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miércoles, 13 de octubre de 2021

COLÓN ES DE LOS NUESTROS – S. S. LEÓN XIII



De la Carta «Quarto abeunte saeculo»

S.S. León XIII (1810-1903)

“Pero hay además otra razón, y razón especial y principalísima, para que celebremos y con acción de gracias recordemos la inmortal empresa. Y es que Colón es de los nuestros, y que por poco que nos fijemos en la causa que principalmente le movió a explorar el mar tenebroso, y en el motivo que le indujo a llevar hasta el fin su empeño, vemos de una manera indudable que este móvil principal fue la fe Católica, siendo éste, por lo tanto, un nuevo y no pequeño título de la Iglesia a la gratitud del género humano”.

 

“¿De dónde, por otra parte, fuera de esta causa superior, habría de haber alcanzado Colón aquella fortaleza y perseverancia de espíritu que se vio obligado a desplegar hasta llevar a cabo su empresa? Los pareceres contrarios de los sabios, las repulsas de los Príncipes, las tempestades del Océano, las incesantes vigilias, en las que más de una vez temporalmente perdió la vista, todo se volvía contra él. Añádanse luego los fieros encuentros con los salvajes, las infidelidades de los amigos y compañeros, las conspiraciones villanas, la perfidia de los envidiosos, las calumnias de los malévolos y las inmerecidas prisiones. Forzosamente tenía que haber sucumbido Colón bajo el peso de tantos y tan grandes trabajos reunidos, si no le hubiese sostenido siempre la idea de lo nobilísimo de su empeño, al cabo del cual veía grandemente glorificado el nombre cristiano y multitud infinita de almas salvadas. Y esto aparece con gran luz y claridad en la historia. Porque Colón descubrió América en los momentos en que una gran tormenta se cernía sobre la Iglesia; y en cuanto pueden conocerse los designios de la Divina Providencia por el curso que siguen los sucesos, parece especial disposición de Dios la de haber suscitado a este hombre, honra y prez de la Liguria, para que con la empresa que llevó a cabo compensase en gran parte los daños que el Catolicismo iba a sufrir en Europa.”

 

¡SI ES ESPAÑOL…NO ES HOMBRE! – POR GIL DE LA PISA

 



GIL DE LA PISA ANTOLÍN - 9 OCTUBRE 2021

Me imagino que la juventud española de hoy, educada más bien como “apátrida” en algunas “Autonomías” y, en otras, como enemiga de España, ignora aquella sentencia popular: “Quien, al oír ¡viva España!”, con un ¡viva! no responde, si es hombre, no es español y si es español, no es hombre. (Hagan la prueba y, quizás, se asombren del resultado).

Acabo de leer una noticia esclarecedora: La “leyenda negra”, no necesita ya a los holandeses, sajones y franceses, para su difusión; compete a los gobernantes y políticos españoles. La razón de todo cuanto ocurre en España, la he comentado centenares de veces, y la explicaré mientras sea necesario. En el escrito donde he visto la noticia, contiene una petición de las juventudes socialistas: “Solicitan el estudio de la memoria colonial española con los criterios de verdad, justicia y reparación, con el fin de comprender el pasado de España como potencia administradora de territorios no autónomos”.

JOE BIDEN CONTRA LA HISPANIDAD

 


Biden convierte el Día de Colón en el Día de los Pueblos Indígenas. El 8 de octubre una proclamación presidencial se ha sumado a la corriente seguida en Estados Unidos en las últimas décadas por estados, municipios, universidades, empresas y otras organizaciones, que han cambiado el festivo “Columbus Day” por el “Día de los Pueblos Indígenas”, al mismo tiempo que se vandalizan estatuas de Colón en ciudades de todo el país. [Luis del Pino, programa “Sin complejos”]


viernes, 20 de noviembre de 2015

FRANCISCO FRANCO: DEFENSOR DE LA HISPANIDAD Y MODELO DE POLÍTICA AGONAL








No por conocida es menos válida la ajustada metáfora con que Maeztu empieza su notable Defensa de la Hispanidad: “España es una encina medio sofocada por la yedra”. La yedra se vuelve a veces tan frondosa y exuberante –nos explica don Ramiro- que apenas si deja ver la arboladura; por lo que pueden creer algunos que el ser de España “está en la trepadora y no en el árbol”. Más sólo el árbol tiene raíces antiguas, genuinas y hondas. El resto no es capaz de sostenerse por sí mismo, pero puede acabar invadiendo la tierra hasta asfixiarla, como imaginó Saint Exúpery en el planeta de su pequeño príncipe.

