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sábado, 26 de septiembre de 2020
viernes, 15 de diciembre de 2017
NEO-FSSPX: LA NUEVA BURGUESÍA DE LA TRADICIÓN
San
Bernardo de Menzingen.
Los "piolas" lo siguen. Los otros son necios o traidores, conjurados contra los “vivos”
(la gran idea que desarrollan los blogs neofraternitarios en la Argentina)
“Burguesía es todo conjunto de individuos
inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son”.
Nicolás Gómez Dávila
miércoles, 6 de septiembre de 2017
sábado, 26 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
APUNTES DESDE LA TRINCHERA
Etiquetas:
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domingo, 17 de julio de 2016
MASOMENISMO PANORÁMICO DE LA NEO-FSSPX
Deshojando la margarita romana.
“Me reconoce, no me reconoce, me reconoce…”
En el
discurso inaugural del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, Juan
XXIII se lamentaba de aquellos “quienes
en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricación y ruina”,
aquellos que son “almas que, aunque con
celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida”. En ese
sentido decía que “disentimos de esos
profetas de calamidades que siempre están anunciando infaustos sucesos como si
fuese inminente el fin de los tiempos”. Una ola de optimismo inundaba todo
el discurso del Papa que inauguraba la gran tragedia de la Iglesia, deplorando
a los “profetas de desgracias”, que para muchos en ese entonces resultaban
exagerados y posiblemente gente de mala fe.
Hoy desde
la FSSPX hay quienes aplican esa condenación a los “aguafiestas” que no sólo
ensombrecen su optimismo sino que no dejan de argüir insistentemente sobre la
forma en que la congregación fundada por Mons. Lefebvre está siendo fundida
por Mons. Fellay y sus asistentes liberales. Cuando alguien presenta los
múltiples síntomas de la enfermedad, cuando expone las heridas, las ronchas y
las contusiones, cuando describe las alteraciones ocurridas en el
funcionamiento, cuando se da la etiología del desorden, se recibe como
respuesta que tales son solamente sospechas, relaciones infundadas, que a lo
sumo no hay más que una gripe pasajera. Lo importante es que el enfermo todavía
no se ha muerto. No hay ningún certificado de defunción. Por lo tanto, la
enfermedad no es grave. Apenas quizás un resfrío mal curado, que de ningún modo
pone en riesgo la vida de la Fraternidad. No hay que ser exagerado ni alarmista.
Todo irá mejor. Confiemos.
El que
avisa y advierte de los males percibidos pasa entonces a ser acusado de buscar
la muerte del paciente, de no ser honesto, de no tener coherencia intelectual,
sin que quienes esto responden prueben los supuestos errores de diagnóstico o
sus pronósticos supuestamente exagerados.
El liberal
no puede dejar de ser optimista. O, a lo menos, ponerse los anteojos rosados
(de los que alguna vez habló Mons. Fellay) para no tener que dejar de lado su mayor
virtud, que suele ser la “moderación”. El miedo a exagerar o aparecer como
“integrista”, que podría alejar o escandalizar a cierta gente a la que desea
atraer, lo inhiben de ir más allá en su búsqueda de la verdad, una verdad que
podría comprometer su propia “moderación”. Pues entonces tendría que
descahecrese de ese "Pero"
que sostiene una ilusión o una realidad
que se cree aún vigente cuando ya ha sido tocada de muerte.
martes, 12 de julio de 2016
DISCUSIÓN ELUDIDA
“Cuidad de no practicar vuestra justicia a la
vista de los hombres con el objeto de ser mirados por ellos; de otra manera no
tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Cuando, pues, haces limosna, no
toques la bocina delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en
las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen
su paga. Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa
lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que
ve en lo secreto, te lo pagará”.
Mt. VI, 1-4.
“No cuides quién lo ha dicho, mas mira qué tal es
el dicho”.
Kempis, Imitación de cristo, I, 5
Decíamos en una anterior nota, cuyo
tema era el propósito de la FSSPX de ser “reconocida” o “normalizada” por Roma,
lo siguiente: “Y los argumentos innumerables (que hemos recogido paciente y trabajosamente
en esta entrada y en esta otra de nuestro blog para ofrecérselos precisamente a
los que están en la FSSPX, según parece sin despertar su interés porque, claro,
ellos ya saben y no necesitan saber nada más; de allí que no nos
hagamos ilusiones respecto de que puedan querer indagar en lo que pasa
verdaderamente con la Fraternidad)…”. Ahora bien, una respuesta a ese
artículo nos viene a confirmar que no estábamos equivocados. Pues desviando el foco
de la cuestión del tema planteado, se lanzan comentarios totalmente fuera de
cauce de quien parece sentirse invitado a “arreglar las cosas en la esquina”,
en un litigio al que solo se ha invitado, yéndose hacia una zona de zanjones
periféricos y prostibularios para decir cosas como por ejemplo esta: “Los muchachos de Syllabus me han dedicado
unas hermosas líneas con sus consabidas posiciones de ultrarresistentes. Lo
cierto es que nunca me cayó mal un “ultra” - de lo que sea - en medio de este
mundo mistongo (hasta Peña que era “reputo” según sus declaraciones – hablo de
Fernando Gabriel Gonzalez Peña Mendizabal –como verán era de buen cuna-
puto sufrido de infantería si los hubo, y que tuvo el coraje de morirse
de sida; me caía mejor que estos nuevos maricas cubiertos de profilaxis),
pero tengo algunos rezongos”.
