martes, 21 de noviembre de 2017

CARTA ABIERTA [FICTICIA] A MONS. FELLAY





"Su Excelencia está en estado de complicidad abierta con nuestros enemigos, porque Su Excelencia no los percibe como tales, sino como amigos".





Habiendo leído la carta subversiva de Mons. Fellay en el Cor Unum de junio de 2017, notamos que no hubo ni una sola voz de oposición por parte de los más de 600 sacerdotes de la FSSPX en todo el mundo. Tan reciente como seis años atrás, esta carta habría causado tal tormenta dentro de la Fraternidad, que la supervivencia de Mons. Fellay en el próximo Capítulo General hubiera sido puesta en peligro.

Pero hoy en día, ni una sola palabra.

¡Esos días parecen distantes!

Por lo tanto, Sodalitium Pianum tomó la carga de crear una respuesta ficticia que hubiera debido provenir del clero de la FSSPX en mejores días.

Carta abierta a Mons. Fellay de todos los Sacerdotes y Obispos de la FSSPX
Junio de 2017


Excelencia Reverendísima,

Usted comprenderá que estamos escandalizados por la reciente carta que nos envió en el número de junio de 2017 del Cor Unum, la cual es subversiva respecto de la seguridad de nuestro apostolado y de nuestra fidelidad a la Fe Católica.

Su carta comienza notando “algunos problemas que han surgido en nuestra Fraternidad en los meses recientes”, pero al reconocer esto, usted no ve la causa sino solamente el efecto (es decir, los “problemas” de los cuales usted mismo es la causa). Aparentemente, usted administra una aspirina para suavizar los síntomas, en lugar de dirigirse a la enfermedad que los produce.

Al recordarnos que los estatutos reservan las relaciones con Roma al Superior General, vemos en ello una medida de control diseñada para extinguir cualquier oposición al ralliement. Nosotros recordamos que antes de que el ralliement se volviera público, los sacerdotes de la Fraternidad escribían y hablaban regularmente del asunto de las relaciones con Roma, sin oposición de Menzingen o de las casas de Distrito en su mayoría. Obviamente, usted no quiere una voz contraria que señale su traición, así que recurre a esta regla. Pero ya que la virtud moral de la obediencia está subordinada a la virtud teologal de la fe, nosotros tranquilamente ignoramos su evocación a esta regla, y ejecutamos nuestro deber de pastorear a los fieles recordándoles desde los púlpitos, desde los boletines, desde las conferencias y artículos, por qué firmar un acuerdo con la Roma no convertida, pondrá en peligro sus almas.

¿Qué locura lo ha poseído, que Su Excelencia ha perdido de vista el claro y actual peligro para la Fe en Roma? Solamente un loco estaría persuadido (como su carta espera que nosotros estemos), que hay un nuevo clima en Roma, el cual de algún modo quiere a la Tradición (¿incluso si la persigue?).

En relación con las recientes cartas de nuestros cofrades en Francia, estamos bastante perplejos -y furiosos- de que nos recuerde la declaración del Capítulo General del 2006 que “previó entre los motivos de expulsión de la Fraternidad la rebelión y la difusión pública de un desacuerdo con la autoridad”. El P. Rioult “sacó a la luz” sus negociaciones secretas con Roma, y el acuerdo de “proceder por etapas hacia el acuerdo práctico” con los modernistas, y no podemos más que preguntarnos si esta norma del 2006 al cual usted se refiere, fue tal vez una de estas “preparaciones” (diseñadas para suavizar la oposición llegado el tiempo en que usted mostraría sus verdaderas intenciones subversivas).

Pero por la admonición de Su Excelencia, nosotros tomamos su advertencia seriamente, y reconocemos que aquellos que poseen la fortaleza de oponerse a esta reorientación traidora están muy probablemente expuestos al peligro de expulsión: Su Excelencia ha recurrido rápidamente a esta táctica (de la cual se alegró el P. Pfluger, tomándola como una “purificación” de la FSSPX, en su conferencia en Flavigny para los Hermanos). Comprendemos perfectamente que debe liberar a nuestra Fraternidad de oposiciones antes de que Roma acepte su firma. Esto es de sentido común.

¡Pero el cielo no permita que seamos cobardes bajo la apariencia de prudentes u obedientes, mientras nuestras ovejas son guiadas por ustedes al matadero romano!

Usted nos dice que solamente estamos imaginando que defendemos a la Tradición. Sin embargo, ¡cuán exactamente nuestras observaciones con respecto al ralliement coincidieron con las de Su Excelencia, en la Carta n°63!
¡Talleyrand!

Usted pretende que es nuestra oposición la que debilita a la Fraternidad al fracturar su unidad, en lugar de la reorientación que usted ha dado a ella en preparación a la Prelatura. ¡Repugnante deshonestidad! ¿No fue Su Excelencia quien le explicó a Benedicto XVI (modernista) que usted estaba dispuesto a soportar una fuerte oposición y división en aras de llegar a un acuerdo práctico, cuando usted inquirió una explicación por el rechazo de Roma en el último minuto de la Declaración que usted firmó?

USTED es la causa de la desunión en la Fraternidad, como consecuencia de haber abandonado la vía prudente de Monseñor Lefebvre (y todos sabemos cómo terminará).


No ha pasado desapercibido, sin embargo, este enfoque que Su Excelencia tiene acerca de la unidad por sobre la doctrina (un sello distintivo de la iglesia conciliar en la cual usted ya está disolviendo nuestra Fraternidad). Pero esto no nos sorprende: El obispo que usted expulsó para facilitar su traición, ya había observado que “la crisis de la FSSPX se asemeja en todos los aspectos a la crisis en la Iglesia después del Vaticano II”. Una respuesta por separado podría rastrear todas las similitudes, ¿pero con qué finalidad? Su Excelencia ya ha declarado a Roma su determinación para seguir adelante, a pesar de la ruptura que eso cause en la Fraternidad.

Y con todo, ¿usted se atreve a darnos lecciones sobre alterar la unidad en nuestra Fraternidad?

Su Excelencia nos perdonará entonces, pero sonreímos ante su hipócrita afirmación de que “no se puede utilizar un medio malo e ilícito sin causar un daño al bien común”, lo cual más bien tiende a condenar a Su Excelencia y no a nosotros.

En cuanto a sus “Cinco Puntos” recordando la naturaleza de nuestras relaciones con Roma, nosotros percibimos en ellos los signos de la infección modernista que sufre Su Excelencia (causados sin lugar a dudas por sus frecuentísimas visitas al leprosario):

En el punto número 1, Su Excelencia hace un par de declaraciones problemáticas:

En primer lugar, usted alega que la crisis en la Iglesia se remonta al menos a los tiempos del Papa León XIII. ¿Qué clase de tontería es esta? No había crisis en ese tiempo porque las autoridades suprimieron a los revolucionarios, mientras que ahora están coludidas con ellos.De hecho, ¡ellos son los revolucionarios!

Usted nos perdonará si sospechamos en las palabras de Su Excelencia un intento de extender la crisis hasta los años 1800 para exonerar al Concilio Vaticano II y evitar identificarlo como la causa de la crisis actual.

Roma ha tomado la misma postura en los últimos 50 años, y es por esto, precisamente, que la crisis empeora diariamente.

Más adelante en el mismo párrafo, Su Excelencia dice “estos errores, calificados de falsas interpretaciones…” ¿Por qué no llamarlos errores simplemente? ¿Por qué reducirlos a meras “falsas interpretaciones”? ¿Acaso los 2 años de discusiones doctrinales (¡de las cuales todavía estamos por ver los videos prometidos, seis años después de este hecho!) no mostraron claramente que estos fueran errores?

Este equívoco claramente revela la confusión intelectual (en el mejor de los casos) en la mente de Su Excelencia (¿o corazón?), en cuanto a si estos errores son realmente errores propiamente dichos. ¿Tal vez las cosas son como Su Excelencia dijo en la entrevista a CNS hace algunos años, que la gente realmente no sabe lo que verdaderamente enseñó el Concilio? ¿Tal vez solamente los iluminados comprenden que estos no son realmente errores después de todo (¡aunque sus propios negociadores claramente lo pensaron!)?

En el punto número 3, Su Excelencia correctamente evoca que la posición prudencial de Mons. Lefebvre respecto a Roma es lo que salvó a la Fraternidad (y la fe de ese tiempo), ¿y aun así, en la actualidad, usted la abandona, bajo el engañoso pretexto de “cambio de circunstancias” (para mejor) en Roma? ¿Qué loco creería esto? Roma nunca ha estado más atrapada en el modernismo; no hay un solo obispo conciliar o cardenal en todo el mundo que profese, sin ambigüedad, y sin equívocos, la fe de siempre. No, ni siquiera sus amigos modernistas como Mons. Athanasius Schneider, y colaboradores. Todos ellos son hombres del Vaticano II: Pozzo, Burke, di Noia, Hoyos, etc.

