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sábado, 1 de agosto de 2015

COMENTARIOS ELEISON - AUTORIDAD RENGA




Número CDXX (420)
01 de agosto de 2015

Autoridad Renga

Mons. Williamson




El Pastor está herido y las ovejas están dispersas.
La Autoridad está cabeza para abajo, derrocada.

Regularmente buenas almas me desean “tomar el toro por las astas” y asumir una posición de autoridad a la cabeza del movimiento de “Resistencia” de hoy en día. Permítanme proponer, sin imponer, las razones por mi renuencia seria a intentar una tal cosa.

La Autoridad en la Iglesia ha sido arruinada, desde arriba para abajo. El Papa actual (no soy sedevacantista) ha perdido su cabeza católica, si alguna vez la tuvo. Pero, aún si su elección como Papa fue inválida por una razón u otra, fue convalidada por su aceptación universal como Papa a través de la Iglesia de prácticamente el mundo entero. De cualquier manera, nadie otro es Papa, ni puede serlo, y por consiguiente, él tiene la suprema autoridad en la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia fue diseñada de una manera tal por Nuestro Señor como para ser una monarquía, con toda la autoridad descendiendo en Ella desde Dios a través del Papa. Pues, por definición, la autoridad sólo puede provenir desde arriba. Como dice Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la autoridad otorgada desde abajo siempre puede ser retirada desde abajo. La autoridad desde abajo es, de hecho, una contradicción de términos. No es autoridad real para nada.

Por consiguiente, a menos que este Papa fuera a darme autoridad para dirigir a la “Resistencia”, lo cual es obviamente inconcebible, nunca tendré autoridad católica oficial para estar a la cabeza de los resistentes. ¿Puedo tener autoridad supletoria debido a la emergencia? En teoría, sí, pero la autoridad supletoria es relativamente débil. Es suplida desde arriba (por la Iglesia) cuando, por ejemplo, un penitente pide a un sacerdote en circunstancias inusuales escuchar su confesión, es decir cuando normalmente el sacerdote no tendría jurisdicción para hacerlo. Entonces la autoridad supletoria desciende de la Iglesia arriba, pero se suelta solamente por la demanda desde abajo. No hay demanda, no hay autoridad supletoria.

sábado, 16 de agosto de 2014

AUTORIDAD Y VIRTUD





“El que está frente a los otros con la autoridad, debe de estar al frente de ellos con sus virtudes”.

San Isidoro de Sevilla


domingo, 2 de febrero de 2014

SOBRE LA PROHIBICIÓN DE LOS SACRAMENTOS A LOS FIELES DE LA FSSPX.- PARTE 2.

NON POSSUMUS

Segunda parte:

TODA JURISDICCIÓN DEBE PERMANECER
SOMETIDA A LA MORAL

LÍMITES DE LA JURISDICCIÓN QUE SE DERIVAN DE LA MISMA MORAL

¿De qué valen las amenazas o las prohibiciones que la FSSPX parece querer multiplicar? ¿Es posible una evaluación moral?

1.- En cuanto al fondo.

El espíritu de la Iglesia, su moral, su disciplina, son de otra naturaleza. La teología moral está siempre impregnada de justicia y de caridad. Para convencerse, es suficiente consultar buenos autores. Planteamos la pregunta: ¿Estimar que no se debe hacer acuerdos con Roma, en qué sería un pecado público que merece la negación de los sacramentos, cuando el mismo Monseñor Fellay dijo en una conferencia en Kansas City que hubiera sido malo obtener este reconocimiento? “Nosotros agradecemos a la Santísima Virgen, dijo, de habernos preservado de toda clase de acuerdo el año pasado”.Querer cambiar de orientación era, por lo menos, una opción muy dudosa. Por lo tanto, no es pecado rechazar los acuerdos. Escuchemos a Frassinetti:
Para definir que una cosa es pecado, hay que aportar en apoyo de su aserción, un texto evidente de la Sagrada Escritura o una definición de la Iglesia, o el consentimiento universal de los teólogos. (Págs. 26-27).

2. ¿Hay pecado contra el principio de autoridad?

miércoles, 25 de diciembre de 2013

EDITORIAL DEL P. BOUCHACOURT: DESVERGÜENZA Y FALTA DE SENTIDO DEL HONOR.




ALGUNAS PALABRAS QUE EN TIEMPOS CRISTIANOS ERAN SUMAMENTE IMPORTANTES, HOY ESTÁN OLVIDADAS. UNA DE ELLAS ES LA PALABRA HONOR. CAYÓ EN DESUSO LA PALABRA Y -MUCHO PEOR TODAVÍA- LO QUE ELLA SIGNIFICA. SI TODO CATÓLICO DEBE SER UNA PERSONA DE HONOR, ¿QUÉ PENSAR DEL HONOR SACERDOTAL?

RECIENTEMENTE EL P. BOUCHACOURT HA NEGADO UNA VERDAD CATÓLICA REFERIDA AL DEICIDIO. DADO QUE HA TRANSCURRIDO CASI UN MES DESDE LA PUBLICACIÓN DE ESAS ESCANDALOSAS PALABRAS SIN UN DESMENTIDO PÚBLICO, SE DEBE CREER QUE EFECTIVAMENTE DIO ESTA RESPUESTA AL DIARIO "CLARÍN":

El pueblo judío no cometió el deicidio. Creo que la religión judía no aceptó a nuestro Señor como el Redentor y pidió la muerte de nuestro Señor.

