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lunes, 8 de agosto de 2016

lunes, 16 de mayo de 2016

EL SANTO CURA DE ARS: SACERDOTE CALUMNIADO Y PERSEGUIDO





Los sufrimientos más dolorosos que padece el hombre son los sufrimientos morales. Algunos individuos perversos, ajenos a la parroquia del Santo Cura de Ars, y algunos otros jóvenes del pueblo, enfadados por la guerra que dio el Santo Cura contra los bailes y contra la bebida, la emprendieron contra el párroco e intentaron hacerle la vida imposible. Tuvieron la audacia de atribuir su palidez y su flaqueza, no a su cansancio y a lo poco que comía, sino a una vida ocul­tamente licenciosa; mezclaron el nombre de Vianney en sus canciones picarescas; le escribieron cartas anónimas repletas de infames injurias; fijaron cartelones del mismo tono en la puerta de la casa parroquial, y durante las noches hubo pintadas y serenatas de ruido con cencerros al pie de su ventana.
Parecía que ninguna humillación o sufrimiento moral que pudiera sufrirse en esta tierra había de serle perdonado. En el año 1823 fue restablecida la diócesis de Belley y, en consecuencia, Ars dejó de pertenecer al Arzobispado de Lyon. Monseñor Devie, su nuevo Obispo, no lo conocía. Comenzaron a llegar cartas anónimas a manos del Prelado, quien creyó un deber enviar al cura de Trevoux, deán del Señor Cura Vianney, para que hiciese una información sobre su conducta. Se ignora de qué manera se hizo, pero lo cierto es que las imputaciones calumniosas quedaron reducidas a la nada.
Estos hechos puede que fueran una de las razones por las que el Cura de Ars decía al final de su vida: “Si al llegar a Ars hubiese sabido lo que allí había de sufrir, me hubiera muerto del susto". Y así fue. Desde que llegó a Ars, el Reverendo Vianney pasó momentos de verdadera agonía. Llegó a estar tan cansado de los falsos rumores que algunos se atrevieron a propalar sobre su fama, que quiso dejar la parroquia, y lo hubiera hecho si una persona de su intimidad no lo hubiese convencido de que su partida equivalía a una tácita confirmación de las calumnias, según recuerda un testigo de su vida.
Estas pruebas las veía con una visión sobrenatural como una gracia: “Las pruebas, para los que Dios ama, no son castigos, son gracias. ¿Qué son veinte o treinta años comparados con la eternidad? ¿Tanto tenemos que sufrir? Algunas humillaciones, algunos escalofríos, palabras molestas: eso no mata. ¡Qué bien sienta morir cuando se ha vivido en la cruz! Deberíamos correr tras la cruz como el avaro corre tras el dinero. La cruz es el don que Dios ha dado a sus amigos. Nunca hay que mirar de dónde vienen las cruces: vienen de Dios. Es Dios quien nos da este medio para demostrarle nuestro amor”.

sábado, 8 de agosto de 2015

FIESTA DEL SANTO CURA DE ARS



“El tesoro de un cristiano no está sobre la tierra, está en el cielo; nuestro pensamiento debe estar donde está nuestro tesoro. El hombre tiene una bella función, la de rezar y amar. Reza, ama: he aquí la felicidad del hombre sobre la tierra. La oración es un gusto adelantado del cielo y del paraíso. No nos deja nunca sin dulzura. Las penas se deshacen ante la oración bien hecha, como la nieve ante el sol”.


sábado, 9 de agosto de 2014

9 DE AGOSTO - SANTO CURA DE ARS




La boca del justo derramará sabiduría,
y su lengua proclamará la justicia;
la Ley de su Dios la tiene en su corazón.
(S. 36)



sábado, 12 de octubre de 2013

SERMÓN DEL SANTO CURA DE ARS SOBRE LA ORACIÓN





Amen, amen dico vobis: si quid petieritis
Patrem in nomine meo, dabit vobis.
En verdad os digo, todo cuanto pidiéreis
a mi Padre en mi nombre, os lo concederá:
(S. In., XVI, 23.)


Nada más consolador para nosotros que las promesas que Jesucristo nos hace en el Evangelio, al decirnos que todo cuanto pidamos a su Padre en su nombre, nos será concedido. No contento con esto, no solamente nos permite pedirle lo que deseamos, sino que nos insta a ello, llegando hasta a mandárnoslo. Así hablaba a sus Apóstoles (Joam., XVI, 24.): «He aquí que hace ya tres años estoy con vosotros y no me pedís nada. Pedidme, pues, a fin de que vuestra alegría sea llena y perfecta». Lo cual nos indica que la oración es la fuente de todos los bienes y de toda la felicidad que podemos esperar aquí en la tierra. Siendo esto así, si nos hallamos tan pobres, tan faltos de luces y de dones de la gracia, es porque no oramos o lo hacemos mal. Digámoslo con pena: muchos ni siquiera saben lo que sea orar, y otros sólo sienten repugnancia por un ejercicio tan dulce y consolador para todo buen cristiano. En cambio, vemos a algunos orar pero sin alcanzar nada, lo cual proviene de que oran mal; es decir, sin preparación y hasta sin saber lo que van a pedir a Dios. Mas, para mejor haceros sentir la magnitud de los bienes que la oración nos procura, os diré que todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos o lo hacemos mal; y si queréis saber la razón de ello, aquí la tenéis: si acertásemos a orar ante Dios cual debe hacerse, nos sería imposible caer en pecado; y si nos hallásemos exentos de pecado, volveríamos a un estado, por decirlo así, semejante al de Adán antes de su caída. Voy a mostraros: 1.° Cómo sin la oración nos es imposible salvarnos; 2.° Cómo la oración lo puede todo delante de Dios; 3.° Qué cualidades ha de reunir la oración para ser agradable a Dios y meritoria para el que la hace.

I.- Para mostraros el poder de la oración y las gracias que del cielo nos alcanza, os diré que por la oración es como los justos han tenido la dicha de perseverar. La oración es para nuestra alma lo que la lluvia para el cielo. Abonad un campo cuanto os plazca; si falta la lluvia, de nada os servirá cuanto hayáis hecho. Así también, practicad cuantas obras os parezcan bien; si no oráis debidamente y con frecuencia, nunca alcanzareis vuestra salvación; pues la oración abre los ojos del alma, hácele sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad. El cristiano confía solamente en Dios; nada espera de sí mismo. Sí, por la oración es como perseveraron los justos. Era la oración lo que inflamaba sus corazones con el pensamiento de la presencia de Dios, con el deseo de agradarle y de no servir más que a Él. Mirad a Magdalena; ¿en qué se ocupa después de su conversión? ¿No es por ventura en la oración? Mirad a San Pedro; mirad aún a San Luis, rey de Francia, quien, en sus viajes, en vez de pasar la noche durmiendo en su lecho, pasábala en una iglesia orando y pidiendo a Dios el don precioso de perseverar en su gracia. Mas, sin ir tan lejos, ¿no observamos nosotros mismos cómo, a medida que descuidamos la oración, vamos perdiendo el gusto por las cosas el cielo? No pensamos más que en la tierra: pero, si reanudamos nuestra oración, sentimos renacer también en nosotros el pensamiento y el deseo de las cosas del cielo. Cuando tenemos la dicha de estar en gracia de Dios, o bien recurriremos a la oración, o podemos tener la certeza de no perseverar largo tiempo en el camino del cielo.
En segundo lugar, decimos que todos los pecadores, salvo extraordinario e insólito milagro, se convirtieron por la oración. Mirad lo que hace Santa Mónica para alcanzar la conversión de su hijo: o bien la hallaréis al pie del crucifijo, orando y llorando; o bien la veréis junto a personas buenas y prudentes para recabar su auxilio y sus oraciones. Ved al mismo San Agustín cuando quiso de veras convertirse; miradle en el jardín, entregado a la oración y a las lágrimas a fin de mover el corazón de Dios y cambiar el suyo. Por más que seamos pecadores, si recurrimos a la oración y la practicamos debidamente, podremos estar seguros de que Dios nos ha de perdonar. No nos extrañe, pues, que el demonio haga todos los posibles para movernos a dejar la oración o a practicarla mal, pues sabe mejor que nosotros cuán temible sea ella al infierno v cómo es imposible que Dios pueda denegarnos lo que le pedimos al orar. ¡Cuántos pecadores saldrían del pecado, si acertasen a recurrir a la oración!
En tercer lugar; digo que todos los condenados se perdieron porque no oraron o porque oraron mal. De lo cual deduzco que, sin la oración, habremos de perdernos por toda una eternidad, mientras que, con la oración bien hecha, tenemos la seguridad de salvarnos. Los santos estaban de tal manera convencidos de la eficacia de la oración, que, no contentos con dedicarse a ella durante el día, empleaban en tal ejercicio noches enteras. ¿Por qué, pues, sentimos tanta repugnancia por una práctica tan dulce y consoladora? Es porque la hacemos mal, y nunca hemos sentido las delicias que en ella experimentaban los santos...

