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sábado, 28 de agosto de 2021

COMENTARIOS ELEISON - LA SABIDURÍA DE LEFEBVRE I

 



DCCXXXVI #736

21 de agosto de 2021

La SABIDURÍA de LEFEBVRE – I

Mons. Williamson

 

 

Al arzobispo no lo idolatramos ni lo adoramos,

pero damos gracias a Dios por este gran hombre de guerra.

¿Y qué tienen que decir estos “Comentarios” sobre el último escándalo del Papa Francisco, a saber, su Motu Proprio ” Traditionis Custodes “, en el cual hace todo lo posible por extinguir el secular rito tradicional de la Misa en latín, y asegurarse de que desaparezca para siempre de las celebraciones de la misa? Ante todo, estos “Comentarios” dan gloria a Dios por habernos dado como modelo, para guiarnos en esta crisis de fin de mundo de la Iglesia, al arzobispo Lefebvre. Terminó sus días supuestamente “excomulgado” por los eclesiásticos de la Iglesia oficial. No ha sido seguido fielmente por los líderes eclesiásticos de la Fraternidad San Pío X que él mismo constituyó. Pero el registro histórico de lo que hizo y dijo está ahí, y su sabiduría para el futuro de la Iglesia se hace más clara con cada día que pasa.

Ese registro histórico nos dice exactamente cómo habría reaccionado a Traditionis Custodes. Por un lado, habría rechazado una vez más la falsa doctrina del Vaticano II, que está detrás de la Misa Novus Ordo y que hasta el día de hoy se esfuerza por abolir todo rastro del antiguo rito tridentino de la Misa, que desde 1969 ha demostrado ser la competidora indestructible de la Nueva Misa del Papa Paulo, y que vivirá mucho después de que la Nueva Misa esté en los basureros de la historia. Por otro lado, incluso con el problema agonizante para los católicos que plantean los Papas que luchan contra la Tradición católica más encarnizadamente que nunca, como Francisco en este Motu Proprio, parece muy poco probable que Mons. Lefebvre haya declarado que el Papa Francisco no es Papa. Más bien, por el bien de la estructura de la Iglesia, habría insistido en el respeto y la cortesía hacia todos los aparentes Papas del Vaticano II, dejando a la Iglesia oficial sola en un tiempo futuro más tranquilo el decidir qué estatus atribuir a estos Vicarios de Cristo que tuvieron tan poca comprensión de la Tradición Católica.

Este equilibrio del arzobispo entre la condena de la doctrina de los papas conciliares pero el respeto a su cargo ha llegado a conocerse como “Reconocer y resistir”: reconocer su cargo, resistir su doctrina. Pero como política a seguir por los católicos, recibe fuertes críticas de ambos bandos. Los liberales dirán que si reconoces correctamente el cargo, no tienes derecho a resistirte a sus mandatos. Los “sedevacantistas” antiliberales le darán la vuelta a esa posición, diciendo que si te resistes con razón a los falsos mandatos del oficio, entonces no puedes seguir reconociendo al oficio que emite esos mandatos, es decir, no puedes reconocer y resistir a la vez, debe ser una cosa o la otra. No, dijo el Arzobispo, yo condeno la enseñanza pero no necesariamente rechazo el oficio. Los Papas católicos que odian la Tradición son un misterio que deberá resolver una época futura de la Iglesia, si es que quiere y puede hacerlo. Y en esta posición, el Arzobispo ha sido seguido desde entonces por muchos católicos, no por su autoridad oficial, de la que tenía poco o nada, sino porque, enfrentados a los mismos problemas en la Iglesia, habían llegado por sí mismos a las mismas conclusiones que él, y por lo tanto lo siguieron, convirtiéndolo así en el pionero del equilibrio y la cordura en la crisis actual de la Iglesia.

