"MUCHOS
ANTICRISTOS HAN APARECIDO"
1ª Juan 2,18
1ª Juan 2,18
Según Federico Mihura
Seeber
Tomado de su obra El
Anticristo, pág 84 y sigs.
Selección y resumen de
Horacio Bojorge.
La
Caridad ha sufrido en la modernidad, en sí misma, una amputación o inversión
idéntica a la versión falsificada de Cristo en lo dogmático.
La
Caridad ha sido “cortada” de la Trascendencia, es decir, de la relación
“vertical” al Padre [...] Nada, nada puede identificar mejor la
acción del Anticristo en nuestro tiempo, que esta tergiversación del Mensaje de
Cristo,
esta
corrupción de la enseñanza de la primacía del Amor, vuelta contra los Mandatos
del Padre y convertida en agente de la mayor perversión del hombre que la
historia haya conocido.
"1.- el Anticristo es lo contrario de Cristo, por la inversión de Cristo […]. Siendo Cristo, en su naturaleza humana, el dechado de toda virtud y justicia, su contrario sería el dechado de toda perversión moral.
2.-
A lo que me refiero ahora es a lo que ya sugerí: a que la “inversión” de Cristo
es la causa de la demonización de lo humano, de la ruina moral o abolición del
hombre.
3.-
Lo que quiero decir con “inversión” de la doctrina moral del cristianismo es
una perversión de la misma. No es su rechazo [como en Nietzsche y otros autores
anticristianos], sino una asunción desviada y perversa. Por ello mismo debe ser
considerada nominalmente “cristiana”. Es una herejía cristiana. [Como
toda herejía] al negar una parte de la doctrina ortodoxa, corrompe al todo. Lo
cual puede servir de descargo [a Nietzsche y otro impugnadores del hecho
cristiano], pues lo que tenían a la vista era, ya, esta versión degradada del
cristianismo “reblandecido”.
4.-
[Esta herejía contra la caridad corrompe a toda] la doctrina moral del
cristianismo. En ella, el centro de este ataque herético ha consistido
en la perversión-inversión de la doctrina de la Caridad. Se trata, sin duda, de
un ataque al alma de la moral cristiana. Porque la Caridad es esa alma. Y su
inversión equivale a una inversión de Cristo mismo, consumada en nombre de
Cristo. Por eso la considero prototípica de la acción del Anti-Cristo.
5.-
La perversión de la doctrina moral cristiana que ha operado como causa de la
corrupción moral de Occidente –y, por Occidente, del mundo entero–, radica en
la adulteración de la doctrina central de la Caridad. Y distingo también en
ello dos aspectos. La alteración de la Caridad en sí misma, por un lado, y la
de su relación con el resto de las virtudes, por el otro.
6.-
Considerada en sí misma, es evidente que un sucedáneo falsificado de la Caridad
cristiana está en el centro de la cultura moral del Occidente moderno. No creo
necesario extenderme en el tema de las distintas versiones nominales que esta
caridad falsificada ha asumido en las doctrinas morales de la modernidad. Pero
es un tópico entre los autores cristianos ortodoxos, que las consignas
masónicas extendidas a partir de la Revolución, “Libertad, Igualdad,
Fraternidad”, representan ideas fuerza (“ideas cristianas vueltas locas”, como
las llama Chesterton) tributarias del espíritu evangélico pero profundamente
alteradas por el inmanentismo filosófico de base. Por mi parte, considero que
todas estas adulteraciones –más sus anexas: pacifismo, tolerancia,
universalismo, comunismo– radican, como en su fuente motivacional, en la
adulteración de la virtud de la Caridad.
7.-
Como centro de la estructura moral del Occidente cristiano, la Caridad ha
sufrido en la modernidad, en sí misma, una amputación o inversión idéntica a la
que he atribuido a la versión falsificada de Cristo en lo dogmático. La Caridad
ha sido “cortada” de la Trascendencia, es decir, de la relación “vertical” al
Padre. Con lo cual ha quedado corrompida en su misma esencia de virtud
teologal, tal como era para el cristianismo ortodoxo. En éste, el mandato de
amor que le es propio, se dirigía primordialmente a Dios-Padre. Sólo a partir
de allí se hacía extensivo, “horizontalmente”, a los hermanos. La “nueva”
caridad en cambio, inmanentizada, suprime desde luego aquella orientación
primera y fundante, para dirigirse exclusivamente a los hombres. Esto es el
“fraternalismo”, o la “filantropía”, en los que la masonería centrara su
ideario, y que hoy se ha hecho extensivo al total de la humanidad civilizada, y
penetrado en la propia Iglesia. Que tales “valores” constituyen una versión
degradada de la caridad cristiana, lo prueba el hecho de su impronta
universalista. Porque, en efecto, un mandato de amor humano universal está
ausente en toda moral o cultura que no haya estado impregnada por la moral
evangélica [Nota 86: Exceptuando el estoicismo romano, de inspiración
universalista, aunque de fuente filosófica y no religiosa.]
