jueves, 2 de mayo de 2013

CARTA SOBRE LA OBEDIENCIA – PADRE CASTELLANI


Comentario previo:

La siguiente carta, escrita junto con otras por el Padre Castellani en 1946, fue dirigida a los profesos jesuitas de la Argentina. Como informan los editores que las incluyen en el excelente libro “Cristo y los fariseos” (Ediciones Jauja, 1999), las mismas fueron consideradas “sediciosas” y “Castellani manifestó su voluntad de publicarlas para que se viese que no eran tales.”

Consideramos de suma importancia aprovecharnos de la sapiencia dolorida del gran sacerdote y escritor argentino, quien en un combate atroz contra el Fariseísmo –y ése es el tema destacado y central del libro, dejar en claro que el principal combate de Cristo N. S. fue contra los fariseos y si esto no se entiende no se entiende nada de su vida ni de su muerte- supo discernir como muy pocos en qué momento la obediencia se convierte en vicio, y cuándo es realmente virtuosa. Pues como toda virtud se deforma por exceso o por defecto, y el Padre pone en claro, basándose en Santo Tomás y la Escritura, como también en las enseñanzas de su Padre San Ignacio, el verdadero sentido de la obediencia y, a través de la vida de Cristo y de su propia experiencia, cómo el fariseo hace un uso pecaminoso de esta virtud para ser obedecido y perseguir de manera más aplastante al verdadero cristiano.

El problema de la obediencia se establece además como foco de conflicto cuando la Autoridad se separa de la Verdad, y es allí cuando puede decirse que el cristiano que desea ser fiel a la Verdad es puesto a prueba. Pero son estos pocos, de un modo u otro mártires, los que en definitiva entienden cabalmente de qué se trata imitar a Cristo. Son aquellos de los que el mismo Padre Castellani decía en “Su Majestad Dulcinea”: “Los que saben el punto exacto en el cual se debe DESobedecer, ésos son pocos, y les va mal en esta vida (…), pero son grandes bienhechores de la Humanidad”.

No podemos dejar de traer a la memoria a Monseñor Lefebvre, a Monseñor de Castro Mayer, a Monseñor Williamson y a tantos otros que hoy en la FSSPX están sufriendo los embates del neo-fariseísmo que bajo el disfraz de la obediencia repite lo mismo que siempre ha ocurrido entre los religiosos llevados de la instigación diabólica, al decir de Mons. Lefebvre: “Satanás hizo algo magistral cuando logró hacer desobedecer a los católicos en nombre de la obediencia” (capítulo XVIII de “Carta abierta a los católicos perplejos”, donde desarrolla y define el tema de la verdadera obediencia).

Sabemos que encontrar ese punto exacto en que se debe decir “no” para permanecer en un “sí” a Nuestro Señor exige una cierta capacidad de discernimiento y una gran dosis de coraje, con una afirmación fuerte de un deseo personal de abrazar la fe que es una conquista por parte de Dios hacia nosotros. Esos hombres religiosos sólo en tanto que individuos serán capaces de dar ese paso riesgoso en unos tiempos donde cunde la confusión. Si esos hombres tienen todos los elementos de juicio disponibles –e incluso a mano ejemplos muy cercanos como el de Monseñor Lefebvre-, y recuerdan que “somos hombres, AA.HH., para no ofendernos de la verdad: hombres y soldados”, como dice Castellani, entonces esa conciencia de su deber –asumir la milicia con la cruz, aunque se esté solo frente a la partida- unida al amor por la verdad no los llevará a atentar contra la caridad, y correr el riesgo de plegarse a una religión contagiada de Fariseísmo, la más espantosa de las pestes.

Destacamos algunos párrafos particularmente de la Carta, que en verdad no tiene desperdicio (carta que seguramente resultará a algunos “demasiado fuerte”, acostumbrados como están al lenguaje acomodaticio liberal de ciertos superiores muy deseosos de acordar con la Roma modernista):

“A ninguno niego la palabra ni dejo de contestar las cartas; y considero que estas dos cosas, que por permisión de Dios he tenido que sufrir en carne propia, no son lícitas entre hermanos”.

“La obediencia religiosa está enderezada a la perfección evangélica; sólo puede producirse en el clima de la caridad; y el abuso de la autoridad no solamente la hace imposible sino que constituye una especie de profanación o sacrilegio”.

“La obediencia religiosa es ciega, pero no es idiota. Es ciega y es iluminada a la vez, como la fe, que es su raíz y fuente. Sus dos límites son la recta razón y la Ley Moral.
Ambos límites están también fijados por San Ignacio al afirmar a una mano que físicamente es imposible asentir a algo absurdo, y a otra, que no hay que obedecer cosa en que se viese pecado, no ya mortal solamente, sino de cualquier clase. No se puede ejecutar virtuosamente ninguna cosa donde exista la más mínima porquería, relajamiento, vileza o claudicación moral.
¡No podemos salvarnos al tenor de la conciencia de otro! ¡No podemos eximirnos de discriminar exactamente con nuestra razón el bien y el mal moral, uno para tomarlo y otro para lanzarlo! ¡No puede ser nuestro guía interior la razón ajena: los actos morales son inmanentes y su “forma” es la racionalidad! Si bastara para salvarse hacer literal y automáticamente lo que otro nos dice ¿cuál sería entonces la función de la fe, de la oración, de la meditación, de la dirección espiritual, del examen y del estudio?”

“Habiendo pues una analogía perfecta entre el Sacramento y el sacro hombre que es el religioso, bien se puede temer en pura fe que un bajón en la pureza, la verdad y la caridad en el modo de mandar, la falta de justicia distributiva en el gobierno, y la flojera e impotencia en reparar las injusticias y las iniquidades, no atraigan el peso del brazo airado de Dios sobre las comunidades religiosas”.


