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viernes, 12 de septiembre de 2014

DISCUSIONES



"De todos los que me conocen es sabido que tengo las polémicas por peligro­sas y las discusiones públicas por vanas; por esta razón puedo afirmar de mí, sin que afirmándolo haga otra cosa sino dar testimonio a la verdad, que he discutido pocas veces y no he disputado nunca. Soy aficionado, no lo niego, y aun así lo he decla­rado en otra ocasión con estas mismas palabras, a ex­poner sencillamente mis doctrinas; pero, en general, ni busco ni acepto la discusión, persuadido como estoy a que degenera fácilmente en disputa, la cual acaba siempre por resfriar la caridad, por encender las pasiones y por inducir a los contendientes a faltar a tres grandes respetos: al que el hombre debe al hombre, al que debe a la verdad y al que se debe a sí propio. Las palabras son a manera de semillas; yo se las doy a los vientos y dejo al cuidado de Dios que las mande caer, según sea su voluntad, sobre rocas estériles o sobre tierras fecundas. No siendo mi ánimo disputar ni discutir, lo único que me propongo al di­rigir a usted esta carta es deshacer brevemente algunos errores de apreciación en que, contra su voluntad, ha incurrido M. Alberto de Broglie en el brillante artículo que consagra, en parte, a la exposición de mis doctrinas".


Juan Donoso Cortés

sábado, 6 de septiembre de 2014

COMENTARIOS ELEISON - DONOSO CORTÉS I





Número CCCLXXIII (373)
06 de septiembre de 2014

DONOSO CORTÉS – I

Mons. Williamson



Uno de los dogmas católicos más importantes es el del pecado original, por el cual todos los seres humanos (excepto Nuestro Señor y Su Madre) tienen una naturaleza seriamente herida desde el nacimiento [Nota del blog: un Sacerdote de la Resistencia nos sugiere aclarar que la palabra "birth", que significa nacimiento pero también inicio, comienzo, etc.; resulta ambigua, pues es desde la concepción que tenemos el pecado original y no sólo desde el nacimiento.] por nuestra misteriosa solidaridad con Adán, el padre de toda la humanidad, cuando él cayó con Eva en el primero de todos los pecados humanos en el Jardín del Edén. Por supuesto para la mayoría de las personas hoy en día esa Caída es tan sólo un cuento de hadas, o mitología, y es por eso que ellos han construido un Disney World todo alrededor nuestro. En principio, los Católicos creen en el pecado original, pero muchos apenas si lo toman seriamente en la práctica, porque Disney World es tan seductor. Después de todo, no es para nada agradable creer que todos somos pecadores. ¿No estamos todos nadando en un mar meloso de amor, amor, amor?
Pero un hombre que vio muy claramente el pecado original en acción fue el noble español, escritor y diplomático, Donoso Cortés (1808–1853). Su vida se extendió durante esa primera mitad del siglo 19 no cuando en el desarrollo de la Revolución Francesa (1789), Europa estaba lentamente pero constantemente reemplazando el antiguo orden Cristiano (“ancien régime”) con el judeo-masónico Nuevo Orden Mundial. Exteriormente el antiguo orden fue puesto de nuevo en su lugar por el Congreso de Viena (1815), pero interiormente no fue para nada lo mismo que antes porque las mentes de los hombres estaban ahora descansando en fundamentos bien diferentes, fundamentos liberales, notablemente la separación de la Iglesia del Estado. Cuando Donoso ingresó a la política española de joven se autoproclamó ser liberal, pero a medida que observaba cómo las ideas revolucionarias se realizaban en la práctica, él devino más y más conservador hasta que en 1847 se convirtió a la antigua religión católica de España. A partir de allí y hasta su temprana muerte, sus palabras escritas y verbales llevaron por toda Europa su profético análisis católico de los errores modernos radicales que fraguaban el Nuevo Orden Mundial.

Atrás de todos estos errores él discernió dos: la negación del cuidado sobrenatural de Dios por sus creaturas y la negación del pecado original. De la Carta de Donoso al Cardenal Fornari (1852) provienen los dos párrafos siguientes que conectan el pecado original al alza de la democracia y a la disminución de la Iglesia:

“Si la luz de nuestra razón no ha sido obscurecida, esa luz es bastante, sin el auxilio de la fe, para descubrir la verdad. Si la fe no es necesaria la razón es soberana e independiente. Los progresos de la verdad dependen de los progresos de la razón; los progresos de la razón dependen de su ejercicio; su ejercicio consiste en la discusión; por eso la discusión es la verdadera ley fundamental de las sociedades modernas y el único crisol en donde se separan, después de fundidas, las verdades de los errores. En este principio tienen su origen la libertad de imprenta, la inviolabilidad de la tribuna y la soberanía real de las asambleas deliberantes.”