¿Y qué fue lo que permitió al Arzobispo mantener el equilibrio y la serenidad cuando, tras el Concilio, tantos católicos creyentes perdieron su fe o desesperaron de la Iglesia? Sin duda fue su fe inquebrantable en un Dios y en una Verdad que están muy por encima de todos los cambios o influencias humanas, de la política o de lo que sea; un Dios y una Verdad consagrados en la Tradición católica en beneficio de los seres humanos, pero que no están de ninguna manera intrínsecamente sujetos a los seres humanos ni dependen de ellos. He aquí las alturas en las que vivía en espíritu, y desde las que descendía a la vida cotidiana, sin admitir cambios indebidos en las cosas de Dios, ni exigir demasiada perfección en las cosas de los hombres. Los liberales estaban locos por querer adaptar la única y verdadera Iglesia de Dios a nuestra época de impiedad, mientras que los católicos se equivocaban al dudar de la Providencia en la conducción de Dios de su Iglesia.

Entonces el Papa Francisco está loco, pero Jesucristo está con Su Iglesia hasta el fin del mundo – Mt. XXVIII, 20.

Kyrie eleison.

 


lunes, 19 de julio de 2021

APUNTES DESDE LA TRINCHERA

 




Van por todo

¿Qué sentido tiene que Francisco haya sacado este motu proprio, Traditionis custodes, ahora? ¿En serio quieren hacernos creer que los pequeños grupos “Ecclesia Dei” podían amenazar la unidad de la Iglesia conciliar? ¿Qué podían desviar de su rumbo a ese engendro salido del Vaticano II, a ese monstruo que todo destruye a su paso, especialmente desde que conduce su timón el papa peronista? De ningún modo. Porque si bien el Vaticano II ha estado últimamente cuestionado, ese cuestionamiento no es un “desafío poderoso” al poder tiránico de Roma. Por el contrario, Francisco adopta esta medida porque estima suficientemente débiles a esos grupos semi-tradicionales que hasta el momento no osaron reaccionar ante esta medida.

Además, Francisco sabe que con esta medida no “pacifica” sino que crea más conflicto y más oposición en los medios de prensa que ya lo venían criticando. ¿Entonces? ¿La operación que sufrió lo habrá hecho acelerar la ejecución de la agenda?

Entonces, entonces queda esto: el odio que el diablo y sus agentes los masones y modernistas conciliares tienen a la Misa, como que saben que es un arma letal contra ellos, los lleva a buscar la manera de restringir más aún que antes el Santo Sacrificio de la Misa. El propósito final es erradicarla (tarea que le dejarán al Anticristo, a quien le preparan –sabiéndolo o no- el terreno).

La Misa de siempre no es ecuménica, y la iglesia conciliar debe volverse cada día más protestante. Y, como sabemos por la historia, los protestantes, cuando dominan, nunca han sido tolerantes con los católicos. Por no hablar de los masones. Y los innombrables…

miércoles, 18 de octubre de 2017

sábado, 11 de marzo de 2017

MONS. LEFEBVRE HABLA CLARO CONTRA LAS DESVIACIONES A UNO Y OTRO LADO




“Nuestros fieles tienen necesidad de estudios serios, sobre el error del ralliement de Dom Gérard, sobre el error del sede-vacantismo, sobre la legitimidad de las consagraciones”.

Mons. Lefebvre, 2 de septiembre de 1990

(Carta enviada a Le Sel de la terre, reproducida en el N° 80 de la revista)


miércoles, 16 de noviembre de 2016

APUNTES DESDE LA TRINCHERA





Ceguera indeclinable

El 13 de octubre pasado, mismo día en que Francisco recibió a Mons. Fellay, recibió también a una delegación de luteranos que emplazaron -con la venia de Francisco- una estatua del diabólico heresiarca Lutero en el Vaticano.

La reconciliación plena “a dos puntas” coincide y se apresta a su total concreción.

Si después de esto los sacerdotes y fieles de la Fraternidad San Pío X no reaccionan, es porque están indefectiblemente ciegos.

Su integración será la más penosa desintegración, que no dejan de advertir plumas muy lúcidas, como por ejemplo en estos dos recientes artículos: http://syllabus-errorum.blogspot.fr/2016/11/don-curzio-nitoglia-el-modernismo-es.html y http://syllabus-errorum.blogspot.fr/2016/10/comentarios-eleison-desintegracion.html 

Querer “normalizar” a la Fraternidad San Pío X acordando con un Papa absolutamente “anormal”, es verdaderamente “loco”.


La “Hermenéutica de la continuidad” de Monseñor Fellay

Hay un sermón de Benedicto XVI, si mal no recordamos de comienzos de su pontificado, donde traza sus líneas programáticas, enunciando su famosa “Hermenéutica de la continuidad”. Si hablamos de la Tradición de la Iglesia, encontramos que hay un órgano y un contenido de la misma. El primero (activo) es el encargado de transmitirla; el segundo (pasivo) es el depósito de la fe. El segundo necesita del primero para su transmisión. El Catecismo Romano en su misma inroducción enseña que la fe se recibe por la audición, para lo cual es necesario el trabajo constante y el ministerio del maestro legítimo para conseguir la eterna salvación: “Cristo vino a este mundo a enseñar la fe, que después propagaron los apóstoles y sus sucesores”.

La astuta jugada que hizo Ratzinger en su hermenéutica o interpretación de la continuidad, es desligar el órgano del contenido, para aferrarse al primero, poniendo la continuidad en el órgano solamente, pudiendo el contenido variar sin dificultad. Así, tenemos que si hay continuidad en la línea pontificia y episcopal desde los orígenes de la Iglesia, esa continuidad por sí sola es suficiente para definir a la “tradición viva” de la Iglesia, por lo cual no habría ninguna ruptura del Vaticano II con el magisterio anterior al mismo.

martes, 8 de noviembre de 2016

PROFESOR CARLOS NOUGUÉ - SI LA JERARQUÍA CONCILIAR ESTÁ FUERA DE LA IGLESIA





Si la jerarquía conciliar está fuera de la Iglesia

Prof. Carlos Nougué

Si se piensa bien, si se considera que la jerarquía conciliar está fuera de la Iglesia, no se puede atender a lo establecido por el Concilio Vaticano I. En efecto, léase la Sacrae Theologiae Summa, trat. III, “De la Iglesia de Jesucristo”, por el P. J. Salaverri S. J. (n° 294):

“1) La perennidad del Primado es definida explícita y directamente en el Concilio Vaticano [I] (D 1824s).  [D 1825 Canon. Si alguien, pues dice que no es institución de Cristo mismo, es decir, de derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga sucesores perpetuos en el primado sobre la Iglesia universal… sea anatema.]

2) La perennidad de la Iglesia está definida explícita, pero indirectamente, en el mismo Concilio (D 1821 - 1824s).

3) La perennidad de la Jerarquía la definió implícitamente el Concilio Vaticano I. En efecto definió explícitamente la perennidad del Primado (D 1824s); y también definió que es propio del Primado el tener subordinados a él y gobernar él a los Pastores u Obispos de la Iglesia universal (D 1827-1831); luego siempre habrá Pastores u Obispos subordinados al Primado. Esto mismo se enseña explícitamente en la introducción a la Constitución de la Iglesia (D 1821)”.

Si es así, la jerarquía conciliar no puede no ser parte de la Iglesia. Pero parece que sólo es secundum quid o bajo cierto aspecto, no simpliciter o absolutamente. En otras palabras, parece que sólo lo es por jurisdicción precaria. Lo explico. Como decía Pío XII, un asesino ya perdió por su mismo acto el derecho a la vida y a la ciudadanía. Pero digo, es preciso que el Estado lo juzgue, que le retire la ciudadanía y lo condene a muerte. Mientras no lo haga, tal asesino continúa con vida y con la ciudadanía, aunque sólo de cierto modo, o sea, en estado precario. Esto es, análogamente, lo que me parece que sucede con la jerarquía conciliar: hubiera podido perder ipso facto, por contumacia en la herejía, la jurisdicción; pero todavía la preserva precariamente, por falta del debido juicio, todo lo cual puede concluirse de lo dicho en el Código del 17. Esto era más o menos lo que pensaba el tomista Domingo Báñez (1528-1604) (cito de memoria): “Si se me pregunta si un papa que haya incurrido en herejía sigue siendo papa, digo: desde un ángulo no, pero desde otro sí”; o sea, mientras que un concilio no lo indisponga con el resto de la Iglesia. Atención: no se trata de la doctrina del conciliarismo, condenada por el Papa Pio II mediante la bula Exsecrabilis (del 10 de enero de 1459). 

