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lunes, 27 de abril de 2015

DOMINICOS DE AVRILLÉ: LA IMPORTANCIA DE LOS PRINCIPIOS



Mons. Freppel - Card. Pie - Dom Gueranger




Le Sel de la Terre n° 92, en el sitio oficial de los Dominicos de Avrillé.

Editorial
La importancia de los principios

En una sociedad que se hunde de todas partes, me pareció que por principio, hay que enderezar las ideas. Lo que se necesita, es mejorar el fondo de las cosas a la luz de los principios. No hay otra regla de reforma que el buscar la verdad y confesarla pase lo que pase (Fréderic Le Play en 1865[1]).

Sepamos reconocer finalmente que el abandono de los principios es la verdadera causa de nuestros desastres (Conde de Chambord, el 8 de mayo de 1871[2]).

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MONSEÑOR CHARLES-EMILE FREPPEL (1827-1891, obispo de Angers a partir de 1870) señalaba la importancia de los principios:

La mayor desgracia para un siglo o para un país, es el abandono o disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo lo demás, pero jamás nos recuperamos del sacrificio de los principios. Los caracteres pueden desviarse en momentos determinados, y la moral pública puede recibir algunos ataques del vicio o del mal ejemplo, pero nada está perdido mientras que las verdaderas doctrinas permanezcan de pie en su integridad. Con ellas, todo podrá rehacerse tarde o temprano, los hombres y las instituciones, porque siempre somos capaces de regresar al bien cuando no hemos abandonado la verdad. Lo que suprimiría hasta la misma esperanza de salvación, sería la deserción de los principios, fuera de los cuales nada sólido ni durable puede edificarse. Así, el más grande servicio que el hombre puede dar a sus semejantes en épocas de desfallecimiento o de oscurecimiento, es el afirmar la verdad sin temor, incluso si no lo escuchan; pues es un rayo de luz que él abre a través de las inteligencias; y si su voz no llega a dominar los ruidos del momento, por lo menos ésta será acogida en el futuro como la mensajera de salvación[3].

¿De qué principios se trata?

En filosofía tomista, se define así el principio: “Es a partir del cual alguna cosa procede, de una manera o de otra -id a quo aliquid procedit quocumque modo. »

Por ejemplo, el punto es el principio de la línea que lo prolonga, la mañana es el principio del día que le sigue, el Padre es el principio del Hijo en la Santísima Trinidad, el fuego es el principio del calor (de manera general, la causa es el principio de su efecto), etc.

Cuando hablamos de la importancia de los principios, queremos hablar de los principios del razonamiento. Estos son de dos clases: los principios especulativos, que están en la base de las ciencias, y los principios prácticos, que son el fundamento de la moral.

En la cita de Mons. Freppel, donde trata de “moral pública” y de las “instituciones”, el contexto muestra que se trata de principios prácticos, es decir, las principales verdades de la doctrina moral y política. El Syllabus de Pio IX es un ejemplo de tales principios[4]. El Decálogo es en sí mismo un enunciado de los principios de la moral.

¿Son inmutables los principios?

No es porque hablamos de principios prácticos -en oposición a los principios especulativos en el origen de las ciencias especulativas- que se debe imaginar que estos principios solo tienen un valor relativo.

Leemos en una revista reciente de la Tradición que el principio de orden práctico -a diferencia del principio especulativo- sería “doble” y que “las verdades que se derivan de un doble principio de orden práctico” serían entonces “relativas”.

miércoles, 23 de julio de 2014

LA UNIDAD DE LA IGLESIA





“Para la Iglesia no hay otra unidad ni otra paz que la unidad y la paz dentro de la verdad de Jesucristo”.


