domingo, 5 de mayo de 2013

“DOS PAPAS EN EL VATICANO…Y EL PALACIO APOSTÓLICO ESTÁ VACÍO”






Mientras se destruye a la Iglesia...




Algunos ríen.



Pero no Nuestra Señora.

Te saludamos, ¡oh María! con la pronta sumisión de hijos reconocidos. Te bendecimos con toda la efusión de nuestra alma porque eres nuestra ventura y nuestra reconciliación con Dios ¡Oh tierna Abogada nuestra! No queremos ofender más a tu Santísimo Hijo Jesús: nos arrepentimos de haber pecado: proponemos la enmienda de nuestra vida y esperamos que nos alcances la gracia de la perseverancia final, y que nos libres de los castigos temporales y de la eterna condenación.

¡Con qué sublimes encantos te presentas a nosotros ¡oh María! en forma celeste misionera, para convertirnos a tu Divino Hijo Jesús!

¡Con qué dulcísima caridad nos amonestas para que evitemos el castigo y obremos nuestra salvación! ¿Y quién se resistirá a la eficacia de tus purísimas lágrimas virginales? ¡Oh María! que estas lágrimas caigan sobre nosotros como el rocío sobre la tierra sin agua, como la lluvia sobre la campiña, como la llovizna sobre la grama, y queden nuestras almas convertidas al eco armonioso de tu saludable predicación, a fin de que, haciendo penitencia por nuestros pecados, desagraviemos, amemos y sirvamos a nuestro Señor Jesucristo.Amén.

(De la novena dispuesta para honrar la gloriosa aparición de María Santísima Nuestra Señora en La Salette. Escrita por M.A. León. 1886).


ENCUENTRO DE FRANCISCO CON EL EMBAJADOR RUSO





DIPLOMACIA SÍ, CONSAGRACIÓN DE RUSIA, NO. ¿HASTA CUÁNDO?

DOMINGO QUINTO DE PASCUA - EFICACIA DE LA ORACIÓN




por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja, Mendoza, Rep. Argentina, 1997


"Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre.» Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios.» Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»

(Jn. 16,23-33)


En este tercer fragmento de la Despedida de Cristo, que es el final, Cristo trata de la oración; y en toda la despedida trata de la Esperanza sobrenatural, como está dicho. La Esperanza es la nutrición y al mismo tiempo la nutridora de la oración.

Cristo hace a los Apóstoles una promesa estupefaciente: "Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, os será dado"; y los Apóstoles se entusiasman enormemente —en falso.

La oración nos religa con Dios; y por tanto es el acto más importante de la Religión; palabra que significa "religamiento".

La Escritura dice de la oración: "Bendito sea Dios que no apartó de mí ni mi oración ni su misericordia" —uniendo así nuestra oración con la misericordia de Dios, y prometiendo implícitamente que mientras hagamos oración obtendremos misericordia. Es muy consoladora esta promesa del Psalmo 65, versículo 20.

Varias veces en mi vida he dicho este versículo; varias veces en mi vida me he encontrado en lo que llaman "conciencia perpleja"; y me he pacificado recordándolo. Pondré un ejemplo pequeño, porque decía el Santo Cura de Ars que no hay que decir en la predicación sino aquello de que uno tiene experiencia propia. Por ejemplo, cuando enseñaba Filosofía en el Instituto del Profesorado, tenía graves escrúpulos, porque era claro que DE HECHO yo Filosofía no enseñaba (a causa, creo, de la nula disposición del alumnado) y cobraba tranquilamente $258 mensuales. Yo seguía en el puesto, con "conciencia perpleja", una, porque algo enseñaba, aunque no fuese Filosofía y dos, porque si renunciaba, ocupaba mi lugar un profesor que no sólo no enseñaría Filosofía sino a lo mejor enseñaba objeciones contra la Religión cristiana con el nombre de Filosofía, como hacían entonces Sansón Raskowsky y José Luis Kriegman. Pero con esta conciencia perpleja, yo veía que seguía orando; no muy bien, pero orar, oraba. Al fin Perón me sacó del problema echándome de la cátedra; no Perón propiamente sino otros del costado de Perón.

Esto: "bendito sea Dios que no apartó de mí ni mi oración ni su misericordia" está dicho en alabanza de la oración; es la mayor que hay. Ahora viene otra alabanza, del severo Tertuliano, en sentido contrario: "Yo tiemblo, dice el severo Africano, de pensar que un hombre pueda pasar un solo día sin orar". El primer dicho significa que aquél que ora, se salva; ¿significa este otro que aquel que no ora, no se salva? En la mente de Tertuliano, sí; pero no se puede sostener: pues en definitiva Tertuliano, Padre de la Iglesia, a fuerza de rigurosidad, cayó en herejía, en la herejía montañista, semejante a la herejía jansenista del siglo XVII. En la Escritura no está el dicho de Tertuliano. En la Escritura está que el que ora se salva; la negativa, "el que no ora, no se salva", no está. No lo sabemos. No quiere decir que no sea peligroso pasar la vida sin orar; pero en fin, Dios sea loado, hay muchas maneras de orar; y a veces se ora sin saberlo.

Esto precisado, podemos considerar el alcance de la promesa de Cristo. Cristo promete que el Padre nos dará lo que le pidamos. Los Apóstoles se fueron por las nubes; pero Cristo les añade que "hasta ahora no me habéis pedido nada"; y le habían pedido cosas, pero eran cosas insensatas; por ejemplo "que hiciera caer una bomba atómica (o sea, fuego del cielo) sobre las ciudades de Cafarnao y Bethsaida Julia. Por eso advirtió que había que pedir en su nombre y junto con El; o sea, que no había que pedir cualquier cosa.