SI EL PADRE BOUCHACOURT TUVIERA SENTIDO DEL HONOR, SE HABRÍA RETRACTADO O HABRÍA RENUNCIADO, O AL MENOS HABRÍA DADO UNA EXPLICACIÓN A LOS FIELES. NADA DE ESO HA HECHO, SINO QUE, POR EL CONTRARIO, TIENE EL DESPARPAJO DE SEGUIR DANDO LECCIONES DE MORAL A LOS LAICOS, COMO SI NADA HUBIERA PASADO Y COMO SI EL HONOR SACERDOTAL NO SIGNIFICARA NADA.

ESTAS SON ALGUNAS DE LAS "PERLAS" QUE EL P. BOUCHACOURT NO HA TENIDO EMPACHO EN ESCRIBIR EN EL ÚLTIMO EDITORIAL DE LA REVISTA "IESUS CHRISTUS":

"Un antiguo dicho chino dice que “el pez empieza a pudrirse por la cabeza”, subrayando así que si la cabeza está afectada por una enfermedad mortal, el cuerpo entero se encuentra en peligro." SURGE LA PREGUNTA OBVIA RELATIVA A LA CABEZA LIBERAL DE LA NEO-FSSPX Y -EN ESPECIAL- AL DISTRITO DE AMÉRICA DEL SUR: PADRE, ¿CÓMO ANDAMOS POR CASA?

"Estos dirigentes que nos gobiernan y que no saben gobernarse a sí mismos son los principales responsables de la ruina de la sociedad". PUES USTED ES UN TRISTE EJEMPLO DE ESAS AUTORIDADES, ASÍ COMO LOS DEMÁS FELLECISTAS ACUERDISTAS QUE ESTÁN DESTRUYENDO LA FSSPX.

"La autoridad manifiesta este amor a sus subordinados (...) defendiendo la verdad (...), pero también (...) luchando contra el error que cauteriza la inteligencia". ESO SE LLAMA DESCARO. ¿ES NEGANDO LA VERDAD DEL DEICIDIO DEL PUEBLO JUDÍO QUE SE DEFIENDE LA VERDAD?

"El Padre Colin, religioso redentorista, escribía muy pertinentemente que “cuando Dios quiere castigar a un pueblo, el peor de los castigos es colocar sobre él una autoridad incapaz o indigna”. ¡Cómo sufrimos esto en la actualidad!" ¡Y AHORA TAMBIÉN EN LA FSSPX!

..."la jerarquía de la Iglesia Católica está, por lo que a ella se refiere, al servicio de la fe. Su papel consiste en conservarla, explicarla, protegerla del error y transmitirla hasta el fin de los tiempos. Con el auxilio del Espíritu Santo este santo depósito de la fe ha llegado íntegro hasta nosotros. Ninguna persona, incluso el Papa, puede modificar el contenido ya que su fuente se encuentra en Dios mismo, que es inmutable. Todos los miembros de la Iglesia tienen la obligación de adherir a él y, consecuentemente, el deber de rechazar lo que está en contradicción o ruptura con lo que la Iglesia enseña desde hace dos mil años". ¿Y USTED ESTÁ DISPENSADO DE ESE DEBER SAGRADO?

"El día que, a la hora de nuestra muerte, comparezcamos ante el Divino Juez, se nos preguntará sobre nuestra fidelidad a la fe recibida". Y USTED, PADRE, QUE DEBERÁ DAR CUENTAS A DIOS DE SUS PALABRAS FALSAS Y ESCANDALOSAS SOBRE EL DEICIDIO, HARÍA BIEN EN DAR UNA MERECIDA EXPLICACIÓN A LOS FIELES MIENTRAS TODAVÍA USTED VIVA.

"Recemos, pues, a Dios, para que nos envíe (...) buenos Superiores para conducir la Santa Iglesia sin ningún compromiso con el mundo". EL VATICANO II ES UN INTENTO DE DIABÓLICO COMPROMISO ENTRE LA IGLESIA Y EL MUNDO. PUES SEPA QUE SUS PALABRAS FUERON PERFECTAMENTE CONSONANTES CON LAS DEL VATICANO II EN "NOSTRA AETATE", Y AGRADARON AL MUNDO ENEMIGO DE DIOS.

Entonces Jesús les dijo: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen (Mt 23 1-3)

  

domingo, 13 de octubre de 2013

DIOS HA MUERTO – ESCRIBE EL PADRE CASTELLANI



Esta expresión tan absurda como sacrílega está siendo barajada estos días en esta Buenos Aires. El jueves pasado (6 de agosto) me telefonea­ron dos revistas pidiendo les concediese «una entrevista» (cosa que ya no hago más) para interrogarme acerca de «la muerte de Dios»: ellas eran la revista Así y una yanqui que no conozco, International News.
Este barullito lo ha provocado el padre Carlos Mujica, 40 años, sacerdote secular, profesor de Teología en la Universidad del Salvador y antaño Secretario Privado del Cardenal. Publicó en el n.° 170 (julio 1971) de la revista Panorama y como «Suplemento» un folleto de 16 páginas con ese título. «Llamamos «muerte de Dios» al convenci­miento de que Dios ya no es necesario...». El folleto es por lo menos imprudente y tiene bastantes disparates, aunque no sea «un puro dis­parate», como dijeron en la Curia. Inculpa a la Iglesia «capitalista» de la actual falta de fe en el mundo; y entre otras proposiciones disparatadas canoniza de caridad heroica al guerrillero finado Camilo Torres, y al famoso abate francés Pierre, al cual llama «profeta», cuando se sa­be hoy día que es un chiflado, doliente de neurastenia sexual. Da co­mo «tremendas» las objeciones contra la Iglesia de Marx y Lenin y agracia con el título de «Grandes Teólogos» a Rahner, Schoonenberg, Schillebeeckx y otros tudescos, que son mediocres y gracias, y sospechosos de llapa. Y cosas así.
Sin embargo el trabajo contiene, aunque exageradas si se quiere, al­gunas grandes verdades sobre abusos y desórdenes actuales en la Iglesia Católica.
La expresión «Dios ha muerto», de origen germano (Hegel, Nietszche), nos viene ahora de los yanquis. El magazín Time de New York publicó hace cuatro años (abril de 1966) un número encabezado por un letrero mayúsculo: «Is God dead?», o sea, «¿Ha muerto Dios?», en que da cuenta del progreso de la incredulidad en Norteamérica y otra cantidad de chimentos, concluyendo sin embargo que el 97% de la American people dice que cree en Dios; ahora, que no es seguro to­dos crean en el mismo.
Bien, entre nosotros esto de Mujica pasará como tormenta de vera­no si no ha pasado ya. Pero siempre quedará la siguiente pregunta: ¿por qué es que antiguamente había mucha fe y ahora hay poca fe? Las razones para creer que tengo yo son las mismas que tuvo Santo Tomás de Aquino; y en tiempo del Angel de las Escuelas ellas valían para to­dos o casi, y ahora valen para pocos. No se puede negar que es un problema, tampoco negaré que yo no sé la solución.
¿Será que en aquel tiempo casi todos eran ignorantes, como dice la copla:

