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martes, 25 de noviembre de 2014

SAN IGNACIO Y LA POBREZA





“San Ignacio fundó la compañía para "bautizar lo sociológico", es decir, para hacer en defensa de la Iglesia obras de gran empuje, de largo alcance, y de efecto trascendente, no sólo individual sino colectivo y aun universal, si posible fuere. Para esas obras se necesitan a veces instrumentos materiales poderosos y caros. ¿Cómo conciliar la magnanimidad en pro de la Iglesia con la desnudez total de los pobres de Cristo? San Ignacio concibió hombres tan bien formados que su trabajo fuese innegablemente reconocido como útil a la colectividad donde viviesen, y tan desprendidos que estuviesen prestos a vivir mendigando, en casas tan desinteresadas que no tuviesen ningún bien estable o renta para su manutención, y donde todo fuese como de prestado; pero que fuesen baluartes mantenidos si fuera posible de día en día por esa misma colectividad o "ekklesía" con todo lo necesario a un baluarte: armas y pertrechos de un Colegio, una Universidad o una Casa de Escritores, colaboración hermosa de la liberalidad del laico con el heroísmo del monje. En otra carta estudiaré cómo decayó este ideal de la Casa Profesa, no sólo por causas externas sino por una causa interna, que fue la decadencia de la formación de los NN.
Ahora baste acabar diciendo que ese ideal no debe ser abandonado, que ese esquema de gran estratega espiritual no debe ser renegado, y que su posible restauración y aun su germinal conservación dependen de la pobreza virtud, del muro del desapego espiritual, del materno regazo de esa disposición de ánimo que en los Santos Ejercicios se llama "indiferencia". La cual ruego a Cristo Nuestro Señor me quiera donar a mí completamente antes de que llegue el día oscuro y turbinoso, el día de temporal y de tormenta, en que me fallen todas las casas nuestras, en que no tenga dónde reclinar la cabeza, y en que llenando los deseos de mi R. P. Provincial me vaya de Buenos Aires sin salir de Buenos Aires y tome por última vez el tranvía Lacroze.”

Padre Leonardo Castellani. Sobre la pobreza. Cristo y los fariseos. Ediciones Jauja, Mendoza, 1999.



martes, 20 de agosto de 2013

ANÉCDOTAS DE SAN PÍO X






No teme a los hombres

El catorce de marzo, cumpleaños del rey Hum­berto, todas las autoridades civiles y militares de Mantua, acostumbraban ir a la catedral, para una ceremonia de acción de gracias y luego concurrían a la sinagoga para otro acto semejante. El hecho llamaba la atención y era ocasión de escándalo. Los Obispos anteriores a Mons. Sarto habían protes­tado pero inútilmente.

En 1889 Mons. Sarto decidió tomar una re­solución enérgica; hizo saber a los magistrados que si después de la ceremonia en la catedral, tenían determinado, como de costumbre, ir al tem­plo de los israelitas, él se vería obligado a no recibirlos en la catedral.

El Prefecto de la ciudad escribió a Roma y la ceremonia de la sinagoga fue suspendida, dijeron por orden del gobierno.



La venganza de un santo

Un malvado comerciante de Mantua hizo imprimir y repartir profusamente un libelo infamatorio contra Mons. Sarto.

Este no tardó mucho en llegar a conocer quién era el autor. A quien le instaba para que lo denunciara, a las autoridades competentes, para tutelar su buen nombre, respondía con su acostumbrada mansedumbre:

—Ese pobre desdichado tiene más necesidad de oraciones que de castigos.

Poco tiempo después, un revés de fortuna precipita en la ruina al miserable. Los acreedores se ensañan con él, acusándolo de quiebra fraudulenta El infeliz al verse perdido, recurre a los parientes y a los amigos, en busca de algún socorro. Todo inútil.

El Obispo difamado y ofendido llega a saber el triste suceso, y haciendo llamar a una piadosa y caritativa señora, le dice:

—Id a visitar a la esposa de ese pobre desgraciado y entregadle este dinero; pero, os lo ruego, no le digáis que soy yo que se lo manda. Si acaso la señora insiste en querer saber quién os envía, decidle que es la más caritativa de las señoras, la Virgen del Perpetuo Socorro.

Así se vengaría, el Obispo Sarto.



Intuición práctica

En una audiencia a los Cardenales, el Papa había preguntado:

— ¿Cuál es Actualmente la cosa más importante para la salvación de la sociedad?

—Abrir muchas escuelas — dijo uno.

 —Multiplicar las iglesias — agregó otro.

--Fomentar las vocaciones eclesiásticas ;— respondió un tercero.

—No, — continuó Pío X, — lo que en la actualidad es más necesario, es contar con un grupo de laicos, virtuosos, iluminados, resueltos y apóstoles de verdad.