CARTA SOBRE LA OBEDIENCIA




Padre Castellani

A mis HH. los Profesos de la Prov. Argentina.
Amados hermanos en Xto. Jesús:

Entre los “medios para conservar la Compañía”, nuestras Constituciones (X, 9) recomiendan “crebra communicatio rerumque mutua notitia”, el frecuente y sincero trato epistolar de unos con otros. Este mandato de N. S. Padre no se satisface del todo con las corrientes NOTICIAS DE LA PROVINCIA que son secas, incompletas y aun a veces parciales o fútiles.
No quiero creer lo que me dicen que algún rector ha parado estas cartas mías escritas con el corazón en la mano en homenaje y amor a la verdad; si así fuera, algún día dará cuenta de su conocimiento del Epítome, canon 849, Nº 6º. Yo digo: si a mí no me constestan de Roma, si a mí el Provincial no me oye, y si no puedo tampoco hablar con mis Hermanos acerca de nuestra provincia tal como la tengo en el corazón, ¿qué clase de Sociedad sería ésta? El que destruye estas cartas tendrá que destruir también, si puede, el canon 849 y muchos otros del Epítome, incluso el 3º. Y es un hombre que tiende a destruirme a mí. Veremos si puede.
Yo de mí sé decir que quisiera hablar con cada uno de los NN. A ninguno le tengo rencor, malquerencia ni antipatía, al contrario. De todos aprendo algo: si dicen cosas originales, aprendo cosas nuevas; si dicen cosas comunes, me confirmo en lo que ya sé. Hasta de las pláticas del P. Rosanas saco fruto. A ninguno niego la palabra ni dejo de contestar las cartas; y considero que estas dos cosas, que por permisión de Dios he tenido que sufrir en carne propia, no son lícitas entre hermanos.
N.M.R.P. General me dijo una vez: “No se meta a reformar donde no tenga autoridad. Limítese a defenderse”. El calamar y el periodista se parecen en esto, que se defienden con su tinta. Ahora que Dios N. Señor me concede algún vagar, y tengo que abandonar el periodismo “ad extra”, me dedicaré un poco al periodismo epistolar “ad intra”, porque no es justo que sólo para los de fuera haya yo aprendido este arte; pidiendo a Dios quiera darme algo útil a decir sin ofensa. Somos hombres, AA.HH., para no ofendernos de la verdad: hombres y soldados. Mas si alguna ofensa o defecto en estas cartas apresuradas se deslizare, con la multiplicación de ellas irán disminuyendo y con vuestra beningna indulgencia serán atenuados y subsanados. Para eso, las pongo bajo la alta protección de San Pedro Canisio, patrón de los periodistas.
Esta carta versará sobre la virtud de la obediencia. Uds. pueden saber más que yo acerca de ella, y la Carta de N P a los de Coimbra es un tratado completo. Pero puede no ser superfluo refrescar algunos conceptos de ella, basándose en la doctrina de Santo Tomás y la Escritura.
Estos conceptos son: la obediencia religiosa está enderezada a la perfección evangélica; sólo puede producirse en el clima de la caridad; y el abuso de la autoridad no solamente la hace imposible sino que constituye una especie de profanación o sacrilegio.

I

La definición de “obediencia” de Santo Tomás es “oblación razonable firmada por voto de sujetar la pro­pia voluntad a otro por sujetarla a Dios y en orden a la perfección”.
Esta definición contiene claramente los límites de la obediencia porque no hay que creer, A. H., que la obediencia es ilimitada. Todo lo ilimitado es imperfec­to. La obediencia religiosa es ciega, pero no es idiota. Es ciega y es iluminada a la vez, como la fe, que es su raíz y fuente. Sus dos límites son la recta razón la Ley Moral.
Ambos límites están también fijados por San Ignacio al afirmar a una mano que físicamente es imposible asentir a algo absurdo, y a otra, que no hay que obede­cer cosa en que se viese pecado, no ya mortal solamen­te, sino de cualquier clase. No se puede ejecutar vir­tuosamente ninguna cosa donde exista la más mínima porquería, relajamiento, vileza o claudicación moral.
Esto significa simplemente que ningún hombre pue­de abdicar su propia conciencia moral, como nota el Angélico en De Ver. 17, 5, Ad 4m. “Unusquisque enim tenetur actus suos examinare ad scientiam quam a Deo habet, sive sit naturalis, sive acquisita, sive infusa: omnis enim homo debet secundum rationem aguere”[1]. ¡No podemos salvarnos al tenor de la conciencia de otro! ¡No podemos eximirnos de discriminar exactamente con nuestra razón el bien y el mal moral, uno para tomarlo y otro para lanzarlo! ¡No puede ser nuestro guía inte­rior la razón ajena: los actos morales son inmanentes y su “forma” es la racionalidad! Si bastara para salvarse hacer literal y automáticamente lo que otro nos dice ¿cuál sería entonces la función de la fe, de la oración, de la meditación, de la dirección espiritual, del examen y del estudio?
Nuestro Padre Ignacio recogió de los antiguos Pa­dres dos expresiones metafóricas que si se tomaran literalmente engendrarían una monstruosidad. Como bastón de hombre viejo hay que obedecer y a manera de cadáver hay que obedecer: sí señor, pero no antes que la conciencia moral haya asimilado el mandato, colocándolo en la línea de su conocimiento de Dios y haciéndolo escalón de fe y de caridad divina. Es evidente que esto no se puede hacer con una cosa torpe, absurda o ridícula. El “ir a tomar la leona y traerla al superior suyo” podrá haber sucedido en la prehistoria del Cristianismo, aunque por cierto a mí no me consta; pero ningún teólogo sensato lo tendrá por lícito en casos normales.
El obediente verdadero obedece al Superior menor a la luz de la voluntad conocida y amada del Superior mediano; y al Superior mediano a la luz conocida, entendida amada del Superior Sumo; y la de éste a la luz de las Reglas; y éstas a la luz del Evangelio; y éste a la luz interior que el Espíritu Santo imprime en los corazones y con la cual el Verbo ilumina a todo hombre venido a este mundo; de manera a formar una escala luminosa por la cual cualquier voluntad contingente o ínfima haga actos muy excelentes, superiores a su propia habitualidad tomada separadamente, por su unión con otras voluntades mejores, y en definitiva con la de Dios. Y la voluntad de Dios, no es de derogar el orden natural sino de coronarlo y sobreelevarlo.
Con esto queda dicho que la obediencia no se inven­tó para que en la vida religiosa se hagan cosas raras, feas o disparatadas; para que el orden natural se vuel­va del revés y los necios presuman guiar a los entendi­dos y “llevarlos al hoyo”, como previno N. Señor en la Parábola de los Ciegos. No se inventó la obediencia para substituir en el gobierno de los hombres la inteli­gencia por el antojo de los ambiciosos o agitados; ni para pretender que el que no sabe un oficio se entrometa a corregir al que lo sabe; ni para destruir en los hom­bres la conciencia profesional ni la honradez intelectual; ni para permitir que ocupen los comandos los medio­cres engreídos, esos “superiores briosos y sin letras” a los cuales la cordura de Mariana atribuía la causa de los desórdenes sociales en la Provincia Española bajo Acquaviva. Si para tales cosas dijera Cristo: “Qui vos audit, me audit”[2] y para eso reglamentara la Iglesia la vida religiosa; pensarlo es blasfemia, porque entonces más valiera que Cristo no hubiera venido.
Los que llevados de cualquier pasión, o por ignoran­cia o por malicia, sabiéndolo o no sabiéndolo, quieren hacer un “cadáver” literal de sus súbditos; o bien se sujetan al Superior con el servilismo inerte de estólidos “bastones”; pecan, abusan del don de Dios, desacredi­tan a Cristo. Como toda virtud marcha en medio de dos vicios, así la obediencia camina entre la insumisión por un lado y por otro la sujeción servil, el espíritu de esclavo, la obsecuencia muerta, la dependencia al hom­bre como hombre, la ignavia[3], la pereza de pensar y la cobardía de ser persona, cosas todas que son abominables a Dios y al varón Cristo y que impiden al hombre ser dueño de sí, tomar el timón y ser el capitán de su propia alma.
Lo cual es el principio de toda vida que no sea infrahumana y mucho más de una vida sobrenatural.

