miércoles, 11 de febrero de 2015

¿QUÉ SIGNIFICA HOY SER CATÓLICO?




Pero ¿qué significa hoy ser católico?

Hoy día son católicos Casal Castell, Constancio Vigil, los que escriben la revista Orden Cristiano y por poco que me apuren hasta don Samuel Yankelevich y el Presidente Roosevelt.

La Iglesia no es actualmente, como fue en su principio, una pequeña sociedad cerrada, como una célula comunista, cuyos componentes se conocían mutuamente, obedecían estrictamente a una cabeza y cuando no cumplían eran puestos fuera de la comunión, excomulgados.

La palabra católico, así como muchas de las ceremonias y signos exteriores de la religión de Cristo, así como algunas de sus ideas fundamentales separadas del tronco total, así como toda su dogmática vaciada por dentro y vuelta mitología, se han convertido en bienes mostrencos de que cualquiera puede echar mano hoy día.

Este fenómeno viene del protestantismo, que con su principio del libre examen autorizó a cada quisque hacer de la religión mangas y capirotes al propio sabor y gusto. En tiempo de San Pablo ya existían lo que él llama los falsos hermanos —periculum in falsis fratribus. Pero en la forma y en la extensión de hoy, la situación es nueva. Sobre ese fenómeno que se puede llamar el desalambrado de la Iglesia, se está injertando la peor falsificación de la fe que han visto los siglos, análoga a la falsificación del cristianismo que hicieron Lutero, Calvino y Knox; pero esta vez de una sutileza y una potencia increíbles.

Conozcamos pues la situación de una buena vez: el Estado, que en el mundo moderno tiende a separarse de la nación (pese a todas sus proclamaciones de democracia) y a convertirse dentro de ella en un organismo parasitario, nido de tiranías, ha dejado en la Argentina de ser católico, aunque cuando le venga en gana haga política clerical, que es la falsificación de una política católica.

Y la prueba de que ha dejado de ser católico es que no se guía ya por los principios elementales de la moral católica en la producción de los actos mas solemnes y transcendentales de su función rectora; como es eminentemente una declaración de guerra. Las razones de la famosa proclama del general Farrel cuando entró triunfalmente en la guerra europea en favor del (que iba ganando) Derecho, Progreso y Civilización cristiana, eran, si ustedes recuerdan, de un amoralismo infantil. Pero las razones verdaderas, que estaban detrás de la proclama, eran más amorales todavía.

La única razón por la cual una nación puede aceptar el terrible flagelo de la guerra, es la justicia gravemente violada, con seguridad y no solo por conjetura, de hecho y no solo potencialmente, en el presente y no solo en el futuro, respecto de ella misma y no solo respecto de otras naciones, acerca de las cuales no tiene mandato de tutelaje.

Este principio se puede aceptar, o dejar de aceptar; pero el que lo deja, diga lo que quiera decir, no es católico.

Mis amigos, mientras quede algo por salvar; con calma, con paz, con prudencia, con reflexión, con firmeza, con imploración de la luz divina, hay que hacer lo que se pueda por salvarlo. Cuando ya no quede nada por salvar, siempre y todavía hay que salvar el alma.

(¿Que me importa a mí de vuestros cines, de vuestros
teatros, de vuestras fiestas, de vuestros homenajes, de
vuestras revistas, de vuestros diarios, de vuestras radios,
de vuestras milongas, de vuestras universidades, de vuestros
negocios, de vuestras politiquerías, de vuestros
amores, de vuestros discursos, oh rumiantes.
Oh rumiantes de diarios, empachados de cine y ebrios
de palabrerías?
Dentro de pocos años os espero en la Chacarita.)

Es muy posible que bajo la presión de las plagas que están cayendo sobre el mundo, y de esa nueva falsificación del catolicismo que aludí arriba, la contextura de la cristiandad occidental se siga deshaciendo en tal forma que dentro de poco no haya nada que hacer, para un verdadero cristiano, en el orden de la cosa pública.

Ahora, la voz de orden es atenerse al mensaje esencial del cristianismo: huir del mundo, creer en Cristo, hacer todo el bien que se pueda, desapegarse de las cosas criadas, guardarse de los falsos profetas, recordar la muerte. En una palabra, dar con la vida testimonio de la Verdad y desear la vuelta de Cristo.

En medio de este batifondo, tenemos que hacer nuestra salvación cuidadosamente, al modo que el artista con los materiales a su alrededor hace su obra, adentro de sí mismo primeramente. No hay nada que no pueda servir-, si uno es capaz de pisarlo, para hacer escala a Dios.

Por ejemplo, ayer he visto un compañero mío amenazado con diez años de cárcel, que dice que es inocente y yo creo que lo es. Mas él ha tomado su proceso ante todo como un medio de ir a Dios. Si lo absuelven, tanto mejor. Tiene mujer e hijos.

Es probable que la justicia argentina sea actualmente “una porquería” como dicen muchos que tienen de ella experiencia activa o pasiva. El aforismo de mi amigo: “es más peligroso caer en manos de la justicia argentina que ser criminal” es casi evidente. Un pobre tipo que conozco, condenado a doce años de prisión por un juez, fue declarado inocente por la Cámara de Apelaciones; pero entretanto había cumplido ya ocho anos de reclusión, que fue lo que duró el proceso.

Pero para un cristiano esto no es el problema, es solamente un problema. ¿Te han condenado siendo inocente? Si buenamente y no haciendo mal ninguno puedes escapar, escapa. Pero si no puedes, sepas que no hay ningún hombre inocente, no, ni siquiera el niño recién nacido. Desde luego, yo te compadezco y te amo, y haré por ti cuanto pueda. Si pudiera quedarme en el cautiverio en lugar tuyo como hizo Paulino de Nola, juro que lo haría con la gracia de Dios.

Los primeros cristianos no soñaban con reformar el sistema judicial del Imperio Romano, sino con todas sus fuerzas en ser capaces de enfrentarse a las fieras; y en contemplar con horror en el emperador Nerón el monstruoso poder del diablo sobre el hombre.

Ni con el juicio oral, ni con el juicio político, ni con la Suprema Corte van a curar nada, mientras los argentinos de hoy seamos lo que somos, esencialmente descangallados, mientras perdure el desorden y el histerismo actual y la gran maquinaria invisible de ese desorden y ese histerismo, vigilada celosamente por el Ángel de las Tinieblas.

Pero eso sí, que no pongan sobre esa maquinaria, ni sobre lo que es puramente terreno (como Sarmiento, Chapultepec y la democracia), que todo es mortal y contaminado, ni a la persona de Cristo, ni su Nombre, ni su Corazón, ni la imagen inviolable de la Mujer que fue su Madre. Con esto sí que no hay reconciliación. Contra esto hay guerra perpetua. Mientras yo tenga vida, mi función (y para eso me alimenta el pueblo cristiano) es luchar contra el error religioso, la mentira en el plano de lo sacro y el Padre de la Mentira. Sin eso, no puedo salvar mi alma, ni me es lícito dormir, ni comer siquiera.

Yo no sé de cierto si estamos o no cerca del fin del siglo, tal como estoy cierto que yo estoy cerca de dejar pronto este encantador Siglo Veinte. Pero lo sospecho. Y lo deseo. El fin del siglo es el retorno de Cristo. Para ver el retorno de Cristo vale la pena pagar la entrada.

Cristo anunció que esa entrada no sería barata. Pero que valía la pena.

Veni, Dómine Jesu.

Leonardo Castellani, S . J .

(Villa Devoto, 24 de Febrero de 1945).

(Decíamos ayer)

APUNTES DESDE LA TRINCHERA







Prosperidad

“Cuando un pueblo comienza a creer que la prosperidad es el premio de la virtud, es evidente que se aproxima una calamidad. Si se considera que la prosperidad y el éxito son la recompensa de la virtud, acabará por considerárselos como prueba y síntoma de la virtud” (G.K. Chesterton)
Parece que estas palabras reflejaran cada vez más lo que pasa en la Neo-FSSPX, con su política publicitaria a toda orquesta, exhibiendo estadísticas favorables de crecimiento, obras edilicias, videos promocionales, y todo esto envuelto en un clima de falsa simpatía, de sonriente cordialidad que mira hacia Roma, de palabras suaves y nada rudas ni chocantes. En fin, que se quiere mostrar todo ello como signo de la virtud que susbiste en la Neo-FSSPX y que ya no está en sus enemigos “desertores”. En definitiva, los liberales hunden cada vez más la congregación fundada por Mons. Lefebvre, llevándola cada vez más cerca de la calamidad anunciada por Chesterton en sus sabias palabras.


Presuntuosa Neo-FSSPX

Dentro de la grandilocuencia cada vez más desubicada de la Neo-FSSPX, nos ha llamado la atención una frase incluida en el video promocional del nuevo seminario de Virginia, en USA (a primera vista un “palacio de Disney”). Se dice allí: "Es el proyecto más importante de toda la Iglesia Católica". Casi nada, ¿verdad? La obra más importante de la Iglesia. Lo que encontramos allí es un orgullo presuntuoso por el que la Neo-FSSPX se ha hecho creer a sí misma –o quiere hacer creer a los demás- que gracias a ella y su nuevo y espectacular seminario va a salvar la Iglesia, pues el edificio “habla de Dios” y entonces cuanto más impactante el edificio, más santidad habrá e irradiará hacia afuera. El sentido “hollywoodense” de los yanquis, su amor por el “show” para impactar a las grandes multitudes, trasladado a una congregación religiosa quer ha perdido el Norte y de resistente que era a los males enquistados en la Iglesia ha devenido en su “Salvadora”. Escribió San Pablo: “Por tanto de buena gana me gloriaré en mis flaquezas, para que more en mí la virtud de Cristo” (2 Cor. 12,9). Lo de la Neo-FSSPX es lo contrario y se llama simplemente orgullo.


Más orgullo

Luego de escrito lo anterior, pudimos leer en un blog defensor de la Neo-FSSPX, el comentario de un lector que suscribe la línea editorial (por llamar de alguna manera la lisonjera publicidad que desde allí brota en tosco formato periodístico) del mismo. Dice este fraternitario que El obstáculo (katejon) es Lefebvre y su Fraternidad. Nada menos. Al traste con todas las interpretaciones de los Santos Padres y los teólogos destacados. Y al traste entonces con la FSSPX, porque si al fin el katejon va a ser retirado para que aparezca el Anticristo, toda esa grandilocuente propaganda exitosa que hacen de la Neo-FSSPX es al ñudo, ¿no les parece?



Estilos

El 25 de enero de 1959 Juan XXIII decía, cuando anunciaba la convocatoria del concilio, unas palabras que serían desde entonces muy recordadas: “Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia”, infausta frase que ha servido de muletilla a cuanto liberal, modernista o zurdo que quería aggiornar la Iglesia y hacerla ir tras del mundo moderno, para justificar la transformación o falsificación de la Iglesia, pues esta debía ponerse a punto con los cambios y la evolución del mundo y dejar entrar “el aire puro y “fresco” que vendría “desde afuera”, es decir, del mundo moderno.
Recordamos también que en una de nuestras columnas desde esta misma trinchera, trajimos a colación el comentario algo jactancioso de Mons. Fellay cuando decía que los conciliares le habían abierto la puerta al mundo y había entrado una tormenta, la cual había destruido todo, mientras en la Fraternidad no. Y a continuación el mismo Mons. Fellay había insistido una y otra vez en asegurar que había que dejar las “puertas abiertas” con los romanos conciliares, obteniendo a cambio su correspondiente destrozo doméstico.
Es interesante el uso de esta expresión tan gráfica que justificaría un “bien” ubicado afuera, un bien que sólo estaba esperando que le facilitaran el acceso para entrar a repartir su influencia bienhechora. Eugenio d’Ors la utilizaba para referirse al impresionismo en el arte: “El impresionismo había ‘abierto las ventanas’ al aire libre, a la naturaleza, a su fluir incesante” (Pablo Picasso, Aguilar Ed., Madrid), estilo al que calificaba de “estilo de plumaje, estilo de ilusión, estilo de movimiento, estilo de la intensidad y de la frescura o impresionismo; canto del cisne romántico” (Cezanne, Aguilar Ed., Madrid). También habla en la misma obra del “Carnaval impresionista”, que porta en sí “indolencia y sensualidad, colores y voluptuosidad del color, sugestiones fáciles, amables impresiciones, una atmósfera que hurta cualquier debilidad del contorno, el juego de las apariencias en sustitución al arduo trabajo de la construcción, un subjetivismo frívolo, escamoteando el difícil conocimiento de los objetos y, con menosprecio de la madurez clásica, de cuanto es acabado y perfecto en la realización, el culto ardiente de la improvisación del instinto, del boceto, del croquis…y encima el placer y el sol, y el aire libre, y la dulce feminidad, y el equívoco desnudo y el medio-desnudo, más equívoco aún: todo esto llenando, desbordando, espumeando, durante un cuarto de siglo de arte y de exposiciones de arte”. Pedía luego d’Ors “pasar a la Cuaresma, antes de la Pascua del equilibrio”. Pero esto no se verificó, sino que más bien la enfermedad del subjetivismo afiebrado y femenil tornó cada vez en mayor medida hacia la abstracción, con los puentes surrealistas, fauvistas y cubistas en el medio y el desquicio aportado a Europa por la derrota mundial de la reacción en la segunda gran guerra, consecuencia de la cual el liberalismo degradante de las formas creció hasta tomar cuerpo en la fatídica década del ’60, cuando ya todas las formas artísticas con la tardía inclusión del cine y ya el surgimiento masivo de la televisión, resolvieron sumergirse en el desborde sensual que deploraba toda herencia o tradición recibida. Lo mismo aconteció con la Iglesia en esa década con el concilio Vaticano II y su “apertura de ventanas” que terminaría en un humanismo que, según confesión del mismo Paulo VI, tendría como centro al hombre.
Contra la sencilla afirmación de que el estilo barroco fue sin más una consecuencia de la Contra-Reforma, d’Ors prefiere enseñar que “en la dialéctica universal, si bien todo producto es signo, ningún signo agota el contenido auténtico de un colectivo estado de conciencia. Azar y necesidad histórica se entremezclan así en combinaciones tan sutiles que la misma crítica probabilista de un Cournot pierde entre ellas el oremus”. Cuán premeditado es el estilo del Vaticano II o el espíritu modernista en su despliegue post-conciliar, o influido primariamente por este mundo moderno con su estilo febrilmente movedizo, ambiguo y decadente, no puede quizás decirse. Pero en todo caso está claro que este intercambio fue facilitado y elevado por el concilio en el cual podría decirse que la Iglesia adoptó el estilo impresionista que halaga a las masas y les quita toda precisa delimitación y fijeza en su mirada, y por lo tanto definición. Los papas como Juan Pablo II o ahora Francisco son coherentes en su participación dócil a la corriente del estilo que conforme abandona la sumisión a la Tradición, busca ser del todo innovador y “original”, sometido a los vientos del mundo o la naturaleza sin la gracia. El estilo contradictorio de Benedicto XVI, en cambio, que sostuvo cierta apariencia tradicional con una doctrina moderna, no podría sino decirse que era de por sí contradictorio y absolutamente inauténtico, pues quería representar ante el mundo un modo de conciliación sin el espíritu verdaderamente tradicional que le diese vida a su estilo. Así acabó estrellándose ante la realidad: o se era modernista en todo, o se era de la tradición completamente. Hoy Francisco ha retomado la corriente vertiginosa del modernismo post-impresionista que deviene en Carnaval y no sólo metafóricamente (hay por lo menos una comparsa en un carnaval de Argentina que representó al mismo Francisco y su Nueva Iglesia). La degradación populachera alcanza así estatus de prestigio (la Misa Criolla en San Pedro, pero, ¿no se exhiben hoy toda clase de atrocidades en los museos?). Hoy el signo de identidad que ha llegado con Francisco es el estilo de la fealdad en la obra de Marc Chagall (Moishe Segal, 1887-1985), cuyas pinturas aparecen recurrentemente ilustrando el l’Osservatore Romano y a quien el mismo Cardenal Bergoglio dedicara sus más cálidos elogios. El mismo Francisco manifiesta su adscripción a este “estilo de movimiento” desbordante que no soporta  “cuanto es acabado” y tiene “el culto ardiente de la improvisación”: “Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la “seguridad” doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva.» (Entrevista publicada en la revista Études, del 19 de septiembre de 2013). Y podemos leer la confirmación de esto que afirmamos en un reciente artículo de Le sel de la terre: “Adulado por los medios de comunicación por su lenguaje y sus gestos no conformistas, Francisco es juzgado como fino político por unos, mientras que otros ven en él a un peligroso iconoclasta que borra las líneas”.
¿Quizá pueda decirse que estos hombres que coparon la Iglesia buscan llevar a los católicos al estadio estético –donde en principio son formados por los Estados que han apostatado-, y en consecuencia les brindan pontificados para fieles “achiquilinados”, que viven sus vidas independientes de su libre albedrío, dominados por las impresiones y los “gestos” mediáticos ante audiencias multitudinarias? El peligroso iconoclasta y el fino político pueden darse la mano y entenderse hoy perfectamente. El simbolismo esotérico masónico no desdice de la impronta aduladora y frívola de los jerarcas de turno. Pero lo que sí podemos afirmar es que lo primero que debe hacerse ante tan colosal desmadre, es lo contrario de lo que han hecho Francisco y los papas conciliares, lo contrario de lo que ha hecho Mons. Fellay, esto es: debemos cerrar las puertas y las ventanas. Ahora bien, ¿para escondernos? No, no para quedarnos a oscuras, sino para –como pedía d’Ors y no se hizo- se encendiese una luz eterna. Para no claudicar ante la engañosa luz del mundo, sino para, portadores de “la Luz que vino a este mundo”, un mundo que no la quiso recibir, ser capaces de alumbrar desde un punto fijo, ya sea desde el ascetismo del guardarse en la oración del claustro, ya el de darse –atado al mástil de la cruz y la oración- en el apostolado sobre las aguas tumultuosas del mundo.  


“Soy tan católico como tú”

Quizás en esta expresión se encierre todo el problema del Sínodo sobre las Familias de la iglesia conciliar. En ese afán igualitario que el mundo quiere imponerle, todo aquel que entra a una iglesia debe ser capaz de decir al que tenga a su lado “Soy tan católico como tú”, es decir, “soy tan buen católico como tú” y por eso comulgo. ¿Por qué sino la insistencia con que se pretende dejar comulgar a los adúlteros, quienes precisamente no se caracterizan por llevar una vida devota? ¿En nombre de qué reclaman éstos el derecho a comulgar como hacen todos los demás? Si tanto aman la Eucaristía, ¿por qué no la reciben de rodillas y en la boca? Pero todas estas cuestiones no son de interés para esta gente que nunca pisa una iglesia y no cree verdaderamente, pues extraviados, quieren que la Iglesia acepte su extravío, en vez de asumir sus culpas y aceptar la misericordia de Dios que se les ofrece mediando la contrición y el apartamiento de las situaciones de pecado. Pero vemos en esa insistencia de querer pasar por encima de la ley evangélica y eclesiástica, un no asumido resentimiento hacia los que sí pueden recibir la comunión, como si se tratase de ciudadanos de primera y de segunda categoría. Indudablemente que los que cumplen la ley son una cosa, y los que la infringen son otra. Pero el igualitarismo democrático esto no lo tolera, pues debe ser “inclusivo”. La envidia de los segundos –estimulada por muchos años de regímenes democráticos igualitaristas- no los lleva, claro está, a imitar la virtud que podría caracterizar a los primeros –en caso de que esto fuese así-. Como en la parábola del hijo pródigo, pero al revés, es el hijo perdido que vuelve sin arrepentirse de nada, con las manos llenas de lodo y en mala compañía, desafiando a su Padre porque “soy tan católico como mi hermano” y queriendo vivir bajo el mismo techo pero conservando algunas prácticas desquiciadas adquiridas fuera de la casa paterna.
Para el igualitarismo nadie puede ser preferido de Dios, y aunque los Santos fueron sus mejores amigos, eso es historia antigua, hoy Dios nos acepta así como somos, aunque seamos homosexuales, divorciados vueltos a casar o lo que fuere. Eso sí: nada de ser corruptos, como dijo Francisco. Claro que de esta manera ya no habrá incentivos para ser mejores, no habrá santos que emular, pues los santos que se proponen como modelos son personas como todos, que no rechazan el mundo, abiertos, dialogantes, tolerantes y ecuménicos.
El único lugar donde todos son católicos es el Cielo. El día que el mundo pretenda esto, será en la nueva religión mundial bajo el reinado del Anticristo, preparada por la religión romana conciliar que abre sus puertas para todos los que dicen “soy tan católico como tú”, aunque los que digan esto en verdad no se lo crean, y sepan que están tratando de engañar al mundo, pero nunca podrán engañar a Dios.





domingo, 8 de febrero de 2015

IGLESIA CATÓLICA E IGLESIA CONCILIAR: TRIGO Y CIZAÑA


“La Iglesia que ha sido conmigo falsa e inmisericorde NO ES LA MISMA que la Iglesia en la cual permanezco. Yo permanezco en el ideal evangélico, en comunión por tanto con todos los que hoy día abrazan de hecho el Evangelio. También me ha hecho grandes bienes la Iglesia; sí, la Compañía de Jesús.

La Iglesia que se equivocó conmigo (aun humanamente hablando) es la burocracia impersonal de los malos pastores; la Iglesia a la cual sigo amando y perteneciendo es la Iglesia personal y viviente de los que aún tienen fe, y viven su fe en la caridad. Las dos están unidas (siempre lo han estado, trigo y cizaña) pero son opuestas en sí mismas; mas no podemos separarlas nosotros, pues según Nuestro Señor, las separarán los “Segadores”, en el tiempo de la “Siega”, que opino no está ya muy lejos.

(...)

El mismo caso de Cristo con la Sinagoga. Cristo no se salió de la Sinagoga (la Sinagoga lo arrojó) porque ella era la depositaria no practicante de la Fe y de la Ley verdadera. Luchó dentro de ella hasta la muerte contra los abusadores de la Ley –los fariseos-. Si Cristo por despecho se hubiese hecho saduceo, herodiano o gentil, les hubiese dado un placer fantástico a sus encarnizados enemigos.

Creo que yo les daría una alegría a algunos malos jesuitas, (los hay buenos, quiero decir, hay gente buena no poca, incluso dentro de los jesuitas) si ahora agarro y me vuelvo protestante, como el difunto Padre Anzoátegui, escandalizado por su conducta y resentido por los daños que me han infligido. Esa es justamente mi más grave tentación –y el mayor daño que me han infligido-. Pero yo conozco que es TENTACIÓN.

Hay que “sufrir tentación” en esta vida (…) no solamente por la Iglesia sino también por parte de la Iglesia.

Pero esta es una respuesta escrita en “protestante”; es también una respuesta “prepotenta”, y un si es no es sublime. ¡Compararse con Jesucristo! Sin embargo, el Evangelio, San Pablo y Tomás de Kempis, nos imponen la obligación de compararnos constantemente con Jesucristo; y en eso consiste el ser cristiano. ¡Tremenda obligación! No me extraña que tantos la hayan abnegado hoy día, continuando llamándose y creyéndose cristianos, pero sin compararse con Jesucristo, poco o nada”.





R.P. Leonardo Castellani,
“Ideal comunista o ideal cristiano”
 en “Las ideas de mi tío el cura”, 
Editorial Excalibur, 1984.



viernes, 6 de febrero de 2015

COMENTARIOS ELEISON - EL PENSAR DE LA NEOFRATERNIDAD I




Número CCCXCV (395)
07 de febrero de 2015

El Pensar de la Neofraternidad – I

Mons. Williamson



Cuando el Padre Pfluger habla, ¿qué escuchamos?
La religión del hombre, el Concilio, alto y claro.

Hacia finales del año pasado, el segundo al mando de la Neofraternidad San Pío X, el Padre Niklaus Pfluger, dio una entrevista a una revista de la Neofraternidad en Alemania, Der Gerade Weg, en la cual contestó siete preguntas en torno a la Iglesia, la Tradición, la “Resistencia” y la ExFSPX. Dada la importancia de su cargo, su pensar no puede dejar de ser de interés. Sus líneas principales se presentan aquí abajo, y luego su falla principal.

La Iglesia Católica es amplia, mucho más amplia que solamente el movimiento Tradicional. Este movimiento comenzó en la década de 1970 como una reacción comprensible de los Católicos que se quedaron sin hogar por la revolución Conciliar, pero nunca haremos que la Tradición sea atractiva o convincente si nos quedamos mentalmente estancados en las décadas de 1950 o 1970. La Tradición Católica es un vasto tesoro que no debe confinarse dentro de las condenaciones de rutina en los siglos 19no y 20mo, al modernismo, liberalismo y Masonería. En las décadas de 1970 y 1980 la FSPX actuó, sí, como un bote salvavidas para las almas que se ahogaban, pero en el 2014 “nuestro tiempo es diferente, no podemos inmovilizarnos”. La Tradición de la Iglesia es una, pero las tradiciones son muchas, y mucho de lo que es moderno no es inmoral.

Por consiguiente “nosotros debemos re-posicionarnos continuamente” en algún punto entre afirmar que no haya para nada una crisis de modernismo en la Iglesia, y negar la realidad de la Iglesia como lo hace la “Resistencia”. Ellos en la “Resistencia” hacen de un problema puramente práctico el re-posicionamiento una cuestión de fe, pero esa “fe” es una invención propia de ellos, subjetiva, personal y en extrema negación de la realidad – ¿cómo puede Roma no ser Católica? ¿Cómo puede ser Monseñor Fellay el Enemigo Número Uno? ¡Ridículo! La “Resistencia” es sectaria, de mente estrecha, de espíritu maligno y divisiva.

En cuanto al Cuartel General de la FSPX habiendo traicionado en el 2012 a la Tradición, sus acciones fueron atacadas por ambos lados, lo que significa que actuó con razonable moderación. Sus textos no fueron dogmáticos, simplemente respondieron a las circunstancias. Sí, se apartaron de las decisiones del Capítulo General del 2006, pero ¿quién en ese entonces hubiera imaginado cuanto menos agresiva hacia la FSPX devendría Roma por el 2012? ¡En el 2014 nuestros tres obispos pudieron celebrar Misas públicas en la Basílica de Lourdes!

Breve, la FSPX sigue al Espíritu, Ella se inspira en la Tradición. Ella salvó la liturgia (gracias a Monseñor Lefebvre). Ella no es ni monopolizadora ni está desunida o vencida como pueda parecerlo. Las tormentas en la Iglesia sí, continúan, pero ¡abajo con teorías conspiracionistas y Apocalipticismo y arriba con fe, esperanza y una nueva juventud! (Ver http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2015/01/entrevista-completa-al-p-pfluger.html para una traducción al español; ver francefidele.org para el original en alemán y una traducción al francés.)

Entonces ¿dónde está la falla en el pensar del Padre Pfluger? Se lo ve más claramente en el primer párrafo arriba, donde él sugiere que la Tradición puede prosperar fuera de “las condenaciones en los siglos 19no y 20mo, al modernismo, liberalismo y Masonería”. Para el Padre Pfluger, como para todos los liberales, estas condenaciones no son parte integrante de la Fe católica sino meramente “anclajes sustanciales” (expresión propia del Cardenal Ratzinger) que, en una época diferente, la Barca de la Iglesia puede dejar atrás como ya no correspondiendo más a las circunstancias diferentes. Por consiguiente, si el Padre Pfluger no tiene una fe diferente a la de Monseñor Lefebvre, Pío IX, San Pío X, Pío XII, etc., él ciertamente tiene un concepto diferente de esa Fe, y ese co ncepto diferente subyace en todas sus observaciones en la entrevista citada.

En consecuencia, el problema es mucho más que simplemente un “re-posicionamiento práctico”. La Roma de hoy en día ciertamente no es católica. Monseñor Fellay es un problema enorme. El Capítulo General del 2006 fue implícitamente dogmático. La Tradición no debe hacerse atractiva a los hombres sino quedarse fiel a Dios (mencionado una sóla vez, al pasar, en la entrevista). La “Resistencia” está lejos de crear su propia “fe”. Etcétera, etcétera . . .

Kyrie eleison.



“SAN ROMERO DE AMÉRICA"




por THOMAS MC IAN
Revista Cabildo 2da. Época N° 65 Junio de 1983.


Monseñor Oscar Arnulfo ROMERO y GALDAMEZ, n. 1917, obispo de Santiago de María, fue nombrado arzobispo de San Salvador el 2-2- 77, y el 22 del mismo mes tomó po­sesión de su catedral, en la que sería asesinado el lunes 24 de mar­zo de 1980.
En 1979, el parlamento inglés lo propone para el premio Nobel de la Paz. El 2 de febrero de 1980 reci­be el doctorado honoris causa en la universidad de Lovaina. Igual doctorado le conferiría la univer­sidad de Georgetown por su “relevante lucha en favor de los de­rechos del hombre’.
El padre Francou describe así su participación en el golpe de oc­tubre de 1979:
“Apoyado por sus conseje­ros y amigos, religiosos y uni­versitarios de la universidad Simón Canas, intervino, cier­tamente, de alguna manera, en la formación del nuevo gobier­no y, especialmente, en la PARTICIPACION en él de ELEMENTOS CRISTIANOS REVOLUCIONARIOS DE IZQUIERDA”.
El 16-8-79 había declarado que “la injusticia social y la opresión en el país es lo que provoca la violencia”. O sea: la violencia de arriba causa la violencia de abajo.
El 29-1-80, en una entrevista a France-Presse, justifica la guerrilla en su país:
‘Vivimos en un período preinsurreccional y la moral de la Iglesia justifica la insurrección cuando todos los medios pacíficos se agotan”.
Llamaba “organizaciones populares” a los grupos marxistas. En su homilía del 20-1-80 juzga "positiva” su unión, para “realizar una vasta y poderosa unidad de las fuerzas revolucionarias y democráticas que harán posible hacer reinar en nuestra patria la democracia y la justicia social”. (!)
Para su ideal de bien común, baste esta frase:
‘‘Un pueblo debe ser el artífice de su propia sociedad: sois vosotros quienes debéis daros la sociedad que deseáis, democrática, SOCIALISTA O COMUNISTA”.
El 26-3-80, O Estado de Sao Paulo publica la entrevista que concedió tres días antes de su muerte al periodista José María Mayrink:
• ‘‘La IZQUIERDA NO ES EL ENEMIGO, sino sólo un AMIGO (!) resentido”.
• ‘‘La VIOLENCIA es una especie de operación quirúrgica, para que el enfermo sane antes. La Iglesia admite la violencia cuando no hay otro camino, pero es necesario que sea sólo un tránsito”.
En julio de 1979 alabó la toma del poder del sandinismo en Nicaragua. En sus últimos tiempos, el canciller sandicomunista Miguel D’Escoto Brockmann —sacerdote de Maryknoll— le había ofrecido asilo político. Por ello dirá en la entrevista a Mayrink:
"En Nicaragua el movimiento violento se traduce hoy en un esfuerzo de paz no violento. La Iglesia ha estado presente, el pueblo estaba unido y se debe dar gracias a Somoza por esta unidad pues encarnaba él solo la injusticia. Aquí no hay un hombre, pero sí un sistema. El motivo de la lucha, sin embargo, es el mismo: la justicia social”.
El 17-2-80 lee en la catedral su carta el presidente Cárter contra la ayuda militar de EE.UU. que "reforzaría sin ninguna duda la injusticia y la represión contra el PUEBLO ORGANIZADO que, numerosas veces, ha luchado para que sean respetados sus derechos humanos más fundamentales...”.
O sea: la guerrilla marxista es el “pueblo organizado”, que lucha contra “un sistema” por la ‘‘justicia social”.
Y- en su última homilía del 23-3- 80 veía una “esperanza, una solución" en la Coordinadora de masas de grupos marxistas...
Un mes antes, del 21-2 al l°-3-80 participa en San Pablo en un conventículo marxista: el autodenominado "Congreso Internacional Ecuménico de Teología”, que cuenta con la presencia de guerrilleros sandinistas. Allí expone sobre “Factores de vitalidad y de estancamiento de la Iglesia en un continente creyente y OPRIMIDO”. (!)

EL “MARTIR”

Después del asesinato de monseñor Romero, el Comité Coordinador Popular Revolucionario decreta un corte de luz en todo el país, ordenando que al realizarlo sus miembros levantaran el puño izquierdo y gritaran: “Monseñor Romero, hasta la victoria siempre”. Una consigna izquierdista por un camarada caído.
“Monseñor Rivera y Damas, su sucesor, me dijo: Durante los ocho días que precedieron a sus funerales, los grupos revolucionarios se apoderaron de su cadáver ’ ”.
Y agrega el padre Francou, que trae ese testimonio:
“De hecho, quisieron valerse de él para sublevar al pueblo. Los guerrilleros armados entraban y salían de la catedral; se encontraban allí como en su casa”.
A un año de su muerte, en marzo de 1981, monseñor Freddy DELGADO ACEVEDO, secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador, diría en Londres: “que el asesinado arzobispo había sido UN INSTRUMENTO INCONSCIENTE DE LOS MARXISTAS, aunque no diría que monseñor Romero había colaborado con ellos”.
De hecho, algunas "comunidades de base” han escrito al Papa para exigirle su canonización. Y monseñor CASALDALIGA —el obispo brasileño de la hoz y el martillo— lo llama en un poema “San Romero de América”.
Si bien el ex-embajador yanqui Robert White afirma que el mayor Roberto D’Aubuisson es el responsable moral de la muerte de monseñor Romero, no debe olvidarse que la izquierda de El Salvador carecía de un líder, un Sandino, tras el cual aglutinar los movimientos de masa. Si el “cui prodest” aún tiene sentido, su muerte benefició en un 100 % a los fines de la guerrilla que inundó las calles con el slogan “monseñor del pueblo”. El día del sepelio, la escalada del terror produjo un baño de sangre y a partir de entonces la violencia adquirió un grado cualitativo.

EL SUCESOR DE MONSEÑOR ROMERO

Monseñor Arturo RIVERA Y DAMAS, ex obispo de Santiago de María, asumió el 11-4-80 como administrador apostólico y en marzo de 1983 fue nombrado arzobispo de San Salvador (cfr. L’Oss. Rom. 6-3-83).
Exhorta al cese de la violencia, pretendiendo conservar una actitud de “equilibrio” (?): contra la ayuda norteamericana y aparentemente también contra la guerrilla. Pero no alienta a quienes combaten a los marxistas, ni condena abiertamente la agresión comunista. Aunque es cierto que en marzo de 1982 desautorizó como no proveniente del arzobispado al “Socorro Jurídico Cristiano", un grupo católico-izquierdista de defensa de los derechos humanos, que fundara monseñor Romero, y que sólo contabiliza los asesinatos de la derecha.
Contra Goliat: A fines de septiembre de 1980, en una corta pastoral habla de la “infiltración insidiosa del comunismo internacional” y pide a sacerdotes y religiosas “renunciar a militar en los partidos políticos”.
Reconoce —refiere el P. Francou— que “la guerrilla no cuenta, ni mucho menos, con la adhesión de las masas campesinas”. Y el 5- 3-81 declara que la guerrilla ha causado más daños que la derecha: frente a 6.000 desplazados por el ejército y la derecha, 50.000 refugiados por causa de la guerrilla.
Pero también contra David: En diciembre de 1980:
“En los casi cuatro años de persecución que sufre la Iglesia, ha sido evidente que la mayoría de los hechos persecutorios contra la Iglesia los han realizado miembros de los cuerpos de seguridad y organismos paramilitares”... “Exigimos del gobierno de Estados Unidos, como lo pidió en un gesto profético nuestro arzobispo MARTIR, monseñor Romero, que no proporcione ninguna ayuda militar a nuestro gobierno. En verdad, a pesar de las declaraciones acerca de sus objetivos, la ayuda militar facilita la represión del pueblo y la persecución de la Iglesia’.
Y luego le escribe una carta al senador Kennedy para que se oponga a la ayuda militar. Finalmente, el 21-3-82 pedirá la liberación de TODOS los presos políticos.
Ironías de la historia: en 1977, el gobierno prefirió para arzobispo de San Salvador a monseñor Romero, en lugar de monseñor Rivera y Damas, cuyo “nombramiento el gobierno militar lo había vetado por juzgarlo demasiado progresista” (P. Francou).
El hecho cierto es que monseñor Romero lo señaló una vez como su mejor amigo. Y el 23-4-80, monseñor Rivera y Damas pedirá que la Iglesia proclame rápidamente a monseñor Romero “MARTIR DE LA FE” (?)

COLOFON

El obispo de San Vicente, monseñor Pedro Arnoldo APARICIO Y QUINTANILLA, representa en la Iglesia de El Salvador la voz clara y valiente del anticomunismo y de la sensatez católica. Ya vimos su amenaza de excomunión a los miembros de la CONIP, y su valentía al declarar que la guerrilla fue quien eliminó a por lo menos la mitad de los sacerdotes asesinados.
Ante la logomaquia de “San Romero de América” o de monseñor Rivera y Damas, ¡qué respiro poder leer sus pastorales, donde se llama al pan pan y al vino vino: “Debería establecerse una barrera en torno a mi país e impedir la entrada de las armas que llegan de Rusia...”!

Nota de Syllabus: Treinta años después de la crónica, finalmente el marxista Mons. Oscar Arnulfo Romero será “beatificado” por la Iglesia oficial, mientras es Rusia quien resiste al Nuevo Orden Mundial motorizado por el Vaticano.  

  


miércoles, 4 de febrero de 2015

R.P. JEAN MICHEL FAURE.- SERMÓN DOMINGO TERCERO DESPUÉS DE EPIFANÍA.


ÉSTA ES LA IGLESIA DE FRANCISCO


Los astros se horrorizaron esa vez




¿Quién podría reconocer hoy a la Iglesia en las palabras de aquella constitución dogmática del Concilio Vaticano I, que dicen ser ella «como una bandera levantada para las naciones, [que] no sólo invita a sí a los que todavía no han creído sino que da a sus hijos la certeza de que la fe que profesan se apoya en fundamento firmísimo» (Dz 1794), cuando la misma Jerarquía insta a los infieles a mantenerse en sus falsas creencias y a sus hijos les ofrece una enseñanza mudable y tornadiza, ajena al Magisterio perenne?Extemporáneas se dirían aquellas palabras (o alusivas a otra Iglesia, portadora de sus cuatro notas hoy irreconocibles) que afirman que a ella sola «pertenecen todas aquellas cosas, tantas y tan maravillosas, que han sido divinamente dispuestas para la evidente credibilidad de la fe cristiana. Es más, la Iglesia por sí misma, es decir, por su admirable propagación, eximia santidad e inexhausta fecundidad en toda suerte de bienes, por su unidad católica y su invicta estabilidad, es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y testimonio irrefragable de su divina legación». Ciento cuarenta años atrás los padres conciliares hablaban decididamente otro idioma: el de la fe.

Apenas como una muestra del efecto que la apostasía provoca en las costumbres, ahí está la denuncia del fiscal del tribunal del Vaticano, Gian Piero Milano, acerca de que las blasonadas transparencia y reforma francisquistas han dejado el ominoso saldo de un aumento de las prácticas delictivas muros adentro del pequeño Estado. Con menos de 800 habitantes entre cardenales, nuncios, sacerdotes y guardias suizos, en 2014 se abrieron dos investigaciones por tenencia de material pornográfico de menores, a la vez que se advierte un aumento de la criminalidad financiera y del tráfico de drogas (hemos tratado aquí el caso, pronto silenciado por los medios, de la carga de cocaína en el auto del secretario del cardenal Mejía). Lodazal, que no fons signatus. El estatuto monárquico de la Iglesia trocado en una caquistocracia de hecho, y ésta comandada por un bufón cuya elección se deduce fraudulenta, a juzgar por el vejamen en que se incurrió contra la Universi Dominici Gregis, la constitución apostólica que regula los términos del cónclave.

Entre los dos polos del cinismo y la hipocresía: así naufraga la nueva Iglesia. Cinismo como el del cardenal de peluca y prefecto de los Institutos de Vida Consagrada, João Braz de Aviz, que dedica a los frailes de la devastada orden de los Franciscanos de la Inmaculada sendos documentos en los que los alienta -perífrasis fatigada por diezmilésima vez- a reconocer los "signos de los tiempos", de los negros tiempos que corren. A rendirse, en una palabra, tomando sobre un total de 84 notas (al menos en el segundo de los documentos en cuestión, que el primero arroja similares cifras), 73 del magisterio volátil de Francisco, entre la Evangelii gaudium, fragmentos de homilías, la explosiva entrevista con Antonio Spadaro, etc. De las restantes notas, dos son de Benedicto XVI, dos de Juan Pablo II, dos de la Congregación que dirige el mismísimo peluquín y otras dos de san Ambrosio, sin la más mínima alusión a algún texto magisterial anterior al Vaticano II. Es seguramente una manera de actualizar aquella insistente enseñanza de Francisco acerca del «salir la Iglesia de sí misma», en la más cruda acepción de "tirar por la borda" la propia identidad. Ya lo supo san Gregorio Magno: «de dos maneras podemos salir de nosotros mismos. La primera es cuando nos zambullimos en pensamientos rastreros. La otra cuando nos sublimamos por la gracia de la contemplación. Así el que apacentaba puercos se rebajó a la divagación del espíritu y a la impureza, mientras que el otro [Pedro, cfr Act 12, 7ss.], a quien el ángel rompió las cadenas que lo amarraban -llevado y arrebatado por el espíritu-, fue levantado sobre sí». La equivocidad de la enseñanza post-conciliar, ya con cincuenta años de experiencia, se vuelve diáfana por la evidencia de sus definitivos efectos: «salir de sí mismo» significa para éstos revolcarse en el cieno, teniendo a los cerdos por confidentes de su desgracia.


La paz con el dragón, el último sapo
que nos quiere hacer tragar Francisco.


Hipocresía, decíamos, porque últimamente no le han faltado ocasiones a Francisco para llamar en auxilio de sus entuertos a los santos de otras edades, haciéndolos garantes de los mismos. Hace poco más de un mes manoteó el santo recuerdo del papa Pío XII para avalar su proverbial laxismo en relación con las disposiciones para comulgar (esta vez en lo relativo al ayuno). Ahora se sirve convocar a una jornada de oración mundial por la paz para el día que se cumplan los 500 años del natalicio de santa Teresa de Jesús. «Se va a comunicar a todas las conferencias episcopales para que a lo largo de ese día, después de que el Papa haya comenzado la oración, todo el mundo, incluidos miembros de otras religiones, puedan unirse a ella durante una hora de silencio, al estilo teresiano», informaron con lacónica desvergüenza los divulgadores. Sinceramente, preferimos que Bergoglio omita toda mención a los santos de la Iglesia y continúe ensalzando en cambio a sus Romero, sus Angelelli, sus Arrupe, ya que lo suyo es como de un anti-Midas: lo que toca lo vuelve barro.

Pero no hay razón ¡ay! para creer esto posible. El universalismo católico, tal como lo concibe el Neopapa, supone -después de la razonable purga de los refractarios- sentar en una misma mesa a los opuestos. Ya lo sugiere la tenebrosa alegoría del dragón bueno, con un mediador entre éste y los hombres llamado Pedro, según el cuento ilustrado que se distribuye a instancias del proyecto Scholas Occurrentes, creado por Bergoglio y financiado por entidades de dudosa catadura moral. Un cielo que se confunde con la tierra, la aspiración celestial trocada en roznidos. Astronomía -llamémosla así para el vulgo, para las muchedumbres descristianizadas- que no es sino gastronomía.