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jueves, 30 de octubre de 2014

APUNTES DESDE LA TRINCHERA






La pasión de la verdad      

"Sólo en la verdad se puede fundamentar una verdadera grandeza; sólo diciéndola se puede caminar a ella. Hoy día estamos tan sumergidos en mentiras que el amor a la verdad representa una especie de martirio, y conduce al martirio real cuando se vuelve verdadera pasión; y la verdad se vuelve pasión en todos aquellos que se abren al espíritu de Dios". Esto dijo el Padre Castellani.
Pero en los que no se vuelve una pasión, la verdad se vuelve tal vez –y como mucho- una afición, algo con lo que se puede juguetear un rato cada día, sin que comprometa demasiado en el resto de la vida. Esta es una forma muy fácil de engañarse. Publicamos en la Internet algunas frases o citas combativas, filosas, inteligentes, católicas apostólicas y romanas, o hacemos o concurrimos a conferencias y charlas, a jornadas de formación o presentación de libros, o armamos videítos o archivos que reenviamos, y con eso nos creemos cumplidos y a otra cosa. Eso es algo que cunde mucho en la línea media y que la FSSPX le ha copiado a ésta. Se hacen conferencias y ciclos “esplendorosos” sobre la Cristiandad, sobre el Liberalismo, se lo condena con los Papas de la Iglesia pre-conciliar…muy bien, pero…pero después se actúa como liberal, se piensa como liberal y… se “duerme” como liberal. Hay por allí muchos grupos y sub-grupos que a su vez se dividen en otros grupos más pequeños, nacionalistas, líneas-media, congregaciones pseudotradicionales, “castellaneanas”, etc. que no van más allá de esto. Furibundas críticas al liberalismo, pregones tradicionalistas, iniciativas muy lindas pero que no comprometen la vida entera de nadie, y después por una verdad que incomoda o despatarra toda esa estructura ideológica…el silencio, el desdén, el encierro en la propia morada confortable de la congregación, la capillita, el grupo de estudios o el sitio web. La confusión lo invade todo y el espíritu liberal –a veces disfrazado de “Tradición”- se inmiscuye en los ambientes que parecían o se creían blindados. “Somos adultos y no necesitamos censuras ni reconvenciones”, dirán algunos. “Estamos sinceramente comprometidos en esta lucha”, se ufanarán otros. “No puedo hacer más” dirán otros más bien distraídos, y unos cuantos se contentarán con obedecer ciegamente, sin animarse a pensar. Pensamiento tradicional y conducta liberal. Fustigar a la Masonería y aceptar el secretismo y la obediencia ciega de los superiores. Mentar el martirio y sonreírle al Jefe de la secta modernista. Facilidades por todos lados, orgullos que no esperan ni desean esa “especie de martirio” que representa el amor a la verdad. Mediocridad. Hasta ahí llegamos. Conferencias, cursitos, charlas de café y tertulias: eso “demuestra” nuestro combate. Sí, muy bien, muy meritorio, pero muéstrame tus heridas. Muéstrame lo que has perdido en el camino. Muéstrame lo que has resignado, muéstrame los que te han abandonado o negado la palabra. Muéstrame los que te han rechazado, los que debiendo ayudarte te han olvidado o te han perseguido, y entonces sabré que tu compromiso no se ha quedado en las palabras, sino que ha tomado tu vida entera y quieres ser otro Cristo. Amor a la verdad, qué fácil se proclama, qué difícil se vive. Cristo, misericordia de nosotros.



El odio a la mentira

Se dice que se ama la verdad, pero no se odia lo suficiente la mentira. Porque esto último es lo que al mundo de verdad le repugna. El mundo está dispuesto a aceptar una verdad, mientras ésta no sea exclusiva y no comprometa su mentira. Ahora bien, cuando esa verdad se torna intransigente con la mentira, esté esta donde estuviere y se disfrace como se disfrazare, allí surge el rechazo por quien no quiere someterse ni a la sombra de la mentira. Quien ama el vino puro de la verdad se torna un fanático para quien en alguna u otra medida hace compromisos. Se vive fácil del martirio ajeno. Claro que nadie tiene derecho a exigirle a nadie sino sólo a sí mismo por amor a Dios, todo el sacrificio que Dios quiere le demos como correspondencia a su entero amor por nosotros.
El problema está en que la mayoría (habría que recordar lo que dijo el P. de la Cloriviere, no?) para no tener problemas con la autoridad, prefieren tener problemas con la verdad. Por eso se quedan en el molde. Y al que dice demasiado la verdad lo prefieren lejos, donde no interfiera con su piadosa tranquilidad de vida (esto también ya lo dijo Ernest Hello), que ya bastante problemas tiene. Con esto se olvidan que Cristo N.S., que los Apóstoles, que los Mártires y los Santos todos tuvieron en algún momento de sus vidas problemas con las autoridades, ya sean políticas, de la Iglesia o de su misma congregación, o incluso de su propia familia. Y debieron elegir entre afirmarse en la verdad a costa de perder la tranquilidad de sus vidas, o permanecer en cierta tranquilidad de sus vidas volviéndose tibios y cobardes. Que Dios nos conceda el saber valorar el don de la verdad para hacer que nuestra vida sea verdaderamente a imitación de la Suya. 