II

La verdadera obediencia pertenece a la virtud de la religión, la primera de las morales; y por tanto sólo puede producirse en el clima teologal de la caridad. Sin caridad es informe. Una virtud informe es a veces más peligrosa que un vicio, “por ser grande el peligro de la vía espiritual cuando sin freno de discreción se corre por ella”. Ésas son las “virtudes locas”, que a semejanza de las “verdades locas” de Chesterton, son dinamita.
El P. Genicot pone el caso de un súbdito que notase en el Superior señales inequívocas y habituales de hos­tilidad o enemistad; y preguntándose si en este caso estaría obligado a obedecerle, responde que no, incluso en los mandatos donde no se vea formidolosidad[4]; pues un enemigo nos desea de suyo la destrucción aun sin saberlo. Cesa la obligación de la obediencia, por incumplimiento por parte de uno de los “contratantes”.
Aristóteles enseña (Eth. Nic. IX, 6) que una sociedad cesa de serlo si se deseca en ella la “concordia”, que es la amistad social; entre religiosos llamada “caridad”. En ese caso hipotético, el mecanismo de la obediencia se convertiría en un esqueleto sin carne, en una máqui­na monstruosa que parece humana pero puede ser ocu­pada de hecho por el demonio: máquina que no puedo considerar sin horror. En efecto, en tal caso, aquel inmenso poder que presta a un mortal la atadura omnímoda y total con que otro se le ha sujetado como si fuese al mismo Dios, moviéndose desordenadamente y sin el control del amor divino y el lubricante del afecto humano, puede producir estragos, puede tortu­rar de una manera increíble; y yo no dudo que puede, permitiéndolo Dios, llegar al homicidio indirecto poco menos. La historia parece confirmarlo. Omnis, qui odit fratrem, homicida est.[5]
En efecto, se produce el caso de la madre desnatura­lizada, que es, dice Aristóteles, la bestia más cruel que existe:
¿Puede darse este caso? ¿Es posible esta desapari­ción de la caridad y la consiguiente aberración del po­der en lo religioso? Hélas, todo es posible al hombre corruptible y el mortal puede abusar de todo, incluso de la Eucaristía, como vemos en la Primera a los Corintios, XI. Esto, hablando en tesis. Hablando en concreto, me parece difícil que acaezca en nuestra Com­pañía, que parece conservar de San Ignacio una heren­cia persistente de nobleza y dignidad independiente de la eventual baja cuna o plebeyismo de tales o cuales superiores, y una de las contingencias más temibles de la ambición y el nimio apego al mando.
Sin embargo nuestros enemigos nos han descrito muchas veces con esa figura de máquinas inhumanas, autómatas inertes, conciencias mutiladas. No solamen­te poetastros delirantes como Eugenio Sué, sino hom­bres de talento, aunque adversos a nosotros, como Michelet, Quinet, Eduardo Estauniée, Boyd Barret, Aldous Huxley, se han aplicado minuciosamente a ha­cer grandes retratos odiosos de la Compañía como máquina destructora de la personalidad humana y fabricadora de horrendos “robots” con sotana. ¿Qué veían en ella para poder hacerlos? Veían las reglas sin el interior espíritu de amor y caridad. Veían lo que sería la Compañía si se violase en ella la Regla Primera. Veían lo que puede ser la Compañía de Jesús sin go­bierno o con mal gobierno; y lo que tiene el deber gravísimo de evitar la Congregación Provincial y la Congregación General.
A las cuales asisto por medio de esta carta. Porque a mí, la voz pasiva me la podrá quitar el Provincial, pero la voz activa me la dio Dios. El que tiene boca, a Roma va, —dice el proverbio.