Hemos de convenir que si el autor de esas líneas
y del blog que nosotros comentáramos, hubiese sido atacado en su persona, si se
hubieren vertido sobre su nombre calumnias o insultos, por ejemplo, tendría
toda la razón del mundo en vociferar contra quien se escudara en el anonimato
para actuar de forma tan vil y cobarde. Pero nada de eso ha sucedido, pues
simplemente tomamos algunos comentarios suyos para ilustrar una idea u opinión
que se sostiene dentro de la FSSPX, a fin de comparar tales aserciones con la
realidad de lo que pasa en la misma FSSPX y sus relaciones con Roma. No tenemos
nada personal con el Sr. Calderón. Si quien hubiese escrito tal artículo se
llamase Pérez, Fernández o no lo firmara, habríamos escrito lo mismo. Por lo
tanto, tomarse de ahí para invalidar un artículo por el solo hecho de que no lleva
firma con nombre y apellido, parece más bien una excusa para no afrontar el
meollo de lo que allí se cuestiona. Y quizás sea –quizás, no lo afirmamos- un
síntoma de orgullo herido, el que motiva tal reacción. Porque si la contienda
debe darse entre dos personas con nombre y apellido, entonces es desleal que
una provoque sin mostrar la cara. Pero si no hay ninguna disputa personal, sino
que la trama de la discusión es la doctrina, las ideas, los hechos, entonces el
que sólo está dispuesto a batirse por una cuestión personal, y no quiere
examinar la doctrina, las ideas o los hechos concretos, debe tener enfrente
otra persona concreta para reducir su ataque a esa persona concreta. Parece que
no se quisiera examinar razones, sino simplemente tener a alguien enfrente a
quien “putear” o dar “tortazos”. Por esa razón se “provoca” con el tema del
anonimato. Como si que firme Juan Pérez o José García cambiara el contenido de
lo que un artículo dice. Preferimos recordar al Kempis: “No cuides quién lo ha dicho, mas mira qué tal es el dicho”. Y como
“el dicho” molesta, se busca poner la lupa sobre el “quién lo ha dicho”. Pero,
“el dicho”, ¿es verdadero o es falso? He ahí toda la cuestión.
sábado, 9 de julio de 2016
RECONOCIMIENTO
reconocimiento
1. m. Acción y efecto de reconocer o reconocerse.
2. m. gratitud.
Rueda de reconocimiento.
reconocer
Del lat. recognoscĕre.
Conjug. c. agradecer.
1. tr. Examinar algo o a alguien para conocer su identidad, naturaleza y circunstancias.
“Reconoció detenidamente las joyas familiares”.
2. tr. Establecer la identidad de algo o de alguien. “Reconoció al
asesino por su forma de mirar”.
3. tr. Examinar a alguien para averiguar el estado de su salud o para
diagnosticar una posible enfermedad. “El médico lo reconoció esta mañana y no
le encontró nada grave”.
4. tr. Explorar de cerca un lugar para obtener una información
determinada. “La policía estuvo reconociendo el escenario del crimen”.
5. tr. p. us. registrar (‖ examinar para encontrar algo). “Encontraron
heroína al reconocer el equipaje”.
6. tr. En las relaciones internacionales, aceptar un nuevo régimen o
Gobierno. “Europa reconoce la soberanía del nuevo Estado”.
7. tr. Admitir o aceptar algo como legítimo. “La Constitución reconoce el
derecho a la enseñanza”.
8. tr. Admitir o aceptar que alguien o algo tiene determinada cualidad o
condición. “Fue reconocido rey de su pueblo. Lo reconozco como jefe”.
9. tr. Admitir como cierto algo. “Juan reconoció que se había equivocado”.
10. tr. Agradecer un beneficio o un favor recibidos. “Les reconocieron su
abnegada dedicación a los jóvenes”.
11. tr. Dicho de una persona: Aceptar legalmente que otra es su hija. “Reconoció
a Luis por hijo suyo”.
12. tr. prnl. Biol. Dicho de dos moléculas o agrupaciones moleculares: Interaccionar
específicamente, dando origen a funciones biológicas determinadas, como la
acción hormonal, la transmisión nerviosa, la inmunidad, etc.
(Diccionario RAE)
Empecinadamente ciegos, una gran parte de los
que apoyan a la FSSPX son testigos de la interminable novela de la
“reconciliación” entre Roma y la FSSPX, que nunca parece concluir y siempre
tiene otro capítulo que agregar para estirar las negociaciones, pero sin
advertir el desgaste, las concesiones y el declinar que se va produciendo
progresivamente en la Fraternidad, hasta que se encuentre ya del todo y
gradualmente “reconocida” y sin vuelta atrás. Hablamos de ceguedad, v.gr., por
palabras como estas vertidas en un blog adscripto a la FSSPX: “Esta idea se divide entre los que quieren una
ruptura pública y notoria con el Vaticano, y los que quieren un acuerdo público
y notorio con él (acuerdistas), ambos hasta ahora insatisfechos. Los primeros
hacen impugnaciones de tipo doctrinal, y los segundos de tipo jurídico;
impugnaciones que finalmente, y en todos los casos, resultan forzadas
en los argumentos a partir de la finalidad que se propone el
impugnante, acordar o no acordar. Resultan “ideológicas”. Esto no quiere decir
que cuando alguien se propone un fin, al disponer y condicionar lo medios que
sirvan a ese fin, ideologiza toda su visión. Pero sí pasa esto, cuando el fin
que se busca, no es el fin correcto” (acá).
miércoles, 3 de febrero de 2016
LOCURA RELIGIOSA
“A la
Tradición católica no puede destruirla Francisco. Pero puede destruirse a sí
misma si se vuelve farisaica”.
