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jueves, 7 de enero de 2016

CARIDAD Y FIRMEZA DOCTRINAL





“Dios nos enseña, al mismo tiempo que la más blanda caridad con las personas, una absoluta firmeza en la doctrina, aún sabiendo que por ella hemos de ser objeto de burla. ¡Ay del que se avergonzare de Jesucristo!”.


Mons. Dr. Juan Straubinger, nota a Eclesiástico 42,2.

lunes, 25 de noviembre de 2013

COMENTARIOS ELEISON - PRIMERO FE



Número CCCXXXII (332)
 23 de Noviembre de 2013

PRIMERO FE

Mons. Williamson


La gran lección enseñada por Monseñor Lefebvre (1905-1991) a los Católicos que tenían oídos para escuchar fue que la Fe es más alta que la obediencia. La triste lección que hemos aprendido desde entonces es que la obediencia continúa siendo tasada más alta que la Fe. Estos “Comentarios” continuamente impulsados por la confusión de hoy en día en la Iglesia, el mundo y la Fraternidad San Pío X para retornar a los principios, a menudo han intentado explicar porque la Fe debe venir primero.

Tomen por ejemplo los argumentos de un honorable sacerdote de la FSPX quien recientemente me envió un correo electrónico acusándome de evaluar equivocadamente el estado presente de la FSPX. Mi resistencia a la – como la llamo -- Neofraternidad es, dice él, 1) demasiado personalmente motivada, 2) olvidando el bien de la Iglesia, 3) inconsistente con posiciones que he tomado antes, 4) careciendo de realismo católico, 5) contra la indefectibilidad de la Iglesia, 6) para que cada hombre sea su propio Papa, 7) para una visión modernista de la Iglesia, 8) Protestante, 9) contra unión con Roma, y, finalmente 10) empujando almas lejos de la Iglesia.

Ahora bien, no soy ningún Monseñor Lefebvre y no pretendo serlo, pero, mi colega ¿se da cuenta que todos estos argumentos (excepto el tercero), él podía haberlos aplicado treinta años atrás a la Resistencia de Monseñor a las autoridades de la Iglesia oficial en Roma? Sin embargo, la resistencia de Monseñor era 1) motivada solamente por la urgente necesidad de defender la Fe, 2) por el bien de la Iglesia Universal, 4) de una manera completamente realística (como lo probaron los frutos católicos de su Fraternidad), 5) no desaprobando sino aprobando, mediante su resistencia misma, la indefectibilidad de la Iglesia, 6) para que la Iglesia de siempre sea la medida de los Papas, 7) contra la locura del neo-modernismo, 8) contra la renovación del Protestantismo por parte del modernismo, 9) para la unión con la Roma católica de siempre, y finalmente 10) ayudando a muchas almas verdaderamente católicas a mantener la Fe en lugar de perderla.

Y, ¿qué justificó la resistencia de Monseñor en aquel entonces? ¿Qué probó entonces que él no era, a pesar de las apariencias, un rebelde como Lutero, sino un verdadero Católico y un gran sirviente de la Iglesia? ¡Su doctrina, su doctrina, su doctrina! Mientras que Lutero negaba una masa de enseñanzas católicas, Monseñor afirmó cada una de ellas. Fue en el nombre de la doctrina de la Fe que Monseñor tomó su posición contra los Papas Conciliares y las autoridades de la Iglesia que estaban radicalmente socavando la doctrina, mediante la renovación y la adopción de los espantosos errores del modernismo.

Entonces, ¿qué justifica ahora una cierta resistencia al liderazgo de la FSPX? ¿Cómo pueden aquellos que resisten reclamar ser los más verdaderos sirvientes de la FSPX? ¡Doctrina, doctrina, doctrina! La Declaración de mediados de Abril de 2012 fue prueba de una deficiencia doctrinal aterradora en la cima de la FSPX y, si bien la Declaración fue retirada, ¡sus contenidos no han sido retractados sino más aún defendidos, como siendo, por ejemplo “demasiado sutiles”! Tampoco los documentos oficiales de la FSPX del 14 de Julio de 2012 o del 27 de Junio de 2013 han apropiadamente reparado el daño. Prueba de ello es que la política gobernante del Cuartel General de la FSPX no ha cambiado. Estimado colega, su propia Fraternidad fue fundada poniendo Fe antes que obediencia aparente y, ahora, ¿usted quiere defender esa Fraternidad poniendo obediencia aparente a la Fraternidad antes que Fe? ¡Estudie los documentos y observe las acciones!

Kyrie eleison.


P.D.: Mientras tanto, ¿alguien tiene un juego completo de traducciones al español o francés de estos “Comentarios” desde que empezaron a aparecer en los tempranos EC 100? Por favor déjenos saber.

miércoles, 10 de julio de 2013

LA DECLARACIÓN DOCTRINAL DE MONSEÑOR FELLAY DEL 15 DE ABRIL DE 2012: LA PRUEBA DE UNA TRAICIÓN.- POR SACERDOS. (2a PARTE)





Primera parte aquí.

 II. SITUACIÓN ANTES DEL PREÁMBULO DEL 15 DE ABRIL DE 2012

Luego de la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum en 2007, del levantamiento de las “excomuniones” de los cuatro obispos de la Fraternidad en 2009, y a pesar del hecho de que los dos gestos de Benedicto XVI fueron insuficientes y venenosos, Monseñor Fellay se afanó en agradecer al papa estos “gestos generosos” y decidió comprometerse en discusiones doctrinales con Roma. Estas tuvieron lugar, entre los teólogos de Roma y de la Fraternidad, del 27 de octubre de 2009 al 11 de abril de 2011. Estas discusiones doctrinales con la Roma conciliar fueron necesarias para que ayudaran a comprender a las autoridades la gravedad de sus errores y hacerlas regresar a la Tradición.

Las discusiones doctrinales que hubieran estado justificadas para intentar convertir a Roma, si las condiciones previas planteadas por Monseñor Fellay hubieran sido satisfechas en el 2007 y el 2009, arrancaron sobre malas bases y compromisos. El rechazo de Roma de acordarnos de manera aceptable las condiciones previas que pedíamos, fue el primer signo de que no debimos continuar.

¿Cuál fue la conclusión de esos coloquios? Sin sorpresa alguna, que era imposible entenderse en el plano doctrinal.

Monseñor de Galarreta, el presidente de nuestra Comisión teológica, claramente afirmó que estas discusiones manifestaron que las autoridades romanas “No están dispuestas a renunciar al concilio Vaticano II” que ellos quieren “llevarnos hacia él” y que quieren nuestro regreso para que la Fraternidad sea “útil” y para “garantizar la renovación de la reforma en la continuidad” (Albano, 7 de octubre de 2011).

El mismo Monseñor Fellay declaró públicamente lo mismo: “Las discusiones han manifestado un desacuerdo profundo sobre casi todos los puntos abordados”. (Cor unum, marzo de 2012).

Por lo que si al final de las discusiones doctrinales, Roma no aceptó adherirse a las encíclicas condenando los errores modernos, condición pedida por Monseñor Lefebvre ¿para qué continuar?

Pero cinco meses después, el Cardenal Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, invitó a Monseñor Fellay y sus dos asistentes a una reunión el 14 de septiembre de 2011, a fin de “hacer un balance de estas discusiones” y “de considerar perspectivas para el futuro”.(Cor unum 103).

El cardenal les remitió una carta con:

1.- Un proyecto de Preámbulo Doctrinal, con la Profesión de fe y el Juramento de fidelidad de 1989;

2.- elementos para una posible regularización canónica de la Fraternidad.

El Cardenal les pide entonces “dar a conocer la posición oficial de esta Fraternidad respecto a esta documentación” y eso en el plazo de un mes.

Se dijo dispuesto a “tomar en consideración las demandas de precisiones o sugerencias destinadas a mejorar la calidad de estos textos, quedando a salvo su substancia”. En otras palabras, a pesar de cambios eventuales en el detalle, la Fraternidad debe aceptar lo esencial de este Preámbulo propuesto por Roma el 14 de septiembre de 2011.
Aquí podemos preguntar: Si Roma no deja un « margen de maniobra » para modificar substancialmente el texto del Preámbulo, ¿para qué continuar?

Hay que subrayar también que el cardenal quiere ir por encima de las discusiones puramente doctrinales y quiere comprometerse en la vía de los acuerdos prácticos, de allí la inclusión de los elementos para una regularización canónica de la Fraternidad, elementos que los miembros de la Fraternidad no vieron nunca.

En otras palabras, si la Fraternidad sale bien del “examen doctrinal” vis a vis de las autoridades romanas, tendrá derecho a una regularización canónica.

El que la Fraternidad acepte en ese momento continuar los diálogos con Roma, cambió totalmente la situación entre las dos partes:

-Las discusiones doctrinales de 2009-2011, aunque las condiciones previas no fueron cumplidas convenientemente, fueron establecidas sobre un cierto pie de igualdad entre la Fraternidad y Roma, ya que se discutió “de igual a igual” entre los teólogos;

-Por el contrario, en la nueva situación, ¡es Roma quien toma la delantera, quien propone los documentos a firmar, y sobre todo, quien decide, en última instancia, si la Fraternidad tiene o no razón!

Monseñor Fellay debió haber visto una segunda señal fuerte en las exigencias inaceptables de Roma del 14 de septiembre de 2011 y detener allí toda negociación, pero él comete aquí dos errores graves de juicio que le serán fatales después:

-  A pesar del hecho de que las discusiones doctrinales del 2009-2011 llegaron a la conclusión de que no podíamos entendernos con la Roma modernista, él va a tratar de llegar a una apariencia de acuerdo doctrinal, acuerdo fatalmente destinado a ser ambiguo, ya que Roma pidió que la substancia del texto inaceptable del 14 de septiembre se conservara intacta.
- Él acepta entonces desde ese momento comprometerse en el dominio práctico con la perspectiva de una regularización canónica, sin acuerdo doctrinal claro y seguro sobre la base de un texto que él mismo declaró malo.

