miércoles, 7 de noviembre de 2012

CAMINO IRREVOCABLE




El ecumenismo y el diálogo Interreligloso como piezas clave del Concilio vaticano II no han sufrido ninguna desaceleración, tal como puede verse por la actividad de estos últimos meses. Lo que queda demostrado sencillamente con dos hechos: la vi­sita del Papa a la gran sinagoga de Roma, el de enero de 2010, y la visita al templo luterano de Roma, el 14 de marzo de 2010. Este artículo fue publicado en la revista de los dominicos de Avrillé (Francia), Le sel de la Terre, en su n° 73.

Tal vez algunos lectores pensarán que no es el momento de criticar al Papa, justo cuando una odiosa campaña mediática se ensaña con él.
Vamos a responder brevemente: la verdad es la verdad y es importante conocerla. Ahora bien, este aspecto de la personalidad del Santo Padre, es de­cir su compromiso con el ecumenismo y el diálogo interreligioso (especial­mente con la religión judía talmúdica) no es muy conocido por parte de los católicos tradicionalistas.
Desde el concilio, y en la actuali­dad también, el único “pecado” per­seguido a ultranza es el pecado de “tradicionalismo”. Precisamente por ser tradicionalistas, Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer, así como los sacerdotes unidos a ellos, fueron excomulgados, echados fue­ra, injuriados de múltiples formas, y todo esto por los que en la Iglesia hu­bieran debido felicitarlos y animarlos. Al mismo tiempo, los obispos y sacer­dotes de ideas heréticas y costumbres degradadas no sufrieron pena alguna de consideración. Se ha permitido sin mostrar interés alguno que los católi­cos se hundan en el hedonismo más
vergonzoso. Ahora se recogen los fru­tos de lo que se sembró. De Dios nadie se ríe.
Además lejos de reconocer que este ecumenismo y este diálogo in­terreligioso sólo llevan a la ruina y a la apostasía, la jerarquía conciliar no pierde ocasión alguna para repetir que es un “camino irrevocable”. Una y otra vez permite nuevas concesiones y nuevas peticiones de perdón. Cuantas más pruebas de debilidad da, más se envalentonan los enemigos de la Igle­sia para seguir reclamando. El único medio de hacerles frente nos lo ha dado Nuestro Señor Jesucristo, con su ejemplo y su enseñanza: dar testimo­nio de la verdad y si es necesario hasta entregar la propia vida. Aquí está la salvación de los que dan testimonio y a menudo la salvación de los que los escuchan.
Si sacamos a la luz estos hechos no es por una cuestión de celo amargo o un deseo malsano de dar a conocer los fallos de las autoridades eclesiásticas. Es por amor a la verdad y para hacer comprender cuáles son las verdaderas causas de las actuales desgracias de la Iglesia.

Benedicto XVI en la sinagoga de Roma

El Papa visitó la sinagoga de Roma el domingo 17 de enero de 2010[1]. Du­rante el rezo del Ángelus de este día, el Papa explicó el sentido de esta vi­sita:

«Esta tarde, casi veinticuatro años después de la histórica visita del venerable Juan Pablo II (el primer Papa que visitó una sinagoga), estaré pre­sente en la gran sinagoga de Roma, llamada Gran Templo, para encontrarme con la comunidad judía de la ciudad y franquear una nueva etapa en el camino de concordia y amistad entre católicos y judíos. En efecto, a pesar de los problemas y las di­ficultades, se respira entre los creyentes de estas dos religiones un clima de gran respeto y diálogo, lo que demuestra que se ha madurado en cuanto a las rela­ciones y él compromiso común de realzar lo que nos une, la fe en el único Dios, esto ante todo, pero también la protección de la vida y de la familia, el deseo de la justicia social y de la paz».

¿Cómo puede decir el Papa que está unido a los judíos por la fe en el único Dios? ¿Acaso ignora que los judíos no creen en la Santísima Trinidad? Los cristianos creen en el Dios uno y trino, los judíos creen en un “Dios” único y no trino. No estamos unidos por la fe en el mismo único Dios.
En su discurso en la sinagoga, Be­nedicto XVI ha recordado la visita hecha por su predecesor en este lugar, el 13 de abril de 1986, en donde afirmó lo siguiente: «Mi visita se inscribe en el camino trazado, para confirmarlo y refor­zarlo».


Seguidamente se ha referido al Concilio Vaticano II:

«La doctrina del Concilio Vaticano II ha representado para los católicos un punto de referencia hacia él que pueden orientarse constantemente en su actitud y relaciones con él pueblo judío, lo que mar­ca una etapa nueva y decisiva. El acon­tecimiento conciliar ha dado un impulso decisivo al compromiso de recorrer un ca­mino irrevocable de diálogo, de fraterni­dad y de amistad».

El Papa de esta forma nos advierte que este camino es “irrevocable”.
Ha denominado (como lo hizo Juan Pablo II) al pueblo judío “el pueblo de la Alianza”.

«Yo también, durante estos años de pontificado, he querido demostrar mi cer­canía y mi afecto al pueblo de la Alianza».

Esta denominación es falsa. El pue­blo judío ha sido antes de la Encarna­ción del Hijo de Dios, el pueblo de la antigua Alianza. Ahora estamos, desde hace más de 2000 años, en la era de la nueva Alianza. La antigua alianza ha sido reemplazada por la nueva y los judíos (actuales) que no aceptan en­trar en la Iglesia no guardan ninguna alianza con Dios.
Seguidamente el Papa ha entonado su “tua culpa” por las pretendidas fal­tas de sus predecesores:

«Por otra parte la Iglesia no ha dejado de lamentarse por las faltas de sus hijos e hijas pidiendo perdón por todo lo que ha podido favorecer de una forma u otra las llagas del antisemitismo y del antijudaísmo (confrón­tese la Comisión para las relaciones religio­sas con el judaísmo, “No lo olvidamos: una reflexión sobre la Shoah”, 16 de marzo de 1998). ¡Ojalá que estas llagas se curen para siempre! Me viene a la memoria la oración llena de tristeza del Papa Juan Pablo II en el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, el 26 de marzo de 2000, que resuena con verdad y sinceridad en lo más profun­do de nuestro corazón: “Dios de nuestros padres, Tú has escogido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre sea dado a conocer a todos los pueblos; sentimos una profunda tristeza por el comportamiento de los que, a través de la historia, han hecho sufrir a los que son tus hijos y, al pedirte perdón, queremos comprometernos a vivir una auténtica fraternidad con el pueblo de la Alianza».
Seguidamente habla de la Shoah: «El singular y escalo­friante drama de la Shoah representa de alguna for­ma la cumbre de proceso de odio que nace cuando el hombre olvida a su Crea­dor y él mismo se sitúa en el centro del universo. Como lo expresé con mo­tivo de mi visita el 28 de mayo de 2006 en el campo de concentración de Auschwitz, y que sigue aún grabado profundamente en mi mente, “los poderosos del Tercer Reich querían aplastar al todo el pueblo judío” y en el fondo “mediante la ani­quilación de este pueblo pensaban matar a este Dios que llamó a Abraham y que, hablando en el Sinaí, estableció los crite­rios para orientarse la Humanidad y que permanecen válidos para siempre[2].
¿Cómo no acordarse en este lugar de los judíos romanos que fueron expulsados de sus hogares, testigos son estos muros, y en medio de una matanza horrible fueron asesinados en Auschwitz? ¿Cómo es posi­ble olvidar sus rostros, sus nombres, las lágrimas, la desesperación de los hombres, mujeres y niños? La exterminación del pueblo de la Alianza de Moisés, primero anunciada y más tarde sistemáticamente programada y llevada a cabo en Europa bajo la dominación nazi, llega también a Roma en este día trágico?».

Frente al ataque insolente de Riccardo Pacifici, presidente de la co­munidad judía de Roma, que había estigmatizado el “silencio de Pío XII” el Papa se limitó a decir: «La Sede Apos­tólica llevó a cabo también una acción de socorro a las víctimas, a menudo escondi­da y discreta».
Dijo acto seguido que al pueblo ju­dío «pertenecen la adopción filial, la glo­ria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas». Esta última frase es una cita de San Pablo (Rom. 11, 29), cita que se aplica a los judíos del Antiguo Testamento y no a los actuales judíos a quie­nes hablaba el Papa.
Más tarde desarrolló «las implicaciones deri­vadas de esta herencia común»:

«Primeramente la so­lidaridad que une a la Iglesia con el pueblo ju­dío “incluso a nivel de su identidad” espiritual y que ofrece a los cristianos la oportunidad de promover “un respeto renovado por la interpreta­ción judía del Antiguo Testamento”[3], (...) el compromiso para preparar o realizar el Reino del Altísimo en el “cuidado de la creación” confiada por Dios al hombre para cultivarla y protegerla de manera responsable (cf. Gen. 2,15)».

¿Pero realmente el Papa piensa que el “Reino del Altísimo”, Reino cuya venida pedimos en el Pater, consiste en el «cuidado de la creación confiada por Dios al hombre para cultivarla y proteger­la de manera responsable»? Si no lo pien­sa, ¿por qué se siente obligado a decirlo y por lo tanto a dejar que lo crean sus interlocutores?
El Papa insistió a continuación so­bre el Decálogo, válido para todos los hombres[4]. Es verdad pero el final no suena bien:

«Todos los mandamientos se resumen en el amor a Dios y en la misericordia ha­cia el prójimo. Esta regla obliga a judíos y cristianos a dar testimonio en nuestras sociedades de una especial generosidad ha­cia los pobres, las mujeres, los niños, los extranjeros, los enfermos, los débiles, cual­quier persona que se halle en necesidad. Existe en la tradición judía un dicho ad­mirable de los Padres de Israel: “El mundo se funda sobre tres cosas: la Torah, el culto y los actos de misericordia” (Aboth 1, 2). Mediante el ejercicio de la justicia y de la misericordia, los judíos y los cristianos es­tán llamados a anunciar y dar testimonio del Reino del Altísimo que viene y por el que oramos y nos esforzamos cada día en la esperanza».

Es de advertir que el Papa no dice que la “generosidad hacia los pobres”, si no es caridad, es decir si no va acom­pañada de la verdadera fe en Dios, sus frutos son nulos para la vida eterna: «Y si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha» (I Cor. 13, 3).
No olvidemos tampoco que él Papa cita el Talmud en varias ocasiones. Es el primer Papa, que nosotros sepamos, en tener tal actuación[5].
Pero sobre todo leamos de nuevo la última frase, es típica del ecumenismo conciliar sin pelos en la lengua: «Los judíos y los cristianos están llamados a anunciar y a dar testi­monio del Reino del Altísi­mo que viene». No puede haber frase más equívo­ca pues no es el mismo reino el que esperan ju­díos y cristianos. Noso­tros esperamos la vuelta del verdadero Mesías, Jesucristo, ellos esperan la venida de otro “Me­sías”. El “Mesías” que esperan ellos no es el mismo que el nuestro y por lo tan­to no esperamos el mismo Reino.
El Papa ha afirmado además que «los cristianos y los judíos (...) rezan al mismo Señor». Sin embargo él repite a menudo en el Gloria cuando dice la Misa: «Tu solus Dominus, tu solus Altissimus, Jesu Christe (sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo)». ¿Cómo puede decir en­tonces que reza al mismo Señor que los judíos? ¿Rezan ellos también a Jesús, el Señor?
Es la tercera visita de Benedicto XVI a una sinagoga, después de la de Colonia en agosto de 2005 (visita no contemplada en el programa del Papa y que él mismo la añadió sobre la marcha) y la de Nueva York en abril de 2008. En mayo de 2009, cuando su viaje a Tierra Santa, el Papa visitó, en Jerusalén, el Yad Yashem (memorial de la Shoah), el Muro de las Lamentaciones y el Gran Rabinato de Jerusalén.
Para comprender esta actitud del ac­tual Papa con respecto a la religión judía hay que acordarse de lo que él mis­mo ha explicado en su autobiografía: «He llegado a pensar que él judaísmo (que no comienza, stricto sensu, sino al final de la constitución de un canon de las Escrituras, es decir en el primer siglo des­pués de Cristo) y la fe cristiana expuesta en él Nuevo Testamento son dos modos diferentes de apropiación de los textos sa­grados de Israel, los dos en último térmi­no determinados por la forma de captar el personaje de Jesús de Nazaret. La Escritu­ra que hoy denominamos Antiguo Testa­mento está en sí misma abierta a estas dos vías. Y en realidad sólo después de la Se­gunda Guerra mundial hemos comenzado a comprender que la interpretación judía “después de Jesucristo” posee también su propio mensaje teológico»[6].
El judaísmo talmúdico («que no comienza, stricto sensu, (...) sino en él primer siglo después de Cristo») y la reli­gión cristiana no son (para el Cardenal Ratzinger) nada más que «dos modos diferentes de apropiación de los textos sa­grados», aparentemente tan legítimos el uno como el otro. Desde entonces, ¿por qué no buscar para enriquecerse mutuamente el intercambio de los re­sultados de su propia lectura?
Comprendemos pues que el Papa haya invitado a un rabino para hablar en el Sínodo de los obispos explicando la manera correcta de leer las Sagra­das Escrituras[7], que haya pedido que no se pronuncie más el nombre de Yavé en la lectura de la Bi­blia[8], así como que haya sido el primer Papa en citar de manera significativa el Talmud, experimentando tanto entu­siasmo en sus visitas a las sinagogas y otros centros judíos.
Verdaderamente, tal como decía Monseñor Lefebvre tras la primera vi­sita de un Papa a una sinagoga: «Haec est hora vestra et potestas tenebrarum (ésta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas)” (Lc 22, 52-53)[9].

Visita del Papa al templo luterano de Roma


El Papa Benedicto XVI visitó el templo luterano de Roma el domingo 14 de marzo de 2010[10]. Juan Pablo II visitó este mismo templo el 11 de di­ciembre de 1983 (con motivo del 500º aniversario del nacimiento de Lutero) y fue el primer Papa que visitó un templo protestante. Esta vez Benedic­to XVI lo que conmemoraba era el 10º aniversario de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación[11], firmada por los representantes de la Iglesia Católica y los de la Federación luterana mundial, el 31 de octubre de 1999, en Augsburgo.
El Papa ha participado activamen­te en la celebración luterana de la Pa­labra: estaba revestido de un roquete blanco, muceta roja y una estola pasto­ral. Ha orado y cantado con los miem­bros de la comunidad, ha rezado con ellos el Credo de Nicea-constantinopolitano y el Padrenuestro. Seguidamente, tras el Pastor Kruse, ha comenzado su predicación comentando un pasaje del Evangelio según San Juan (12, 20-26, «Si el grano de trigo no muere»). Duran­te esta homilía ha glosado “la cuestión del ecumenismo” que ha expuesto de la siguiente forma:

«La tristeza de haber roto lo que significa “nosotros”, de haber subdividido el único camino en tantos sen­deros, resultando que así se encuentra oculto el testimonio que deberíamos dar de manera adecuada, y por lo tanto el amor no puede hallar su plena expre­sión. ¿Qué tendríamos que de­cir a este respecto? Hoy oímos muchos lamentos sobre el hecho de que él ecumenismo corría el peligro de estancarse, sobre acusaciones recíprocas; pienso sin embargo que deberíamos dar gracias por la gran uni­dad existente. ¡Qué hermoso es que hoy, dominica Laetare, podamos orar juntos, entonar los mismos himnos, escuchar la misma Palabra de Dios, glo­sarla juntos e intentar com­prenderla: que miremos hacia él único Cristo que vemos y al que queremos pertenecer y así, de esta manera, demos ya testi­monio de que Él es el Único, él que nos ha llamado a todos nosotros y a quien todos pertenecemos en lo más profundo de nuestro ser[12]. Creo que lo que deberíamos mostrar al mundo es sobre todo eso: fuera litigios y conflictos de cualquier tipo y en su lugar la alegría y la gratitud por el he­cho de que el Señor nos da todo esto y que existe una real unidad, que puede llegar a ser siempre más profunda y que siempre debe convertirse más y más en un testimonio de la Palabra de Cristo, del camino de Cristo en este mundo. Naturalmente no debemos contentarnos con esto aunque nos sin­tamos llenos de gratitud por esta cercanía.
Y sin embargo el he­cho de que sobre cosas esenciales, como por ejemplo en la celebración de la Eucaristía, no poda­mos beber del mismo cáliz ni congregar­nos alrededor del mismo altar, debe llenar­nos de tristeza porque somos nosotros los que cargamos con esta falta, porque somos nosotros los que vulneramos este testimonio. Interiormente debe ser para nosotros motivo para caminar hacia una unidad más grande, sabiendo que en él fondo únicamente el Señor puede conce­dérnosla ya que una unidad fruto de no­sotros mismos sería una obra humana y por lo tanto frágil, como todo lo que rea­lizan los hombres. Nos entregamos a Él, buscamos cada vez más y más conocerlo y amarlo, contemplarlo, y dejamos que Él nos conduzca de esta forma, en toda ver­dad, hacia la unidad plena, unidad por la que oramos insistentemente en este mo­mento».
Es de advertir que el Papa compar­te la responsabilidad de la división entre los católicos y los luteranos, la­mentándose por «la tristeza de haber roto lo que significa “nosotros”, de haber subdividido el único camino en tantos y tantos senderos». Esto es contrario a la verdad histórica.
Por otra parte omite el decir que “la unidad” que existe actualmente entre ca­tólicos y protestantes es totalmente secun­daria y temporal, por­que no está incluida la unidad de fe. Lutero y los luteranos recha­zan la mayoría de los dogmas católicos: no tienen por lo tanto la verdadera fe y no pue­den salvarse si no se convierten antes de su muerte: «El que no crea se condenará» (Me 16,16)[13].
Pero sobre todo hay que saber que el Papa ha participado activamente en un culto no catolicé, revestido de roquete blanco, muceta roja y una es­tola pastoral. Incluso pensando que esta asistencia era solamente material (es decir que el Papa no compartía la “fe” herética de los luteranos), no deja de ser verdad que esta participación, según la moral católica tradicional, es pecaminosa. Esto es lo que dice el Dic-tionnaire de Théologie Cathiolique a este respecto:
«La comunicación activa, material y públi­ca es, en sí misma, algo prohibido por la ley ecle­siástica y por la ley natu­ral, bajo pena de pecado grave, y esto por varios motivos: peligro de per­versión en la fe, escánda­lo de los fieles, apariencia de aprobación de una fal­sa religión o negación de la verdadera religión[14]».
El escándalo es in­menso, en el sentido teológico de la pala­bra. Los fieles, incluso los mejores, se habi­túan a estas ceremo­nias ecuménicas. Tales ceremonias ya no les chocan[15]. Poco a poco acaban por pensar que se  puede  agradar  a Dios practicando otras religiones como el luteranismo. El Código de Derecho Canónico (de 1917) dice en el canon 1218, art. 1: «Está absolutamente prohibido a los fie­les asistir o tomar parte activamente en los cultos de los acatólicos (es decir de los no-ca­tólicos) en cualquier circunstancia o forma». Y el canónigo Naz lo comenta de la siguiente forma en su Diccionario de Derecho Canónico:
«Tal participación está prohibida bajo cualquier forma, quovis modo, ya que implica profesión de una falsa reli­gión y en consecuencia implica renegar de la fe católica. No está permitido orar, cantar, tocar el órgano en un templo herético o cismático, asociándose a los fieles que celebran ahí su culto, incluso si los términos del canto o de la oración son ortodoxos[16]».

Nuestros lectores pueden volver a leer las palabras tan fuertes de Mon­señor Lefebvre que hemos tenido ya la ocasión de citar, concernientes a la doctrina de la Iglesia sobre la “communicatio in sacris”.

Revista Tradición Católica Nº 229, octubre-diciembre de 2010.


[1] Para más detalles, ver DICI nº 208, del 23 de enero de 2010.
[2] Discurso en el campo de Auschwitz-Birkeanu, L'Osservatore Romano, 13 de junio de 2006.
[3] Bíblica Pontificia, El pueblo ju­dío y las Sagradas Escri­turas en la Biblia cristia­na, 2001.
[4] Hay que recordar sin embargo que el Decálo­go, en la condición ac­tual de la humanidad, no se puede observar íntegramente sin la gra­cia de Nuestro Señor Jesucristo.
[5] Lo hizo por primera vez con motivo de su encuentro con los representantes de la comu­nidad judía, en la Nunciatura de París, el 12 de septiembre de 2008, reunión en la que citó el Talmud Yoma.
[6] Josepf, Cardenal Ratzinger, autobiografía Mi vida.
[7] El lunes 6 de octu­bre de 2008, el rabino Cohen, gran rabino de Haifa, fue invitado a presentar ante el Sínodo de los obispos el lugar de la Biblia en el judais­mo. El rabino aprovechó esta ocasión para recor­dar al Papa Benedicto XVI y a los 253 Padres sinodales «la larga, dura y dolorosa historia de la relación» entre la Iglesia y la sinagoga. «No podemos olvidar el hecho do­loroso de que numerosas personas, habiendo entre éstas grandes dirigentes religiosos, no se hayan le­vantado para salvar a nuestros hermanos, habien­do optado por guardar silencio», dedaró Cohen. «Esto no lo podemos perdonar y olvidar y espero que ustedes lo comprendan». (Cita tomada de La Croix). Se comprende que desde entonces el Sí­nodo haya tomado como resolución final, entre otras: «acoger el alcance universal del judaísmo; evitar todo tipo de teología de la substitución; dejar en la lectura cristiana del Antiguo Testamento un lugar para la lectura judía; compartir con los ju­díos la espera escatológica», Esta idea de que los cristianos y los judíos deben preparar juntos al mundo para la venida del Mesías no es nueva. La encontramos explícitamente mencionada desde 1985 en Notas sobre la manera correcta de presentar a los judíos y el judaísmo, de la Comisión vaticana para las Relaciones religio­sas con el judaísmo.
[8] «El Sínodo de los obispos sobre la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia ha puesto en práctica la nueva disposición de la Congregación ro­mana para el Culto divino que pide, “por iniciativa del Santo Padre”, que no se emplee ya la transcrip­ción de las cuatro consonantes hebraicas, el “Tetre-grama sagrado”, vocalizadas en “Yavé” o “Yahvé” en las traducciones, “las celebraciones litúrgicas, en los cantos y en las oraciones de la Iglesia Católica”». (Zenit.org, 24 de octubre de 2008).
[9] Carta de Monseñor Lefebvre a varios carde­nales, 27 de agosto de 1986.
[10] Para más detalles, Dici nº 212, 20 de marzo de 2010.
[11] En un artículo de Monseñor Fellay titula­do, La herejía justificada, (Sel de la Terre nº 38 y 39), puede leerse en su conclusión final lo si­guiente: «En esta Declaración común sobre la justificación “se siente la herejía - sapit haeresim”. Es un escándalo, tanto para los católicos que con este documento pierden su amor por la verdadera doctrina como para los luteranos que quedan aletar­gados en sus errores. La Declaración va a conducir a una práctica común, aumentar las “intercomuniones” sacrílegas. Hará que muchos pierdan la fe».
[12] ¿Qué significa esta frase? En un sentido obvio quiere decir que todos estamos en esta­do de gracia, protestantes y católicos. ¿Tal vez, mediante una restricción mental, significa algo distinto para el Papa? Aun suponiendo esto no es en verdad un buen servicio prestado a los protestantes, dejándoles creer “que en lo más profundo de su ser pertenecen al Señor”, cuando la verdad es que están separados de Él como sarmientos separados de la vid, por su pecado de herejía.
[13] Sobre la herejía protestante, pueden leerse los títulos siguientes: Conférence entre Luther et le diable; de Monseñor de Segur, Causeries sur le protestantisme d’aujourd'hui; del P. Marie-An-toine, O.F.M., cap., Le Protestantisme confondu par le seul argument d'autorité (disponible en Internet).
[14] Puede verse a este respecto el esquema preparado para el Concilio Vaticano II por la Comisión teológica. A pesar de algunas defi­ciencias que hemos advertido en este esque­ma, el Cardenal Ottaviani recuerda claramen­te que «es siempre ilícito participar en un culto falso e ilegítimo reconociéndole como verdadero y legítimo» y que «la communio in sacris nunca puede ser aceptada como un medio para la reunión de los cristianos».
[15] Hay que distinguir bien entre el hecho de que algo le choque a uno y el hecho de que algo le escandalice a uno. A los fieles católicos no les chocan las actividades ecuménicas del Papa, ¡por desgracia!, a los fieles católicos les escandalizan porque de esta forma se les incita al pecado de indiferentismo.
[16] Naz R., Dictionnaire de Droit Canonique, 1942, col. 1091.

martes, 6 de noviembre de 2012

HABLA MONSEÑOR WILLIAMSON

CICLO DE CONFERENCIAS DE MONSEÑOR WILLIAMSON EN BRISTOL. N° 5


Tomado del blog NON POSSUMUS
(Las negritas son de Syllabus)
No dejen de leer esta conferencia, Monseñor Williamson habla como nunca de la Crisis en la Iglesia y en la Fraternidad, basado siempre en Monseñor Lefebvre. Recuerden que se conserva el estilo hablado. 

Estábamos viendo el humanismo del Cardenal Casaroli como ejemplo de esta delincuencia en la cúpula de la Iglesia oficial. Estos delincuentes de la Iglesia oficial van a reforzar a los sacerdotes FSSPX en su "aislamiento extraño y antinatural" de la Iglesia oficial. El Arzobispo Lefebvre está a punto de morir, pero él ve que los sacerdotes deben ser fortalecidos en su convicción de que están en lo correcto, y en su decisión de continuar con la Fraternidad San Pío X, por sí solos, sin la ayuda de la Iglesia oficial. Eso es lo que sucedió durante 12 años hasta que la corriente principal de la Iglesia volvió con una zanahoria en lugar del palo, y luego la FSSPX comenzó a desmoronarse y empezó a someterse, por así decirlo. Dos años después de las Consagraciones. Monseñor Lefebvre dice: “Mantengan el rumbo”.

Se dirige al Cardenal Ratzinger, nuestro bien conocido Cardenal Ratzinger, quien hizo la observación de que el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes fue un contra-Syllabus. El documento más típico del Concilio Vaticano II, y uno de los últimos documentos, es Gaudium et Spes, literalmente: alegría y esperanza. "¡Católicos, todo en el mundo moderno es alegría y todo es esperanza!"  Es decir Gaudium et Spes, más o menos. Ratzinger dice que es un contra-Syllabus. Es lo contrario del Syllabus de Pio IX de 1864.

"Al Cardenal, sin embargo, le resulta incómodo haber hecho esa observación, porque la gente ahora está citándolo constantemente, citándolo como crítica: “Usted dijo que el Vaticano II es un contra-Syllabus. Hey, espere un momento, eso es grave." Así, dice el Arzobispo, él  ha encontrado una explicación que "La dio poco tiempo atrás, el 27 de junio de 1990." El Arzobispo disfrutó esto. Como dicen los americanos, él ha cogido al Cardenal Ratzinger con las manos en la masa. Ustedes cogen al niño con su mano en la masa y el niño no puede salir de ella. Él no puede dar una excusa. "Así que ya saben que Roma ha publicado recientemente un documento importante para explicar la relación entre el Magisterio y los teólogos. Con todos los problemas que los teólogos están causando en todos los lados, Roma ya no sabe qué hacer, así que tienen que intentar mantener a todos los teólogos en línea sin ser demasiado duros con ellos.”


Cuando predican el liberalismo, es difícil controlar sus tropas porque el liberalismo significa que no debería haber control. El liberalismo es la libertad, así que ¿cómo construir una organización basada en la libertad? Si se basan en la Verdad entonces es absolutamente razonable hacer caer a alguien que predica el error. Esa es la Iglesia Católica: la guerra constante contra el error, que es lo que solía ser el Santo Oficio, y el control estricto de la doctrina de la Iglesia Católica, que es totalmente razonable si es una organización de la Verdad. Pero si se trata de una organización acerca de la libertad, ¿cómo controlarlo cuando los jóvenes empiezan a ser libres? Así que Roma tiene que controlar de alguna manera los teólogos sin controlarlos. Por eso el Arzobispo dice que ellos tienen un problema.
"Ahora, en la presentación del documento, el Cardenal Ratzinger nos da su forma de pensar, sobre la posibilidad de decir lo contrario de lo que previamente habían decidido los Papas hace 100 años más o menos. En la Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, dice el Cardenal en su introducción, "establece, por primera vez con claridad" - "De hecho, creo que es verdad", comenta el Arzobispo - "que hay decisiones del Magisterio que no pueden ser y no están destinados a ser la última palabra en la materia como tal, pero son un anclaje sustancial en el problema.”

"Ah", dice el Arzobispo, "el Cardenal es un tramposo ingenioso." Comenta también el Arzobispo: "Hay decisiones del Magisterio, que no son decisiones, las cuales no pueden ser la última palabra en el asunto del que se ocupa como tal, sino que son meramente un anclaje sustancial en el problema." Anclaje, significa que la barca de Pedro llega al puerto del Syllabus, pone sus anclas, y es un puerto muy bueno y es un anclaje muy bueno, pero el mundo sigue adelante, y así la Iglesia eleva el ancla y pasa al Vaticano II, y así estos documentos serios y la definición del Magisterio, de la más solemne enseñanza de autoridad de la Iglesia, son simplemente una fase temporal en la doctrina de la Iglesia. Así que la doctrina de la Iglesia de 1.800 años es sólo una serie de fases que pasan, y la Iglesia baja el ancla aquí, y luego la pone allí, y algunos anclajes son más importantes que otros, por lo que el Syllabus de Pío IX es un bonito anclaje sustancial, es algo bastante serio, que era bueno para el siglo 19, pero que ya no es bueno para el siglo 20, así que tenemos que levar el ancla de Pío IX e ir a la del Vaticano II.

El Cardenal continúa: “Y son, ante todo, una expresión de prudencia pastoral, una especie de disposición provisional" “Escuchen," dice el Arzobispo: "las decisiones definitivas de la Santa Sede se han convertido en disposiciones provisionales." El Cardenal continúa, "Su esencia sigue siendo válida, pero -siempre hay un pero con los Modernistas- “pero los detalles individuales influenciados por las circunstancias del tiempo pueden necesitar una rectificación posterior.


Así que el Syllabus de los errores, bueno, sí, fueron muy serios, pero es necesario ajustarlos, así que cuando el Syllabus dice que el Papa no debe cambiar con los tiempos, lo que realmente quería decir es que, ajustándose los detalles, es que el Papa debe avanzar con los tiempos, pero eso es sólo un detalle. Pío IX fue un  Papa muy sabio y grande en sus días, y reconocemos la validez de las tantas cosas que él dijo, pero cuando dice que la Iglesia y el Estado no deben estar separados, al ajustarlo, lo que realmente quería decir era la que la Iglesia y el Estado deben estar separados. Son sólo pequeños detalles, y fueron grandes documentos en sus días, y fueron grandes Papas en sus tiempos, pero el mundo cambia sucesivamente. El tiempo pasa y el mundo sigue adelante, por lo que la Iglesia debe avanzar con los tiempos”, -¡Gran sonrisa de  pasta de dientes!

“Su esencia sigue siendo válida, pero los detalles individuales influenciados por las circunstancias del momento pueden necesitar aclaraciones.” En este sentido se puede hacer referencia a las declaraciones de los Papas del siglo pasado sobre la libertad religiosa, así como las declaraciones anti-modernistas a principios de este siglo, especialmente las decisiones de la Comisión Bíblica de la esa época. "Así que él está hablando de la libertad religiosa. Eso era, sobre todo, Quanta Cura y el Syllabus, que condenaron la libertad religiosa, que es el error favorito del Concilio Vaticano II. Así que el Cardenal dice: olvídense de Quanta Cura y el Syllabus. Él dice que hay que olvidarse de estos tres grandes pilares de la doctrina de la Iglesia durante los siglos 19 y 20, que son la Quanta Cura, Syllabus y la Pascendi, y además las decisiones de la Comisión Bíblica, tenemos que seguir adelante y dejar eso (las encíclicas) atrás.

El Arzobispo continúa, "Esas son las decisiones que el Cardenal no podía digerir. Por lo tanto las tres declaraciones definitivas del Magisterio se pueden dejar de lado porque eran sólo "provisionales". Escuchen al Cardenal, quien continúa diciendo que estas decisiones anti-modernistas de la Iglesia dieron un gran servicio en su día por la advertencia en contra de las adaptaciones apresuradas y superficiales» y «por evitar que la Iglesia se hundiera en el mundo liberal, burgués... pero los detalles de su contenido fue reemplazado más adelante, una vez que se había llevado a cabo su deber pastoral en un momento determinado.
En otras palabras, decir que Kant es basura es sólo una disposición pastoral - "Es sólo una advertencia temporal a las personas, el decir que Kant no es una buena idea solo en ese momento, pero si en 100 años Kant se convierte en una buena idea o una idea irresistible, bueno, entonces, vamos a olvidarnos que Pío X condenó solemnemente a Kant, o la idea esencial de Kant. Vamos a olvidarnos de ello, porque no era (una declaración) doctrinal, fue pastoral. Era una adaptación a las circunstancias de la época. No hay una verdad permanente en estas grandes declaraciones de los grandes Papas. No les preocupó la verdad permanente. Sólo se preocuparon por la adaptación, y así se adaptaron y ahora nosotros nos hemos adaptado, y así nos vamos a olvidar todo lo que él ha dicho y decimos exactamente lo contrario. “Es por eso que tenemos en Gaudium et Spes, la alegría y la esperanza en lugar del pesimismo de Pascendi y el Syllabus y las condenas y la diseminación,  el desarraigo y todo eso. “No, nosotros vamos a plantar exactamente lo que ellos arrancaron", dijo el Osservatore Romano, edición en Inglés, el 2 de julio de 1990, página 5. Así que el Syllabus, y Pascendi ¸ estos grandes documentos anti-modernistas, anti-liberales, anti-disolución que tratan de mantener unida a la Iglesia, asida a la Verdad - nos olvidamos de ellos, nos olvidamos de la Verdad, que vamos a tener alegría y esperanza; navegando con el viento, y a disfrutar de nosotros mismos y tener una gran fiesta, muy grande.

El Arzobispo continúa: "Así que ya ven cómo el Cardenal salió de la acusación de ir un poco lejos cuando llama anti-Syllabus al Vaticano, cuando él opone las decisiones pontificias al Magisterio del pasado. Ha encontrado la salida.

"El núcleo (lo esencial) sigue siendo válido", y el Arzobispo comenta: "¿Qué núcleo? ¿Qué núcleo sigue siendo válido?" De hecho, Ratzinger está estropeando las entrañas de Pascendi y el Syllabus con Gaudium et Spes, así que ¿cuál principio hay que permanezca? Ninguna idea, ninguna definición.

"Pero los detalles individuales influidos por las circunstancias de ese momento pueden necesitar más adelante una rectificación,'" y ahí lo tienen, salió del apuro, comenta  Monseñor. Así que el Arzobispo dice a sus sacerdotes: "Miren, estos personajes están destrozando el pasado de la Iglesia. No tienen idea de la Verdad. No tienen idea de verdad objetiva. Ellos están a la deriva en el mar de su filosofía y de la teología del subjetivismo." Libertad para todo teólogo, para cada sacerdote de pensar exactamente lo que le gusta. No hay problema. Somos libres. Esta es la era de la libertad, y no se necesita prestar atención a las definiciones Papales del pasado, Olvídenlo.

Así que el Arzobispo dice: "Ustedes, sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, ¿cómo pueden lidiar con estas personas? No se puede tener nada que ver con esta gente. Están a la deriva. Están perdidos. Están fuera de sus mentes. Se han ido. Ellos están desenganchando sus mentes de las declaraciones solemnes de la Iglesia del pasado, de los errores de nuestra época, y lo que están haciendo es desenganchar la mente de ellas y seguir adelante. No se puede defender la Fe con estas personas," dice el Arzobispo. "Ustedes tienen que ir por su propia cuenta. Sostenerse ustedes mismos... Continuar por su cuenta. ¿Cómo se va a solucionar todo? No sé. Eso es problema de Dios. Lo que sí sé es que aquí y ahora tenemos que mantener el rumbo, porque uno de los argumentos de los liberales es que tenemos que volver a la Iglesia, porque esta situación no puede continuar indefinidamente. "Bueno, la Fraternidad ha sobrevivido durante 40 años, y estaba aguantando perfectamente bien. Lo que la hace pedazos no es el querer estar alejados de  los romanos, sino la idea de volver con los romanos, y la Fraternidad se hace pedazos, porque la Fraternidad fue construida en la Verdad y no en ir a la deriva. Ahora, los jefes de la Fraternidad dicen: "Tenemos que ir a la deriva como todos los demás." Como dicen en francés, eso es el final de los frijoles para la Fraternidad. La Fraternidad está construida en la necesidad de fijar nuestra mente en los grandes dogmas, las definiciones y declaraciones de la Iglesia en el pasado, porque desde el Vaticano II, la Iglesia comenzó a volverse loca, y ahora la Fraternidad dice que tenemos que ir con estos conciliares, tenemos que volver con los romanos, el Concilio no fue tan malo como todo lo demás.

Algunos de ustedes, estoy seguro, vieron esa entrevista con CNS, Servicio Católico de Noticias en los Estados Unidos, la entrevista con Monseñor Fellay. Ellos lo visitaron en Menzingen. Es un documental, y comienza con una foto de las vacas en Menzingen. Entonces sigue Albinoni, se pone el tono con Albinoni y las vacas, y luego nos encontramos con Monseñor Fellay, quien pone su tremenda sonrisa. Luego, la entrevista fue sobre temas diversos, y después sobre  el Concilio. "¿Qué pasa con el Concilio?" "Bueno", dice el Obispo Fellay, "el Concilio no es tan malo como siempre hemos pensado. Del Concilio, la gente piensa que tiene grandes errores, pero no cometió grandes errores. Cometió mucho menos errores de los que siempre hemos dicho." Monseñor Fellay va claramente en contra de los principios sobre los que Fraternidad fue construida. No es de extrañar que la Fraternidad esté pasando por una crisis. Está poniendo un cartucho de dinamita debajo de los cimientos de la Fraternidad, volándola por los aires.

A continuación, Mons. Fellay aborda la libertad religiosa en la misma entrevista, y dice: "La libertad religiosa,  bueno, yo creo que mucha gente no ha entendido lo que el Concilio dice realmente sobre la libertad religiosa. Creo que la libertad religiosa que el Concilio está proponiendo es realmente muy, muy limitada. Es muy limitada." En otras palabras, Monseñor Lefebvre dijo que esta libertad religiosa es odiosa, es una blasfemia y está destruyendo la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Al decir que los Estados no deben imponer nunca, aun cuando puedan hacerlo, los Estados no deben imponer la religión católica, o que los Estados nunca deben prohibir las religiones falsas en su territorio, lo que dicen es que Jesucristo no es necesariamente el rey, porque si Jesucristo es Dios y Rey, el Reinado Social de Cristo Rey, entonces, donde es posible, razonable y prudente, el Estado debe revisar la práctica pública de las religiones falsas. Vaticano II, dijo que un Estado no debe enjuiciar o perseguir a la práctica pública de las religiones falsas. Implícitamente, es negar la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.


Obviamente, el Estado es una criatura de Dios, y todas las criaturas de Dios tienen que adorar a Dios, todos los seres humanos deben adorar a Dios. Es el Primer Mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Un Estado no es más que un grupo de seres humanos. ¿Por qué el Estado, que es un grupo de seres humanos, tiene derecho a pasar por alto el primer mandamiento, siendo que cada ser humano individual no tiene ese derecho? Decir que el Estado puede desafiar el primer mandamiento es decir que el primer mandamiento no es vinculante para los seres humanos. Tan pronto como los seres humanos se reúnen en un Estado, ¿no necesitan obedecer el primer mandamiento? El Arzobispo lo llama blasfemia odiosa, y aquí está el obispo Fellay diciendo en público: "Oh, es muy, muy limitado." Cuando la gente trata de defender Vaticano II sobre este punto, ¿qué es lo que dicen?: es muy, muy limitado. Esa es la excusa, porque la forma en que el Vaticano II lo dice, si nos fijamos en los textos reales, son una especie de salidas, hay una especie de excusa. Por ejemplo: "El Estado, dentro de los límites debidos..." Bueno, ¿qué límites debidos? No está dicho. Eso es ambiguo. Lo deja abierto. Así que la cosa en los textos del Concilio Vaticano II, es que son ambiguos, pero el empuje y el impulso detrás de ellos y su verdadero significado es que Dios no es Dios. Es por eso que el Arzobispo lo calificó de blasfemia odiosa, pero aquí está Monseñor Fellay diciendo lo contrario, como si realmente creyera lo contrario de lo que el Arzobispo dijo y creyó, y lo contrario de los fundamentos de la Fraternidad -los graves errores de la doctrina de Vaticano II. Eso es para lo que la Fraternidad fue fundada: para combatir la destrucción de la doctrina católica por el Concilio y por la Iglesia Conciliar. Mons. Fellay va directo contra el Arzobispo. No veo cómo se puede soslayar eso.

Entonces, si usted le dice eso a Monseñor obispo Fellay, al igual que el Vaticano II,  él inmediatamente  diría: "Oh, no, eso no es lo que realmente dije." "Lo que el superior del distrito americano dijo fue que...", "Oh, ese comentario se ha tomado fuera de contexto.”

Mons. Fellay dijo: "La idea de la libertad religiosa que presenta en el Concilio es muy, muy limitada, muy limitada." Eso es lo que dijo. ¿Cómo pueden tomar ese comentario fuera de contexto? Es como decir que 2 +2 = 5. Cuando alguien dice que 2 + 2 = 5, ¿cómo se toma  fuera de contexto?

Seguramente si él piensa eso, ¿Entonces por qué no lo aclaró? ¿Por qué el Obispo Fellay no lo ha aclarado? Debe estar muy contento con lo que dijo.

 Si, esa es una suposición razonable.

Lo aclaró en la siguiente frase de la entrevista. Dijo que esperaba que el Vaticano II fuera visto como una parte de la gran tradición de la Iglesia.

Sí, y luego lo aclaró. Dijo en francés, dijo: "Me gustaría  esperarlo" o "Espero desearlo", o algo por el estilo. El juego de palabras de Mons. Fellay. Él está tratando de complacer a los Romanos. Es con el fin de complacer a los Romanos que dice que el Concilio no es malo del todo. Algunas personas en la Fraternidad van y le dicen: "Usted no puede decir eso." Y les dice: "Oh, bueno, sólo lo medio dije. Solo lo medio quise decir." Eso no puede hacerse. Él es ambiguo, al igual que el Vaticano II; El Vaticano II es ambiguo entre la Iglesia y el mundo, y el obispo Fellay es ambiguo entre la Iglesia y el Concilio, entonces si ambiguo significa entre la Iglesia y el mundo entonces se está mitad y mitad, y si se es ambiguo con el Concilio, mitad y mitad concilio, son tres cuartos y un cuarto, pero no se puede jugar con la doctrina aunque sólo un cuarto esté mal. No se puede hacer eso, pero eso es lo que Monseñor Fellay está haciendo. Es algo muy serio. No sé cómo se va a resolver este problema dentro de la Fraternidad, pero es un problema doctrinal. Cuando Monseñor Fellay hace declaraciones públicas como decir que: "la idea de la libertad religiosa es muy, muy limitada", es exactamente lo que dicen los conciliares. Fingen que no es una contradicción directa y flagrante del Primer Mandamiento. El arzobispo lo consideró una contradicción directa del Primer Mandamiento. Los conciliares dicen: "No, no lo es", y empiezan a evadir, y ahora Monseñor Fellay está empezando a evadir. No es bueno.

El Arzobispo sigue con los que sirven a la globalización - "Así que, a modo de conclusión, o somos herederos de la Iglesia Católica con todos los Papas hasta el Concilio, y con la gran mayoría de los obispos antes del Concilio, por el reinado de Nuestro Señor Jesucristo y por la salvación de las almas, o  somos los herederos de aquellos que se esfuerzan, aun a costa de romper con la Iglesia Católica y con su doctrina, para reconocer los principios de los derechos del hombre," que son los herederos del Concilio Vaticano II, alineándose a la Revolución Francesa: "basada en una verdadera apostasía, y la Iglesia está haciendo esto con el fin de obtener un lugar como funcionarios en el gobierno revolucionario mundial. Ellos se las arreglan para conseguir un lugar muy bueno en el gobierno mundial revolucionario, porque al decir que están a favor de los derechos del hombre, a favor de la libertad religiosa, la democracia y la igualdad humana, está claro que son dignos de que les sea dada una posición al servicio del gobierno mundial.”

Así que el Arzobispo ve que la idea de que la religión no tiene nada que ver con la política, es ridículo. Lo que está pasando es una enorme apostasía. El mundo se está alejando de Dios. Esto es el gobierno mundial, un gobierno mundial sin Dios. Eso es la globalización, y el Vaticano II es la Iglesia poniéndose en sintonía con la globalización. Eso es todo. Así que la política de la globalización se relaciona con la religión de la globalización, y los eclesiásticos dentro de la Iglesia, que quieren que la Iglesia vaya con el mundo, corresponden a los políticos que quieren que la Iglesia cambie para que pueda ir con su nuevo mundo.

Un sacerdote joven americano estaba al teléfono conmigo el otro día, y me dijo que la imagen de la Fraternidad en los Estados Unidos en este momento no es buena. El panorama es este, muchos de los sacerdotes están de acuerdo con este congraciarse con Roma, y están  cada vez más convencidos de que es una buena idea congraciarse con Roma y volver a Roma y así sucesivamente. Este joven sacerdote, que no es un labioso, dijo: "La actitud es: nos encontramos en el camino de un brave new world (“un mundo feliz”). No podrán detenernos" Esa es la forma en que se describe la actitud. Ese es un buen resumen: "Nosotros, los liberales, tenemos nuestro sueño, como Martin Luther King, tenemos un sueño, un sueño de estar todos unidos, y que la guerra entre la Tradición y el Concilio se termine. Tenemos el sueño de que nadie se preocupe por la Verdad por más tiempo, para que todo el mundo esté unido: unidad, unidad, unidad, la totalidad de la humanidad unificada en una mentira. Olvídate de la Verdad." Esa es la fraternidad de la Masonería... Olvídate de doctrina, olvídate de las diferentes religiones, sólo queremos estar todos juntos. Esa es la masonería, y ahora es la Iglesia Conciliar, y ahora el Monseñor Fellay está encaminándose para lo mismo, a menos que él esté atento. Tenemos que rezar por él, porque él está haciendo mucho daño. Tenemos que orar para que Dios le de un poco de luz, de lo contrario va a destruir la Fraternidad. Ya la ha cambiado considerablemente. Ha sido muy hábil en el cambio de la misma. Dentro de la Fraternidad es un político hábil.

El Arzobispo dice: "Nuestra fortaleza está en el Señor. Creo que si yo les digo estas cosas es para poner nuestra propia lucha en su contexto histórico. "El arzobispo constantemente tenía esta imagen en su mente, gracias al P. Le Floch, de las encíclicas en el siglo 19, la lucha de la Iglesia contra el mundo moderno, la maldad del mundo moderno, la necesidad de la Verdad, la necesidad de la Iglesia inmutable, la Verdadera doctrina de todos los siglos. El Arzobispo constantemente tenía esa imagen en su mente. Alguien una vez me citó que Msr. Fellay dijo: "No quiero oír hablar del fin del mundo." No estoy seguro de que lo dijo. Alguien me dijo que él dijo esto. Si dijo algo así entonces tiene esta mentalidad: "Yo no quiero oír pesimismos. No quiero oír que el mundo moderno es tan malo. Yo no quiero, no quiero, no quiero, yo tengo mi sueño. No me detengan. "Esa es la actitud. Eso es la caricatura de la actitud, obviamente, pero eso es básicamente esa actitud, como el montón de liberales de hoy. "Tenemos nuestro sueño. Estamos recreando el mundo. Dios hizo un mal trabajo y lo estamos enderezando, y será mejor para Él irse. Dejen a Dios a un lado y vamos a tomar el relevo, vamos a construir nuestra sociedad, nuestro mundo, nuestra nueva Iglesia valiente." Eso es todo. Es un juego de pelota completamente diferente, y es absolutamente anti-Dios y es apostasía. Es la Iglesia uniéndose a la apostasía, que es el alejamiento de la humanidad de Dios.

"Esta lucha no comenzó con el Concilio Vaticano II, obviamente. Viene de mucho  más atrás. Es una pelea difícil, muy dolorosa. La sangre ha corrido en esta lucha, y en cantidades. Y luego, las persecuciones, la separación de Iglesia y Estado, religiosos y religiosas al exilio" como en 1905 en Francia, cuando la Iglesia fue separada del Estado, y el Estado persiguió a todos los conventos y monasterios, y, para bendición de muchos otros países, los religiosos franceses y las hermanas tuvieron que huir de Francia. Fundaron uno o dos monasterios y conventos aquí, en Inglaterra, y en muchos otros países, también.

"Esta es una cuestión de la propiedad de la Iglesia y así, no sólo en Francia sino también en Suiza, en Alemania, en Italia, la ocupación de los Estados Pontificios, impulsando el regreso del Papa al Vaticano, abominaciones hacia el  Papa. “Espantoso," dice el Arzobispo. "Bueno, ¿Estamos con todos estos innovadores y en contra de la doctrina profesada por los Papas, en contra de su voz alzada en señal de protesta para defender los derechos de la Iglesia, los derechos de Nuestro Señor, para defender las almas? Creo que tenemos verdaderamente una fortaleza y una base para estar en pie, que no vienen de nosotros, y eso es lo bueno. No es nuestra lucha. Es la lucha de nuestro Señor que la Iglesia ha llevado a cabo, por lo que no podemos flaquear. O estamos con la Iglesia o estamos en contra de la Iglesia y estamos a favor de la nueva Iglesia Conciliar, que no tiene nada que ver con la Iglesia Católica.”

La iglesia conciliar no tiene nada que ver con la Iglesia Católica, ahí está, y ahora la Fraternidad San Pío X quiere congraciarse con la Iglesia Conciliar. Este es el fin de la FSSPX. Si ustedes utilizan algo con un propósito absolutamente diferente para el cual fue hecho, van a destruirlo. Por ejemplo, si trato ir de  compras en una cortadora de césped, entro y salgo de la ciudad en la cortadora de césped sobre el asfalto todo el camino, voy a hacer pedazos la cortadora de césped. Voy a destruirla. O si trato de cortar el césped con el automóvil y destruyo el césped. Conducir el coche hacia atrás y hacia delante a través del césped, va a destruir el césped. No puede destruirse el automóvil, a menos que sea muy húmedo y se atasque, pero se va a destruir el césped. ¿Para que se hizo la Fraternidad? Fue hecha para defender la doctrina católica en contra de la apostasía conciliar moderna. Si un eclesiástico de la Iglesia Conciliar decide que el Concilio está mal, va a destruir al Concilio. O él tiene que salir de la iglesia conciliar o va hacer todo lo posible para destruir el Concilio. Para eso se hizo el  Concilio, para destruir la Iglesia. Si se da cuenta de eso, no se puede entrar en la Iglesia Conciliar. Se hace tradicionalista. Llama a la puerta de la Fraternidad San Pío X, al igual que algunos sacerdotes lo han hecho, y  trabaja con la Fraternidad San Pío X para reconstruir la Iglesia, en lugar de destruirla. Si se quiere destruir a la Fraternidad San Pío X  entonces únase a la Iglesia Conciliar. Así que esperemos que todos los miembros de la Fraternidad San Pío X, que perseveran en la idea de que la Fraternidad San Pío X debe unirse a la Iglesia Conciliar, esperamos y rezamos para que dejen la FSSPX. Que nos dejen y que vayan a reunirse con sus amigos en la Iglesia conciliar y harán lo que hacen los Conciliares. Buena suerte para ellos, pero déjenlos salir de la FSSPX. Es razonable, pero, por supuesto, no lo harán, porque quieren llevarse a FSSPX entera junto con ellos a la Iglesia Conciliar.

"Creo que tenemos verdaderamente una fuerza y una base para pararnos sobre aquello que no proviene de nosotros, y eso es lo  bueno. Esa no es nuestra lucha. Es la lucha de Nuestro Señor, la lucha que la Iglesia ha llevado a cabo. No podemos vacilar. O estamos con la Iglesia o estamos en contra de la Iglesia, o estamos en contra de la Iglesia y a favor de la nueva Iglesia Conciliar, que no tiene nada que ver con la Iglesia Católica, o tiene que ver cada vez menos" Él se corrigió. No que no tiene "nada" que ver con la Iglesia Católica, sino "cada vez es menos."Cada vez es menos católica la iglesia conciliar, pero todavía queda algo. Se podría decir que hay muchos católicos dentro de la Iglesia Conciliar. Hay un número de almas que, sin duda, aún tienen la Fe. Hay un número de sacerdotes que aún mantienen la Fe. Incluso ciertamente hay algunos obispos dentro de la Iglesia Conciliar que aún mantienen la Fe, y algunos de ellos tratan de hacer su mejor esfuerzo para mantener la catolicidad dentro de la Iglesia Conciliar. Es un intento heroico que está condenado al fracaso. Al final, estarán condenados. Es difícil, casi imposible mantener cualquier cosa católica dentro de la estructura Conciliar. Cada día es menos y menos católica.

"Cuando el Papa solía hablar de los derechos del hombre, para empezar aludía a los deberes del hombre”. Ese fue León XIII, los deberes del hombre, así como los derechos del hombre. Los hombres tienen ciertos derechos, pero no exageró esos derechos como hoy, así que cuando el Papa habló de los derechos del hombre, mencionó también los deberes del hombre, que son los Diez Mandamientos, pero hoy la gente no quiere escuchar acerca de los Diez Mandamientos. "Y esta insistencia en que todo es para el hombre, todo  por el hombre, es verdaderamente atroz”.

La Fraternidad lucha contra eso. "Quiero exponer algunas de estas ideas para que los fortifiquen, y para que se den cuenta de la lucha que se está llevando a cabo", Él (Msr. Lefebvre) dice a los sacerdotes de la FSSPX. "Están participando en una lucha gigantesca de siglos, no sólo los últimos 20 años desde el Concilio." En ese momento habían transcurrido 20 años desde el Concilio. "Están participando en una lucha gigantesca por la Fe y la Verdad contra todo un mundo que está apostatando, alejándose de Dios, desafiando a Dios, negando a Dios."
Es una gran lucha. No es poca cosa la lucha en la que ustedes toman parte. No es un asunto pequeño. Es enorme.

"Con la gracia de Dios, porque es obvio que no subsistiríamos si el buen Dios no estuviera con nosotros. Eso está claro. Ha habido por lo menos cuatro o cinco ocasiones en las que la Sociedad de San Pío X debería haber desaparecido. Bueno, aquí estamos todavía, gracias a Dios, la llevamos adelante”.

Observen cómo el Arzobispo es humilde. No está diciendo que la Fraternidad San Pío X es el principio y fin de la Iglesia Católica. Él está diciendo que realmente no somos gran cosa y que ya deberíamos haber desaparecido. Hay un montón de razones por las que podríamos ser historia, incluyendo las consagraciones. Algunos católicos se pusieron de pie y dijeron: "Usted es un desobediente." Había algunos que lo hicieron pero no eran la mayoría. Había un montón de católicos que se pusieron de pie y dijeron: "Ra, ra, ra, Su excelencia, adelante, adelante. En Roma son unos tramposos. Siga adelante! "Recuerdo al Arzobispo, diciendo en ese momento, que la fuerza del apoyo que recibió en las consagraciones lo sorprendió. Él esperó apoyo, pero no creo que esperara tanto apoyo como el que  tuvo, porque, gracias a Dios, todavía hay una buena dosis de Fe, y la gente entendió lo que estaba haciendo el Arzobispo.

A decir verdad, no creo que Monseñor Fellay haya entendido lo que el arzobispo pretendía. Creo que el obispo Fellay era un joven muy piadoso en Suiza. Fue a una escuela Novus Ordo. ¿Cuándo fue un colegial? Tal vez en la década de 1970. Él vivía a los pies de la colina en Ecône, y subían la colina para ir a la Misa, por lo que estaba experimentando tanto el Novus Ordo como la Tradición. Describió en Gloria TV que en Austria tenía la elección y finalmente optó por la Tradición. Entró en el seminario del Arzobispo en lugar de ir al seminario local del obispo diocesano. En otras palabras, no estaba claro para él desde un principio el por qué la tradición estaba en lo cierto y la Iglesia moderna estaba equivocada. Así fue, y ha sido así, en el fondo, desde entonces. Para él, como para muchas personas a la vez, el arzobispo fue simplemente la mejor continuación de la Iglesia de la década de 1950. La Iglesia de la década de 1950 fue extinguida por el Concilio Vaticano II, pero el Arzobispo mantuvo la Iglesia de la década de 1950, y eso es lo que un número de los católicos tradicionales quieren y eso es lo que están haciendo, y eso es lo que Dios no quiere. Están recreando la Iglesia de la década de 1950. La Iglesia de la década de 1950 estaba muy arriba, de lo contrario el Vaticano II no hubiera sido una gran caída, había algo que estaba muy mal en la Iglesia de la década de 1950. Estaba en el borde mismo del abismo, por lo que se cayó. Había una dualidad: algo todavía derecho y algo definitivamente malo en la Iglesia de la década de 1950. El Señor dice: "Yo no quiero que se recree la Iglesia de la década de los 50’s.

Quiero que mi Iglesia, esté en contra del mundo por la Verdad para salvar almas, que no ponga las almas en el borde del abismo, como la Iglesia de la década de los 50’s. No quiero catolicismo tipo Hollywood. Ya he tenido suficiente de eso," dice el Señor Dios. Así que si el catolicismo Hollywoodense va a volver dentro de la Fraternidad, entonces, dice el Señor Dios: "Yo voy a hacer temblar a la Fraternidad. Voy a permitir que la Fraternidad tiemble. "Eso es exactamente lo que está sucediendo. Creo que es porque el Señor Dios ha tenido suficiente Catolicismo de chocolate, insípido, sentimental, ya no quiere nada más de eso.

No es así  como fue construida la Iglesia. La iglesia fue construida por los mártires despedazados por los leones en el Coliseo de Roma. No fue construida por católicos de chocolate. Todas las mañanas, en cualquiera de las casas de la Fraternidad, se lee Prima, y parte del oficio del Prima es lo que se llama el Martirologio, que es la historia de los mártires. Para cada día del año hay mártires de ese día, los mártires y los santos, pero muchos de ellos son mártires, y ustedes oyen cómo estos mártires son hechos pedazos, y los sufrimientos y todos los tormentos que sufrieron, fueron simplemente porque no renunciaron a la Fe. Eso es lo que convirtió a Roma. Ver niñas pequeñas, vírgenes, pasando por esos tormentos y ser despedazadas y no perder su alegría. Eso inspiró las mentes de estos romanos viriles," y, finalmente, los romanos viriles, dijeron: "Está bien, tiene que haber algo aquí. ¿Qué es? Háblame de ello. "Bueno, Dios es trino y uno, uno y trino. Él murió en la Cruz. "Oh, todo eso es una locura,". Luego vuelven a la arena para ver a las niñas ser despedazadas. Todavía están allí, y siempre hay más de ellos, y los emperadores derriban y destruyen a todos los católicos, y luego vuelven otra vez y todavía están allí. Así que este romano veterano de guerra dice, "Hey, tiene que haber algo aquí." Él escucha la doctrina. Él dice: "Esta doctrina es noble. Hay algo de verdad en ello. "Luego estudia la doctrina. "Ven viejo, vamos a misa, estamos a una hora de las catacumba, a tal y tal hora." Así que van, y asisten a Misa en las catacumbas. "Oh, hay algo allí." Él es un hombre, no es una mujer, y no acostumbra despreciar a las mujeres cuando ves cómo estas niñas se comportaron ante el emperador romano, siendo despedazadas. Finalmente se somete: él dice: “Sí, lo admito y se convierte al Catolicismo.

El Imperio Romano se convirtió. El Imperio Romano no fue convertido por los católicos de chocolate. Fue convertido por la sangre y las vísceras católicas, y lo que el Señor quiere en la apostasía de hoy es la sangre y las vísceras católicas. Él necesita algunos mártires más. Él necesita otra cosecha de mártires que derramen su sangre. Hubo un montón de los mártires en los países comunistas, y de seguro que va a haber otro grupo de mártires. No sé, pero es muy posible, muy probable.

"Así que ha habido por lo menos cuatro o cinco ocasiones en las que la Fraternidad debería haber desaparecido. Bueno, aquí estamos todavía, gracias a Dios, y, ¡Dios mío!, la llevamos adelante. En especial, debería haber desaparecido en el momento de las consagraciones hace dos años, eso es lo que nos dijeron de antemano. Todos los profetas de la fatalidad, incluso entre las personas cercanas a nosotros, dijeron, 'No, no, Excelencia, no haga eso. Ese será el fin de la Fraternidad, puede estar seguro. Se lo aseguro. Ese será el final. Será todo. Puede cerrar. "Bueno, hemos sobrevivido", dice el Arzobispo, "estamos todavía aquí. No, el Señor no quiere que su lucha termine, una lucha en la que ha habido mártires, los mártires de la Revolución, todos aquellos que han sido mártires morales por las persecuciones que sufrieron durante el siglo 19. Incluso en nuestro propio siglo, San Pío X fue un mártir. Todos esos héroes de la Fe, los obispos perseguidos, los conventos de las monjas secuestrados, exiliados, ¿todo eso es para nada? ¿Toda esa lucha fue para nada? Y todos nosotros, ¿tenemos que unirnos a la apostasía del mundo moderno? ¿Fue una lucha por nada, una lucha en vano, una lucha en que todo lo que hicieron esas víctimas fue en vano?, ¿y los mártires fueron en vano? No es posible. Así que nos hallamos inmersos en la continuación de la misma lucha, y damos gracias a Dios. “Por lo tanto”, el Arzobispo dice a sus amados sacerdotes: “queridos sacerdotes, luchen,  mantengan el rumbo, permanezcan  en la línea, no se acerquen al Concilio, y no cedan."

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Y AHORA?


¿Y AHORA?
Comentario Eleison
Número CCLXXVII (277)
3 de Noviembre de 2012

Las noticias de la última semana acerca de la expulsión de uno de los cuatro obispos de la Fraternidad San Pío X trajeron un gran número de correos electrónicos de apoyo y aliento. A cada uno de ustedes, muchas gracias. Una división de tal magnitud entre los obispos de la Fraternidad es una gran lástima, pero Dios tiene sus razones para permitir que eso ocurra, y es evidente que muchos de vosotros entienden que la Fe supera la unidad. El mal extremo no es la división, sino la pérdida de la Fe “Porque es menester que haya entre vosotros facciones para que se manifieste entre vosotros cuáles sean los buenos” (I Cor.XI, 19; I Jn.II,19). En cuanto a cómo va a desarrollarse la guerra titánica entre los amigos y los enemigos de esta Fe, personalmente yo no veo en este momento más que las grandes líneas. Déjenme acudir a tres citas favoritas de Mons. Lefebvre, las cuales c reo se aplican todavía hoy.
En primer lugar, “Debemos seguir a la Providencia y no tratar de adelantarnos a ella”. Si es cierto que “la Caridad todo lo espera” (I Cor.XIII, 7), entonces a la Fraternidad se le debe dar todavía algún tiempo para que pueda enderezarse antes de que la inscribamos como un grupo Tradicional más pasado al enemigo. Por eso dije la semana pasada que los sacerdotes de la FSPX pueden agazaparse por el momento para mirar el rumbo que tomen las cosas, mientras que los fieles pueden seguir asistiendo a las Misas de la Fraternidad, pero todos unos y otros, deben estar alertas (Mt.XXVI,41) sobre eventuales contradicciones en la doctrina y sobre aflojamientos en la moral. La tentación será preferir el confort al rigor y la rutina al trastorno, como fue el caso de miles de sacerdotes y millones de laicos después del Vaticano II, al punto que terminaron por perder la Fe. Nos cabe esperar que la Providencia nos muestre cual es el camino a seguir. No nos cabe perder la Fe.
En segundo lugar, “El tiempo no respeta nada hecho sin él”. En otras palabras se necesita tiempo para construir algo sólido. Puede ser que tengamos prisa. No es el caso de Dios. A Mons. Lefebvre le tomó tiempo construir la Fraternidad. El Vaticano II completó su obra diabólica en 1965. Se tuvo que esperar 11 años para que la primera camada importante de sacerdotes salga del primer seminario del Arzobispo. Paciencia. El no se precipitó.
En tercer lugar, “El bien no hace ruido y el ruido no hace bien”. El dominio público hoy está completamente envenenado. Tratar de llegar a una amplia audiencia de los hombres modernos es exponerse al riesgo de que sea el perro el que pasee al amo, que sea la audiencia la que flexibilice al mensaje, y al mensajero, llevándolos a adaptarse a su propia corrupción. Mons. Lefebvre raramente buscó a los medios, pero ellos estaban siempre atrás de él, porque su mensaje era inflexible, y eso era la prueba que nuestra Fe, y no el ruido que podamos hacer sobre la escena pública, es “nuestra victoria sobre el mundo” (I Jn.V,4).
En breve, pienso que la situación de la Resistencia Católica de hoy llama no a una acción apresurada, sino a medir cuidadosamente a los hombres y a los acontecimientos hasta que la voluntad de Dios aparezca más claramente. Pienso – me puedo equivocar – que El quiere una red suelta de focos independientes de Resistencia, reunidos alrededor de la Misa, contactándose libremente entre ellos, pero sin la estructura de una falsa obediencia como la que sirvió para hundir a la mayor parte de la Iglesia en la década del 60 y que ahora está hundiendo a la Fraternidad San Pío X. Si están de acuerdo, no duden en aportar su ayuda a la Iniciativa de San Marcelo porque con seguridad va a ser útil, tal vez más pronto de lo que yo pienso. En cuanto a mí, tan pronto como mi situación se estabiliza en Inglaterra, estoy dispuesto a poner mis poderes de obispo a la disposición de quien pueda hacer uso sabio de ellos.
En los Estados Unidos, los cheques pueden ser emitidos a nombre de St Marcel Initiative y enviados a St Marcel Initiative, P.O.Box 764, Carrollton, VA 23314, USA. Las donaciones por tarjeta de crédito o tarjeta de débito o débito bancario directo o transferencia internacional pueden ser hechas en www.stmarcelinitiative.com. Para contribuciones por cheques desde el Reino Unido y la zona Euro, las informaciones adonde podrán ser enviados serán comunicadas tan pronto como sea posible.

Kyrie eleison.

VIVIR POR EL ESPIRITU




“Syllabus” blog se declara al margen de toda polémica estéril e insincera que no busca servir a la verdad, como puede observarse en ciertos sitios y blogs que, transmisores de su propia perturbación, están siempre ávidos de todo aquello que San Pablo menciona como obras de la carne. Para todos ellos –usen o no el nombre de cristiano- vayan las palabras del Apóstol -bien entendidas- como consejo, advertencia o escarmiento, Dios lo sabrá:

“Y las obras de la carne son manifiestas, a saber: fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, celos, ira, litigios, banderías, divisiones, envidias, embriagueces, orgías y otras cosas semejantes, respecto de las cuales os prevengo, como os lo he dicho ya, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (…) Si vivimos por el Espíritu, por el Espíritu también caminemos. No seamos codiciosos de vanagloria, provocándonos unos a otros, envidiándonos recíprocamente”. (San Pablo, Carta a los Gálatas, V, 19-23. 25.).