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viernes, 16 de diciembre de 2016

MÁXIMAS Y ENSEÑANZAS – SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT





“Busco la divina Sabiduría; ayudadme a encontrarla. Estoy pensando en mis poderosos enemigos; todos los mundanos, que adoran lo caduco y se deleitan en ello, me desprecian, se burlan de mí y me persiguen; todo el infierno ha tramado mi perdición, y levantará contra mí por todas partes a todas las potencias. Y, en medio de todo esto, me siento débil, más aún, la debilidad personificada; soy ignorante, más aún, la ignorancia misma y lo demás…que no me atrevo a decir. No cabe duda: solo y miserable como soy, pereceré si la Santísima Virgen y las almas buenas –las vuestras en particular- no me sostienen y alcanzan de Dios el don de la palabra o la divina Sabiduria que remedie todos mis males y sea el arma poderosa contra mis enemigos”.
(Carta circular a los habitantes de Montbernage)


“No abandones tus buenos propósitos a causa de la contradicción; ésta es la prenda del triunfo futuro. Obra que no sea contradicha, que no esté marcada con el signo de la cruz, no vale nada delante de mí y pronto será destruida”.
(Máximas y enseñanzas de la divina Sabiduría)


“Sé que tendréis dificultades para superar. Pero es preciso que una empresa tan gloriosa para Dios y tan provechosa para el prójimo se vea sembrada de espinas y cruces. Y, si no arriesgamos nada por Dios, no haremos nada importante por Él”.
(Carta 27)


“El cielo y la tierra pasarán antes que Dios falte a su palabra permitiendo que una persona que espera en El perseverantemente vea frustrada su esperanza”.
(Carta 16)


sábado, 18 de junio de 2016

CON MARÍA





“Con María todo es fácil; en Ella pongo mi confianza, aunque por ello rujan el mundo y el infierno. Y digo con San Bernardo: ‘Ella es mi confianza suprema, Ella es toda la razón de mi esperanza’. Haceos explicar estas palabras. No me hubiera atrevido a decirlas por mí mismo. Por María busco y encontraré a Jesucristo, aplastaré la cabeza de la serpiente y venceré a todos mis enemigos y a mí mismo, para la mayor gloria de Dios”.


San Luis María Grignion de Montfort, “Carta circular a los habitantes de Montbernage”.

martes, 14 de junio de 2016

R.P. TRINCADO - SERMÓN DEL IV DOMINGO DE PENTECOSTÉS







“Los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria futura que ha de manifestarse en nosotros”.

El sufrimiento es una gran piedra de tropiezo, especialmente para el hombre moderno, apóstata o ateo. El hombre moderno trata de evitar siempre todo sufrimiento. Busca vivir lleno de placeres, como si esta corta vida fuera la verdadera y definitiva vida. Ve el sufrimiento como algo inútil, sin sentido. Pero es ley inexorable que el que no sabe sufrir en esta vida, sufra eternamente en la otra.

Es necesario que suframos con Cristo para que también seamos felices con Él. Dice Santo Tomás de Aquino (Coment. a Rom.) que alguien podría pensar que esa gloria futura resulta demasiado costosa, por no poderse alcanzar sino a costa de muchos y grandes sufrimientos. Pero el mismo San Pablo, cuando escribe, soporta muchos sufrimientos, y él mismo fue un vidente de la gloria futura: fue arrebatado al Paraíso, vio el Cielo, vio a Dios. Y así dice, por experiencia, que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que ha de manifestarse en nosotros. No hay ninguna proporción entre lo que se puede llegar a sufrir acá y lo que se gozará allá.

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT HABLA DE CUATRO MOTIVOS PARA  SUFRIR COMO SE DEBE ("Carta a los Amigos de la Cruz", extracto):

1º La mirada de Dios: Dios, como un gran rey en lo alto de una torre, mira en el combate a su soldado, complacido y alabando su valor. ¿Qué mira Dios sobre la tierra? ¿Las cosas que los hombres consideran más grandes? Lo que es más estimable a los ojos de los hombres es abominable ante Dios (Lc 16,15). ¿Qué es, pues, lo que mira con gozo? Dios mira al hombre que lucha por Él contra la fortuna, el mundo, el infierno, y contra sí mismo, al hombre que lleva con alegría su cruz.

2º La mano de Dios: En segundo lugar, considerad la mano de este Señor poderoso, que permite todo el mal que nos sobreviene, desde el mayor hasta el menor. La misma mano que aniquiló un ejército de cien mil hombres es la que hace caer la hoja del árbol o el cabello de vuestra cabeza. La mano que hirió tan duramente a Job es la misma que os roza suavemente con esa pequeña contrariedad. Considerad que Dios, con una mano infinitamente poderosa y prudente os sostiene, mientras os hiere con la otra. Con una mano mortifica, con la otra vivifica; humilla y enaltece. Con sus dos brazos abarca por completo vuestra vida suave y fuertemente: suavemente, sin permitir que seáis tentados y afligidos por encima de vuestras fuerzas; fuertemente, pues os ayuda con una gracia poderosa, que corresponde a la fuerza y duración de la tentación y de la aflicción.