III

De la misma definición puesta arriba, se deduce la tercera de las propiedades de la obediencia, a saber: que ella ata al Superior lo mismo que al súbdito de tal modo que a causa de ella un mandón indiscreto, un inepto para dirigir, un superior sin luz puede cometer como una especie de profanación o sacrilegio. En efec­to, los votos hacen al religioso, según Santo Tomás, “res sacra”[6] a manera de los antiguos sacrificios. Dios mató a los profanos que comieron los panes de la proposición, que eran panes no consagrados, sino meramente ofrecidos a Dios por el pueblo.
Mi buen amigo el P. Prato O.M.R.C. desenvolvió discretamente esta doctrina de Santo Tomás en el retiro que dio a los PP reunidos para el Capítulo Provincial: probó que un religioso era más sacro que un cáliz, una patena o una custodia, con los cuales consta que se puede pecar aun gravemente por irreverencia o profa­nación. Es una custodia viviente: para él se han hecho todas las custodias de la tierra. Para el hombre se hizo el sábado.
Si a algo creado se puede comparar, sería a las mismísimas especies sacramentales, depositarias de Cristo. Porque por la gracia no solamente en él vivi­mos nos movemos y somos, sino que veramente “vivit vero in me Christus”[7]; y por la profesión religiosa, somos simpliciter cosa e impersonación suya. Por eso es sacrilegio matar a un clérigo o poner en él violentas manos. Por eso también es profanación tratarlo como animal o planta.
Ahora bien, el cordón umbilical (si licet) de esta transvitalización no es otro que el voto de obediencia; el cual por consiguiente agarrar con torpeza, manejar con descuido o izar con violencia es cosa gravísima. Usar del mandato bajo santa obediencia de cualquier manera, para cosas absurdas, irrazonables, fútiles, inútiles, inconsideradas o simplemente menores en volu­men o ridículas en importancia, es pecado grave según todos los teólogos. Es pecado de irreverencia y desecración.
En la Primera a los Corintios San Pablo explica las frecuentes enfermedades y muertes prematuras de los fieles por las irreverencias y abusos vigentes hacia la Sagrada Eucaristía. De donde arguyen los teólogos que Dios castiga esta especie de pecados con flagelos cor­porales. “Ideo inter vos multi inflami et imbecilles et dormiunt multi”.[8]
Habiendo pues una analogía perfecta entre el Sacramento y el sacro hombre que es el religioso, bien se puede temer en pura fe que un bajón en la pureza, la verdad y la caridad en el modo de mandar, la falta de justicia distributiva en el gobierno, y la flojera e impo­tencia en reparar las injusticias y las iniquidades, no atraigan el peso del brazo airado de Dios sobre las comunidades religiosas.
He de decirlo aunque sea grave: el terrible destino del Padre Abel Montes, el lento naufragio de esa fina y delicada personalidad —de la salud en la neurosis, de la neurosis a la demencia, de la demencia en la muerte trágica y desolada— pudo muy bien tener como causa las fallas de la caridad en la Provincia y el uso inconsiderable del mandato ciego.
No me consta. Pero tengo suficientes datos para creer, delante de Dios Nuestro Señor, que no es impo­sible. Y eso ya es bastantemente grave.
Si no me consta, ¿por qué lo digo? Porque debo decirlo. Para que no se me pudra dentro.
Sea ello como quiera, Deus scit, el caso es, AA. HH. míos, que estas consideraciones son verdaderas y no pertenecen al mundo de la estratósfera ni al planeta Marte; y me ha parecido expediente in Dómino hacerlas para mí primero y luego para quien quiera recibirlas.
Si nadie quisiera recibirlas: si la afición al ocultismo y el “tapujismo” vigentes en la Provincia echara tierra encima de esta luz que por el más indigno de sus hijos se hace patente, si los Rectores prudentes se creen con derecho e impedirme la “communicatio crebra” con mis carísimos Hermanos y Padres, después que se me ha excluido de la Congregación Provincial y se me ha difamado por nuestras casas, ¿creen que voy a morir por eso? Ni siquiera me van a parar, juro al cielo. Será peor para todos.
Invenciblemente non sine númine[9] me siento obligado a decir mi verdad, por la vía que me queda abierta, en el momento en que nuestra amada Provincia, como la Compañía toda y la Iglesia por entero se preparan, como dijo su Santidad Pío XII, AL FUTURO PRÓXIMO ENCUEN­TRO DE CRISTO CON EL MUNDO.

En unión de oraciones sinceramente

Professus Mínimus

R.P. Leonardo Castellani, tomado de su libro “Cristo y los fariseos”.

Notas:
 [1] Cada uno está obligado a examinar sus actos según la ciencia que ha recibido de Dios, ya sea natural, ya adquirida, ya infusa: pues todo hombre debe actuar según la razón.
[2] Quien a vosotros escucha, a mí me escucha (Lucas 10, 16).
[3] Apatía, flojedad.
[4] Temor.
[5] Todo el que aborrece a su hermano es un asesino (1 Juan 3,15).
[6] Una cosa sagrada.
[7] Es Cristo quien vive en mí (Gálatas 2,20).
[8] Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos (1 Corintios 11,30).
[9] No sin inspiración divina.

LA SAPINIÈRE: COMENTARIO DE LA CARTA DE MONSEÑOR FELLAY A BENEDICTO XVI EL 17 DE JUNIO DE 2012.-




NON POSSUMUS

Entre los documentos del último Cor Unum, el más escandaloso es sin duda la carta enviada por Monseñor Fellay al Papa Benedicto XVI el 17 de junio de 2012. Cuatro días antes, el 13 de junio, Monseñor Fellay estuvo en Roma para firmar un acuerdo sobre la base de la declaración doctrinal del 15 de abril. Al darse cuenta que su pésimo texto, retocado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, se volvió aún peor, declaró no poder firmarlo. Pero él  se apresuró a hacerle saber al papa, por una carta de fecha 17 de junio, su gran decepción: “Desgraciadamente, en el contexto actual de la Fraternidad, la nueva declaración no pasará”.     

Esta frase es terrible.

Esta frase es odiosa.

Esta frase debería suscitar una verdadera indignación, un concierto de protestas.

Esta frase debería finalmente abrir los ojos de los sacerdotes y de los fieles que, sea que usen o no sus anteojos rosas, todavía mantengan ilusiones en cuanto al superior general de la Fraternidad.

Para que no se nos acuse de sacar las palabras de su contexto, éste es el contexto: Monseñor Fellay empieza excusándose de presentarle un problema suplementario al papa. A continuación se queja de que no se haya tomado en cuenta la súplica de no retocar su declaración del 15 de abril, a causa de las consecuencias que esto acarrearía, (y no a causa de una intransigencia doctrinal que al parecer ya no está en la orden del día), ya que el nuevo texto retoma casi todos los puntos del Preámbulo de septiembre de 2011 que planteaba dificultades. Por lo tanto tuvo que rechazarlo completamente y poner fin a las tentativas insidiosas de Roma.

Es aquí donde se sitúa la frase esencial, que constituye ella sola un párrafo: “Desgraciadamente, en el contexto actual de la Fraternidad, la nueva declaración no pasará”.    Regresaremos a ella más adelante.

Luego Monseñor Fellay "reconoce no saber que pensar". ¡Quiera Dios que pronto tengamos un jefe que, instruido de la experiencia de estas últimas décadas e impregnado del legado de Monseñor Lefebvre, sepa qué pensar!

Monseñor Fellay escribió al papa que lo creía “dispuesto a dar largas a la resolución de los desacuerdos todavía en curso sobre ciertos puntos del Concilio y de la reforma litúrgica, un poco como en el Concilio de Florencia se pasó por alto la cuestión del divorcio por causa de adulterio con los griegos para llegar a pesar de todo a la unión”. Esta comparación histórica es totalmente deficiente, como lo mostró el excelente estudio la verdadera historia de la reunificación de los griegos ortodoxos a la Iglesia Católica (16 de enero de 2013). Pero retengamos sobre todo que Monseñor Fellay contempla seriamente en esta carta “a dar largas a la resolución de los desacuerdos” y de “pasar por alto” los problemas doctrinales. En otro tiempo se nos decía, “No al acuerdo práctico sin acuerdo doctrinal”. Esto es aterrador.

Nosotros no juzgamos aquí la intención: Monseñor Fellay añade inmediatamente que él se “comprometió en esta perspectiva a pesar de la oposición bastante fuerte en los rangos de la Fraternidad y al precio de trastornos importantes”. (¡Efectivamente!) Esta confesión habla por si misma, igual que la siguiente frase en donde Monseñor Fellay afirma por sí mismo su intención: “tengo toda la intención de continuar haciendo todos mis esfuerzos para proseguir por este camino con el fin de llegar a las clarificaciones necesarias”. Al buen entendedor…

Para hacerlo breve, en lugar de continuar con el análisis de una carta tan penosa, volvamos a la frase central: “Desgraciadamente, en el contexto actual de la Fraternidad, la nueva declaración no pasará”.    El adverbio inicial pesa mucho: ya que la nueva declaración es todavía peor que la del 15 de abril. Y Monseñor Fellay deplora que no pasará en el contexto actual de la Fraternidad. El estimó que su texto del 15 de abril de 2012 pasaría en el contexto. El compuso su texto en función del contexto. Es Roma, una vez más, quien arruinó todo. Pero nada está perdido: el contexto puede evolucionar, de hecho, desde esta carta de junio de 2012, el contexto de la Fraternidad ha evolucionado de manera sorprendente, de suerte que las cosas que antes eran impensables podrían pasar en un futuro más o menos próximo.

Que Monseñor Fellay sepa sin embargo que con la gracia de Dios y la ayuda de Monseñor Lefebvre, siempre habrá un buen grupo de sacerdotes y de fieles resueltos, para quienes, sea cual sea el contexto, su texto no pasará.

La Sapinière.



REQUIEM POR UN CONCILIO.- POR EL PADRE MAURICE AVRIL



« REQUIEM POR UN CONCILIO »
Sermon del Padre Maurice AVRIL
En la Fiesta de la Asunción de la Virgen
el 15 de agosto de 2010

Padre Maurice Avril


Bienaventurada sois, oh María! “Bienaventurada sois, oh María, porque creísteis en el cumplimiento de todo lo que se os había dicho de parte del señor” Luc. 1,45

Bienaventurada sois, oh María! El Padre de amor y de misericordia, por medio de Gabriel, os reveló la integridad de su misterio de amor y la integridad de la parte que os propone cumplir.

Oh Bienaventurada Virgen María, habéis creído, y habéis creído integralmente. Y el misterio de amor se cumplió.

Nosotros, cada uno de nosotros, debemos creer y creer integralmente: “el que cree, posee la vida eterna”.

¡Gracias a Vos, El se hizo carne! Gracias a Vos, Él habitó entre nosotros. Gracias a Vos, Él se hizo propiciador por nuestros pecados.
Bienaventurada María que habéis creído, Vos sois la Reina y la Madre de la fe, el testigo y el modelo de la fe, la guardiana y la fiadora de la fe.

