La
pasión de la verdad
"Sólo
en la verdad se puede fundamentar una verdadera grandeza; sólo diciéndola se
puede caminar a ella. Hoy día estamos tan sumergidos en mentiras que el amor a
la verdad representa una especie de martirio, y conduce al martirio real cuando
se vuelve verdadera pasión; y la verdad se vuelve pasión en todos aquellos que
se abren al espíritu de Dios". Esto
dijo el Padre Castellani.
Pero
en los que no se vuelve una pasión, la verdad se vuelve tal vez –y como mucho-
una afición, algo con lo que se puede juguetear un rato cada día, sin que comprometa
demasiado en el resto de la vida. Esta es una forma muy fácil de engañarse.
Publicamos en la Internet algunas frases o citas combativas, filosas,
inteligentes, católicas apostólicas y romanas, o hacemos o concurrimos a
conferencias y charlas, a jornadas de formación o presentación de libros, o
armamos videítos o archivos que reenviamos, y con eso nos creemos cumplidos y a
otra cosa. Eso es algo que cunde mucho en la línea media y que la FSSPX le ha
copiado a ésta. Se hacen conferencias y ciclos “esplendorosos” sobre la
Cristiandad, sobre el Liberalismo, se lo condena con los Papas de la Iglesia
pre-conciliar…muy bien, pero…pero después se actúa como liberal, se piensa como
liberal y… se “duerme” como liberal. Hay por allí muchos grupos y sub-grupos
que a su vez se dividen en otros grupos más pequeños, nacionalistas,
líneas-media, congregaciones pseudotradicionales, “castellaneanas”, etc. que no
van más allá de esto. Furibundas críticas al liberalismo, pregones
tradicionalistas, iniciativas muy lindas pero que no comprometen la vida entera
de nadie, y después por una verdad que incomoda o despatarra toda esa
estructura ideológica…el silencio, el desdén, el encierro en la propia morada
confortable de la congregación, la capillita, el grupo de estudios o el sitio
web. La confusión lo invade todo y el espíritu liberal –a veces disfrazado de
“Tradición”- se inmiscuye en los ambientes que parecían o se creían blindados.
“Somos adultos y no necesitamos censuras ni reconvenciones”, dirán algunos.
“Estamos sinceramente comprometidos en esta lucha”, se ufanarán otros. “No
puedo hacer más” dirán otros más bien distraídos, y unos cuantos se contentarán
con obedecer ciegamente, sin animarse a pensar. Pensamiento tradicional y
conducta liberal. Fustigar a la Masonería y aceptar el secretismo y la
obediencia ciega de los superiores. Mentar el martirio y sonreírle al Jefe de
la secta modernista. Facilidades por todos lados, orgullos que no esperan ni
desean esa “especie de martirio” que representa el amor a la verdad.
Mediocridad. Hasta ahí llegamos. Conferencias, cursitos, charlas de café y
tertulias: eso “demuestra” nuestro combate. Sí, muy bien, muy meritorio, pero muéstrame
tus heridas. Muéstrame lo que has perdido en el camino. Muéstrame lo que has
resignado, muéstrame los que te han abandonado o negado la palabra. Muéstrame
los que te han rechazado, los que debiendo ayudarte te han olvidado o te han
perseguido, y entonces sabré que tu compromiso no se ha quedado en las
palabras, sino que ha tomado tu vida entera y quieres ser otro Cristo. Amor a
la verdad, qué fácil se proclama, qué difícil se vive. Cristo, misericordia de
nosotros.
El odio a la mentira
Se
dice que se ama la verdad, pero no se odia lo suficiente la mentira. Porque
esto último es lo que al mundo de verdad le repugna. El mundo está dispuesto a
aceptar una verdad, mientras ésta no sea exclusiva y no comprometa su mentira.
Ahora bien, cuando esa verdad se torna intransigente con la mentira, esté esta
donde estuviere y se disfrace como se disfrazare, allí surge el rechazo por quien no
quiere someterse ni a la sombra de la mentira. Quien ama el vino puro de la
verdad se torna un fanático para quien en alguna u otra medida hace
compromisos. Se vive fácil del martirio ajeno. Claro que nadie tiene derecho a
exigirle a nadie sino sólo a sí mismo por amor a Dios, todo el sacrificio que
Dios quiere le demos como correspondencia a su entero amor por nosotros.
El problema está en que la mayoría (habría
que recordar lo que dijo el P. de la Cloriviere, no?) para no tener problemas
con la autoridad, prefieren tener problemas con la verdad. Por eso se quedan en
el molde. Y al que dice demasiado la verdad lo prefieren lejos, donde no
interfiera con su piadosa tranquilidad de vida (esto también ya lo dijo Ernest Hello),
que ya bastante problemas tiene. Con esto se olvidan que Cristo N.S., que los
Apóstoles, que los Mártires y los Santos todos tuvieron en algún momento de sus
vidas problemas con las autoridades, ya sean políticas, de la Iglesia o de su
misma congregación, o incluso de su propia familia. Y debieron elegir entre
afirmarse en la verdad a costa de perder la tranquilidad de sus vidas, o
permanecer en cierta tranquilidad de sus vidas volviéndose tibios y cobardes. Que
Dios nos conceda el saber valorar el don de la verdad para hacer que nuestra vida
sea verdaderamente a imitación de la Suya.
A los nacionalistas
“NO
HAY REMEDIO, hay que decir a los ''nacionalistas" grandilocuentes y
efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga.
"No hay remedio, no se aflija: Vd. fórmese, cíñase tranquilamente a su
trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna. —¿Y la
política?— Déjela: los jóvenes no son aptos para la política, por carecer de
experiencia. —Pero yo trabajo además de periodista, tengo una audición radial,
y estudio historia revisionista. —Puede tomar eso como violín de Ingres al
margen de sus estudios de medicina, o de lo que sean, —-Pero tenemos que tener ideas, tenemos que
luchar por el porvenir, por el bien común, por la patria. —Lo único que puede Ud.
hacer por la patria ahora es hacerse un hombre — para dentro de 10 años.
Déjense de fundar diaritos, de "homenajear" la Vuelta de Obligado y
de asistir a conferencias esplendorosas. . . Todo eso está resabido. —Pero ¿no
puedo leer libros de política? —Como distracción: aquí tiene, le regalo estos
dos: Satán en la Ciudad de Bigne de Villeneuve y Política de Santo Tomás de
Bouillon.
El
consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse
mejor cristiano. "A Dios rogando y con el mazo dando". —Justo: pero
primero alcanzar a Dios que te dé el mazo; ahora no tienes ningún mazo.” (P. Castellani,
Revista Jauja N° 12).
Apóstoles y obispos



