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sábado, 19 de junio de 2021

SANTA TERESITA, EL PADRE CALMEL Y LA ACTUALIDAD



FUENTE

14/04/2021

 

De 1956 a 1957, el P. Roger Thomas Calmel OP (1914-1975) fue exiliado a España, víctima injusta del avance del modernismo dentro de la Iglesia, que no podía tolerar las posiciones firmes e intransigentes de este digno hijo de Santo Domingo sobre la doctrina y la moral católicas. Su estancia en España le puso inevitablemente en contacto directo con los grandes místicos de aquella tierra.

En San Juan de la Cruz, el P. Calmel vio, a través del camino místico, «al gran doctor del camino de la unión con Dios, del desamparo, de la docilidad al Espíritu Santo, junto a su hija, la pequeña Teresa«. Y es a esta última al que el P. Calmel dedicará páginas magistrales, mostrándola como la Santa dada a la Iglesia para nuestros tiempos de apostasía. Estudiando en profundidad la «pequeña vía» de la infancia espiritual, el P. Calmel muestra su actualidad en relación con la crisis desenfrenada de la Iglesia «en la que el Señor nos pide que demos testimonio«.

A quienes dudaban de los efectos de una posible «resistencia» a la creciente infiltración modernista en la Iglesia, el Padre Calmel respondía: «La pregunta de cuál será el fruto de nuestra resistencia no se pone en absoluto. Se sabe que Dios hace fructificar el testimonio de fe de quienes Lo aman. La verdadera pregunta es esta: ¿cómo dar santamente el testimonio que se debe dar? Al respecto la lección de la infancia espiritual es de un precio inestimable, ya que el cristiano cuya fe es de una sencillez infantil, tan pronto como ve en qué consiste el testimonio de fe, descansa en una perfecta rectitud y en una gran paz. El Padre Celestial, a través de su Hijo Jesús, le brindará la ayuda necesaria, día tras día. Saber si Él impide o no el mal, si la Tradición católica mantiene sus posiciones o si ella se detiene es una preocupación que no le puede ser ajena. Pero está lejos de invadir o poseer su alma; esta preocupación no tiene una repercusión formidable y trágica en su alma; la simple melodía de la confianza y del abandono nunca se ahoga en gritos de miedo.«

Recogemos en estas palabras la sabia aplicación que el P. Calmel había hecho de la doctrina de la infancia espiritual a las contingencias modernas: un espíritu de absoluta confianza en Dios y desconfianza en sí mismo, en el testimonio de fe llevado al extremo, según la propia vocación. El amor que Teresa nos enseña -señaló el P. Calmel- no supone necesariamente acciones extraordinarias, sino que exige que respetemos con extraordinaria atención las leyes de nuestra inserción en el Cuerpo Místico, cada uno según su propio estado de vida.

En nuestros tiempos de confusión y anarquía –sobre todo en tiempos de pandemia– en los que la caridad, sobre todo la caridad apostólica, sirve de pretexto para justificar la extravagancias, la profanaciones y traiciones de todo tipo, la voz del amor enseñada por la pequeña Teresa es «una voz de orden, no de desorden». ¿Entonces que hay que hacer? “Lo que el Señor nos pide es resistir: resistir respecto a la buena Misa y la buena Liturgia, sobre el Bautismo, el catecismo y la doctrina sagrada, como también sobre la moral. Lo que el Señor quiere hacer con sus amigos -no se puede dudar- es colmarlos cada vez más de su amor. Para lograr resistir, para perseverar, basta dejar que Él lo haga, ya que el amor que el Señor quiere poner en sus almas es fuerte como la muerte (Ct. 8,6) y es un alimento maravilloso e inagotable.«

Es precisamente en virtud de este amor que la pequeña Teresa soñaba con participar en los tormentos de los hijos de la Iglesia en tiempos del Anticristo. Entonces el P. Calmel, en una idealizada conversación, le pregunta: «¿Qué tormentos? ¿Pensaste, tal vez, ¡oh Santa! cuya vocación es el amor, en alguna reedición adaptada al mundo moderno de parrillas y minas incandescentes, minas asfixiantes o peines de hierro? ¿Habíais entrevisto que habría algo peor?¿Habíais pensado en los tormentos espirituales de tantos fieles engañados por la Jerarquía?«.

