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viernes, 20 de junio de 2014

LA CORRUPCIÓN DE LA CARIDAD, SÍNTOMA DEL ANTICRISTO – POR FEDERICO MIHURA SEEBER





"MUCHOS ANTICRISTOS HAN APARECIDO"
1ª Juan 2,18


Según Federico Mihura Seeber
Tomado de su obra El Anticristo, pág 84 y sigs.
Selección y resumen de Horacio Bojorge.


La Caridad ha sufrido en la modernidad, en sí misma, una amputación o inversión idéntica a la versión falsificada de Cristo en lo dogmático. 
La Caridad ha sido “cortada” de la Trascendencia, es decir, de la relación “vertical” al Padre [...]  Nada, nada puede identificar mejor la acción del Anticristo en nuestro tiempo, que esta tergiversación del Mensaje de Cristo,
esta corrupción de la enseñanza de la primacía del Amor, vuelta contra los Mandatos del Padre y convertida en agente de la mayor perversión del hombre que la historia haya conocido.

"1.- el Anticristo es lo contrario de Cristo, por la inversión de Cristo […]. Siendo Cristo, en su naturaleza humana, el dechado de toda virtud y justicia, su contrario sería el dechado de toda perversión moral.

2.- A lo que me refiero ahora es a lo que ya sugerí: a que la “inversión” de Cristo es la causa de la demonización de lo humano, de la ruina moral o abolición del hombre.

3.- Lo que quiero decir con “inversión” de la doctrina moral del cristianismo es una perversión de la misma. No es su rechazo [como en Nietzsche y otros autores anticristianos], sino una asunción desviada y perversa. Por ello mismo debe ser considerada nominalmente “cristiana”. Es una herejía cristiana.  [Como toda herejía] al negar una parte de la doctrina ortodoxa, corrompe al todo. Lo cual puede servir de descargo [a Nietzsche y otro impugnadores del hecho cristiano], pues lo que tenían a la vista era, ya, esta versión degradada del cristianismo “reblandecido”.

4.- [Esta herejía contra la caridad corrompe a toda] la doctrina moral del cristianismo. En ella, el centro de este ataque herético ha consistido en la perversión-inversión de la doctrina de la Caridad. Se trata, sin duda, de un ataque al alma de la moral cristiana. Porque la Caridad es esa alma. Y su inversión equivale a una inversión de Cristo mismo, consumada en nombre de Cristo. Por eso la considero prototípica de la acción del Anti-Cristo.

5.- La perversión de la doctrina moral cristiana que ha operado como causa de la corrupción moral de Occidente –y, por Occidente, del mundo entero–, radica en la adulteración de la doctrina central de la Caridad. Y distingo también en ello dos aspectos. La alteración de la Caridad en sí misma, por un lado, y la de su relación con el resto de las virtudes, por el otro.

6.- Considerada en sí misma, es evidente que un sucedáneo falsificado de la Caridad cristiana está en el centro de la cultura moral del Occidente moderno. No creo necesario extenderme en el tema de las distintas versiones nominales que esta caridad falsificada ha asumido en las doctrinas morales de la modernidad. Pero es un tópico entre los autores cristianos ortodoxos, que las consignas masónicas extendidas a partir de la Revolución, “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, representan ideas fuerza (“ideas cristianas vueltas locas”, como las llama Chesterton) tributarias del espíritu evangélico pero profundamente alteradas por el inmanentismo filosófico de base. Por mi parte, considero que todas estas adulteraciones –más sus anexas: pacifismo, tolerancia, universalismo, comunismo– radican, como en su fuente motivacional, en la adulteración de la virtud de la Caridad.

7.- Como centro de la estructura moral del Occidente cristiano, la Caridad ha sufrido en la modernidad, en sí misma, una amputación o inversión idéntica a la que he atribuido a la versión falsificada de Cristo en lo dogmático. La Caridad ha sido “cortada” de la Trascendencia, es decir, de la relación “vertical” al Padre. Con lo cual ha quedado corrompida en su misma esencia de virtud teologal, tal como era para el cristianismo ortodoxo. En éste, el mandato de amor que le es propio, se dirigía primordialmente a Dios-Padre. Sólo a partir de allí se hacía extensivo, “horizontalmente”, a los hermanos. La “nueva” caridad en cambio, inmanentizada, suprime desde luego aquella orientación primera y fundante, para dirigirse exclusivamente a los hombres. Esto es el “fraternalismo”, o la “filantropía”, en los que la masonería centrara su ideario, y que hoy se ha hecho extensivo al total de la humanidad civilizada, y penetrado en la propia Iglesia. Que tales “valores” constituyen una versión degradada de la caridad cristiana, lo prueba el hecho de su  impronta universalista. Porque, en efecto, un mandato de amor humano universal está ausente en toda moral o cultura que no haya estado impregnada por la moral evangélica [Nota 86: Exceptuando el estoicismo romano, de inspiración universalista, aunque de fuente filosófica y no religiosa.]