En tiempo los Apostóles
los hombres eran barbáros,
pues mataban los pajáros
arriba de los arboles...

y ahora todos sabemos leer y escribir, y si se nos antoja ir a la luna, pongo por caso, pues vamos a la luna en un periquete; o por lo menos podemos quedarnos en casa leyendo el diario y la revista Panorama vez de ir a la iglesia a escuchar al sermón? El progreso de la Ciencia ha matado la fe, dicen muy serios en la revista Time.
No me convence: sin poder ir a la luna, Santo Tomás y una manga de alumnos y compañeros tenían ciencia; mientras que el ir a la luna, más bien que cuestión de ciencia es cuestión de habilidad, algo así como trabajo de relojería, pero en grande. Y aún hoy día hay grandes sabios que tienen fe: sin ir más lejos, los tres que fueron a la luna.
Cuando yo era muchacho había en el colegio un padrecito muy viejo que decía: toda la culpa la tiene el cine. Tampoco me convenció.
¿Será la gran suelta de herejías que se hizo en el siglo XVI? ¿O la fa­mosa libertad de prensa, por la cual cualquier pelafustán puede ense­ñar al pueblo lo que se le antoja, si tiene una rotativa? ¿Será la deca­dencia de la educación, con que hoy en vez de formar la razón enseñamos a los gurises cosas útiles, aunque sean inútiles? Todo eso puede haber influido, pero no basta.
Lo que yo sé es que Jesucristo dijo una vez bruscamente: «Cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿creéis que encontrará la fe en la tierra?». Por donde se ve el Profeta de Nazareth tenía la idea de que la fe iba a crecer enormemente primero (parábola del Grano de Mostaza) y des­pués iba a decaer.
La causa más plausible que he hallado hasta ahora es la que expli­ca el Profesor austríaco Friedrich Heer en su libro Terror religioso, Terror político, recientemente traducido: paulatinamente se introdujo en la Cristiandad el viejo intento de transferir a los hombres la auto­ridad de Dios; es decir, la autoridad religiosa y la autoridad civil se hincharon y endurecieron; y eso fue creciendo hasta que vino el re­ventón, que fue en el siglo XVI la Rebelión Protestante, que quebró la autoridad eclesiástica, y en el XVIII la Revolución Francesa, que quebró el Trono; y de estas dos quiebras se introdujeron en nuestro tiempo el desorden y la confusión, que están en la raíz de la actual crisis religiosa. «En efecto, toda la historia del terror puede ser en­tendida, de acuerdo a uno de sus rasgos característicos, como un in­tento de pasar a manos del hombre, a modo de instrumentum regni, el poder original de la Divinidad...».
Esta hipótesis me peta, por varias razones, sin que por eso me dé total certeza:
1. Eso que describe el sabio vienés es simplemente el viejo fari­seísmo, contra el cual gritó Jesucristo con toda la voz que tenía; atribuyéndole la causa de la caída de la Sinagoga.
2. En el largo curso de mis 71 años de vida, he tropezado en la autoridad eclesiástica con cada abuso y atropello que temblaba el misterio de la Santísima Trinidad. O sea, con Jerarcas que se «endiosaban» tranquilamente agarrados a su mitra, y aun a su sotana. «Soberbia satánica», como decía César Pico.
3. El novelista Dostoiewski, que fue un genio religioso, retrata esta misma aberración de hipertrofia de la autoridad externa, la que atribuye a la Iglesia Católica, en su tremenda «Leyenda del Gran Inquisidor», contenida en el centro de su gran novela Los her­manos Karamazoff.
Hay que notar que el sabio vienés es optimista y cree que la Iglesia saldrá victoriosa de la presente crisis, como ha salido de otras; eso sí, por el hierro y por el fuego, Pero el camino de salida que él allí imagi­na nos parece sumamente improbable.
Si la Iglesia no saliera desta universal crisis y ella continúa imperversando, tendrá que volver Jesucristo a arreglarlo. Durante su vida mortal, Él habló con toda seriedad de su Retorno a la tierra, prome­tiéndolo como prometió su Resurrección, y más todavía. Eso sí que no lo creen hoy día Carlos Mujica y los demás «asesinos de Dios». Estos desdichados no se dan cuenta que dicen sin saber una verdad tremen­da, porque en efecto, han matado en sí mismos a Dios, renegando de la fe.
En cuanto a la pretensión majadera de que la Ciencia va a matar, si no ha matado, a Dios, hace más de dos siglos un españolete llamado Padre Astete respondió en su Catecismo —que enseñaban aquí a los chicos y yo aprendí de chico— a los soberbios «científicos» contempo­ráneos, que en rigor no son sino técnicos, o sea relojeros, con los si­guientes sencillos versos:

La ciencia más acabada
es que el hombre en gracia acabe,
pues al fin de la jomada,
aquel que se salva, sabe,
y el que no, no sabe nada.


Ecos del Colorado, 1971.

domingo, 21 de julio de 2013

LA AUTORIDAD Y LA GLORIA DE DIOS.- POR EL PADRE PATRICK GIROUARD.




La Autoridad y la Gloria de Dios.
Por el Padre P. Girouard
De la antigua FSSPX.



Queridos hermanos y hermanas en Cristo Nuestro Rey:

Mucho se ha dicho ya sobre la Declaración del pasado 27 de junio de los tres obispos de la Nueva FSSPX. Permítanme dar mi pequeña contribución…Primeramente, déjenme decirles que hay algo de casi cómico que rodea la publicación de este texto. Efectivamente, esta semana no hubo una, sino tres Declaraciones que fueron publicadas. ¡Sí, es verdad! Veamos:

NÚMERO UNO : El 27 de junio, tuvimos la Declaración de los tres obispos (para leerla, click aquí). Cuando se lee rápidamente, ella parece bastante buena, aunque no podemos dejar de ver que el párrafo 11 es muy problemático. Pero cuando la releemos, nos damos cuenta que hay varios otros párrafos que tienen problema. Solo tienen que escuchar el análisis del documento hecho por el Padre Pfeiffer (en inglés). Diríjanse al minuto 9:30 y asegúrense de tener en la mano una copia de la Declaración. Para acceder a la transcripción (en inglés, clic aquí).

NÚMERO DOS: El pasado 28 de junio, el único obispo que permanece en la Antigua FSSPX, Monseñor Williamson, rodeado de 12 sacerdotes y dos Hermanos Benedictinos, trabajaron en su propia Declaración. Yo estuve presente en esta reunión en el presbiterio del Padre Ringrose en Vienna, Virginia. Nosotros ya habíamos decidido hacer una Declaración cuando la noticia de la Declaración de los tres obispos nos llegó.  Debimos entonces estudiar ésta y decir algo respecto al párrafo 11. Otros sacerdotes, que no pudieron estar físicamente en la reunión, aprobaron nuestro documento y tuvimos 20 firmas. (Pueden ver nuestra Declaración aquí)

NÚMERO TRES: El 30 de junio, una “Declaración de Fidelidad Católica” redactada por un laico fue presentada a las autoridades de la Nueva FSSPPX. Para leerla, clic aquí. Aunque su autor reveló su nombre a Menzingen, decidió conservar el anonimato para el gran público. En resumen, su Declaración retoma la Declaración de Monseñor Lefebvre del 21 de noviembre de 1974, agregando elementos pertinentes. Yo estoy de acuerdo con este texto, aunque pienso que no llega suficientemente lejos en sus conclusiones. Los que han leído nuestro pronunciamiento de misión comprenderán lo que quiero decir: En resumen, queremos que Roma se deshaga de toda la “Reforma”. (Si quieren leer nuestro pronunciamiento, clic aquí). Para la Nueva FSSPX, esta exigencia es irreal. Yo responderé solamente que esperamos que Roma se convierta, aunque tal esperanza sea “irreal”. En efecto, no debemos abandonar nuestros principios simplemente porque tal conversión necesitaría un milagro de Dios.

Creo que todos estaremos de acuerdo en decir que, desde el 14 de septiembre de 2011, fecha en que el Cardenal Levada le envió el primer Preámbulo a Monseñor Fellay, hubo una cantidad impresionante de Declaraciones Solemnes, tanto por parte de Roma como del movimiento tradicional. Incluso yo hice la mía el 28 de marzo pasado. ¿Qué más podemos hacer? Parece que publicar Declaraciones se ha convertido en el deporte nacional del pequeño mundo de la Tradición. Para aquellos de fuera que llegan por azar a nuestros sitios tradicionales, todas estas proclamaciones solemnes deben ser una fuente de asombro, sobre todo cuando hubo ¡tres en cuatro días! Los pobres deben decir tres cosas: 1. Los Tradicionalistas adoran “declarar” y “proclamar”; 2. Los tradicionalistas están divididos; 3. Los Tradicionalistas parecen más o menos enfermos del cerebro. Yo creo que no podemos negar seriamente los dos primeros puntos, y creo que estamos en camino de realizar el tercero…

Pero la causa, queridos amigos, ¿cuál es la causa de este frenesí de Declaraciones, de esta profunda división, de este peligro de daño irreversible del cerebro? La respuesta está en una palabra: ¡Autoridad! Sí, es verdad: ¡La Autoridad! Cuando ésta es mal utilizada, produce efectos contrarios a su objetivo. Efectivamente, la autoridad debería aportar el orden y la unidad a una comunidad, grande o pequeña. Cuando es mal utilizada, es causa de caos y divisiones. Pero ¿cómo saber si la autoridad es bien o mal utilizada?