El conciliarismo supone que un concilio ecuménico o universal sería la autoridad suprema de la Iglesia por encima del papa. La posición de Báñez fue defendida primeramente por el Cardenal Cayetano y después por una larga serie de teólogos, entre los cuales tomistas como Juan de Santo Tomás entre otros, como S. Alfonso María de Ligorio. Según todos ellos, un concilio no tendría poder propiamente para deponer un papa, sino que, así como un cónclave tiene poder para disponer un papa, así también un concilio tendría poder para indisponer un papa herético [por ser herético] con el resto de la Iglesia. Como quiera que sea, hoy un concilio no haría sino reafirmar a Francisco…

Pero también me parece feliz la palabra del Padre Álvaro Calderón: sólo se puede llamar “católica” la jerarquía conciliar de modo análogo a como un cáncer puede decirse de quien lo porta o padece.

Voy a volver al tema cuando sea posible, profundizando y dando todas las referencias bibliográficas necesarias. [ver 
acá]


viernes, 21 de octubre de 2016

COMENTARIOS ELEISON - SEDEVACANTISMO, NUEVAMENTE - II



Número CDLXXXII (482)
08 de octubre de 2016


Sedevacantismo, Nuevamente – II



La Iglesia que los sedevacantistas intentan salvar
A límites humanos se esclavizan, a decir verdad

Para cualquier alma Católica que se da cuenta hoy de la gravedad de la crisis en la Iglesia y que agoniza por ello, la simplicidad del sedevacantismo desechando como inválidos a la Iglesia y a los Papas del Vaticano II puede volverse una seria tentación. Peor aún, la aparente lógica de los argumentos eclesiavacantistas y sedevacantistas puede tornar esa tentación en una trampa mental que en el peor de los casos conduce a un Católico a perder completamente su fe. Es por eso que estos “Comentarios” retornarán con más detalle al principal argumento de la variedad de argumentos expuestos por MonsS en su artículo de 1991 mencionado aquí la semana pasada. He aquí nuevamente ese argumento:

Mayor: la Iglesia Católica es absolutamente indefectible (tiene la garantía de Dios mismo de que Ella durará hasta el fin del mundo – cf. Mat. XXVIII,20). Menor: Pero la Iglesia Conciliar o Novus Ordo, abrumada por el neo-modernismo y liberalismo, representa una absoluta defección. Conclusión: la Iglesia Novus Ordo es absolutamente no Católica y sus Papas son absolutamente no Papas. En otras palabras, la Iglesia es absolutamente blanca mientras que la Neo-Iglesia es absolutamente negra, así que la Iglesia y la Neo-Iglesia son absolutamente diferentes. Para mentes que gustan de pensar en blanco y negro sin nada entre los dos, este argumento posee mucha atracción. Pero para mentes que se dan cuenta que en la vida real las cosas son a menudo grises o una mezcla de negro y blanco (sin que el negro deje de ser negro o el blanco deje de ser blanco), el argumento es demasiado absoluto para ser verdad. Así, en la Mayor hay una exageración de la indefectibilidad de la Iglesia y en la Menor hay una exageración de la defección de la Neo-Iglesia. La teoría puede ser absoluta pero la realidad raramente es absoluta. Miremos a la indefectibilidad y a la defección Conciliar, como ellas son en la realidad.

COMENTARIOS ELEISON - SEDEVACANTISMO, NUEVAMENTE I





Número CDLXXXI (481)
01 de octubre de 2016



Sedevacantismo, Nuevamente – I

Mons. Williamson




La Iglesia Católica nunca puede totalmente fallar,
Pero parcialmente puede severamente enfermar.

Puede fastidiar a cierto número de lectores de estos “Comentarios” si éstos vuelven con el tema de los Papas Conciliares no siendo Papas en lo absoluto, pero la reciente traducción al francés de un artículo de 1991 en inglés, muestra cómo los argumentos en favor del sedevacantismo necesitan repetidamente demostrarse como no siendo tan concluyentes como aparentan. Los liberales no necesitan tal demostración porque para ellos el sedevacantismo no es tentación. Sin embargo, hay almas católicas selectas sacadas por la gracia de Dios fuera del liberalismo y llevadas hacia la Tradición católica, para las cuales el sedevacantismo se vuelve positivamente peligroso. Al Diablo no le importa si perdemos nuestro balance hacia la derecha o hacia la izquierda, con tal que perdamos nuestro balance.