Siempre han existido, pero desde hace cincuenta
años, y más aún desde el inicio de la “era Francisco”, se han multiplicado
“exponencialmente”, como dicen ahora. Esto es posible además porque a través de
la Internet adquieren espacio para explayarse y difundir sus escritos “urbi et
orbi”. Ya no es complicado y fatigoso como antes, donde había que tener una
imprenta y moverse para distribuir panfletos y libelos. Ahora un solo sujeto
con ínfulas de “teólogo” puede sentarse frente a una computadora y difundir a
través del mundo sus elucubraciones, opiniones o invectivas, ya sean escritas,
ya alocuciones a través del audio o el video. “Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón…” dice la letra del tango Cambalache. Pues bien, hoy
“cualquiera es un predicador, cualquiera es un Doctor”... ¿Será así?
Hablamos de quienes no debidamente iluminados por
la sabiduría divina que nos ha entregado la Escritura, adoptan posturas
religiosas extremas, exaltadas, violentas, fanáticas y fulminantes. De los
“condenadores seriales” que caen fácilmente en precipitaciones, exageraciones y
juicios infundados (contra lo cual advertía Mons. de Castro Mayer) o en el celo amargo y “tomas de posición
extremas que no corresponden a la realidad sino a a prioris, que perturban las
conciencias sin ilustrarlas” (contra lo cual amonestaba Mons. Lefebvre). A los que,
a la manera de los pistoleros, sacan rápido el arma y acribillan ante la
primera señal –para ellos- de traición, desviación o “flaccidez” en la doctrina
a quienes no concuerdan con sus ideas, que parece fueran muy claras, pero sin
embargo nunca saben aclarar ni menos refutar aquello que impugnan a tiro de
metralla. John Henry Newman hablaba ya de esto hace casi doscientos años,
cuando esos grupúsculos eran quizás más visibles o ruidosos, pero menos
numerosos que ahora:
“Idéntica ausencia de un principio
espiritual se aprecia en el modo ligero y absurdo con que muchos adoptan formas
erróneas de creencia religiosa. Quien lleva dentro la luz de Cristo escucha sin
turbación alguna la voz de los fanáticos, los equivocados o los hipócritas.
Pero cuando un hombre es consciente de ser un pecador impenitente que no está
en paz con Dios, cuando su propio corazón le acusa, cuando no tiene principio
ni estabilidad dentro de sí, entonces es presa de la primera persona que se le
acerca con un lenguaje enérgico y le invita a creer en sus palabras.
Por eso encontráis mucha gente que va
afanosa detrás de quienes dicen obrar milagros, o denuncian a la Iglesia como
apóstata, o sostienen que sólo se salvarán quienes les sigan; o simplemente,
hablan sin la menor garantía pero con enorme seguridad. De ahí que la multitud
sea tan propensa a miedos repentinos. Oís que un grupo numeroso huye de una
ciudad, movido por una vana predicción sobre la cercanía del juicio final. De
ahí también que mucha gente practique en privado tantas pequeñas supersticiones
que no vale la pena nombrar. Todo deriva de que la luz de la verdad no arde en
sus corazones.” (Esperando a Cristo, 21-XI-1840).
Lejos de ser patrimonio de los extraviados
protestantes, tras el nefasto concilio Vaticano II el descarrío se extendió a
dos puntas en jugada maestra del diablo, que hoy redobla con Francisco: por un
lado hacia el demencial liberalismo que prefirió la autoridad en detrimento de
la verdad, y por el otro hacia el sedevacantismo o el cismatismo (hoy también algunos
hablan de “eclesiavacantismo”), que en nombre de la verdad se hizo su propia
autoridad. Unos se liberan de la verdad, otros se liberan de la autoridad. Pero
¿son realmente libres? Claro, esto último no lo admitirán los que transitan por
esos caminos, porque suelen dar sus argumentos basados en la autoridad de la
Tradición. Pero su conducta no se condice en absoluto con la santidad de la
Tradición y los ejemplos de quienes nos precedieron, llegando muchos grupos a
caer en herejía, cisma o espíritu de secta sin advertirlo. Seguramente es
exagerado afirmar de estas personas que “se saben pecadores impenitentes”, pero
no lo es afirmar –porque lo hemos advertido-
que viven turbados en busca de una seguridad que les garantice que son
de los pocos escogidos y aprobados por Dios, y esa falta de paz en que su alma afiebrada
se debate se ve aliviada cuando se identifican con algún gurú o maestro que
habla y escribe con contagiosa firmeza, seguridad y voz bien alta, a quien
deciden seguir afanosamente. La solución a todos los miedos es entonces
percibida, la garantía de la pureza adquirida, y libres de contaminación se
sienten fuertes, potentes, implacables, invulnerables, aptos para pasar la
escoba a toda impureza, a todo detrito, a todo rasgo, huella, señal o sombra de
“herejía”, debilidad o flojera que creen ver en quienes los rodean o están más
cercanos a ellos. El fariseísmo que impedía la manifestación mesiánica de
Cristo sigue siendo impedimento para que Cristo se manifieste en sus almas
siendo como Él es, verdadero, y no en la imagen soberbia, aparatosa y policíaca
que imaginaron por entonces los fariseos del templo y que se adapta muy bien a
las pretensiones “justicieras” de quienes olvidan siempre esta enseñanza divina:
“Tomad sobre vosotros el yugo mío, y
dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón, y
encontraréis reposo para vuestras vidas” (Mt. 11,29), y también que es Dios
el vengador de los justos, y no nosotros mismos (cfr. Rom. 12,19).
