jueves, 20 de julio de 2017

A CUARENTA AÑOS DE LA VISITA DE MONSEÑOR LEFEBVRE A AMÉRICA DEL SUR



NOTA SYLLABUS: Reproducimos este artículo aparecido en el sitio oficial de la FSSPX de Sudamérica, no con un afán nostálgico, sino como homenaje y gratitud a Mons. Lefebvre y todos aquellos que junto a él nos trajeron a estas tierras la Tradición católica que tras el nefasto Vaticano II agonizaba o permanecía recluida. Su obra inmensa no debe dejar de ser vista sino como un combate que hoy continúa y recomienza cada día. Desgraciadamente, la congregación que él fundó ya no lo entiende así, por eso busca lograr una paz con los liberales y modernistas (los más perniciosísimos enemigos de la Religión católica, como dijo San Pío X) que ocupan la Iglesia oficial. Los autores del artículo podrían haber obtenido más información de primera mano, simplemente comunicándose con quien fue por entonces el hombre de confianza de Mons. Lefebvre, que lo acompañó en su viaje y a quien destinó a continuar su obra en estas tierras. Pero la congregación por la que tanto hizo le pagó con la misma moneda con que la iglesia conciliar le pagó a Mons. Lefebvre: el desprecio, el rechazo, la calumnia, el desdén. Así como Mons. Lefebvre denunció las desviaciones liberales y traidoras de la cúpula de la Iglesia, del mismo modo hizo el entonces Padre Faure, siguiendo el ejemplo de su maestro. Dice el Padre Castellani: “La injusticia introduce en el seno de las sociedades una herida real que es una realidad moral operante mientras no se cicatrice”. Las injusticias introducidas en la FSSPX no pueden ser tapadas con “homenajes” –por muy justos que sean- a Mons. Lefebvre. Para dar nuestro propio homenaje, y corregir en la medida de lo posible, las injusticias que se han cometido, estableciendo la verdad, brindamos este recuerdo de la visita de Mons. Lefebvre a nuestro país y a Chile.  


Diario Clarín, jueves 21 de julio de 1977. En su portada destaca la noticia de la visita de Mons. Lefebvre al país. El hecho de que aparezca en la portada significa que no ha sido una visita sin importancia, aunque el diario anticatólico la quiera minimizar.



Monseñor Lefebvre saliendo del aeropuerto de Ezeiza


Hace cuarenta años Monseñor Lefebvre hizo su primer viaje a Santiago de Chile y Argentina. Llegando a Chile el 17 de julio de 1977, viajó a Buenos Aires el día 20 del mismo mes. Algunos fieles que estuvieron presentes en las distintas actividades y que continúan hoy entre nuestras filas, nos ayudaron a reconstruir el itinerario que siguió Monseñor en dicho viaje.

Monseñor en Santiago de Chile

El domingo 17 de julio de 1977 Monseñor Lefebvre arribó al aeropuerto de Santiago de Chile acompañado únicamente del padre Jean-Michel Faure [negritas nuestras. Syllabus]. Al llegar al aeropuerto, un número importante de personas acudieron a su recepción con vivas e, incluso, con pancartas. Monseñor pudo escuchar, al descender del avión, el grito de los fieles que fueron a su encuentro: ¡Lefebvre, sí! ¡comunismo, no!


Para entender bien lo ocurrido en Chile, debe tenerse presente que la Jerarquía de la Iglesia, otrora Venerable, estaba constituida, por regla general, por obispos progresistas en religión y socialistas en política. Éstos habían prestado una colaboración muy eficaz a la Democracia Cristiana de los años 60, cuyo gobierno abrió paso al triunfo del marxismo; con mayor entusiasmo, aún, apoyaron el régimen marxista del doctor don Salvador Allende, el cual gobernó entre 1970 y 1973".1 [las referencias de las notas pueden leerse en el enlace de los artículos, nota Syllabus]

Recibió a Monseñor el señor Alex Guina, antiguo oficial del ejército y amigo personal de los padres del R. P. Faure, el cual, se había comunicado con el oficial Guina a fin de pedirle apoyo para la instalación de Monseñor Lefebvre en Santiago de Chile. Él mismo se encargó de recibirlos y los trasladó al Hotel Carrera en el cual se hospedaron.

En la tarde de dicho domingo celebró la santa misa, a la cual no pude asistir, por causa de mi ausencia de Santiago. En todo caso, hubo un número importante de fieles. Imagino que no menos de doscientos".