En el punto número 5, Su Excelencia nos señala sin necesidad que Mons. Lefebvre nunca quiso separarse de la Iglesia, como si nuestra continua resistencia a las reformas conciliares fuese equivalente a tal separación. Esto revela más la forma de pensar de Su Excelencia que la nuestra. Por nuestra parte, no necesitamos que se nos diga esto. Pero por su parte, usted parece temer este peligro imaginario (y la escrupulosa propaganda que usted permite que gotee de las plumas del P. Simoulin, Schmidberger, Pfluger, Nely, Robinson y otros, refuerza esta sospecha).

El argumento implícito es que la posición de la FSSPX por los últimos 29 años ha sido cismática. Usted no lo dice abiertamente, pero lo teme. Tampoco puede usted evitar la conclusión (como lo hace más adelante) recurriendo a circunstancias cambiantes: ¿No ha estado siempre Roma lista para aprobar la Fraternidad si tan solo cumpliera con los requerimientos romanos (como lo ha estado haciendo a través de este largo proceso de ralliement, por lo menos desde las juntas de 1997 del GREC)? ¿No le dijo Roma modernista a Mons. Lefebvre que con una Misa Novus Ordo todo sería perdonado? ¿No le dijo la Roma modernista a Mons. Lefebvre, en los años 1980 y 1990, que un acto de humildad y pedido de disculpas por su parte hacia Juan Pablo II arreglaría todo?

Sí, Excelencia, nosotros percibimos en usted la creencia de que la Fraternidad es cismática, y una consecuente desesperación para resolver esa “situación canónica anormal”. En esto, usted ha caído en el mismo legalismo que causó que todas las comunidades alguna vez tradicionalistas “corrieran hacia Roma” (como usted escribió alguna vez).

¿No podría usted simplemente renunciar y “reconciliarse” usted mismo? ¿O siente usted un deber imaginario de tomar con usted a la máxima cantidad posible dentro de Roma, para aplacar su conciencia escrupulosa, por haber liderado un grupo de sacerdotes ilegales que han estado administrando confesiones y matrimonios inválidos desde por lo menos las suspensiones de 1976?

Su Excelencia considera que una línea de conducta respecto a las relaciones con Roma fue proclamada en los Capítulos Generales de 2006 y 2012 sin mencionar, sin embargo, que el último contradice al primero. En lugar de eso, usted intenta engañar, pretendiendo que 2012 es el desarrollo posterior del 2006, ¡como si la contradicción pudiera ser un desarrollo!

Los principios no cambian, pero sí las circunstancias. De acuerdo. Pero percibimos que en la realidad de la situación en Roma y en la Fraternidad, son los principios los que han cambiado ¡y las circunstancias siguen siendo las mismas! El principio de acción del Capítulo General de 2006 fue que no habría acuerdo práctico con la Roma sin convertir. Las circunstancias eran (y siguen siendo) que Roma sigue imbuida de modernismo y lo promueve activamente a toda la Iglesia universal.

Si de buena fe, Su Excelencia es tan iluso que no puede percibir ni admitir esta realidad, entonces Su Excelencia claramente no es competente para guiar de manera segura nuestra Fraternidad a través de esta crisis, y exigimos que usted (y todos los que comparten su ilusión o falta de comprensión en los diversos cargos en los Distritos) renunciar a su/sus posición/es de inmediato. Tal ceguera no puede sino llevarnos a los roqueríos, sobre los cuales ya podríamos estar varados.

Su Excelencia afirma que “por nada” queremos dejar esta línea de acción por la cual reconocemos a las autoridades de la Iglesia, pero rechazamos sus errores. Estamos de acuerdo, pero note que Su Excelencia está haciendo precisamente eso en la misma medida que su campaña de branding tiende a dejar de rechazar los errores romanos y conciliares. Este es un paso intermedio en el camino de la aceptación de esos errores: primero dejamos de combatirlos y esto, combinado con el continuo énfasis de respetar la autoridad romana, con el tiempo causa que aceptemos los errores (después de todo, ¡ya nadie nos dice que son errores!).

Si yo pudiera asistir a una junta de la Logia del Gran Oriente de la Masonería, imagino precisamente esa estratagema para subvertir y luego capturar a la Tradición.

Su Excelencia utiliza una manera interesante para describir la posición tradicional de nuestra Fraternidad: “nosotros afirmamos nuestra sumisión a la autoridad legítima y rechazamos cuasi sistemáticamente seguirla”. Esta descripción, acertada en lo que cabe, casi parece como una crítica, como si rechazar “sistemáticamente” el seguir la autoridad, estuviéramos cometiendo una falta. Esto a su vez implica una negación de la forma "sistemática" en que se ha implementado la revolución conciliar en toda la Iglesia universal, en la liturgia, la instrucción catequética, los ritos sacramentales, el derecho canónico, etc.

¿Ha perdido Su Excelencia su comprensión de la amplitud y gravedad de la crisis en la Iglesia? Así parece.

Finalmente, Su Excelencia -vacilamos en decirlo pero debemos hacerlo- se muestra como un traidor al declarar que “son estimaciones falsas y muy peligrosas afirmar: “Nosotros no necesitamos la delegación para los matrimonios”; “la jurisdicción de suplencia para las confesiones nos basta…” Implícita en esta condenación está la aceptación de la proposición contraria: “Es verdad decir que necesitamos la delegación conciliar para nuestros matrimonios”; “la jurisdicción de suplencia para las confesiones no es suficiente para nosotros”. ¿Cómo pueden nuestros sacerdotes y fieles no preguntarse acerca de la validez de los sacramentos del pasado con las tonterías que vienen de Su Excelencia? Y dejando a un lado este asunto, ¿cómo puede Su Excelencia pretender que no hay nada peligroso en someter el control de los matrimonios a las autoridades diocesanas? Vemos en las directrices pastorales del Cardenal Müller que la norma es que las autoridades conciliares darán la delegación y recibirán el consentimiento de los contrayentes, y el sacerdote de la FSSPX celebrará la Misa después.

Si ahora Roma está permitiendo la delegación a los sacerdotes de la Fraternidad, ¿no es para calmar la tormenta? ¿Una excepción a la regla (la cual será implementada “en la medida de lo posible”)? ¿Usted piensa que en poco tiempo (si acaso la FSSPX no ha sido vendida para entonces) esta inteligente implementación romana de las directrices pastorales todavía le dará la delegación a los sacerdotes de la Fraternidad? ¡Desde luego que no! Para entonces, los sacerdotes de la FSSPX ya no confiarán en su jurisdicción de suplencia y psicológicamente dependerán de recibir la delegación, incluso cuando las directrices pastorales empiecen a ser implementadas como se pretendía: con el sacerdote conciliar recibiendo el consentimiento de los contrayentes.

Tal como en todas las otras áreas del ralliement, los romanos progresan gradualmente, con paciencia (¡como ellos se lo explican continuamente!), y esperan a que se den más pasos con el tiempo. Pero Su Excelencia sabe y entiende como nosotros, que viene el día en que la recepción conciliar de los votos matrimoniales en las capillas de la FSSPX se extenderá y será “normal”.
Su Excelencia está en estado de complicidad abierta con nuestros enemigos, porque Su Excelencia no los percibe como tales, sino como amigos.

¡Locura!

¡Pero nuestras bocas quedan abiertas de asombro cuando leemos que Su Excelencia respalda al movimiento Ecclesia Dei, a los que nuestro Fundador condenó como traidores! Consecuentemente, ¡usted también es un traidor al respaldar traidores! ¿Cómo podemos evitar reconocerlo? Siempre ofrecen la misma excusa los desertores de la Tradición: “Imaginen el bien que podemos hacer”. Esto lo dijo Dom Gérard y fue condenado por los sacerdotes de Campos, quienes cayeron más tarde y fueron condenados por… Su Excelencia (quien, cayendo en lo mismo hoy, es condenado por nosotros). ¿Y esta contradicción se supone que debe disimularse por un presunto cambio en las circunstancias?

¡Sin embargo, el obispo de Galarreta reconoció en Albano (finales de 2011) que no se han producido cambios sustanciales en Roma que justifiquen los nuestros!

¿El hecho de que Roma está ofreciendo supuestamente más, demuestra que los herejes quieren que peleemos contra sus herejías? ¿Que ellos quieren la Tradición? ¡Sea realista!

Por eso, no percibimos la voz del Buen Pastor en sus extraños razonamientos, que parecen venir del lobo más que del pastor. Honestamente, Excelencia, usted suena más como el Superior General de la Fraternidad San Pedro que de la FSSPX al argumentar de este modo.

Los argumentos que usted plantea han venido siempre de los cuarteles de Ecclesia Dei. ¿Por qué no dice que usted cree que Mons. Lefebvre estaba equivocado, en lugar de engañarse a usted mismo, escondiéndose tras la evidente falsedad de que las circunstancias y condiciones en Roma están mejorando tanto, que ahora es el tiempo para un acuerdo (cosa que usted dijo en 2001, 2012 y 2017).

Ahora debemos creer que “Roma está mejorando”, siendo que evidentemente sucede lo contrario.

Ciertamente, sus palabras relativizando la jurisdicción de suplencia demuestran que usted ha perdido fe en la excelente e inexpugnable apologética con la que la FSSPX ha justificado recurrir a ella en los últimos 40 años en el ejercicio de su apostolado. ¿Cuándo le sucedió esto? ¿Hace décadas? ¿Por qué debemos compartir sus escrúpulos? ¿No le basta simplemente regresar a Roma con sus lugartenientes de ideas afines? ¿O sus captores romanos lo atraparon con chantaje espiritual, reteniendo su “perdón espiritual” hasta que usted traicione completamente la fortaleza de la Tradición?

Y esta “lenta evolución en los medios conservadores” que usted atestigua, ¿qué hay de ella? ¡Ha habido círculos de conservadores desde el mismo concilio! Su Excelencia ha perdido de vista el hecho que tanto liberales como conservadores (que son liberales más reservados) no son diferentes que los Jacobinos y Girondinos de la Revolución francesa: ambos apoyaban la revolución, con la única diferencia que los Jacobinos (p/ej. Bugnini, Congar, Kasper, Kung, Francisco) quisieron ir más lejos y más rápido que los Girondinos (Benedicto XVI, Athanasius Schneider, Pozzo, Burke). ¿Qué Mons. Schneider no apoya y organiza ecumenismo? ¿Qué el Cardenal Burke no defiende el matrimonio basado en la doctrina de JPII, en dependencia de la teología pos-Vaticano II, y de una manera en la que cuidadosamente evita atacar ese concilio infernal? ¿No cree Benedicto XVI que los magisterios pre y posconciliar pueden ser reconciliados mediante la dialéctica Hegeliana y la síntesis de los opuestos (es decir, la hermenéutica de la continuidad)?

Su “crecimiento del movimiento conservador” es bastante ilusorio, excepto en la medida en que está poblado por antiguos tradicionalistas como usted. Pero si alguna vez se convirtiera en una realidad, representaría un peligro mayor para las almas porque sus errores son más difíciles de identificar. Elija su veneno.

En cuanto a los muchos supuestos Nicodemos dentro de las comunidades Ecclesia Dei que creen que la posición de Monseñor Lefebvre es correcta, ¿acaso su presencia dentro de esas comunidades comprometidas y capturadas no demuestra lo contrario? Ellos no han comprendido, mucho menos están de acuerdo con Mons. Lefebvre. Su razonamiento, su posición, su doctrina, están basados completamente en el legalismo, poniendo -como Su Excelencia- la “regularidad” canónica por encima de la primacía de la doctrina, dispuestos a dejar que todo lo demás se quede en el camino (incluso la misa), siempre que se conserve el sello de aprobación romano:

Ellos aceptaron la libertad religiosa (como usted lo hizo implícitamente en la entrevista a CNS); ellos declaran que no hay errores en los documentos del Vaticano II (Su Excelencia afirma que aceptamos el 95% de éste); ellos celebran el Novus Ordo (Se reportó que Su Excelencia declaró en Roma que si Mons. Lefebvre hubiera visto la nueva misa celebrada de ese modo, jamás se hubiera opuesto a ella); ellos practican ecumenismo (Su Excelencia promueve las juntas del GREC, y la próxima Conferencia de Identidad Católica que es tradiecuménica).

¿Ha notado Su Excelencia que ahora parece tener más en común con los Ecclesia Dei que con la FSSPX?

¿De qué manera están estos “Nicodemos” de acuerdo con Mons. Lefebvre? En el mejor de los casos, mientras piensa que halaga a sus nuevos amigos, en realidad los está llamando cobardes, además de cuestionar su honestidad e integridad, al proponer este argumento.

Y si no levantáramos la voz, estaríamos en peligro de compartir el mismo destino [¡tomen nota, sacerdotes de la FSSPX!].

Si Su Excelencia cree ver “una mejora en las condiciones que Roma nos impone”, nos preguntamos ¿cuál es la relevancia o importancia de lo que se nos ofrece? Mons. Lefebvre le dijo al Cardenal Ratzinger, "Eminencia, ved, aún si vos nos concedéis un obispo, aún si nos dais una cierta autonomía con respecto a los obispos, aunque nos deis la liturgia de 1962, si nos permitís continuar con los seminarios de la Fraternidad, como hasta ahora; no podemos colaborar, es imposible, imposible, porque trabajamos en direcciones diametralmente opuestas: vosotros trabajáis para la descristianización de la sociedad, de la persona humana y de la Iglesia, y nosotros, nosotros trabajamos para la cristianización. No podemos entendernos".

¿Por qué este mismo estado de cosas (es decir, trabajar en direcciones opuestas) hoy no le concierne a usted, a diferencia de nuestro Fundador? ¿Lo ha destronado usted también? Como dijeron los judíos cuando planearon matar a Nuestro Señor, ¿“es conveniente que un Hombre muera”?

Sólo un imbécil no reconoce que mientras la Fraternidad y Roma estén trabajando en diferentes direcciones, nunca podrá haber ninguna colaboración fructuosa. En consecuencia, si hay colaboración, es porque ambas partes están trabajando en la misma dirección (errónea). Y el respaldo de Su Excelencia hacia las comunidades Ecclesia Dei, y los supuestos aliados "conservadores" en Roma, nos dice todo lo que necesitamos saber sobre cuál dirección está tomando esta colaboración:

Su Excelencia está conduciendo a nuestra Fraternidad desde la Tradición hacia el conciliarismo conservador.

Pero percibir que Roma está ofreciendo más, porque están "mejorando", es estar en peligro de solipsismo. ¿No ha admitido la misma Roma que su objetivo es llevarlo a usted hacia el concilio? ¡Ellos deben estar muy satisfechos con el progreso que USTED ha hecho a este respecto! No es la Roma anticristo que se vuelve más católica, sino Su Excelencia que se vuelve más liberal, lo que le causa esta percepción ilusoria.

Roma ha aprendido que cuanto más tiempo le nieguen la Prelatura, más Su Excelencia está dispuesto a ceder y comprometerse para alcanzarla. ESTA es la razón del infernal “coma” que priva a la FSSPX de la muerte final; una muerte que ciertamente vendrá, pero no antes de mucho más sufrimiento. La FSSPX debe expiar sus pecados anteriores, y los humillantes compromisos con que Roma extorsiona, serán nuestra purgación, y su protección y seguridad [de Roma].

"Sí, sí, cardenal Müller, debemos tomarnos más tiempo; debemos encontrar esta "conversión más profunda" que se logra a través de estos contactos continuos y demasiado frecuentes (¡y que sólo llega con la aceptación total del Vaticano II!)".

Levantamos nuestras cejas ante su afirmación de que tenemos que esperar y ver si las autoridades romanas "confirmarán la relativización del Concilio", cuando es exactamente lo contrario que está sucediendo: ¡Su Excelencia está relativizando la Tradición, la jurisdicción de suplencia y la necesidad de resistir los errores romanos!

Pero simular que las autoridades romanas han mostrado “benevolencia” atrapando a la Tradición, es casi declararse cómplice, trabajando contra la Tradición desde adentro, para su destrucción final.

Contra la creencia de Su Excelencia de que la Tradición tiene mucho que ganar de un acuerdo práctico con la Roma no convertida -una vez más- es exactamente al revés: la verdad no tiene nada que ganar, pues ya está en posesión de sí misma, pero tiene todo que perder al repudiar el consejo prudencial de Mons. Lefebvre, y sometiéndose a sus enemigos y manipuladores y si la FSSPX ha estado en un estado de declive cualitativo desde su muerte, es precisamente porque la herencia que dejó ha sido ignorada por aquellos que piensan que saben más, de modo que la luz se coloca más y más debajo del celemín.

Todos nosotros probablemente viviremos para ver la locura de esa arrogancia.
Su Excelencia será recordado por la historia como el hombre que destruyó la FSSPX.

Sinceramente,

600 sacerdotes de la FSSPX