Y aquí procede a hacer una descripción implacable y profética de lo que está ante nuestros ojos. Él previó que «sacerdotes, obispos iban primero a aceptar ser encarcelados en gran número en un sistema muy perfeccionado que luego los habría hecho caer insensiblemente en una nueva religión, en el último culto inventado por el infierno: el de la humanidad en evolución. Sería la destrucción de la fe bajo anestesia, por el efecto conjunto de la democratización y de la autoridad paralelas. Cloroformados, manipulados por el sistema existente, vaciados de su alma, se verían sacerdotes en masa imponer ritos equívocos a los fieles y predicarles una doctrina dudosa. Se vería a obispos y sacerdotes en gran número intoxicados, dominados por el sistema, llevando a la apostasía a una multitud de simples fieles sin otra defensa que la de confiarse a la autoridad. El pueblo de Dios es engañado, abusado y traicionado por sus líderes. Quizás este no sea el tiempo del anticristo: es su prefigura. Ahora bien, es en una época así tan terrible que le hubiera gustado vivir para dar testimonio de su amor al Señor. En el innumerable ejército de santos y santos, eres la única que has manifestado tal deseo. Tú, por tanto, eres más capaz que otros de comprender nuestra situación y de acudir en nuestro socorro. Dígnate enseñarnos cómo llegar a ser Santos en la hora en que los precursores del anticristo gobiernan, dominan la ciudad y encadenan a la Iglesia».

Se sabe que ser santo no es cosa fácil, ni siquiera en una sociedad cristiana y en una Iglesia fiel a su Señor. Basta abrir cualquier hagiografía para comprender el alcance de las batallas espirituales a las que fueron sometidos todos los Santos.

Pero entonces -se pregunta el padre Calmel- «¿cuál será la intensidad del amor indispensable, cuál será la fuerza de espíritu necesaria para emprender el camino de la santidad cuando la apostasía no haya ganado ciertamente no a todos los prelados, ni a todos los fieles -lo que sería imposible- sino al menos una gran cantidad de ellos y hasta los rangos más elevados, ya que la abominación de la desolación se sentará en el lugar santo? Ciertamente será mucho más difícil y mucho más raro ser santo en la época del anticristo que en la época de Nerón. Por salvaje que fuera su persecución, Nerón atacó desde afuera; el anticristo (y sus precursores, ndr.) se enfurecerán, según las palabras de San Pío X, in sinu et gremio Ecclesiae (en el seno y gremio mismo de la Iglesia). Sea como sea, en estos como en todos los tiempos, es el amor el que hará la santidad. Pero en esta nueva situación, en la que la fe generalmente será obscurecida o negada, el primer efecto del amor será garantizar la perseverancia de la fe. No únicamente para conformar la vida a la fe por amor, sino para conservar la fe por amor. Conservar la fe, cuando la jerarquía permite que se disfrace y se pierda, permanecer firme en la fe ante un peligro de este género es imposible sin una gran sencillez de corazón. Por poco que nos dejemos atraer por la gloria que viene de los hombres, o si nos sentimos temerosos y débiles ante los males que nos infligen, nos traicionaremos sin darnos demasiada cuenta, argumentando con la sabiduría ilusoria de este mundo».

Ante este escenario apocalíptico, que el Padre Calmel considera como la prefigura de la época del anticristo, es difícil escapar de la tentación del desánimo, si no de la desesperación. Y entonces el gran Fraile dominico vuelve de nuevo a la pequeña carmelita de Lisieux. «No le pido a la pequeña Teresa –escribe– que me indique los detalles concretos de la perseverancia y de la resistencia; Le pregunto qué quiere darme: mostrarme el recurso oculto, el elemento invisible. Ella me responde que basta amar, ser pequeña y sencilla, que esto es todavía y siempre posible. Esto es lo que necesito saber en primer lugar antes que nada. Si lo sé, seré mucho más capaz de frenar el modernismo y perseverar en la fe».

A esta altura el Padre Calmel, como en una visión profética, describe cómo serán los santos que vivirán en tiempos de apostasía. Su lucidez, dice, «será evidentemente muy grande, proporcional al nuevo medio inventado por el padre de la mentira para engañar y provocar mareos. Y como estos medios estarán a la medida de los espíritus infernales y no a la medida del espíritu del hombre, será el mismo Espíritu Santo quien dará la lucidez necesaria. […] Esta claridad no será un principio de confusión o desesperación, sino de humildad y abandono. El alma tendrá plena conciencia de los hilos que le son tendidos, pero para el que tiene dos alas, poco importa la perfección técnica de los hilos que le son tendidos. Nuestro mundo, que siempre ha sido un valle de lágrimas, se convertirá, en estos tiempos finales, en una imagen del infierno; sin duda será un infierno indoloro, una antecámara climatizada del infierno eterno; pero los santos de estos últimos días volverán a decir con los santos que los han precedido en siglos de menor perversión y de tinieblas más ligeras: No temeré porque Tú, Señor, estáis conmigo… Tú habéis vencido al príncipe de este mundo».

Más que todos los otros santos, la pequeña Teresa intercede eficazmente por las almas que, como nosotros, viven en tiempos que prefiguran los del anticristo, porque más que los otros santos ella quiso vivir en esos tiempos y mostró el camino seguro al cual los precursores del anticristo no encontrarán acceso: el camino de la humildad, de la sencillez de corazón, de la infancia evangélica. «Es el espíritu de la infancia, con la sencillez de corazón que le es inseparable, lo que hizo a santa Juana de Arco capaz de defender la verdad de su misión ante un falso tribunal de la Iglesia y no obstante la prisión y el fuego; y es el mismo espíritu de infancia que hizo a San Pío X capaz de hacer frente donde sea al enemigo que estaba dentro (de la Iglesia), el modernismo, bien lejos de negociar nada con él. Porque el espíritu de la infancia no hace que la lucha se evite con dulzura, sino que hace afrontar en paz las más graves dificultades y responsabilidades por el amor del Señor».

A nuestro buen Dios, que ama confundir la sabiduría de este mundo, le gustó dar para los tiempos más apocalípticos de su Iglesia no un gran sistema de defensa, sino una pequeña vía de humildad. Él quiere recordarnos, una vez más, su palabra infalible: la puerta del Reino de los Cielos es «estrecha» y hay que ser «pequeño» para entrar. Es la «pequeña vía» de Teresa de Lisieux: «pequeña» no porque sea fácil, sino porque nos invita a hacernos pequeños. Pero hacerse pequeño es algo grande. De hecho, es lo más grande, porque abre las puertas del Cielo.

 

 

viernes, 18 de septiembre de 2015

LA IGLESIA APARENTE – P. ROGER-THOMAS CALMEL O.P. (1914-1975)







Desde Paulo VI ya no hay una sola Iglesia sino dos. Obedezca a la Iglesia, obedezca a Roma, nos gritan las jerarquías y los silenciosos[i].

Ellos pueden gritar hasta cansarse, ellos ya no nos impresionan pues nosotros sabemos ahora que hay dos Romas, así como hay dos Iglesias. Obedecer a Roma, obedecer a la Iglesia es todo lo que queremos; y estamos seguros que no hacemos otra cosa. Pero justamente, Roma, la única Roma, la Roma que todavía está en Roma, es aquella de los doscientos sesenta y dos pontífices y que no se contradice con la Roma anterior a Paulo VI, la de antes del concilio.
La Iglesia, la única Iglesia es la que no opone una misa moderna a la de quince siglos de Misas; que no sustituye hipócritamente el catecismo de Batavia al catecismo de Trento; que transmite la Sagrada Escritura integral en lugar de traficarla; que conserva lo que permanece todavía intacto de la vida religiosa contemplativa o activa en lugar de desintegrarla y disolverla en nombre de la obediencia. Nosotros obedecemos a la Iglesia Una, la que supera el mundo moderno y la pretendida civilización técnica. Nosotros no obedecemos a una iglesia modernista, una iglesia aparente que está irremediablemente comprometida en el engranaje de un mundo que pretendió desposar.

Esta seudo-iglesia puede ensañarse a reducir a la esclavitud a la única Iglesia, no somos tontos. Nosotros no somos de la Roma que ya no está en Roma; no somos de la iglesia aparente y polivalente. Nosotros somos de la Iglesia de siempre, de la Roma de siempre. Esta es el alma de nuestra resistencia.

(Itinéraires 190, Reclamación al Santo Padre, págs. 9-10.)

Es necesario tener el valor de ver lo que es: por un proceso insensible una iglesia aparente está sustituyendo a la verdadera Iglesia. Nosotros sabemos que no podrá lograrlo; pero la confusión y la corrupción pueden llegar muy lejos, hasta seducir, si se pudiera, a los mismos elegidos. Es sobre todo, me parece, mediante la extensión de la iglesia aparente que se incrementa la apostasía.

(Itinéraires 106, Teología de la historia, Anexo VII: Seudo-iglesia,  pág. 179.)

¿Cómo hemos descendido hasta este punto y con esta rapidez? Me parece que sería una explicación insuficiente tener en cuenta únicamente a los teólogos heterodoxos o incluso el saber-hacer y la audacia de los novadores fanáticos. Fue necesaria, al mismo tiempo, la acción ininterrumpida de estos organismos ocultos que son expertos en el temible arte de orquestar las palabras ambiguas (o francamente heréticas), que las imponen poco a poco a los laicos o a los eclesiásticos, que hacen sufrir, sin parecerlo, una presión abrumadora sobre las autoridades oficiales.

Así, tengamos cuidado de no olvidar a las masonerías de toda especie y su metódico funcionamiento cuando busquemos una explicación suficiente de esta novedad apocalíptica de los tiempos actuales: una iglesia aparente que se infiltra en la verdadera Iglesia y trata de suplantarla. Nosotros hablamos de infiltración. Se trata en efecto, en nuestros días, de una penetración poco visible bajo una mirada superficial, poco aparente, insidiosa, más que una persecución abierta. Siguiendo las sugerencias de Roca y de Saint-Ives d’Alveydre, las masonerías se preocupan menos de combatir la Iglesia violentamente que de remover poco a poco y bajo anestesia previa, lo que la constituye: la vida sobrenatural y la estructura jerárquica con la primacía pontifical.

(Itinéraires 105, Sociedades secretas y victoria de Jesucristo, pág. 9-10.)




[i] Los silenciosos: alusión al movimiento de los Silenciosos de la Iglesia, lanzado por Pierre Debray, y que quería reagrupar a los católicos conservadores… ¡en la perfecta obediencia al Papa! (NDLR)


lunes, 15 de junio de 2015

DOMINICOS DE AVRILLÉ - FÁTIMA O EL MEDIO ESCOGIDO POR DIOS PARA CORREGIR LA SITUACIÓN ACTUAL




Por un sacerdote Dominico.

Este es un sermón dado en el monasterio Dominico en la Haye-aux-Bonshommes en Avrillé (Francia).

El Mensaje de Fátima.

Comenzando el 13 de mayo [1917], la Santísima Virgen se apareció a tres jóvenes pastores el 13 de cada mes en presencia de cada vez más peregrinos y escépticos. Sólo los niños vieron a Nuestra Señora.

No es suficiente decir que el mensaje fue un llamado a la oración y penitencia, como afirma el Vaticano. Tal falta de precisión provoca que los pedidos particulares de Nuestra Señora para estos tiempos sean puestos bajo el celemín. Por lo tanto debemos establecer la naturaleza exacta y la finalidad del pedido de oración. Por lo tanto, es más correcto decir que las instrucciones dadas por Nuestra Señora entre el 13 de mayo y 13 de octubre pueden ser resumidas en estas palabras: el Rosario diario y sacrificios para la conversión de los pecadores. Este es el mensaje de Fátima en general.

A este mensaje general se le añadieron dos pedidos particulares que estaban en consonancia con la promesa hecha desde el 13 de julio:

-En 1925, el pedido fue la devoción de los Cinco Primeros Sábados en reparación de los pecados;

-Y en 1929, el pedido fue la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, por el Papa en unión con todos los obispos del mundo.

Sería un error limitar el mensaje de Fátima a estos dos pedidos particulares y olvidar el pedido general: el Rosario diario y sacrificios por la conversión de los pecadores.

El Milagro del Sol: los hechos

Regresemos al 13 de octubre de 1917, el día que hoy conmemoramos.

Desde el 13 de Julio, la Virgen María anunció un gran milagro que tendría lugar el 13 de octubre, para que el mundo entero creyera en la realidad de las apariciones y la seriedad de la advertencia del Cielo.

La historia es bien conocida: una multitud de aproximadamente 100,000 personasse reunieron en el área; eran en su mayor parte católicos, pero también no creyentes, ateos militantes e incluso el ministro de educación del gobierno masónico. Una lluvia torrencial cayó desde medianoche y empapó hasta los huesos a todos, que ocasionó que Cova da Iria[i] se convirtiera en un campo lodoso: para bendecir, Dios quiere que primero hagamos penitencia. A mediodía, Lucía pidió a la gente que cerraran sus paraguas. Toda la multitud obedeció y mostraron magníficamente su fe y obediencia. Unos momentos más tarde, el sol salió de entre las nubes y Nuestra Señora se apareció sobre una pequeña encina. Pidió la conversión de los pecadores y, como en todas las apariciones, insistió en el rezo cotidiano del Rosario.

Repentinamente, Lucía gritó: “¡Miren el sol!”. Frente a la estupefacta multitud, el sol giró sobre sí mismo como si fuera una rueda de fuego, presentando varios colores del arcoíris. Esto duró cerca de 8 minutos pero perecieron horas. No puede ser atribuido a una alucinación colectiva porque el fenómeno fue visto en un radio de 40 kilómetros por varios individuos.

Mientras el sol giraba, los tres pastores, Lucía, Jacinta y Francisco tuvieron una visión que simbolizaba las tres coronas del Rosario:

-Representando a los Misterios Gozosos: San José se apareció con el Niño Jesús y Nuestra Señora: San José y el Niño Jesús bendecían a la multitud;

-Representando los Misterios Dolorosos: Nuestro Señor se apareció con Nuestra Señora de los Dolores;

-Representando los Misterios Gloriosos: La Virgen María en el Cielo fue vista sosteniendo el escapulario del Monte Carmelo.

El sol se volvió color rojo sangre y parecía caer del cielo y lanzarse hacia la tierra. Todo el mundo creyó que el fin del mundo había llegado. Entonces todo se detuvo - el sol volvió a su sitio normal en el cielo.

La gente se levantó y notó otro fenómeno: su ropa empapada estaba completamente seca.

Los no-creyentes tuvieron que reconocer la realidad de los hechos. Al día siguiente, los periódicos, incluyendo los más hostiles hacia la Iglesia, reportaron el evento.

¿Qué lecciones debemos sacar hoy en día de este milagro?

El Milagro del Sol: Lecciones.

El milagro más grande de toda la historia de la Iglesia.

Primero observemos la naturaleza espectacular de este milagro. Debemos ir al Antiguo Testamento para encontrar prodigios similares que fueron realizados frente a una inmensa multitud de gente: como la manifestación de Dios a Moisés y al pueblo Hebreo en el Monte Sinaí (Ex. 19); o cuando Josué detuvo el sol y la luna en su avance para que la noche no detuviera a los judíos de exterminar a los enemigos de Yahvé (Josué 10). El milagro del 13 de octubre de 1917 es definitivamente el más grande milagro de toda la historia de la Iglesia. Veamos por qué.

La Historia de la Iglesia es la historia de la lucha entre dos ciudades: la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás. 

Estas dos Ciudades son hechas por dos amores: la Ciudad celestial por amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo; la Ciudad terrenal por el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios (San Agustín, la Ciudad de Dios).

Esta magnífica síntesis de San Agustín no es otra cosa que lo escrito en el Libro del Génesis:

Pondré enemistades entre ti [la serpiente] y la Mujer [la Virgen María], y entre tu descendencia y la suya [Nuestro Señor, la Iglesia]: Ella aplastará tu cabeza, y tu acecharás su calcañal [persecuciones de la Iglesia] (Gén. 3,15)

Ahora estamos viviendo en los tiempos en que “el diablo está pelando la batalla decisiva, la batalla final”, dice Nuestra Señora[ii]. Este es el día cuando el asalto general de todas las fuerzas anticristianas es lanzado en contra de la Iglesia. 

Es urgente que nos demos cuenta de la terrible realidad en la que estamos. No queremos asustar a la gente, pero este es un llamado urgente a la realidad de nuestra situación –comenta Sor Lucía[iii].

Y es para llamar nuestra atención para esta fase final de la historia de la Iglesia, que el Cielo realizó el más grande milagro de los últimos 2000 años.

Paradójicamente, las actuales autoridades de la Iglesia guardan silencio total sobre este evento.

Y así, en el año 2000, cuando el Cardenal Ratzinger hizo pública una cuestionable versión del tercer secreto de Fátima, no hizo alusión a este milagro.

¿Por qué este silencio?

Las actuales autoridades de la Iglesia todavía no cumplen el pedido de la Virgen María, y por lo tanto es entendible que ellos están avergonzados de este milagro, que prueba claramente el origen celestial de este pedido. Al mismo tiempo -¿podría ser su consciencia culpable?- estas autoridades se sienten obligadas a hablar de vez en cuando acerca de Fátima y de realizar consagraciones del mundo o de la humanidad. El papa Francisco hizo una de esas consagraciones el 13 de octubre de 2013[iv]. Sin embargo, al no consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María como Nuestra Señora lo pidió, los papas son incapaces de darle al mundo el remedio prometido, y la situación continúa empeorando.

Las apariciones de Fátima son la clave para entender toda la historia de nuestra era

Ahora pasamos a la segunda consideración importante: las apariciones de Fátima son la clave para entender todos los eventos del siglo 20 y todo lo que vivimos hasta hoy, sea en la esfera religiosa o política. Para estar realmente convencidos de esto, solo se necesita leer la autorizada obra del Hno. Michel de la Santísima Trinidad La Verdad Completa sobre Fátima[v].

Los problemas, las convulsiones y la decadencia sin precedentes de nuestro tiempo son las consecuencias directas del hecho de que los hombres de Iglesia no han querido cumplir con la petición de Nuestra Señora de Fátima:

Vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y los Cinco Primeros Sábados en reparación de los pecados, dijo Nuestra Señora el 13 de julio de 1917. Si atendieran Mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia.

La Revolución de Octubre de 1917 que se realizó inmediatamente después del pedido de Nuestra Señora de Fátima, no fue un simple golpe de estado para lograr un cambio de régimen. El objetivo de la Revolución fue especialmente “extender por todo el mundo las instituciones y los valores del ateísmo[vi]y la inmoralidad que sería su secuela[vii].

miércoles, 20 de mayo de 2015

DOMINICOS DE AVRILLÉ: PEQUEÑO FLORILEGIO DEL PADRE CALMEL







Sobre algunos temas candentes… o menos candentes.

El P. Roger-Thomas Calmel O.P. falleció el 3 de mayo de 1975 (primer sábado del mes de María). Por el vigésimo aniversario de su llamado a Dios, nosotros publicamos en su memoria, hace veinte años, un número especial de Le Sel de la terre (el número 12 bis, del cual quedan algunos ejemplares).

Por su cuadragésimo aniversario, les presentamos este pequeño florilegio.
Le Sel de la terre.

El lenguaje flexible

En julio-agosto de 1964 -la primera sesión del Vaticano II había concluido hacía algunos meses- el P. Calmel atacaba, en Itinéraires, el “lenguaje flexible” que invadía la Iglesia.

"Yo siempre tuve horror a las expresiones flexibles, viscosas o evasivas que pueden ser tomadas en todos los sentidos, a las cuales cada quien puede hacer decir lo que quiera; el tecnócrata por ejemplo podría encontrar allíla aprobación de su despotismo tecnocrático y el ermita fabricante de cestas, una consoladora bendición por su trabajo de contemplativo. Y las expresiones flexibles, viscosas o evasivas me provocan tanto más horror cuando se cubren de autoridades eclesiásticas: los monseñores, los sacerdotes o los abades. Sobre todo, estas expresiones me parecen una injuria directa a Aquél que ha dicho: Yo soy la Verdad… Ustedes son la luz del mundo… Que vuestra palabra sea sí, sí, no, no".[i]

El «complotismo»

Denunciando la « táctica del Dragón en los tiempos modernos, que suscita sociedades ocultas, verdaderas contra-sociedades que se infiltran como un virus en las sociedades santas para desnaturalizarlas », el P. Calmel agrega:
"Los cristianos que lo reciben con una sonrisa indulgente cuando usted evoca las sociedades secretas y sus proyectos de subversión mundial, muestran sobre todo que ellos tienen una idea muy corta de la malicia del demonio y de sus métodos de combate. No es porque ciertas obras sobre las sociedades secretas testimonien un simplismo que aflige, que es razonable y cristiano tener a estas sociedades como de cantidad despreciable, cercana a cero".[ii]

El espíritu del Vaticano II

Siempre abrimos con una especie de sobrecogimiento el prólogo de La Apología por la Iglesia de siempre del P. Calmel[iii]. Encontramos allí, de entrada, uno de los más penetrantes análisis que jamás hayan sido realizados sobre el Vaticano II, sus intenciones, sus ilusiones, su “espíritu”. En el cincuenta aniversario de la clausura de este concilio, convendría reproducir estas páginas:

"Extraviados por la gran quimera de querer descubrir los medios infalibles y fáciles de realizar de una buena vez la unidad religiosa del género humano, los prelados, los prelados que ocupan los cargos más importantes, trabajan en inventar una Iglesia sin fronteras en la cual todos los hombres, previamente dispensados de renunciar al mundo y a Satanás, se encontrarán sin tardanza libres y fraternales. Dogmas, ritos, jerarquía, incluso el ascetismo si se quiere, todo subsistirá de la primera Iglesia, pero todo serádesprovisto de las protecciones requeridas, queridas por el Señor y precisadas por la Tradición; por lo mismo todo será vaciado de la savia católica, de la gracia y de la santidad. Los adeptos de las confesiones más heteróclitas, e incluso aquellos que rechazan todas las confesiones, entrarían entonces al mismo nivel; pero ellos entrarían a una Iglesia engañosa. Esta es la presente tentativa del prestigioso amo de las mentiras y de las ilusiones. He aquí la gran obra, de inspiración masónica, en la cual hace trabajar a sus secuaces, sacerdotes sin la fe promovidos como teólogos eminentes, obispos inconscientes o felones si no apóstatas disfrazados, llevados rápidamente al colmo de los honores, investidos de las más altas prelaturas. Ellos consumen su vida y pierden su alma edificando una Iglesia posconciliar, bajo el sol de Satanás.

▪   Los dogmas, decididamente golpeados por el relativismo de la nueva pastoral que no condena ninguna herejía, ya no proponen un objeto preciso y sobrenatural; por consiguiente ya no es necesario para recibirlos, suponiendo que la palabra conserve todavía en este caso un significado, de inclinar la inteligencia ni de purificar el corazón.
▪  Los sacramentos se ponen al alcance de aquellos que no creen ; ya casi nada impide de acercarse a los incrédulos y los indignos, los nuevos ritos eclesiásticos se han vuelto extraños, por su inestabilidad y su fluidez, al signo sacramental eficaz de sí mismo, divinamente fijado por el Salvador una vez por todas y hasta que Él regrese.
▪  Para la jerarquía, ella se disuelve insensiblemente en el pueblo de Dios del cual tiende a convertirse en una emanación democrática, elegida por sufragio universal para una función provisoria.

viernes, 23 de agosto de 2013

COMENTARIOS ELEISON - VISION DE LA RESISTENCIA



Número CCCXIX (319)
24 de Agosto de 2013

VISION DE LA RESISTENCIA

Mons. Williamson


Hoy en día, un número de almas católicas que mantienen la Fe católica están asustadas por la dirección que aún en el presente sigue tomando el liderazgo de la Fraternidad San Pío X y, debido a que ellas aprecian justamente cuanto han recibido de la Fraternidad durante las últimas décadas, desesperadamente desean una Fraternidad que la reemplace. Están asustadas por la diferente visión de que su futuro consista en una red de focos de resistencia independientes, tipo maquis. Estas almas pueden quedarse menos inquietas al saber que ésta fue la visión de un sobresaliente profeta y pionero del movimiento Tradicional, el Padre Dominico francés Roger-Thomas Calmel (1914-1975). He aquí unas páginas, traducidas y adaptadas libremente del francés, de su Breve Apología de la Iglesia de siempre (páginas 48-51):

“No obstante cuán locamente la jerarquía Católica pueda comportarse, los Sacerdotes no pueden tomar el lugar de los Obispos así como tampoco los laicos pueden tomar el lugar de los Sacerdotes. Entonces, ¿pensamos nosotros en instaurar una gigantesca liga o asociación mundial de Sacerdotes y laicos Cristianos para que entren en diálogo con la jerarquía y los fuercen a restablecer el orden católico? Es una gran y conmovedora idea, pero es irreal. Eso es así porque cualquier tal grupo, queriendo ser un grupo de la Iglesia pero no siendo ni una diócesis, ni una arquidiócesis, ni una parroquia, ni un orden religioso, no encajará en ninguna de las categorías bajo las cuales y por las cuales la autoridad es ejercida en la Iglesia. Será una agrupación artificial, un artefacto desconocido para cualquiera de los grupos reales de la Iglesia que son establecidos y rec onocidos como tales.

“Así, como con toda agrupación de hombres reunidos, el problema de liderazgo y autoridad emergerá y, cuanto más grande sea el grupo, más nítido será el problema. Sin falta se reducirá a lo siguiente: siendo una asociación, el grupo debe resolver el problema de autoridad; siendo artificial (ningún tipo de grupo natural o sobrenatural que se le parezca), no puede resolver el problema de autoridad. Sub-grupos rivales emergerán rápidamente, la guerra devendrá inevitable y no habrá camino canónico para terminar o librar tal guerra.

“Entonces, ¿estamos condenados a no poder hacer algo en medio del caos, a menudo un caos sacrílego? No lo creo. Primero, la indefectibilidad de la Iglesia garantiza que todo el tiempo hasta el fin del mundo, habrá suficiente de una jerarquía personal genuina como para mantener los sacramentos, especialmente la Eucaristía y los Ordenes Sagrados, y para predicar la una y única inmutable Doctrina de Salvación. Y, segundo, cualesquiera sean los defectos de la jerarquía real, nosotros todos, Sacerdotes y laicos, tenemos nuestra pequeña parte de autoridad.

“Por consiguiente, que el Sacerdote capaz de predicar vaya hasta el límite de su poder de predicar, de absolver pecados y de celebrar la Misa Verdadera. Que la Hermana maestra vaya hasta el límite de su gracia y poder para formar niñas en la Fe, buena moral, pureza y literatura. Que cada Sacerdote y laico, cada pequeño grupo de laicos y Sacerdotes que tengan autoridad y poder sobre un pequeño fortín de la Iglesia y de la Cristiandad, vayan hasta el límite de sus posibilidades y poderes. Que los líderes y pupilos de tales fortines se conozcan entre sí y estén en contacto entre ellos. Que cada fortín protegido, defendido, entrenado y dirigido en sus oraciones y cánticos por una autoridad real, devenga tanto como sea posible una fortaleza de santidad. Eso es lo que garantizará la continuación de la Verdadera Iglesia y preparará eficazmente Su renovación cuand o sea el buen tiempo de Dios.

“Así, no tenemos que tener miedo, sino rezar con toda confianza y ejercer sin temor, de acuerdo a la Tradición y en la esfera que nos corresponde, el poder que tenemos, preparándonos así para el feliz tiempo cuando Roma volverá a ser Roma y los Obispos a ser Obispos”.

Kyrie eleison.