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lunes, 20 de julio de 2015

ODIO AL MAL







“Si no odiamos el mal no podemos obrar el bien”.

San Jerónimo




“Las tinieblas que nos rodean son particularmente profundas porque la humanidad ha dejado morir este fuego sagrado que es el odio al mal”.

Ernest Hello




“Es imposible amar profundamente la verdad sin detestar la mentira; amar de corazón el bien, y el soberano Bien que es Dios, sin que a la vez detestemos lo que nos separa de Dios.”

R.P. Garrigou-Lagrange, O.P.




“Dios ciega a los que no resisten el error, a los que no quieren defender la verdad”.

Mons. Lefebvre

  

lunes, 27 de abril de 2015

ANTILIBERALISMO


 “Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no porque todo lo demás viene del maligno”.

Mt. 5, 37

†


“Lo que alabamos más en vuestra empresa religiosa es que estáis llenos de aversión contra los principios católico-liberales, que tratáis de borrar de las inteligencias tanto cuanto está a vuestro alcance. Aquellos que están imbuidos de esos principios parecen consagrarse a la defensa de la Iglesia, pero no trabajan menos en pervertir su espíritu y su doctrina, y cada uno de ellos, según la manera de ser particular propende a ponerse al servicio o de César o de los que inventan derechos en favor de la falsa libertad”.

Pío IX

†

“Quienquiera que ama la verdad aborrece el error y este aborrecimiento del error es la piedra de toque mediante la cual se reconoce el amor a la verdad.
Si no amáis la verdad, podréis decir que la amáis e incluso hacerlo creer a los demás; pero estad seguros que, en ese caso, careceréis de horror a lo que es falso, y por ésta señal se reconocerá que no amáis la verdad”.

Ernest Hello

†


“Dios ciega a los que no resisten el error, a los que no quieren defender la verdad”.

Mons. Lefebvre

†


 “No es suficiente aclarar el espíritu, es necesario también depurar el corazón, a fin de que el espíritu pueda recibir y conservar la luz. En general, todas las inclinaciones perversas que alteran la pureza del corazón, alteran la penetración del espíritu y lo ofuscan; es el privilegio de un corazón puro el ver en todo su esplendor la luz de Dios. Dos vicios, más que todos los otros, han hundido a nuestro siglo en las tinieblas, estos son el orgullo y la impureza”.

R. P. de Clorivière

†


“Es imposible amar profundamente la verdad sin detestar la mentira; amar de corazón el bien, y el soberano Bien que es Dios, sin que a la vez detestemos lo que nos separa de Dios.”

R.P. Garrigou-Lagrange, O.P.

†

“La tolerancia se aplica a las personas pero nunca a los principios... Nada hay más exclusivo que la verdad. Debemos ser intolerantes con la verdad porque ésta es hechura de Dios y no nuestra... La intolerancia es esencial cuando las verdades están en peligro. Cuanto más Divina es la verdad más intolerantes debemos ser con el error”.

Mons. Fulton Sheen, “Cuerpo Místico de Cristo”.

  

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA MADRE DEL SALVADOR Y LA ANUNCIACIÓN




El día de la Anunciación señala un gran progreso de la gracia y de la caridad en el alma de María.