Pues, en verdad, el error del sedevacantismo puede ser en teoría un error no tan profundo ni tan grave como el de la pudrición mental universal del liberalismo, pero en la práctica, ¿cuán frecuentemente uno observa que las mentes se cierran de golpe con el sedevacantismo? Y, que lo que comenzó como una opinión aceptable (¿qué Católico puede decir que las palabras y hechos del Papa Francisco son católicos?) tiende a volverse una certeza dogmática inaceptable (¿qué Católico puede juzgar con certeza una cuestión tal?). Y, de allí, a imponerse a sí mismo como el dogma de los dogmas, como si la catolicidad de una persona fuera a ser juzgada de acuerdo a si cree o no que no hemos tenido un Papa real desde, digamos, Pío XII.

lunes, 25 de julio de 2016

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO – PADRE CASTELLANI





Domingo décimo después de Pentecostés (1966) – Domingueras prédicas 2

Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hom­bres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!” Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
(Lc. 18, 9-14)


La Parábola del Fariseo y el Publicano es bien conocida. Voy a ver si puedo añadir algunas precisiones a lo que ya dije acerca della; a saber: el retrato de los dos personajes, la esencia del fariseísmo y la breve oración del "Pecador" que le mereció salir del Templo "perdonado".
El retrato de los dos personajes está como grabado en acero: tan breve y tan incisivo. El Publicano, que como saben, era una clase social tan despreciada que ese nombre era como una mala palabra, está en el fondo del Templo, de rodillas y no osando siquiera alzar los ojos; y está tan penetrado por la conciencia de sus pecados que su oración voltea sobre dos palabras: "¡Piedad!, ¡pecador!", como dos interjecciones, junto con el golpearse el pecho, signo de arrepen­timiento. El Fariseo está de pie cerca del altar, y habla con Dios —o mejor dicho, consigo mismo— dentro de sí; porque el Fariseo está siempre dentro de sí; y si mira al prójimo, lo mira para despreciarlo y para volver con más fuerza a sí mismo, a la contemplación de su propio Yo. "Gracias te doy porque no soy como los otros hombres. Soy mejor.
Es verdad que no es como los otros hombres; solamente que no es mejor, como él cree, sino peor. Es verdad también que la mayoría de los hombres son pecadores, o si vamos a cuentas, todos. También deben de ser verdad las obras buenas de que se gloría: paga los diezmos a la Sinagoga y ayuna dos vecen por semana. (En otro lugar, Cristo dice que los Fariseos daban limosnas y hacían actos de devo­ción ostentosamente).(1)
De modo que este hombre religioso se engaña con la verdad, que es la peor manera de engañarse.
Ahí vemos lo que eran en puridad los fariseos: “hipócritas” los llamó Cristo, pero no eran el hipócrita vulgar, que retrató Moliere en su “Tartufo” y Pereda en los dos maravillosos personajes Don Sotero y Patricio Rigüelta, individuos que fingen conscientemente devoción o bondad para engañar al prójimo; mas los fariseos "se creen justos", conforme a la definición de Cristo; de modo que engañan a los demás comenzando por engañarse a sí mismos; una hipo­cresía mucho más profunda y peligrosa que la otra; lo cual podemos encontrar también en nuestros días. Es una actitud radicalmente irreligiosa, e incluso antirreligiosa, que aparece como religiosa. Con razón pues dice Cristo que “éste no salió del Templo perdonado” —ya que ni siquiera sabía que había algo que perdonar... "Algunos que se creían justos y despreciaban a los demás", dice San Lucas. Es un efecto de la soberbia, y de la peor soberbia, pues hace de la misma religión su alimento. Con razón dice Cristo que no tienen remedio. Éste es el pecado contra el Espíritu Santo.(2)

