viernes, 7 de diciembre de 2012

DISTINTAS IGLESIAS



Comentario Eleyson 

Número CCLXXXI (281)

1 de diciembre 2012

 
DISTINTAS “IGLESIAS”

Por Mons. Williamson

Hoy reina mucha confusión acerca de la identidad de la verdadera Iglesia de Nuestro Señor aquí en la tierra, y acerca de los diversos nombres que se le aplican. Claro, la gran parte de la confusión actual proviene del mayor problema de la Iglesia de hoy, que es el diabólico Concilio Vaticano Segundo (1962-1965). Tratemos de desenredar algo de esta confusión.

“Iglesia” proviene del griego Ekklesia y del latín Ecclesia, “asamblea”. “Nuestro Señor reunió alrededor de El una sociedad de hombres que Le reconocían por Su Maestro: he aquí lo que El llamó Su Iglesia” (Bossuet).

“Iglesia Católica” significa para muchos un edificio, pero principalmente el grupo de personas que comparten en el mundo entero (katholos en griego significa “universal”) una misma Fe, un mismo conjunto de Sacramentos y una misma Jerarquía, los tres elementos habiendo sido establecidos por el Dios Encarnado, Nuestro Señor Jesucristo, durante su vida en la tierra hace 2000 años. Pero, a partir de este grupo inicial de creyentes tal como lo instituyó Nuestro Señor, de cuando en cuando otros grupos se han separado sin dejar por ello de pretender que ellos eran la verdadera Iglesia de Cristo. Entonces, ¿cómo voy a saber yo cual es Su verdadera Iglesia?

“Iglesia de Cristo” es la que posee las cuatro Notas exclusivas que permiten reconocerla. 1 Una - por encima de todo por la unicidad de la Fe con la cual Nuestro Señor quiso unificar a Su Iglesia y no fundar otras iglesias (cf.Jn.XVII,21-23: “A fin de que todos sean uno”). 2 Santa – Nuestro Señor fundó su Iglesia para conducir a los hombres al Dios Santísimo y a Su Santo Cielo (cf. Mt.V, 48: “Sed vosotros perfectos…”). 3 Católica – Nuestro Señor fundó su Iglesia para todos los hombres de todos los territorios y de todas las épocas (cf. Mt.XXVIII, 19: “Id pues y enseñad a todos los pueblos”). 4 Apostólica – Nuestro Señor fundó su Iglesia como una monarquía, para ser gobernada por el Apóstol San Pedro y sus sucesores (cf. Mt.XVI, 18: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra [petra en griego] edificaré mi Iglesia”). Donde estén estas cuatro Notas, ahí está la verdadera Iglesia de Cristo. Donde falten, no se trata de la Iglesia de Cristo.

“Iglesia Conciliar” significa la Iglesia Católica centrada en Dios tal como cae y sigue cayendo desde hace 50 años bajo la desviación del Concilio Vaticano Segundo, centrado en el hombre. El Conciliarismo (como se puede llamar el error destilado del Vaticano II) tiene con la verdadera Iglesia de Cristo la misma relación que la podredumbre que afecta a una manzana podrida tiene con la manzana misma que está pudriendoTal como la podredumbre ocupa la manzana, depende de la manzana, no puede existir sin la manzana, y es, sin embargo, totalmente diferente de la manzana (como lo incomible es diferente de lo comible), así el Conciliarismo centrado en el hombre ocupa de tal manera la Iglesia de Cristo que muy poco de la Iglesia queda sin estar más o menos podrido; sin embargo el Conciliarismo es tan diferente del Catolicismo que uno puede decir verdaderamente que la Iglesia Conciliar ya no es más la Iglesia Católica. Pero la Iglesia Católica es visible. ¿No es la Iglesia Conciliar también visible?

“Iglesia visible” (o “concreta”) significa todos los edificios, jerarcas y fieles de la Iglesia que podemos ver con nuestros ojos. Pero decir que la Iglesia Católica es visible, luego que la Iglesia visible es la Iglesia católica, es tan “infantil” (palabra de Mons. Lefebvre para este error) como decir que todos los leones son animales, luego todos los animales son leones. La única parte de la Iglesia visible que es católica es la que es una, santa, universal y apostólica. Lo demás son variedades de podredumbre visible.

“Iglesia oficial” significa la Iglesia en cuanto está conducida por, y siguiendo a, sus jerarcas visibles. Debido a que éstos son hoy mayormente Conciliares, la “Iglesia oficial” es ampliamente Conciliar y no católica, según su conformidad o no con las cuatro Notas. Similarmente, la “Iglesia actual” significa la Iglesia oficial de hoy en cuanto a que está opuesta al pequeño rebaño “Tradicionalista”. Sin embargo, que nadie vaya a decir que no queda nada de las Notas “una, santa, universal o apostólica” permaneciendo en la Iglesia “actual”, ni tampoco que todo o todos en el pequeño rebaño “Tradicionalista” evidencien las cuatro Notas. Trigo y cizaña crecen siempre mezclados en la Iglesia de Cristo (cf. Mt.XIII, 24-30).

Kyrie eleison.

SEMI-ARRIANOS Y SEMI-MODERNISTAS




Por R. P. Benoit Storez

Tomado de: Foro un évêque s'est levé y Non Possumus

Así como el fénix que renace de sus cenizas, la herejía frecuentemente es muy hábil para resurgir incluso después de múltiples refutaciones y condenaciones. La táctica utilizada no varía apenas : el error se rejuvenece, lima las asperezas, edulcora las afirmaciones y regresa sobre la escena en una forma atenuada.

Así sucedió con el arrianismo, enfrentando la oposición de los obispos católicos, cambió de cara y se hizo semi-arriano. Ya no dijeron que el Hijo no era Dios, ni siquiera que era inferior, sino simplemente negaron la consubstancialidad.”De la misma naturaleza” debería haber contentado a todo el mundo, ¿por qué no hacer un acuerdo sobre una fórmula común, compatible con la doctrina de la Iglesia y que los arrianos más moderados hubieran podido aceptar? El mismo papa Liberio, a pesar del valor que demostró en un primer tiempo enfrentando al emperador arriano, aceptó bajo presión esta línea de conducta. El ciertamente pensó que serviría mejor a la Iglesia con una diplomacia hábil. La historia juzgó e hizo de él “el papa arriano”. La Iglesia juzgó: Ella canonizó al intratable San Atanasio y culpó las habilidades de Liberio calificándolo de ‘favens hæresim’, favorece la herejía.

En materia de fe, las habilidades son fácilmente compromisos y las sutilezas puertas abiertas al error.

Otro autor escribió, hablando de este género de actitudes equívocas : « " No contradecimos a un negro en nombre de un gris más o menos sucio, sino en virtud de un blanco cada vez más puro, cada vez más brillante, cuyo esplendor condena y al gris y al negro ".

El demonio no se renueva mucho, y sus tácticas favoritas son en resumidas cuentas, poco numerosas.

Así actualmente vemos levantarse al más joven de la familia « Semi » : El semi-modernismo. Su hermano mayor, el modernismo, ha querido (y obtenido) un Concilio en ruptura con la Tradición. Desde el principio de la primera sesión, los padres “al viento” enviaron al olvido todos los trabajos preparatorios realizados por las comisiones romanas y las sustituyeron con sus propios esquemas para que sirvieran de base a las discusiones. El tono estaba dado, y se mantuvo a lo largo de todo el Concilio, con los frutos que conocemos.

Sin embargo, esta ruptura suscitó oposiciones. Un puñado de irreductibles resiste todavía y siempre al invasor. Que esto no importe, desarmemos a la oposición encontrando un terreno de entendimiento. Es así que asistimos a la propagación de una nueva tendencia: El concilio no es en ruptura sino en continuidad respecto al pasado. La crisis viene de aquellos, los villanos, que transformaron el Concilio y quienes hicieron la ruptura. Leamos el Concilio a la luz de la Tradición, pongamos el Concilio como prolongación de la Tradición y todo irá bien.

Es así que la hermenéutica de la continuidad sucede a la hermenéutica de la ruptura. Los peores excesos son culpados, las tesis más audaces son evacuadas, y he aquí a la herejía moderna que reaparece con una nueva juventud, como bajo la acción de una crema anti-arrugas.

La táctica no es nueva, por lo tanto todavía está en marcha. Este semi-conciliarismo o semi-modernismo es menos feo, menos repulsivo que su hermano mayor. Se engalanó un poco más con una máscara tradicional, permite el latín, ve con buenos ojos la sotana, incluso se interesa en el antiguo rito a quien le ha reservado un lugar etiquetado como « extraordinario » en el museo de antiguedades para el uso de los nostálgicos. Así todas las tendencias encontrarán su lugar en una gran iglesia universal que junta en sus brazos a todos los hermanos separados.

La única condición exigida, es que la oveja perdida acepte cohabitar pacíficamente con las otras tendencias.

Mejor que eso : vemos ahora reaparecer entre los teólogos romanos una fórmula querida por los combatientes de la primera hora: el concilio debe ser interpretado a la luz de la Tradición. ¿Quién de entre nosotros osaría oponerse a esta frase que incluso utilizó Monseñor Lefebvre? Pues bien, detrás de estas mismas palabras, un nuevo sentido ha despuntado. Ya no es el concilio juzgado por la Tradición, los errores del concilio condenados por la Tradición, sino que es una aclaración recíproca: el concilio a la luz de la Tradición y la Tradición a la luz del concilio. Como en un autoservicio, aquí hay para todos los gustos, y la Tradición reencuentra un pequeño derecho de ciudadanía en una Iglesia conciliar conciliante. En este sentido, y al precio de un ligero silencio pronto olvidado, la Tradición será aceptada, y millones de almas que hasta ese momento estaban distanciadas por nuestra irregularidad canónica, franquearían al fin las puertas de nuestras iglesias, atraídas por el esplendor de las ceremonias y el olor de los inciensos.
¡Qué ilusiones ! Modernismo y semi-modernismo son de la misma familia porque en ellos circula el mismo veneno del error, veneno del cual San Pío X dijo que no había peor. Seguir un concilio en ruptura con el pasado, o buscar en este concilio una solución de continuidad con la Tradición, es seguir haciendo del concilio la  brújula. Sotana, gregoriano, incienso, latín, todo eso no cambiará en nada los falsos principios que permanecen.

