miércoles, 12 de julio de 2017

DE LA ILUSIÓN A LA FRUSTRACIÓN




Para no pensar que Mons. Fellay tiene malas intenciones, diremos simplemente que parece ser un hombre arrastrado por las emociones, las impresiones, el “qué dirán”, en definitiva, la ilusión. Véase, sino, lo que decía hace tan sólo cuatro meses atrás (sermón acá):

Y aquí también hay algo muy interesante. Desde, podemos decir dos años y algo, hay un cambio muy importante no en todo, pero en la Congregación de la fe. Esta congregación de la fe es con la cual hablamos. Y nos dicen ahora “ustedes no están obligados a aceptar la libertad religiosa, el ecumenismo, la misa nueva; usted puede mantener su posición, porque estos puntos del concilio no son tan importantes que quien los rechaza no sería católico. Se puede no estar de acuerdo con el concilio y mantenerse como católicos”. Esto es muy importante, hasta ahora siempre han dicho “ustedes necesitan aceptar todo”. Y estos últimos años, en las discusiones que hemos tenido con los obispos mandados por Roma, ellos nos han dicho “estas cuestiones son cuestiones abiertas”.

Se debe preguntar: ¿por qué han cambiado? Doy mi opinión: Me parece que la razón de este cambio de actitud viene de la gravedad de la situación actual de la Iglesia. Es un contraste. Entonces, nos tratan de un modo mejor porque la Iglesia va mal. Ven cosas malas en la Iglesia. Y están forzados a reconocer lo que nosotros hacemos y no les gusta a ellos, pero que no es al mismo nivel que lo que defendemos nosotros es católico.

Por ejemplo, la última vez que encontré al cardenal Müller, que es el Prefecto de la Comisión de la fe, me ha dicho “nosotros -los de la comisión de la fe- esperamos que vosotros entren en la Iglesia -ya somos de la Iglesia- los esperamos para que nos ayudemos a combatir los modernistas”. Están muy molestos con todas las herejías que pasan ahora y nos miran como una ayuda para combatir estas herejías”. 


Hace diez días, se conoció la noticia (Fuente):

Dos eventos marcaron el inicio del verano en Roma: una carta del cardenal Gerhard Müller a Monseñor Bernard Fellay y su reemplazo como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) por el arzobispo Luis Francisco Ladaria Ferrer.


El 26 de junio del 2017, Müller impuso nuevamente la Declaración Doctrinal del 2012

El 26 de junio de 2017, Monseñor Bernard Fellay, superior general de la FSSPX, recibió una carta del cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con fecha del 6 de enero de este año, en la que el prelado alemán - con la aprobación del papa Francisco - enunció las condiciones necesarias para una declaración doctrinal, prerequisito indispensable para cualquier tipo de reconocimiento canónico de la Fraternidad. Las condiciones son tres:
"1) Es necesario exigir a los miembros de la FSSPX adherirse a la nueva fórmula de la Professio fidei de 1988. En consecuencia, ya no es suficiente con que pronuncien la Professio fidei de 1962.
2) El nuevo texto de la Declaración Doctrinal debe incluir un párrafo en el que los signatarios declaren explícitamente su aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de aquellas del período post-conciliar, al otorgar a esas declaraciones doctrinales el grado de adhesión que les es debido.
3) Los miembros de la FSSPX no solamente deben reconocer la validez, sino también la legitimidad del rito de la Santa Misa y de los sacramentos, de acuerdo con los libros litúrgicos promulgados después del Concilio Vaticano II."
El 30 de junio, Monseñor Fellay envió esta carta a todos los sacerdotes de la Fraternidad, con la siguiente observación: "Nos encontramos nuevamente en una situación similar a la del 2012. Aunque Monseñor Pozzo, secretario de la Comisión Ecclesia Dei, haya empleado un lenguaje muy diferente el pasado mes de marzo respecto al criterio de catolicidad que se nos exigiría."
Más adelante, recordó su declaración dada al final de la reunión con los superiores mayores de la Fraternidad en Anzère, Suiza, el 28 de junio del 2016:
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X no busca por encima de todo un reconocimiento canónico, al cual tiene derecho porque es católica. La solución no es simplemente jurídica. Depende de una cuestión doctrinal que es indispensable expresar... La Divina Providencia no abandona a su Iglesia, de la cual el papa - vicario de Jesucristo - es su cabeza. Es por esto que una señal incuestionable de esta restauración será el deseo expreso del Supremo Pontífice de conceder los medios con los cuales restablecer el orden del sacerdocio, de la fe y de la Tradición, que además es la garantía de la unidad necesaria de la familia de la Tradición. 
Esta carta del cardenal Müller no es ninguna sorpresa para aquellos que han seguido de cerca las complicadas relaciones entre la Fraternidad y Roma. Desde el 8 de octubre del 2016, durante una conferencia dada en Port-Marly, Francia, Monseñor Fellay hizo hincapié en la contradicción entre los comentarios hechos por el cardenal Müller y los de Monseñor Pozzo:
De pronto nos dicen que el contenido del Concilio no es dogmático, en otras palabras, que ninguna de las Declaraciones es necesaria para ser católicos, según Monseñor Pozzo. ¿Qué signifca esto? 'No están obligados a estar de acuerdo para ser católicos.'... De hecho, Monseñor Pozzo dio varias entrevistas al respecto. Hice mención de la del mes de abril (La Croix, abril, 7, 2016), luego vinieron las entrevistas de julio (Zenit, julio, 4, 2016 y Christ und Welt, julio, 28, 2016). Entre estas dos fechas, en junio, su superior, el cardenal Müller, dijo lo contrario (Herder Korrespondenz, junio, 2016)... El cardenal Müller insistió en el tema, diciendo: '¡No, la Fraternidad debe aceptar el Concilio!' Incluso habló sobre la adhesión sin restricciones al ecumenismo. Pero no sólo eso... habla sobre la liturgia, sobre la libertad religiosa. Y luego, en julio, su subordinado repite lo contrario. ¡Qué confusión! ¿A quién debemos creer? 


Según estas últimas declaraciones citadas, Mons. Fellay, confundido, no sabe a quién creer. ¿Por qué no prueba de creer a Mons. Lefebvre, que dijo que para permanecer católicos había que permanecer separados de la iglesia conciliar?