En todas las cosas, hay que considerar el fin, la causa final, la meta. La autoridad viene de Dios y, como el hombre, como la sociedad de los hombres, ella es una creatura.  Se le ha dado a los hombres para que puedan lograr el objetivo de la sociedad, que es ofrecer al hombre las mejores condiciones posibles para lograr su propósito, el propósito para el que fue creado. Pero ¿cuál es este fin del hombre y, por extensión, de la sociedad y de la autoridad? ¿Cuál es el fin de toda creatura, sin excepción? ¡Es glorificar a Dios! Cuando una creatura racional ignora, olvida, o traiciona deliberadamente este propósito de la creación, no puede más que provocar el desorden y la confusión. Y esto es lo que sucede cuando la autoridad es mal utilizada.

Permítanme citarles a Dom Columba Marmion, OSB: Cuando queremos juzgar el valor absoluto de una cosa o de una obra, debemos hacerlo adoptando el punto de vista de Dios. Solo Dios es la verdad; la verdad es la luz en la cual Dios, Sabiduría eterna, ve todas las cosas; el valor de todas las cosas depende de cómo Dios las valora. Este es el único criterio infalible para juzgar. (…)  Pues es una verdad capital que Dios nos hizo conocer respecto a sus designios, y es que Él creó e hizo todo para su gloria (Proverbios, 16:4). Dios nos da todo; incluso se da a sí mismo en la persona de su Hijo bien amado Jesucristo y, con Él, nos da todos los bienes, nos prepara para la eternidad, una bienaventuranza infinita en la sociedad de su adorable Trinidad. Pero hay una cosa que se reserva celosamente, que no quiere ni puede darnos: es su gloria (Isaías 47,8). Por lo tanto, las cosas no tienen valor más que en la medida que procuran esta gloria a Dios” (Cf. « Le Christ idéal du Moine », Maredsous, edición de 1960, pp. 390-391).

Queridos amigos, la causa de la confusión, del desorden y del caos, es que nosotros vemos en la Iglesia, desde el Vaticano II y en la Fraternidad San Pío X actualmente, el abandono, en la práctica, de esta visión sobrenatural de las cosas y de los hombres. Las autoridades, en todos los niveles de la Iglesia y de la Fraternidad, parecen haber olvidado que su fin es el de glorificar a Dios.

En efecto, la Roma conciliar, a través del Vaticano II y sus “reformas”, continúa en el camino de la glorificación del hombre en lugar de Dios. Recordemos el terrible discurso de clausura del Papa Paulo VI al final del concilio Vaticano II, el 7 de septiembre de 1965: “al menos reconozcan su mérito (de la espiritualidad del Concilio), ustedes, los humanistas modernos, que renuncian a la trascendencia de las Cosas Supremas, y reconozcan nuestro nuevo humanismo: Nosotros, más que cualquiera, tenemos el culto del hombre”. Desde los últimos 48 años, hemos sido testigos de esta mala utilización de la autoridad por la jerarquía romana. ¡Ellos ciertamente no glorifican a Dios! Y se puede decir lo mismo de las autoridades de la FSSPX.

Efectivamente, como lo demuestran los textos oficiales de la Fraternidad desde el 2012, los Superiores ahora aceptan el principio de un acuerdo con la Roma conciliar sin exigir de ésta que se convierta. No tienen más que leer la escandalosa Declaración del 15 de abril de 2012 de Monseñor Fellay, también la vergonzosa Declaración del Capítulo General del 14 de julio de 2012, así como el texto de las seis condiciones “cosméticas”.

¡Y no vengan a decirme que estos textos ya no tienen valor! Sepan que ellos siguen siendo la posición oficial y legal de la Fraternidad, ¡y esto a pesar de la multitud de sermones, conferencias y Declaraciones afirmando lo contrario! En efecto, ninguna de estas intervenciones tiene valor legal en la Fraternidad, y todas ellas no representan más que la opinión personal de sus autores.

Es por eso que la Declaración de los 3 obispos del pasado 27 de junio, aunque no tuviera errores y fuera perfecta, no cambiaría ni una iota. Para que la posición legal y oficial de la Fraternidad cambie, habría que reunir un nuevo Capítulo general y que repudiara estos malos documentos y los escribiera de nuevo. ¡No hay modo de escapar a esta realidad! Incluso si un nuevo Capítulo general declarara oficialmente los documentos del 2012 como nulos y sin valor, y que se contentara con decir que la Fraternidad aceptaría recibir de Roma el permiso de “continuar tal como ella es”, tal aceptación constituiría igualmente un grave abandono de su deber, una terrible y perversa utilización de la autoridad. En efecto, todo católico digno de ese nombre, (mucho más los Superiores de la Fraternidad), deberían tener tan gran dolor y tan gran horror respecto a la doctrina y acciones de la Iglesia conciliar, que debería erizarse con el pensamiento de recibir cualquier aprobación que sea por parte de estos traidores y enemigos de las almas y de Cristo. Es por eso que los Superiores de la Fraternidad no glorifican a Dios y hacen mal uso de su autoridad, causando así el caos y el desorden que vemos en todas partes dentro del movimiento tradicional.

Si ya estamos cansados de la multiplicación de Declaraciones y Pronunciamientos; si queremos reencontrar nuestra unidad; si deseamos ser preservados de los daños irremediables al cerebro, debemos orar para que los Superiores de la FSSPX se despierten de su prolongado episodio de sonambulismo y que, deseosos de glorificar a Dios y hacer buen uso de su autoridad, hagan una Declaración FINAL Y CORTA a la Roma conciliar: « Nullam Partem! » - “¡No tendremos parte con ustedes!”.


EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN, ¿A QUÉ AUTORIDAD SEGUIR?


“Si no se puede consultar a la Iglesia o a su primer pastor, a quien la infalibilidad le ha sido prometida, no debemos seguir ciegamente a ninguna autoridad particular, porque no hay nadie que no pueda ser arrastrado por el error y arrastrarnos a nosotros con ella en el error. Es menos a la autoridad personal que a la autoridad de las razones que se alegan, a quien debemos seguir, hay que usar el discernimiento como lo dijo el Apóstol: “rationabile sit obsequium vestrum”; finalmente, hay que tener más consideración al número de pruebas y razones que al número de las autoridades particulares. Porque en tiempos problemáticos, cuando se persigue a la Verdad, ordinariamente sucede que la mayoría se incline del lado que favorece su debilidad, siendo muchos menos los que lo hacen conforme a la Verdad”.

R. P. de Clorivière

sábado, 6 de julio de 2013

COMENTARIOS ELEISON – DEBATE VIVAZ




Número CCCXII (312)
6 de Julio de 2013

DEBATE VIVAZ

Mons. Williamson


El problema de la autoridad mutilada (ver estos “Comentarios” del 1º y 29 de Junio) está provocando algunas reacciones vivaces entre los lectores. Por un lado, católicos valientes me dicen que yo SOY un obispo y por consiguiente debo ACTUAR como un obispo, poniéndome al comando del movimiento de “Resistencia”. Por otro lado, un sacerdote valiente con larga experiencia en el “sedevacantismo” me advierte no desencadenar iglesias paralelas consagrando aún más obispos, excepto en el caso de Guerra Mundial, persecución física o vejez paralítica (bueno, existen aquellos que alegarían que esto último ya ha sobrevenido...).

Por supuesto, el problema se remonta al Vaticano II, cuando al aterrizar en el fondo final de un deslizadero que duró 700 años, los oficiales de iglesia Conciliares abandonaron la Doctrina católica y así divorciaron la Verdad Católica de la Autoridad Católica. Este divorcio desacreditó de tal manera la autoridad oficial de la Iglesia que almas como las mencionadas arriba ya no ven más la necesidad de tal autoridad. Pero, la autoridad central de la Iglesia es, dados la diversidad natural y el pecado original de toda la humanidad, absolutamente necesaria para asegurar la unidad de la Iglesia (y con eso su supervivencia) no solamente en la Verdad sino también en los sacramentos y en el gobierno de la Iglesia.

Es por ello que un obispo o un sacerdote necesita no solamente el poder sacramental de su Orden Sagrado, poder que él nunca puede perder por toda la eternidad, sino también el poder de jurisdicción, el cual es el poder de decir (dictio) el derecho, o lo que es justo (ius, iuris). Este segundo poder no viene con su Orden Sagrado y él no se lo puede otorgar a sí mismo, solamente puede recibirlo de arriba, de un Superior de la Iglesia, en última instancia del Papa, y el Papa de Dios. Por consiguiente cuando almas valientes me dicen que yo SOY un obispo (por mi Orden Sagrado) y entonces soy un delincuente si yo no ACTÚO como tal, diciéndole (dictio) a la “Resistencia” qué hacer (ius), lo más probable es que ellos están confundiendo los dos poderes diferentes del obispo.

Sin embargo, ellos pueden instintivamente estar encontrando otra doctrina de la Iglesia como del sentido común, a saber la de jurisdicción supletoria: en una emergencia donde por cualquier razón los Superiores no están proveyendo de la necesaria jurisdicción para la salvación de las almas, la Iglesia la suple. Por ejemplo, un sacerdote puede no tener la jurisdicción que es normalmente necesaria para escuchar Confesiones, pero si un penitente le pide escuchar su Confesión, entonces, en caso de necesidad, el sacerdote puede escucharla y el sacramento será válido. Ahora, cierto y seguro, la vasta emergencia creada en la Iglesia por el Vaticano II, ha sido aún agravada más por la Declaración Doctrinal de mediados de Abril del CG de la FSPX, lo cual es prueba documentaria del desmoronamiento de la última fortaleza en pie de la verdadera Fe.

Pero, la jurisdicción supletoria tiene una debilidad porque, no siendo oficial, está mucho más expuesta a la disputa. Por ejemplo, la Roma Conciliar niega que exista tal cosa como una emergencia de la Iglesia creada por el Vaticano II, y ejerce la presión correspondiente, toda bien exitosa, sobre la Fraternidad San Pío X para que ésta se someta a sí misma a la autoridad Conciliar. Tal es la necesidad de la autoridad para ser oficial. Incluso el Arzobispo Lefebvre perdió tal vez un cuarto de los sacerdotes que él ordenó porque no tenía el poder de pararlos cuando simplemente se alejaban. Tal es esta increíble crisis de la Iglesia. Así, si un sacerdote o laico me pide darle comandos, puede él mismo disputarlos unos meses más tarde o tan pronto como él recibe lo que él considera ser un comando que él no precisa obedecer.

Pero la crisis permanece real y no hará otra que empeorar hasta que Dios intervenga para traer al Papa a sus sentidos católicos, lo cual Dios hará cuando suficientes católicos Le estén implorando que abra los ojos del Papa. Entre ahora y entonces, la emergencia siempre peor está configurada más y más para fortificar la autoridad no oficial, pero que Dios Todopoderoso nos ayude a evitar toda innecesaria anarquía.