A los nacionalistas

“NO HAY REMEDIO, hay que decir a los ''nacionalistas" grandilocuentes y efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga. "No hay remedio, no se aflija: Vd. fórmese, cíñase tranquilamente a su trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna. —¿Y la política?— Déjela: los jóvenes no son aptos para la política, por carecer de experiencia. —Pero yo trabajo además de periodista, tengo una audición radial, y estudio historia revisionista. —Puede tomar eso como violín de Ingres al margen de sus estudios de medicina, o de lo que sean,  —-Pero tenemos que tener ideas, tenemos que luchar por el porvenir, por el bien común, por la patria. —Lo único que puede Ud. hacer por la patria ahora es hacerse un hombre — para dentro de 10 años. Déjense de fundar diaritos, de "homenajear" la Vuelta de Obligado y de asistir a conferencias esplendorosas. . . Todo eso está resabido. —Pero ¿no puedo leer libros de política? —Como distracción: aquí tiene, le regalo estos dos: Satán en la Ciudad de Bigne de Villeneuve y Política de Santo Tomás de Bouillon.
El consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse mejor cristiano. "A Dios rogando y con el mazo dando". —Justo: pero primero alcanzar a Dios que te dé el mazo; ahora no tienes ningún mazo.” (P. Castellani, Revista Jauja N° 12).



Apóstoles y obispos

jueves, 11 de septiembre de 2014

ACTUALIDAD DE TOMÁS DE AQUINO






P. Leonardo Castellani

Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte, dentro de poco. Estamparé aquí una afirmación osada, que a quien le parezca disparatada o temeraria no tiene más que pedirme se la pruebe… Es ésta: en la época en que estamos, la Epoca Atómica (que yo llamaría “Parusíaca”), no habrá más filosofía. Habrá solamente Teología; la filosofía habrá retrocedido a sus raíces religiosas. Habrá una lucha religiosa a muerte entre el ateísmo y la Iglesia Católica, es decir, entre la teología de Hegel y la de Tomás de Aquino. Podemos adelantar que Hegel vencerá, pero no para siempre.

Hace ya un siglo, el gran Menéndez Pelayo exclamó (en Ideas Es­téticas, tomo 4, I): “¡No hay filósofos, y quizás no los habrá ya nunca!”, que es lo que estamos diciendo. Tampoco los hubo después del gran crítico hasta nuestros días. Pero, ¿y esa bandada de filósofos disemina­dos por todo? Aquí en Buenos Aires tenemos como cinco… No son filósofos: son profesores de filosofía. Son discípulos, seguidores, epígo­nos de Hegel. Y lo mismo se ha de decir, pese a quien pese, de Bergson, de Max Scheller, de Gentile, de Julián Marías y de Ortega, etc., etc. Son a veces brillantísimos expositores, pero filósofos no son. Son flor de un día.

El de Aquino tiene en pos de sí a quienes podemos denominar filósofos sil vous plait: Rosmini, Maritain, Marechal, Zeferino Gonzá­les, Balmes, Ramírez, Josef Pieper, Haecker, Peter Wust… y otros. Y una brillantísima falange de expositores, como Zigliara, Mercier, Gus­tave Truc, De Wulf, Descogs, Rousselot, Sertillanges, Mandonnet, Thon­nard, Mánser, Bochenski, Garrigou Lagrange, Gardeil, Gredt, Gilson, etc. Se podría llenar una página de nombres.

Vean por otro lado las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto las tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos, marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzcheanos… Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo.

El causante de esta polarización en marcha fue un teólogo extraño y poderoso llamado Söeren Kierkegaard –si lo quieren mejor en espa­ñol, Suero Kirkegord–. Al fin de su vida, todas sus posiciones prin­cipales (testigo su expositor, traductor y biógrafo, Knud Ferlov) coin­cidían con las de Tomás de Aquino. Sobre esto hemos escrito un libro (De Kirkegord a Tomás de Aquino).