miércoles, 28 de agosto de 2013

HABLAN LOS SANTOS




“Sólo cree de verdad el que practica lo que cree”.

San Gregorio Magno



“¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? Es el respeto humano”.

Santo Cura de Ars



“Es tan agradecido, que un alzar de ojos con acordarnos de El no deja sin premio”.

Santa Teresa



“El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad”.

San Juan de la Cruz



“Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas ¿para que quieres vivir?”.

 San Agustín



“Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos”.

San Francisco de Sales



“Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día.”

San Alfonso María de Ligorio



“No hay sufrimiento donde reina el amor, pero si existe sufrimiento, el sufrimiento mismo se convierte en objeto de amor”.

San Agustín



"La ley de Cristo, que se cumple en el amor, nos obliga a procurar la salvación de las almas más que la del cuerpo".

San Francisco de Asís



“Dios ama a cada uno de nosotros, como si sólo hubiera uno de nosotros”.

San Agustín



“El grado más perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale más delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas.”

San Francisco de Sales



“El que, por obediencia, se somete al mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión”.

San Bernardo




“Todos los santos comenzaron su conversión por la oración y por ella perseveraron; y todos los condenados se perdieron por su negligencia en la oración. Digo, pues, que la oración nos es absolutamente necesaria para perseverar”.

Santo Cura de Ars



“Si el mundo va contra la verdad, entonces Atanasio va en contra del mundo”.

San Atanasio



“¡Cuántos por el Rosario han salido del pecado! ¡Cuántos han llegado a la santidad! ¡Cuantos han conseguido con una muerte dichosa, la salvación eterna!”.

San Alfonso María Ligorio.



“El amor no consiste en grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado”.

San Juan de la Cruz



“La humildad, pues, nos perfecciona en lo que mira a Dios, y la mansedumbre en lo que toca al prójimo”.

San Francisco de Sales



“Si hubiese en la Iglesia corazones de madre en los sacerdotes, que amargamente llorasen de ver muertos a sus espirituales hijos, el Señor, que es misericordioso, les diría lo que a la viuda de Naím: “No llores”. Y les daría resucitadas las almas de los pecadores”.

San Juan de Ávila



“Están pues muy equivocados los que creen y esperan para la Iglesia un estado permanente de plena tranquilidad, de prosperidad universal, y un reconocimiento práctico y unánime de su poder, sin contradicción alguna; pero es peor y más grave el error de aquellos que se engañan pensando que lograrán esta paz efímera disimulando los derechos y los intereses de la Iglesia, sacrificándolos a los intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo ‘en donde domina enteramente el demonio’, con el pretexto de simpatizar con los fautores de la novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible la armonía entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el Demonio. Son éstos, sueños de enfermos, alucinaciones que siempre han ocurrido y ocurrirán mientras haya soldados cobardes, que arrojen las armas a la sola presencia del enemigo, o traidores, que pretendan a toda costa hacer las paces con los contrarios, a saber, con el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres”.

San Pío X

viernes, 26 de octubre de 2012

NO LES HAGAN CUMPLIDOS


“Hay que combatir el error aún en los cristianos, pues tienen menos derechos que los otros, si esto fuese posible, a profesarlo. Amen a sus adversarios, recen por ellos, ¡pero no les hagan cumplidos! ¡Qué asco! ¡No busquen complacer a algunos, busquen complacer a Dios!”
Santo Cura de Ars