Kyrie eleison.

viernes, 28 de junio de 2013

COMENTARIOS ELEISON: AUTORIDAD MUTILADA II




Número CCCXI (311)
29 de Junio de 2013

AUTORIDAD MUTILADA II

Mons. Williamson


Nuevamente estoy siendo impulsado por un valiente participante de la “Resistencia” Católica de hoy, a ponerme a su cabeza. La razón dada continúa siendo que soy el único obispo que hasta ahora está teniendo alguna parte en este movimiento de oposición al colapso interno de la Fraternidad San Pío X. Pero Dios otorgó el soplo de vida de la autoridad eclesial al Arzobispo Lefebvre, cuyos sucesores han abusado cruelmente de ella. Entonces ¿por qué debería El otorgarla nuevamente? La crisis de la Iglesia ha avanzado tanto más entre los años 1970 y 2010. A riesgo de molestar a muchos de ustedes, aquí están los principales argumentos de esta buena alma, con las respuestas que propongo a todos, pero impongo en nadie:

1 La amplia diversidad de opiniones entre los Sacerdotes de la Resistencia confunde a los laicos. * Pero controlar opiniones requiere autoridad (ver arriba). Y, tal vez, los católicos merecen estar confundidos después de que tantos de ellos ciegamente siguieron al Vaticano II y ciegamente están siguiendo a la FSPX. Tal vez Dios está enojado con la obediencia ciega. Tal vez El quiere que los católicos usen sus cabezas y piensen por ellos mismos, y que no simplemente “obedezcan” ciegamente para llegar sin esfuerzo al Cielo.

2 En particular hay confusión sobre si tirarse por la borda, i.e. dejar de asistir a las Misas de la FSPX. * Pero, ¿por qué una única opinión debe aplicar a todos los casos? Todo tipo de diferentes circunstancias pueden atañer a tal pregunta. De acuerdo, quedarse con la FSPX en su falso curso presente implica un peligro real de resbalarse gradualmente, pero las almas necesitan los sacramentos y, de ninguna manera, todos los sacerdotes de la FSPX son hasta ahora traidores. En Francia, recientemente, la primera edición de un libro de 350 páginas, 90% de las cuales consisten en citas del Arzobispo Lefebvre, se agotó en dos semanas. Fue compaginado por un Sacerdote de la FSPX, el Padre François Pivert. Ese es un signo bueno de esperanza. ¡Que Dios lo bendiga!

3 La fricción entre los Sacerdotes de la Resistencia puede hacer que la Resistencia se auto-destruya. * Siempre ha habido, y siempre habrá, fricciones personales entre los Sacerdotes. La fricción doctrinal es mucho más grave. Es la fidelidad doctrinal la que principalmente mantuvo unida a la FSPX hasta ahora, y es la infidelidad doctrinal la que ahora la está destruyendo. Es la fidelidad doctrinal la que garantizará nuestra una y única Fe, lo cual es la base para lo que sea que sobrevivirá de catolicismo en la Iglesia, como en la FSPX, y en la “Resistencia”.

4 No hay Iglesia sin cabeza o jerarquía. Dios nos quiere organizados. * Normalmente, por cierto, no hay Iglesia sin cabeza o jerarquía, pero el hombre moderno ha creado una situación anormal. Mientras que el centurión pagano en el Evangelio (Mt. VIII, 6-10) tenía un sentido natural de cómo comandar y cómo obedecer (los dos van juntos), el hombre “democrático” ha desaprendido voluntariamente, en nombre de la libertad, como hacer ambos. Así, los comandos arbitrarios y la obediencia excesiva, están actualmente destruyendo a la FSPX, así como han mayormente destruido a la Iglesia oficial. Esto es así porque ambos, gobernantes y gobernados, no toman en serio, no aman la Verdad objetiva que está por encima de ambos y que, cuando se Le presta atención, no tiene reparos en armonizar la autoridad y la obediencia de ambos. Tal vez Dios desea que nosotros persigamos más la doctrina que la organización.

En conclusión, esta prueba excepcional de la Iglesia durará tanto como Dios necesite que dure para la purificación de Su Iglesia. Mientras tanto, en los principios del siglo 21ero, me parece que simplemente no hay suficiente paja católica remanente para hacer un ladrillo católico como la FSPX de finales del siglo 20mo. Paciencia. Dios se saldrá con la Suya. Es Su Iglesia y El la está cuidando. Paciencia.

Kyrie Eleison
  

martes, 25 de junio de 2013

LA EMPRESA DE CRISTO



“En la mentalidad plebeya la ley tiende a cubrir y oscurecer continuamente la razón de la ley. "El sábado es para el Hombre y no el Hombre para el sábado" decía Cristo. Él escribía Hombre con mayúscula; los fariseos escribían Sábado: surge el ídolo, contrario a la Vida. ¡Ay de los pueblos cuando la Autoridad comienza a escribirse con mayúscula! Entonces toma el lugar de la Verdad, que ésa sí lleva mayúscula, por ser Dios mismo. El mundo sabe bien actualmente lo que es el Estado con mayúscula: el Estado con mayúscula es la inmoralidad organizada. ¿Quién dijo eso? San Agustín lo dijo y también Nietzsche; aunque con sentidos diferentes. Los fariseos eran muy patriotas: la "patria" en tiempo de Cristo era una mafia de ladrones armados hasta los dientes; tanto la patria de los romanos como la de los judíos. Por eso Cristo se negó a pronunciarse en esa discusión "nacionalista" que encandecía los ánimos en su tiempo y a la cual fue provocado.
Yo rehuso tomar partido en las contiendas de la iniquidad. No importa: lo acusaron ante Pilatos de "nacionalista", es decir, de "nazi".
"Dad al César lo que es del César". Las monedas tienen la marca del César. No empleéis la espada para retener ese oro: dejaos despojar de él por el César. ¡Quedaréis pobres! No importa demasiado. Lo otro es peor; lo otro es suicidio. Pero decir eso resultó para él suicidio: decir la Verdad. Cristo pagó su tributo al César, después de hacer constar que de suyo Él no estaba obligado. Hizo un milagro para pagarlo; un milagro de cuento de hadas: sacó un pescado del mar y del pescado sacó una moneda de oro. El pescado significaba él mismo; la moneda significaba su doctrina; el pez murió para darla. El verdadero tributo que pagó Cristo al Imperio Romano fue su sangre; por eso no estaba obligado a pagar otro. Ese tributo se lo arrancaron por la fuerza, "a fin de dar testimonio de la Verdad". Predicó hasta con su sangre el respeto a la autoridad con el super-respeto a Dios: "no tendrías autoridad sobre mí si no te viniera de arriba". El respeto a la autoridad que predicó severamente San Pablo no le impidió al Apóstol predicar la verdad: la prueba es que estuvo preso muchísimo tiempo y acabó decapitado.
El respeto a la autoridad ha sido convertido hoy día para muchísimos fieles y clérigos (y en los fieles por causa de los clérigos) en "oportunismo político": hay que respetar a cualquiera que vence; hay que apoyar al partido que da dinero a la Iglesia, a veces el caso es todavía más grave, la autoridad convertida en ídolo, y justificada incluso cuando comete injusticias. "Decid a ese zorro que me venga a buscar" -dijo Cristo. Cristo no respetó los crímenes de Herodes. La lucha contra esa terrible desviación de lo sacro es una empresa, una empresa de hombres. Esa fue la empresa de Cristo, lo que él hizo como hombre, lo que da unidad a toda su acción, lo que conecta su vida con su muerte, su "Misión": el nudo de su personalidad”.

