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sábado, 16 de julio de 2016

DE ÁRBOLES Y FRUTOS II






José María Hernández

1. En la Catena Áurea, santo tomás suele poner comentarios discordantes de los padres. En el caso que nos ocupa, S. Agustín, al parecer, niega que el hombre malo pueda hacer obras buenas, y San Jerónimo dice lo contrario acá: “Preguntemos a los herejes, que admiten en sí mismos dos naturalezas contrarias si, según su modo de pensar, un árbol bueno no puede producir malos frutos, ¿cómo Moisés, árbol bueno, ha pecado junto a las aguas de la contradicción (Núm 26,72), San Pedro negó al Señor en la pasión diciendo: ‘No conozco a ese hombre’, y el suegro de Moisés, árbol malo que no creía en el Dios de Israel, le dio un buen consejo?”

2. Concentrémonos ahora en esa cita de san agustín puesta por santo tomás en la Catena Áurea. Esta cita del Opispo de Hipona ha quedado reprobada por el Concilio de Trento, si se entiende que en ella San Agustín afirma que un hombre malo no puede hacer obras buenas, y que, por tanto, y al no existir los actos indiferentes en concreto, todo lo que hace es pecado. En la época de San Agustín, ese punto era opinable, al no haber sido definido por la Iglesia. Santo Tomás, por esa misma razón, pone en la Catena Aurea esta cita: “De aquí deducen los maniqueos que un alma no puede volverse buena, ni una buena en mala, como si se hubiese dicho: “No puede un árbol bueno convertirse en malo, ni un árbol malo volverse bueno”. Lo que se ha dicho es: “No puede un árbol bueno producir malos frutos”, ni lo contrario. El árbol es el mismo hombre. Los frutos son las acciones del hombre. No puede, por lo tanto, un hombre malo hacer obras buenas, ni uno bueno hacerlas malas. “Luego, si el malo quiere obrar bien, es preciso que primero se haga bueno. Mientras uno es malo, no puede hacer obras buenas. Puede suceder que lo que fue nieve no lo sea, mas no que la nieve sea caliente. Así puede suceder que el que fue malo no lo sea, pero no se podrá conseguir que el que es malo haga cosas buenas, pues, aunque alguna vez es útil, esto no lo hace él, sino que se realiza en él, haciéndolo la divina Providencia”.

DE ÁRBOLES Y FRUTOS





De árboles y frutos – Padre Maldonado S. J.

                                                                                                     
  José María Hernández


Nota de NP: el presente artículo trata del análisis exegético que hace el P. Juan de Maldonado sobre el pasaje de los árboles y frutos buenos y malos de Mateo 7, 17-18. Como complemento, conviene hacer notar que, según la muy prestigiosa Biblia de Mons. Straubinger, Nuestro Señor, en el lugar paralelo de Lucas 6, 43, no habla de árboles y frutos “buenos” y “malos”, sino de árboles y frutos “sanos” y “podridos”. Pues bien, todo el mundo sabe que un árbol puede estar más o menos sano o más o menos podrido, y que un fruto puede estar más o menos sano o más o menos podrido; como también que un árbol sano puede dar frutos podridos y que un árbol podrido (en cierto grado) puede dar algunos frutos sanos. Sirva esta entrada a los que, negando absurdamente lo que a todos fácilmente consta por experiencia y pensando equivocadamente que Cristo intenta dar enseñanzas en el ámbito de las ciencias naturales acerca de árboles y frutos, condenan a los que afirman que un árbol bueno puede dar frutos malos, que uno malo puede dar frutos buenos, y que puede haber árboles medio sanos o medio podridos y frutos medio sanos o medio podridos. 

Hemos destacado con negrita y subrayado ciertos pasajes.

El P. Juan de Maldonado (Casas de la Reina, 1534-Roma, 1583), teólogo español, Jesuita desde 1562, fue profesor de filosofía y de teología en París y trabajó en la contrarreforma católica. Visitador de la provincia de Francia, el papa Gregorio XIII lo llamó a Roma para la revisión del texto de los Setenta. Escribió, entre otras obras, un Comentario a los cuatro Evangelios (1596-1597) y un Comentario a los principales libros del Antiguo Testamento (1643).

El P. Maldonado habla de parábola de los árboles y frutos buenos y malos en su Commentarii In Quatuor Evangelistas. Se trata de una obra clásica en materia de exégesis bíblica, que contó con todas las aprobaciones exigidas por la Iglesia en una época marcada por la “Reforma” protestante y por la Contrarreforma católica. Hemos tenido a la vista una versión en inglés de esa obra: A Comentay on the Holy Gospels, 2ª. ed., Catholic Standard Library, John Hodges, London, 1888, pp. 242-246.

Ponemos acá, en español, algunos extractos más relevantes de la obra:

«Cristo llama “árbol” al hombre que tiene fe [en el sentido de conciencia, según el cual se habla de “buena fe” y de “mala fe”], sea buena o mala; buen árbol si su fe es buena, árbol malo si ésta es mala. Se puede objetar que un hombre que tiene buena fe frecuentemente da malos frutos. Esto no se puede negar; pero Cristo no habla de lo que sucede ocasionalmente, sino de lo que sucede la mayor parte de las veces, no de lo que suele pasar por la perversidad humana, sino de la naturaleza de la fe; por la fe, por su propia naturaleza, si es buena, no da malos frutos, si es mala, no da buenos frutos.»

«Estas palabras parecen oponerse a la experiencia diaria: pues vemos muchos malos convertirse en buenos, y buenos convertirse en malos. Muchas explicaciones de ellos han sido ofrecidas: 1. Muchos lo toman como significando que el buen árbol, mientras es bueno, y un árbol malo, mientras sea malo, no puede dar el primero buenos frutos y el otro malos frutos. (San Agustín, El Autor, S. Juan Crisóstomo, Beda). 2. Otros vieron que de este modo la verdad y la experiencia no están satisfechas, pues aunque un buen árbol, esto es, un hombre justo, que continúa siendo tal, no pueda dar frutos malos, un árbol malo, que permanece siendo malo, sí puede dar algún buen fruto. Ni es una opinión para sostenerse (condenada últimamente, con justicia, por el Concilio de Trento) que todas las obras de los pecadores, o incluso de los infieles, son pecado…»