Recordemos las lecciones que nos da la historia, del papa Liberio y de San Atanasio. El tren conciliar no ha renegado de sus principios y continúa rodando en su perversa dirección: para defender nuestra fe, no hay que subirnos a él.


jueves, 6 de diciembre de 2012

LA TÁCTICA DE LUCIFER


"Antiguamente la táctica de Lucifer era desunir a los católicos, envidiando que fueran una sola alma para servir a Dios, y tuvieran ellos un solo corazón para amarle; pero hoy ha mudado de táctica, y trata de unir a los que deben estar separados, porque conoce perfectamente que cada paso que avance el liberalismo en el campo católico, es nueva conquista para él...Cuanto más lejos nos coloquemos del error, menos peligros tendremos de caer en él".

Mons. Ezequiel Moreno Díaz

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR II


Mons. Williamson, “Iglesia Conciliar”
Comentario Eleison Nº 105,11 de julio de 2009.

La expresión “Iglesia Conciliar” da lugar a mucha confusión. Por ejemplo, ¿cómo puede la Iglesia Católica, la impecable Novia de Cristo (Efesios V, 27), verse teñida con la nueva religión, centrada en el hombre, del Concilio Vaticano II, es decir, el Conciliarismo? Sin embargo, Nuestro Señor fundó sólo una Iglesia, de modo que si la “Iglesia Conciliar” no es católica, ¿hay dos Iglesias, una Iglesia Conciliar y una Iglesia Católica? Imposible.
De hecho no hay dos Iglesias. Sólo hay una Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, y esa es la Iglesia Católica. Sin embargo, esta Iglesia Católica se encarna en seres humanos, que son necesariamente imperfectos. Nuestro Señor la instituyó no para salvar ángeles o animales, sino exclusivamente para nosotros, los pobres seres humanos, que por nosotros mismos sólo tendemos, a causa del pecado original, a caer más y más lejos del Cielo y de Dios.
Así, la Iglesia Católica siempre tiene dos aspectos: divina por su origen o principio (Jesucristo); y por su finalidad (llevar las almas al Cielo); y por otro lado es, en sí misma, necesariamente humana, por su involucrarse entre los seres humanos a los que viene a salvar. Por lo tanto, como debe haber seres humanos dentro de la Iglesia, también habrá siempre imperfecciones en el interior de la Iglesia, a veces muy visibles; pero estas imperfecciones seguirán siendo incapaces de manchar a la Esposa de Cristo, impecable en sí misma.
Ahora bien, el Conciliarismo, como nueva religión del Vaticano II, poniendo al hombre en el lugar de Dios, es error e imperfección puramente humana; de ninguna manera divina. Así pues, la expresión “Iglesia Conciliar”, refleja la Iglesia Católica en su aspecto puramente humano e imperfecto, la Iglesia como desfigurada por el hombre moderno, que organizó el Vaticano II para ponerse a sí mismo en el lugar de Dios. Sin embargo, la Iglesia permanece inmaculada bajo todas las desfiguraciones, como si se tratara de un martín pescador, que se precipita sobre un lago a recoger a un pez y vuela de nuevo al Cielo, sin hesitar, liberándose de toda el agua que lo impregnó momentáneamente.
¿Luego hay dos Iglesias? De ninguna manera. Sólo hay una inmaculada Esposa de Cristo. Entonces, ¿la expresión “Iglesia Conciliar” no tiene significado real? Por desgracia, esa locución nombra una muy concreta realidad. Designa a todos los miembros y estructuras de la Iglesia verdadera que están como atrapados en las estrategias de los sutiles errores del Concilio Vaticano II, y como tendiendo todo el tiempo a salir de la verdadera Iglesia por causa de esos errores. Esta es la “Iglesia Conciliar” de la cual Monseñor Lefebvre nunca se reconoció “excomulgado”, porque, como él decía, desde un principio jamás perteneció a ella.
Kyrieeleison.

martes, 4 de diciembre de 2012

PROFESIÓN DE FE CATÓLICA DEL PADRE JEAN DE MORGON




Tomado de: Un Évêque s'est levé y Non Possumus




El Padre Jean es el autor de la Carta que fue filtrada en el 2009 luego de su oposición a los deseos de Monseñor Fellay de reunirse con Roma.
Me han comunicado esta profesión de fe de este mismo Padre Jean que es Capuchino de Morgon. Lo ha hecho a guisa de sermón el 21 de octubre pasado para inaugurar a su manera “el año de la fe” promovido por Benedicto XVI.
Aunque somos simples fieles, deberíamos hacerla también porque nosotros tenemos el mismo combate por la defensa de la fe católica.

Domingo 21 de octubre de 2012.

PROFESION DE FE CATOLICA DEL PADRE JEAN

I  PREAMBULO

1) En vista de la presente situación, en el 50 aniversario de apertura del Concilio Vaticano II en el que el Papa Benedicto XVI acaba de inaugurar un “año de la fe”, “consagrado a la profesión de la fe y a su justa interpretación”, y en el cual se incita a los fieles al estudio indulgenciado de las actas del Concilio y a los artículos del nuevo catecismo; este concilio del cual el cardenal Ratzinger escribió 30 años después: “Un abismo corta a la Iglesia entre dos mundos irreconciliables: el mundo preconciliar y el mundo posconciliar” (“Un canto nuevo para el Señor”, Desclée-Mame, 1995, pág. 174)

2) Vista la reciente declaración difundida por el Prefecto de la Congregación de la Fe, Monseñor Müller, quien no ha abjurado verdaderamente de sus errores (por no decir herejías) sobre la Transubstanciación, la Virginidad de María y la pertenencia de los protestantes en la Iglesia, que acusó a los sacerdotes y fieles de la Tradición de estar afuera de la Fe católica afirmando: “Nosotros no podemos abandonar la fe católica en estas negociaciones (con la FSSPX)”. (Entrevista a NDR, 06-10-2012).

3) Vistas las exhortaciones categóricas de los Apóstoles en materia de intransigencia doctrinal, no solamente la obligación de conservar integralmente el depósito de la fe transmitida (1 Ti. 6, 20; 2 Juan, 9), sino también de desconfiar de los falsos doctores (Hechos 20, 29; 2 Pedro 2,1), de anatemizar a aquellos que enseñan una doctrina divergente (Gal. 1, 9; 2 Juan 10), hasta resistir a la cara a las altas autoridades que ya no caminan rectamente en la fe (Gal. 2,11)

4) Vistas las profecías dignas de fe que nos han anunciado una apostasía general de la fe en los últimos tiempos de la Iglesia: profecías bíblicas en particular de Nuestro Señor Jesucristo (Lc 18,8) y del Apóstol (1 Tim 4,1; 2 Tim 3, 1-8) y las profecías de Nuestra Señora en sus apariciones que han sido reconocidas como auténticas por la Iglesia (Quito, La Salette, Fátima); profecías confirmadas por los Papas del siglo XX deplorando la apostasía oficial de las naciones católicas hasta el Vaticano II, los cuales las han alentado.

5) Vista la ley constante e intangible de la Iglesia, que prescribe que « los fieles a Jesucristo deben profesar abiertamente (aperte profiteri tenentur) la fe en toda circunstancia en la cual su silencio, su tergiversación o su comportamiento implicaría la negación implícita de la Fe, el desprecio de la religión, la injuria hecha a Dios o el escándalo del prójimo” (Código de 1917, canon 1325 § 1).

6) Vistas las exhortaciones oportunas de nuestros veteranos en el combate actual por la defensa de la fe contra los neo-modernistas, como Monseñor Lefebvre : « Nosotros debemos combatir contra las ideas que están actualmente en boga en Roma y que están en la boca del Papa y de la de Ratzinger…” (Conferencia en Ecône, 06-09-1990; Fideliter N°87 pág.3); como Monseñor De Castro Mayer: “ser fieles a la misión que Dios nos ha confiado, de resistir al modernismo reinante” (Declaración en las consagraciones, 30-06-1988; Fideliter n° 64 pág.9) o como el padre Calmel: “Confesar la fe de cara a las autoridades modernistas, es rehusarse a cualquier equívoco, tanto en los ritos como en la doctrina” (“Breve apología”… Itinerarios, N° 316, pág.76).

7) Vistas las divergencias graves e inevitables en materia de fe, constatadas en las últimas discusiones doctrinales en Roma entre los teólogos conciliares y los de la Tradición católica, divergencias ya expresadas en substancia por Monseñor Lefebvre en su Manifiesto episcopal (21-11- 1983) y largamente expuestas en nuestros cursos del seminarios, congresos teológicos, artículos doctrinales, círculos de estudio y predicaciones a los fieles.


II  PROFESION DE FE CATOLICA.

En la situación actual, y en consideración de lo que acabo de exponer arriba, como sacerdote católico, a pesar de mi indignidad, que me sea permitido en este día, y en presencia de los fieles que tienen un derecho estricto de conocer exactamente cuál es la Fe íntima de aquellos quienes les predican, reafirmar públicamente lo que sigue:

1) Yo renuevo, y hasta la muerte, la profesión pública de fe hecha por mi padrino y mi madrina el día de mi bautizo, y de mi propia iniciativa doce años después en mi comunión solemne.

2) Yo renuevo, y hasta mi muerte, la profesión de fe tridentina y el juramento antimodernista que he jurado públicamente con la mano sobre el Evangelio, y ante el Santísimo Sacramento antes de recibir la ordenación sacerdotal.

3) Yo profeso hasta mi muerte, el Símbolo de los Apóstoles recitado cada domingo en la Misa, así como el Símbolo llamado de San Atanasio que la Iglesia hace recitar a sus consagrados cada domingo en el breviario antes del Concilio.

4) Yo profeso, hasta mi muerte, todos y cada uno de los dogmas definidos de la fe católica y romana, así como todas y cada una de las verdades de la doctrina católica, definidas como tales por el conjunto de teólogos (cf Denz.2880) antes del último concilio, verdades cuyas negación implicaría un pecado de temeridad en contra de la fe.

5) Yo profeso para siempre todas las verdades que han sido atacadas en la historia de la Iglesia, y rechazo todos los errores opuestos que han sido duramente censurados por el Magisterio de los Papas, los concilios y las congregaciones romanas.

6) Yo profeso para toda mi vida, la doctrina segura y tradicional expuesta en los catecismos del concilio de Trento y de San Pio X, así como todo otro catecismo anterior al Vaticano II, que la reproduzca fiel e integralmente.

7) Finalmente, yo profeso y quiero profesar hasta mi último suspiro la fe de los Padres y los Doctores de la Iglesia, transmitida fielmente por el Magisterio de los Papas y de los Concilios, como una formulación cierta y fijada de una vez por todas, de la Verdad absoluta que no evolucionaría con el tiempo en su substancia.

III  PROFESION DE FE EN CONTRA DE LOS ERRRORES ACTUALES.

El deber principal de todo sacerdote no es solamente el de profesar y enseñar la verdadera fe católica, sino también de defenderla frente a sus enemigos, cualquiera que ellos sean, en consecuencia:

 1)Yo profeso la definición tradicional y católica de la fe, es decir, que ella es una virtud sobrenatural, un don gratuito de Dios por el cual toda mi alma, inteligencia y voluntad, se somete a toda la verdad revelada por Dios y transmitida por su única Iglesia, que no puede ni engañarse ni engañarme.

Del mismo modo, yo condeno y rechazo la doctrina meo-modernista que presenta a la fe como un sentimiento « nacido en las profundidades de mí mismo » (Juan Pablo II, « No tengáis miedo” Laffont, pág. 39) o como una “experiencia” que no puede ser sino “comunitaria” (Prof. Ratzinger, “La fe cristiana…” pág. 110 y “Principios de teología…” pág.35)

2) Yo profeso la doctrina tradicional y católica del Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, con su consecuencia necesaria de la unión armoniosa de la Iglesia y el Estado, a fin de que la Ley Divina y eclesiástica presida todas las instituciones humanas, por la gloria de Dios y la salvación de las almas; doctrina fundada sobre la Escritura (Is. 55,4; 1 Tim. 6,15) y la Tradición, en particular la encíclica “Quas primas” de Pio XI

Así mismo, yo condeno y rechazo la doctrina liberal del Vaticano II en « Gaudium et spes » (Cap. 4) que proclama la autonomía del Estado en relación a la Iglesia según el falso principio de la libertad religiosa, doctrina que el papa actual ha calificó de “una suerte de contra-Syllabus” y más recientemente en una alocución pública a embajadores, como “un gran progreso de la humanidad” (13-12-2008).

3) Yo profeso la doctrina tradicional y católica del verdadero ecumenismo, es decir, del regreso de las almas extraviadas al único aprisco de Cristo, doctrina fundada en la Escritura (Juan 10, 16; Hechos 2,38) y la tradición constante, en particular la encíclica “Mortalios animos” de Pio XI:

Así mismo, yo condeno y rechazo la doctrina contraria de los hombres de la Iglesia conciliar que enseñan que el ecumenismo de antaño es “obsoleto” (Acuerdos de Balamand, 24-06-1993), que no hay que tratar de “convertir” a los otros (Card. Kasper, 22-01-2001), “Presión” que sería una “forma de proselitismo abusivo” (Juan Pablo II, 31-05-1991) y que “haría renegar a los otros de su propia herencia de fe” (Benedicto XVI, 18-08-2005).

4) Yo profeso la definición tradicional de la Iglesia Católica y Romana cono siendo el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, la única Arca de Salvación, a la cual no se puede pertenecer sin el bautismo y la fe; doctrina revelada por Dios (Col. 1,18; Juan 3,5; Mc. 16,16) y transmitida por la Tradición, en particular en la encíclica de Pio XII “Mystici corporis”.

Asimismo, yo condeno y rechazo la doctrina divergente del Vaticano II, que enseña que « La Iglesia de Cristo subsiste en le Iglesia Católica” (L.G. 8) y su explicación hecha por el nuevo catecismo (§ 836), a saber, que “todos los hombres pertenecen a la unidad católica del Pueblo de Dios bajo diversas formas donde están ordenados”.

Además, yo condeno y rechazo la nueva doctrina conciliar (U.R. 3) retomada en el nuevo catecismo (§ 819), según la cual “el Espíritu de Cristo se sirve de Iglesias y comunidades eclesiales (separadas) como medios de salvación”. Porque las falsas religiones no son inspiradas por el Buen Espíritu, sino por el Maligno (Sal. 95,5; 1 Cor. 10,20; Ap. 2,9)

5) Yo profeso la doctrina tradicional y católica de la substitución de la nueva Alianza a la antigua Alianza, esta última siendo por lo mismo revocada, como lo afirma explícitamente la Palabra de Dios (2 Cor. 3, 14; Heb. 8,13) y la Tradición, como por ejemplo la bula « Hebraeorum gens » de San Pio V (1569).Esta creencia tradicional, debe entenderse en el sentido de que la religión judía ha sido revocada por Dios, pero sin excluir que los israelitas puedan convertirse a Él, individualmente en el tiempo, y en masa al fin de los tiempos (Rom. 11, 25). 

También condeno y rechazo la doctrina contraria del Vaticano II (Nostra aetate), formulada por Juan Pablo II (17-09-1980) y el nuevo catecismo (§ 121) en este axioma injurioso a Nuestro Señor Jesucristo, divino fundador de la Iglesia de la nueva y eterna Alianza: “La antigua alianza jamás ha sido revocada”.

6) Yo profeso la doctrina tradicional y católica según la cual el infierno existe, y que todos los que mueran en estado de pecado mortal e impenitentes son eternamente condenados, doctrina revelada de Dios (1 Cor. 6,10; Ap. 21,27) y transmitida constantemente por la Tradición, en particular el 2do Concilio de Lyon (1274). Creo también, siguiendo a Nuestro Señor que nos ha revelado que muchos toman la vía ancha que lleva a la perdición (Mt. 7,13 ; Lc. 13,24), revelación confirmada por Nuestra Señora de Fátima, que muchas almas, sobre todo en nuestra época, se condenan y que nos hace orar y hacer penitencia para contribuir a su salvación.

También condeno y rechazo la teoría contraria, según la cual el infierno existe pero que está vacío (Urs Von Balthazar, citado por Juan Pablo II en “Entrando al umbral de la esperanza” pág. 200), o que el juicio y la condenación evocadas por el Evangelio no conciernen mas que a Satanás y sus ángeles caídos (Juan Pablo II, Encíclica Dominum vivificantem, 18-05-1986, n° 27-28), o que el infierno no alberga mas que a “ciertos personajes de nuestra historia” (Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, 30-11-2007, n°45).

7) En fin, como sería muy fastidioso enumerar todos los graves errores posconciliares perpetrados, alentados o avalados por los hombres de Iglesia en el poder, siguiendo a Monseñor Lefebvre y otros obispos y sacerdotes que permanecieron fieles a la Iglesia de siempre, yo condeno y rechazo todas y cada una de las teorías y prácticas que demuelen poco a poco la fe en las almas, en el dominio no solamente doctrinal sino también moral (La inversión de los fines del matrimonio para legitimar las decenas de miles de anulaciones de matrimonio por año), litúrgico (la nueva misa urdida junto a seis pastores protestantes), canónico (Monseñor Lefebvre dijo que ellos destruyen la Iglesia con las leyes fundamentales inspiradas por el modernismo del nuevo Código canónico de 1983 ; Fideliter n° 55 p. 9), ecuménico (Asís, Juan Pablo II besando el Corán el 14-05-1999, Benedicto XVI haciéndose bendecir por un rabino el 11-05-2007), bíblico (exégesis hipercrítica, nueva biblia de traducción ecuménica), sacramental (ya no hay genuflexión delante del Santísimo Sacramento, lo que disminuye la fe hacia la presencia real), etc.… teorías y prácticas que condeno y por lo tanto rechazo, en toda la medida en que son contrarias al espíritu de la Iglesia Católica, injuriosas a Dios y escandalosas a las almas.

EN CONCLUSIÓN

Debo precisar que si condeno todas estas novedades malsanas y más o menos heréticas, no tengo intención de poner en causa la función, la autoridad y el respeto de los Pastores incriminados, no teniendo ninguna competencia para juzgar sus personas, y rezo también por ellos, el Papa y los obispos, como responsables delante de Dios de nuestras almas sobre las cuales tienen jurisdicción ordinaria. Pero con San Pablo, Santo Tomás de Aquino y San Roberto Belarmino, yo estimo en conciencia que si estas autoridades llevan daño a la Iglesia en la Fe; no solamente está permitido, sino que es un deber el resistirles a la cara diciéndoles públicamente que ellas no caminan más según el Evangelio, y desobedecerlas en todo lo que ellas quieran imponernos de contrario a Dios.

Considerando que esta Fe, de la cual estoy orgulloso, es un puro don de Dios recibido sin mérito de mi parte; considerando la historia de la Iglesia y las lamentables caídas de numerosos clérigos más sabios, más fervientes y más prudentes que yo; considerando en fin mis debilidades pasadas, la apostasía actual y las persecuciones futuras, yo no puedo mas que pedirles e implorarles, muy queridos fieles, de rezar también por mí, a fin de que no solamente yo persevere en esta fe católica y romana que acabo de profesar de nuevo, sino también, y aún más, en la caridad, porque “si yo tuviera la plenitud de la fe hasta mover montañas, si no tengo la caridad, no soy nada” (1 Cor. 13,2); pidan también para que yo pueda cumplir lo mejor posible mi deber sacerdotal hacia Dios y las almas, cooperando aunque sea poco al Reinado de Dios aquí abajo, esperando el triunfo final de los Santísimos Corazones de Jesús y de María.


NO NOS AVERGONZAMOS DE MONS. WILLIAMSON






 NO NOS AVERGONZAMOS DE MONS. LEFEBVRE

“Es precisamente por ser católicos, y porque Monseñor Marcel Lefebvre era muy católico, por lo que somos discípulos de Monseñor. Y al revés, hoy la gente cree porque obedece; no obedece porque cree. No tienen la Fe sobrenatural, poseen la obediencia. Usted es católico si obedece y no si cree. Y sin embargo la obediencia es una consecuencia de la Fe. Por lo tanto si nos hemos unido a este hombre, salvador de la Tradición, es porque era realmente católico”.

Mons. Alfonso de Galarreta, sermón de ordenaciones del 29 de junio de 2008.

"UN DON PRECIOSO"





“Vos sois un don precioso para la Iglesia católica en este período turbulento”.

Cardenal Ratzinger sobre el Cardenal Kasper, Revista 30 giorni, mayo de 1989.

"REPUDIAR LA IGLESIA REFORMADA Y LIBERAL"


“En la Iglesia no hay ningún derecho, ninguna jurisdicción que pueda imponer a un cristiano la disminución de su fe, todo fiel puede y debe resistir a aquello que afecte su fe, apoyándose en el catecismo de su niñez. Si se encuentra en presencia de una orden que lo pone en peligro de corromperla, la desobediencia es un deber imperioso.
Tenemos el deber de desobedecer y de conservar la tradición porque estimamos que nuestra fe está en peligro a causa de las reformas y las orientaciones posconciliares. Agreguemos esto: el mayor de los servicios que podamos hacer a la Iglesia y al sucesor de Pedro es repudiar la Iglesia reformada y liberal. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, ni es liberal ni puede ser reformado.
En dos ocasiones oí decir a dos enviados de la Santa Sede: "La realeza social de Nuestro Señor ya no es posible en nuestro tiempo, hay que aceptar definitivamente el pluralismo de las religiones". Eso fue exactamente lo que me dijeron. Pues bien, yo no pertenezco a esa religión, no acepto esa nueva religión. Es una religión liberal, modernista, que tiene su culto, sus sacerdotes, su fe, sus catecismos, su Biblia ecuménica traducida en común por católicos, judíos, protestantes, anglicanos, en la que todo se mezcla para dar satisfacción a todo el mundo, es decir, sacrificando muy frecuentemente la interpretación del magisterio.
(…)
Aquí se enfrentan dos religiones; nos encontramos en una situación dramática, pues no es posible no hacer una elección, sólo que esa elección no supone elegir entre la obediencia y la desobediencia. Lo que se nos propone, aquello a que se nos invita expresamente y por lo que se nos persigue es que elijamos una apariencia de obediencia. En efecto, el Santo Padre no puede pedirnos que abandonemos nuestra fe.
(…)
Nosotros decidimos pues conservar nuestra fe y no podemos engañarnos cuando nos atenemos a lo que la Iglesia enseñó durante dos mil años. La crisis es profunda, está sabiamente organizada y dirigida hasta el punto de que en verdad se puede creer que su autor no es un hombre, sino el mismo Satanás. Ahora bien, Satanás hizo algo magistral cuando logró hacer desobedecer a los católicos en nombre de la obediencia. Un ejemplo típico está dado por el aggiornamento de las sociedades religiosas; por obediencia se hace desobedecer a religiosos y religiosas a las leyes y constituciones de sus fundadores, leyes que juraron observar cuando hicieron su profesión de fe. En este caso la obediencia debería ser una negativa categórica. La autoridad, aun siendo legítima, no puede mandar que se realice un acto reprensible, malo. Nadie puede obligar a alguien a transformar sus votos monásticos en simples promesas, así como nadie puede obligarnos a convertirnos en protestantes o modernistas. Santo Tomás de Aquino, a quien siempre hay que remitirse, hasta llega a preguntarse en la Suma Teológica si la "corrección fraternal" prescrita por Nuestro Señor puede ejercerse respecto de los superiores. Después de haber hecho todas las distinciones útiles, el santo responde: "Se puede ejercer la corrección fraternal respecto de los superiores cuando se trata de la fe".
(…)
San Pablo nos lo advirtió: "Aun cuando un ángel venido del cielo os dijera otra cosa diferente de la que yo os he enseñado, no lo escuchéis". Ése es el secreto de la verdadera obediencia”.

Monseñor Lefebvre, “Carta abierta a los católicos perplejos”, Cap. XVIII

lunes, 3 de diciembre de 2012

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR I


Extractos de la conferencia dada por  S. Exc. Mgr Lefebvre, Ecône el 9 de septiembre de 1988

(Fuente: Fideliter N° 66. Noviembre-diciembre de 1988).

Mis queridos amigos:

Pienso que ustedes, que están ahora en el Ministerio y que quisieron conservar la Tradición, tienen la voluntad de ser sacerdotes como siempre, como lo fueron los santos sacerdotes de antes, todos los santos párrocos y los santos sacerdotes que nosotros mismos pudimos conocer en las parroquias. Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica. Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica.

No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy grave.

¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos? Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial. Un obispo cree en esto, el otro no; la fe es distinta, sus catecismos abominables contienen herejías. ¿Dónde está la unidad de la fe en Roma?

¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos. La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente. Habrá pronto tantas Iglesias Católicas como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más catolicidad. ¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo bien, es éso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II. Vean el Motu Proprio del Papa que nos condena, dice bien: “la Tradición viva, esto es Vaticano II”. No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso no significa nada. La Iglesia lleva la Tradición con ella de siglo en siglo. Lo que pasó, pasó, desapareció. Toda la Tradición se encuentra en la Iglesia de hoy. ¿Cuál es esta Tradición? ¿A que está vinculada? ¿Cómo está vinculada con el pasado? Es lo que les permite decir lo contrario de lo que se dijo antes, pretendiendo, al mismo tiempo, guardar por sí solos la Tradición.

Es lo que nos pide el Papa: someternos a la Tradición viva. Tendríamos un mal concepto de la Tradición, porque para ellos es viva y, en consecuencia, evolutiva. Pero, es el error modernista: el santo Papa Pío X, en la encíclica “Pascendi”, condena estos términos de “tradición viva”, de “Iglesia viva”, de “fe viva”, etc., en el sentido que los modernistas lo entienden, es decir, de la evolución que depende de las circunstancias históricas. La verdad de la Revelación, la explicación de la Revelación, dependerían de las circunstancias históricas.

La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.

Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo. Cuando Mgr Perl decía a las hermanas de Saint Pré y a las hermanas de Fanjeaux que es sobre bases como esas que será necesario reconstruir la Iglesia, no es, a pesar de todo, un pequeño cumplido.

Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible. Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros. No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.

La catolicidad, es la fe una en el espacio.

La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.

La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.

Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble. Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro. Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que están extendiéndose ahora.

¿Salir de la Iglesia? Por supuesto, podrá objetársenos: ¿”Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa”? No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia. En cuanto a decir “salir de la Iglesia visible”, es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible. Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa a su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo. ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente. Todo el libro del Sr. Madiran “La Herejía del Siglo XX” es la historia de la herejía de los obispos. Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma. Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.

Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos. ¡Sí!, el liberalismo y el modernismo se introdujeron en el Concilio y dentro de la Iglesia. Son ideas revolucionarias; y la Revolución, que se encontraba en la sociedad civil, pasó a la Iglesia. El cardenal Ratzinger, por otra parte, no lo oculta: adoptaron ideas, no de Iglesia, sino del mundo y consideran un deber hacerlas entrar en la Iglesia.

Ahora bien, las autoridades no cambiaron de una iota sus ideas sobre el Concilio, el liberalismo y el modernismo. Son anti-tradición, anti la Tradición tal como debe entenderse y como la Iglesia lo comprende. Eso no entra en su concepción. El suyo es un concepto evolutivo. Están, pues, en contra de esta Tradición fija, en la cual nos mantenemos. Consideramos que todo lo que nos enseña el catecismo nos viene de Nuestro Señor y de los Apóstoles, y que no hay nada que cambiar. Para ellos, no, todo eso evoluciona y evolucionó con el Vaticano II. El término actual de la evolución es Vaticano II. Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma.

Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber. No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.

Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: “Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela”. ¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro. Cuando nos dijo explícitamente: “Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos”.

Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición. No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo. Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen…

SABOTAJE


"PROMETEO, LA RELIGIÓN DEL HOMBRE", EXCELENTE LIBRO DEL R.P. CALDERÓN, SABOTEADO POR MENZINGEN.



Palabras de Monseñor Williamson en su conferencia de Bristol N° VIII





"Actualmente la Fraternidad está desalentando el criticismo a Benedicto XVI y el criticismo al concilio. Recuerdo cuando Campos cayó, creo que fue en el 2002, escribí un artículo llamado “Campos ha caído”, y recuerdo a Monseñor Fellay llamándome para decirme “Usted no debería decir eso”. Cambié algunas frases pero nunca quiso que dijera “Campos ha caído”, esto en el 2002. Monseñor Tissier escribió un muy buen ensayo de los errores teológicos de Benedicto XVI llamado “La fe amenazada por la razón” y nunca fue publicado por la Fraternidad. Fue publicado solamente por los Dominicos de Avrillé, porque Monseñor Fellay no quiso que se publicara porque era en contra de Benedicto XVI. 

Otro trabajo es la excelente condenación sintética del Padre Calderón que es sobre todo una condenación del concilio –con argumentos muy sólidos, muy coherente – un verdadero panorama de la podredumbre del Concilio. Está en español, fue traducido al francés pero llegaron órdenes de arriba de que no fuera publicado por la Fraternidad en Francés. La traducción ya está lista, está ahí, quizá hasta lo llevaron a la imprenta y –luz roja, porque no quieren que el concilio sea condenado y no quieren que Benedicto XVI sea condenado tampoco. Para la Fraternidad esto es una locura, peor que una locura. Es un suicidio. Es el suicidio de la FSSPX. Es como comprar un perro guardián y amordazarlo en la noche para que no ladre".