R. P. Leonardo Castellani, “Cristo y los fariseos”.


viernes, 31 de mayo de 2013

COMENTARIOS ELEISON – AUTORIDAD MUTILADA





Comentarios Eleison Número CCCVII (307)
1º de Junio de 2013

AUTORIDAD MUTILADA

Mons. Williamson

Un número de buenas almas desean que una Congregación sea fundada para reemplazar a la Fraternidad San Pío X. Pero, si bien comparto el temor de ellas que la FSPX está actualmente bien avanzada en el camino para inhabilitar su antiguamente gloriosa defensa de la Fe y vida católicas; y, si bien por consiguiente simpatizo con su deseo de ver otra Congregación como ella para tomar su lugar, no creo que ello sea posible y pienso que merece explicarse porqué.

Cuando en 1970 el Arzobispo Lefebvre escribió la carta constitucional de acuerdo con la cual la futura FSPX se fundaría y funcionaría, a saber sus Estatutos, fue para él de gran importancia obtener la aprobación oficial para ellos por el obispo de la diócesis católica en la cual la casa original de la FSPX estaba situada. En cuanto a él le tocaba, obtener o no obtener esa aprobación significaba toda la diferencia entre fundar una Congregación de la Iglesia Católica y lanzar una asociación privada por su propia cuenta. Él tenía todo el interés en fundar una Congregación católica, mucho menos interés en lanzar una institución privada.

De hecho, cuando fue a ver al Obispo Charrière de la Diócesis de Ginebra, Lausana y Friburgo para obtener esa aprobación, no tenía esperanzas. La Revolución Conciliar estaba por entonces bien en camino y era directamente contraria a lo que los Estatutos proyectaban. Sin embargo, providencialmente el Obispo Charrière dio su aprobación, tal vez porque sabía que se iba a jubilar pronto después. De cualquier manera, Mons. Lefebvre volvió alborozado a Ecône y un reporte incluso habla de él flameando triunfalmente en el aire los Estatutos nuevamente aprobados.

Lo que eso significó para él fue que de allí en más, en cuanto a él le concernía, él tenía la autoridad de la Iglesia para construir una Congregación de la Iglesia. Si bien unos años más tarde, Roma iba a intentar retirarle tal autorización, este intento era intrínsecamente tan injusto según la ley de la Iglesia, que Mons. Lefebvre nunca dudó en continuar ejerciendo dentro de la FSPX toda la autoridad de un Superior clásico de una Congregación. Esa autoridad católica clásica tiene tal poder que enganchándola con arneses al carro de mentiras, los Papas Conciliares han sido capaces de destruir virtualmente la Iglesia Universal y, por estar siendo enganchado con arneses a un acuerdo práctico con Roma Conciliar, está ahora virtualmente destruyendo la FSPX. Por otro lado, sobre sacerdotes, monjas y laicos fuera de la FSPX, el Arzobispo Lefebvre nunca se arrogó a sí mismo ninguna autoridad otra que la de padre, consejero y amigo.

Pero, los días del Obispo Charrière hace tiempo que se fueron. ¿Cuántos obispos sanos quedan en la Iglesia oficial? Y, ¿cómo podría cualquiera de ellos aprobar hoy estatutos Tradicionales y anti-Conciliares? Es como si justo después que el Arzobispo se escapó del castillo católico con los Estatutos católicos en su mano, el portón levadizo Conciliar de hierro se desplomó detrás de él. “Ellos están mentalmente enfermos, pero tienen la autoridad”, dijo uno de los cuatro teólogos de la FSPX acerca de los teólogos Romanos después de las Discusiones doctrinales de 2009-2011. La FSPX es con seguridad la última en la línea de las Congregaciones clásicas a poder ser fundada, al menos hasta después del Castigo. Y duró solo unos cuarenta años.

Es por eso que, en mi opinión, “Lo que no puede ser curado debe ser soportado”. Y es por eso que, en este momento, me contemplo como siendo no más que padre, consejero y amigo para cualesquiera almas que llamen al liderazgo y apoyo de un obispo. Incluso esa es tarea suficiente. Que Dios esté con todos nosotros.

Kyrie eleison.