martes, 24 de mayo de 2016

DESPUÉS DEL NAUFRAGIO EN ARGENTINA…EL NAUFRAGIO DE LA FSSPX



El refugiado Mons. Fellay pide ser rescatado y acogido por el rescatista Francisco.


"No hemos cambiado nada".
Mons. Fellay, entrevista a NCR

“El que dialoga, en cambio, renuncia a estar aislado y a ser condenado”.
L’Osservatore Romano.


Contra el parecer generalizado de los tradicionalistas, de los conservadores y aun de muchos línea-media y tradi-liberales, Mons. Fellay afirma no poder incluir a Francisco en una categoría determinada. Aun no sabe si es modernista, si es conservador, si es tradicional, si es humanista, si es liberal,  si es “pelagiano”, si es “de los nuestros”, si es “enemigo” o quién sabe qué. Mons. Fellay está indeciso, no lo sabe. En un primer momento ya lejano se había atrevido a decir en una conferencia que Francisco era un modernista. Se le escapó. Luego pasó a aclarar que era un modernista moderado, no teórico sino práctico. Ahora ya no dice nada de eso. Más bien tiende a diferenciarlo de los modernistas. Parece que las medidas “a favor de la Tradición” que últimamente viene realizando Francisco (videos ecumenistas interreligiosos que igualan todas las religiones; apertura a la comunión sacrílega de adúlteros; posibilidad de mujeres “diaconisas”; la exhortación “Amoris laetitia”; el video feminista; declaraciones heterodoxas, heréticas y/o blasfemas, más un largo etc.) lo han desconcertado un poco, y duda. Así lo acaba de decir en reciente entrevista:

“Este Santo Padre es completamente atípico y el problema que tenemos al abordarlo es tratar de ponerlo en una categoría. Uno de los mayores problemas es que la manera normal de juzgar a alguien es tomar sus acciones y concluir que actúa de este modo porque así piensa. Y si se trata de hacerlo con este papa, uno se queda desconcertado porque un día él hace algo y al día siguiente hace casi lo contrario, o dice. Entonces este es uno de los puntos más confusos del papa actual y yo creo que debemos entender que no se puede abordar en este nivel. Ha dicho varias veces que él considera la doctrina más bien como un obstáculo al tratar con la gente, para él lo que importa es la gente, es la persona, entonces él trata de ver a la persona y entonces él es muy humano. Ahora ¿cuál es su motivo? Para mí él es alguien a quien le gusta ver a todos salvados, ver que todos tienen acceso a Dios, que es como un rescatista que al final desata la cuerda que es la seguridad, para ponerse en una situación peligrosa al tratar de llegar a otras personas, y yo creo que probablemente esto es lo que está haciendo con nosotros. Para el modernista ciertamente ha desamarrado la seguridad de la cuerda para llegar a nosotros. Y él dijo que ha tenido problemas con algunas personas en la Iglesia por este acercamiento, pero está utilizando este acercamiento para todos los que están en las periferias”.

Que Francisco sea un Papa atípico, concedido. Pero no lo es porque realice medidas contradictorias entre sí, un día una y al otro día la opuesta. En absoluto. Es atípico, sí: es populista, toma mate, habla en porteño, “misericordea”, visita ópticas, calza zapatos negros, se abraza con homosexuales y detiene el papamóvil para comer pizza. Pero que sea confuso en cuanto a lo que es, a lo que piensa y a lo que como consecuencia de lo que piensa, hace, no, al contrario, es absolutamente claro (aunque no sepamos a ciencia cierta si tiene o no un mandil masónico debajo de la sotana blanca o en la valijita que lo acompaña en sus viajes). Francisco es la quintaesencia del modernismo salido de las periferias. Es la encarnación del programa masónico democrático. Es el humanismo integral que postulaba Pablo VI al final del Concilio. Es la nueva religión conciliar que rompió amarras con la Tradición. Y si Mons. Fellay está confuso respecto de lo que es, no pueden caberle dudas acerca de lo que Bergoglio no es: un tradicionalista. Pero, ¿no será acaso porque el mismo Mons. Fellay ha perdido su propia identidad al hacerse liberal, que entonces es incapaz de discernir lo que es Francisco?




Mientras tanto, y hasta ahora, sólo hemos visto una tímida o aparente disensión pública dentro de la misma Neo-FSSPX. El sitio web del Distrito de México publicó un artículo donde se deja muy en claro que Francisco entra en la categoría de los “revolucionarios”. Ah, pero en realidad lo dice pero no lo dice. ¿Cómo es esto? Ellos publican eso, pero el artículo está tomado de otro sitio web y es firmado por Roberto de Mattei. Y por si acaso, allí a un costado del artículo, mediante un signo gráfico muy visible, aclaran, no vaya a ser que los acusen de coincidir con tal categorización: “Queda bien entendido que los comentarios retomados en la prensa externa a la FSSPX, no son en ningún caso una adhesión cualquiera a lo que por otra parte está ahí escrito”. No son en ningún caso una adhesión cualquiera, pero son en algún caso una cierta adhesión, ¿o no adhieren en absoluto con lo que publican? ¿Entonces para qué lo publican? En qué parte y en qué caso hay adhesión de los neo-fraternitarios mexicanos a lo que allí se dice, vaya Ud. a adivinar. Porque más allá de eso, no vemos hasta ahora que nadie salga a aclarar nada, y a decir con todas las letras las cosas como son. Cosas que sí dicen muchos otros que no son precisamente “tradicionalistas” o del supuesto “baluarte de la Tradición” como muchos algunos creen que es la FSSPX.




¿Y por qué no recordar ahora cuando la FSSPX todavía se animaba a confrontar con el cardenal Bergoglio, en Argentina? Quizás luego llegó la orden de arriba de ir a arrodillarse con cierta frecuencia ante el futuro Francisco, y todo se acabó. Empezando por el mismo Superior de Distrito de entonces, Padre Bouchacourt, quien decía por ejemplo en un editorial de la revista Iesus Christus de mediados de 2010:
  
“El veredicto tuvo lugar el 15 de julio pasado a las cuatro de la mañana: Argentina se ha convertido así en el primer país en América del Sur en aprobar el “matrimonio gay” y a conferir a los homosexuales todos los derechos civiles posibles, incluso el de adoptar niños.
(…)
… habría que haber visto la decepción y la humillación en los rostros de los católicos que participaron de la manifestación realizada en Buenos Aires el 13 de julio contra el proyecto, después de haber oído el mensaje que el Cardenal Jorge Bergoglio envió para que se leyese en ella. Ni siquiera se mencionó el nombre de Dios. No fueron más que palabras tibias, insípidas y vergonzosas. Situado en un plano puramente natural para evitar ofender a los no católicos, no se hizo ni mención ni defensa de los derechos de Dios en la sociedad. ¿Acaso no es más bien esta actitud tímida de los obispos lo que decidió a unos cuantos senadores a votar a favor de la ley? Creo que después de oídas sus palabras, los partidarios del proyecto comprendieron, con alivio, que la Iglesia no estaba dispuesta a confrontar y a oponerse. Podían tranquilamente esperar la victoria…

“Junto a estas declaraciones del 19 de agosto hechas por el Padre Oesterheld, los obispos invitaron además a la moderación y al “diálogo con la sociedad del país”. A propósito del diálogo, es interesante recordar lo que consigna un documento emitido poco después del Concilio por el Secretariado para el Diálogo Interreligioso: “El diálogo no implica la refutación del error ni la conversión del interlocutor” tema sobre el cual “L’Osservatore Romano” ya había apuntado que “quien renuncia al diálogo es un fanático, un intolerante, que siempre termina por ser infiel a sí mismo y luego a la sociedad de la que forma parte. El que dialoga, en cambio, renuncia a estar aislado y a ser condenado”.

“¡Qué victoria para los enemigos de la Iglesia! Los defensores de estos proyectos criminales ahora pueden frotarse las manos: tienen la seguridad de que la Iglesia no respaldará a los obispos que tienen un discurso demasiado neto en los futuros debates. ¡No quedan dudas de lo que resultará de tales debates!

“De hecho, en su oposición al proyecto de ley a favor de los homosexuales, los obispos y el clero argentino han reaccionado demasiado tarde y de modo demasiado natural. Que yo sepa, ningún obispo puso en marcha una cruzada de rosarios, o de Misas, ni llamó a los fieles a la penitencia y al sacrificio.

“¿Por qué no emplearon un lenguaje claramente católico para defender los derechos de Dios, Supremo Legislador de la sociedad? ¿Por qué permitieron —como circularon comentarios— que en muchas parroquias, unos días antes de la votación, algunos sacerdotes predicaran diciendo que el hombre auxiliado por el Samaritano, del que hablan los Evangelios, podía ser el homosexual discriminado por la sociedad, cuya rehabilitación buscaba este proyecto de ley? Salvando raras excepciones, los obispos faltaron gravemente a su deber y tendrán que rendir cuentas a Dios de ello”.




Como vemos allí, por entonces resultaba claro categorizar al Cardenal Bergoglio, hoy llamado Francisco: su intervención fue decisiva para una victoria de los enemigos de la Iglesia. Sin siquiera dar la cara en apoyo a los miles de fieles convocados en las calles, su mensaje resultó “tibio, insípido y vergonzoso”, como decía el P. Bouchacourt. Fue un mensaje en el que ni siquiera mencionó a Dios, como hace hoy en sus videos. “Después del naufragio” titulaba su editorial el P. Bouchacourt. Un naufragio al que contribuyó decisivamente el Cardenal Bergoglio, del cual incluso se llegó a incluir una fotografía en la primera página del crítico editorial. ¿Y hoy? Hoy vemos que Francisco está compartiendo la responsabilidad con Mons. Fellay en el naufragio de la FSSPX. “¿Por qué no emplearon un lenguaje claramente católico para defender los derechos de Dios, Supremo Legislador de la sociedad?”, se preguntaba el P. Bouchacourt, en referencia a los obispos argentinos, apañados por Bergoglio. La misma pregunta podría hacerse hoy a Mons. Fellay y los que son cómplices de su maniobra acuerdista. ¿Ahora ven a Bergoglio como un rescatista? Que nos perdonen, pero viendo la experiencia pasada (incluso de cosas que el propio Francisco ha contado) la confianza que se nos pide está muy devaluada, y quizás no sea mal pensado decir que si vemos a Bergoglio con una cuerda en la mano no es porque viene a rescatarnos, sino más bien porque viene para ahorcarnos. Quizás resulte como decía otro revolucionario, Lenin: Los capitalistas nos venderán la soga con que vamos a ahorcarlos”, y sea el propio Mons. Fellay quien esté dando la soga a Francisco para ser rescatados o “normalizados”, o sea, para ser ahorcados.