Como el sol

Cierta vez se le hizo observar al Papa que recibía a demasiada gente y sin tener en cuenta muchos requisitos, y que cierto individuo a quien recientemente había dado audiencia, era indigno de su bendición. Pío X respondió:
         
-¿Acaso el sol se contamina cuando posa sus rayos sobre las inmundicias!? Son precisamente los indignos quienes tienen mayor necesidad de mis bendiciones.



Testamento de un santo

Jesucristo nos dio ejemplo de pobreza absoluta y su siervo fidelísimo Pío X se esforzó durante toda su vida por imitar en todo lo posible al Divino Modelo.

Las breves páginas de su testamento comenzaban: “Después de invocar el auxilio divino y la intercesión de la Virgen Inmaculada y de S. José, confiando en la divina Misericordia para el perdón de mis culpas, extiendo el acta de mi última voluntad”.

Y resumamos toda el alma del gran Pontífice con las últimas frases:

"Nacido en la pobreza, habiendo vivido pobre y seguro de morir pobre, siento profundamente no poder retribuir a tantos que me prestaron exquisitos favores, en Mantua,, en Venecia, en Roma, y no pudiendo darles muestra alguna de mi agradecimiento, ruego a Dios que los recompense con las mejores gracias”.




martes, 14 de mayo de 2013

FRANCISCO: “JUDAS, LA POBREZA COMO IDEOLOGÍA”





EL BESO DE JUDAS (GIOTTO)

Nuestros comentarios en rojo.

Bergoglio recordó la crítica del apóstol hacia la Magdalena, que ungía los pies de Jesús: «El ideólogo no sabe qué es el amor». Además volvió a citar al diablo que nos «tima siempre»

ANDREA TORNIELLI 05/14/2013
CIUDAD DEL VATICANO

«El ideólogo no sabe qué es el amor, porque no sabe darse». Lo dijo el Papa Francisco durante la misa que celebró hoy por la mañana en la capilla de la “Domus” Santa Marta, en la que participaron un grupo de empleados de los Museos Vaticanos y algunos del Pontificio Colegio Portugués. Como siempre, una síntesis de la homilía fue publicada por la Radio Vaticana.

Si verdaderamente queremos seguir a Jesús, indicó el Papa, debemos «vivir la vida como un don» para ofrecer a los demás, «no como un tesoro que hay que guardar». Hablando sobre la contraposición entre la vía del amor y la del egoísmo, Francisco citó las palabras de Jesús: «Nadie tiene un amor más fuerte que este: dar su vida». Pero el Evangelio del día nos demuestra también otro ejemplo, el de Judas, «que tenía justamente la actitud opuesta», y que «nunca entendió que es un don».

«Pensemos en aquel momento de la Magdalena –dijo el Papa–, cuando lava los pies de Jesús con el nardo, tan caro: es un momento religioso, un momento de agradecimiento, un momento de amor. Y él se aleja y hace una crítica amarga: “¡Pero esto lo podríamos usar para los pobres!”. (¿Pero cómo, no habló Francisco de hacer una “Iglesia pobre para los pobres”? ¿No desmanteló el ornato de la liturgia, no se dejó los viejos y gastados zapatos, no desdeñó la cruz de oro y tantas otras cosas porque debía ser “pobre”? ¿Y ahora?) Esta es la primera referencia que yo he encontrado en el Evangelio de la pobreza como ideología. El ideólogo no sabe qué es el amor, porque no sabe darse».

Judas, observó Francisco, estaba «alejado en su soledad» y esta actitud del egoísmo creció «hasta la traición de Jesús». El que ama, añadió el Papa, «da la vida como don»; el egoísta, en cambio, «cuida su vida, crece en este egoísmo y se convierte en un traidor, pero siempre solo». Mientras quien dona su vida «por amor, nunca está solo: siempre está en comunidad, está en familia». Por lo demás, advirtió Bergoglio, quien «aisla su consciencia en el egoísmo», al final, «la pierde». Así acabó Judas, que «era un idólatra, apegado al dinero».

«Esta idolatría lo llevó a aislarse de la comunidad de los demás. (acá tienen un argumento los acuerdistas de la neo-Fraternidad: los que se fueron se aislaron de los demás, son egoístas. Francisco se los deja usar, seguramente). Este es el drama de la consciencia aislada: cuando un cristiano comienza a aislarse, también aísla su consciencia del sentido comunitario, del sentido de la Iglesia, de ese amor que nos da Jesús. En cambio, el cristiano que dona su vida, que la “pierde”, como dice Jesús, la encuentra, la reencuentra, en plenitud. Y los que, como Judas, pretenden guardarla para sí mismos, al final la pierden. Juan dice que “en aquel momento, Satanás entró en el corazón de Judas”. Y, hay que decirlo: Satanás es un mal pagador. Siempre nos tima, ¡siempre!».