En análoga línea de visiones patrias, Ximénez de Sandóval identifica a España con “una piel de toro, extendida sobre las verdiazules aguas de tres mares”. Y se pregunta qué ha pasado durante siglos sobre ese peculiar horizonte taurino. “Sueños infinitos”, responde, “a la sombra de las espadas y las cruces”. Sin embargo –acota precisando la contestación- hay hombres que no han pasado. Son aquellos que han vivido al servicio de esos altos ideales que el Crucifijo y el Sable emblematizan. Y no han pasado porque al morir fueron “a fundirse con la estirpe de la tierra, volviendo a resucitar en ella”. La piel de toro los recibió en su sangre, hospitalariamente.

Sirvan estas imágenes literarias para evocar a Francisco Franco, tras cuarenta años de su muerte.

Porque tuvo el Caudillo, por un lado, el don connatural de inteligir la identidad española; e inteligiéndola, el coraje necesario para custodiarla en la hora difícil de la prueba. Identidad que no se agitaba en unas planicies, ni en sembradíos ni en oteros o chopos nevados, por pintorescos que resultasen; se sostenía en la fe católica, se amalgamaba con ella en indivisible juntura, se inauguraba y se clausuraba en el altar del Señor. La Hispanidad que concibiera Franco era el modo legítimo de llamar a la Cristiandad, la edificación de la ciudad terrena sin perder de vista la Ciudad Celeste.

Por eso, cuando vio la yedra del marxismo queriendo sofocar a la encina; cuando la maraña del bolchevismo amenazaba su porte y la greña funesta de todos sus secuaces ponían en peligro el frescor y fulgor del noble arbusto, se levantó en armas para tutelarlo y mantenerlo enhiesto, llamando al Alzamiento con el exacto y sonoro nombre de Cruzada.

Desde su proclama en Tetuán, durante la gloriosa jornada del 18 de julio, hasta su mensaje postrero, en marcha ya hacia el Valle de los Caídos, una sola y perfecta es su concepción de la Hispanidad. La misma que expresara ante los héroes del Alcázar, o aquel 20 de mayo de 1939, cuando en la iglesia castrense de Santa Bárbara depositó su espada victoriosa al pie del Señor de los Ejércitos: “Señor” –dijo entonces- “acepta complacido la ofrenda de este pueblo, que conmigo y por tu nombre ha vencido con heroísmo a los enemigos de la Verdad, que están ciegos. Señor Dios, en cuyas manos está todo derecho y todo el poder, préstame tu asistencia para conducir a este pueblo a la plena libertad del imperio, para gloria tuya y de la Iglesia. Señor, que todos los hombres conozcan a Jesús, que es el Cristo, Hijo de Dios vivo”.

sábado, 25 de julio de 2015

EL APÓSTOL SANTIAGO Y EL MUNDO HISPANO







Las angustias presentes nos obligan a levantar nuestros ojos y nuestros corazones hacia la gran figura de Santiago el Mayor, Padre, Fundador y Patrono celestial de la Iglesia Española, en busca de aliento, consuelo, protección y esperanzas.

Nuestro Apóstol, en el breve espacio de los nueve años que transcurrieron entre la muerte de Jesucristo (año 33) y su martirio en Jerusalén (año 42), supo hacer honor al sobrenombre que le había puesto su Divino Maestro, cuando le denominó «Hijo del Trueno».

Caballero andante de Cristo, se alejó de la Palestina y de las regiones colindantes, mucho antes que ningún otro Apóstol, y, en una correría evangélica tan rápida como arrolladora, llegó hasta el confín del mundo entonces conocido, recorrió a lo largo y a lo ancho la Península Ibérica, y fundó en ella la Iglesia Española, que había de ser a su vez, con el tiempo, Madre fecunda de otras veinte Iglesias, en mundos desconocidos de América y Oceanía.