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jueves, 14 de enero de 2016
REIVINDICACIÓN DE LA “IMITACIÓN DE CRISTO” DE KEMPIS II
San Ignacio de Loyola, San Juan Bosco, San Pío V, San Juan de Ávila, San
Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás Moro, San Felipe Neri, San
Vicente de Paul, el Santo Cura de Ars, San Alfonso María de Ligorio, Santa Teresita de Lisieux, Santa Luisa
de Marillac, Beato Claudio de la Colombiere, Beato Teófano Venard, Padre Pío de Pietrelcina, Fray Luis de Granada, P. Juan Eusebio Nieremberg, el obispo Bossuet,
Chautebriand, Mons. Dr. Juan Straubinger, Mons. Marcel Lefebvre, Obispo Manuel González, Padre Castellani, Padre Luis Coloma, Gabriel García
Moreno, Hugo Wast, son solo algunos de los santos y grandes personalidades de
la Iglesia que han manifestado su adhesión a la “Imitación de Cristo”, más
conocido como “el Kempis”. Ellos no sólo lo leyeron, estudiaron y recomendaron,
sino que además encarnaron sus santas enseñanzas, recordando de memoria muchas
de sus sabias sentencias.
San Pío V lo llamó “el libro de
los libros”.
San Juan Bosco escribió de él: “En mi juventud leí la "Imitación de
Cristo" y me quedé admirado al darme cuenta de que este libro trae más
enseñanzas en una sola página que los libros vernáculos en varios volúmenes. A
este precioso libro debo el haberle tomado gusto a la lectura de libros
espirituales y el haber dejado de leer libros vernáculos”.
El papa
Pío XI dijo que era un “áureo texto”.
El Padre Augustin Berthe escribió sobre García Moreno: “La Imitación
de Cristo, le nutría de santos y sublimes pensamientos, no sólo en casa,
sino en sus viajes; porque lo había convertido en su compañero inseparable. Se ha encontrado un ejemplar que le había regalado un afectuoso amigo,
el 24 de Setiembre de 1860, día de la toma de Guayaquil, y del que se sirvió
hasta la muerte. Se comprende a la simple vista, por el estado de este pequeño
volumen, y por el color de sus páginas, que su dueño lo había convertido
en vade-mecum.”
Pero en
este malhadado siglo XXI, nos encontramos que un sacerdote que las va de
“sabio” afirma tenerle “tirria” (sic) al Kempis. Y no contento con eso dedica
varios de sus sermones a despotricar contra este santo libro que tanto bien ha
hecho y sigue haciendo, menoscabándolo ante sus feligreses.
Así, en
medio de sus sermones furibundos ha dicho cosas como éstas:
“¡El clero ignaro,
ignorante…la ignorancia exegética del clero! ¡Claro, educado a hacer sermones
espirituales de moralinas, sin doctrina, y bue…! Es decir, hacer de los
sermones novelitas de devoción, al
estilo Kempis…hay que ser espiritual y la espiritualidad está en la
babosería voluntarista sin doctrina…”
“¡El Kempis…que es de la devotio moderna! ¡De ahí
sale el Protestantismo, de ahí sale Erasmo de Rotterdam, de ahí sale Lutero! ¡¡¡De
ahí sale toda esa mentalidad de Nibelungos germánicos subjetivistas
protestantes antiromanos antilatinos!!! ¡Anticristianos! Por eso les llamo los
indios de ojos azules (…) Entonces no es la beatería voluntarista ¡¡¡o rezar un chorizo de letanías!!! (…) ¡Es
puro voluntarismo! ¡Porque yo tengo que
iluminar la inteligencia con la verdad de la luz divina! ¡Para que la voluntad se mueva una vez que
conoce y ama así lo que conoce! ¡Si yo invierto el proceso estoy destruyendo la
religión, la verdad! ¡Y eso ha pasado dentro de la Iglesia católica por culpa
del clero voluntarista, nominalista adobado con el Kempis durante años! ¡¿Y
acaso no tenemos ejemplo de eso en Econe, donde todos los días una lectura de
un pasaje del Kempis?! ¡Y bueno! ¡Hasta Monseñor Lefebvre cayó en eso! ¡Y yo me
pregunto si no fue eso lo que lo amilanó un poco, a pesar de otros factores!
