Por Ricardo Curutchet (1917-1996)
No cederemos a la
tentación de aventurarnos por los sinuosos caminos de la filosofía de la
historia, para tratar de explicar la función que los Estado Unidos de América
cumplen contemporáneamente.
Hay, por supuesto,
razones físicas y metafísicas, políticas y metapolíticas, que condicionan los
acontecimientos y que impulsan a esta inmensa nación a destruir la cultura que
la originó y el orden que heredó.
Lo que ahora deseamos
comentar es el aspecto ético de su gestión, ya que éste es el terreno que la
clase dirigente norteamericana ha elegido para relacionarse con el resto del
universo.