Terminada esta gran obra, retornó a la Palestina, cuando aún no se habían alejado de ella los demás Apóstoles, y comenzó a predicar públicamente, en Jerusalén, la doctrina de su Maestro, con tal brío y elocuencia, que mereció ser sacrificado por Herodes Agripa, como se narra en el sagrado libro de los Hechos de los Apóstoles (XII, 2), por haberse concentrado en su persona el odio de los judíos contra los discípulos de Cristo.

Fue el primer Apóstol que selló con su sangre el Evangelio, entregando su cuello a la espada. Es también el que ha dado a la Iglesia Romana mayor número de hijos espirituales, en las veinte naciones por las que se extendió y consolidó la Iglesia española, fundada por él.

La paternidad espiritual de Santiago nos impone deberes que fácilmente descuidamos y olvidamos, tanto en España como en América, porque: 1.º, cada Iglesia debe amar y venerar especialmente al Apóstol que la fundó, reconociendo en él a su Padre en Cristo; 2.º, los fieles de cada Iglesia deben imitar especialmente el carácter y virtudes de su propio Apóstol.

La razón de este segundo deber está en que Jesucristo, con la sabiduría infinita de que estaba dotado, preveía las necesidades especiales de cada uno de los pueblos adonde se había de dirigir cada uno de sus Apóstoles, y destinó para ellos al Padre espiritual que más les convenía, sobre todo tratándose de pueblos como el español, que tenían reservadas altas misiones en su Providencia.

Desde hace poco más de un siglo, las Iglesias de América han constituido Provincias desligadas de su antigua Metrópoli; pero, en los tres primeros siglos de su nacimiento, constitución y crecimiento, han sido mero desarrollo extensivo y parte integrante de la Iglesia española, que es la Iglesia de Santiago.

Por consiguiente, su Padre en la fe, lo mismo que el de las restantes diócesis españolas, es Santiago el Mayor, y siguen siendo moralmente una parte integrante de la gran Iglesia Jacobea, extendida por todo el hemisferio occidental.

Santiago, uno de los tres Apóstoles predilectos de Cristo

Consta por los Santos Evangelios que Jesucristo distinguió con un amor especial a tres de sus Apóstoles: a Simón Pedro, a Santiago el Mayor y a su hermano Juan Evangelista.

Sólo a estos tres distinguió Jesucristo con sobrenombres nuevos, impuestos por El. A Simón le llamó Pedro (es decir, «Cefas», que significa «Piedra»), porque había de ser el Jefe Supremo y «Piedra fundamental» de su Iglesia futura. A Santiago y a Juan los llamó «Boanerges», que quiere decir «Hijos del trueno».

Sólo a estos tres Apóstoles separó de los demás, en las ocasiones más solemnes, para darles muestra de su especial aprecio. Ellos sólo fueron elegidos para verle transfigurado en el Tabor; ellos solos presenciaron la resurrección de la hija de Jairo, porque Jesucristo, como dice San Marcos «no permitió que le siguiese ninguno, fuera de Pedro y Santiago y Juan el hermano de Santiago» (V, 37); ellos solos fueron testigos de su agonía en el Huerto de las Olivas.

¿Qué representaban estos tres Apóstoles? San Pedro representaba la cabeza del futuro cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia; Santiago y San Juan Evangelista representaban el brazo derecho y el brazo izquierdo de Jesucristo y de su representante San Pedro.

La Iglesia Romana es indiscutiblemente el centro de la Iglesia de Cristo. A los dos lados de la Iglesia Romana se levantan la Iglesia Occidental fundada por Santiago, y la Iglesia Oriental que reconoce como su principal Apóstol a su hermano San Juan, el más joven de todos los Apóstoles.

La Iglesia Oriental tuvo una brillantísima juventud; pero luego decayó lamentablemente, con tenaces herejías y con el funestísimo Cisma Oriental, que todavía dura. La Iglesia del joven San Juan, después de su juventud, fue más bien carga que apoyo para Pedro, y el mismo San Juan abandonó su sepultura del Oriente Cismático y se refugió en Roma, junto al sepulcro de Pedro. La Iglesia de Juan es desde hace siglos la izquierda de Pedro. Hasta en el mapa mundi físico, la Iglesia Oriental queda a la izquierda de Roma. Porque la orientación normal es la del Sol. Y mirando a éste desde Roma, en su curso medio, la Iglesia Oriental queda a la izquierda de la Iglesia Romana.

