“La encíclica Fratelli
tutti no sólo está falta de Fe; carece igualmente de Esperanza y de
Caridad. En su texto no se percibe el eco de la voz
del Divino Pastor y Médico de las almas, sino el gruñido del lobo rapaz o el
silencio del mercenario (Jn. 10,10).”
“Creo que esta
lamentabilísima Fratelli tutti representa
en cierto modo el vacío de un corazón marchito, de un ciego privado de la
visión sobrenatural que a tientas trata de responder a quien –empezando por él
mismo– desconoce. Sé bien que es una afirmación dolorosa y grave, pero
creo que más que preguntarnos por la ortodoxia de este documento tendremos que
preguntarnos cuál es el estado de un alma incapaz de experimentar un arranque
de Caridad, de dejarse abrazar por un rayo divino en la gris monotonía de
un sueño utópico, caduco y cerrado a la gracia de Dios.”