Conveniencia de la Anunciación

Como lo explica Santo Tomás (1) convenía que el anuncio de la Encarnación fuese hecho a María, para que fuese instruida y pudiese dar el consentimiento. Por él, dicen los Padres, concebía espiritualmente al Verbo, antes de concebirlo corporalmente. Dio este consentimiento sobrenatural y meritorio, añade Santo Tomás, en nombre de la humanidad, que tenía necesidad de ser regenerada por el Salvador prometido. Convenía también que la Anunciación fuese hecha por un ángel, como embajador del Altísimo. Un ángel rebelde había sido la causa de la perdición y de la caída, un ángel santo, el más elevado de los arcángeles, anuncia la redención (2).
Convenía también que María fuese instruida del misterio que se iba a realizar en ella, antes que S. José, pues era superior a él por su predestinación a la maternidad divina. Convenía, en fin, que la Anunciación se hiciese por una visión corporal acompañada de una iluminación intelectual, porque la visión corporal, en estado de vigilia, es más segura que la visión por la imaginación que se hace algunas veces en sueño, como aquella con que fue favorecido S. José, y la iluminación sobrenatural de la inteligencia indicaba infaliblemente el significado de las palabras anunciadas (3). La alegría y la seguridad sucedieron al temor y al asombro, cuando el ángel dijo a María: No temas, María, porque has encontrado gracia delante de Dios. He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le darás el nombre de Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo... El Espíritu Santo vendrá sobre ti y te hará sombra la virtud del Altísimo. Y por eso lo santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios (Luc, I, 30-35). El ángel añade una señal y la razón del suceso: Ya Isabel, tu parienta, ha concebido también un hijo en su vejez., y éste es su sexto mes, en ella que es llamada la estéril: porque no hay cosa alguna imposible para Dios (ibíd., I, 36-38).
María dio entonces su consentimiento, diciendo: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (ibíd., 38).
Bossuet hace notar en las Elevaciones sobre los misterios, XII semana, elevación VI, que la Santísima Virgen ha manifestado por este consentimiento tres virtudes principales: La santa virginidad, por la alta resolución de renunciar para siempre a todos los placeres de los sentidos; la humildad perfecta ante la infinita grandeza de Dios que se inclina hacia ella; la fe, porque era necesario concebir en su espíritu al Hijo de Dios, antes de concebirlo en su cuerpo. Por esto le dirá Isabel: “Bienaventurada la que creyó, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor” (Luc, I, 45). Manifestó también una gran confianza en Dios y gran valor, pues no ignoraba las profecías mesiánicas, principalmente las de Isaías, que anunciaban los grandes sufrimientos del Salvador prometido y en las que debía participar María.
Lo que más admira a las almas interiores en la Santísima Virgen, en el día de la Anunciación, es el total olvido de sí misma, que es seguramente el summum de la humildad. No pensó más que en la voluntad de Dios, en la importancia de este misterio para la gloria divina y para la salvación de las almas. Dios, grandeza de los humildes, ha sido su única grandeza, y por lo tanto su fe, su confianza y su generosidad han estado a la altura del misterio en el que debía participar.
Fulano es a lo mejor y se estima como el mayor poeta de su época, tal otro el mayor filósofo o el mayor político y éstos ponen su grandeza en su genio. La Santísima Virgen, la más sublime de todas las criaturas, se olvidó totalmente de sí y puso toda su grandeza en Dios. Deus humilium celsitudo (4), Dios, grandeza de los humildes, reveladnos la humildad de María, proporcionada a la profundidad de su caridad.
Santo Tomás (5) nota que en el instante de la Encarnación hubo en María, por la presencia del Verbo de Dios hecho carne, un gran aumento de la plenitud de gracia. Si no había sido antes confirmada en gracia, lo fue en este momento.

domingo, 15 de marzo de 2015

ACERCA DE LA DEPOSICIÓN DEL PAPA EN JUAN DE SANTO TOMÁS - R.P. PIERRE MARIE DE AVRILLÉ Parte 4


Anexos

Damos aquí algunos otros textos de autores tomistas  que comparten la opinión de Cayetano y Juan de Santo Tomás: Bañez, los Carmelitas de Salamanca, Billuart y el P. Garrigou-Lagrange.

Báñez

Domingo Báñez o Bannez O.P. (1528-1604) es uno de los más ilustres teólogos del siglo 16, la edad de oro de la teología en España (con Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Bartolomé de Medina y Pedro de Sotomayor).
Báñez es considerado, a justo título, como uno de los comentadores más profundos y los más seguros de la doctrina de santo Tomás. Su estilo es claro, sobrio y vigoroso, sin oscuridad ni falsa elegancia. Su erudición es abundante, sin ostentación ni sobrecargado. Su poder lógico y su inteligencia de la metafísica son particularmente remarcables, y en este terreno él sobrepasó a sus maestros y cofrades más célebres [i].

En su comentario de la Summa teológica (II-II, p. 1, a. 10), él defiende la siguiente opinión:

Si el pontífice supremo cae en la herejía, él no pierde enseguida la dignidad pontifical, antes de que sea depuesto por la Iglesia.

Él explica que cierto número de teólogos piensan que el papa convertido en hereje pierde inmediatamente su poder. Pero la opinión que defiende es la de Cayetano, del cual resume los argumentos:

1. Los otros obispos, si se vuelven herejes, conservan su dignidad episcopal hasta que sean depuestos por el papa. […]

2. Si el pontífice vuelto hereje está dispuesto a corregirse, no debe ser depuesto, como lo admiten incluso aquellos que sostienen la opinión contraria, por lo que no deja de ser papa.  […]

Enseguida examina una objeción contra su tesis, y este es el pasaje más interesante para nuestro estudio:

Se nos objeta que el soberano pontífice deja de ser cabeza de la Iglesia desde el momento que cae en herejía, y por lo tanto deja de ser papa. “Desde que cae en la herejía deja de ser miembro de la Iglesia y por lo tanto de ser cabeza”.Respondemos fácilmente a esta objeción con la doctrina que dimos explicando la definición de la Iglesia. El soberano pontífice no es dicho cabeza de la Iglesia en razón de su santidad o de su fe, pues no es así que el influye sobre los otros miembros, sino que es dicho cabeza de la Iglesia en razón de su oficio ministerial que aspira a gobernar la Iglesia definiendo la verdad, estableciendo leyes,  administrando los sacramentos, todas las cosas que son ejercidas exteriormente según la jerarquía eclesiástica visible, y por así decirlo, palpable. Por otra parte, el hecho de que el pontífice, a causa de la herejía, deje de ser miembro de Cristo porque deja de recibir de Él la influencia espiritual con miras a su propia santificación, no le impide ser dicho el miembro principal de la Iglesia, a saber, su cabeza, en cuanto al gobierno eclesiástico. De la misma manera el jefe del Estado es dicho la cabeza de la república. Como la noción de miembro es empleada metafóricamente, hemos dicho anteriormente que puede haber allí diversos puntos de vista de la metáfora: según un punto de vista [NDLR: la influencia espiritual recibida de Cristo] el pontífice no es miembro de Cristo o de la Iglesia, y según otro [NDLR: el poder de gobernar] él es miembro de ella.

Los carmelitas de Salamanca

La composición del Cursus theologicus salmanticensis se extiende durante unos setenta años, durante los tres últimos cuartos del siglo 17. Es un célebre curso de teología compuesto por seis teólogos carmelitas descalzos del convento San Elías de Salamanca. Este convento fue fundado en 1581, viviendo y según el consejo de Santa Teresa de Ávila.

Ellos se preguntan si el papa, en cuanto doctor particular, puede volverse hereje. Ellos citan algunos autores que piensan que no es posible (Pighi, Belarmino, Suárez), luego continúan:

La opinión contraria (que afirma que el soberano pontífice como doctor particular puede equivocarse, no solamente sobre los objetos secundarios sino incluso sobre las cosas de la fe, y no solamente un error no culpable proveniente de la ignorancia o de la negligencia, sino también con pertinacia de suerte que sea hereje) es mucho más probable (longe probabilior) y más común entre los teólogos.

Entre las razones que dan en favor de su opinión, está la siguiente:

miércoles, 6 de febrero de 2013

DE LOS PRINCIPIOS Y LA CARIDAD



Por un Monje Benedictino

Hay un gran principio doctrinal mencionado por Mons. Williamson en una de sus recientes conferencias, que nos dan luz acerca de lo que debe ser nuestra actitud frente a la crisis actual de la FSSPX. El principio está tomado del gran teólogo Garrigou-Lagrange y dice así:

"La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen y son intolerantes en la práctica, porque no aman".

Principio que podría escribirse también de la siguiente manera: "Los católicos debemos ser intolerantes en principios doctrinales ya que la fe debemos mantenerla íntegra para podernos salvar, sabiendo que la verdad excluye necesariamente el error; los cristianos han de ser tolerantes en la práctica porque han de amar siempre al pecador sin amar el pecado. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en la doctrina porque o su fe es débil y defectuosa, o porque no la tienen; y son intolerantes en la práctica porque son liberales que no quieren o no pueden moverse a través de los principios doctrinales y que por lo tanto no pueden o no quieren amar, ya que no pueden o no quieren comunicar la verdad que necesariamente va a oponerse a sus ideas que no contienen la verdad".

La Resistencia tiene los principios doctrinales, pero no siempre aman en la práctica a los miembros o fieles de la FSSPX. Y por su parte la FSSPX, hablando en general, está mostrando doctrina defectuosa, faltando a la fe; y aparte de que casi siempre están mostrando falta de caridad hacia la Resistencia ya que "la verdad no peca pero incomoda".

La Resistencia peca de caridad y la FSSPX peca de fe y de caridad.

La Resistencia debe continuar haciendo corrección fraternal, para confirmar a sus hermanos de la FSSPX en la fe; pero sin abandonar la caridad, los centros de misa y los sacerdotes de la FSSPX si no nos consta que ellos en particular están en un serio error que pueda poner en peligro la fe. La Resistencia por supuesto, ha de apoyar a sus sacerdotes y capillas, ya que ellos han sido expulsados de la FSSPX; pero sin olvidar que el precepto de la caridad nos obliga a seguir unidos a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo al cual sin duda la FSSPX todavía pertenece.

La FSSPX por su parte, está obligada a escuchar la corrección fraternal y máxime si tomamos en cuenta que ella está referida a asuntos doctrinales de suma importancia. Y si la FSSPX no está de acuerdo con esta corrección, ella está obligada por lo menos a explicar sus motivos, ya que la seriedad de la reprimenda lo demanda, y sus fieles así lo esperan y están perplejos al ver que no hay respuestas ni retractaciones por parte de sus superiores. También la FSSPX está obligada a tener caridad hacia la Resistencia ya que su finalidad es buena, incluso si los medios que a veces usa no se justifican; ellos son católicos que buscan defender los principios más importantes de nuestra fe. Sin amar su "pecado" han de amar a los pecadores. No pueden en conciencia atacar a la Resistencia sin antes descender al nivel doctrinal para refutarla.