El lunes 18, por la mañana Monseñor recibió algunos fieles en el hotel.

Tuve el honor de ser recibido por Su Excelencia Reverendísima en el Hotel Carrera, en conjunto con algunos otros fieles. Por la tarde de ese día, Monseñor no tuvo actividades oficiales, por así decirlo. Pudo visitar Santiago, y se encontró con las puertas de la Catedral cerradas totalmente. La prensa se encargó de destacarlo, de lo que se desprende que no era un hecho usual. Debió experimentar el desagrado de saber que el Cardenal Silva Henríquez se había referido a él como un «Judas»: Pero Su Excelencia no era persona que se arredrara. Su respuesta fue condigna: mal podía decir lo anterior quien «aparecía como amigo fiel del presidente marxista de Chile» [Salvador Allende]."

El martes 19 por la mañana, Monseñor dio una conferencia de prensa con gran interés de los medios de comunicación. Por la tarde, la conferencia estuvo dirigida a los fieles.

Por la tarde tuvo lugar la Conferencia a los fieles. El número de asistentes fue considerable. No puedo dar números pero debe haber sido de unas quinientas personas, que recibieron a Monseñor entonando la Canción Nacional de Chile, precisamente por causa del fenómeno antes indicado. Asistieron personalidades importantes en el orden intelectual y universitario, a la vez que muchos fieles comunes. Entre los primeros recuerdo con particular agrado a don Alberto Falcionelli, fiel entre los fieles, su cónyuge y su hija Clarita. Cuatro sacerdotes llegaron a saludarlo, entre ellos el Padre Miguel Poradowski, de nacionalidad polaca, y gran amigo de la Fraternidad, a la cual posteriormente dejó su biblioteca".


Monseñor en una conferencia de prensa en febrero de 1977

  
Monseñor en Buenos Aires, Argentina

Al día siguiente, Monseñor se dirigió a Buenos Aires. Un artículo del diario Clarín, fechado el 21 de julio de 1977, un día después de la llegada de Monseñor Lefebvre a Buenos Aires, se titulaba: escasa repercusión tuvo la visita del obispo Lefebvre. En dicho artículo se dice que al llegar Monseñor al aeropuerto de Ezeiza fue recibido por un grupo de poco más de cincuenta partidarios que lo vivaron entusiastamente. Otro artículo, más objetivo, del diario La Nación, de la misma fecha, dice que fueron aproximadamente doscientas las personas que fueron a recibirlo al grito de [viva] Cristo Rey.

Llegado a Buenos Aires a las 18:00, se dirigió a las instalaciones de la empresa EACA (Empresa Argentina de Cemento Armado) del Señor Roberto Gorostiaga, sita en Tabaré 2424, Villa Soldati.

Fue la misa que desafortunadamente no se realizó porque la policía lo impidió. Lo que sí recuerdo es que había mucha gente, no sabría precisar, pero yo creo que un par de centenares de personas había con facilidad. Me acuerdo que ya anochecía, estábamos en la calle, la policía bloqueó el acceso a donde se iba a realizar la misa. Me quedó la imagen de que nos arrodillamos todos y rezamos el rosario… hubo como una especie de tumulto que nos obligó a rodear a Monseñor, eso sí lo recuerdo muy bien porque estaba mi padre al lado mío. Nos tomábamos de los brazos como encadenados para proteger a Monseñor y que la gente no se acercara demasiado".1

Los dos artículos de diario citados coinciden en que luego de la dispersión de los fieles por parte de la policía, Monseñor se dirigió a un edificio en la calle Libertad 1576, propiedad del escribano Marcelo Ferrari, donde se hospedó durante su estadía en Buenos Aires. Allí, celebró la misa con la concurrencia de una treintena de personas.

Voceros policiales informaron que no había sido impedida la celebración de la misa, sino la concentración de un grupo numeroso de personas, razón por la cual se decidió prohibir la realización de la ceremonia".2

El jueves 21 Monseñor lo dedicó a recibir a distintos grupos de fieles:

Según informaron sus allegados, Monseñor Lefebvre se entrevistará hoy, por la mañana, con los integrantes de la comisión Defensa de la Fe de siempre, y por la tarde hablará con representantes de distintas entidades religiosas tradicionalistas".3

Fue este el día en que Monseñor conoció y entrevistó a algunos candidatos al sacerdocio para la FSSPX, entre ellos, Alfonso de Galarreta, quien tuvo una entrevista de aproximadamente media hora con Monseñor Lefebvre.