3º Las llagas y los dolores de Jesús crucificado: En tercer lugar, mirad las llagas y los dolores de Jesús crucificado. Él mismo os dice: «¡Vosotros, los que pasáis por el camino lleno de espinas y cruces por el que yo he pasado, mirad, fijaos! (Lam 1,12). Mirad con los ojos corporales y ved con los ojos de la contemplación si vuestra pobreza y desnudez, vuestros desprecios, dolores y abandonos, son comparables con los míos. Miradme, a mí que soy inocente, y quejaos vosotros, que sois los culpables». Cuando os veáis atacados por la pobreza, la abyección, el dolor, la tentación y las otras cruces, armaos con el pensamiento de Jesucristo crucificado, que será para vosotros escudo, coraza, casco y espada de doble filo. En él hallaréis la solución de todas las dificultades y la victoria sobre cualquier enemigo.

4º Arriba, el cielo; abajo, el infierno: En cuarto lugar, mirad en el cielo la hermosa corona que os espera, si lleváis bien vuestra cruz. Contemplemos sobre nuestra cabeza a los ángeles que nos gritan: «Guardaos de perder la corona señalada con la cruz que se os ha dado, si la lleváis bien. Pues si no la lleváis como se debe, otro la llevará como conviene y os arrebatará el premio. Combatid valientemente, sufriendo con paciencia, nos dicen todos los santos, y recibiréis un reino eterno». Escuchemos, en fin, a Jesucristo, que nos dice: «no daré yo mi premio sino a quien haya sufrido y vencido por su paciencia» (Ap 2,7…). Contemplemos abajo el lugar que hemos merecido, y que nos espera en el infierno con el mal ladrón y los condenados, si como ellos sufrimos con protesta, despecho y venganza. La última gran prueba en la vida de ambos ladrones, fue la del sufrimiento. Uno, por saber sufrir, reconoció a su Dios y se salvó; otro, por no saber sufrir, se condenó. Y Cristo, sufriendo entre esos dos, nos redimió. El buen ladrón asumía sus padecimientos como algo justo, algo merecido por sus pecados. El mal ladrón se rebelaba ante la justicia. Uno moría en la obediencia e iba al cielo; el otro moría en la rebeldía e iba al infierno. Exclamemos con San Agustín: quema, Señor, corta, poda, divide en esta vida, castigando mis pecados, con tal que me los perdones en la eternidad.


jueves, 28 de abril de 2016

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT




1716 – 28 de abril – 2016
300 años de la muerte de
San Luis María Grignion de Montfort
  

 “María ha colaborado con el Espíritu Santo en la obra de los siglos, es decir, la Encarnación del Verbo. En consecuencia, Ella realizará también los mayores portentos de los últimos tiempos: la formación y educación de los grandes santos, que vivirán hacia el final del mundo, están reservados a Ella, porque solo esta Virgen singular y milagrosa puede realizar, en unión del Espíritu Santo, las cosas excelentes y extraordinarias.

Si honrar a la Santísima Virgen es necesario a todos los hombres para alcanzar su salvación, lo es mucho más a los que son llamados a una perfección excepcional. Creo personalmente que nadie puede llegar a una íntima unión con nuestro Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo sin una unión muy estrecha con la Santísima Virgen y una verdadera dependencia de su socorro.

Solo María halló gracia delante de Dios, sin auxilio de ninguna criatura. Solo por Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y solo por Ella la encontrarán cuantos la hallarán en el futuro.

Ya estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel Gabriel. Quedó sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra inefable. Y siguió creciendo de día en día y de momento en momento en esta doble plenitud, de tal manera que llegó a un grado inmenso e incomprensible de gracia.

Por ello, el Altísimo la ha constituido tesorera única de sus riquezas y única dispensadora de sus gracias para que embellezca, levante y enriquezca a quien Ella quiera; haga transitar por la estrecha senda del cielo a quien Ella quiera; introduzca, a pesar de todos los obstáculos, por la angosta senda de la vida a quien Ella quiera, y dé el trono, el cetro y la corona regia a quien Ella quiera.

Porque el altísimo y su santísima Madre han de formar grandes santos que superarán en santidad a la mayoría de los otros santos, cuanto los cedros del Líbano exceden a los arbustos. Así fue revelado a un alma santa cuya vida escribió de Renty.

jueves, 10 de diciembre de 2015

CONSAGRACIÓN DEL SEMINARIO DE LA UNIÓN SACERDOTAL MARCEL LEFEBVRE A LA SMA. VIRGEN MARÍA



Este 8 de diciembre se llevó a cabo la consagración del Seminario San Luis María Grignion de Montfort  en Avrillé a la Santísima Virgen María. Más información en el sitio oficial de la USML: http://www.francefidele.org/
 Roguemos por el Seminario y las santas vocaciones sacerdotales.
Virgo fidélis, ora pro nobis!


sábado, 18 de julio de 2015

SÁBADO MARIANO - NO OLVIDE REZAR EL ROSARIO






La malicia y envidia del demonio han contribuido, sin duda, 
a la menor estimación del Santo Rosario, 
para detener los torrentes de gracia de Dios 
que esta devoción atraía al mundo.