Como prueba de su ceguera, Monseñor Fellay aceptó las nuevas proposiciones de Roma y así decidió ignorar la opinión de Monseñor Lefebvre (1), del Capítulo general de 2006 (2), de los otros tres obispos de la Fraternidad (3) y, para colmo, se contradijo a sí mismo (4).

1.- Monseñor Fellay comenzó por ignorar lo que Monseñor Lefebvre dijo claramente después de las consagraciones:
« Yo no aceptaría estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios (de 1988). Se acabó.  Yo plantearía la cuestión (a Roma) en el plano doctrinal. "¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que les han precedido? ¿Están de acuerdo con la Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de San Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están ustedes en plena comunión con estos Papas y sus afirmaciones?¿Aceptan todavía el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?  
Si no aceptan la doctrina de sus predecesores, entonces es inútil hablar. Mientras no acepten una reforma del Concilio teniendo en cuenta la doctrina de estos Papas que les han precedido, no hay diálogo posible. Es inútil”. (Monseñor Lefebvre, Fideliter n°66, noviembre de 1988)

¿Cuál es la situación de los coloquios de 1988 en la cual Monseñor Lefebvre no quería encontrarse? ¿Por qué habla de plantear a Roma en lo sucesivo la cuestión en el plano doctrinal, siendo que el Protocolo de acuerdo de 1988 constaba de una Declaración Doctrinal?

Esto significa que Monseñor Lefebvre fijó en 1988 el principio siguiente: somos nosotros quienes comprobarán la fidelidad doctrinal de las autoridades romanas y no al contrario cuando nos piden adherirnos, al menos implícitamente, a los errores y a las reformas conciliares.

Por lo tanto, sin la aceptación clara y nítida por parte de la Roma actual de las encíclicas mencionadas por Monseñor Lefebvre, “no hay diálogo posible, es inútil”.

La razón profunda es que, si Monseñor Lefebvre después de haber tratado de llegar a un acuerdo práctico en 1988 sin haber resuelto el problema doctrinal, decidió detener todo, es que nuestras diferencias con Roma eran sobre todo de orden doctrinal, no podíamos comprometernos a un acuerdo práctico si el problema doctrinal no estaba resuelto.

Pues es evidente que las autoridades romanas actuales no aceptan las encíclicas que condenan los errores modernos. Y peor aún, alardean de ello.

Además, en su carta al Papa Juan Pablo II, Monseñor Lefebvre planteaba la misma condición:
 “Los coloquios y conversaciones (…) nos han convencido que aún no había llegado el momento de una colaboración franca y eficaz. (…) Dado el rechazo de considerar nuestros pedidos, y siendo evidente que el objetivo de esta reconciliación no es en absoluto el mismo para la Santa Sede que para nosotros, creemos preferible esperar momentos más propicios cuando Roma vuelva a la Tradición. (…) Continuaremos rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser la Roma católica y reencuentre su Tradición dos veces milenaria. Entonces, el problema de la reconciliación ya no tendrá razón de ser y la Iglesia reencontrará una nueva juventud”. (2 de junio de 1988)

Antes de contemplar una « colaboración franca y eficaz » con Roma, hay que esperar el “regreso de Roma a la Tradición”. La Roma modernista debe volver a ser católica al adherirse a la Tradición dos veces milenaria de la Iglesia.

En la carta del Cardenal Levada del 14 de septiembre de 2011 hay dos partes; una parte doctrinal con el Preámbulo para firmar, y una parte práctica con la regularización canónica. Monseñor Fellay sabe perfectamente que si logra pasar la primera etapa, él tendrá la otra. El no podrá separarlas.

Aquí no se trata de plantear las cuestiones en el plano doctrinal del que habló Monseñor Lefebvre. Al contrario, se trata ni más ni menos que de saltar esta condición, pues la conclusión de los coloquios doctrinales de 2009-2011 mostraron que Roma no cambia ni una iota de sus errores doctrinales.

Si Roma se niega a cambiar, ¿para qué continuar?

Pero Monseñor Fellay prefirió continuar, comprometiéndose en una perspectiva de los acuerdos prácticos,  aceptando considerar las proposiciones de la carta del Cardenal Levada.

¿No es una imprudencia grave por parte de Monseñor Fellay el no tener en cuenta los consejos de Monseñor Lefebvre? Él actúa contra la virtud de la prudencia, parte de la cual consiste en seguir el consejo de gente prudente. Pero desgraciadamente ésta no será la única vez que Monseñor Fellay ignorará los consejos de otros…

2) Luego Monseñor Fellay decidió ignorar lo que el Capítulo general de 2006 decidió claramente. El capítulo desaconsejó todo acuerdo práctico con Roma sin resolver primero el problema doctrinal:
 “Los contactos que la FSSPX mantiene episódicamente con las autoridades romanas tienen por único objetivo ayudarlas a recuperar la Tradición, que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no la búsqueda de una ventaja para ella misma, o de llegar a un imposible “acuerdo” puramente práctico. El día que la Tradición recupere todos sus derechos, “el problema de la reconciliación no tendrá razón de ser y la Iglesia reencontrará una nueva juventud” (Carta de Monseñor Lefebvre a Juan Pablo II, 2 de junio de 1988). (Cor unum n° 85, octubre de 2006).