Esta reunión fue muy importante, creo que de mucha expectativa para Monseñor Lefebvre era conocerlo a Alfonso de Galarreta porque era un candidato firme. Lo llevamos a la casa de la familia Ferrari. Efectivamente, tuvo una reunión con Monseñor de unos 20-30 minutos".4

Junto con el joven Alfonso de Galarreta habían visitado a Monseñor otros candidatos al seminario: Luis María Canale, Edgardo Albamonte y Andrés Morello. Todos partirían hacia Ecône para ser más tarde ordenados sacerdotes por Monseñor Lefebvre.

El viernes 22 Monseñor ofreció una Conferencia de Prensa en una dependencia del hotel Transocean. Este día no se celebró públicamente la misa.

Acerca de la actividad que desarrollará el obispo francés, en los próximos días, sólo se dijo que mañana celebrará otra misa, pero no se precisó en qué lugar, y que mañana ofrecerá, a las 11, una conferencia de prensa en el hotel «Transocean» ubicado en Lavalle al 500".5

Se reunieron aproximadamente cien periodistas, que hicieron todo tipo de preguntas. Algunos, muy agresivos, con sus calificativos causaron gran escándalo entre los presentes.

Había por lo menos cien periodistas. Estaban en gradas, como si fuera un anfiteatro, Monseñor Lefebvre, abajo, en una mesa con su traductor, que era el padre Faure. Los periodistas preguntaron de todo. Magdalena Ruiz Guiñazú incidenta la reunión inquiriendo mucho a Monseñor Lefebvre sobre la obediencia. Le preguntaba y Monseñor le respondía. Monseñor le decía que no era obligatorio obedecer sobre una mala acción… Fue todo un éxito, mucha gente, mucha prensa. Este también fue un episodio muy importante".6

El sábado 23 no se celebró públicamente la misa, sin embargo, se comenzó a preparar, por la tarde, la misa del domingo. Ya anocheciendo, comenzó a llegar la gente a la quinta de Villa Tesei, partido de Hurlingham, juntándose rápidamente más de 500 personas. A pesar de que la misa iba a tener lugar en una propiedad privada, la Policía de la Provincia con efectivos montados y de a pie, apoyada por el Cuerpo de Infantería de la Policía Federal, intervino para dispersar a las familias que se estaban reuniendo.7

El domingo 24 Monseñor Lefebvre fue a la quinta privada de Villa Tesei, y celebró la misa ante aproximadamente mil quinientas personas, entre ellas grupos católicos de diferentes lugares, periodistas y muchas personas que hasta el día de hoy se cuentan entre nuestros fieles junto con sus familias. Después de la misa hubo una comida. Monseñor almorzó dentro de la casa con algunos fieles y los demás, sentados en grupos por el parque.

Mucha gente… la veo caminando por los jardines. Mucha gente pero no toda junta… usted imagínese un picnic o algo por el estilo".8

Fue el último acto público de Monseñor Lefebvre en su primera visita a América del Sur.

Repercusión de la visita

Algunos meses después de este viaje por América del Sur, se adquiría en Buenos Aires la casa del actual priorato de la calle Venezuela 1318, que se convirtió en el seminario San Pio X, y comenzó en marzo de 1979 el primer año de espiritualidad. A fines de 1980 el seminario ya se había mudado al terreno de La Reja, Moreno, donde actualmente funciona el seminario Nuestra Señora Corredentora y donde se forman los sacerdotes para los distritos de América del Sur, de México y para la Casa Autónoma de Brasil.

En Santiago de Chile hay un priorato con una hermosa Iglesia. Desde dicha casa sacerdotal se atienden otras tres capillas en el interior de Chile.

En Argentina hay actualmente cinco prioratos además de la Sede de Distrito. Entre todos estos prioratos se reparten el apostolado de otras veintiún capillas, incluso, desde Argentina se atienden los apostolados de Paraguay, Uruguay y Perú.

También en Argentina hay un convento y un noviciado de Hermanas de la FSSPX, dos escuelas de las Madres Dominicas enseñantes, tres escuelas atendidas por los sacerdotes de la FSSPX y una casa de ejercicios espirituales.
Todas estas fundaciones son el fruto de la escasa repercusión 9 que tuvo la visita de Monseñor Lefebvre a Sudamérica.