San Luis María Grignon de Montfort.

ÚNASE A LOS CRUZADOS DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA AQUÍ, Y RECIBA UNA DECENA DEL ROSARIO PARA REZAR UNIDOS POR LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA.

sábado, 11 de abril de 2015

REZA EL SANTO ROSARIO






INTERCAMBIO FELIZ

Está escrito: “Dad y se os dará". Tomemos la comparación del Beato Alano: “Si yo te diese cada día ciento cincuenta diamantes, ¿no me perdonarías aunque fueses mi enemigo? ¿No me tratarías como amigo, haciéndome todos los favores que pudieras?”
Si quieren enriquecerse con los bienes de la gracia y de la gloria, saluden a la Santísima Vir­gen, honren a su buena Madre: “Sicut qui thesaurizat, ita est qui honorificat matrem: el que hon­ra a su Madre, la Santísima Virgen, es semejante a un hombre que atesora”.
Ofréndenle cada día por lo menos cincuenta Ave Marías (una corona de cinco misterios), ca­da una de las cuales contiene quince piedras preciosas, que le son más agradables que todas las riquezas de la tierra. ¿Qué no habrían de esperar de su liberalidad? Ella es nuestra Madre y nues­tra amiga. Es la Emperatriz del universo, que nos ama más que todas las madres y reinas juntas amaron a hombre alguno porque —como dice San Agustín— la caridad de la Virgen María ex­cede a todo el amor natural de todos los hombres y ángeles juntos.
Un día Nuestro Señor se apareció ante Santa Gertrudis contando monedas de oro; se animó ella a preguntarle qué contaba. “Cuento —le respondió— tus Ave Marías; es la moneda con que se adquiere mi paraíso”.
El devoto y docto Suárez, de la Compañía de Jesús, tanto estimaba el mérito de la Salutación angélica, que hubiera dado —decía— con gusto toda su ciencia por el precio de un Ave María bien rezada.
“Que aquél que os ama, ¡oh divina María! —exclama el Beato Alano de la Roche— escuche y guste: El cielo se alegra y la tierra se admira cada vez que digo: Ave María. Satanás huye, el infierno rechina los dientes, cuando digo Ave María. Tengo aborrecimiento al mundo, tengo amor a Dios en mi corazón, cuando digo Ave María. Se desvanecen mis temores, se amortiguan mis pasiones, cuando digo Ave María. Crece en mí la devoción y encuentro la compunción, cuando digo Ave María. Se afirma mi esperanza y se aumenta mi consuelo, cuando digo Ave María. Porque la dulzura de esta benigna salutación es tanta, que no hay palabra para explicarla debidamente, y aun después que se hubiera hablado de estas maravillas, tan escondida queda todavía y tan profunda, que no es posible descubrirla. Es corta en palabras pero grande en misterios. Es más dulce que la miel y más preciosa que el oro. Es preciso tenerla con mucha frecuencia en el corazón para meditarla, y en la boca para decirla y repetirla devotamente”,
Refiere el mismo Beato Alano —en el capítulo 69 de su “Salterio’'— que una religiosa devota del Rosario se apareció después de muerta a una de sus hermanas y le dijo: “Si pudiese volver a mi cuerpo para rezar solamente un Ave María, aunque sin mucho fervor, por tener el mérito de esta oración sufriría con gusto, otra vez, todos los dolores que padecí antes de morir”. Hay que advertir que había padecido durante varios años, postrada en su lecho, muy intensos dolores.
Miguel de Lisle, Obispo de Salubre, discípulo y colega del Beato Alano de la Roche en el restablecimiento del Santo Rosario, dice que la Salutación angélica es el remedio para todos los males que nos afligen, con tal que la recemos devotamente en honor de la Santísima Virgen.

RIQUEZAS DE SANTIFICACIÓN CONTENIDAS EN LAS ORACIONES Y MEDITACIONES DEL ROSARIO

Nadie podrá jamás comprender las admirables riquezas de santificación que contienen las oraciones y los misterios del Santo Rosario, La meditación de los misterios de la vida y muerte Nuestro Señor Jesucristo es, para los que la practican, fuente de los frutos más maravillosos.

domingo, 22 de marzo de 2015

R.P. TRINCADO - SERMÓN EN EL MONASTERIO DE LA SANTA CRUZ - DOMINGO I DE PASIÓN







"Tempus faciendi domine, dissipaverunt legem tuam: Ya es tiempo de hacer lo que haz prometido. Violada está tu divina ley; abandonado tu evangelio; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a tus mismos siervos. Desolada está la tierra, la impiedad se asienta en los tronos [la democracia liberal], tu santuario es profanado, la abominación está en el lugar santo. ¿Dejarás todo abandonado así, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Todo llegará a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Te callarás siempre? ¿Seguirás soportándolo todo?". Son palabras proféticas de san Luis María Grignón de Montfort, palabras que describen la terrible época inaugurada con el último concilio. Y en este espantoso panorama de devastación general, sólo un ciego puede negar o poner en duda la necesidad, más urgente que nunca en la historia de la Iglesia, de tener Obispos que nos den la doctrina católica íntegra, la Verdad salvadora.