Y nosotros, somos bienaventurados cuando la Santa Iglesia, nuestra madre, nos da la fe.

Bienaventurados somos nosotros cuando conservamos integralmente esta fe, cuando vivimos integralmente nuestra fe, cuando defendemos hasta el final la integridad de nuestra fe.

La Historia, la única Historia, es la Historia de Dios, la Historia, la historia del mundo, como nuestra propia historia, es la historia de Dios en su misterio de amor. La historia, la única historia, es la del Misterio de Amor de nuestro Dios. Este misterio de amor sobrepasa las eternidades de eternidades, este misterio de amor debe hacernos franquear nuestra eternidad, “Aquél que es nuestra alegría, será nuestra recompensa!” Es por eso que “todo lo que ha sido hecho, todo lo que ha sido escrito, lo han sido para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo, tengáis la vida en su nombre Jn. XX 31.

Pero al contrario, desgracia a aquél que no ha creído, a aquél que se convirtió en lo que es porque no creyó.

Desgracia a Lucifer, quien en su integridad  rehusó el plan de amor de Dios, que rehusó reconocer y adorar al Hijo de Dios hecho hombre, Dios de Dios, Luz de Luz, Señor de Señores y Rey de Reyes, que vino para salvarnos y para unirnos en Él a su Padre.

A este misterio de amor, Lucifer lo sustituyó por su misterio de iniquidad, al amor, lo sustituyó por odio y blandió su grito de guerra: non serviam yo no serviré, soy yo quien será servido, yo no adoraré, soy yo quien será adorado, implantaré la revuelta contra el plan de Cristo y condenaré a las almas.

Hay que comprender muy bien que este misterio de iniquidad es integral e irrevocable, y nos concierne, nosotros constituimos los puntos de mira privilegiados de Satanás. Es el combate sin cuartel de nuestra vida, y continuará sin descanso hasta el fin de los tiempos, no cambiará, no podrá cambiar.

Ciertamente, Satanás no tiene más que los poderes concedidos por Dios según los designios de su misericordia.

Ciertamente, por otra parte, el plan diabólico está constantemente contrariado por los impulsos de la gracia, la vigilancia de la Iglesia, los siglos de cristiandad, el heroísmo de los santos y cada uno de nuestros esfuerzos.

Pero lo que no se debe olvidar, es que el plan de iniquidad es progresivo, su realización es escalonada a través de los siglos en etapas dosificadas según las circunstancias.

Porque hace falta tiempo para formar los espíritus, para condicionarlos, para reducirlos, para adaptar las mentalidades a los cambios sucesivos, banalizarlos, normalizarlos, acordarlos a la conciencia colectiva.

Solamente debe reinar el pensamiento único, que vagabundea sobre las pantallas al ritmo del ratón diabólico. Los contrarios chocan allí, pero la flecha no cambia, y en este paso de danza ilógica, los espíritus aturdidos son reducidos a la esclavitud. Nosotros no tendremos más que pastar el pensamiento único y rumiarlo; toda deshumanización no es mas que la hija única de la descristianización. Henos aquí como bestias que el león rugiente puede devorar deliberadamente.

¡Pero que otro destino puede depararle a nuestra sola naturaleza humana tan frágil e inconstante! Si para remontar el misterio de amor hay que subir, y al contrario, para caer en el misterio de iniquidad, solamente hay que resbalar. Y el hombre es un ser que se resbala, que no deja de resbalarse, que no quiere mas que resbalarse, que acabó por resbalar hasta lo más bajo. Y por lo tanto, se obstina en no ver, en no creer que ha resbalado.

Él se declara fiel, y más fiel que nunca, esto es muy común, es una lástima, pero es muy común: si por un lado los duros se inmovilizan y por el otro, los blandos se ablandan para siempre. Y la causa pierde a sus mejores defensores, y la causa está perdida para siempre. Las fuerzas ocultas ríen con sarcasmo, la ocupación integral prosigue.

Ahora recordemos las etapas claves:

-La tentación de nuestros primeros padres: Seréis como dioses, en realidad, siendo ellos mismos dioses no tienen necesidad de otro Dios.

-La Pasión de NSJC: en el fondo, su victoria contundente: todo está consumado. Pero para los secuaces de Satanás, no queremos que reine sobre nosotros.

-La Revolución francesa, apología del  non serviam, insurrección sacrílega legalizada contra Dios y contra su Obra, la revuelta erigida en principio y como fundamento de la anti-sociedad, negación sistemática de toda autoridad, y como consecuencia también la de la Iglesia; y para la misma Iglesia: “aplastemos al infame”.

Y llegamos a la última etapa, el asalto final, la victoria aparente del misterio de iniquidad. Lo que caracteriza a esta etapa, es que hasta aquí los enemigos atacaron desde el exterior, pero de ahora en adelante, los ataques provienen desde el interior de una neo-Iglesia ocupada, infiltrada. Por otra parte, si hasta ese momento la Iglesia era un bastión a defender, ahora es un bastión a reconquistar, a liberar.

¡Ciertamente pareceré excesivo! Así lo espero, como Aquel que lo es todo, el Camino, la Verdad y la Vida, y que sigue y seguirá siendo un escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Entonces, aférrense a Aquel que es la Verdad, y comprendan bien: lo que digo es en conciencia, por fidelidad a la fe y por amor de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana.

Solamente Jesús, todo lo demás viene del Maligno. Y este concilio viene del Maligno: Monseñor Lefebvre dijo: Le han dado la espalda a la verdadera Iglesia. Este concilio, este acontecimiento ruinoso para la Iglesia Católica y toda la civilización cristiana, no ha sido dirigido ni conducido por el Espíritu Santo.

¿Cómo entonces fue conducido y dirigido? Programado por las fuerzas ocultas infiltradas, convocado para imponer su programa, confiscado desde la 1ª sesión por los modernista, este concilio no quería ni podía tener la intención de la Iglesia: conservar y transmitir el Depósito de la fe. Se convirtió en un mortinato y no constituyó más que una Asamblea informal con las apariencias engañosas de un Concilio. Esta Asamblea fantasma substituyó a la Iglesia Católica por una neo-Iglesia conciliar anticatólica. Este concilio es mortal, muerto, mortífero, letal. Estos asesinos no tenían otro objetivo que el de integrar la Iglesia a su sinarquía y desnaturalizar la fe en espiritualismo esotérico. La Iglesia conciliar es anticatólica, universal, noáquida, cósmica, adogmática, humanista, liberal y laica.

Pongamos a este Concilio en el contexto. Deplorémosle en esta elegía trágica.

El Concilio, es la apoteosis del non serviam de Lucifer:

Insurrección sacrílega contra Dios, su Obra, su misterio de amor. Es la negación sacrílega del reinado social de Cristo Rey.

El Concilio, es la apoteosis de la serpiente susurrando a nuestros primeros padres: seréis como dioses.

Fue la instauración del humanismo integral.

El Concilio, es la apoteosis de la renegación integral de Dios crucificado en el Gólgota: no queremos que El reine sobre nosotros.

El Concilio, es la apoteosis de la Revolución francesa: el culto sacrílego del hombre convertido en dios y maestro, y la Declaración sacrílega de los derechos del hombre.

El Concilio, es la apoteosis de la Revolución en tiara y capa, la apoteosis de la victoria aparente del misterio de iniquidad sobre el misterio de amor. Este Concilio es verdaderamente la apoteosis de la apostasía total.

Entonces surge la pregunta: El Concilio hace estragos desde hace más de medio siglo, ¿por qué de repente, de nuevo esta indignación?

Respuesta: la fatiga de los espíritus, que ha seguido a cada una de las ofensivas de descristianización se ha intensificado y apoya la victoria aparente del misterio de iniquidad. Paralelamente y en consecuencia, se han intensificado la pérdida de la fe, la ceguera de los espíritus sobre el verdadero combate y sobre los verdaderos enemigos. El valor se ha debilitado, el cansancio, el abandono y el desaliento  siguieron, y sobre todo, nos hicimos unos acostumbrados sin reacción. Los oponentes que perseveran, parecen luchar contra molinos de viento.

La realidad es que la Tradición sufre de una hipotensión que no puede más que serle fatal.

Es hora de despertarse, de incorporarse, de recobrar el combate y de remontar valientemente a las primeras líneas.

Jesús, solamente Jesús, es la Verdad integral, su Santa Iglesia, la única que puede recibir y transmitir el Depósito integral. Fuera de Cristo, fuera de la Iglesia, está el error integral. Contra el Cristo integral, contra la Iglesia integral, está el error integral. El Concilio, fuera de Cristo integral, contra la Iglesia integral, no es más que el error integral. Es la serpiente que silba, es la pérdida integral de las almas.

Todos y cada uno de nosotros estamos amenazados, incluso tentados, y algunas veces tan tentados. Nosotros ahora estamos en estado de legítima defensa, he aquí a nuestro Cristo de nuevo ante Pilatos, he aquí nuestra Iglesia en estado de asfixia, Ella que no vive sin sus dos pulmones: la Palabra de Dios y la Tradición.

Tenemos el derecho estricto de luchar en contra del error integral. Tenemos el deber imperioso de defender nuestra fe. Nosotros queremos conservar nuestra fe en toda su integridad, nosotros queremos defender la fe católica, incluso al precio de nuestra vida. Por otra parte, esa fue la voluntad de Dios al ponernos en este mundo, cuando su Iglesia nos ha prodigado la fe, cuando sus gracias han intervenido en tales circunstancias, en estos tiempos de apostasía endémica.

Escogidos, Dios nos ha escogido para una misión exaltante. Nosotros estamos armados con todas las gracias necesarias.

Dios quiere necesitarnos para su gloria, para la liberación y exaltación de su Santa Iglesia, para la restauración integral de su reinado social.A Él, Rey de cielos y tierra, gloria y honor eternamente.

En el non serviam, Dios escogió a San Miguel. En el desastre de Adán y Eva, Dios escogió a la llena de gracia, terrible como un ejército ordenado en batalla”.

En la ofensiva conciliar, Dios escogió a esta legión de combatientes de la fe, cotas de malla bien distribuidas. Démosle homenaje a estos héroes de la primera hora, perlas de la Tradición, desde el Padre Coache hasta Monseñor Lefebvre.

Pero en el curso de los años, hemos flaqueado, y no dejamos de flaquear: la duración sin fin de la prueba y el agotamiento, el ambiente de trincheras y esta disminución de la fe, las continuas trampas y las divisiones terribles, las dudas y los desalientos, el mal de los acuerdos con Roma y la necesidad de los brazos maternales de nuestra Iglesia…

¡Atención! El combate no puede ser más que integral, de día y de noche. Quien se quiere conciliador, termina conciliar. Quien cree poder integrarse, se desintegra en seguida. Quien le hace un guiño al error, pierde sus dos ojos. Quien acuerda derechos al error, se precipita él mismo en el error integral, y acaba empleando, como el sistema, el ecumenismo conciliar.

¡Atención! Este Concilio, hay que denunciarlo, hay que rechazarlo, su espíritu y sus aplicaciones y sobre todo no hay que tratar de remendarlo, de triturarlo, de despedazarlo; no tenerlo en cuenta más y olvidarlo.

Yo les insisto, les repito y les vuelvo a repetir: la Tradición está en grave hipotensión, y usted, usted tiene suficiente con estar separado, usted sueña ser como todo el mundo, usted da el paso, el mal paso, hacia los conciliares…

Queridos hermanos tradicionalistas, ustedes se sienten anticuados, obsoletos, ridículos, ustedes sienten vergüenza y tratan de rehabilitarse, ustedes se han hecho terriblemente peligrosos. Amigos míos, claramente les digo, ustedes traicionan y apuñalan por la espalda a la Tradición cantando los aleluya!

Perseverar en el combate, así debe ser hasta que llegue la victoria. Perseverar y triunfar, es vivir integralmente el Misterio de amor, es cumplir integralmente la Voluntad de Dios, ustedes deben permanecer integralmente como testigos de Cristo, soldados de Cristo. Es la guerra, y ustedes deben movilizarse a exorcizar la neo-Iglesia conciliar y liberar la Santa Iglesia de Cristo para restaurar integralmente el reinado de Cristo sobre sus dominios.

Felices, bienaventurados elegidos de la Tradición, conserven vuestra fe integral, combatan hasta el final. Vuestro combate tomará la medida de vuestra fe integral. Ella, la Bienaventurada, Ella creyó, y creyó con la fe más integral. Ella, la Reina y Madre de la fe, la testigo y modelo de la fe, la guardiana y la fiadora de la fe, nos llama a cerrar las filas detrás de ella para el combate integral de la fe.

En el calvario, Ella permaneció de pie, pero su talón se fortificó y el Maligno empezó a temblar. Para el combate, es al pie del Calvario que nos unimos a Ella y que nosotros erguimos nuestros talones.

En la Salette, nuestra Santa Madre lloró, y nosotros nos unimos para llorar con ella, por nosotros mismos y por todos aquellos que son la causa de sus lágrimas, y para combatir con ella.

En Fátima, la Omnipotencia Suplicante nos prometió la victoria, Su Victoria: Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. Y ya, gracias a vuestro combate, en un horizonte inundado de esperanza, apunta sobre el Carmelo una nube muy pequeña. Y avanza y crece.

Entonces, Oh Madre bien amada, el fin, este fin que Vos anunciasteis, ¿es pronto?

¡Así sea!

martes, 30 de abril de 2013

FRANCISCO CON EL PRESIDENTE DE ISRAEL


Papa Francisco: “Como Papa no daré mi apoyo a ningún acto antisemita”.



[SMM – 30-04-2013]

“Como Papa no daré mi apoyo a ningún acto antisemita”, es la frase que consigna Yedioth Ahronoth (y ningún otro medio), la cual habría sido dicha por el Papa Francisco a Simon Peres durante la audiencia concedida hoy por el Pontífice al presidente de Israel.

En el curso de la visita, el presidente Peres regaló una Biblia de Jerusalén al Papa Francisco (imágenes de L'Osservatore Romano).
Esta es una información pertinente de Rome Reports, Abr-30-2013.



Francisco: "El antisemitismo contradice al cristianismo"




El presidente israelí Shimon Peres y el Papa Francisco se reunieron este miércoles en el Vaticano.


En el marco del encuentro discutieron, entre otros temas, sobre el antisemitismo en el mundo, la situación en Medio Oriente y el proceso de paz.

Según consignó el diario israelí Yediot Ajaronot, el Papa le dijo a Peres que "el antisemitismo contradice al cristianismo". Asimismo agregó: "Como Papa no daré mi apoyo a ningún acto antisemita". Además hizo un llamamiento para un "Asamblea de la esperanza", con la participación de todos los líderes religiosos del mundo para hablar en contra de la violencia y el terrorismo.

Peres, quien felicitó al ex purpurado porteño por su nombramiento, expuso frente a él su esperanza por la paz y destacó la iniciativa de paz presentada por Liga Árabe anoche en una reunión con el funcionario de gobierno en Washington. En la misma, los representantes árabes se mostraron dispuestos a aceptar los límites de armisticio del 67, con intercambio de territorios.

"Los representantes de la Liga Árabe expresaron una vez su apoyo a una solución de dos estados para dos pueblos, la cual es aceptada también por nosotros. Esto es un apoyo enorme de los estados árabes al proceso de paz", dijo Peres al Papa. El octogenario líder israelí agregó que "hay posibilidades de reanudar negociaciones políticas entre Israel y los palestinos". "Abu Mazen es un partner para la paz", añadió.

Al finalizar la reunión, el presidente Peres invitó al Papa a realizar una visita oficial al Estado de Israel. "Estoy seguro que usted será recibido calurosamente por todo el pueblo de Israel, sin distinción de religión, raza y nacionalidad. El pueblo de Israel lo ve a usted como un líder que lleva un mensaje de paz y buen espíritu", transmitió Peres al Papa.

Por su parte, el Papa Francisco agradeció a Peres y le aseguró intentará visitar Israel pronto. En una nota personal agregó: "Aprendí de usted a ser optimista, Usted me da inspiración". Peres le entregó a Francisco una Biblia con una dedicación escrita en inglés que reza: "Que prosperes en todo - lo que hagas -. Donde quiera que vayas "(Reyes I, Capítulo II, versículo C) Por su parte el Papa le entregará a Peres una medalla de oro.



 Extraño gesto realiza con la mano Francisco. ¿Acaso un saludo masónico –como se pudo ver el mismo día realizar ostensiblemente al masón Rey de Holanda- o un gesto más de su mano en medio de la conversación? Lo cierto es que esta fotografía sólo la hemos podido ver en estos dos sitios:http://noticias.lainformacion.com/religion-y-credos/papa/el-papa-y-simon-peres-analizaron-la-situacion-en-oriente-medio-y-en-siria_ZWQJgKrnge9nFR0dNuUTE7/ y http://clarincomhd.tumblr.com/tagged/El-D%C3%ADa-en-Fotos (ampliar la foto para más detalle)