Entonces la promesa parece irse al diablo; parece equivaler a esto: "Hay que pedir a Dios cosas; si Dios quiere nos las dará, si no quiere no". Para ese viaje no se necesita alforja; lo sabíamos ya, Cristo podía haberse ahorrado ese jueguito de palabras, mantantiru tiru la.

Tampoco es eso. La oración "eficaz" fue delimitada cuidadosamente por Cristo durante su predicación: tiene dos condiciones necesarias: una, que tiene que ser constante; otra, que tiene que ser de lo conveniente. "Supongamos que uno pide a Dios algo inconveniente, que su deseo se cumple, y él atribuye a Dios el don de algo dañoso; eso es cómico" —dice el filósofo Kirkegord.

"Si uno pide a su Padre un pan ¿le dará una piedra? Si le pide un huevo ¿le dará un alacrán? Si le pide un pescado ¿le dará una víbora? —dice Cristo. Lo malo es que a veces pedimos una piedra, un alacrán y una víbora; y Dios no nos los da. ¿Es inútil entonces mi oración? Nunca, si es ferviente y constante. "Aut dabit quod petis aut quod noverit melius", dice San Agustín: "o te dará lo que pides o lo que El sabe es mejor".

Cristo reiteró igualmente que la oración sea constante: "sine intermissione orate", orad sin aflojar; y lo ilustró con la Parábola del Amigo Insistente, que viene a medianoche a pedir panes prestados al amigo que está durmiendo, y éste lo manda al diablo con diez maldiciones y el otro sigue golpeando la puerta, hasta que se levanta el amigo rico y se los da; "así —dice Cristo— si Dios no os otorga lo que pedís por su benignidad, puede ser que lo otorgue de puro cansado". Y así vemos en las vidas de los Santos cuántas veces Dios hizo esperar a alguien incluso toda la vida.

Pero si Dios sabe lo que necesitamos, sabe lo que nos conviene, y Dios nos ama ¿qué necesidad hay de pedir? Casi parece hacer un agravio a la Paternidad de Dios. "Sabe vuestro Padre Celestial que tenéis necesidad destas cosas" —dijo Cristo.

Esta objeción se oye, e incluso la han escrito algunos filósofos, Spinoza, Renouvier, Vacherot —no grandes filósofos por cierto, como se ve por el hecho de que es bastante tonta. Breve y elegantemente respondió hace mucho tiempo San Agustín: "Dios no necesita que le digas lo que necesitas; pero tú sí lo necesitas". O sea, sea que Dios conceda, sea que no conceda lo que imploramos, la imploración nos hace bien.

¿Qué bien nos hace? El gran sabio francés Alexis Carrel en su libro "El Hombre, Ese Desconocido" (L'Homme, Cet Inconnu), traducido entre nosotros con el título de La Incógnita del Hombre, hace un agudo análisis, que no hay tiempo de repetir, del provecho natural que imparte al hombre la oración, visto solamente a los ojos de la razón natural. Pero el provecho religioso es mayor, y él incluye este otro provecho natural. El provecho religioso de la oración, aun en el caso de no obtener lo pedido; o sea, ese "algo mejor" que dice San Agustín, es en resumen:

1º- nos pone en contacto con Dios; o sea, un acto de fe.

2º- despliega confianza en Dios; o sea, un acto de esperanza.

3º- confiesa que Dios es bueno; o sea, un acto de caridad.

4º- nos pone vivamente ante los ojos de la mente el objeto que deseamos; o sea, un acto de prudencia; puesto que la prudencia depende del considerar y la oración nos hace considerar.

5º- finalmente, nos calma, lo cual también pertenece a la virtud de prudencia.

Consideremos una viejita que está sentada al lado de su nieto enfermo rezando el Rosario; con muchas distracciones por supuesto. Ahí está un chiquito enfermo y ahí está la abuela en la presencia de Dios: la repetición monótona de una y otra vez la misma fórmula le calma los nervios; la confianza en Dios le calma los arrebatados afectos de temor y tristeza —y después de su oración podrá atenderlo mejor; la fe le hace someter su voluntad a la incógnita y más sapiente Voluntad de Dios; la conciencia de lo que pide le pone ante los ojos la verdad de la muerte y de lo deleznable de la vida humana; los misterios del Rosario la sacan del monoideísmo o idea fija, recordándole por ejemplo la Pasión de Cristo o el gran asunto de la salvación eterna; y el deseo de alcanzar lo que pide le sugiere el propósito de buenas obras o el arrepentimiento de malas acciones; y sobre todo eso, quién te dice que a Dios no se le ocurra hacerle la gracia o, si a mano viene, el milagro. "O te dará lo que pides o lo que Él ve que es mayor".

De modo que, resumiendo, la promesa de Cristo en la Última Cena, aunque no sea una cosa de magia, supone que nuestra oración es verdadera oración, o sea prudente y constante; y la oración es el foco vivo de la religión. Los sabios la han alabado de provechosa; pero ¿qué alabanza es comparable a la que della hace la Iglesia? Desde que existe la Iglesia existen las Órdenes contemplativas, que ella no solamente ha aprobado sino que ha creado para promover la búsqueda de lo "Único Necesario".


SAN PIO V, Papa (1572 P.C.)