En esto, el Capítulo de 2006 no hizo más que seguir precisamente las recomendaciones de Monseñor Lefebvre al cual citó, cita de la cual acabamos de hablar.

Pero Monseñor Fellay, en una conferencia a los sacerdotes del distrito de América del Sur en octubre de 2012, rechaza desdeñosamente esta condición del Capítulo calificándola de “impracticable”. Dijo que no se puede esperar resolver el problema doctrinal por parte de Roma y lo que nosotros debemos obtener de ellos es solamente el “poder de criticar las reformas”. El afirmó que su posición es más “concreta” y “más fácil de verificar”, y que en definitiva, ella es “la misma” que la del Capítulo de 2006.

¿Qué es eso?

Es evidente que eso no es de lo que el Capítulo hablaba, porque los dos métodos se oponen.

Monseñor Fellay se burla verdaderamente del Capítulo que dijo explícitamente que el único objetivo de los contactos con Roma era “ayudarlos a recuperar la Tradición”, es decir, ayudarlos a adherirse a la Tradición.

Ahora hay otro objetivo:

Monseñor Fellay habla de obtener solamente un derecho a “criticar” las reformas, nada más. En esto hay un retroceso considerable, porque el objeto de la demanda ha cambiado completamente: Para el Capítulo de 2006 es Roma quien debe cambiar, para Monseñor Fellay ya no es necesario que Roma cambie (al menos, todavía no… hay que esperar nuevas discusiones para esperar que ella cambie). Monseñor Fellay demanda para la Fraternidad el permiso de criticar los errores; es la Fraternidad quien se pone en situación de inferioridad, mientras que anteriormente el Capítulo no reclamaba nada de Roma sino su conversión. Por lo tanto no se trata absolutamente de la misma cosa para el Capítulo y para Monseñor Fellay.

Además, suponiendo que la Roma liberal nos acuerde este « derecho » de crítica, debemos recordar que ninguna comunidad Ecclesia Dei nunca pudo poner en práctica este “derecho de crítica” desde 1988, aunque les fue prometido por Roma en sus documentos de fundación.

Por lo tanto, está claro: Monseñor Fellay no tuvo en cuenta esta condición votada por el Capítulo a quien debe obediencia, pues está por encima de él. Nosotros vemos aquí también una desobediencia y una imprudencia graves.

3) Y esto no es todo. Los otros tres obispos de la Fraternidad, en una carta común, le advirtieron a Monseñor Fellay del mismo peligro:
« Las discusiones doctrinales de 2009 a 2011, probaron que un acuerdo doctrinal es imposible con la Roma actual”. Es por eso que quisieron hacerle saber “su oposición formal a todo acuerdo (práctico) semejante”. (7 de abril de 2012).

Está claro que sus tres cofrades en el episcopado, sin querer imponerle una decisión, intentan caritativamente de advertir a Monseñor Fellay de las consecuencias graves de un acuerdo práctico con Roma, porque el acuerdo doctrinal, en sus conversaciones doctrinales, se comprobó imposible.

¿Cuál es la respuesta de Monseñor Fellay? Una carta que donde encontramos estas frases aterradoras:

« Nosotros no hemos buscado el acuerdo práctico. Esto es falso. No hemos rechazado a priori, como ustedes lo piden, el considerar la oferta del papa. Por el bien común de la Fraternidad, nosotros preferiríamos de lejos la solución actual de status quo intermediario, pero manifiestamente, Roma ya no lo tolera”.

Y después:

« Pretender esperar a que todo se arregle para llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico, no es realista”.

Aquí Monseñor Fellay no solamente rechaza las advertencias de los tres obispos, sino que también los de Monseñor Lefebvre en 1988 y los del Capítulo general de 2006, siendo que estas advertencias siguen la misma línea prudencial.

En el primer párrafo citado, Monseñor Fellay sacrifica claramente el bien común de la Fraternidad para seguir las órdenes de Roma.

El hecho que « Roma ya no lo tolere » no es un argumento válido, porque no tenemos la obligación de obedecer al papa en órdenes que perjudicarían a la Fraternidad, mientras Roma no se convierta.

Por ejemplo, en la cita de Fideliter 66, Monseñor Lefebvre dijo que él rechazará discutir con Roma mientras que ella no acepte las encíclicas que condenen los errores modernos. Ya que el papa y la curia son de mala voluntad, no estamos obligados a obedecer sus conminaciones de discutir y menos aún obligados a obedecer la conminación de hacer un acuerdo práctico, acuerdo que Monseñor Lefebvre hizo depender de la conversión de las autoridades romanas.

Es particularmente grave por parte de Monseñor Fellay, pues su primera obligación como superior de la Fraternidad es de preservar y velar por el bien común de ésta. (*)

(*) No hay obligación de obediencia al papa en estas materias de gobierno práctico, obligación que sería superior al bien común de la Fraternidad, porque no es un buen jefe de la Iglesia, es decir, en tanto que no defiende la verdadera fe. Sería una locura comprometer el bien común, la seguridad y la estabilidad de aquellos que tienen la fe para satisfacer las órdenes de un papa que se comporta como un enemigo de la Iglesia, haciendo perder la fe a sus miembros.