En cambio, la Iglesia de Santiago, aun físicamente considerada, queda a la derecha de la Iglesia Romana, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Y mucho más si consideramos la derecha en su sentido moral. La Iglesia de Santiago es la que ha dado mayor número de fieles y de naciones enteras a la Iglesia Romana. Es la que ha mantenido siempre, en conjunto, mejores relaciones y más leal adhesión a la Cátedra de Pedro. Es la que ha defendido a la Iglesia Católica más denodadamente, en las grandes crisis de la historia. Es la primera nación que reconoció prácticamente, desde el año 254, la suprema potestad judicial del Romano Pontífice, apelando a ella contra la sentencia pronunciada por un concilio nacional de la misma Península. (Marx, Historia de la Iglesia, pág. 99.)

Vemos, pues, que se cumplió literalmente lo que había pedido para los dos primos de Jesucristo su madre Santa María Salomé, cuando ésta, postrada a los pies del divino Maestro, le dijo: «Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» (Evangelio de San Mateo, XX, 20.)

Derrota del Arrianismo

El arrianismo fue la primera herejía que desgarró a la Iglesia, después de su libertad, en el siglo IV, y también la más peligrosa de todas las que ha sufrido la Iglesia, hasta la rebelión protestante. Negaba solapadamente la divinidad de Cristo, y arrastró hacia el error a gran número de Obispos e Iglesias particulares, hasta llegar a dar la impresión de que todo el orbe se estaba convirtiendo en arriano.

El brazo fuerte que tuvo a raya esta gran rebelión contra la Iglesia, fue el de Osio el Grande, secundado por el infatigable doctor alejandrino San Atanasio.
Osio aconsejó la convocación del primer Concilio Universal de la Iglesia; Osio lo organizó en Nicea, con la ayuda de Constantino, enviando carros y viáticos a todos los Obispos del mundo, para trasladarse a aquella primera augusta asamblea; Osio la presidió en nombre del Romano Pontífice; Osio dictó solemnemente al secretario del Concilio el Símbolo de la Fe Ortodoxa, que fue aclamado y suscrito por la augusta asamblea y sigue rezándose y cantándose por toda la Iglesia, en las misas de los domingos y días solemnes, para proclamar a Jesucristo: «Dios verdadero procedente de Dios verdadero, engendrado y no hecho, consubstancial con el Padre,etc.»).

De tal manera se convirtió Osio en campeón de la fe católica, que llegó a ser presidente obligado de los concilios subsiguientes, como el de Milán y el de Sárdica, recibió el título de «Príncipe de los Concilios», y mereció que los arrianos, después de haber arrastrado a su bando al sucesor de Constantino, escribieran así al emperador arriano: «Todo es inútil mientras Osio de Córdoba esté en pie… Basta la autoridad de su palabra para arrastrar a todo el mundo contra nosotros. El símbolo de Nicea es obra suya, y somos herejes porque él lo pregona.»

Fue tal el odio de los arrianos contra Osio, que la tempestad de calumnias y libelos desatada contra él, en vida y después de muerto, llegó a impedir que fuera venerado en los altares por las Iglesias del Occidente, aunque recibe culto en las del Oriente, donde vindicó su memoria San Atanasio el Grande.

Notemos finalmente que el triunfo decisivo contra el arrianismo tuvo también lugar en España, el año 589, cuando el Rey visigodo Recaredo, con todo el ejército y pueblo germánico arriano que había invadido a España, abjuró sus errores en el famoso Concilio III de Toledo, y abrazó la fe católica de los españoles.

domingo, 12 de octubre de 2014

12 DE OCTUBRE - DÍA DE LA HISPANIDAD




Yo siempre fui, por alma y por cabeza,
español de conciencia, obra y deseo,
y yo nada concibo y nada veo
sino español por mi naturaleza.

Con la España que acaba y la que empieza,
canto y auguro, profetizo y creo,
pues Hércules allí fue como Orfeo.
Ser español es timbre de nobleza.

Y español soy por la lengua divina,
por voluntad de mi sentir vibrante,
alma de rosa en corazón de encina;
quiero ser quien anuncia y adivina,

que viene de la pampa y la montaña:
eco de raza, aliento que culmina,
con dos pueblos que dicen: ¡Viva España!
y ¡Viva la República Argentina!

Rubén Darío






FUENTE