domingo, 17 de enero de 2016

ECLESIAVACANTISMO Parte 1





ECLESIAVACANTISMO
Parte 1


ENTRE DOS EXTREMOS

Estrechamente vinculada con el sedevacantismo, existe una postura llamada (impropiamente) “eclesiavacantismo”, según la cual esa organización que todo el mundo llama “Iglesia Católica” no es tal, sino que es otra sociedad denominada “iglesia conciliar”, hallándose la Iglesia Católica reducida, en la actualidad, a un pusillux grex (pequeño rebaño) integrado solamente por los tradicionalistas en abierta oposición a la Jerarquía de la “iglesia conciliar”. La “iglesia conciliar”no sólo ocupa la Iglesia Católica, sino que la suplanta. Como los protestantes más radicales, los eclesiavacantistasllegan a identificar “esa organización religiosa mundial dirigida desde el Vaticano” con la Sinagoga de Satanás, la iglesia del Anticristo o la mujer de Apocalipsis 17 y 18.

En el otro extremo (en el conjunto de los que pueden ser llamados tradicionalistas) se sitúa Mons. Fellay y los demás acuerdistas de la FSSPX, que rechazan la idea de que la “iglesia conciliar” sea algo más que un mal espíritu en la Iglesia Católica: "hay también todo un organismo y este organismo por un lado debemos confesarlo como santo y por el otro nos escandaliza” (…) La nuestra es la Iglesia católica. No tenemos otra. No hay otra. El buen Dios permite que esté enferma. (…) La enfermedad es la enfermedad, pero esta no es la Iglesia. Ella está en la Iglesia, pero [la Iglesia] sigue siendo lo que es (…) Por supuesto que hay que luchar contra la enfermedad. Pero esta Iglesia enferma es la Iglesia fundada por Nuestro Señor. Es ella la que tiene las promesas de vida eterna. Es ella que tiene las promesas que las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella." (Mons. Fellay, acá). "En la medida en que se produjo un "cambio de orientación” desde el Vaticano II, hablamos de iglesia conciliar. Se quiere designar por ésta, no una cosa o una substancia distinta de otra, sino un nuevo espíritu que se introdujo en el interior de la Iglesia al momento del concilio Vaticano II y que pone obstáculo al fin de la Iglesia, es decir, a la Tradición de su fe y su moral. (...) Por lo tanto no hay dos Iglesias; solamente hay, en el seno de la Iglesia, una tendencia antagónica que combate la Iglesia del interior, que procura neutralizarla en su provecho, impidiendo la realización de su fin." (P. Gleize, acá)

Entre ambas posiciones extremas hay un justo medio: las dos iglesias se encuentran estrechamente entrelazadas, como el trigo y la cizaña del Evangelio. Compartiendo la misma causa material, se distinguen pero no existen separadas. Se puede decir que la “iglesia conciliar” es como un tumor maligno dentro de la Iglesia Católica. En la Jerarquía hay herejes formales y herejes materiales. Los fieles no tradicionalistas son, en general, herejes materiales conducidos al error y mantenidos en el error por los Pastores que profesan, con o sin culpa, los errores conciliares. Esta posición ha sido explicada por los Dominicos de Avrillé en el artículo titulado  “Una Jerarquía para dos iglesias” y por Mons. Tissier de Mallerais en su artículo ¿Existe una Iglesia Conciliar?”.

UN EQUÍVOCO

Los términos que no admiten más que un sentido se denominan unívocos. Lo contrario sucede con los términos no unívocos, que en filosofía se denominan equívocos y análogos. Por ejemplo, la palabra "banco" es equívoca porque puede significar un tipo de asiento, una  mesa de trabajo, una empresa que realiza operaciones financieras, el edificio donde esa empresa funciona, un establecimiento médico de almacenamiento orgánico, un grupo de peces; una elevación de arena o tierra del fondo del mar, de un río o lago, cercana a la superficie; etc.

La expresión “iglesia conciliar” no es unívoca porque admite diversos sentidos:

sábado, 18 de julio de 2015

COMENTARIOS ELEISON - PAPAS CONCILIARES V



Número CDXVIII (418)
18 de julio de 2015

Papas Conciliares – V

Mons. Williamson



Dios finalmente rescatará Su Iglesia, por supuesto,
Pero los Católicos deben gritar hasta quedar roncos.

