lunes, 8 de febrero de 2016

COMENTARIOS ELEISON - EL PARÁSITO Y EL HUÉSPED - II



Número CDXLVII (447)
Febrero 7, 2016

EL PARÁSITO Y EL HUÉSPED – II

Mons. Williamson




Una madre leprosa será abandonada por algunos hijos.
Otros se acercarán demasiado, desprevenidos.

La semana pasada, estos “Comentarios” volvieron atrás en un campo minado defendiendo la posición de que todavía hay algo católico en lo que es la Iglesia Católica desde el Vaticano II. Esta posición es bastante disputada. Por ejemplo, por un lado los líderes actuales de la Fraternidad San Pío X actúan como si la Iglesia oficial en Roma fuera todavía tan católica que la FSSPX no pudiera existir sin su reconocimiento oficial. Por el otro lado, muchas almas que realmente tienen la fe católica repudian completamente la idea de que todavía quede algo católico en la “Iglesia” que ahora es dirigida por el “Papa” Francisco. Lo siguiente es sólo un intento de discernir que hay verdad en ambos lados.

La raíz del problema es el modernismo, enfermedad esencial del Vaticano II. El modernismo es necesariamente, por su misma naturaleza, un animal excepcionalmente resbaladizo. Esto, porque su principio básico está en adaptar el catolicismo al mundo moderno intrínsecamente anti católico. Así, Papas conciliares como Paulo VI y Benedicto XVI querían romper y no romper con la Tradición Católica. Para cualquier mente sana esto es imposible, porque es contradictorio. Pero ya que estos Papas fueron elegidos para corresponder al mundo moderno, ellos no tienen mentes sanas, sino que, en lugar de eso, tienen la contradicción de la realidad en su torrente sanguíneo. Y ya que ellos tuvieron casi 50 años para adecuar la Iglesia a su locura de arriba a abajo, entonces ha emergido una Iglesia tan diferente de la Iglesia preconciliar, que en realidad merece el nombre de Neoiglesia.

Es más, incluso donde la práctica católica preconciliar, como por ejemplo la Bendición con el Santísimo Sacramento, es mantenida en la Neoiglesia actual, el fundamento mental en el cual descansa en las cabezas de los que asisten es susceptible de ser cualquier cosa menos sólido, porque la doctrina de la Presencia Real es tanto Tradicional como no Tradicional, habiendo sido consagrada por sacerdotes puestos al día, los cuales son tanto sacerdotes como no sacerdotes. Ellos son sacerdotes si usted quiere, pero también y al mismo tiempo, son meros presidentes, si usted quiere. Lo que sea que usted sienta es lo verdadero, porque la mente se ha desprendido de la realidad objetiva. Se está nadando en hermosos sentimientos subjetivos sin darse cuenta de lo que se hace, porque todos (casi) lo hacen. Para cualquiera que tenga la Fe real, tal falta de objetividad, lejos de ser hermosa, es repugnante. No es de extrañar que estas almas repudien en su totalidad la Neoiglesia.


Pero si uno respeta la realidad, está obligado a admitir que todavía hay fe en la Neoiglesia. Un laico me dice que su padre ha asistido fervientemente al NOM durante los pasados 45 años y todavía tiene la fe. Un sacerdote me dice que recuerda a una laica presentándole al mismo Mons. Lefebvre las razones por las cuales ella necesitaba asistir al NOM, y él únicamente se encogió de hombros. Y puedo multiplicar estos testimonios que me han llegado acerca de la fe católica sobreviviendo la arremetida de todo lo que es erróneo en el NOM. La razón para que estos testimonios sean reales debe ser obvia: como algo esencial de la religión subjetiva y ambigua, el NOM puede ser lo que usted haga de ella. Un sacerdote puede celebrarlo “decentemente”, un católico puede asistir a él “devotamente”. Las comillas son para aplacar a los de línea dura que insistirán que con el NOM no puede haber ni verdadera decencia ni verdadera devoción; pero cuando dicen tales cosas, creo que están negando la realidad. Gracias a Dios, ¡Dios es juez! Sin duda que el NOM, tal como es, está socavando y erosionando la decencia y devoción católicas todo el tiempo; pero decir que hoy no queda nada en absoluto de esto en la Neoiglesia me parece una grosera exageración.


No que los líderes de la FSSPX estén en lo correcto al querer ser reincorporados en la Neoiglesia, lejos de eso. Las ovejas de ahí que aún no están infectadas por el subjetivismo están expuestas a ese terrible peligro, y tampoco los pastores son inmunes. ¡Ay de los obispos que dan lugar al subjetivismo dentro de la Iglesia Católica! Ellos cargan una responsabilidad tremenda.

Kyrie eleison