Miguel Ghislieri nació en 1504, en Bosco, en la diócesis de Tortona y tomó el hábito de Santo Domingo a los catorce años, en el convento de Voghera. Después de su ordenación sacerdotal, fue profesor de filosofía y teología durante dieciséis años. Además, ejerció los cargos de maestro de novicios y superior de varios conventos. En 1556, fue elegido obispo de Nepi y Sutri y al año siguiente, fue nombrado inquisidor general y cardenal. Como él lo hacía notar, con cierta ironía, esos cargos eran como grillos con que la Iglesia le ataba los pies para impedirle volver a la paz del claustro. El papa Pío IV lo trasladó a la sede piamontesa de Mondovi, que estaba prácticamente en ruinas a causa de las guerras. El nuevo prelado consiguió, en poco tiempo, restablecer la calma y la prosperidad; pero pronto fue llamado a Roma a ejercer otros cargos. Aunque las opiniones del cardenal Ghislieri no siempre coincidían con las de Pío IV, jamás dejó de manifestarlas abiertamente.

Pío IV murió en diciembre de 1565. El cardenal Ghislieri fue elegido para sucederle, gracias, sobre todo, a los esfuerzos de San Carlos Borromeo, quien veía en él al reformador que la Iglesia necesitaba. Miguel Ghislieri tomó el nombre de Pío V. Desde el primer momento de su pontificado, puso de manifiesto que estaba decidido a aplicar no sólo la letra, sino también el espíritu del Concilio de Trento. Con motivo de la coronación de un nuevo papa, solían distribuirse regalos a la multitud; Pío V ordenó que se diesen dichos regalos a los pobres de los hospitales y que se repartiese, entre los conventos más necesitados de la ciudad, el dinero que estaba destinado a cubrir los gastos de un banquete que solía ofrecerse a los cardenales, embajadores y otras altas personalidades. Uno de los primeros decretos del nuevo Pontífice fue para que los obispos residiesen en sus diócesis y los párrocos en sus parroquias, so pena de severos castigos. San Pío V se ocupó con el mismo celo de purificar la curia, que de acabar con los bandoleros en los Estados Pontificios; de promulgar leyes contra la prostitución, que de prohibir las corridas de toros. En una época de escasez, importó de Francia y Sicilia grandes cantidades de grano y mandó distribuir gratuitamente la mayor parte y vender el resto a un precio inferior al de costo. Resuelto a acabar con el nepotismo, mantuvo a sus parientes a distancia; aunque continuando la tradición tuvo que elevar a uno de sus sobrinos al cardenalato, le concedió poderes muy reducidos.

El nuevo Breviario fue publicado en 1568; en él se omitían las fiestas y extravagantes leyendas de algunos santos y se daba a las lecciones de la Sagrada Escritura su verdadero lugar. El nuevo Misal, que apareció dos años más tarde, restableció muchas costumbres antiguas y adaptó la vida litúrgica a las necesidades de la época. La nueva liturgia fue obligatoria en toda la Iglesia de occidente excepto en los casos en que existían costumbres locales que databan de más de doscientos años, como por ejemplo, en la Orden de Predicadores, a la que pertenecía el Papa. A San Pío V debió la Iglesia la mejor edición que se había hecho hasta entonces de las obras de Santo Tomás de Aquino, quien fue titulado Doctor de la Iglesia por el mismo papa. Las penas que decretó San Pío V contra las violaciones del orden moral eran tan severas, que sus enemigos le acusaron de que quería convertir a Roma en un monasterio. El éxito del papa se debió, en gran parte, a la veneración que el pueblo le profesaba por su santidad. Ayunaba en el adviento y durante la cuaresma, aun en sus últimos años de vida, a pesar de sus achaques. Su oración era tan fervorosa, que el pueblo aseguraba que obtenía cuanto pidiese a Dios. Frecuentemente visitaba los hospitales y asistía personalmente a los enfermos.

Las reformas que hemos enumerado, habrían consumido todas las energías de un hombre común y corriente; en el caso de San Pío V no eran siquiera su principal preocupación. Los dos grandes problemas de su pontificado fueron la divulgación del protestantismo y las invasiones de los turcos. Contra ambas amenazas trabajó incansablemente; dio nuevo impulso a la Inquisición, de suerte que el sabio Bayo, cuyos escritos fueron condenados, sólo pudo salvar la vida al retractarse. Pero no todos los éxitos del papa contra el protestantismo se debieron a métodos tan drásticos, ya que, por ejemplo, San Pío V convirtió a un inglés, simplemente con la santidad y dignidad que trashumaban de él. Durante su pontificado, se completó el catecismo que el Concilio de Trento había mandado redactar y el santo Pontífice mandó traducirlo inmediatamente a varias lenguas. Igualmente impuso a los párrocos la obligación de impartir instrucción religiosa a los niños y jóvenes. Aunque San Pío V era más bien conservador, se adelantó a la mayoría de sus contemporáneos en la importancia que atribuía a la instrucción en el caso del bautismo de los adultos.

