-FSSPX.

Del excelente libro del Cardenal Billot “El error del liberalismo”, tomamos las siguientes citas, donde se toman palabras de boca de los mismos liberales, que los caracterizan muy bien. Le aplicamos mediante letras mayúsculas aquello mismo que bien podría decirnos hoy la cúpula directriz de la Neo-FSSPX, teniendo en cuenta su discruso y posición ante Roma hoy:

Billot:

“La libertad PARA LA FSSPX es la que restituirá en la frente augusta de la Iglesia la perdida corona; en la libertad DE LA FSSPX CON STATUS CANÓNICO DENTRO DE LA IGLESIA se debe confiar como en una amiga fiel y de la libertad no hay que apartarse por principios a priori, que deben ser arrinconados íntegramente – eso sí, con toda reverencia – en su región ideal".

Cita a Veuillot:

“Católicos intolerantes RESISTENTES, vosotros érais ya más absolutos que Dios Padre, que ha creado al hombre para la libertad; más cristianos que Dios Hijo, que no ha querido establecer su ley sino por la libertad; heos aquí ahora más católicos que el Papa A QUIEN NO RECONOCÉIS, pues el Papa consagra, aprobándolas, las constituciones modernas, que están todas inspiradas y llenas del espíritu de libertad Y ESO ES LO QUE RECLAMAMOS, NUESTRO DERECHO A LA LIBERTAD DENTRO DE LA IGLESIA. Digo que el Papa, el Vicario de Jesucristo aprueba esas constituciones, puesto que os permite prestarles juramento, obedecerles y defenderlas. Ahora bien, la libertad de cultos está allí, el ateísmo de Estado está allí NOSOTROS HEMOS ACEPTADO LOS PRINCIPIOS LIBERALES EN NUESTRAS ESCUELAS Y EL 95% DEL VATICANO II. Es preciso pasar por eso PUES ESPERAR A QUE ROMA SE CONVIERTA NO ES REALISTA, vosotros pasaréis por allí, no lo dudéis. Entonces, ¿para qué forcejeáis? Vuestra resistencia es vana; vuestros lamentos no sólo son insensatos, son funestos. Hacen odiar a la Iglesia y nos traban mucho a nosotros, liberales CATÓLICOS TRADICIONALISTAS, vuestros salvadores, haciendo sospechar de nuestra sinceridad AL REALIZAR USTEDES ESA CONSAGRACIÓN EPISCOPAL. En lugar pues de atraer sobre vosotros una derrota cierta y probablemente terrible, corred hacia la libertad QUE NOS OFRECE ROMA, saludadla, abrazadla, amadla. Ella será una buena y fiel amiga vuestra, y os dará más de lo que vosotros jamás podríais conseguir PUES AMPLIARÁ VUESTRO APOSTOLADO LIBRÁNDOLO DE COMPLICACIONES. (…) ¿Qué no emprenderá la Iglesia FRATERNIDAD cuando podrá emprenderlo todo? ¿Cuánto no tocará el corazón de los pueblos, cuando la verán abandonada de los poderosos del mundo, vivir únicamente de su genio y de sus virtudes? En medio de la confusión de las doctrinas, del desborde de las costumbres, ella aparecerá como la única pura, la única afirmada en el bien. ¡Ella LA FRATERNIDAD será el último refugio, el baluarte inexpugnable de la moral, de la familia, de la religión, de la libertad! (“La ilusión liberal”, cap. 2).
   

miércoles, 11 de marzo de 2015

LIBERTAD DE CONCIENCIA – LOUIS VEUILLOT





La primera palabra de libertad que haya sido pronunciada por una boca mortal, el primer acto de libertad amplia que el género humano haya visto cumplirse fue cuando esos dos pobres judíos, Pedro y Juan, proclamaron el deber de obedecer antes a Dios que a los hombres, difundiendo después esa en­señanza que el error y la persecución, bajo las más­caras de justicia y de prudencia, querían suprimir (Hech., 4, 19-20). Quien sigue este ejemplo es libre, libre de los falsos jueces, libre de los falsos  terro­res, se sustrae al imperio de la muerte, y pone a cubierto de la esclavitud a todos aquellos a quienes puede persuadir.
Pero es menester observar dos cosas.
En primer lugar, este acto de libertad que hacen los apóstoles para con los poderosos de la tierra es al mismo tiempo un gran homenaje de sumisión que ellos hacen a Dios, y son tan fuertes contra el mundo sólo porque obedecen a Él.
En un discurso pronunciado en el congreso de Malinas, discurso elocuente, muy celebrado entre los católicos liberales, se hace remontar la libertad de conciencia a ese primero y famoso non possumus, y se dice que allí fue creada y promulgada. Todo lo contrario, pues ese día, según la observación de un publicista inglés, por ese non possumus la conciencia humana conoció y aceptó el freno de una ley inmutable. No era un principio de libertad liberal lo que San Pedro evocaba: él proclamaba el deber imperecedero, irrevocable, impuesto por Dios, que lo obligaba a predicar la Revelación. Él no anunciaba, pues, al mundo la emancipación liberal de la conciencia. Por el contrario, cargaba a la conciencia con el glorioso peso de dar testimonio de la verdad; y la emancipaba de los hombres, no de Dios. San Pedro podía pedir a los paganos, por parte de Dios, la libertad para los cristianos; pero no daba ni pensaba siquiera dar a éstos la licencia de elevar el error al mismo nivel de la verdad a tal punto que ambos debiesen tratar algún día de igual a igual, y que la verdad considerase al error como soberano de derecho divino en determinado lugar, con tal de que ella misma fuese soberana o tolerada en otro. ¿Qué respuestas entonces podría dar esta verdad humillada y disminuida a los sofismas innúmeros del error?
En segundo lugar, esta verdad liberadora, esta verdad única, sólo la Iglesia tiene la virtud de enseñarla, y no persuade de ella más que a las almas llenas de Jesucristo.
Ahí donde Cristo no es conocido, el hombre obedece al hombre y le obedece de manera absoluta. Ahí donde el conocimiento de Cristo se borra, la verdad desciende, la libertad sufre un eclipse, la vieja tiranía retoma y extiende sus antiguas fronteras. Cuando la Iglesia no pueda ya enseñar a Jesucristo todo entero, cuando los pueblos no comprendan que es preciso obedecer más a Dios que a los hombres, cuando ya no se eleve ni una sola voz para confesar la verdad sin tapujos y sin atenuantes, entonces la libertad habrá abandonado la tierra y la historia humana acabará.
Empero, mientras quede un solo hombre de fe perfecta, éste se verá libre del yugo universal, y tendrá en sus manos su propio porvenir y el del mundo. El mundo no existirá más que para la santificación de este último. Y si este último también apostatase, si dijese al Anticristo, no que tiene razón en perseguir a Dios, sino solamente que le está permitido no emplear su fuerza en hacer reinar a Dios, entonces habría pronunciado su sentencia de muerte y la del mundo. Dios retiraría de la tierra su sol, al no dar ya ésta a la verdad divina la confesión y la adoración debidas. Privado del contrapeso de la obediencia y de la oración, el blasfemo no subiría al cielo sino que perecería de inmediato. Caería por sí mismo a lo más profundo.
Mas la última palabra de la Iglesia militante no será una palabra de apostasía. Y me imagino al último cristiano frente al Anticristo, al final de esos días terribles, cuando la insolencia del hombre se regocije estúpidamente al ver a las estrellas caer de los cielos; me lo imagino atado, conducido a través de la gritería de ese fango de Caín y Judas que se llamará todavía entonces la especie humana. Y será, en efecto, la especie humana, la especie humana llegada a la cúspide de la ciencia, descendida al último grado de la abyección.
Los ángeles saludan al astro que no ha caído, el Anticristo contempla al único viviente que se rehúsa a adorar la mentira y a decir que el Mal es el Bien. Todavía espera seducirlo, y pregunta a ese cristiano cómo quiere ser tratado. ¿Qué pensaremos que el cristiano responde? ¿Qué puede responder, sino que se lo trate como a rey? Último fiel, último sacerdote, él es el Rey. Conserva él toda la herencia de Abraham, todo el linaje de Cristo. En sus manos encadenadas posee las llaves que abren la vida eterna; puede dar el bautismo, puede dar el perdón, puede dar la Eucaristía; el otro no puede dar más que la muerte, ¡Él es Rey! Y yo desafío al Anticristo, con todo su poder, a que no lo trate como a tal, puesto que al fin y al cabo, el calabozo es también un imperio y el cadalso un trono.
Al que hiciese a los católicos la misma pregunta, deberían éstos contestarle con la misma respuesta. El liberalismo moderno quiere que los hijos de la Iglesia lo consagren, y para eso les habla como el rey sarraceno hablaba a Luis de Francia: “Si quieres vivir, hazme caballero”.
El santo cautivo le replicó: “Hazte cristiano”.

La ilusión liberal. Editorial Nuevo Orden, Bs. As., 1965.


domingo, 29 de diciembre de 2013

CONFESAR LA VERDAD




“Para obtener la victoria no necesita la verdad más que un pequeño número de corazones firmes que no renieguen de ella y que sepan confesarla cuando la ocasión se presente”.


Louis Veuillot

lunes, 7 de enero de 2013

LA VERDAD


“A nuestro tiempo no le gusta la verdad...y en el pequeño número de los que aman la verdad, varios, por no decir muchos, no quieren a quienes se ponen delante para defenderla. Se los encuentra indiscretos, inoportunos”.

Louis Veuillot