Por eso yo no me amilano. ¡Y como toro bravo me crezco en la lidia!” (acá y acá)
El que, contra todos los
santos y religiosos, siente “tirria”, aborrecimiento, fobia contra el Kempis es
el cura en estado salvaje P. Basilio Méramo, “compañero de fórmula” del P.
Ceriani en la “Radio Cristiandad”. Curiosamente alguna vez el último sacerdote
citado se sirvió del buen ejemplo del Kempis en alguno de sus sermones, aunque
no parece haberse “amilanado” tanto como Mons. Lefebvre…en fin. Si quien lee el
Kempis lo tomara en serio, seguiría a Cristo como lo hicieron aquellos santos
que hemos citado y tantos religiosos que a lo largo de la historia se han
servido del más eximio libro de espiritualidad y el que más ediciones tiene
después de la Sagrada Escritura.
Pero ocurre que algunos,
que para darse por sabios ante el pueblo no instruido, caen en un petulante
“intelectualismo”, simplifican mayúsculamente el tema de la devotio moderna, y achacándole al Kempis
cosas que no le corresponde, se vuelven “ilustrados” y “teólogos” de tribuna
deportiva, volcándose a un intelectualismo ayuno de caridad que sólo sirve para
inflarse a sí mismos en nombre de la “luz” y la
“verdad”. Si alguien se priva de leer a Santo Tomás, ¿la culpa la tiene
Tomás de Kempis? Si alguien se vuelve liberal, ¿la culpa la tiene la “Imitación
de Cristo”? El hecho es que la devotio
moderna, en que participa Kempis, resulta de un desencanto con la ciencia
teológica, entonces en manos de bárbaros: los nominalistas. No conocía a Santo
Tomás sino de oídas, porque el tomismo estaba eclipsado en las universidades, por
eso tal vez la referencia negativa de Kempis a la ciencia; pero no deja de
estar enteramente en la línea evangélica
de crítica de la vanagloria de la ciencia de los hombres, que no es más que
soberbia. Además, aunque nacida en el vacuo de la verdadera teología, la Imitatio es sin imitación: una
perla, surgida de la encarnadura de las enseñanzas de la Sagrada Escritura en
la vida fervorosa y ascética de un santo religioso. Todas las comunidades
religiosas tradicionales la tienen presente en la lectura cotidiana en el
refectorio (y no sólo Econe como parece dar a entender el citado cura, además
si la Neo-Fraternidad está cayendo no es por leer el Kempis, sino por no
comprenderlo o no ponerlo por obra) y sus consejos alimentan la más pura
devoción a Cristo. Es parte de la cristiandad y de la misma tradición.
martes, 29 de diciembre de 2015
SIEMPRE APARECE EL LIBERALISMO…
Un amigo nos ha anoticiado de que
un blog llamado “Infocaótica” (su nombre lo caracteriza bastante bien) nos acusa
de “ridiculez” y “jansenismo”, a raíz de
nuestra entrada titulada IRREVERENCIA
DE LA NEO-FSSPX. Queremos decír que intuíamos que tal cosa habría de
acontecer. Por supuesto que liberales moderados (miopes por definición) como
los del blog citado, no ven la falta de respeto. Para ellos, la conciencia
delicada es dureza jansenista. ¿Se puede esperar otra cosa de los “conservadores”?
Y hasta algún comentador del mismo blog se atreve a mentar –con toda incongruencia-
a los musulmanes, al afirmar: “A fin de
cuentas, somos católicos y no musulmanes. No veo donde está el problema que los
fieles, inclusive los de vida consagrada, disfruten de un buen vino con
moderación. Jesús mismo transformó água en el mejor vino en las bodas de Caná”,
en lo que se ve que no ha entendido en absoluto el artículo nuestro del que
se habla, como si hubiéramos propuesto, cual nueva “cruzada” de Eliot Ness, la
restauración de la “ley seca”.
Pero el tema es muy otro.
Ni jansenismo, ni hurañez, ni hosquedad,
ni rigorismo puritano, ni celo amargo, pero sí gravedad de costumbres es lo que siempre se le exigió al sacerdote,
y no ese sentido del humor mundano que vemos extenderse cada día más en la
neo-iglesia o iglesia conciliar, y ahora en la neo-FSSPX, como la botellita de
vino, el carrito de golf de Mons. Fellay o la nariz de payaso de Francisco, y
las millones de payasadas clericales que vemos a diario en sacerdotes y
religiosos, insertos en la maquinaria publicitaria y en ambientes relajados que
llevan al cristiano moderno a sentirse “obligado profesionalmente a mostrarse jovial y jocoso, a exhibir los dientes en
benévola sonrisa, a profesar cordialidad babosa, para probarle al incrédulo que
el cristianismo no es religión "sombría", doctrina
"pesimista", moral "ascética"”, como escribió Nicolás Gómez
Dávila.
Dice el Catecismo de Trento (entre
cientos de otros lugares):
...les
llaman presbíteros (palabra que en su etimología griega equivale a
"anciano"), no sólo por la necesaria madurez de los años, sino mucho
más por la gravedad de costumbres...(acá)
"Grave" (RAE):
4. adj. Circunspecto, serio, que causa respeto y veneración.