Los términos que empleó el Pontífice en la reedición de la bula «In Caena Domini» (1568), dejaban ver claramente que, en cuanto papa, defendía cierta soberanía sobre los príncipes. Durante muchos años acarició la esperanza de ganar a la fe a Isabel de Inglaterra; pero, en 1570, publicó contra ella una bula de excomunión («Regnans in Excelsis»), por la que dispensaba a sus súbditos de la obligación de prestarle obediencia y les prohibía reconocerla como soberana. Fue éste un error de juicio, ciertamente, pero se explica por el desconocimiento de las circunstancias reales de Inglaterra y de los sentimientos del pueblo. Esta medida no hizo más que aumentar las dificultades de los católicos ingleses y dar cierta apariencia de verdad a la acusación de traición que se les hacía tan frecuentemente; por otra parte, agudizó las controversias sobre los juramentos y pruebas de fidelidad que tanto molestaron y debilitaron a los católicos, desde el «Juramento de Obediencia», en 1606, hasta la emancipación, en 1829. Aun actualmente no ha desaparecido del todo la sospecha que la bula despertó acerca de la lealtad cívica de los católicos. Algunos mártires ingleses murieron protestando de su lealtad a la reina y, cuando la Armada Invencible, apoyada por Pío V, quien esperaba que el dominio español en Inglaterra contribuyese a aplicar sus sanciones, zarpó en 1588, los católicos ingleses no se mostraron menos prontos a combatirla que el resto de sus compatriotas. Europa había cambiado mucho; la época de las luchas entre Gregorio VII y Enrique IV, Alejandro III y Barbarroja, Inocencio III y Juan de Inglaterra, la época de la «Unam Sanctam» de Bonifacio VIII, habían pasado a la historia. Se acercaba el momento en que otro Sumo Pontífice, Pío IX, iba a declarar: «Actualmente ya nadie piensa en el derecho de deponer a los príncipes, que la Santa Sede ejerció antiguamente, y el Sumo Pontífice menos que nadie».

Pío V olvidó su fracaso ante los ingleses, al año siguiente, cuando Don Juan de Austria y Marcantonio Colonna, apoyados política y económicamente por la Santa Sede, acabaron con el poder de los turcos en el Mediterráneo. Al mando de un ejército de veinte mil soldados, zarparon de Corfú y encontraron a la flota turca en el Golfo de Lepanto. Allí derrotaron a los turcos en una de las más famosas batallas navales. El papa había orado por la flota cristiana -frecuentemente con los brazos en cruz-, desde que ésta zarpó. Además, había decretado oraciones públicas y ayunos privados. Precisamente a la hora de la batalla, se llevaba a cabo en la iglesia de la Minerva una procesión del santo rosario para pedir por la victoria de los cristianos. El papa se hallaba tratando algunos negocios con varios cardenales; súbitamente interrumpió la conversación, abrió la ventana y permaneció unos minutos con los ojos clavados en el cielo. Después cerró la ventana y dijo a los cardenales: «No es el momento de hablar de negocios; demos gracias a Dios por la victoria que ha concedido a los ejércitos cristianos». Para conmemorar dicha victoria, incluyó más tarde, en las Letanías de la Virgen, la invocación «Auxilio de los cristianos», e instituyó una fiesta en honor del santo rosario. El día de la gran victoria fue el 7 de octubre de 1571. Al año siguiente, el papa sufrió el violento ataque de una dolorosa enfermedad de la que había sufrido mucho tiempo y que sus austeridades habían agravado. Dicha enfermedad le llevó a la tumba el 1 de mayo de 1572, a los sesenta y ocho años de edad.



San Pío V -el último de los papas que alcanzó el honor de los altares hasta el advenimiento de San Pío X- fue canonizado en 1712. El santo Pontífice practicó durante toda su vida la austeridad monacal de su juventud. Su bondad y fervor eran proverbiales: no se contentaba con ayudar económicamente a los pobres y a los enfermos, sino que los asistía personalmente. Cierto que en el carácter de San Pío V había también un aspecto de rudeza, que muchos historiadores se han encargado de subrayar; pero durante su pontificado, en el que no le faltó el apoyo y el ejemplo de hombres de la talla de un San Felipe Neri, Roma empezó a percibir los resultados del Concilio de Trento y volvió a merecer el título de Ciudad Apostólica y Primera Sede del mundo. Un pariente de San Francisco Javier, el Doctor Martín de Azpilcueta, dejó un interesante testimonio del ambiente que reinaba en Roma, en una carta que escribió a su familia. El Doctor Azpilcueta, que había viajado mucho, se hace lenguas de los habitantes de Roma, de su buena conducta y de su espíritu religioso. Ciertamente los viajeros de la época de León X y Paulo III no se expresaban en los mismos términos y el cambio se debió, sobre todo, a San Pío V.

Fuente: «Vidas de los santos de Butler», Herbert Thurston, SI.


Oración:

Oh Dios, que para desbaratar a los enemigos de tu Iglesia, y para restaurar el culto divino, te dignaste elegir Sumo Pontífice a S. Pío: haz que seamos defendidos por su protección, y que de tal modo perseveremos en tu servicio, que vencidas las asechanzas de todos los enemigos, gocemos de perpetua paz. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


sábado, 4 de mayo de 2013

COMENTARIO DE LA SAPINIÈRE SOBRE LA NOTA DE MONSEÑOR FELLAY PRESENTANDO SU DECLARACIÓN DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012





NON POSSUMUS

La « nota sobre la declaración doctrinal del 15 de abril de 2012 » fue compuesta por el mismo Monseñor Fellay, así como él lo anuncia en “la palabra del superior general” al principio del Cor Unum de marzo de 2013:“En lo que concierne al texto de la declaración doctrinal que tanto agitó los espíritus el año pasado, los dejo remitirse al texto introductorio que redacté con el fin de colocarlo en su contexto”.

Nos remitimos entonces a esta introducción para subrayar ciertos puntos, sin analizar la declaración misma. (1)

En vista de que Monseñor Fellay parece muy apegado al contexto, destaquemos por principio el contexto de la publicación de esta declaración, un año después. Menzingen indudablemente no se hubiera dispensado tan de buena gana si este texto no hubiera sido puesto en internet en marzo (2). En la odiosa “carta circular” del 7 de marzo el padre Thouvenot anunció su publicación oficial proclamando: “Cada uno sabrá diferenciar entre la información y la intoxicación”. Siendo exactamente el mismo texto en los dos casos, esto parece significar: la declaración por sí misma, es de intoxicación; la declaración con el par de anteojos rosas proporcionados por Menzingen, es la información. ¡Que comprenda el que pueda!