El “Comentario” de la semana pasada fue tan lejos como para sugerir que empezar a comprender la mentalidad liberal es una ayuda importante para mantener la Fe hoy en día. Viendo cómo el liberalismo disuelve la Verdad, uno comprende cómo él está socavando la Fe y destruyendo a la Iglesia. Al mismo tiempo, viendo cómo corrompe las mentes, uno comprende cómo los hombres de Iglesia de hoy están “diabólicamente desorientados” sin necesariamente estar completamente conscientes de cómo están destruyendo a la Iglesia. Entonces, uno no necesita ser ni liberal ni sedevacantista. Así que miremos a otro texto clásico de Monseñor Lefebvre donde él examina “La Mentalidad Católico-Liberal” en el Capítulo XVI de Le Destronaron:

“Una enfermedad del espíritu. Más que una confusión, el catolicismo liberal es una ‘enfermedad del espíritu’ (Padre A. Roussel en su libro “Liberalismo y Catolicismo”): El espíritu no consigue sencillamente descansar en la verdad. Apenas se atreve a afirmar algo, se le presenta la contra-afirmación, que también se ve obligado a admitir. El Papa Pablo VI fue el prototipo de este espíritu dividido, de este ser de doble faz – incluso se podía leer esto físicamente, en su rostro – en perpetuo vaivén entre los contradictorios y animado de un movimiento pendular, que oscilaba regularmente entre la novedad y la Tradición. Dirán algunos: ¿esquizofrenia intelectual?

“Creo que el Padre Clérissac vio más en profundidad la naturaleza de esta enfermedad. Es una ‘falta de integridad del espíritu’, escribe (Humbert Clérissac, o.p. “El Misterio de la Iglesia” Cap.7), de un espíritu que no tiene ‘suficiente confianza en la verdad. Esta falta de integridad del espíritu en las épocas del liberalismo, se explica del lado psicológico por dos rasgos manifiestos: los liberales son receptivos y febriles. Receptivos porque asumen con demasiada facilidad los estados de espíritu de sus contemporáneos; febriles porque por miedo de contrariar esos diversos estados de espíritu, se encuentran en continua inquietud apologética; parecen sufrir ellos mismos las dudas que combaten; no tienen suficiente confianza en la verdad; quieren justificar demasiado, demostrar demasiado, adaptar o incluso disculpar demasiado’.

“Ponerse en armonía con el mundo. ¡Disculpar demasiado! ¡Qué expresión oportuna! Quieren disculpar todo el pasado de la Iglesia: las Cruzadas, la Inquisición, etc.; en cuanto a justificar y demostrar, lo hacen bien tímidamente, sobre todo si se trata de los derechos de Jesucristo; pero adaptar, por cierto que lo hacen, ese es su principio. Parten de un principio práctico y de un hecho que juzgan innegable: que la Iglesia no podría concebirse en el ambiente concreto en que debe cumplir su misión divina sin armonizarse con él”.

Desde el tiempo del Padre Clérissac y de Monseñor Lefebvre, la disolución de las mentes y de los corazones por el liberalismo ha solamente hecho grandes avances. En el siglo 21ero hay aún menos trazas que hayan quedado del antaño marco de verdad objetiva y de moralidad objetiva que las que había en el siglo 20mo. Esto siendo así, la adaptación de la Iglesia a sus ambientes deviene más y más mortal para la Fe Católica y para la moral, las cuales no son nada si no son objetivas. ¡Cuánto hemos tenido que sufrir recientemente a causa de una mente continuamente alternando afirmaciones con contra-afirmaciones, continuamente ansiosa por convencer a ambos dos partidos completamente opuestos el uno al otro, para reconciliar lo irreconciliable, careciendo no solamente de confianza en la verdad sino incluso, tal como parece, de cualquier conocimiento de la verdad, si no fuera que esta mente puede hacer una tan buena imitación de la verdad! Tal mente se decía ayer que pertenecía a un “mentiroso”. ¿Y hoy?

Solamente podemos gritar como el Salmista: Señor, tus propios Católicos han devenido una burla para los no Católicos. Por tu propio honor y gloria, ¡apresúrate a rescatarnos!


Kyrie eleison.

domingo, 12 de julio de 2015

COMENTARIOS ELEISON - PAPAS CONCILIARES IV



Número CDXVII (417)
11 de julio de 2015

Papas Conciliares – IV

Mons. Williamson



De “pudrición mental”, ¿Monseñor nunca habló?
Con otras palabras él también dijo que las mentes son débiles.

Muchos lectores de estos “Comentarios” actualmente estiman que éstos tratan demasiado a menudo acerca del sedevacantismo, o sea de la posición que la Sede de Roma está vacante, es decir que ningún Papa desde el Vaticano II ha sido un Papa real. Ahora bien, si un Católico necesita mantener esa opinión para no perder su fe católica, que la mantenga, porque su fe es suprema (Heb. XI, 6). Pero la opinión en sí misma es peligrosa en cuanto a que puede ser el inicio de un deslizadero hacia perder la fe, y es por eso que estos “Comentarios” son tan insistentes en desalentar al sedevacantismo. Demasiado fácilmente deviene de ser una opinión a ser un dogma, luego el super-dogma y la medida de si uno es Católico o no, desde donde se puede deslizar hacia un completo descreimiento en la Iglesia estructural y “el quedarse solo en la casa”, hasta aún el punto de perder la fe católica. Consideren lo que Monseñor Lefebvre dijo (muy levemente adaptado) a finales de 1979 en una conferencia a los seminaristas en Ecône:

“Debemos ser prudentes. Es obvio que si el Papa Pablo VI no fue Papa entonces los Cardenales que él designó no son Cardenales, por lo que no pueden haber elegido a Juan Pablo I y no pueden haber elegido válidamente a Juan Pablo II, esto queda claro. No pienso que uno pueda decir tales cosas. Pienso que éstas son exageraciones que argumentan de una manera demasiado absoluta y rápida. Pienso que la realidad es más compleja.

“Pienso que aquellos que argumentan de esta manera están, en cierta manera, olvidando la teología moral y ética. Son demasiado especulativos. La teología moral y la ética nos enseñan a razonar y a juzgar a las personas y a sus actos de acuerdo a un completo contexto de circunstancias que debemos tomar en cuenta: ‘Quién, qué, dónde, por cuáles medios, por qué, cómo, cuando’ – todas las siete circunstancias deben ser examinadas si es que vamos a juzgar la moralidad de un acto. Así, no podemos permanecer en la estratósfera pura, para así decir, en el reino de la teología dogmática pura, pronunciando, por ejemplo, que un tal acto es herético, por consiguiente quien lo ha hecho es un hereje. Pero, ¿estaba esta persona consciente de lo que estaba haciendo, lo hizo verdaderamente él mismo por sí mismo, no fue engañado o forzado a hacerlo?

“Pienso que aquí se encuentra cómo solucionar los graves problemas planteados por Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I. A éste último los diarios atribuyen la cita que al principio él había pensado que la nueva definición del Concilio sobre la libertad religiosa era inaceptable porque la Iglesia había siempre enseñado lo opuesto, pero luego de estudiar el documento del Concilio y todo su contenido, él se había dado cuenta que la Iglesia se había equivocado previamente. Ahora bien, no tengo idea cuales fueron las palabras exactas de Juan Pablo I, pero decir que la Iglesia había podido equivocarse en una cuestión tal como la libertad religiosa ¡simplemente aturde la cabeza! Sin embargo, lo atribuyo yo a mentes liberales. El liberalismo es así. El liberalismo declara algo y luego lo contradice, y si uno demuestra que lo que dijo no es verdad, entonces se le ocurre otra fórmula ambigua con doble sentido. La mente liberal está continuamente flotando por ahí, con expresiones que no son claras, con cosas que pueden ser tomadas de dos maneras . . .. Cuántas cosas hay como esas en el Concilio, expresiones equívocas e inciertas, totalmente típicas de mentes a la deriva, de mentes liberales . . .. Tal como lo veo, pienso que el hecho de que el Papa es un liberal es suficiente para explicar la situación en la cual nos encontramos”.

¡Bravo, Su Excelencia! ¿No está Monseñor diciendo aquí exactamente lo que estos “Comentarios” han dicho tan a menudo? Y la razón por la cual estos “Comentarios” lo han repetido tan a menudo es porque ellos ven aquí la clave para evitar el liberalismo sin tener que recurrir al sedevacantismo, aún la clave para no perder la fe.


Kyrie eleison.