TRADIDI QUOD ET ACCEPI
"He transmitido lo que recibí" (1Cor. 11, 23)
Monseñor Lefebvre (1905 - 1991)

Diario “Clarín”, 21 de julio de 1977.
Diario “La Nación”, 21 de julio de 1977. 

Agradecemos la colaboración del señor Gustavo Del Campo que nos envió los recortes periodísticos y nos animó a editar estos artículos; del señor Luis Giachino, quien nos facilitó los relatos de la visita de Monseñor Lefebvre a Santiago de Chile; del Señor Gustavo Guasti quien hizo lo propio sobre las actividades que tuvieron lugar en Argentina y del señor Alejandro Catarineu que nos proporcionó los detalles que ayudaron a unir los acontecimientos de la visita a Argentina.


Anécdotas de la primera visita de Monseñor Lefebvre
a América del Sur

 
Monseñor entre los fieles "siempre con la generosidad y santidad que lo caracterizó en todo momento"


Muchas anécdotas interesantes recuerdan los presentes en las actividades realizadas por Monseñor Lefebvre en su primera visita a nuestras tierras, que no pudieron ser contadas en el artículo histórico para no extenderlo demasiado. No pudiendo tampoco dejarlas de lado, las transcribimos en el presente artículo.

La primera anécdota tuvo lugar en el aeropuerto de Santiago de Chile a la llegada de Monseñor Lefebvre y nos la cuenta Monseñor Tissier de Mallerais en la biografía de Monseñor que él mismo escribió. Toda la comitiva de Monseñor era el padre Jean-Michel Faure que lo acompañó durante la visita a Chile y Argentina. Probablemente no se esperaban que la visita tuviera tanta repercusión:

En Santiago de Chile, el 17 de julio, desde el avión, Monseñor Lefebvre escuchó gritar a la gente: «¡Lefebvre, sí! ¡Comunismo, no!» La muchedumbre era tanta, que se hacía imposible abrirse camino; por eso el vehículo del Arzobispo, escoltado por dos autos de policía, dio media vuelta y salió por las pistas del aeropuerto, pero fue en vano, pues a lo largo de todo el trayecto había gente con banderolas que aclamaba al Prelado. Los titulares de los diarios decían: «El Cardenal Silva Henríquez declara: Lefebvre es un Judas», pero en la tirada del día siguiente se leía: «Lefebvre responde: Yo no soy un Judas, yo no abracé a Fidel Castro»”.1

La segunda anécdota tiene lugar en Buenos Aires Argentina. La visita de Monseñor Lefebvre se preparaba como un evento de gran importancia. No se escatimaron los trabajos para poder acercar a los fieles que amaban la Tradición de la Iglesia y querían conocer a Monseñor:

El promotor de esto y quien lo invita [a Monseñor] fue [Roberto] Gorostiaga… estoy seguro de eso, creo que le pagó el pasaje y lo invitó. Fue como anfitrión. Él abrió el juego y participaba también la gente de «Patria Grande». En ese momento, el matrimonio Quantín, El Capitán Rubio, o sea, el padre del Padre [Rubio]. Mucha gente más: José María Racedo… le puedo nombrar mucha gente más. Fundamentalmente, el grupo «Patria Grande»… Recuerdo al padre Sánchez Abelenda que también dio conferencias. La expectativa fue grande por la venida de Monseñor, imagínese, año 77 cuando el año 76 había salido mucho en la prensa sobre él, sobre la suspensión "A Divinis", etc… En mi casa, es decir, en la casa de mis padres, funcionó una especie de secretaría de prensa. Esto se circunscribía en mandar notas a los diarios, por pedido de don Roberto, y dejarles el número de teléfono para que se comunicaran, lo cual fue hasta simpático porque llamaron de todo el mundo y en todos los idiomas. En fin, imagínese que respondíamos como podíamos. Mi casa también fue parador de algunos amigos de Córdoba y de La Plata. Los que me acuerdo, de La Plata eran Alfonso –luego Monseñor–, y Ricardo Cardinali. Después de Córdoba habrá venido Casermeiro y seguro Ricardo González… Como dato de contexto, la empresa de don Roberto nos había dado un vehículo con el cual nos desplazábamos y el viaje que más recuerdo es el viaje a Villa Tesei y la reunión que tuvo Alfonso de Galarreta con Monseñor".2



Monseñor parte de América del Sur en barco


Los detalles de dicha reunión los transcribimos en la tercera anécdota que tuvo lugar en la casa del Escribano Marcelo Ferrari, al día siguiente de la llegada de Monseñor Lefebvre a Buenos Aires:

Lo llevamos [a Alfonso de Galarreta] a la casa de la familia Ferrari. Efectivamente, tuvo una reunión con Monseñor de unos 20-30 minutos. Yo recuerdo que lo veía de lejos porque era un departamento grande de Barrio Norte. La expectativa de nosotros también era grande y, recuerdo… cuando vi que la reunión más o menos terminaba le pregunto a Alejandro Aliaga «¿y, qué pasó?» él me responde, «Monseñor quedó sorprendido con Alfonso y parece que se lo lleva»… no sé cuánto tiempo pasó, días y pocos, pero Alfonso de Galarreta parte a Suiza, por supuesto."1

Al final de la reunión, Monseñor Lefebvre dejó una impresión inolvidable en los presentes:

Esa reunión fue para mí muy grata porque después tuve oportunidad de conversar con Monseñor Lefebvre. Un episodio muy grato: se sorprendió él cuando le pedí que firmara una foto que yo había sacado de una revista. Me preguntó de dónde la había sacado –claro, una fotografía que había salido en revista «Somos» o «Gente», alguna de esas, que le habían tomado a él en aquella famosa homilía de Lille–. En fin, como para finalizar la reunión, Monseñor Lefebvre nos impuso el Escapulario de la Virgen del Carmen a dos policías que estaban y a mí, siempre con esa generosidad y santidad que lo caracterizó en todo momento, o sea, era la postura de un santo, la mirada de un santo y… bueno, todo lo que se pueda decir de él nunca será suficiente…"2

La conferencia de prensa de Monseñor Lefebvre en el hotel Transocean del viernes 22 de julio fue un hecho que llenó de emoción a todos los asistentes. Recordemos el hecho citado en el anterior artículo: los periodistas hicieron todo tipo de preguntas. Magdalena Ruiz Guiñazú, de manera insistente e irrespetuosa, inquiría a Monseñor sobre la obediencia:

Monseñor le decía que no era obligatorio obedecer sobre una mala acción y puso la comparación que si un padre le dice a su hija que haga algo malo, la hija no tiene por qué obedecerle, entonces, esta señora sale diciendo: pero usted está comparando la Iglesia con una mujer cualquiera, algo así. Entonces el primero que reacciona es el padre Faure e inmediatamente Monseñor Lefebvre. Creo que palabra de por medio del padre Faure, Monseñor reacciona con una respuesta apropiada. Digo apropiada porque conformó a todo el mundo. Fue todo un éxito."3

Las respuestas de Monseñor dejaron a todo el auditorio emocionado:

Salimos tan emocionados del hotel que en plena calle Florida comenzamos todos a gritar: «¡Lefebvre! ¡Lefebvre!» y claro, Monseñor estaba en medio de nosotros… la gente no entendía nada."4

Finalmente, la misa del 24 de julio en Villa Tesei, última actividad pública de la breve visita de Monseñor Lefebvre por nuestras tierras, dejó también una gran impresión en todos los presentes. La misma, por motivo de las dificultades que hubo en el galpón de la empresa del señor Gorostiaga, el 20 de julio, se organizó casi en secreto:

Nos enteramos de la misa por «teléfono de baquelita» nadie sabía nada, uno llamaba a otro «Monseñor va a celebrar misa el domingo en tal lugar» y así nos fuimos enterando todos."5

En la quinta de Villa Tesei, se celebró la misa, tan recordada, con la presencia de unas mil quinientas personas:

Era un cuadro muy particular por lo grato. Parecía una escena de película muy antigua. Verlo ahí, debajo de un árbol al padre Sanchéz Abelenda y al padre Le Lay, si mal no recuerdo. Supóngase: uno en la galería o debajo de un alero, el otro debajo de un árbol confesando a la gente… mucha gente… en ese parque tan lindo de aquella quinta."6

Un artículo de un diario dice que asistieron a la misa setecientas personas… no, eran muchas más. Otro artículo dice que fueron dadas tres mil comuniones. También me parece muy exagerado. Lo que sí recuerdo es que la fila de la comunión era interminable… interminable. Habría unas mil quinientas personas"7

Todos estos recuerdos dejó la presencia de un Prelado de la Iglesia Católica Apostólica Romana que no hizo más que lo que debía hacer, transmitiendo lo mismo que le fue confiando en su consagración episcopal y que transmitió desde aquel día por el resto de su vida.