Las explicaciones de Monseñor Fellay sobre el contexto de la declaración son un poco embarazosas. Tratan de ahogar al pescado, pero el pescado es grande, es enorme. La publicación de esta declaración confirma nuestros peores temores, escribió Monseñor Williamson. Monseñor Fellay pretende que “incluso si el documento de abril hubiera sido aceptado, esto no hubiera sido suficiente para la conclusión de una normalización canónica”. ¿Está tan seguro? En todo caso las cosas hubieran avanzado mucho en ese sentido.

 “Uno de los puntos capitales de estas condiciones sine qua non fue y sigue siendo el libre ataque y la denuncia de los errores en la Iglesia”. Del ataque y denuncia de los errores, seguimos con hambre desde hace bastante tiempo. La casa general ha observado en el pasado un tal silencio a propósito, por ejemplo, de la “beatificación” de Juan Pablo II y de la abominación de Asís, la casa general observa en el presente un tal silencio respecto a los escándalos ya numerosos del nuevo papa, que se puede temer un silencio todavía peor en el futuro en el caso del reconocimiento oficial. “Así como aceptamos ser injustamente condenados por nuestra fidelidad a la tradición bimilenaria, no aceptamos ser acusados de una ruptura con Roma, lo que nuestro fundador siempre rechazó”.

Nuestro fundador aceptó de buen grado, al ordenar sacerdotes el 29 de junio de 1976, y sobre todo consagrando los obispos el 30 de junio de 1988, ser acusado –injustamente- de una ruptura con Roma. Pero él tuvo cuidado de distinguir la Roma católica de la Roma neo-modernista y neo-protestante. El hubiera escrito más bien: “Así como aceptamos ser injustamente condenados por nuestra fidelidad a la tradición bimilenaria, así aceptamos ser acusados injustamente de una ruptura con Roma, estando bien seguros que nosotros nunca jamás hemos roto con la Roma católica, sino solamente con la Roma conciliar.” Ya hace más de cuarenta años que se nos acusa de no estar con Roma, Monseñor Fellay debería reflexionar antes de decir que no lo aceptamos. Nosotros lo aceptamos como Nuestro Señor aceptó las falsas acusaciones durante su Pasión.  “Este contexto muestra que la declaración doctrinal no pretendió ser la expresión exhaustiva de nuestro pensamiento sobre el Concilio y el magisterio actual”.

Por lo tanto Monseñor Fellay fue a Roma el 13 de junio para firmar sobre la base de esta declaración. ¿Fue prudente sostenerla “sobre un punto particular: la acusación de cisma”? Además la carta del 15 de abril fue una respuesta a la carta del 16 de marzo del cardenal Levada: “En el caso que usted quisiera reconsiderar vuestra posición en vista de una plena reintegración en la comunión de la Iglesia universal, le ruego quiera usted hacerlo saber de aquí al segundo domingo de Pascua(15 de abril de 2012)”. Entonces había que presentar a Roma “la expresión exhaustiva de nuestro pensamiento”, por lo menos, no conformarse con un texto “minimalista” (Cor Unum, verano de 2012) y tan ambiguo. Es verdad que Monseñor Fellay pensó, cuando lo escribió, “que estaba suficientemente claro” (Ecône, 7 de septiembre); estimóhaber “logrado de manera suficiente evitar las ambigüedades” (pero cuando se dice claramente la verdad, el problema no es lograr, de manera suficiente o no, evitar las ambigüedades). Monseñor Fellay se atrevió a reafirmar aquí que “toda ambigüedad quedó descartada”, pero constata que su pensamiento “no fue comprendido en este sentido por varios miembros eminentes de la Fraternidad, quienes vieron una ambigüedad”. Entonces, ¿ambigüedad o no ambigüedad? ¿Qué pensarán ahora esos miembros eminentes”?

Enseguida Monseñor Fellay compara los textos del 15 de abril y del 13 de junio, y da como ejemplo de “lo que fue desplazado y modificado” por Roma fue la cuestión de la misa: en donde nosotros reconocemos la validez del NOM en sí y la legitimidad o legalidad de la promulgación (como Monseñor Lefebvre en 1988), encontramos en el texto del 13 de junio el reconocimiento de la validez y de la licitud del NOM y de los sacramentos desde Paulo VI y Juan Pablo II…” Cualesquiera que sean las intenciones de Monseñor Fellay, las cuales no juzgaremos, hay objetivamente en esta frase una mentira: Monseñor Lefebvre, en el texto del 88, no reconoció la validez de la nueva misa, ni su legitimidad (ni la legitimidad de promulgación).

Nosotros siempre hemos considerado el nuevo rito y su promulgación como ilegítimos. El texto de Monseñor Fellay del 15 de abril reproduce el de Monseñor Lefebvre del 5 de mayo de 1988 con la diferencia -¡pero de qué tamaño!- de que Monseñor Fellay adjunta el adverbio legítimamente (promulgados). En cuanto al texto revisado por Roma (13 de junio), difiera sin duda del texto del 15 de abril, pero sustancialmente se parece mucho más al de Monseñor Fellay que al de Monseñor Lefebvre, por el hecho de esta noción de legitimidad.