Donoso continúa con un diagnóstico paralelo de las consecuencias que trae el suponer que la voluntad del hombre está libre del pecado original. “Si la voluntad del hombre no está enferma, le basta el atractivo del bien para seguir el bien sin el auxilio sobrenatural de la gracia; si el hombre no necesita de ese auxilio, tampoco necesita de los sacramentos que se lo dan ni de las oraciones que se lo procuran.” Si la oración no es necesaria, es ociosa; si es ociosa, es ociosa e inútil la vida contemplativa; si la vida contemplativa es ociosa e inútil, lo son la mayor parte de las comunidades religiosas que debidamente desaparecen. Si el hombre no necesita sacramentos entonces él no tiene necesidad de sacerdotes que los administren, que son así debidamente proscriptos. Y del desprecio al sacerdocio resulta por todos lados el desprecio a la Iglesia, lo cual equivale en todas partes al desprecio a Dios.

A partir de tales falsos principios, Donoso Cortés previó un desastre sin paralelo en el muy cercano futuro. En realidad ha sido postergado por más de 150 años, pero, ¿por cuánto tiempo más?


Kyrie eleison.

jueves, 18 de julio de 2013

LA DISCUSIÓN


¿Diálogo, discusión, polémica, explicación? Depende qué, depende con quién, depende cómo y cuándo. Donoso Cortés imagina unos párrafos que un “socialista democrático” le estampa a un liberal, en su célebre “Ensayo…”. De igual modo pueden aplicarse tales sabias palabras a los que se niegan –por orgullo, fanatismo o lo que fuere- a escuchar y reflexionar (como dijo Churchill en célebre frase: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”), a los cínicos y sofistas, campeones de “diabólicos prestigios” que en definitiva no quieren la verdad sino “su” verdad, para lo cual necesitan “discutir” para perder a quien sostiene una verdad que no les pertenece a aquellos.

“Cuando me provocas a discutir, te perdono, porque no sabes lo que haces; la discusión, disolvente universal, cuya virtud secreta no conoces, acabó ya con tus adversarios y va a acabar contigo ahora; por lo que hace a mí, tengo propósito firme de ganarla por la mano, matándola para que no me mate. La discusión es espada espiritual que revuelve el espíritu con ojos vendados; contra ella, ni vale la industria ni la malla de acero; la discusión es el título con que viaja la muerte cuando no quiere ser conocida y anda de incógnito. Roma la sesuda la conoció, a pesar de sus disfraces, cuando entró por sus muros en traje de sofista; por eso, prudente y avisada, la refrendó su pasaporte. El hombre, al decir de los católicos, no se perdió sino porque entró en discusiones con la mujer, ni la mujer sino por haber discutido con el diablo. Más adelante, hacia la mitad de los tiempos, dicen que este mismo demonio se apareció a Jesús en un desierto, provocándole a una batalla espiritual, o como quien diría, a una discusión de tribuna; pero aquí parece que tuvo que habérselas con otro más avisado, el cual le hubo de contestar: Vade Satana, con cuya palabra puso fin a un mismo tiempo a la discusión y a los diabólicos prestigios. Es fuerza confesar que los católicos tienen gracia especial para poner de bulto grandes verdades y para vestirlas con ingeniosas ficciones. La antigüedad toda hubiera condenado unánimemente al insensato que hubiera puesto en pública discusión a un tiempo mismo las cosas divinas y las humanas, las instituciones religiosas y las sociales, los magistrados y los dioses. Contra él hubieran fallado de consumo Sócrates, Platón y Aristóteles; en el gran duelo hubieran sido sus campeones los cínicos y los sofistas”.

Juan Donoso Cortés, “Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo”.



martes, 21 de mayo de 2013

LOS COMBATES DEL SEÑOR


“Sólo en la eternidad, patria de los justos, puedes encontrar descanso; porque sólo allí no hay combate: no presumas, empero, que se abran para ti las puertas de la eternidad, si no muestras entonces las cicatrices que llevas; aquellas puertas no se abren sino para los que combatieron aquí los combates del Señor gloriosamente y para los que van, como el Señor, crucificados”.

Donoso Cortés, Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo.