jueves, 11 de febrero de 2016

11 DE FEBRERO - NTRA. SRA DE LOURDES





¡OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, 
ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS!

“UNA SECRETA SOBERBIA, DISFRAZADA DE CELO” (REPUBLICACIÓN DE ENTRADA)





“San Juan Crisóstomo insiste con su acostumbrada energía sobre este resultado, muy poco meditado, que nuestras faltas deben procurarnos siguiendo el plan divino. Demuestra que, si no se ha confiado el sacerdocio a los ángeles, fue por temor de que con la severidad que pudiera darles su impecabilidad, provocasen al rayo sobre los pecadores; mientras que el hombre, conociendo por experiencia propia la fragilidad humana, se compadece de modo natural al encontrarla en los demás. Ved por qué, continúa el Santo Obispo, en otros tiempos lo mismo que hoy, Dios permite que los depositarios de su autoridad en la Iglesia, comentan faltas, con el fin de que el recuerdo de sus caídas los haga más benignos con sus hermanos. Y San Juan Crisóstomo prueba su tesis con dos ejemplos sacados uno del Nuevo y otro del Antiguo Testamento: pone en escena al vehemente, al intrépido San Pedro, que no comprendía que nadie pudiese escandalizarse ni avergonzarse de su Maestro, le jura tres veces una inquebrantable fidelidad, y, después, le niega miserablemente, no bajo la amenaza del tormento y de la muerte, sino a la simple voz de una sirvienta. Recuerda a continuación al Profeta Elías, cuyo celo impetuoso derribaba batallones y reducía al hambre a un pueblo entero, y acto seguido, temblando de espanto, huía desatinado ante la cólera de una mujer, Jezabel. Y así concluye: “Dios permitió la falta de Pedro, columna de la Iglesia, puerto de la fe, Doctor del Universo, para enseñarle a tratar a los demás con misericordia, y también por permisión divina, cayó Elías, para que se revistiese con el manto de la caridad y fuese indulgente como su Señor”.[Homilía sobre Pedro y Elías].

San Bernardo repite con el comentario de un proverbio: «El que está sano no siente el mal de otro, el que ha comido bien no conoce el tormento del que  padece hambre. Cuanto más semejante es un enfermo a otro y un hambriento a otro hambriento, más profundamente se compadecen de su mal... Para sentirse desgraciado con la desgracia de los demás, es preciso ante todo experimentarla en sí mismo. Solamente conociéndonos a nosotros mismos podremos encontrar el alma del prójimo en la nuestra y saber cómo podemos prestarle ayuda»[De gradibus humilitatis, c. 3].

Aprendamos estas lecciones. Mientras estamos de pie no podemos ni disculpar ni comprender en los demás caídas que nos escandalizan, que nos sublevan. ¿Cuántas veces una secreta soberbia, disfrazada de celo, nos lleva a la indignación? Pero que una falta semejante nos tire por tierra, y pronto la compasión sustituirá a la severidad. Entonces comprendemos la sentencia de San Agustín: «No hay pecado posible en un hombre con el que yo no pueda mancharme.» Y la frase de la Imitación de Cristo: «Todos somos frágiles; pero tú a nadie tengas por más frágil que tú.» [Libro I, c. 2]


Joseph Tissot – El arte de aprovechar nuestras faltas, Segunda parte, capítulo 1

miércoles, 10 de febrero de 2016

MIÉRCOLES DE CENIZAS






DEL CATECISMO DE SAN PÍO X (edic. 1973, publicado por el sitio Stat Véritas. En algunas respuestas se han suprimido las reiteraciones):

¿Qué es la Cuaresma? - La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

¿A qué fin ha sido instituida la Cuaresma? La Cuaresma ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2.°, para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3.°, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza? Porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.

¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? - Para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza? - Con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

¿Qué hemos de hacer para vivir la Cuaresma según la intención de la Iglesia? Hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno, la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que de ordinario, 3ª, oír la palabra de Dios, no por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la comunión pascual.

¿En qué consisten el ayuno y la abstinencia? - El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne.

¿Se prohíbe toda otra refección los días de ayuno, fuera de la única comida? - Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana.

¿Quiénes están obligados al ayuno y a la abstinencia? Al ayuno están obligados todos los que sean  mayores de edad, hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.

¿Están exentos de toda mortificación los que no están obligados al ayuno? Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.




martes, 9 de febrero de 2016

DE LA VERDADERA HUMILDAD Y CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO





Son muy hermanas entre sí la humildad y la penitencia, y así lo son los humildes y los penitentes; porque los humildes reconocen sus pecados, mas los penitentes los lloran; aquéllos se humillan ante Dios por ellos, mas éstos piden humildemente el perdón de ellos. Y por esta causa, aunque no estoy en esta escritura obligado a guardar orden en las materias que se tratan, sino declarar lo que este siervo de Dios siente en ellas, después de haber declarado lo que él siente de la virtud de la penitencia y dolor de los pecados, apuntaré en breve lo que siente de la virtud de la humildad, según lo que pude colegir de sus escrituras. Y tiene él esta virtud por tan esencial y tan necesaria para nuestra vida, que viene a determinar que casi todas las tentaciones y ceguedades espirituales, y ausencias y desamparos de Nuestro Señor, y aun algunas caídas, son por Él permitidas o enderezadas a fin de hacernos verdaderos humildes, no teniendo por cosa indigna comprar esta joya por tan caro precio. Y es tan propia esta virtud de la religión cristiana, y estuvo tan lejos de ser conocida de los filósofos, que ni el nombre de ella se halla en sus escrituras.

Mas este siervo de Dios, que tenía otra lumbre más alta, ninguna otra virtud más veces, como dije, encomienda en sus escrituras. Donde veremos la contradicción que hay entre la doctrina de los filósofos, y la de este padre. Porque los filósofos, y los herejes pelagianos, discípulos de ellos, ensalzan cuanto pueden las fuerzas y virtud de la naturaleza humana; mas, por el contrario, todo el estudio de este padre es abatirlas, declarando la flaqueza y malicia del corazón humano, llamándolo un abismo profundísimo que sólo lo conoce aquel soberano Señor, de quien se escribe que estando sobre los querubines, desde este lugar tan alto alcanza a ver lo más profundo de todas las cosas criadas, y señaladamente la malicia de nuestros corazones, como Él lo declaró por Hieremías diciendo: Malvado es el corazón del hombre; y ¿quién lo conocerá? Yo, que soy Dios y escudriño lo íntimo y más secreto de ellos. Lo mismo nos declara el Eclesiástico, el cual, tratando de la profundidad de la sabiduría de Dios, entre otras alabanzas suyas, dice que penetró y entendió lo que había en el abismo y en el corazón del hombre. En la cual combinación del abismo y corazón humano comprendió en estas dos palabras la profundidad y la flaqueza y malicia de nuestro corazón, comparándolo con el abismo. Y en otro lugar, declarando más la grandeza de esta malicia, dice: ¿Qué cosa más mala que lo que piensa la carne y sangre? Esto es: ¿qué cosa peor que los pensamientos y deseos del corazón humano, desamparado de la divina gracia, que es donde no hay más que carne y sangre? Y en consecuencia de esto, dice en otro lugar: ¿Qué cosa hay entre todo lo criado más mala que el ojo del hombre? Esto dice porque éste es el portero de nuestro corazón, y el que le da materia para todas las codicias y maldades que en él se forjan.

Pues, volviendo a nuestro propósito, en el conocimiento de esta flaqueza y miseria de nuestro corazón se funda en parte la virtud de la humildad, la cual, como san Bernardo dice, «es desprecio de sí mismo, el cual procede del verdadero conocimiento de sí mismo». Esta virtud faltó a aquel ángel que fue criado tan hermoso. Por lo cual dice de él Nuestro Salvador que no estuvo en la verdad, que es: en la verdadera estima y conocimiento de sí mismo; y por eso dio tan gran caída que del mayor de los ángeles, según la opinión de san Gregorio, fue hecho el mayor de los demonios, y escarmentando en la cabeza de éste, nos aconseja este padre que estemos en espíritu de verdad; y cuál sea este espíritu, declara él en una carta suya por estas palabras:

SILENCIOS ELOCUENTES







La vida monacal está impregnada de silencio. Más aún, está imbuida y saturada de muchos silencios. No sólo porque sea conveniente, sino porque  es algo constitutivo, algo propio, íntimo e indispensable para que se lleve a cabo la vida de oración, del rezo de las Horas, del contacto con lo divino y de ese ora et labora que nuestros padres fundadores imprimieron en nuestros claustros. Sin vida de silencio, sin silencios, nunca se podría llegar a escuchar la música callada y percibir la soledad sonora, de las que hablaba tan sabiamente San Juan de la Cruz.

Intento ilustrar a mis novicios modernistas con estos pensamientos, aunque bien sé que los pobres viven en un mundo que se ha cerrado positivamente a estas elevaciones espirituales. La técnica es lo que impregna su vida. Y aunque los pobres quieren elevarse, resulta inútil. Habría que hacer un esfuerzo enorme, impulsados por la Gracia, para salir de este atolladero que impide los silencios exteriores e interiores.

El mundo no conoce el valor del silencio. No sabe vivirlo. Es preciso reconocer que en esto hemos sido pioneros los monjes de todos los tiempos. Quiero decir de los antiguos tiempos. De los que llegan hasta el año ese que todos mis lectores conocen bien, cuando comenzó a romperse la vida consagrada y a necesitar demostrar al mundo que los consagrados eran como los mundanos y que haciéndose mundanos podrían enseñar al mundo el valor de la vocación de no ser mundanos. Galimatías conciliar, por así decir. Estafa monumental. Timo de la estampita para incautos, que aún nos están vendiendo como el bálsamo curativo de todos los tiempos. Puede uno reirse, liarse y enredarse lo que quiera, pero éste es el planteamiento que nos impusieron los destructores de la Iglesia. Y que nos siguen imponiendo. Me he impuesto silencio a mí mismo, para no comentar la reciente clausura del año de la vida consagrada. Para no alterar mis humores, más que nada.

En el mundo-mundano, los silencios tienen otro sentido muy diferente. Basta ver cómo se van interpretando los silencios de los políticos, que -aderezados de frases ambiguas y de una de cal y otra de arena-, van dando pistas sobre sus deseos, sus ambiciones, sus dardos envenenados y sus tácticas perversas hacia los de dentro y los de fuera.

lunes, 8 de febrero de 2016

BOLETÍN N° 2 DEL SEMINARIO DE LA USML




Palabras de Mons. Faure


Estimados amigos y benefactores:

San Bernardo, para alentarse en el ejercicio de las prácticas monásticas, se decía frecuentemente a sí mismo: “¡Bernardo, Bernardo! ¿Por qué viniste a la soledad? Bermarde ad quid venisti?” Pregunta que puede plantearse un seminarista ¿Por qué has venido al seminario y has renunciado al mundo? ¿No es para ser enteramente de Dios y para convertirte en un hombre espiritual?

Los siete seminaristas del Seminario san Luis María Grignion de Monfort que se comprometen en este segundo trimestre y en la vigilia de su toma de sotana, aunque no escogieran la excelencia del estado religioso, tienen la oportunidad de pasar una gran parte de sus días en el Convento dominico de La Haye aux Bonshommes para adquirir allí una sólida formación tomista: doctus cum pietate, que les permitirá, siguiendo el ejemplo de sus profesores, de permanecer fieles al combate de la Fe que fue el de Mons. Lefebvre y resistir contra el ataque liberal que lleva adelante la Jerarquía y lleva hacia la apostasía general anunciada por San Pablo (II Tes. II, 3 – II Tim. IV, 3), y por Nuestro Señor mismo:“Encontraré todavía Fe sobre la tierra?” (Luc. 18, 8), apostasía cuyo último signo es este video escandaloso presentando los votos del papa Francisco, según el cual los adeptos de todas las religiones son hermanos.

Nuestro Señor dijo, por el contrario, a los fariseos: “Ustedes tienen como padre al diablo, el padre de la mentira” (Juan VIII, 44). Los hijos del Diablo que degüellan a los hijos de Dios no son sus hermanos sino sus verdugos.

Quiera el cielo conservar estas generosas vocaciones sacerdotales en este espíritu de Fe y de Caridad integral que se manifiesta en el mártir, para resistir a esta apostasía general.

Les aseguramos nuestras oraciones y los bendecimos paternalmente,

Mons. Jean Michel Faure.


Un seminario en medio de la tempestad


Nosotros evocábamos en el pasado boletín (n° 1) el aspecto providencial de la fundación del seminario San Luis María

Parece en efecto que los elementos se dispusieron discretamente para asegurar la supervivencia de un verdadero sacerdocio católico cuando los últimos bastiones de la cristiandad se derrumban bajo los golpes repetidos y sabiamente organizados por la contra iglesia.

En el orden civil asistimos a la disolución de las naciones por una inmigración salvaje financiada y planificada por las organizaciones mundialistas.

En el dominio religioso, el papa continúa con más audacia su quimera ecuménica y aprovecha su pseudo jubileo para introducir a los ingenuos y los liberales a esta espiral infernal.

SOBRE LA ORACIÓN - SAN FRANCISCO DE ASÍS





1. San Francisco afirmaba rotundamente que el religioso debe desear, por encima de todas las cosas, la gracia de la ora­ción; y, convencido de que sin la oración nadie puede progresar en el servicio divino, exhortaba a los hermanos, con todos los medios posibles, a que se dedicaran a su ejercicio. (S. Buenaven­tura, L. AI. c. 10.)
Y decía: El siervo de Dios que padezca alguna tristeza, debe inmediatamente recurrir a la oración y permanecer ante el soberano Padre hasta que le devuelva la alegría de su salva­ción (Cel. Vid. 2." c. 125.)
El predicador debe primero sacar de la oración hecha en secreto lo que vaya a difundir después por los discursos sagra­dos; debe antes enardecerse interiormente, no sea que trans­mita palabras que no llevan vida (Ibid. 163).
2. Hay muchos frailes que ponen su empeño y solicitud en adquirir una vana ciencia, abandonando su santa vocación, separándose tanto con el cuerpo como con el espíritu de las sen­das de la humildad y de la fervorosa oración, los cuales cuando al predicar al pueblo observan que algunos quedan edificados, o se convierten al Señor a penitencia, se llenan de una orgullosa hinchazón y se ensoberbecen del progreso y adelanto ajeno, como si fuese propio, siendo así que lo que ellos consiguen con su predicación, no es otra cosa sino precipitarse más en el mal, no sacando para sí en realidad provecho alguno, ya que no son otra cosa sino meros instrumentos de aquellos a través de los cuales el Señor ha producido tales frutos. Pues los que ellos piensan que son edificados y convertidos a la penitencia por obra de su ciencia y predicación, los edifica y convierte el Señor por las oraciones y gemidos de los religiosos virtuosos, humildes y sencillos, aun cuando estos santos religiosos lo ignoren, permi­tiéndolo así el Señor para que no tengan ocasión de ensoberbecerse.
Estos son mis frailes benditos, caballeros de la Tabla Redon­da, que gustan de vivir en los desiertos y lugares retirados con el fin de dedicarse con más ahínco a la oración y meditación, llo­rando sus pecados y los del prójimo, viviendo humilde y senci­llamente, cuya perfección es solamente conocida por Dios y casi siempre ignorada de los hombres y hasta de los mismos frailes.
Cuando las almas de éstos sean presentadas en el tribunal de Dios, entonces les mostrará el Señor el fruto y la recompensa de sus trabajos, es decir, la multitud de almas que se han salvado por sus ejemplos y fervorosas oraciones, al tiempo que les dirá: “Mirad, amados hijos míos, todas estas almas se salvaron por vuestras oraciones, lágrimas y buenos ejemplos; y, ya que fuisteis fieles en lo poco, Yo os elevaré a una altura mucho mayor (Mt. 25, 21). Otros han trabajado y predicado con discursos de su propia sabiduría y ciencia, y Yo, por vuestros merecimientos, he produ­cido el fruto de la salvación. Recibid, pues, la recompensa del trabajo de ellos y el fruto de vuestros méritos, el reino de los cie­los que habéis conquistado con la violencia de vuestra humildad y sencillez, de vuestras lágrimas y oraciones...”
3. Y así, el bienaventurado Francisco, explicaba este texto: La mujer estéril dio a luz muchos hijos y la madre de muchos se vio abandonada (Is. 54, 1). La mujer estéril —decía— es el buen reli­gioso, sencillo y humilde, pobre y despreciado, vil y humillado, que por sus santas oraciones y virtudes sirve constantemente de edificación a los demás y los da a luz con oraciones, gemidos y lágrimas” (S. Buenaventura, Esp. de Perf. c. 72; Ley. Perusa, 103).
4. Los frailes a los cuales dio el Señor gracia para trabajar, trabajen fiel y devotamente, de manera que desechando la ocio­sidad que es enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, a lo cual todas las demás cosas tempo­rales deben servir (Reg. F. M. c. 5).


COMENTARIOS ELEISON - EL PARÁSITO Y EL HUÉSPED - II



Número CDXLVII (447)
Febrero 7, 2016

EL PARÁSITO Y EL HUÉSPED – II

Mons. Williamson




Una madre leprosa será abandonada por algunos hijos.
Otros se acercarán demasiado, desprevenidos.

La semana pasada, estos “Comentarios” volvieron atrás en un campo minado defendiendo la posición de que todavía hay algo católico en lo que es la Iglesia Católica desde el Vaticano II. Esta posición es bastante disputada. Por ejemplo, por un lado los líderes actuales de la Fraternidad San Pío X actúan como si la Iglesia oficial en Roma fuera todavía tan católica que la FSSPX no pudiera existir sin su reconocimiento oficial. Por el otro lado, muchas almas que realmente tienen la fe católica repudian completamente la idea de que todavía quede algo católico en la “Iglesia” que ahora es dirigida por el “Papa” Francisco. Lo siguiente es sólo un intento de discernir que hay verdad en ambos lados.

La raíz del problema es el modernismo, enfermedad esencial del Vaticano II. El modernismo es necesariamente, por su misma naturaleza, un animal excepcionalmente resbaladizo. Esto, porque su principio básico está en adaptar el catolicismo al mundo moderno intrínsecamente anti católico. Así, Papas conciliares como Paulo VI y Benedicto XVI querían romper y no romper con la Tradición Católica. Para cualquier mente sana esto es imposible, porque es contradictorio. Pero ya que estos Papas fueron elegidos para corresponder al mundo moderno, ellos no tienen mentes sanas, sino que, en lugar de eso, tienen la contradicción de la realidad en su torrente sanguíneo. Y ya que ellos tuvieron casi 50 años para adecuar la Iglesia a su locura de arriba a abajo, entonces ha emergido una Iglesia tan diferente de la Iglesia preconciliar, que en realidad merece el nombre de Neoiglesia.

Es más, incluso donde la práctica católica preconciliar, como por ejemplo la Bendición con el Santísimo Sacramento, es mantenida en la Neoiglesia actual, el fundamento mental en el cual descansa en las cabezas de los que asisten es susceptible de ser cualquier cosa menos sólido, porque la doctrina de la Presencia Real es tanto Tradicional como no Tradicional, habiendo sido consagrada por sacerdotes puestos al día, los cuales son tanto sacerdotes como no sacerdotes. Ellos son sacerdotes si usted quiere, pero también y al mismo tiempo, son meros presidentes, si usted quiere. Lo que sea que usted sienta es lo verdadero, porque la mente se ha desprendido de la realidad objetiva. Se está nadando en hermosos sentimientos subjetivos sin darse cuenta de lo que se hace, porque todos (casi) lo hacen. Para cualquiera que tenga la Fe real, tal falta de objetividad, lejos de ser hermosa, es repugnante. No es de extrañar que estas almas repudien en su totalidad la Neoiglesia.

TRADIFARISAÍSMO








Cuidado con el calificativo de “modernistas”. No miremos con desdén al resto de los católicos, a los que solemos llamar modernistas a secas, pues, en su inmensa mayoría, son víctimas de los salteadores que los despojan de la verdadera fe. 

Cuidado, porque esos, muchas veces, muchísimas, son eso: víctimas, no victimarios. No son los asaltantes de la parábola, sino el hombre asaltado. 

Pensemos, por ejemplo, en el inmenso bien espiritual que, en su gran simplicidad, con sus fervorosas oraciones hacen esas ancianas “modernistas”, devotas verdaderas del Rosario, infaltables en las Parroquias; pensemos en esas monjas “modernistas” de clausura que, pese a la Misa Nueva y a las malas prédicas, viven enteramente crucificadas por causa de su caridad ardentísima. 

Pensemos en esos Sacerdotes y laicos que se esfuerzan sinceramente por alcanzar la santidad, a pesar de tener que respirar cada día el humo liberal que ha entrado en el templo mediante la grieta excavada desde dentro por una Jerarquía de traidores. 

Cuidado con el desprecio del prójimo: no nos vaya a suceder que estemos haciendo a veces la oración del fariseo: 
Te doy gracias, Señor, 
porque no soy como los demás hombres, 
ni como esos estúpidos e ignorantes 
modernistas de las Parroquias.

Cuidado: peor que ser hereje material modernista es ser un orgulloso tradicionalista, porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (1 Pe 5, 5). 

Cuidado con la soberbia. 

El orgullo farisaico es la gran tentación de los tradicionalistas. 

EL NUEVO VIDEO APÓSTATA DEL PAPA




SEGÚN ESTE GRAN DEMOLEDOR DE LA FE, LO QUE EL MUNDO NECESITA NO ES CONVERTIRSE A LA FE CATÓLICA PARA LIBERARSE DE LA ESCLAVITUD DEL DEMONIO, SINO QUE "NECESITAMOS UNA CONVERSIÓN QUE NOS UNA A TODOS: LIBERARNOS DE LA ESCLAVITUD DEL CONSUMISMO".


Adelante la Fe
 (Extracto)

 EL NUEVO VÍDEO DEL PAPA DONDE NO SE MENCIONA A DIOS NI UNA SOLA VEZ

“¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?” (Mt 16, 26)
Conmovedor el vídeo del Papa de este mes, los peces, los árboles, la basura, la ecología, precioso todo, lástima que A DIOS NO SE LE MENCIONA NI UNA SOLA VEZ. 

Y haciendo referencia a aquel judío converso que piensa demandarlo en próximos días, no estaría mal hacer lo mismo (...)

No nos imaginamos el pedir, en las intenciones del Rosario, ¡por la reducción de la huella de carbono y el calentamiento global de la “casa común”!… O rezar pidiendo para que la gente apague sus aires acondicionados y deje de reproducirse como conejos. ¿Es acaso una intención “papal y católica” digna de sus antecesores?

¡Y sí! ¡Nos quejamos y protestamos! Porque somos católicos, porque si los sacerdotes callan y nosotros callamos, gritarán las piedras. Porque el Vicario de Cristo está ahí para proclamar a Cristo, y no para hacer de embajador de la ONU o de mercadólogo de Coca-Cola. Ocultando, negando, su Crucifijo (una vez más) para no ofender a nadie, porque a fin de cuentas, “creyentes y no creyentes”, da igual, representa, a nadie…

De suerte que el papa Francisco no conoce el Evangelio (me preocuparía que lo conociera y aún así persistiera en su empresa), porque donde se entere de que Nuestro Señor ¡secó una Higuera!..

“Pero nadie protesta, nadie reprende. También contra vosotros me querello, oh sacerdotes! Tropezarás en pleno día, y contigo tropezará también el profeta de noche, y tú haces perecer a tu pueblo. Perece mi pueblo por falta de conocimiento; por haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré yo a ti de mi sacerdocio; por haber olvidado tú la ley de tu Dios, yo me olvidaré también de tus hijos.” (Oseas 4, 4-6)

***

"Pero nadie protesta, nadie reprende"...

viernes, 5 de febrero de 2016

TOMA DE SOTANAS EN EL SEMINARIO DE LA USML







Hoy, en la iglesia del convento de Avrillé, seis seminaristas (3 franceses, 1 inglés, 1 brasileño y 1 italiano) del Seminario San Luis María Grignon de Montfort, recibieron la sotana durante la misa pontifical celebrada por S.E. Mons. Jean Michel Faure.

Ver fotos de la ceremonia acá.


¡DEO GRATIAS!

miércoles, 3 de febrero de 2016

LOCURA RELIGIOSA





“A la Tradición católica no puede destruirla Francisco. Pero puede destruirse a sí misma si se vuelve farisaica”.


Siempre han existido, pero desde hace cincuenta años, y más aún desde el inicio de la “era Francisco”, se han multiplicado “exponencialmente”, como dicen ahora. Esto es posible además porque a través de la Internet adquieren espacio para explayarse y difundir sus escritos “urbi et orbi”. Ya no es complicado y fatigoso como antes, donde había que tener una imprenta y moverse para distribuir panfletos y libelos. Ahora un solo sujeto con ínfulas de “teólogo” puede sentarse frente a una computadora y difundir a través del mundo sus elucubraciones, opiniones o invectivas, ya sean escritas, ya alocuciones a través del audio o el video. “Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón…” dice la letra del tango Cambalache. Pues bien, hoy “cualquiera es un predicador, cualquiera es un Doctor”... ¿Será así?

Hablamos de quienes no debidamente iluminados por la sabiduría divina que nos ha entregado la Escritura, adoptan posturas religiosas extremas, exaltadas, violentas, fanáticas y fulminantes. De los “condenadores seriales” que caen fácilmente en precipitaciones, exageraciones y juicios infundados (contra lo cual advertía Mons. de Castro Mayer) o en el celo amargo y “tomas de posición extremas que no corresponden a la realidad sino a a prioris, que perturban las conciencias sin ilustrarlas” (contra lo cual amonestaba Mons. Lefebvre).  A los que, a la manera de los pistoleros, sacan rápido el arma y acribillan ante la primera señal –para ellos- de traición, desviación o “flaccidez” en la doctrina a quienes no concuerdan con sus ideas, que parece fueran muy claras, pero sin embargo nunca saben aclarar ni menos refutar aquello que impugnan a tiro de metralla. John Henry Newman hablaba ya de esto hace casi doscientos años, cuando esos grupúsculos eran quizás más visibles o ruidosos, pero menos numerosos que ahora:

“Idéntica ausencia de un principio espiritual se aprecia en el modo ligero y absurdo con que muchos adoptan formas erróneas de creencia religiosa. Quien lleva dentro la luz de Cristo escucha sin turbación alguna la voz de los fanáticos, los equivocados o los hipócritas. Pero cuando un hombre es consciente de ser un pecador impenitente que no está en paz con Dios, cuando su propio corazón le acusa, cuando no tiene principio ni estabilidad dentro de sí, entonces es presa de la primera persona que se le acerca con un lenguaje enérgico y le invita a creer en sus palabras.
Por eso encontráis mucha gente que va afanosa detrás de quienes dicen obrar milagros, o denuncian a la Iglesia como apóstata, o sostienen que sólo se salvarán quienes les sigan; o simplemente, hablan sin la menor garantía pero con enorme seguridad. De ahí que la multitud sea tan propensa a miedos repentinos. Oís que un grupo numeroso huye de una ciudad, movido por una vana predicción sobre la cercanía del juicio final. De ahí también que mucha gente practique en privado tantas pequeñas supersticiones que no vale la pena nombrar. Todo deriva de que la luz de la verdad no arde en sus corazones.” (Esperando a Cristo, 21-XI-1840).

Lejos de ser patrimonio de los extraviados protestantes, tras el nefasto concilio Vaticano II el descarrío se extendió a dos puntas en jugada maestra del diablo, que hoy redobla con Francisco: por un lado hacia el demencial liberalismo que prefirió la autoridad en detrimento de la verdad, y por el otro hacia el sedevacantismo o el cismatismo (hoy también algunos hablan de “eclesiavacantismo”), que en nombre de la verdad se hizo su propia autoridad. Unos se liberan de la verdad, otros se liberan de la autoridad. Pero ¿son realmente libres? Claro, esto último no lo admitirán los que transitan por esos caminos, porque suelen dar sus argumentos basados en la autoridad de la Tradición. Pero su conducta no se condice en absoluto con la santidad de la Tradición y los ejemplos de quienes nos precedieron, llegando muchos grupos a caer en herejía, cisma o espíritu de secta sin advertirlo. Seguramente es exagerado afirmar de estas personas que “se saben pecadores impenitentes”, pero no lo es afirmar –porque lo hemos advertido-  que viven turbados en busca de una seguridad que les garantice que son de los pocos escogidos y aprobados por Dios, y esa falta de paz en que su alma afiebrada se debate se ve aliviada cuando se identifican con algún gurú o maestro que habla y escribe con contagiosa firmeza, seguridad y voz bien alta, a quien deciden seguir afanosamente. La solución a todos los miedos es entonces percibida, la garantía de la pureza adquirida, y libres de contaminación se sienten fuertes, potentes, implacables, invulnerables, aptos para pasar la escoba a toda impureza, a todo detrito, a todo rasgo, huella, señal o sombra de “herejía”, debilidad o flojera que creen ver en quienes los rodean o están más cercanos a ellos. El fariseísmo que impedía la manifestación mesiánica de Cristo sigue siendo impedimento para que Cristo se manifieste en sus almas siendo como Él es, verdadero, y no en la imagen soberbia, aparatosa y policíaca que imaginaron por entonces los fariseos del templo y que se adapta muy bien a las pretensiones “justicieras” de quienes olvidan siempre esta enseñanza divina: “Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón, y encontraréis reposo para vuestras vidas” (Mt. 11,29), y también que es Dios el vengador de los justos, y no nosotros mismos (cfr. Rom. 12,19).

EL SIMBOLISMO DE LA LEVADURA – MONS. JUAN STRAUBINGER






El Simbolismo de la Levadura, un estudio exegético sobre Mat. XIII, 33, por Mons. Straubinger


I

Todos los escrituristas, y especialmente los traductores de la Biblia, saben por experiencia que la terminología bíblica no siempre coincide con la moderna y que por eso una palabra hebrea o aramea, y mucho más un giro o modismo oriental, en su traducción verbal puede aparecer con un sentido distinto del que le daban los autores sagrados.

Sabido es, por ejemplo, que el término sapientia, tan frecuentemente usado en el Antiguo Testamento, no corresponde a lo que hoy día entendemos por sabiduría, como tampoco la necedad de los Libros Sapienciales se deja identificar con el significado profano que tiene en nuestro diccionario.

Semejante diferencia notamos en las palabras justo y justicia, que rebasan nuestro concepto de justicia y corresponden más bien al concepto cristiano de santidad. El término bíblico día del Señor es siempre el día del juicio, y no el Sábado o Domingo; lo cual es de mucha importancia para la interpretación de Apoc. I, 10[1]. En Mat. IV, 17, el Señor inicia su predicación pública exhortando a las multitudes a hacer penitencia (poenitentiam agite) lo que, por lo menos en castellano, no equivale al griego (metanoeite) que quiere decir: arrepentíos, pues penitencia tiene hoy más bien el sentido de ejercicios penosos para mortificar el cuerpo.

Basten estos pocos ejemplos para mostrar las dificultades con que choca la exégesis frente a las palabras modernas que han perdido su primitivo sentido y no corresponden más al sentido que tienen en la Biblia.

El mismo fenómeno aparece en los simbolismos bíblicos. ¡Cuántas veces compara el Salmista a Yahveh con una roca (cf. Sal. XVII, 3) para caracterizar la inconmovible fuerza de Dios y el seguro amparo de que gozan aquellos que en El confían! ¡Y cuán a menudo encontramos, en el Antiguo Testamento la copa como símbolo de la ira de Dios, o la figura del cuerno, que señala el poder de Dios o de una persona y la protección de sus clientes!

En el Nuevo Testamento es el Benedictus de Zacarías el que trae el antiguo concepto de cornu salutis (Luc. I, 69). Sin embargo, el hombre moderno difícilmente entiende tal simbolismo. Tampoco le es familiar el giro escudriñar los riñones, tan corriente en la Biblia, o ese otro: quitarle a uno el báculo de Pan.

II

Uno de los simbolismos más conocidos es el de la levadura, que Jesucristo usara en la parábola de Mat. XIII, 33Aparentemente hay unanimidad respecto de su sentido, tanto entre los exégetas antiguos como entre los modernos. Pero ¿no es posible que en esta misteriosa parábola se encierre un sentido más profundo de lo que comúnmente se le atribuye? ¿Tal vez un sentido que se funda en el simbolismo antiguo oriental de la levadura?

Empezamos por las explicaciones que dan a esta parábola las versiones españolas.

Nácar-Colunga (tercera edición) dice brevemente: "La parábola del fermento nos muestra la virtud del Reino, o sea de la gracia, para transformar el mundo y los hombres que creen".