Monseñor Fellay difumina las pistas con la expresión “en sí”, mientras que el cardenal Levada, en la nota preliminar del preámbulo doctrinal del 14 de septiembre de 2011, precisó bien: “el preámbulo doctrinal hace referencia a los ritos en tanto tales, y presupone la distinción clara entre los ritos indicados en los libros promulgados… y los abusos y errores doctrinales en las diversas formas de realización de la reforma litúrgica”.

Monseñor Fellay subrayó otras modificaciones de su texto por Roma, pero su propio texto es gravemente insuficiente. Monseñor Fellay escribe: “cuya formulación es difícilmente conciliable”, “las expresiones o formulaciones no parecen conciliables”; Roma corrige: “cuya formulación podría parecer a algunos difícilmente conciliable…”. Monseñor Lefebvre escribió: “Ciertos puntos que parecen difícilmente conciliables”; esto era más fuerte que la declaración del 15 de abril de 2012, pero sin embargo, le pareció insuficiente y rápidamente se arrepintió de este protocolo del 5 de mayo del 88. Si vemos la vida de Monseñor Lefebvre por Monseñor Tissier de Mallerais (pág. 584), se comprenderá mejor por qué no se puede poner en paralelo la declaración de Monseñor Fellay del 15 de abril de 2012 y la propuesta por Monseñor Lefebvre el 15 de abril de 1988, como lo hace el Cor Unum: “declaración doctrinal a semejanza de la que entregó Monseñor Lefebvre”

Finalmente Monseñor Fellay explicó que informó a Monseñor Di Noia que él “retiró” este texto del 15 de abril “el cual en lo sucesivo ya no podría servir como base de trabajo”. Encontramos el mismo término empleado en Ecône el 7 de septiembre: Monseñor Fellay “retira” su declaración. No se arrepiente de ella (ni siquiera con una contrición imperfecta); no la retracta, no reniega de ella, no la reprueba. No reconoce las ambigüedades, los errores, el peligro. El texto ha sido echado al cesto (¿o en los archivos?) pero no la orientación que él expresa.

Nosotros mantenemos firmemente nuestra resistencia a esta nueva orientación. Nosotros no reconocemos ni la legitimidad de la declaración del 15 de abril de 2012, ni la legitimidad de su promulgación un año más tarde.

 (1) Ver principalmente el análisis de Monseñor Williamson.

(2) Publicado por La Sapinière el 9 de marzo de 2013.


MONSEÑOR FELLAY: NOTA SOBRE LA DECLARACIÓN DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012. (COR UNUM 104)





NON POSSUMUS

El contexto es el siguiente: esta Declaración aparece el 15 de abril, luego de la carta del cardenal Levada del 16 de marzo, en respuesta a nuestra carta del 12 de enero. En su respuesta, el cardenal Levada expresa el rechazo por parte de las autoridades romanas de nuestra proposición de reemplazar su Preámbulo doctrinal por la Profesión de fe tridentina acompañada con la adhesión aPastor aeternus y al n° 25 de Lumen gentium comprendido a la luz del Magisterio preconciliar (“según el juramento anti-modernista”). El cardenal Levada añadió que nuestro rechazo del Preámbulo doctrinal aprobado por Benedicto XVI equivalía a una ruptura de la comunión con el Pontífice romano, lo que provoca sanciones canónicas incurridas por el cisma.

Desde el principio, lo que nos guía en nuestras relaciones con Roma, es el principio de la fe: sin la fe es imposible agradar a Dios (cf. Hebreos, 11,15). No podemos aceptar que se nos arrebate, ni siquiera que se nos debilite nuestra fe recibida en el bautismo. Si nosotros queremos permanecer católicos, este es el principio al cual debemos sujetarnos y sobre el cual nosotros basamos toda nuestra acción. Poner en la balanza este principio para obtener cualquier ventaja práctica, incluso un reconocimiento canónico, siempre ha estado excluido.

Evidentemente, algunos no prestaron atención al hecho que yo siempre expresé que un acuerdo práctico jamás hubiera tenido lugar si las condiciones sine qua nonemitidas por nosotros varias veces, tanto en las diferentes tomas de posición como en la segunda respuesta a la Congregación para la Doctrina de la Fe (12 de enero de 2011), que retomaba las mismas palabras de Monseñor Lefebvre, no fueran realizadas. Y que, incluso si el documento de abril hubiera sido aceptado, esto no hubiera sido suficiente para la conclusión de una normalización canónica. Uno de los puntos capitales de estas condiciones sine que non fue y sigue siendo el libre ataque y la denuncia de los errores en la Iglesia, comprendiéndose aquellos que provienen del Concilio.

En el momento de entregarnos la carta del 16 de marzo, el cardenal Levada nos hizo comprender que las autoridades romanas pensaban que la Fraternidad rechazaba completamente el magisterio de todos los papas, así como todos los actos del magisterio, desde 1962. Porque según él, no le otorgábamos ningún valor a estos actos en los hechos, a pesar de todo lo que pudiéramos decir. Esta acusación es falsa y es importante refutarla, ya que así como aceptamos ser injustamente condenados por nuestra fidelidad a la tradición bimilenaria, no aceptamos ser acusados de una ruptura con Roma, lo que nuestro fundador siempre rechazó. Esta es la línea de cresta que nos fijó, por encima de la tentación de una adhesión a los errores conciliares (lo que nosotros descartamos en la carta del 12 de enero, y de la que no se libró el cardenal Levada), pero también por encima de la tentación sedevacantista (que fue lo que intentamos hacer en esta declaración doctrinal).