San Pablo advierte contra las
bufonerías en Ef. 5,4:
lunes, 30 de noviembre de 2015
MÁS SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE LA NEO-FSSPX EN EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA
Imagen tomada de acá
En alguna lejana oportunidad nos topamos como ahora con la obcecación de
un supuesto impugnador que se muestra abanderado incondicional del acuerdo que
le permitiría a la FSSPX y a él mismo adquirir la tranquilidad de contar de una
buena vez con el auspicio de la Roma modernista para poder al fin, sí, ser un
buen cristiano. Por entonces simplemente optamos por no continuar
indefinidamente refutando a quienes “discursean profiriendo insolencias” pues
“realmente, si nos propusiéramos refutar sus contradicciones tantas veces
cuantas ellos con seso testarudo se proponen no pensar lo que dicen, sólo
atentos a contradecir de algún modo nuestros argumentos, te darás cuenta de lo
interminable, penoso y sin fruto que esto sería”, como decía San Agustín, en el
texto que entonces publicamos. Tampoco nos pondremos a refutar lo que el
impugnador llama sus “estudios exegéticos”, que no son otra cosa que
“fantaciencia”. Que cada cual se entretenga como más guste, pero que no le
llame a eso “teología” sino “literatura
fantástica” (que sin duda haría las delicias de un ignorante como Borges).
Decimos esto con la mejor buena honda, no malinterpreten (¿acaso no
pidió Francisco “buenas hondas”).
Por eso una vez despachado el asunto, nos alargaremos, sí, pero para
seguir desarrollando un tema que creemos debe ser de interés para los fieles de
la Tradición. El objetante en todo caso nos ayuda a ir un poco más allá en este
tema que desnuda cabalmente la claudicación de la Neo-FSSPX.
Respecto de lo que nosotros decíamos acá,
nos sale con una muy flojita diatriba que
en vez de aclarar las cosas, simplemente las confunde más. Eso sí, citando a
Santo Tomás (bueno, lo mismo hace Francisco en su bula de convocatoria al jubileo,
¿y?). Veamos este párrafo destacado (subrayado nuestro) del punto “fuerte” de
su argumentación:
“El festejar un evento (a
través de la "participación") que se supone feliz para la Iglesia
pertenece a la sustancia del Jubileo, ergo, el hecho de que se conmemore el
Concilio Vaticano II o que se quiera poner énfasis en la “misericordia” no
constituyen “circunstancia” a tener en cuenta (en contra lo que se dice en
la respuesta a la objeción”
Y también esto (subrayado nuestro):
“Queda claro que la recepción
de las indulgencias por la FSSPX (“participación”) es en sí misma buena (1) el
fin es aprovechar la gracias anexas a la obtención de las indulgencias (“ganar
las indulgencias”), tolerando que su recepción sea en ocasión del "Año de
la misericordia" que conmemora el Concilio Vaticano II [esto no
cuenta, porque no es “circunstancia”]
Increíblemente, el bloguero fellecista no sólo
se aviene a “refutar” a los Dominicos de Avrillé, sino ¡a la misma circular de
Menzingen!, que afirma en su punto 7 lo siguiente (subrayado nuestro):
“La ocasión de la apertura de la Puerta santa es el quincuagésimo
aniversario de la clausura del concilio Vaticano II, el 8 de diciembre
de 1965. Es la elección de esta fecha para iniciar el Año jubilar lo que
constituye una dificultad. Pero esta circunstancia no afecta la esencia del
jubileo cuyo acto, ordenado a su objeto, sigue siendo la indulgencia
plenaria y la santificación del pueblo fiel.
Pero esto no es todo, porque el bloguero resulta ser ¡más fellecista que
Mons. Fellay! ya que este último afirma en su nueva “Carta a los amigos y
benefactores N° 85”:
“Se podrían comparar estos dos elementos, lo esencial
y las circunstancias, con el contenido y el envoltorio en el que viene.
Sería erróneo rechazar las gracias propuestas en un Año Santo porque es
presentado en un envoltorio defectuoso, salvo que se considere que este
envoltorio altera el contenido, que las circunstancias absorben
lo esencial, y que en el caso presente, la Iglesia ya no dispone de las gracias
propias del Año Santo debido a los daños ocasionados por el Concilio Vaticano
II”.
Pero entonces, si como afirma “david” (perdonen
la minúscula en el nombre, no es intencionadamente ofensivo de nuestra parte,
está así en el original de su blog) el hecho de celebrar el Vaticano II
(“evento feliz para la Iglesia” ¡!) no pertenece a las circunstancias del
Jubileo (como afirman los Dominicos, Menzingen y Mons. Fellay), sino que
pertenece a su esencia, entonces con mucha más razón es inmoral participar de
él.
sábado, 28 de noviembre de 2015
SOBRE UN INTENTO DE RESPUESTA A LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ
La “misericordia laxista que impulsa el pecado” de Francisco, ilustrada
en la portada de una revista. El “Jubileo de la Misericordia” tendrá su impronta.
en la portada de una revista. El “Jubileo de la Misericordia” tendrá su impronta.
Quizás bastaría constatar la presunción manifestada por ciertos
orgullosos adherentes a la FSSPX, para no tomar en consideración lo que
concierne a este artículo. Por ejemplo, en una delirante interpretación
escatológica de la FSSPX en las figuras de Enoc y Elías, entre otras esplendorosas
conjeturas (acá).
De hecho, allá lejos y hace tiempo tuvimos oportunidad de ocuparnos de tales
defensores del acuerdismo neofraternitario y en más de una oportunidad (por ejemplo
acá).
Pero vale la pena aportar alguna aclaración a un nuevo libelo arrojado irresponsablemente a la consideración de algún que otro lector
de la FSSPX, por un blog llamado “La honda de david” (así, el nombre mal
escrito con minúscula en el banner
del blog). El artículo se pretende una
“contundente respuesta” a los Dominicos, citamos y comentamos:
Contundente
respuesta A los Dominicos de Avrillé:
“Nuevo panfleto de los cismáticos "Dominicos de Avrillé" y nueva necesidad
de impugnarlo por nuestra parte.
La “Contundente respuesta A los Dominicos de Avrillé” (parece que el
autor tiene problemas para ubicar adecuadamente las mayúsculas y minúsculas)
empieza conteniendo dos errores o directamente difamaciones en sus primeras
cinco palabras. Veamos:
panfleto
Del ingl. pamphlet.
1. m. Libelo difamatorio.
2. m. Opúsculo de carácter agresivo.
libelo
Del lat. libellus 'librillo', 'escrito breve'.
1. m. Escrito en que se denigra o infama a alguien o algo.
2. m. desus. Libro pequeño.
(Diccionario RAE).
Ni sentido difamatorio ni carácter agresivo puede atribuirse al muy
objetivo y riguroso estilo de los Dominicos, que se limitan a refutar, siguiendo
el método científico de Santo Tomás, los errores encontrados en la circular
redactada por Menzingen. Lo menos que puede decirse es que quien acusa es quien
ofrece un panfleto (libelo difamatorio), pues la difamación llega enseguida al
tildar a los Dominicos de “cismáticos”.
Cisma:
“Es el delito de quien se separa de la Iglesia católica para formar una
secta particular so pretexto de que aquella yerra o aprueba desórdenes o
abusos”.
(Diccionario de teología dogmática, Ed. Litúrgica española, 1955).
De ningún modo se puede acusar de tal a los Dominicos. El mismo escrito
de ellos -que el bloguero de la Neo-FSSPX no cita en todas sus partes- dice:
“Ad 4. No se cuestiona la autoridad del Papa, sino que se constata que
la usa mal. Es por la misma razón que rechazamos la nueva misa, el nuevo Código
de Derecho Canónico, etc”.
De ser cismáticos los Dominicos, también lo sería Mons. Lefebvre cuando
afirmó al fin de su vida:
miércoles, 25 de noviembre de 2015
ACUERDO O MUERTE
“Se dice de mí…”.
Así se titula una conocida milonga de los años ’40, cantada por Tita
Merello y muy recordada en el ámbito rioplatense. Seguramente Bergoglio, cultor
del tango, la recordará bien y quizás hasta la canturree mientras camina con
aire triunfador por los pasillos vaticanos…
La misma preocupación e interés que expresaba el letrista y entonaba
aquella mujer que no se había enterado que era fea, la encontramos versionada a un nivel más alto, pero no por eso
menos grotesco.
La Neo-FSSPX no se conforma con haber sido “limpiada” con aquel
levantamiento de las inexistentes “excomuniones” -condecoración del cielo que
habían recibido Mons. Lefebvre y sus obispos por enfrentar valerosamente a los
herejes y poderosos modernistas que ocupan Roma desde el Vaticano II-. No, no
bastó aquello, no alcanzó. Mons. Fellay y sus colaboradores se propusieron aún
más. Buscaron y siguen buscando que los dejen pertenecer a ese privilegiado sitio
llamado Roma, a la poderosa estructura de la Iglesia conciliar vaticana,
portando sobre el pecho una estampilla “oficial” donde conste que son
“católicos”. A ello se han dedicado con constancia y denuedo los superiores de
la FSSPX, tanto desde las reuniones del discreto GREC como desde la política
comunicacional promovida por Menzingen de unos años a esta parte. La FSSPX
debía limpiar su cara, exfoliar su cutis, purificarse, y una vez quitadas las
“infamantes” condenaciones modernistas, debían borrar toda cicatriz, y aún
arruga de su cara. La FSSPX debía renovarse. Para ello nada mejor que presentar
amplias y fotográficas sonrisas, declaraciones ambiguas y, antes que
condenaciones y rechazos, planteos “constructivos”, reuniones y diálogos
informales. En esta nueva versión “atractiva” de la FSSPX, se imponía separarse
de toda imagen anterior que pudiera llevar a generar un rechazo por las
autoridades romanas, y no sólo por ellos sino por el mundo entero. Como suele
decirse, “borrón y cuenta nueva”.
Por eso la FSSPX debía dejar en claro que no es de “derecha” ni tiene
nada que ver con “negadores del Holocausto”. Que nadie los llame “integristas”.