Se acusa a la Resistencia de causar la división de los que deben estar unidos, de soberbia y de desobediencia. Antes acusaron a Mons. Lefebvre exactamente de lo mismo. Los que nos acusan de romper la unidad padecen esos sueños pacifistas tan característicos de los liberales. Nuestra respuesta está en las palabras eternas de Cristo: “No he venido a traer paz sino espada o división” (Mt. 10, 34; Lc 12, 51). "La paz os dejo, mi paz os doy; no como la da el mundo, Yo os la doy" (Jn. 14, 27).

Nuestro Señor nos enseña que una es la paz del mundo y otra es la paz de Cristo. Que hay una paz buena y hay una paz mala, y una división buena y otra división mala. “La paz de Cristo es la unión que Él establece entre el cielo y la tierra por su Cruz (Col. 1)”, dice San Cirilo citando a San Pablo, y agrega que es mala toda paz que separa del amor divino. Y San Juan Crisóstomo, hablando de la buena espada o división, dice que el médico, a fin de salvar el resto del cuerpo, corta lo que tiene por incurable. Y agrega que una división buena terminó con la mala paz de la torre de Babel y que San Pablo, por su parte, dividió a todos los que se habían unido contra él (Hch. 23). San Juan Crisóstomo señala que Cristo vino a dar inicio a la guerra católica y San Eusebio enseña que Nuestro Señor, haciéndonos ejército del Reino de los Cielos, nos dispuso para el combate en contra de  los enemigos. Estas citas prueban la mentira del pacifismo de los liberales.

Ahora bien, luego de casi veinte siglos de guerra, de resistencia de la Iglesia entre duros combates, vino el demonio finalmente con su obra maestra, el Concilio Vaticano II, a destruir la voluntad de lucha de los soldados de Cristo. En efecto, el liberalismo, bautizado en el concilio, acabó con la guerra: se firmó por fin la paz con el demonio, el mundo y la carne.

Contra este engaño diabólico se levantó valerosa y resueltamente nuestro fundador, Mons. Lefebvre, pero 40 años después vemos a la congregación que luchaba gloriosamente en defensa de Cristo, abandonar gradualmente la trinchera, dejar paulatinamente de combatir y mendigar migajas a la secta conciliar. Perdida la esperanza en la conversión de Roma por el poder divino (cosa que parece imposible a los que han dejado de confiar enteramente en Dios) y olvidando que esta guerra no es de los hombres sino de Dios; se busca un auxilio humano, una alianza adúltera con los liberales moderados, la ayuda de unos supuestos “nuevos amigos en Roma” (Cor Unum 101), se pretende un acuerdo de paz con el enemigo. Se piensa que entrando en la estructura oficial, los tradicionalistas convertirán poco a poco a los modernistas y, de ese modo, la Iglesia será restaurada. Pero todo esto no es más que una horrorosa ilusión de origen indudablemente diabólico, ilusión que está haciendo bajar los brazos a los que combatían valerosamente por Cristo: “¿No se ven ya en la Fraternidad los síntomas de esa disminución en la confesión de la Fe?”, decían los tres Obispos al Consejo General en su carta de abril del 2012.  El combate por la fe disminuye en la misma medida en que el humo de Satanás -el liberalismo- se introduce en la Tradición por una grieta abierta desde dentro y por la cabeza traidora. Por eso ahora la Fraternidad busca una paz que no es de Cristo.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE LA IGLESIA





MARÍA Y LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

La salvación del mundo comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres, poco instruidos e iluminados aún acerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad, aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente si Ella hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aun en su exterior. Tan cierto es esto, que San Dionisio Aeropagita escribe que, cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe -en la que se hallaba bien cimentado- no le hubiera enseñado lo contrario.

Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente desde que se predica el Evangelio.

Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos:

1. porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los apóstoles y evangelistas que no la dieran a conocer;

2. porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria, y El quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los hombres;

3. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de justicia, Jesucristo, y, por lo mismo, debe ser conocida y manifestada si queremos que Jesucristo lo sea;

4. porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez, y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente;

5. porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida, es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora bien, no se puede hallar a María si no se la busca ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad;

6. porque María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor;

7. por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces como un ejército en orden de batalla, sobre todo en estos últimos tiempos, cuando el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo -y mucho menos que nunca- para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.

MARÍA EN LA LUCHA FINAL

A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse, sobre todo, aquella primera y célebre predicción y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios.

Pongo hostilidades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; ella herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón (Gén 3,15). 

Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable hostilidad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María, su santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal –aunque María sólo estaba entonces en la mente divina– le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, le dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino, en cierto modo, más que al mismo Dios. No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:

1. Porque Satanás, que es tan orgulloso, sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios, y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino;

2. Porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios, que -como, a pesar suyo, se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos- tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de una persona que a las oraciones de todos los santos, y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos. 

Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor.

Dios no puso solamente una hostilidad, sino hostilidades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir, Dios puso hostilidades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.

Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado –¡todo viene a ser lo mismo!– han perseguido siempre, y perseguirán más que nunca de hoy en adelante, a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú –figuras de los réprobos– perseguían a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los predestinados.

Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso, y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta al fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas.

El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias de Dios, que María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante de Dios; superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo. 

MARÍA Y LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS 

Sí, Dios quiere que su Madre santísima sea ahora más conocida, amada y honrada que nunca. Lo que sucederá, sin duda, si los predestinados, con la gracia y luz del Espíritu Santo, entran y penetran en la práctica interior y perfecta de la devoción que voy a manifestarles en seguida.

Entonces verán claramente, en cuanto lo permite la fe, a esta hermosa estrella del mar, y, guiados por ella, llegarán a puerto seguro a pesar de las tempestades y de los piratas.

Entonces conocerán las grandezas de esta Soberana y se consagrarán enteramente a su servicio como súbditos y esclavos de amor.

Entonces saborearán sus dulzuras y bondades maternales y la amarán con ternura como sus hijos de predilección.

Entonces experimentarán las misericordias en que Ella rebosa y la necesidad que tienen de su socorro, recurrirán en todo a Ella, como a su querida Abogada y Mediadora ante Jesucristo.

Entonces sabrán que María es el medio más seguro, fácil, corto y perfecto para llegar a Jesucristo, y se consagrarán a Ella en cuerpo y alma y sin reserva alguna para pertenecer del mismo modo a Jesucristo.

Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María?

Serán fuego encendido, ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego del amor divino.

Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero.

Serán hijos de Leví, bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios. Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación.

Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte. 

Serán nubes tronantes y volantes, en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios, traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo. 

Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.

Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos. Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley.

Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.

Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios; sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo.

Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto?... ¡Sólo Dios lo sabe! A nosotros nos toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia al Señor.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Sma. Virgen, Cap. III.

San Luis María Grignion de Monfort

viernes, 11 de julio de 2014

AMIGO DE LA CRUZ





“Un amigo de la Cruz es un rey todopoderoso y un héroe vencedor del demo­nio, del mundo y de la carne, en su triple concupiscencia: por su amor a las humillaciones abate el orgullo de satán; por su amor a la pobreza triunfa de la avaricia del mundo; por su amor al sufrimiento reprime la sensualidad de la carne”.


SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

domingo, 22 de diciembre de 2013

REFLEXIONES SOBRE LOS ENEMIGOS Y LA MANIOBRA.- POR JEAN VAQUIÉ. PARTE I.



Les ofrecemos en español, un extracto de esta extraordinaria obra del señor Jean Vaquié, eminente contrarrevolucionario, amigo personal de Monseñor Lefebvre, quien dedicó gran parte de su vida a denunciar la infiltración gnóstica en los medios tradicionales. Habiendo sido censurado por la neo-FSSPX de Monseñor Fellay y atacado especialmente por el Padre Célier en su libro La Paille et le Sicomore, queremos compartirles esta obra, que muestra la gran calidad de este autor. 

LAS ENEMISTADES

La naturaleza caída en la cual estamos inmersos, es el lugar de un combate. Tal es nuestro estado por naturaleza: nacemos en un campo de batalla: “Pondré enemistad entre tú y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya” (Gen. III, 15). Es Dios quien habla de este modo a la serpiente que acaba de derrocar a nuestros primeros padres de su trono real.


El texto latino de la Vulgata debe retener nuestra atención: "Inimicitias ponam inter te et mulierem, et SEMEN tuum et SEMEN illius". Las dos descendencias son dos gérmenes, dos semillas que se separaron desde el origen y que no tienen nada en común, este es el por qué el texto repite dos veces la palabra semen.

La posteridad por excelencia de la mujer, es María, y por lo tanto también su Hijo. Y la posteridad por excelencia de la serpiente, es el Anticristo, que por efecto de la misericordia divina, aparecerá solamente al final de los tiempos.

Lo que está anunciado por los profetas para el fin de los tiempos, no es la reconciliación de las dos descendencias, sino la VICTORIA de la posteridad de la mujer, es decir, la victoria de Cristo. Esta victoria terminará con la guerra y procurará la paz, habiendo sido expulsado el enemigo.
       
Regresaremos frecuentemente sobre este estado de guerra, revelado desde los primeros versículos del Génesis, de las dos descendencias. Hablaremos de las dos ciudades, dos estandartes, dos cuerpos místicos. Escuchemos ahora a San Pablo hablándonos de la incompatibilidad de los cálices: “Vosotros no podéis beber a la vez del Cáliz del Señor y del cáliz del demonio” (I Cor. X, 21).

San Pablo es un belicoso, su emblema es la espada, tiene el sentido de la guerra que siempre está presente en su espíritu; prohíbe todo comercio entre la luz y las tinieblas: “No os juntéis bajo el yugo desigual con los que no creen. Pues, ¿qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O en qué coinciden la luz y las tinieblas? ¿Qué concordia entre Cristo y Belial? ¿O qué comunión puede tener el que cree con el que no cree? (IICor. VI, 14-15).

La Iglesia no es conciliadora, como lo sugieren los documentos emanados del concilio Vaticano II, ella es MILITANTE, como la sana y antigua doctrina no ha cesado de enseñar. Ya la sinagoga de los judíos antiguos estaba rodeada de colosos como Egipto y Asur, siempre en guerra declarada contra ella. Al igual que la Iglesia, si está en paz con Dios, está en guerra con los colosos del mundo. "Non veni pacem mittere in terram sed gladium" (Mat. X, 34). No he venido a traer la paz sino la espada.
   
San Luis María Grignon de Montfort es a justo título el que mejor ha definido el estatus de enemistad, que es el nuestro en esta tierra:

 “…el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás. A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse sobre todo aquella primera y célebre predicación y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. "Inimicitias ponam..." Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado como Satanás es María, su Santísima Madre.   
   
Dios no puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir: Dios puso enemistades, antipatías y los odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros. Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado ¡todo viene a ser lo mismo! han perseguido siempre y perseguirán más que nunca de hoy en adelante a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú figuras de los réprobos persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob figuras de los predestinados.” 
(Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, Cap. I).

Es necesario entonces el combate de las dos ciudades, el enfrentamiento de estos dos cuerpos místicos, el de Cristo y el del Anticristo. JESUS Y BELIAL NO ESTÁN PARA ABRAZARSE, SINO PARA COMBATIRSE. Nosotros conocemos la última fase de este combate plurimilenario: es la fulminación del Anticristo por Cristo resucitado y glorioso. Es verdad que no hay que “predicar otra cosa que la Cruz”, como dice San Pablo, pero hay que predicar otra cosa con la Cruz. Nuestra fe reposa sobre la Resurrección de Nuestro Señor, vencedor de la muerte: "Ubi est mors victoria tua". (I Cor. XV, 55). Muerte, ¿dónde está tu victoria?



lunes, 13 de mayo de 2013

PARA QUE EL NOMBRE DE JESÚS REINE EN LOS CORAZONES…QUE LOS AFECTOS DE MARÍA TEMPLEN NUESTRA VOLUNTAD





Veritas liberavit vos


Por Pío de la Dolorosa
Bien dicen que no se ama lo que no se conoce y, obviamente, poco se amará lo que poco se conoce.
Porque uno de los elementos esenciales para mover nuestra voluntad al ejercicio de una virtud,  la búsqueda de un bien o el rechazo y/o  fuga de un mal, será la comprensión de las ventajas que nos procuraremos si tendemos nuestro pensar, sentir y obrar  hacia un objeto particular, por ejemplo, las consecuencias de permanecer en un trabajo o la conveniencia de buscar otro mejor, la necesidad de cuidar la salud personal y las posibilidades de acción que una buena salud nos proporciona, así como las limitaciones que nos atrae carecer de ella, etc.
Pero enmarcar la relación conocimiento – voluntad en un mero sentido utilitarista de valorar las cosas por las ventajas que nos otorgan, restaría en mucho el reconocimiento pleno y real de lo que el objeto de nuestro conocimiento por sí mismo representa, y que es independiente del grado de comprensión y de simpatía o antipatía que tengamos al respecto.
Evidentemente, en la medida que profundicemos las cosas y lo que de ellas sepamos sean nociones seguras y verdaderas, nuestras ideas serán más claras y se ajustarán mejor a la realidad de lo que estudiamos. Esto, en cuanto a conocer.
Sin embargo, ningún conocimiento por certísimo que éste pueda ser  bastará de por sí para movernos a actuar según lo que hemos aprendido, conforme a  lo que tenemos por  bueno, juicioso y digno de ser acatado si no lo acompañamos con nuestra voluntad.
 Tal es el caso de personas que padecen una enfermedad: conocen por su médico o la experiencia propia a qué remedio acudir y,  sin embargo, son negligentes en tomarlo o,  incluso  por diferentes causas, se niegan a usarlo.
Otro ejemplo es el del padre de familia con problemas de alcoholismo que reconoce su responsabilidad ante sus hijos y su esposa de procurarles sustento, conoce las consecuencias de su despilfarro en bebidas embriagantes, el perjuicio para sí y sus seres queridos y,  no obstante, continúa desperdiciando su salario, manteniendo la degradación moral, para luego lamentar su proceder cuando se encuentre sobrio y con necesidades que cubrir.
Esta es la realidad que a la mayoría de los seres humanos  nos toca vivir repetidamente;  es decir, es lo que hablaba  San Pablo  de que hacemos el mal que no queremos y dejamos de hacer el bien que queremos, que hay una ley en nuestros miembros que se opone a la ley del espíritu y que  Cristo lo resumirá en una frase célebre y muy iluminadora, pronunciada justamente en un momento en que dará cumplimiento a una decisión nada placentera ni fácil, pero justísima y necesaria, cuál fue aceptar Su rol divino de Redentor y Expiador: “el espíritu está pronto, pero la carne es débil.” 
Contamos con continuas luces del cielo, poseemos conciencia, sabemos que el auxilio de Dios no está lejos de nosotros, nos alegramos del bien, pero somos débiles en nuestros propósitos, estamos acostumbrados a tratar sobre las cosas terrenas y a sumergirnos en mil preocupaciones como si éstas agotaran toda la vitalidad de nuestra existencia, en fin, resentimos una especie de ausencia de Dios, no porque Su Presencia no lo llene todo, sino porque descuidamos colocarnos bajo Su voluntad y contemplarlo, no solo en los momentos de oración que le ofrezcamos, pero también, y es de capital importancia, en la ejecución de nuestras distintas actividades diarias.
Añadamos, pues, al conocimiento que nos otorga la ciencia y la fe católica, y toda verdad que viene del Espíritu Santo, el amor y afecto hacia el Sumo Bien y a los demás bienes inferiores que de Él nos vienen. Reconozcamos nuestra debilidad, pero no perdamos la esperanza de ser mejores y  de poder ser útiles a los demás,  recordando  que el mayor privilegio del hombre es haber sido creado capax Dei, capaz de Dios, por tanto, facultado para conocerle y amarle desde ahora, en esta vida.
Inútil sería emprender el camino de la regeneración y la vida espiritual, sin la ayuda imprescindible de la gracia y sin detenernos a considerar y contemplar las distintas perfecciones divinas. Su plan creador, Su Providencia que sostiene y encamina todo hacia su fin último, la obra de la Redención, la invitación a la intimidad del alma con Su Padre celestial, la belleza del espíritu viviendo en amistad con el Señor, la alegría que produce obrar el bien y la tristeza, desgracia, hambre y atadura que causa el pecado, la brevedad de lo temporal y la inmensidad de lo eterno, entre tantas otras meditaciones. 
Esto, acompañado de una oración humilde y constante, confiada y generosa, nos encaminará a producir un afecto e inclinación al Señor, a los bienes celestiales y a hermosear nuestra propia alma, que ya nuestros pensamientos, deseos y obras no actuarán principalmente por interés puramente propio, aunque bueno, sino más allá, por el hecho de que vivir cristianamente nos hace descubrir gradualmente la belleza única y dignidad sublime del Señor.
Porque proceder según la voluntad divina, aunque a veces sabe amargo en el paladar, al digerirlo produce satisfacción más agradable que la miel, y poco a poco desaparecerá nuestro yo y nuestras cosas a favor del Tú sempiterno y lo que le ha de contentar.
Estas reflexiones de carácter general, producirán mejor efecto si incluimos a Dios, a María Santísima y a la práctica del Santo Rosario como un ejemplo viviente de una enorme e inimaginable relación de conocimiento-voluntad.
El Santo Rosario  nos ayudará, a través de la meditación,  a conocer mejor las cosas de Dios  y lo que Él y Su Madre son en esencia y, por medio de la contemplación de los misterios divinos y la reproducción de sus aspectos operativos, a encaminar nuestra voluntad según el beneplático divino.
Démosle espacio ahora a la enseñanza del gran santo mariano San Luis Grignon de Montfort, sin olvidar que el rezo del Santo Rosario es benéfico si es hecho individualmente pero es mucho más eficaz cuando se lo reza a nivel grupal y familiar porque atrae muchas gracias y bienes, incluso las indulgencias obtenidas  son mayores.
 Aprendamos de este grandioso medio  de santificación y salvación, la imitación de los afectos y virtudes de la Madre de Dios, especialmente su obediencia a la ley divina, su humildad sin par y su caridad fraterna, los cuales nos llevarán  a apreciar y gustar más el  Corazón Sagrado y Santísimo de Nuestro Señor Jesucristo para luego  suplicar que Su Nombre, sobre todo nombre, extienda Su reino en nuestros corazones de manera duradera
En su libro, “El Secreto admirable del Santísimo Rosario”, San Luis nos dice: “Guardaos, si no lo lleváis a mal, de mirar esta práctica como insignificante y de escasas consecuencias, como hace el vulgo y aun muchos sabios orgullosos; es verdaderamente grande, sublime, divina. El cielo es quien os la ha dado para convertir a los pecadores más endurecidos y los herejes más obstinados. Dios ha vinculado a ella la gracia en esta vida y la gloria en la otra. Los santos la han ejercitado y los Soberanos Pontífices la han autorizado”.  ¡Afirmaciones y promesas que bien vale la pena atender!
Acerca de la recitación del Avemaría y del Rosario, nuestro santo nos exhorta en su “Tratado de la verdadera devoción a María Santísima”, en el número 249: “Recitarán con gran devoción el Avemaría…cuyo valor, mérito,  excelencia y necesidad apenas conocen los cristianos, aun los más instruidos.
Ha sido necesario que la Sma. Virgen se haya aparecido muchas veces a grandes y muy esclarecidos santos –como Santo Domingo, San Juan de Capistrano o el Beato Alano de la Roche- para manifestarle por sí misma el valor del Avemaría…
Proclamaron a voces y predicaron públicamente que habiendo comenzado la salvación del mundo por el Avemaría, a esta oración está vinculada también la salvación de cada uno en particular; que esta oración hizo que la tierra seca y estéril produjese el fruto de vida y que, por tanto, esta oración bien rezada hará germinar en nuestras almas la palabra de Dios y producir el fruto de vida, Jesucristo; que el Avemaría es un rocío celestial que riega la tierra, es decir, el alma para producir fruto en tiempo oportuno y que un alma que no es regada por esta oración o rocío celestial, no produce fruto sino malezas y espinas y está cerca de recibir la maldición.”
Prosigue en el 250: “He aquí lo que la Sma. Virgen reveló al Beato Alano de la Roche…en…De dignitate Rosarii…:’Sabe, hijo mío, y hazlo conocer a todos, que es señal probable y próxima de condenación eterna el tener aversión, tibieza y negligencia a la recitación de la salutación angélica, que trajo la salvación a todo el mundo ‘ [La trajo, porque del saludo del ángel a María y la aceptación de Ella al plan de Dios, se hizo posible la Encarnación del Verbo divino y consigo, la ejecución de la obra redentora. Nota del escritor]…Pues siempre se ha observado que llevan la señal de la reprobación –como los herejes, impíos, orgullosos y mundanos- odian y desprecian el Avemaría y el Rosario.
Los herejes aprenden a rezar el Padrenuestro, pero no el Avemaría, ni el Rosario. ¡A éste lo consideran con  horror! Antes llevarían una serpiente que un rosario.
Asimismo los orgullosos, aunque católicos, teniendo como tienen las mismas inclinaciones que su padre, Lucifer, desprecian o miran con indiferencia el Avemaría y consideran el Rosario como devoción de mujercillas, solo buena para ignorantes y analfabetos.
Por el contrario, la experiencia enseña que quienes manifiestan grandes señales de predestinación, estiman y rezan con gusto y placer el Avemaría, y cuanto más unidos viven a Dios, más aprecian esta oración…”
Preguntémonos: ¿qué tanto apreciamos esta sublime devoción? ¿Nos parecemos más en nuestras actitudes a los reprobados o a los predestinados? ¿Qué haremos en el futuro para mejorar nuestra oración y meditación?
Número 251: “No sé cómo ni por qué, pero es real: no tengo mejor secreto para conocer si una persona es de Dios, que observar si gusta de rezar el Avemaría y el Rosario. Digo si gusta porque puede suceder que una persona esté natural o sobrenaturalmente imposibilitada de rezarlos, pero siempre los estima y recomienda a otros” [No vayamos a ser presuntuosos y excusarnos de nuestras negligencias espirituales, si fácilmente justificamos el no rezar estas bellas oraciones, alegando que supuestamente es un impedimento que Dios nos ha permitido. A veces, esto es cierto, pero no la mayor parte de los casos cuyas causas se encontrarán más bien en nuestra falta de fervor, obstinación pecaminosa o indiferencia. Nota del escritor]
Número 252: “Recuerden, almas predestinadas, esclavas de Jesús en María, que el Avemaría es la más hermosa de todas las oraciones después del Padrenuestro. El Avemaría es el más perfecto saludo que pueden dirigir a María. Es…el saludo que el Altísimo le envió por medio de un arcángel para conquistar su corazón y fue tan poderoso sobre el Corazón de María, que no obstante su profunda humildad, Ella dio su consentimiento a la Encarnación del Verbo. Con este saludo debidamente recitado, también ustedes conquistarán infaliblemente su Corazón.
Número 253: “El Avemaría bien dicha, es decir, con atención, devoción y modestia, es –según los santos- el enemigo del diablo, a quien hace huir, y el martillo que lo aplasta. Es la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, el gozo de la Sma. Virgen y la gloria de la Sma. Trinidad…”.
Concluimos con San Luis, motivándonos en el número 254: “Les ruego, pues, con la mayor insistencia y por el amor que les profeso en Jesús y María…que recen también el Rosario y, si tienen tiempo, los quince misterios, todos los días. A la hora de la muerte bendecirán el día y la hora en que aceptaron mi consejo. Y después de haber sembrado en las bendiciones de Jesús y María, cosecharán las bendiciones eternas. ‘Quien hace siembras generosas, generosas cosechas tendrá’ (2 Cor 9,6).”