Este contexto muestra que la declaración doctrinal no pretendió ser la expresión exhaustiva de nuestro pensamiento sobre el Concilio y el magisterio actual. Ella no sustituye nuestra posición doctrinal, tal como fue expuesta durante los dos años de conversaciones doctrinales, quería solamente complementarla en un punto en particular: la acusación de cisma. Es por esto que esta declaración se esforzó en dar ejemplos de nuestra sumisión a la autoridad magisterial en sí (in se), pero manteniendo nuestra posición a muchos de los actos planteados por ella actualmente (hic et nunc). Para mostrar nuestro reconocimiento de la autoridad romana, concerniente a las reformas conciliares, hemos retomado varios puntos del texto de Monseñor Lefebvre, en 1988, porque no quisimos retomar los del “preámbulo doctrinal” del cual rechazamos el contenido en nuestra respuesta del 12 de enero, como el cardenal Levada lo reconoció en su carta del 16 de marzo.

Nuestra posición es ciertamente delicada, ya que no queremos ser ni heréticos, ni cismáticos, por lo que propusimos un texto dividido en dos partes, la primera enunciando los principios generales y condicionando total y absolutamente la segunda parte que abordó los puntos particulares del concilio Vaticano II y de las principales reformas que salieron de él. Para impedir cualquier ambigüedad en esta segunda parte –ambigüedad que ya habíamos denunciado en nuestra respuesta del 12 de enero de 2012 (ver Cor Unum 103 pág. 52 y siguientes), - parecía suficiente recordar fuertemente que el magisterio no puede de manera alguna apoyarse sobre sí mismo o sobre la asistencia del Espíritu Santo para poder enseñar una novedad contraria al magisterio constante de la Iglesia.

Estando excluida la posibilidad de la novedad o de la contradicción con la enseñanza anterior, por lo mismo toda ambigüedad quedó descartada en cuanto a nuestro juicio sobre el Concilio, comprendiendo la famosa “hermenéutica de la reforma en la continuidad”, inaceptable. En retrospectiva, constatamos que nuestro pensamiento no fue comprendido en este sentido por varios miembros eminentes de la Fraternidad, quienes vieron una ambigüedad, una adhesión a la tesis de la hermenéutica de la continuidad, que nosotros siempre hemos rechazado.

Por su parte, las autoridades romanas no vieron en esta declaración una adhesión a la hermenéutica de la continuidad. Es por eso que, después de haber establecido en un documento de trabajo una tabla comparativa precisa de las divergencias entre su Preámbulo del 14 de septiembre de 2011 y nuestra declaración del 15 de abril de 2012, ellas desplazaron y modificaron el sentido de los añadidos que nosotros habíamos aportado y que juzgamos indispensables, luego ellas añadieron pasajes que nosotros suprimimos y que juzgamos inaceptables. Este es el texto que nosotros enviamos el 13 de junio de 2012.

Podemos notar así, entre lo que fue desplazado y modificado: en el n° III-6, en donde nosotros reconocemos la validez del NOM en sí y la legitimidad o legalidad de la promulgación (como Monseñor Lefebvre en 1988), encontramos en el texto del 13 de junio el reconocimiento de la validez y de la licitud del NOM y de los sacramentos desde Paulo VI y Juan Pablo II.

Entre lo que ha sido añadido, se notarán múltiples referencias tanto al nuevo catecismo como a la hermenéutica de la continuidad; así en el N° III-5, lo que nosotros escribimos de la libertad religiosa: “cuya formulación es difícilmente conciliable con las afirmaciones doctrinales precedentes del Magisterio se convierte en: “cuya formulación podría parecer a algunos difícilmente conciliable…”. En el mismo número III-5, la explicación teológica de las expresiones del Concilio que no parecen conciliables con el Magisterio anterior de la Iglesia se convierte en una explicación “notablemente para ayudar a comprender su continuidad con el Magisterio anterior de la Iglesia”, excluyendo así toda crítica.

Después de haber enviado a Roma los textos del Capítulo general de julio pasado, conocí a Monseñor Di Noia el 28 de agosto de 2012, y le informé que yo retiré nuestra proposición del mes de abril, la cual en lo sucesivo ya no podía servir como base de trabajo. Queda el Preámbulo doctrinal del 14 de septiembre de 2011 retomado en sustancia el 13 de junio de 2012, y nuestra doble respuesta: las cartas del 30 de noviembre de 2011 y la del 12 de enero de 2012 por una parte; la declaración del capítulo del 14 de julio de 2012 con las condiciones requeridas antes de todo reconocimiento canónico por la otra parte.
+ Bernard Fellay



MONSEÑOR WILLIAMSON VISITÓ A LAS CARMELITAS DE BRILON WALD, ALEMANIA.-





NON POSSUMUS

Nos comunica Ethelred en Cathinfo, que Monseñor Williamson visitó exitosamente el Carmelo de Brilon Wald y a partir de ese momento las Carmelitas confiaron su cuidado espiritual a nuestro Obispo.

Además nos comunica que Monseñor Williamson visitó también a los fieles de la Resistencia en Alemania, les dio algunas conferencias y continuará asistiéndolos espiritualmente.

Monseñor Williamson se desplazó por Alemania por tren, con toda tranquilidad pues Dios está con él.