En el segundo párrafo, Monseñor Fellay contradice abiertamente a Monseñor Lefebvre quien, por el contrario, a causa del fracaso de los acuerdos prácticos en 1988, comprendió la lección y no quería repetir los mismos errores…

¿Monseñor Fellay se cree más « realista » y más prudente que Monseñor Lefebvre, que el Capítulo de 2006 y que sus cofrades obispos? ¿Por qué Monseñor Fellay no escuchó a estas personas que no querían más que el bien de la Fraternidad?

No podemos evitar el constatar en qué estado lamentable la puso Monseñor Fellay. ¿Quién pecó de “irrealismo”, o más bien de “idealismo”, por no decir de “irresponsabilidad”?

4) Y finalmente, ¡Monseñor Fellay se contradice a sí mismo! Justo antes del Capítulo de 2006, él se oponía a todo acuerdo práctico sin que se resolviera previamente el problema doctrinal:

« En todo caso, es imposible e inconcebible de pasar a la tercera etapa, es decir, de contemplar los acuerdos antes que las discusiones no hayan logrado aclarar y corregir los principios de la crisis”

« Está claro que no firmaremos un acuerdo si las cosas no se resuelven al nivel de los principios (…) No podemos permitirnos ambigüedades (…) Será necesario, para resolver el problema, que las autoridades romanas manifiesten  y expresen de manera clara, de manera que todo el mundo comprenda, que para Roma no hay treinta y seis caminos para salir de la crisis, no hay más que uno solo: que la Iglesia reencuentre plenamente su propia Tradición bimilenaria. El día que esta convicción esté clara en las autoridades romanas, (...) los acuerdos serán fáciles de realizar”. (Fideliter n° 171, mayo-junio de 2006, págs. 40-41)

Pero una vez más "Fellay 2" venció a "Fellay 1" y prefirió seguir el programa establecido por el cardenal Levada ...

¿No dijo en su carta a los tres obispos que la Roma actual “ya no tolera” nuestra situación? ¿Debemos plegarnos a agradar a la Roma modernista, a nuestros enemigos, porque ellos ya no toleran nuestra situación?

Para aquellos que conocieron a Monseñor Lefebvre, esta manera de razonar no era para nada la suya. Es lo que hace la gran diferencia entre nuestro Fundador y Monseñor Fellay.

Si la Roma actual ya no tolera nuestra situación, es porque nosotros somos los últimos en oponerse a sus designios. Ya han sometido a otras congregaciones, nosotros somos los últimos irreductibles.

Monseñor Fellay pagará cara esta decisión, porque al final no obtendrá ganancia de causa ni en el dominio doctrinal ni en el dominio práctico…

En el dominio doctrinal: en lugar de hacer retroceder a Roma, fue él quien retrocedió, haciendo concesiones graves con su vergonzosa Declaración Doctrinal.

En el dominio práctico, terminó por dividir la Fraternidad, alienándose una parte importante de la Fraternidad, de comunidades amigas, así como numerosos fieles.

Le queda la frustración de no haber obtenido el acuerdo práctico, tan deseado por él y los suyos, y daría todo hoy en día por regresarlo a la mesa de negociaciones. (Cf. respuesta a las objeciones).


Examinemos ahora el preámbulo del 14 de septiembre de 2011 que Monseñor Fellay aceptó no modificar en sustancia.

Continuará...

martes, 9 de julio de 2013

LA DECLARACIÓN DOCTRINAL DE MONSEÑOR FELLAY DEL 15 DE ABRIL DE 2012: LA PRUEBA DE UNA TRAICIÓN.- POR SACERDOS




NON POSSUMUS

Hemos traducido este excelente documento de Sacerdos, aparecido originalmente en AVEC L’IMMACULÉE y LA SAPINIÈRE.  Lo hemos divido en varias partes para facilidad de lectura.


Muchas cosas han sido dichas y escritas desde hace más de un año sobre la Declaración Doctrinal (DD) presentada a Roma por Monseñor Fellay el 15 de abril de 2012 en nombre de la FSSPX.

Sin embargo, nos parece que sería bueno hacer un estudio detallado del texto mismo y de las circunstancias que lo rodearon. Nosotros lo compararemos igualmente con otros documentos similares.

El estudio de este documento controversial no pretende ser exhaustivo. El único objetivo es el de contribuir a la búsqueda de la verdad y de abrir un debate a la vez franco y directo sobre las consecuencias de este texto.

Además, este estudio se ha vuelto necesario a fin de responder a todos aquellos que en estos últimos tiempos han tomado la defensa de esta Declaración: no solamente Monseñor Fellay sino también eclesiásticos y laicos.

Con el fin de comprender la evolución de las circunstancias que rodearon a la redacción de la Declaración Doctrinal (DD), dividiremos nuestro estudio en tres partes:

-PRIMERA PARTE: ANTES DE LA DECLARACIÓN;
-SEGUNDA PARTE: ANÁLISIS DE LA DECLARACIÓN;
-TERCERA PARTE: RESPUESTAS A LAS OBJECIONES.

La Primera parte no debe ser desatendida, porque sirve para situar las diferentes etapas por las cuales Monseñor Fellay pasó antes de redactar su Declaración doctrinal.

La Segunda Parte, más larga, analizará la Declaración y las circunstancias que la precedieron inmediatamente.

La Tercera parte, tratará sobre todo de responder a los argumentos de aquellos que defienden la Declaración y las actuaciones de Monseñor Fellay en estos últimos tiempos.

PRIMERA PARTE : ANTES DE LA DECLARACIÓN DOCTRINAL (DD)
  
I. POR QUÉ HABLAR DE ESTO

La reciente publicación del Preámbulo Doctrinal (o Declaración Doctrinal) firmado por Monseñor Fellay y presentado al Cardenal el 15 de abril de 2012, continúa suscitando una gran controversia entre los sacerdotes y fieles de la FSSPX así como en el mundo tradicional.

Algunos toman la defensa de Monseñor Fellay e intentan demostrar que este Preámbulo es “ortodoxo” y que, como prueba, Roma lo rechazó el 13 de junio de 2012. En cualquier caso, dicen ellos, Monseñor Fellay lo retiró y además prometió no volver a referirse a este documento para futuras conversaciones con Roma. (cf. Respuestas a las objeciones).

Pero otros afirman que, al contrario, después de un estudio atento al mismo documento, se descubre un cambio grave en las posiciones doctrinales que Monseñor Lefebvre, la Fraternidad (y Monseñor Fellay anteriormente) han tenido respecto al concilio Vaticano II, de la nueva misa y del nuevo código de derecho canónico.

Es muy importante lo que está en juego, porque este documento doctrinal estaba considerado para expresar la posición oficial de la FSSPX vis a vis de las novedades conciliares, antes de avanzar hacia un posible acuerdo práctico con la iglesia oficial, como fue prometido por Roma y deseado por Monseñor Fellay.

Es por eso que durante la redacción de este documento, cada palabra debía ser cuidadosamente pesada para estar conforme a la Teología Católica de siempre. Además, este documento debía corresponder a la realidad de la situación de crisis que vive la Iglesia desde hace 50 años y sus posibles soluciones.

Hay que recordar que desde hace 24 años, la Fraternidad no había sometido a Roma un documento de tanta importancia, un documento teniendo el status de fundamento doctrinal para una regularización canónica.

En efecto, desde el 5 de mayo de 1988, fecha en la cual Monseñor Lefebvre firmó el Protocolo de acuerdo del Cardenal Ratzinger y retractándose al día siguiente, la Fraternidad jamás había estado tan cerca de lograr un acuerdo doctrinal y práctico de consecuencias incalculables, acuerdo que comprometería todo su futuro para continuar trabajando o no en la condenación de los errores modernos, en la defensa de la Tradición y en la restauración de la Iglesia.

Los sacerdotes sobre todo no deben dejar de estudiar las cuestiones doctrinales unidas a este documento, por pereza intelectual o bajo pretexto de que solamente lo “pastoral” cuenta. Sabemos cómo estas mismas actitudes llevaron desgraciadamente, después del concilio, a la mayoría de los sacerdotes y obispos a aceptar, lenta pero seguramente, los errores conciliares. Por lo tanto, no hay que repetir los mismos reflejos y los mismos errores…

Quisiera sobre todo invitar a mis cofrades de la FSSPX que están sea perplejos, sea desorientados, sea incluso favorables a este documento, a interesarse en este problema serio, porque de eso dependerá que conservemos los principios mantenidos siempre por Monseñor Lefebvre e incluso por Monseñor Fellay no hace mucho tiempo.

Nuestro combate, en las circunstancias concretas en que vivimos, exige que nosotros defendamos por principio la pureza de la doctrina si queremos ser fieles a nuestro deber sacerdotal y producir frutos espirituales en las almas.

La defensa de la doctrina demanda también la refutación y el combate de los errores modernos, que asolan a la Iglesia desde hace más de 50 años, sin que pequemos por omisión.

Lo que está en juego principalmente es esto: si la continuación de nuestro combate por la Tradición está comprometido por los textos oficiales ambiguos, firmados por nuestros superiores, si el bien común de la Fraternidad estará en peligro por la traición de la verdad y por un compromiso grave con las autoridades conciliares.


 Continuará...
  

miércoles, 3 de julio de 2013

EN MEMORIA DE UN PRINCIPIO EN VÍAS DE DESAPARICIÓN: “NO AL ACUERDO CANÓNICO ANTES DE UN ACUERDO DOCTRINAL”





POR UN SACERDOTE.

    
Si Monseñor Freppel señalaba con razón que el abandono de los principios conduce inevitablemente a la catástrofe, el cardenal Pie nos deja una esperanza al afirmar que un pequeño número de reclamantes es suficiente para salvar su integridad y mantener la oportunidad de un restablecimiento del orden. Desde el mes de julio de 2012, el capítulo de los superiores de la FSSPX parece haber repudiado un principio que había mantenido firmemente hasta entonces, a saber, que no es posible contemplar un acuerdo práctico con el Vaticano, antes que la cuestión doctrinal se resuelva.

El 13 de octubre siguiente, Monseñor de Galarreta tuvo a bien explicarnos que:

“Lo que se hizo fue volver a tomar toda la cuestión doctrinal y litúrgica para hacerlo una cuestión práctica”

El orden ya no se respeta y no podemos más que temer la advertencia de San Pío X:

“Si la regla parece un obstáculo para la acción, se dice que disimular y transigir facilitan el éxito: entonces se olvidan las reglas seguras, se oscurecen los principios bajo el pretexto de un bien que no es más que aparente. ¿Qué quedará de esta construcción sin fundamentos, construida sobre la arena?”.


El objetivo de nuestro estudio es entonces demostrar, basándonos en la Revelación, en la Tradición y las declaraciones concordantes de los cuatro obispos consagrados por Monseñor Lefebvre junto con este, que el principio mencionado es absolutamente católico, y no puede sufrir ni el abandono, ni la excepción, siendo querido por Dios mismo, y no forjado por algún pensador tradicionalista alérgico a cualquier acuerdo.

I – La Revelación

En el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es la voluntad firmísima y explícita de Dios, que los hombres a los que se digna gratificar con su doctrina pura y verdadera se abstengan absolutamente  de asociarse con los que profesan una diferente, a riesgo de prevaricar.

Es la primera recomendación que Él quiere hacerle a Moisés, cuando concluye la alianza con él:

“Abstente de aliarte con los habitantes de los países adonde vas, por temor de que sean para ti una trampa. Pero derribarás sus altares y quebrantarás sus ídolos…” (Éxodo, 34,11)

Nuestro Señor, a su vez, frecuentemente advertirá a sus discípulos contra la levadura de la doctrina de los fariseos y de los Saduceos (Mt 16, 6; Mc 8, 15), contra los profetas falsos revestidos de piel de oveja (Mt 7, 15) que inducirán a mucha gente en error (Mt 24, 11) y hasta a los elegidos si fuera posible (Mt 24, 24).

Los Apóstoles estarán tan marcados por estas advertencias del divino Maestro, que las transmiten con fuerza a sus propios discípulos:

- “Os exhorto, hermanos que observéis a los que son contrarios a la enseñanza que habéis aprendido: evitadlos, porque estos tales no sirven a Nuestro Señor Jesucristo”. (Rom. 16, 17).
- «Lo repito: si alguno os predica un Evangelio diferente al que vosotros habéis recibido, que sea anatema.”(Gal. 1, 9).
- « Si alguien viene a vosotros que profese una doctrina diferente, no lo recibáis y no lo saludéis. Porque quien los saluda, participa en sus obras perversas” (2 Juan 10).

Podríamos agregar otros pasajes de la Escritura, pero éstos son bastante suficientes, estando dictados por el Espíritu Santo, para convencernos  que el deber de evitar a los fautores de la herejía es de derecho divino.

II – La Tradición

Los primeros Padres de la Iglesia, no podían olvidar estos anatemas doctrinales, y no pueden más que repetir en todos los tonos, la exhortación de san Pablo:

 “¡Huid del hereje!” (Tito 3, 10)

“Huid de los herejes, ellos son los sucesores del diablo que logró seducir a la primera mujer” (San Ignacio de Antioquía)

“¡Huid de todos los herejes!” (San Irineo)

“¡Huid del veneno de los herejes!” (San Antonio del desierto)

“¡No te sientes con los herejes!” (San Efrén)

Y San Vicente de Lérins nos dice:

“El Apóstol ordena esta intransigencia a todas las generaciones: siempre habrá que anatemizar a aquéllos que tienen una doctrina contraria a la recibida”. Es por eso, que en el siglo XIX, Dom Guéranger le escribirá a Monseñor de Astros:

“Uno de los medios de conservar la fe, una de las primeras marcas de unidad, es la huida de los herejes”.

Efectivamente, esta “primera marca de la unidad” concierne evidentemente a la unidad de fe, la primera nota característica de la Iglesia católica, que no puede tener más que “Un solo Señor y una sola fe” (Efesios 4,5). Esta misma Iglesia, advierte solemnemente a los futuros sub-diáconos así:

“Permaneced firmes en la verdadera fe católica, pues según el Apóstol, todo lo que no proviene de la fe es pecado (Rom. 14,23), cisma, extranjero a la unidad de la Iglesia”.

También, para mejor comprender no solamente la antigüedad, sino sobre todo el carácter absoluto de nuestro principio, hay que conservar bien grabado en nuestro espíritu que durante más de dos mil años de cisma entre los bizantinos y Roma, jamás, sin excepción, se concluyó un solo acuerdo canónico con los Uniatas antes de que hubieran reconocido la doctrina católica sobre los dogmas controvertidos (Filioque, Primado del Papa, etc.).

Esto es lo que recordó el Cardenal Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio, la víspera del Concilio:

“Una vez reconocida la verdad, esta verdad sobre la cual la Iglesia no puede transigir, todos los hijos que regresen a ella encontrarán esta Madre dispuesta a todas las larguezas que Ella puede acordar en materia de liturgia, de tradiciones, de disciplina y de humanidad” (Itinéraires n° 70, pág.6).

III- Las declaraciones de nuestros obispos.

MONSEÑOR LEFEBVRE: “Suponiendo que Roma nos llamara, que quisiera recibirnos, volver a hablar, entonces soy yo quien pondría las condiciones. Ya no aceptaría encontrarme  en la situación en que nos ha dejado los coloquios. Eso ya terminó. Yo colocaría la cuestión en el plano doctrinal. “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que les han precedido? (…) Si no aceptan la doctrina de sus predecesores, entonces es inútil hablar. Mientras no acepten una reforma del Concilio teniendo en cuenta la doctrina de estos Papas que les han precedido, no hay diálogo posible. Es inútil. Las posturas serían más claras”. (Fideliter n°66, nov-dic de 1988)

MONSEÑOR WILLIAMSON: “El más grande desafío para la Fraternidad en los próximos años, será el de comprender la primacía de la doctrina, de tomar la mesura de todas las cosas y de obrar en consecuencia. En nuestro mundo sentimental, la tentación constante es el seguir los sentimientos. No seguir los sentimientos, es lo que caracterizó a Monseñor Lefebvre, y si, a este respecto, nosotros no lo imitamos, la Fraternidad seguirá la vía de la carne, es decir, en los brazos de los destructores (objetivos) de la Iglesia. (…) ¡Doctrina, doctrina, doctrina! (Angelus press, 21 de junio de 2008).

MONSEÑOR FELLAY: “La clara percepción de la cuestión clave que acabamos de describir, nos prohíbe poner en el mismo plano las dos cuestiones. Es tan claro para nosotros que la cuestión de la fe y del espíritu de fe es tan primordial, que no podemos contemplar una solución práctica antes de que la primera cuestión no encuentre una segura solución” (…)

“Cada día nos aporta pruebas suplementarias de la necesidad de clarificar al máximo las cuestiones subyacentes (de doctrina) antes de ir más adelante en una solución canónica, que sin embargo no es desagradable para nosotros. Pero hay un orden de naturaleza, e invertir las cosas nos pondría inevitablemente en una situación insoportable; tenemos la prueba de esto todos los días. Lo que está en juego es ni más ni menos que nuestra existencia futura” (LAB n°73 del 23 de octubre de 2008).

MONSEÑOR DE GALARRETA: “Hay evidentemente una voluntad de conmovernos, de atemorizarnos ejerciendo presión en el sentido de un acuerdo puramente práctico, que ha sido siempre la proposición de Su Eminencia (el cardenal Hoyos). Evidentemente, ustedes ya conocen nuestra forma de pensar. Esta vía es una vía muerta; para nosotros, es la vía de la muerte. Por lo tanto para nosotros no es cuestión de seguirla. No podemos comprometernos a traicionar la confesión pública de la fe. Esto no está en cuestión. Es imposible” (Sermón del 27 de junio de 2008 en Ecône). 

“No ha llegado el momento de cambiar la decisión del Capítulo de 2006: No al acuerdo práctico sin solución de la cuestión doctrinal”. (Informe leído en el Capítulo de Albano, 7 de octubre de 2011, difundido por Tradinews).

MONSEÑOR TISSIER DE MALLERAIS: “Nos rehusamos a un acuerdo puramente práctico porque la cuestión doctrinal es primordial. La fe es antes que la legalidad. No podemos aceptar una legalización sin que el problema de la fe sea resuelto. (…) Se trata de una nueva religión que no es la religión católica. Con esta religión, nosotros no queremos ningún compromiso, ningún riesgo de corrupción,  incluso ninguna apariencia de conciliación, y es esta apariencia la que daría nuestra supuesta “regularización”. (Entrevista a Rivarol del 1 de junio de 2012).

Conclusión:    
      
-El principio: “No al acuerdo canónico antes de un acuerdo doctrinal”, es un principio:

-Fundado en la Palabra de Dios que nos prohíbe formalmente asociarnos con los que profesan una doctrina diferente que la transmitida por la Iglesia, “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim. 3,15), en particular por más de mil años en sus discusiones con los cismáticos orientales.

-Absoluto, sin sufrir rodeos, reducción o excepción, porque concierne al “orden de la naturaleza” como justamente escribió Monseñor Fellay en otro tiempo, y no a un proceso convencional.

En consecuencia. Si es verdad que uno no se recupera del abandono de los principios, sobre todo los más graves porque tocan la fe, debemos hoy más que nunca no solamente mantener este principio, sino que debemos velar para que no sea olvidado, alterado o rodeado, y proclamarlo contra viento y marea a todas las almas de buena voluntad.

¡Que los Santísimos Corazones de Jesús y de María vengan en nuestra ayuda en el verdadero combate de la fe, y nos guarden siempre en Su amor!