Credidimus Caritati
"Hemos creído en la caridad" (1 Jn. 4, 16)
Monseñor Marcel Lefebvre (1905 – 1991)


Sermón de Monseñor Lefebvre en Villa Tesei, Buenos Aires. 24 de julio de 1977

Sermón de ordenaciones en Ecône, 29 de junio de 1977


El último día de la citada visita que Monseñor Lefebvre hizo a la Argentina, el 24 de julio de 1977, celebró una misa multitudinaria en la quinta "La Leonor", de Villa Tesei, partido de Hurlingham, Gran Buenos Aires. Dos días después, el diario "El Argentino" de Chascomús publicó en extenso el sermón de Monseñor en dicha misa bajo el título "Vibrante homilía de Lefebvre".

Amados hermanos: estamos felices de poder reencontrarlos hoy, procedentes de numerosas provincias del interior de su amado país, la República Argentina, y agradecemos a Dios el habernos reunido aquí para celebrar, para escuchar la santa misa, en esta propiedad privada donde sus propietarios nos acogen tan amablemente.

Agradecemos a Dios el permitirnos celebrar la misa juntos, a fin de obrar juntos, y de poder animarlos a mantener la Fe católica.

Cuando niños, nos llevaron a recibir el Bautismo en los brazos de nuestro padrino. El sacerdote nos preguntó qué era lo que íbamos a pedir a la Iglesia. El sacerdote que nos recibió en nombre de la Iglesia nos dijo: ¿qué es lo que tú pides a la Iglesia de Dios? Estas fueron las primeras palabras que un sacerdote de la Iglesia nos dirigió cuando nuestro padrino nos llevaba en sus brazos al Bautismo. ¿Cuál fue nuestra respuesta? Nuestros padrinos respondieron en nuestro nombre: Yo pido la fe, la santa fide, y el sacerdote prosiguió preguntando: ¿qué es lo que te alcanza la fe?, respondiendo nosotros, siempre por boca de nuestros padrinos: la fe nos alcanza la vida eterna. Por eso, desde nuestros primeros pasos en la Iglesia nosotros hemos pedido a la Iglesia, la fe, la fe católica. Pues bien, pienso que estas palabras que hemos pronunciado por boca de nuestros padrinos cuando éramos niños, las repetimos toda nuestra vida, por eso pedimos a la Iglesia: ¡Dadnos la fe! Porque la fe nos da la vida eterna. Pues bien, hoy, como en el pasado, como en toda nuestra vida, nosotros se la pedimos a nuestros pastores, a la Iglesia, al Papa, a nuestros obispos, a nuestros sacerdotes, a todos los que tienen la obligación de dárnosla, de comunicárnosla; les pedimos ¡dadnos la fe católica, porque la fe católica nos da la vida eterna! Nuestra fe es: que creemos en la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. En las últimas páginas de su Evangelio, San Juan nos dice: lo que yo les he dicho, que Jesucristo es el hijo de Dios que se ha encarnado para redimirnos y darnos la vida eterna.

Eso es nuestra fe. Nuestra fe se resume pues en la divinidad de nuestro Señor ¿Qué significa esto? Esto se resume en estas palabras: Nuestro Señor Jesucristo es Dios, y por consiguiente, por el hecho que Dios ha asumido el Cuerpo de un hombre en el seno de la Santísima Virgen María, nuestro Señor Jesucristo es nuestro Salvador, nuestro único Salvador. No tenemos otro salvador aquí abajo que nuestro Señor Jesucristo, no hay otro hombre en la tierra que nos conduzca al cielo que nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo es el único Sacerdote, el único gran Sacerdote, el único Mediador. No hay otro Sacerdote aquí abajo que nuestro Señor Jesucristo. Todo sacerdote participa en el sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo, y Él es nuestro Rey, el único Rey Tu solus sanctíssimus, tu solus Dominus. Sólo Él nos gobierna, y sólo Él tiene autoridad sobre los Apóstoles. Y todos los otros príncipes de este mundo, sean los que sean: reyes, emperadores, presidentes; reciben su autoridad de nuestro Señor Jesucristo. No son nada más que sus lugartenientes, no tienen autoridad por ellos mismos. La realidad de ellos es te­ner fe en nuestro Señor Jesucristo, y si la propagan entonces sí son nuestros jefes, puesto que de esta manera participan a la realeza de nuestro Señor Jesucristo.

Estamos en la obligación de constatar que desde hace quince años, se toman nuevos rum­bos que van en contra de lo que les afirmé precedentemente.

Nuestro Señor es el único Salvador

Ya desde antes del Concilio, desde mucho tiempo antes, por toda la influencia del protestantismo y del liberalismo de los últimos siglos, estos privilegios de nuestro Señor, que son de su naturaleza misma, fueron atacados, y ya no se dice que nuestro Señor Jesucristo es nuestro único Salvador, sino que se ha tendido a que se crea que Buda, Lutero, Mahoma, es decir, los jefes de las otras religiones, son también salvadores. Pero nosotros recalcamos todo lo contrario: no hay otro Salvador que nuestro Señor Jesucristo, y por eso de ninguna manera tenemos que creer que podemos ser salvados por Mahoma, Buda o Lutero. Ninguna de esas personas puede salvar a nadie. El único que lo puede hacer es nuestro Señor Jesucristo.

Y esta verdad debemos reafirmarla de modo claro, lo que no implica tener desprecio para las personas que profesan las otras religiones. Nosotros les tenemos respeto a los budistas, a los musulmanes, a los protestantes; únicamente les pedimos que se conviertan y que crean en nuestro Señor Jesucristo, que se vuelvan católicos, que se encuentren sujetos a nuestro Salvador. No les tenemos desprecio, queremos dialogar con ellos, pero de ninguna manera hacerles creer que se pueden salvar en su religión -puesto que eso es engañarlos- no es ser caritativos para con ellos. La caridad pide que nosotros demos la verdad, y nosotros queremos dar la verdad.

¿Por qué el Papa mandó misioneros a estas tierras de América del Sur? ¿Por qué nos mandó al África? ‒yo estuve durante treinta años allí‒: ¡para proclamar que hay un solo Salvador en la tierra!, y que ese no es otro que nuestro Señor Jesucristo, y por ello mismo dar el mejor servicio que podemos dar a las almas. Las almas no tienen necesidad más grata que conocer a nuestro Señor Jesucristo, saber que Él es nuestro único Salvador. ¿Para qué somos misioneros?, ¿para decirles a esos budistas, protestantes o musulmanes: está muy bien, ustedes tienen una religión buena, ustedes van a salvarse en vuestra religión como nosotros en nuestra religión católica? No. Eso no es nada más que engañar a las personas, a esas pobres personas que tienen necesidad de la realidad, necesidad de salvarse. Es por eso que el ecumenismo actual es, nada más ni nada menos, que un ecumenismo falso, que engaña a las personas que necesitan a nuestro Señor Jesucristo.          

Un ejemplo de lo que les digo es el del Cardenal de Colonia, en Alemania, que dio en su Catedral una Capilla a los musulmanes para las prácticas de su culto. En la iglesia de Marsella, de Notre Dame, Monseñor Etchegaray, presidente de la Asamblea Episcopal de Francia, ha querido también dar capillas a todas las religiones; ¡el mismo templo de Nuestra Señora de Layam! Profanación contra la cual se han levantado los fieles de esta ciudad, quienes pidieron a Monseñor Etchegaray retirar tal medida profanadora contra su santuario mariano. Imagínense que aquí, en el santuario mariano de Luján, se intente dar una capilla a los budistas, a los protestantes o a los musulmanes: ¿qué harían ustedes? No queremos profanar lo que es más caro a nuestro corazón: ¡La Santísima Virgen María, la divinidad de nuestro Señor Jesucristo! Pues bien, los fieles de Marsella, aun los que no practicaban, han hecho todo lo posible para impedir que el obispo profanara su Templo. Estos ejemplos les demuestran que este falso ecumenismo está corrompiendo los espíritus de los sacerdotes y de los obispos.

Nuestro Señor es el único Sacerdote

Otro de los privilegios de nuestro Señor que es atacado es el siguiente: Él es Sacerdote. Ahora se quiere cambiar la noción de sacerdocio en nuestro Señor, queriendo que todos los fieles sean sacerdotes por su Bautismo, y esto es absolutamente falso. El fiel no es sacerdote, eso solo se entendía en sentido simbólico. Solo el sacerdote que ha recibido el carácter por el sacramento de la ordenación, es realmente sacerdote, porque, repetimos, hay un solo Sacerdote que es nuestro Señor, y es por participación con el sacerdocio de Él, que el sacerdote recibe aquel sacramento, y que por sus palabras puede hacer venir a nuestro Señor sobre el Altar. Solo él puede hacer esta acción.

Es un gran misterio que un hombre con las sencillas palabras que pronuncia, pueda hacer bajar al Hijo de Dios sobre el Altar, como lo hizo la Santísima Virgen María cuando pronunció su Fiat. En esa oportunidad, en algún sentido Dios le obedeció. El sacerdote hace lo mismo cuando pronuncia las palabras de la consagración; hace, en algún sentido, obedecer a nuestro Señor Jesucristo, que se hace presente bajo las especies del vino y el pan. Es un privilegio increíble, inmenso. Y ahora se quiere que sea la Asamblea la que pronuncie las palabras de la consagración, bajo la falsa creencia de quienes piensan que todo el mundo es sacerdote. Esto se está haciendo en la Casa de los Padres Dominicos de Lyon en Francia, donde los fieles laicos, junto a los religiosos, están arriba del Altar y pronuncian las palabras de la consagración, diciendo que todos somos sacerdotes. Eso es una corrupción de la divinidad del Sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro Señor es el único Rey

El tercer privilegio de nuestro Señor que es atacado hoy, reside en su realeza social; el Reinado Social de nuestro Señor como lo definió perfectamente el Papa Pío XI en su Encíclica Quadragesimo Anno, la cual, debemos imperiosamente volver a leer.

Debemos constatar hoy que la misma Santa Sede pide a los Estados católicos, dejar de ser Estados católicos, que supriman en su constitución que la religión católica es la única reconocida en el Estado, es decir, que ya no se quiere más el reino de nuestro Señor Jesucristo en la sociedad.

Esto además lo podemos comprobar en la reforma de la liturgia, en la fiesta de Cristo Rey ¿Por qué razón se ha postergado la Fiesta de Cristo Rey desde el mes de octubre hasta el fin del mes de noviembre? Ello se ha hecho para mostrar que nuestro Señor reinará al fin de los tiempos, no mientras estamos aquí abajo, y que lo hará sólo cuando venga sobre las nubes del Cielo. Además, en el cambio de las palabras en la Liturgia de Cristo Rey se han suprimido dos es­trofas del himno en su honor: una sobre la familia y otra sobre la sociedad ¿Cómo se ha podido suprimir esto? Ya no se reconoce la realeza de nuestro Señor sobre las familias y la sociedad, por eso se han suprimido estas dos estrofas. Esto es un hecho, y ustedes lo pueden constatar. Basta comparar la antigua fiesta con la nueva, para darse cuenta de los cambios operados en los textos litúrgicos.

Sabemos perfectamente que ahora, la Santa Sede es favorable a la laicización de los Estados, es decir favorecen que nuestro Señor Jesucristo no reine públicamente, oficialmente, sobre los mismos. Esto es absolutamente contrario a nuestra fe católica. Repetimos que no tenemos más que un solo Rey, y eso es lo que nos debe hacer juzgar a nuestros presidentes o jefes de Estado. Ellos aceptan o no el Decálogo, aceptan o no la realeza de nuestro Señor Jesucristo. Y si ellos aceptan el Decálogo, la realeza de Cristo, entonces tienen derecho a nuestro respeto y a nuestra obediencia. En la medida que se encuentran contra del Decálogo, en la medida que legislen contra él y en la medida que ellos se crean los únicos jefes, los únicos responsables y autores de la Ley, pierden el derecho a nuestra obediencia, puesto que ellos no son los fundadores ni las fuentes del Dere­cho. Las Fuentes del Derecho están en Dios, en nuestro Señor Jesucristo, por consiguiente, en la medida que no crean en Él, y acepten únicamente los derechos del hombre, que son derechos revolucionarios, no tienen el derecho a nuestra obediencia.

Conclusión

Voy a finalizar diciendo, que nosotros debemos acatar solo la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, quien vino a la tierra para llevarnos a la salvación. Él nos pide obedecer a sus obispos aquí abajo y ofrecer el sacrificio de la misa por intermedio de nuestros sacerdotes, y acceder a su gracia por intermedio de los Sacramentos.

Pues bien, a Él debemos someternos: a nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre la Inmaculada Virgen María. A ella le pedimos, a vuestra Patrona, Nuestra Señora de Lujan, que nos haga entender quién es nuestro Señor, que nos lo haga amar y ver en Él a nuestro único Salvador.


Diario "El Argentino" de Chascomús
Martes 26 de julio de 1977
Volanta del artículo: "Durante la misa del domingo en Villa Tesei"