Cardenal Pie

sábado, 5 de julio de 2014

COMENTARIOS ELEISON - CARDENAL PIE II




Número CCCLXIV (364)
05 de julio de 2014

CARDENAL PIE – II

Mons. Williamson




La cita del Cardenal Pie la semana pasada (cf. CE 362) continuaba directamente como sigue:

“En tal extremo, en tal desesperado estado de la situación, cuando el mal ha tomado posesión de un mundo pronto a ser consumido por las llamas, ¿qué deben hacer todos los verdaderos Cristianos, todos los hombres buenos, todos los Santos, todos los hombres con algo de fe y coraje? Teniendo que vérselas con una situación claramente más imposible que nunca, y con una redoblada energía por su ardiente oración, por sus activos trabajos y por sus intrépidos esfuerzos, ellos dirán, Oh Dios, Oh Padre en el Cielo, santificado sea tu nombre en la tierra como lo es en el Cielo, venga a nosotros tu reino en la tierra tal como lo es en el Cielo, hágase tu voluntad en la tierra como lo es en el Cielo. ¡En la tierra como lo es en el Cielo! Y ellos estarán aun murmurando estas palabras mientras la misma tierra cede debajo de sus pies.

“Y, así como alguna vez allá lejos y hace tiempo, siguiendo a un desastre militar espantoso, el Senado romano y los oficiales estatales de todas las jerarquías, todos ellos, pudieron ser vistos saliendo para ir al encuentro del cónsul derrotado para felicitarlo por no haberse desesperanzado de la República Romana; así mismo el senado del Cielo, todos los Coros de los ángeles, todos los rangos de los Bienaventurados, saldrán al encuentro de los generosos atletas de la Fe que habrán peleado hasta las últimas consecuencias, esperanzados contra toda esperanza.

“Y entonces, ese imposible ideal que los elegidos de todas las épocas habían obstinadamente perseguido, se tornará una realidad. En su Segunda y última venida, el Hijo entregará el Reino de este mundo a Dios Su Padre, el poder del mal habrá sido arrojado para siempre a las profundidades del abismo; todo lo que haya rechazado ser asimilado e incorporado a Dios a través de Jesucristo por medio de la fe, el amor y la observancia de la ley, será echado en la cloaca de la inmundicia sempiterna. ¡Y Dios vivirá y reinará por siempre y para siempre, no solamente en la unicidad de Su naturaleza y en la sociedad de las tres Personas divinas, sino también en la plenitud del Cuerpo Místico de Su Hijo Encarnado y en el cumplimiento de la Comunión de los Santos!”.

Queridos lectores, debería ser obvio a estas alturas que el Cardenal Pie, a pesar del panorama tan sombrío de su visión del futuro, no era por nada derrotista. Aún cuando viendo con una absoluta claridad la situación humanamente desesperanzada en la cual la humanidad se estaba sumergiendo ella misma, con una igual claridad él distinguió el punto de vista humano, del divino: podía ser que una masa de hombres en el siglo 19 no estaban desafiando a Dios Todopoderoso y transformándose ellos mismos en prendas de Satanás y en forraje para su horrible Infierno, pero sin embargo, el sublime propósito de Dios para las almas de los elegidos que elegirían amarlo y servirlo a El, estaba al mismo tiempo siendo logrado para el Cielo de Dios. Verdaderamente, “todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Rom. VIII, 28).

En el 2014 podemos fácilmente perder de vista el propósito de Dios, cuando pensamos de una manera demasiado humana en cómo el mal avanza todo alrededor nuestro. Pero el propósito de Dios no es salvar la civilización si y cuando los hombres desean destruirla. Su propósito es llevar almas al Cielo a través de Su Hijo Jesucristo y, para este propósito, el colapso de la civilización y de todas las ambiciones y esperanzas terrenales, puede bien servir para forzar las mentes y los corazones de los hombres a que se eleven por encima de consideraciones mundanas. Dios no nos creó solamente para esta corta vida ni para este corrupto mundo. “Porque aquí no tenemos ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (Hebr.  XIII, 14).

Kyrie eleison.

  

martes, 1 de julio de 2014

1° DE JULIO: VOTO SOLEMNE DE SANTIAGO DE LINIERS ANTE LA VIRGEN DEL ROSARIO





El 27 de junio de 1806, tropas inglesas a cargo del general William Beresford atacaron Buenos Aires, que no estaba preparada para enfrentar la invasión. Como lo recuerda una placa con transcripciones del archivo de la orden, ese domingo 1 de julio se impidió realizar en el templo el culto al Santísimo Sacramento.
1º de Julio de 1806. En una celda del convento de Santo Domingo, Santiago de Liniers mantiene una secreta conversación con el prior, Fray Gregorio Torres. Liniers acaba de llegar a Buenos Aires, después de solicitar y obtener de Beresford permiso para entrar en la ciudad, En las últimas jornadas, ha permanecido al frente de la batería de la Ensenada, distanciado de los combates que culminaron con la derrota de las fuerzas del Virreinato. Por lo mismo, está libre del compromiso, impuesto a los soldados españoles capturados, de no tomar nuevamente las armas contra los británicos.
Liniers, en consecuencia, está decidido a lanzarse nuevamente a la lucha para liberar a Buenos Aires. Y así lo comunica, con emocionada determinación, al prior de Santo Domingo:

- Estoy resuelto a hacerlo, reverendo padre. Hoy mismo, en el transcurso de la Misa, he hecho ante la imagen sagrada de la Virgen un voto solemne. Le ofreceré las banderas que tome a los británicos si la victoria nos acompaña. Y no dudo que la obtendré si marcho a la lucha con la protección de Nuestra Señora.


Recordemos que Santiago de Liniers hizo ante esta imagen, el 1° de julio de 1806, el voto solemne de ofrecerle las banderas tomadas a los británicos si la reconquista tenía  éxito. Y cumplió su voto, naturalmente, por lo que las banderas tomadas a los ingleses, aun hoy, permanecen en el camarín de la Virgen del Rosario. (Fuente) 



ACTA CONSAGRANDO A LA VIRGEN DEL ROSARIO LOS TROFEOS DE LA RECONQUISTA: 