Termina con la siguiente frase: Verdaderamente Monseñor Williamson es uno de los más grandes trabajadores de la Viña del Señor. Creo que es uno de los últimos apóstoles en esta era oscura de la Iglesia. ¡Dios lo bendiga!

viernes, 3 de mayo de 2013

COMENTARIOS ELEISON - DECLARACIÓN DOCTRINAL II




Comentarios Eleison Número CCCIII (303)
4 de Mayo de 2013

              DECLARACIÓN DOCTRINAL – II
Mons. Williamson


Perdónenme queridos lectores si vuelvo al séptimo párrafo de la Declaración Doctrinal del 15 de Abril de hace un año. La Declaración iba a servir ni más ni menos, como fundamento para todas las relaciones futuras entre la Fraternidad San Pío X y Roma. El 13 de Junio (no el 11) Roma la rechazó, así es que el Cuartel General de la FSPX puede ahora repudiarla, pero sirve para demostrar de lo que es capaz el actual CG de la FSPX. En cuanto a este séptimo párrafo, él es una obra maestra de confusión. Este “Comentario” de hace tres semanas (EC 300 del 13 de Abril) lo explicó en parte con una distinción doble, pero, para hacerle justicia, la confusión requiere una distinción cuádruple. Aquí está el párrafo completo:

Declaración III, 5: “Las afirmaciones del Vaticano II y el Magisterio post-conciliar, en lo que respecta a la relación entre la Iglesia católica y las confesiones no-católicas y al deber social de la religión y al derecho a la libertad religiosa, (1) la formulación de las cuales es difícil de reconciliar con las afirmaciones doctrinales previas del Magisterio, (2) deben ser comprendidas a la luz de la Tradición entera e ininterrumpida, (3) de una manera coherente con las verdades previamente enseñadas por el Magisterio de la Iglesia, (4) no aceptando ninguna interpretación de esas afirmaciones que pueda permitir que la doctrina Católica se exhiba en oposición a, o rompiendo con, la Tradición y ese Magisterio”.

El subrayado es mío para resaltar el engaño del párrafo. Noten (1) cómo no son las afirmaciones del Vaticano II las que son problemáticas, sino sólo su “formulación”. Ya ahí nos estamos alejando de las palabras que significan lo que ellas objetivamente dicen. Ahora en cambio las palabras nadan por aquí, por allá, según como ellas sean subjetivamente “comprendidas” (2), o “interpretadas” (4). Nuestras mentes están siendo licuadas para que pierdan aquel anclaje que es llamar a una espada, una espada. En ese párrafo se sugiere que no existe imposibilidad objetiva de reconciliar la insensatez Conciliar con la sensatez Católica, sino que meramente existe una dificultad subjetiva de reconciliarlas (es decir, en las mentes oscurecidas de los retrógrados Católicos Tradicionales).

Sobre todo noten en (2) y (3) el sutil pero crucial resbalón desde “a la luz de” a “de una manera coherente con”. Comprendiendo según la verdad las novedades del Vaticano II “a la luz de” la Tradición es comprender que son completamente irreconciliables. Comprendiéndolas “de una manera coherente con” la Tradición es comprenderlas como si fueran reconciliables. Nuestras mentes están siendo licuadas para que resbalen de vuelta, porque “a la luz de” y “de una manera coherente con” no significan la misma cosa. Como era de esperarse, (4) cualquier comprensión de las novedades que las haga chocar con la Tradición y con el Magisterio de todos los tiempos, debe ser absolutamente rechazada.

Así, la clausula (2) puede sacarle el sombrero a la “Tradición completa e ininterrumpida”, y entonces (2) puede ser alineada con la sensatez Católica, pero (3) sugiere la insensatez modernista, y (4) conduce la insensatez a casa. Así, el párrafo en su totalidad constituye un habilísimo movimiento paso a paso desde un vestigio de la verdad al cabal error de la “hermenéutica de la continuidad”, lo cual es puro Alicia en el País de las Maravillas – “Las palabras significan lo que yo digo que significan” truena Humpty Dumpty, el huevo antropomorfo.

Dios sabe quienquiera escribió este párrafo. Pudo no haber sido el Superior General de la FSPX. Pero, ¿puede cualquiera que lo estudie cuidadosamente negar que, tal como se yergue, está diseñado para conducir las mentes desde la Tradición Católica al error Conciliar? Hace bailar a las palabras como los herejes las hacen bailar, y los herejes que hacen bailar a las palabras hacen que las almas pierdan su Fe y caigan en el Infierno. Quienquiera fue responsable de este séptimo párrafo, ¡que sea él anatema!

Kyrie eleison.

jueves, 2 de mayo de 2013

500


Con ésta SYLLABUS llega al medio millar de entradas: excelente ocasión para agradecer y saludar a los amables lectores y colaboradores de nuestro blog.

Deseamos expresar en especial nuestra gratitud para con Monseñor Williamson y los Padres, Religiosos y Religiosas que en la Resistencia nos dan ejemplo de fidelidad a Cristo y la Tradición y nos dan fuerzas y ánimos para que con sus buenos consejos y la oración podamos continuar el buen combate por Cristo Rey y María Reina, luchando contra los enemigos que particularmente se hallan infiltrados en las filas de la Tradición católica y en la que supo ser su fortaleza, la FSSPX. A todos los que pelean con firmeza pero también con caridad les decimos que tienen las puertas abiertas de este espacio “Católico Antiliberal, Antimodernista y Antifarisaico”, como anuncia desde su frontispicio nuestro blog.

Hacemos extensiva la salutación a nuestros infaltables enemigos y detractores, ya sean infatuados representantes del sedevacantismo, ya se trate de medrosos y claudicantes liberales. Sus insidias y denuestos nos sirven de publicidad indirecta y, cómo no, nos recuerdan que sus pendencias son “señal que cabalgamos”.

Con todos nos disculpamos y apelamos a su bondadosa indulgencia si alguna ofensa se ha podido deslizar en estas primeras 500 entradas.

Vaya un recuerdo, entonces, para todos los que han podido acercarse y entrar a este blog: