Mostrando entradas con la etiqueta Inmaculada Concepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inmaculada Concepción. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de diciembre de 2016

INMACULADA CONCEPCIÓN





“Por lo cual, después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu paráclito, e inspirándonoslo él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra lo que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho”. 

Bula Ineffabilis Deus, Dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854


martes, 8 de diciembre de 2015

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA






ORACIÓN DE SAN PIO X

Oh, Virgen Santísima, que habéis sido agradable al Señor y os convertisteis en su Madre; Virgen Inmaculada en vuestro cuerpo, en vuestra alma, en vuestra fe y en vuestro amor, mirad con ojos benévolos a los infelices que imploran vuestra poderosa protección. 

La serpiente infernal, contra quien fue lanzada la maldición primera, continúa combatiendo y tentando a los pobres hijos de Eva. Vos, Madre nuestra bendita, nuestra Reina y Abogada, vos que habéis aplastado la cabeza del enemigo desde el primer instante de vuestra concepción; acoged las plegarias que, unidos a vos en un solo corazón, os rogamos presentéis ante el trono de Dios, para que jamás nos dejemos arrastrar a las emboscadas que nos son preparadas, sino que alcancemos el puerto de salvación, y que, en medio de tantos peligros, la Iglesia y la sociedad cristiana canten una vez más el himno de la liberación, de la victoria y de la paz. Amén.

Invocación final:

Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros (tres veces).


lunes, 7 de diciembre de 2015

COMUNICADO DE LA USML CON OCASIÓN DEL 50° ANIVERSARIO DE LA CLAUSURA DEL VATICANO II


COMUNICADO DE LOS SACERDOTES DE LA USML
8 de diciembre de 2015
  




Con motivo del 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II (8 de diciembre 1965), los sacerdotes de la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre desean reafirmar su "rechazo categórico" a este fatídico concilio y a "todas las reformas que le siguieron" (Mons. Lefebvre, Declaración de 21 de noviembre de 1974.)

Ellos hacen completamente suyo el juicio del Arzobispo Lefebvre, quien veía en este concilio "la mayor catástrofe de toda la historia de la Iglesia" y lo comparaba con una "tercera guerra mundial". El Vaticano II, "dando la espalda a la tradición y rompiendo con la Iglesia del pasado, es un concilio cismático" (Monseñor Lefebvre en Le Figaro de 4 de agosto de 1976). "La conclusión se impone: este evento ruinoso para la Iglesia católica y la civilización cristiana no ha sido dirigido ni conducido por el Espíritu Santo." (Yo acuso al Concilio, 1976).

En consecuencia, los sacerdotes de la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre renuevan su determinación formal de no aceptar ningún "acuerdo práctico" ni ningún "reconocimiento canónico", en cualquier forma que sea, de parte de las autoridades conciliares. "Para todo Sacerdote que quiere permanecer católico, apartarse de esta iglesia conciliar es un deber estricto." (Arzobispo Lefebvre, Itinerario Espiritual, 1990).

En esta solemnidad de la Inmaculada Concepción, ellos confían su fidelidad a la Virgen fiel, "Inmaculada en su fe" (oración de San Pío X). Que Ella se digne a ayudarles a dar testimonio de la verdad y a trabajar sin descanso por la salvación de las almas y por someter todo al "dulce reinado de Nuestro Señor Jesucristo" (Arzobispo Lefebvre, Carta al Cardenal Seper, 13 de abril 1978).



sábado, 25 de julio de 2015

LA INMACULADA CONCEPCIÓN ESPERANZA DE LA CRISTIANDAD – P. ENRIQUE RAMIÈRE S.J.








Pío IX, Vicario de Jesucristo, con el aplauso unánime del mundo católico, rodeado del Episcopado que, como nunca, aparecía íntimamente unido y dócilmente sumiso a su Cabeza, otorgó este triunfo magnífico a María, que proyectó un brillo incomparable sobre las prerrogativas del Pontificado y sobre las perspectivas de la Iglesia.

Y entonces, en nombre de esta misma santa Iglesia de la que es a la vez intérprete y doctor, después de enseñarle con infalible autoridad lo que precisa creer con respecto a la Concepción de María, expresó con las siguientes consoladoras palabras lo que le es dado esperar como resultado del triunfo otorgado a su augusta Reina: Confiamos, con certísima esperanza y absoluta fe, que la bienaventurada Virgen quiera hacer que tú Santa Madre Iglesia, libre ya de dificultades y victoriosa de todo error, florezca en todas las naciones, para que las almas erradas vuelvan a la senda de la verdad, y se haga un solo rebaño y un solo Pastor.

Mas, ¿qué relación habrá entre la definición de un dogma que sólo interesa a la piedad de una selección, y el triunfo de la Iglesia por medio de la conversión del universo?

En primer lugar, podemos aducir el sentimiento unánime de esta multitud de almas sencillas y despreciables, según el mundo, que forman la parte principal y, sobre todo, la parte más selecta del cuerpo de la Iglesia.

Tenemos también la eficacia de la mediación de María. Se ha dicho que así como Jesucristo vino al mundo por la Santísima Virgen, también por Ella deberá reinar en el mismo. Efectivamente, Dios, que gusta de hacer el honor a sus criaturas de que colaboren con Él en todas sus obras, quiso que la Humanidad no permaneciera extraña a la más divina de todas y de la que le provendría su salvación; y fue María, pura por excepción entre nuestra raza culpable, la que proporcionó a Dios esta colaboración tan gloriosa para ella y para nosotros. Fue la humana mediadora en la concepción del divino Mediador. Tal es su misión y, al mismo tiempo, la explicación de sus incomparables prerrogativas.

Mas esta misión de su Madre, no se limitará al nacimiento del Verbo encarnado; proseguirá, no tan sólo durante la vida mortal del divino Salvador, sino también en todas las fases de esta segunda existencia por la que vive en la Iglesia y que empieza al terminar su vida mortal. Es más: aun antes de nacer, María se nos muestra como la mediadora por la que el Salvador debía revelarse y darse al mundo.

Recordemos la promesa que rehabilitó, después de su caída, a nuestro primer padre, y en virtud de la cual el mundo antiguo ha podido participar de los frutos de la Redención futura. Y al llegar al cumplimiento de la promesa, al realizarse en el tiempo la obra divina, siempre y en todas partes veremos a María preceder y abrir paso a Jesús. Entre sus brazos se mostró a los pastores, primicias de la Iglesia de los judíos, como a los magos, primicias de la de los gentiles. Apóstol dé los Apóstoles y Evangelista de los Evangelistas, ella reveló por su medio a la Iglesia entera las circunstancias de la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios. Cuando este divino Salvador deberá, con su sangre, poner el último sello a su alianza, María estará allí para testimoniar tal alianza en nombre de la Humanidad, y recibirá esta sangre y agua salidas del Corazón entreabierto de Jesús, que, según los Santos Padres, han sido como las fuentes de vida de la Iglesia. Su seno será, pues, la tierra bendita que, luego de recibir el grano de trigo destruido por la muerte, lo hará renacer centuplicado; será, finalmente, el paraíso terrenal en donde será formada la esposa del nuevo Adán, sacada, como la primera Eva, del costado de su esposo, adormecido con misterioso sueño. Y cuando, más adelante, esta Iglesia, concebida en el Calvario, nazca en el Cenáculo y reciba el Espíritu de Vida en su plenitud, será también por las plegarias e intercesión de María que este Espíritu se derramará sobre ella.

¿No es todo ello suficiente para establecer los derechos al título de Corredentora que la Iglesia siempre le dispensó? ¿Va a extrañarnos que, después de recibir de esta misericordiosa Medianera a Jesucristo, autor de su vida, y al divino Espíritu que es de ella principio, la Iglesia haya siempre reconocido con tanta confianza su patronato?

La economía de la Providencia es siempre la misma: Jesús mostrándose al mundo en brazos de María.

Y en la actualidad, ¿qué queda por hacer? Completar la Redención por la realización de todos sus frutos, con la plena manifestación de Jesús al mundo, disipando todas las nubes que ocultan aún a la vista de los hombres la belleza de su divino rostro, y removiendo los obstáculos que se oponen al pleno advenimiento de su Reinado. Tan gran acontecimiento no puede producirse sin un preludio digno de él. Mas, ¿cómo hallar mejor preludio que la manifestación completa de todos los privilegios de María y, principalmente, de este privilegio incomparable que precedió a todos los demás, en el tiempo, y que ha sido como la piedra angular del edificio magnífico de Gracia que Dios ha levantado en el alma de tan gloriosa Virgen: su Inmaculada Concepción?

Finalmente, para acabar de comprender las relaciones que existen entre este dogma de la Inmaculada y las esperanzas que la Iglesia ha puesto en su solemne definición, consideremos este dogma en sí mismo y veremos que si su definición debe ser para la sociedad señal de gran renovación, será al mismo tiempo el remedio indicado para curar los males que la aquejan.

Por esta definición dogmática propone la divina Providencia a la sociedad moderna una conciliación. Nuestro siglo es, ante todo, orgulloso. Sus conquistas sobre la materia, sus descubrimientos, los prodigios de su industria, lo han infatuado hasta el delirio. No puede hablársele de caída ni de corrupción original, de inclinaciones a combatir ni de sacrificios a realizar; según él, el mal no existe en los individuos, sino sólo en la mala organización de la sociedad, y su redención consistirá en renovarla, encontrando una organización en que todas las pasiones hallen su entera satisfacción.

Pues bien, al obligar a este siglo a celebrar como un privilegio incomparable la Concepción Inmaculada de María, la misericordiosa Providencia le ha obligado al mismo tiempo a reconocer la reprobación que pesa sobre toda nuestra estirpe. Equivale, pues, por parte de la Iglesia, a una solemne condenación de los errores modernos, y, por parte de la sociedad, a una solemne retractación; y la Iglesia nos proporciona, al mismo tiempo, el medio de salir del infortunio y de lavar nuestras manchas, al mostrarnos el Corazón de esta Madre Inmaculada como una fuente de pureza que anhela regenerar al mundo.

P. Enrique Ramière, S.I.
  

jueves, 21 de mayo de 2015

LA VICTORIA DE LA INMACULADA





"Los tiempos modernos estarán dominados por Satanás y en el futuro lo estarán todavía más. El combate contra el Infierno no pueden llevarlo los hombres, incluso los más inteligentes. Sólo la Inmaculada ha recibido de Dios la Promesa de la Victoria sobre el Demonio.
Sin embargo, desde que subió al Cielo, la Madre de Dios solicita nuestra colaboración. Ella está siempre a la búsqueda de almas que se consagren enteramente a Ella para llegar a ser entre sus manos instrumentos efectivos y seguros para infligirle una derrota a Satanás e instaurar el Reino de Dios sobre esta tierra".


Padre Maximiliano Kolbe

sábado, 13 de diciembre de 2014

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN EN SACEDÓN, ESPAÑA


Festejo de la Patrona de España, "La Inmaculada Concepción", en la Capilla de ese mismo nombre, en Sacedón, España


El Pasado día 8 de Diciembre, conmemoración del hermoso día de la Inmaculada Concepción -la Patrona de toda España- se congregaron los feligreses en la Capilla "De la Inmaculada Concepción" en Sacedón, Guadalajara, España, junto con el Padre Ramiro Ribas, quien celebró la Santa Misa para los fieles llegados desde Santander, desde Albacete, desde Sevilla, desde las Islas Canarias. 

Revestido con ornamentos dignos se dio honor a Nuestra Señora, con plena esperanza diciéndole, de rodillas: "Salve, Oh, llena de Gracia"
  
"Todos los pasos que cada uno hace para llegar y escuchar la Santa Misa son de un ángel escritos y numerados y para cada uno será concedido por Dios sumo premio en el Cielo" (San Agustín)



lunes, 8 de diciembre de 2014

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SMA. VIRGEN MARÍA



PROFESIÓN DE FE

Bendita sea la augusta Madre de Dios, la Santísima Virgen María.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.

lunes, 23 de junio de 2014

EL TRIUNFO ES DE LA INMACULADA





Bandera de combate es María inmaculada contra la serpiente del Paraíso que, con nombre muy adecuado se llama... ya sabéis todos có­mo se llama; se llama Revolución.

Verdadera explosión de infernales rencores contra Dios y contra Cristo y su Iglesia, ha estallado en el mundo de los siglos modernos, en forma desconocida hasta hoy en los fastos de la humanidad. Todas las más groseras pasiones, todos los más ciegos errores, todos los más bastardos intereses, hanse reunido como en un solo haz para formar ese inmenso ejército de enemigos de la verdad y del bien, que nunca, nunca, reparadlo, sentires míos, había tenido tan concretamente formulado su satánico programa y más calculadamente organizadas sus fuerzas y combinada su estrategia. Asistimos a este duelo formidable entre el Cie­lo y el infierno, y apenas nos damos cuenta de él; tanto es el poder de la costumbre, que nos lo hace mirar como hecho normal y vulgar y ya perfectamente connaturalizado con el modo de ser de las actuales ge­neraciones. Más, lo horrible del hecho cierto es, verdad es, a poco que atentamente se le considere. Se combate en el periódico y en el libro, y en la plaza y en el hogar, y en la escuela y en el espectáculo, y en el parlamento y en el templo, y en las leyes y en las costumbres, y en la diplomacia y en los campamentos, y a la luz del día y en la tenebrosa logia, y en todas las formas y en todas partes y con todos los medios.

Pues, para tal combate y para el brillantísimo ejército de Dios que de un confin a otro del mundo lo sostiene, os decía que es gloriosa ban­dera el misterio y culto de María en su Inmaculada Concepción.

La necesidad de luchar y la seguridad de vencer

Allá en la cuna del género humano, inmediatamente después de la caída del primer hombre, fue anunciado este misterio como símbolo de una gran lucha entre la generación de la Mujer y la generación de la serpiente; y con palabras que no se han borrado ni se han de borrar ja­más de la memoria de los hombres y de la tradición de los pueblos, se escribió el lema inmortal que ostentan los soldados de María lnmaculada. Ipsa conteret caput tuum se dijo, y con ello se nos profetizaron dos cosas que habéis de ver siempre simbolizadas en esta gloriosísima Niña, que huella con su pie la cabeza del infernal dragón: la necesidad de luchar y la seguridad de vencer.

La fiesta de nuestro siglo

Estamos en época de lucha, y el dragón infernal que sin cesar ha combatido contra la Iglesia, la combate ahora con saña inaudita. Nunca, desde que salió la Iglesia de las catacumbas, había sido tan poderoso, tan universal y tan declarado el poder del infierno contra Ella. Conspiran contra Ella los malvados con su odio, los débiles y apocados con sus respetos humanos, los indiferentes con su olvido. La serpiente antigua del paraíso ha repetido en todos tonos aquel primer grito de rebeldía: “Dejad a Dios y seréis dioses sobre la tierra”. Y lo que es peor, ha encontrado quienes den crédito a esa especie de proclama revolucionaria.

Y contra ese gigantesco ataque de todas las fuerzas del infierno reunidas, lucha valeroso el Catolicismo, y con él luchamos a brazo partido todos nosotros que somos sus hijos. Y como este misterio representa la primera victoria alcanzada por María sobre el infierno y sobre el pecado, por esto nos dirigimos con especialidad a esta inmortal Vencedora los que anhelamos vencer. El nombre de María Inmaculada es, pues, como el grito de guerra de los hijos de la Iglesia en este siglo. Y en la figura que la representa podemos ver, además del misterio que te he explicado, una imagen de nuestras luchas y de nuestras victorias.

Ensanchemos los corazones oprimidos y demos gloria a Dios, que ha querido mostramos en su Madre benditísima dos cosas hoy día tan dignas de eterno recuerdo: la necesidad de luchar y la seguridad de vencer. Primero la lucha, y ésta incansable; luego la victoria, y ésta segura, porque está prometida; y al fin la corona, y ésta inmortal e imperecedera como la de María.


PBRO. FELIX SARDA Y SALVANY

Propaganda Católica T.1V.1 904. p. 21.

domingo, 8 de diciembre de 2013

SERMÓN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN - R.P. RENÉ TRINCADO



A partir de Adán y Eva, el pecado original abre en cada alma y en cada cuerpo humano, una espantosa y sangrante herida. Enseña la Iglesia que por el pecado de los primeros padres "fue cambiado en peor el hombre entero, es decir, en cuanto al cuerpo y al alma" (Concilio II de Orange). Las funestas llagas que ha dejado en nosotros el pecado original son profundas y numerosísimas, y todos las experimentamos cada día de nuestras enfermas vidas.

El primer efecto de este pecado es la privación de la justicia original (…) De este primer efecto se siguió quedar el hombre enfermo en cuanto a todas las facultades de alma y cuerpo; y en primer lugar en cuanto al entendimiento y voluntad. (…) La ignorancia aun de las cosas necesarias a la conservación de la vida, la fatuidad y rudeza de entendimiento, la dificultad en adquirir los conocimientos, la debilidad y inestabilidad del ánimo, el continuo vagar de la mente, el atender a cosas vanas (…) con preferencia a las útiles, importantes, y aun necesarias, son otras tantas enfermedades de nuestros entendimientos infectos del pecado original.

No son menos (…) las dolencias que por él padece nuestra voluntad. El amor desordenado de nosotros mismos [egoísmo], y del que nacen las preocupaciones inútiles; los temores, las envidias, los pleitos, riñas, contiendas, discordias, asechanzas, guerras, y vanos temores: la dificultad en abrazar lo bueno, y apartarnos de lo malo: la inconstancia con que nos hacemos a nosotros mismos una guerra interna, queriendo una cosa y luego queriendo otra, la debilidad del libre albedrío para seguir lo bueno; son todos efectos del pecado original, y enfermedades que con él contrajo nuestra voluntad.

También la parte sensitiva (…) recibió heridas (…), siendo la principal aquella inclinación al pecado, que nos quedó para el combate (…) y por la cual la parte inferior se rebela de continuo contra la superior, la carne contra el espíritu, haciéndonos sentir en cada momento aquella ley que decía S. Pablo era repugnante a la de su mente, y que quería reducirlo al cautiverio de la ley del pecado.

En cuanto al cuerpo son igualmente innumerables las desdichas y miserias en que incurrimos por el pecado original. Por él nos vemos sujetos al hambre, a la desnudez, a las enfermedades, dolores, tristezas, y (…) a la más terrible entre las cosas terribles, que es la muerte, pago del pecado. ("Comp. Mor. Salmatic." V, 3).

Explica Santo Tomás de Aquino que esta enfermedad terrible y múltiple que es el pecado original en nosotros, además del sufrimiento y de la sujeción a la muerte -las dos llagas que afectan al cuerpo- ha causado cuatro heridas en el alma, opuestas cada una a las cuatro virtudes cardinales: 1) la herida de ignorancia, es decir, la dificultad para conocer la verdad, contra a la prudencia; 2) la herida de malicia, esto es, la debilitación de nuestra voluntad, opuesta a la justicia; 3) la herida de debilidad, es decir, la cobardía para hacer el bien y resistir al mal, contraria a la fortaleza; y 4) la herida de concupiscencia, esto es, el deseo desordenado de satisfacer a los sentidos contra los dictados de la razón, opuesta a la templanza (“Suma Teol.” I-II c. 85 a. 3).

Como aquél desdichado de la parábola del buen samaritano, todos los hijos de hombre y mujer venimos al mundo medio muertos, llenos de llagas y enfermos por causa del pecado original. Todos, desde Adán y Eva y hasta el fin de mundo. Todos con una sola excepción: la santísima Virgen María. Ninguna de estas heridas, ninguna de estas miserias del cuerpo y del alma padeció la Santísima Virgen, porque ella nunca contrajo el pecado original.

En el Evangelio de la gran fiesta que hoy celebramos, leemos que el arcángel Gabriel dice a la S.V. María ciertas palabras que vamos a explicar brevemente:

Salve, llena de gracia, empieza diciendo el ángel. Llena de gracia: si la gracia se da a los demás con cierta medida, a la escogida desde todos los siglos para ser Madre de Dios se le ha dado en toda su plenitud. Está llena de la gracia santificante, de los dones del Espíritu Santo, de todas las virtudes. Todo en ella agrada a Dios. Su concepción fue inmaculada. Este es el dogma que festejamos. Esto significa que ella fue preservada inmune de toda mancha (“mácula”) de la culpa original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo. Llena de gracia desde siempre y para siempre, Ella fue, es y será toda hermosa, toda pura, adornada de todas las virtudes y de todos los dones divinos.

El Señor es contigo. Dios está en ella desde el primer momento, desde la concepción y para toda la eternidad; no como en nuestro caso, pues nacemos separados de Dios y enemigos suyos por causa del pecado original, y desde que llegamos al uso de razón, muchas veces, por el pecado mortal, nos hacemos esclavos del demonio y expulsamos a Dios de nuestras almas.

Bendita tú entre las mujeres. Porque así como la mujer fue causa del primer pecado, y por él, de todos los pecados y sus maldiciones hasta el fin del mundo; la Virgen María es causa de todas gracias y bendiciones que recaen sobre los hombres por los merecimientos de su divino Hijo. Nueva Eva, María vence al demonio que venció a Eva. Lo que Eva perdió por desobedecer, María lo recuperó mediante la perfecta obediencia de su respuesta: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc. 1, 38).

Estimados fieles: todos nosotros nacimos manchados con el pecado original, por eso somos inclinados al mal y -de hecho- pecadores, erramos y padecemos muchas debilidades y miserias. Esta terrible e inexorable realidad debe ser siempre un motivo de humildad para nosotros. Por pura misericordia, con preferencia a millones de personas, fuimos arrancados de la esclavitud del demonio mediante el santo Bautismo. Por él, de hijos de ira hemos pasado a ser hijos de Dios. Pero cabe preguntarnos si hemos sido fieles a la gracia y a las promesas de nuestro Bautismo, a la vestidura de inocencia que con él se nos dio.

La Santísima Virgen María, habiendo sido preservada de todo pecado y propensión al mal, gozaba de una perfecta paz; siendo impecable, aún así vigilaba y oraba sin cesar.  Nosotros, que somos pecadores, que estamos fuertemente inclinados a muchos males, que vivimos rodeados de enemigos en un mundo que se ha olvidado de Dios y que cada día demuestra mayor odio a su Creador y Salvador, ¿vigilamos (estamos atentos) a nuestra alma, a los enemigos de ésta y a Dios? Porque para conservar o recobrar la pureza bautismal es necesario combatir sin descanso, huyendo de las ocasiones de pecado, de la sensualidad, de la vanidad, de la superficialidad, de la curiosidad, de la ociosidad, de las pasiones descontroladas, de la ignorancia, etc.

Ella vigilaba y oraba sin cesar. ¿Libramos a diario el combate por nuestras almas mediante la oración? En este día bendito, tomemos la resolución irrevocable de empuñar el arma invencible del Rosario, para que por la intercesión incesante de la Virgen María, Dios quite de nuestras almas todas esas manchas o máculas, esas inmundicias que las hacen indignas de la condición de templos del Espíritu Santo.

Y nunca olvidemos que María Inmaculada, pese a la distancia inmensa que hay entre su santidad y nuestra indigencia, además de ser la Madre de Dios, es nuestra Madre. Pidámosle que nos acoja bajo su manto maternal y que nos conduzca al Cielo, para el cual fuimos creados y donde queremos vivir eternamente con Ella en la presencia de Dios.
  

¡SALVE, INMACULADA!





"Eres más pura que el sol, mas hermosa
que las perlas que ocultan los mares;
Ella sola entre tantos mortales
del pecado de Adán Dios libró.

Al mirarla entre el ser y la nada
contemplando su cuerpo exclamó:
¡desde el seno será Inmaculada
si del suyo nacer tengo Yo!

Salve, salve, cantaban, María,
que más pura que Tú sólo Dios;
y en el Cielo una voz repetía:
más que Tú sólo Dios, sólo Dios
Con torrente de luz que te inunda
los arcángeles besan tu pie
las estrellas tu frente circundan
y hasta Dios complacido te ve"


ORACIÓN DE SAN PIO X

Oh, Virgen Santísima, que habéis sido agradable al Señor y os convertisteis en su Madre; Virgen Inmaculada en vuestro cuerpo, en vuestra alma, en vuestra fe y en vuestro amor, mirad con ojos benévolos a los infelices que imploran vuestra poderosa protección.

La serpiente infernal, contra quien fue lanzada la maldición primera, continúa combatiendo y tentando a los pobres hijos de Eva. Vos, Madre nuestra bendita, nuestra Reina y Abogada, vos que habéis aplastado la cabeza del enemigo desde el primer instante de vuestra concepción, acoged las plegarias que, unidos a vos en un solo corazón, os rogamos presentéis ante el trono de Dios, para que jamás nos dejemos arrastrar a las emboscadas que nos son preparadas, sino que alcancemos el puerto de salvación y que, en medio de tantos peligros, la Iglesia y la sociedad cristiana canten una vez más el himno de la liberación, de la victoria y de la paz.
Amén.


domingo, 18 de agosto de 2013

SERMÓN EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA - R.P. RENÉ TRINCADO





Dado que celebramos hoy la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, diremos algo acerca del santo Rosario.

Se relata en el libro del Éxodo (17, 8-13) la primera batalla que tuvieron que librar los hebreos después de la salida de Egipto: Y vino Amalec y combatió con Israel en Rafidim. Y Moisés dijo a Josué: "Escoge hombres, y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cumbre de la colina con la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, y combatió con Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina. Y sucedió que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando bajaba la mano, prevalecía Amalec. Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces (…) Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

La mano levantada de Moisés significa la oración. El resultado de la batalla  no dependía tanto del valor de los soldados de Josué como de la oración de Moisés, que debía mantener los brazos en cruz sobre esa colina, como Cristo en aquella otra del Calvario. Moisés es la oración y Josué es la acción. Si queremos dar el buen combate por la fe, que es la acción en que estamos empeñados los que formamos parte de la Resistencia, debemos orar y mucho. Debemos sostener en alto las manos de Moisés por medio de nuestros Rosarios.

El intento actual de las autoridades de la FSSPX es alcanzar la paz con los amalecitas, con los enemigos que deben ser combatidos. Se entibió el santo amor a la verdad y se entibió el santo odio al error. Por eso se ha renunciado al principio de que no puede haber acuerdo práctico sin previa conversión de Roma, reemplazándolo por seis condiciones para someter la Fraternidad al poder de los liberales destructores de la fe. ¿Cómo se ha llegado a este desastre? La actual crisis de la Tradición se debe quizá a la falta de oración y del necesario complemento de ésta, la mortificación. Recemos nosotros, entonces, muchos Rosarios. Pero para no ser fariseos que combaten por la fe olvidándose de la caridad, tengamos siempre presente aquella otra guerra que es el primer deber de cada uno de nosotros: la batalla que cada cual libra contra sí mismo por su alma. Si queremos ganar la guerra por nuestras almas, debemos orar y mucho. El que ora se salva y el que no ora se condena, decía San Alfonso. Y agregamos: el que ora mucho se santifica y salva a muchos. Recemos muchos Rosarios.

Dice la Hna. Lucía de Fátima: Después de la oración litúrgica del Santo Sacrificio de la Misa, la oración del Santo Rosario es la más agradable que podemos ofrecer a Dios y la de mayor provecho para nuestras almas. Si así no fuese, Nuestra Señora no la habría recomendado con tanta insistencia (“Llamadas del Mensaje de Fátima"). No siempre podemos asistir a la Misa, pero siempre podemos rezar el Rosario.

San Luis María Grignión de Montfort afirma que la Santísima Virgen reveló que es señal probable de condenación tener negligencia, tibieza y aversión al Avemaría; y que los que -por el contrario- sienten devoción a esta oración poseen una gran señal de predestinación. Siempre se ha observado -agrega- que los que llevan la señal de la condenación como los herejes, impíos, orgullosos y mundanos; odian y desprecian el Avemaría y el Rosario. No tengo mejor secreto para conocer si una persona es de Dios, que observar si gusta de rezar el Rosario.

En Fátima, el ángel de Portugal dijo: ¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo! Nuestra Señora reiteradamente en esas apariciones instó al rezo del Rosario, como cuando dijo: Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores. Muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas. Y en la última aparición, el 13 de octubre de 1917, dijo Nuestra Madre: Yo soy la Virgen del Rosario. Deseo que en este sitio me construyan un templo y que recen todos los días el Santo Rosario. Debemos, entonces, rezar mucho Rosarios.

Ahora bien, en portugués la palabra “Rosario” significa el Rosario completo, con sus 3 coronas, con sus 15 misterios. Para designar la tercera parte o una corona del Rosario (5 misterios o decenas), la gente de habla portuguesa dice “terço”, es decir, “tercio”. Según esto, parece ser que el Cielo quiere que idealmente recemos el Rosario completo, como se hacía en tiempos de mayor fervor. El que reza cada día al menos una tercera parte del Rosario es un verdadero devoto e hijo de María y hace mucho bien, pero el que reza los 15 misterios demuestra mayor devoción, mayor amor, reza mucho y hace un bien inmenso. Ánimo porque es posible: podemos rezar el Rosario por partes a lo largo del día, yendo y viniendo entre la casa y el lugar de trabajo o estudio, en el automóvil (en lugar de oír la radio), mientras se cocina, se cose o se barre, llevando la cuenta de modo mental. Es posible organizarse de manera que al final del día hayamos rezado los 15 misterios. Como sea, una cosa es cierta: nunca nos arrepentiremos de haber rezado más Rosarios; al contrario, nos alegraremos de eso eternamente.

Dice San Luis María Grignón de Montfort que el Rosario se compone de tres coronas de cinco decenas cada uno, con el fin: 1° de honrar a las tres personas de la Santísima Trinidad; 2° de honrar la vida, muerte y gloria de Jesucristo; 3° de imitar a la iglesia triunfante, ayudar a la peregrinante y aliviar a la paciente; 4° de imitar las tres partes del salterio, la primera de las cuales mira a la vía purgativa; la segunda, a la vía iluminativa; la tercera, a la vía unitiva; 5° de colmarnos de gracia durante la vida, de paz en la hora de la muerte y de gloria en la eternidad. Y agrega el santo: os ruego, pues, con la mayor insistencia y por el amor que os profeso en Jesús y María, que recéis si tenéis tiempo, los quince misterios todos los días. A la hora de la muerte bendeciréis el día y hora en que aceptasteis mi consejo. Y, después de haber sembrado en las bendiciones de Jesús y de María, cosecharéis las bendiciones eternas.

Recemos muchos Rosarios. Santo Domingo exorcizó una vez a un hereje poseso por 15.000 demonios. Ellos, obligados a responder las preguntas del santo, confesaron, muy a su pesar, lo siguiente: nadie que persevere en el rezo del Rosario se condenará.

Y oigan esta promesa impresionante. Dice san Luis M. G. de Montfort: créanme que recibirán la corona que no se marchitará jamás (se salvarán) si se mantienen fieles en rezar (el Rosario) devotamente hasta la muerteNo obstante la enormidad de sus pecados, aunque estuvieran ya al borde del abismo se convertirán tarde o temprano y se salvarán, siempre que, lo repito, recen devotamente, todos los días hasta la muerte, el Santo Rosario con el fin de conocer la verdad y alcanzar la contrición y perdón de los pecados.

Y termino con una asombrosa cita de Sor Lucía: En estos últimos tiempos en que vivimos, la Santísima Virgen dio una eficacia nueva a la oración del Santo Rosario; de tal modo que no hay ningún problema, por muy difícil que sea, temporal o sobre todo espiritual, en la vida personal o familiar, o en la vida de los pueblos y de las naciones, que no se pueda resolver a través del Rosario. Con el santo Rosario nos salvaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas.

Estimados fieles: recemos muchos Rosarios. Empuñemos cada día esa arma divina, milagrosa y todopoderosa que es el Santo Rosario.

domingo, 9 de diciembre de 2012

INMACULADA CONCEPCIÓN




Oh, Virgen Santísima, que habéis sido agradable al Señor y os convertisteis en su Madre; Virgen Inmaculada en vuestro cuerpo, en vuestra alma, en vuestra fe y en vuestro amor, mirad con ojos benévolos a los infelices que imploran vuestra poderosa protección. 

La serpiente infernal, contra quien fue lanzada la maldición primera, continúa combatiendo y tentando a los pobres hijos de Eva. Vos, Madre nuestra bendita, nuestra Reina y Abogada, vos que habéis aplastado la cabeza del enemigo desde el primer instante de vuestra concepción, acoged las plegarias que, unidos a vos en un solo corazón, os rogamos presentéis ante el trono de Dios, para que jamás nos dejemos arrastrar a las emboscadas que nos son preparadas, sino que alcancemos el puerto de salvación y que, en medio de tantos peligros, la Iglesia y la sociedad cristiana canten una vez más el himno de la liberación, de la victoria y de la paz.
Amén.
SAN PÍO X