sábado, 28 de junio de 2014

COMENTARIOS ELEISON - CARDENAL PIE I




Número CCCLXIII (363)
28 de junio de 2014

CARDENAL PIE I

Mons. Williamson



El Cardenal Pie (1815–1880) fue un gran hombre de Iglesia de la Francia del siglo 19no, uno de los grandes defensores de la Fe contra ese liberalismo que estaba devorando al mundo desde la Revolución Francesa (1789) en adelante. El Papa San Pío X mantenía sus obras en la cabecera de su cama y los leía constantemente. Sin duda, el profundo asimiento que el Cardenal tenía de las ideas claves que conducen el mundo moderno, jugó un papel primordial en permitir que San Pío X obtuviera una remisión temporaria de 50 años, digamos desde 1907 hasta 1958, para la desahuciada Iglesia Católica.
¿Desahuciada? ¡Pero la Iglesia Católica no puede ser desahuciada! Cierto, por la protección de Dios durará hasta el fin del mundo (Mt. XXVIII, 20), pero al mismo tiempo sabemos por la palabra de Dios que para ese entonces la Fe escasamente será encontrada en la tierra (Lc.XVIII,8) y que se le habrá dado a las fuerzas del mal el vencer a los Santos (Apoc.XIII,7). Estas son dos citas importantes para tener presente en el 2014 porque todo alrededor nuestro hoy en día nos dice que los seguidores de Cristo deben estar preparados para una aparente derrota tras la otra, por ejemplo la caída de la Fraternidad San Pío X. Aquí está lo que el Cardenal Pie escribió sobre esta cuestión, ¡hace cómo 150 años!
“Luchemos, esperanzado contra toda esperanza, es lo que deseo decirles a todos los Cristianos pusilánimes, esclavos de la popularidad, adoradores del éxito y turbados por el menor avance del mal. Dado como ellos se sienten, por favor Dios que se les exima de las agonías del juicio final del mundo. ¿Es ese juicio cercano o está aún en la lontananza? Nadie lo sabe y no me aventuraré a anticipar una adivinanza. Pero una cosa es cierta, a saber, que lo más cercano que estemos al fin del mundo, lo más y más será que hombres malvados y engañosos ganarán ventaja. La Fe apenas se encontrará en la tierra, lo cual significa que habrá casi completamente desaparecido de las instituciones terrenales. Los propios creyentes apenas se atreverán a profesar su creencia en público o en la sociedad.
“La división, separación y el divorcio de los Estados con respecto a Dios que para San Pablo era una señal profetizando el final, avanzará día a día. La Iglesia, aun permaneciendo siempre como una sociedad visible, estará más y más reducida a las dimensiones del individuo y del hogar. Cuando Ella principió dijo que Ella estaba encerrada y requirió siempre más espacio para respirar, pero a medida que Ella se aproxima a su fin en la tierra, así Ella tendrá que pelear una acción de retaguardia cada centímetro del camino, estando rodeada y cercada por todos los lados. Cuanto más Ella se desplegó en épocas previas, mayor será el esfuerzo que se haga ahora para cercenarla en tamaño. Finalmente, la Iglesia sufrirá lo que parece una verdadera derrota y a la Bestia le será dado el hacer la guerra a los Santos y vencerlos. La insolencia del mal estará en su máximo”.
Estas son palabras proféticas que día a día se vuelven más verídicas, para nada agradables de admitir, pero ancladas en la Escritura. Un sabio Anglicano (el Obispo Butler) dijo en el siglo 18vo, “Las cosas son lo que son. Sus consecuencias serán lo que serán. ¿Por qué entonces buscaríamos engañarnos a nosotros mismos?”. Noten especialmente cómo el Cardenal prevé la imposibilidad de defender la Fe a una escala mayor que no sea simplemente la del hogar. No todos concuerdan en que hemos ya llegado a ese punto en el 2014. Yo quisiera desear que estén en lo correcto, pero todavía debo ser persuadido que con gente desintegrada uno puede hacer una sociedad integrada. Contrasta con nosotros, ciudadanos democráticos de hoy en día, el centurión romano en el Evangelio que comprendió la cadena de mando y reconoció como del todo natural la autoridad de Nuestro Señor (Mt.VIII,5–18) – ¡Cómo lo alabó Nuestro Señor!
Paciencia. Vean la próxima semana cómo el Cardenal mismo reaccionó a lo que él preveía. ¡No creía por nada en la derrota!
Kyrie eleison.


jueves, 29 de agosto de 2013

CRISIS EN LA FSSPX: CONSEJOS DE SAN HILARIO, DEL CARDENAL PIE, DE DOM MARMION, DE MONSEÑOR FREPPEL Y MONSEÑOR LEFEBVRE.-




Les presentamos extractos sacados del artículo Monseñor Lefebvre, Roma y los ralliés. Este artículo fue publicado hace aproximadamente un año en antimodernisme.info, sitio que fue suprimido por causa de las intimidaciones de Menzingen. Este artículo estaba destinado a luchar contra los acuerdos con Roma. Demuestra que nosotros, en conciencia, no podemos alinearnos con la posición de los que ya hicieron el acuerdo con Roma. Nosotros vamos a utilizar estos extractos agregando entre paréntesis un comentario (en rojo); veremos que esto podrá ayudarnos a ver claro en cuanto a la conducta a adoptar respecto de Monseñor Fellay.

SAN HILARIO




 (…) Nosotros debemos en todas las cosas actuar para agradar a Dios y no a los hombres: “¿Me concilio con el favor de los hombres o con el de Dios? Si agrado a los hombres, yo no seré servidor de Cristo” (Gál. 1,19).
En la crisis de la Iglesia, nuestra intención no puede ser el buscar la seguridad de un reconocimiento social por la autoridad eclesiástica, ni de seguir una falsa paz (con Menzingen) que nos dispense del combate, ni establecer un acuerdo o una unidad que no es más que una mentira.
Dom Guéranger, en la fiesta de san Hilario, exalta el valor de este gran defensor de la fe, quien no tuvo que combatir contra un perseguidor que amenazara las vidas, sino con uno que seducía los espíritus, halagando los corazones para mejor perderlos (proponiéndoles un traslado-promoción por ejemplo). El nos señaló las quejas de san Hilario a Dios:
Oh Dios todopoderoso, «Contra tus enemigos declarados, hubiera combatido con gozo. (…) Pero hoy en día tenemos que combatir contra un persecutor disfrazado, contra un enemigo que nos halaga, contra Constancio el anticristo (contra Monseñor Fellay), quien tiene para nosotros, no golpes sino caricias, que no proscribe a sus víctimas para darles la verdadera vida, sino que los colma de riquezas para darles la muerte; que no les otorga la libertad de los calabozos, sino que les da una servidumbre de honores en sus palacios; que no desgarra los flancos, sino que invade los corazones. (…) Él no disputa el miedo de ser vencido, sino que adula para dominar; (…) él procura una falsa unidad para que no haya paz; él se enfurece contra ciertos errores para mejor destruir la doctrina de Cristo; él honra a los obispos a fin de que dejen de ser obispos; él construye iglesias arruinando la fe. (…)”
Es fácil y posible establecer un paralelismo con las actuales autoridades de la Iglesia (y con Monseñor Fellay) en sus relaciones con aquellos que quieren permanecer fieles a la fe, mientras que gozan de los beneficios que se les ofrecen: honores, el abandono del combate doctrinal, la falsa unidad.
Don Guéranger nos da la causa de esto: el espíritu mundano, la falta de una fe profunda que conduzca y dirija todos los actos de la vida, la costumbre de la diplomacia más que el combate sin misericordia contra los enemigos de la fe. Esto es lo que él dice: “En todas las épocas, la Iglesia ha tenido en su seno los fieles a medias que, sea por la educación, por un cierto bienestar, por su éxito, influencia o talento, permanecen entre los católicos pero que el espíritu del mundo ha pervertido. Ellos se han hecho una iglesia humana, porque el naturalismo habiendo falseado su espíritu, se volvieron incapaces de captar la esencia sobrenatural de la Iglesia verdadera. Acostumbrados a los cambios en las políticas, adeptos a los trucos por los que los estadistas vienen a mantener un equilibrio pasajero a través de las crisis, les parece que la Iglesia en la declaración misma de sus dogmas, debe contar con enemigos, pues ella podría confundirse sobre la conveniencia de sus resoluciones, en una palabra, que la precipitación puede atraer sobre ella y sobre los que comprometerá con ella, un descrédito funesto.

CARDENAL PIE




El Cardenal Pie hace hablar a San Hilario como sigue: “Temo la terrible responsabilidad que pesaría sobre mí por la connivencia, por la complicidad de mi silencio (no denunciando a Monseñor Fellay). Temo el juicio de Dios, temo por mis hermanos que han salido del camino de la verdad, temo por mí, pues mi deber es traerlos de vuelta”. Y agregamos: “Pero ¿no hay reticencias permitidas, o miramientos necesarios?” Hilario respondió que la Iglesia no tiene necesidad que le enseñemos, y que ella no puede olvidar su misión esencial. Esta misión es: “Ministros de la verdad, les corresponde declarar lo que es verdad”. (Obras del Cardenal Pie, tomo 6, 14 de enero de 1870) (Dom Guéranger, Año Litúrgico, Navidad, en la fiesta de San Hilario) (…).


DOM MARMION




Dom Marmion, La unión con Dios, DDB 1937, pág.23:
« 1. Examinen a fondo la intención con la cual actúan. El amor con el que ustedes actúen es mil veces más importante que la exactitud material que aporten en sus acciones.
2- Examínense para ver si su corazón es completamente libre:
a - en relación a las personas;
b- en relación a las ocupaciones, estando dispuestos en todo momento a cambiar de ocupación al menor signo de la divina voluntad;
c - en relación a las cosas, no quedándose con nada, ni para ustedes, ni para los otros si la caridad lo demanda”.


MONSEÑOR FREPPEL




Los adheridos a Roma (y ahora los sacerdotes y fieles de la FSSPX), están amenazados por la “peste del indiferentismo”, pues colocan la verdad y el error en igualdad, (como lo vimos en la Declaración del 15 de abril de 2012 que sostiene, como los adheridos a Roma, que la misa de Paulo VI está legítimamente promulgada y que se puede aceptar al Vaticano II, los nuevos sacramentos y el nuevo código de derecho canónico a la luz de la Tradición). ¿Qué remedio darles?

Pongamos atención a la advertencia de Monseñor Freppel:

« La mayor desgracia para un siglo o un país, es el abandono o la disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo lo demás,  pero jamás nos recuperamos del sacrificio de los principios. Los caracteres pueden doblarse en momentos determinados y la moral pública puede recibir alguna ofensa del vicio o del mal ejemplo, pero no se pierde nada si las verdaderas doctrinas se sostienen en su integridad. Con ellas, todo podrá rehacerse tarde o temprano, los hombres y las instituciones, porque siempre somos capaces de regresar al bien cuando no hemos abandonado la verdad.
Lo que retiraría hasta la misma esperanza de salvación, es la deserción de los principios, fuera de los cuales nada hay sólido ni durable. El más grande servicio que puede hacer un hombre a sus semejantes en épocas de desfallecimiento y oscurecimiento, es el de afirmar la verdad sin temor, aunque no la escuchen; Porque es un surco de luz que se abre a través de las inteligencias y, si su voz no llega a dominar los ruidos del momento, por lo menos será recogida en el futuro como la mensajera de la salvación." (Monseñor Freppel, Panegírico de San Hilario, 19 de enero de 1873)


MONSEÑOR LEFEBVRE





Monseñor Lefebvre dió en marzo de 1988, algunas nociones sobre la obediencia. Helas aquí:

« Los principios que determinan la obediencia son conocidos y tan conformes a la sana razón y al sentido común que uno se pregunta cómo las personas inteligentes pueden afirmar que prefieren equivocarse con el Papa, que estar en la Verdad en contra del Papa.

« Esto no es lo que nos enseña la ley natural, ni el Magisterio de la Iglesia. La obediencia supone una autoridad que da una orden o promulga una ley. Las autoridades humanas, incluso las instituidas por Dios (Monseñor Fellay) no tienen más autoridad que alcanzar el fin asignado por Dios y no para desviarse de él. Cuando una autoridad (ej. Monseñor Fellay) usa de su poder en contra de la ley por la cual su poder se le otorgó, no tiene derecho a la obediencia y debemos desobedecerla.

Se acepta esta necesidad de la desobediencia respecto al padre de familia que alienta a su hija para prostituirse, respecto de la autoridad civil que obliga a los médicos a provocar abortos y matar inocentes, pero se acepta a cualquier precio la autoridad del Papa (o de Monseñor Fellay) que sería infalible en su gobierno y en todas sus palabras. Es desconocer la historia e ignorar lo que en realidad es la infalibilidad.

San Pablo reprendió a San Pedro que no “caminaba según la verdad del Evangelio” (Gal. II, 14). San Pablo alienta a los fieles a no obedecerle si llegaba a predicar otro Evangelio que el que había enseñado con anterioridad (Gal. I,8).

Cuando Santo Tomás habla de la corrección fraterna, hace alusión a la resistencia de San Pablo respecto a San Pedro y lo comenta así: “Resistir públicamente sobrepasa la medida de la corrección fraternal. San Pablo no lo hubiera hecho hacia San Pedro si no hubiera sido su igual de alguna manera… sin embargo, hay que saber que si se trata de un peligro para la fe, los superiores deben ser reprendidos por sus inferiores, incluso públicamente. Esto es evidente por la forma y la razón de actuar de San Pablo respecto a San Pedro,  que fue objeto de esta reprensión, de tal suerte,  dice la Glosa de Agustín, "que el mismo Jefe de la Iglesia ha mostrado a los superiores (como Monseñor Fellay, por ejemplo) que si llegaran a dejar el camino recto, aceptasen ser corregidos por sus inferiores”  (Santo Tomás. 2a. 2ae. q. 33. art. 4. ad 2).

El caso que evoca Santo Tomás de Aquino no es quimérico ya que tuvo lugar durante la vida de Juan XXII. Éste creyó poder afirmar como una opinión personal que las almas de los elegidos no gozarían de la visión beatífica hasta después del juicio final. Él escribió esta opinión en 1331 y en 1332 predicó una opinión semejante respecto de la pena de los condenados. Él pensaba proponer esta opinión por un decreto solemne.

Pero las vivas reacciones por parte de los Dominicos, sobre todo los de París y de los Franciscanos, lo hicieron renunciar a esta opinión a favor de la opinión tradicional definida por su sucesor Benedicto XII en 1336.

Y he aquí lo que dice el Papa León XIII en su Encíclica Libertas praestantissimum del 20 de junio de 1888: “Supongamos que haya una prescripción de un poder cualquiera (ejemplo: el poder de Monseñor Fellay) que estuviera en desacuerdo con los principios de la recta razón y de los intereses del bien público (con mayor razón con los principios de la fe), ella no tendría ninguna fuerza de ley…” y un poco más adelante: “Tan pronto como el derecho de mandar constituya una falta o que la orden sea contraria a la razón, a la ley eterna, a la autoridad de Dios, entonces es legítimo desobedecer, nos referimos a los hombres, a fin de obedecer a Dios".

Pues nuestra desobediencia está motivada por la necesidad de conservar la fe católica. Las órdenes que nos dan expresan claramente que son para obligarnos a someternos sin reserva al concilio Vaticano II, a las reformas posconciliares y a las prescripciones de la Santa Sede, es decir, a orientaciones y acciones que minan nuestra fe y destruyen la Iglesia, a lo cual es imposible reducirnos. Colaborar a la destrucción de la Iglesia, es traicionar a la Iglesia y a Nuestro Señor Jesucristo.

Pues todos los teólogos dignos de ese nombre enseñan que si el Papa (o Monseñor Fellay) por sus acciones destruye la Iglesia, no podemos obedecerlo, (Vitoria, Obras, pp. 486- 487; Suarez, de fide, disp. X, sec. VI. n°16 ; saint Robert Bellarmin, De Rom. Pont., livre II. c. 29; Cornélius a Lapide, ad Gal. 2, 11, etc...) y él debe ser reprendido respetuosamente pero públicamente.

Los principios de la obediencia a la autoridad del Papa son aquellos que ordenan las relaciones entre una autoridad delegada (ej. Monseñor Fellay) y sus subordinados. No se aplican a la autoridad divina que siempre es infalible e indefectible y que por lo tanto no supone ninguna falla.

En la medida en que Dios comunique su infabilidad al Papa, y en la medida que el Papa crea usar de esta infabilidad, que comporta condiciones muy precisas para su ejercicio, no puede haber error.

Pero fuera de este caso preciso, la autoridad del Papa es falible y de este modo los criterios que obligan a la obediencia se aplican a sus actos. No es inconcebible que haya un deber de desobediencia respecto al Papa.

La autoridad que le ha sido conferida lo ha sido por fines precisos y en definitiva por la gloria de la Trinidad, de Nuestro Señor Jesucristo y la salvación de las almas.

Todo lo que realice el Papa (o Monseñor Fellay) en oposición con este fin, no tiene ningún valor legal y ningún derecho a la obediencia, mas bién obligaría a la desobediencia para permanecer en la obediencia a Dios y en la fidelidad a la Iglesia. (…)”.

(Monseñor Lefebvre, « La obediencia, ¿puede obligarnos a desobedecer?” 29 de marzo de 1988, Fideliter, 29-30 de junio de 1988).