¿Cómo lo hizo? Rebatiendo a Hegel, con una refutación definitiva que está en su Postdata no científica definitiva principalmente, y luego en el resto de su obra. Educado en Hegel y Lutero, se desprendió con energía de los dos en el largo itinerario a Dios de su corta vida. Murió a los 43 años. Si hubiera vivido más, muy probablemente se hubiese reducido a la Iglesia Católica, pues al teólogo oficial de la Iglesia, Tomás de Aquino, ya había llegado solo, a oscuras, sin conocer de él ni una línea.

El historiador idealista Kuno Fischer escribió que Hegel era la “cúspide de la filosofía”. Si hubiera añadido “moderna” estaría en lo cierto. Hegel es el final del camino antitomista abierto por Descartes. Es el anti-Aristóteles, el Aristóteles invertido, patas para arriba: el devenir en lugar del Ser. Pero tiene una potencia de pensar y sistemar comparable a la del Estagirita. Pues bien, el endiosado Kirkegord lo derrumba entero con sólo retirarle el cimiento: el comienzo del filosofar no es el Devenir, sino el Ser. Antes que Heráclito, Parménides, y mejor la síntesis de ambos: Tomás, el “Buey Mudo”.

Lo primero que conocemos son las cosas sensibles, que por abs­tracción de nuestro intelecto nos llevan a Dios, tanteado en las tinieblas de lo Sumo. El principio de no contradicción, “nada puede ser y no ser” (a la vez, en el mismo sentido), eliminado por Hegel, es inelimi­nable. Es el gozne mismo de nuestro pensar. Claro, el que elimina el principio de no contradicción puede llegar después adonde quiera: a decir que el Espíritu Absoluto es a la vez Dios y el hombre, en con­tinua evolución, por ejemplo.

La filosofía greco-latino-cristiana dijo su última palabra en el de Aquino. La filosofía antiescolástica-anticristana moderna dijo su última palabra en Jorge Guillermo Federico Hegel. Ya no queda nada que inventar: sólo se puede glosar y, si acaso, reconstruir y completar. Kir­kegord quedó sepultado casi un siglo, y lo resucitaron los alemanes, traduciéndolo del danés después de la Guerra del 14. Y Santo Tomás estuvo sepultado como seis siglos y fue resucitado por el Papa León XIII. Los dos escribieron para nuestra época, la Época Atómica; o, si quieren creerme, la Época Parusíaca.
  

sábado, 5 de abril de 2014

PLEBEYISMO



“Conviene que vayamos preparando la revolución contra el plebeyismo, el más insufrible de los tiranos”. Ortega y Gasset, Democracia morbosa, 1916.


Castellani explica a Kierkegaard. “Si un Rey se enamora de una sirvienta naturalmente va a sufrir; pero ¿si una sirvienta se enamora de un Rey? Mas volviendo la vista a la Prometida de Cristo, la Iglesia, ve que ella no sufre, lejos de eso, anda muy campante, en politiquerías y apariencias, cómoda, confortable, acomodada. Va a bendecir el Congreso de los Ferroviarios”. Eso es exactamente la iglesia conciliar, que aparenta para el mundo ser “católica”, ahora más “dicharachera” y “divertida” que nunca con el papa (¿?) tanguero y futbolero que “misericordea” con los judíos. En realidad no “misericordea” sino que “miserabiliza” la fe. Si K. dijo que “El protestantismo es el aliado del plebeyismo” entonces Bergoglio es todo un protestante. Tal vez esto es lo que le haya querido hacer saber la Vieja Hereje Isabel II del British Empire, regalándole una canasta con comestibles a Francisco, además de llegar tarde a la cita. Nada de realeza: plebeyismo politiquero y falsa aristocracia disfrazados para la ocasión. Con el consabido broche final de Francisco, dirigido a la jefa espiritual de los herejes que odian a la Iglesia Católica, que de tan repetido se ha tornado un jingle de sus encuentros diplomáticos: “Rece por mí”. Y aquí una vez más se ve el doble discurso de Bergoglio: los mafiosos deben dejar de hacer mal y convertirse porque sino “les espera el Infierno”. A la madraza de los criminales, en cambio, le pide que rece por él. ¿No es esto lo que condenaba Nuestro Señor, el hacer acepción de personas? Por supuesto, ¿quién es él para juzgar a la Reina de Inglaterra?

jueves, 28 de noviembre de 2013

COMUNICAR LA VERDAD



“Comunicar la verdad es sufrir –si no sufres, no comunicas la verdad-.”

Soren Kierkegaard, Diario.