Desde luego, es preocupación fundamental que el mundo y los enemigos de Cristo
no los tilden de “cismáticos”. ¡Vale tanto esa opinión! “Se dice de mí…”
En esto tienen un maestro consumado en Francisco, que no ha hecho otra
cosa que enancarse en su “humilde” imagen, patrocinada por los millonarios
medios masivos del mundo entero. ¡Si hasta el mismo Bergoglio declaró que no es
de derecha! Para que todos lo sepan bien: él camina con el mundo. Mejor no
preguntemos hacia dónde…
Los discípulos de Mons. Fellay han recibido su influencia a tal punto
que a veces parece van a aventajar a su superior y maestro. Ese afán por no ser
señalados con el dedo, por no ser acusados, ni estigmatizados, ni segregados,
ni “excluidos”, como se dice ahora, en
fin, perseguidos por el mundo, se ve muy claramente, por ejemplo, en sus
expresiones periodísticas. Por caso, en los blogueros o foristas más animosos
de la causa. En Francia el abyecto Enemmond (Jacques du Cray). En el distrito
Sudamérica, un tal “Pericón”. Son los escribas “mediáticos” de que dispone la
Neo-FSSPX para dejar ver de forma patente su decadencia.
Ahora también en el blog del último mencionado (acá)
se declara abiertamente que la FSSPX no tiene nada que ver con la “derecha
católica”. No vaya a ser cosa que alguien piense eso y se asuste (¡cuidado!), o
que se acuse a la FSSPX de ser algo que Francisco ya dijo que no es…A ver si se
complica el acuerdo…
Para despegarse de ese “infamante”
precinto, el bloguero oficialista se vale de un capítulo de un libro de un
periodista de ínfima categoría, atiborrado de ideología marxista, que
desparrama en los sitios de izquierda donde escribe resentimiento
anticatólico, mezclando verdades con mentiras, en un libro que se presenta como
una investigación acerca de “la complicidad de la Iglesia con la dictadura
genocida”, que no es otra cosa que un despliegue de los lugares comunes y eslogans
de la izquierda para demostrar que la Iglesia católica es “el Mal”. El periodista
es un émulo de Horacio Verbitsky, y probablemente piense que con este libro que “dinamita a la derecha
católica” (¡!), como afirma un portal de noticias que difunde el libelo, pueda lanzar su carrera en medios masivos y dar
a conocer su nombre.
No nos interesan las internas entre los distintos grupos de católicos
“línea-media” o “conservadores” que se mencionan en el artículo citado, aunque
vemos que allí se mezcla todo y todo va a parar a la misma bolsa, tanto
tradi-liberales como valiosos representantes del nacionalismo católico o
grandes referentes como el Padre Meinvielle. Ya habrá alguna pluma lúcida que
seguramente se encargue de poner las cosas en su lugar, o por lo menos aclarar
allí donde el periodista confunde al mayoreo. Tampoco nos interesa aceptar las
categorías ideológicas revolucionarias que ha instalado el enemigo desde la
Revolución francesa, pues es sabido que fue la izquierda revolucionaria quien
inventó a la derecha, en aquel caso era la izquierda no jacobina. Pero sabemos
que la izquierda cuando dice “derecha” simplemente está denominando un enemigo,
no importa quién sea, todo puede entrar en ese saco (fascistas, nazis,
nacionalistas católicos, liberales, conservadores, “ultracatólicos”,
“fundamentalistas”, “pelagianos”, etc). Al referirse a “derecha católica” no
hace más que demonizar a un catolicismo que no es utilizable por la dialéctica
marxista, pero el periodista es tan elemental y poco dado a sutilezas que en su
ceguedad llega a creer que la “derecha” tuvo un renacimiento gracias a la
llegada de Bergoglio al papado (¡!). Seguramente haya escrito tales cosas antes
de que Bergoglio tomara en sus manos la hoz y el martillo obsequio del indio
comunista Evo Morales. Pero quizás vuelvan a decir que Francisco apaña a la
“derecha” cuando se firme el acuerdo con la FSSPX. Así de confusas tienen las
cosas. Olvidaron la caída del muro de Berlín. Claro, pero también, y a pesar de
lo que dice el bloguero fellecista, la FSSPX no queda fuera de las invectivas
izquierdistas, como puede leerse en alguna entrevista realizada al periodista. ¡Oh, hay que limpiar esa mancha! ¿verdad?
Bandera de Facundo Quiroga, demasiado ofensiva para la sensibilidad moderna.
¿Quizás en la neo-FSSPX algunos preferirían “Acuerdo o muerte”?
Podría decirse que para el izquierdista, inequívocamente todo aquel que
hable del amor a Dios y a la patria, de honor o soberanía, de tradición o moral
natural, cae bajo la etiqueta de (odioso) derechista. A los neofraternitarios,
¿qué es lo que verdaderamente les importa? Han tomado el lenguaje del enemigo y
se valen de él ¿para demostrar qué? Quizás piensen que ya no entran en tal
honrosa categoría de quienes son despreciados por la canalla del mundo, con el
fin de “separarse” de grupos con los que han tenido conflicto (v.gr. el IVE)
pero, sin embargo, cuando llegue el acuerdo con Roma, ¿qué pasará? Pues
compartirán cartelera con los tan defenestrados línea-media de quienes quieren
verse separados, pues han seguido el mismo camino de la incoherencia. ¿Cómo
era? “Todos los caminos conducen a Roma”. Los caminos de la traición conducen a
la Roma modernista, donde la misericordia sólo detiene su abrazo paterno ante
los “fundamentalistas”, “pelagianos” y “retrógrados”, antes llamados
“lefebvristas”.
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