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viernes, 15 de diciembre de 2017

NEO-FSSPX: LA NUEVA BURGUESÍA DE LA TRADICIÓN


San Bernardo de Menzingen. Los "piolas" lo siguen. Los otros son necios o traidores, conjurados contra los “vivos” (la gran idea que desarrollan los blogs neofraternitarios en la Argentina)



Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son”.

Nicolás Gómez Dávila


jueves, 14 de enero de 2016

REIVINDICACIÓN DE LA “IMITACIÓN DE CRISTO” DE KEMPIS II





San Ignacio de Loyola, San Juan Bosco, San Pío V, San Juan de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás Moro, San Felipe Neri, San Vicente de Paul, el Santo Cura de Ars, San Alfonso María de Ligorio, Santa Teresita de Lisieux, Santa Luisa de Marillac, Beato Claudio de la Colombiere, Beato Teófano Venard, Padre Pío de Pietrelcina, Fray Luis de Granada, P. Juan Eusebio Nieremberg, el obispo Bossuet, Chautebriand, Mons. Dr. Juan Straubinger, Mons. Marcel Lefebvre, Obispo Manuel González, Padre Castellani, Padre Luis Coloma, Gabriel García Moreno, Hugo Wast, son solo algunos de los santos y grandes personalidades de la Iglesia que han manifestado su adhesión a la “Imitación de Cristo”, más conocido como “el Kempis”. Ellos no sólo lo leyeron, estudiaron y recomendaron, sino que además encarnaron sus santas enseñanzas, recordando de memoria muchas de sus sabias sentencias.

San Pío V lo llamó  “el libro de los libros”.

San Juan Bosco escribió de él: “En mi juventud leí la "Imitación de Cristo" y me quedé admirado al darme cuenta de que este libro trae más enseñanzas en una sola página que los libros vernáculos en varios volúmenes. A este precioso libro debo el haberle tomado gusto a la lectura de libros espirituales y el haber dejado de leer libros vernáculos”.

El papa Pío XI dijo que era un “áureo texto”.

El Padre Augustin Berthe escribió sobre García Moreno: “La Imitación de Cristo, le nutría de santos y sublimes pensamientos, no sólo en casa, sino en sus viajes; porque lo había convertido en su compañero inseparable. Se ha encontrado un ejemplar que le había regalado un afectuoso amigo, el 24 de Setiembre de 1860, día de la toma de Guayaquil, y del que se sirvió hasta la muerte. Se comprende a la simple vista, por el estado de este pequeño volumen, y por el color de sus páginas, que su dueño lo había convertido en vade-mecum.”

Pero en este malhadado siglo XXI, nos encontramos que un sacerdote que las va de “sabio” afirma tenerle “tirria” (sic) al Kempis. Y no contento con eso dedica varios de sus sermones a despotricar contra este santo libro que tanto bien ha hecho y sigue haciendo, menoscabándolo ante sus feligreses.

Así, en medio de sus sermones furibundos ha dicho cosas como éstas:

“¡El clero ignaro, ignorante…la ignorancia exegética del clero! ¡Claro, educado a hacer sermones espirituales de moralinas, sin doctrina, y bue…! Es decir, hacer de los sermones novelitas de devoción, al estilo Kempis…hay que ser espiritual y la espiritualidad está en la babosería voluntarista sin doctrina…”

“¡El Kempis…que es de la devotio moderna! ¡De ahí sale el Protestantismo, de ahí sale Erasmo de Rotterdam, de ahí sale Lutero! ¡¡¡De ahí sale toda esa mentalidad de Nibelungos germánicos subjetivistas protestantes antiromanos antilatinos!!! ¡Anticristianos! Por eso les llamo los indios de ojos azules (…) Entonces no es la beatería voluntarista  ¡¡¡o rezar un chorizo de letanías!!! (…) ¡Es puro voluntarismo!  ¡Porque yo tengo que iluminar la inteligencia con la verdad de la luz divina!  ¡Para que la voluntad se mueva una vez que conoce y ama así lo que conoce! ¡Si yo invierto el proceso estoy destruyendo la religión, la verdad! ¡Y eso ha pasado dentro de la Iglesia católica por culpa del clero voluntarista, nominalista adobado con el Kempis durante años! ¡¿Y acaso no tenemos ejemplo de eso en Econe, donde todos los días una lectura de un pasaje del Kempis?! ¡Y bueno! ¡Hasta Monseñor Lefebvre cayó en eso! ¡Y yo me pregunto si no fue eso lo que lo amilanó un poco, a pesar de otros factores! Por eso yo no me amilano. ¡Y como toro bravo me crezco en la lidia!” (acá y acá)

El que, contra todos los santos y religiosos, siente “tirria”, aborrecimiento, fobia contra el Kempis es el cura en estado salvaje P. Basilio Méramo, “compañero de fórmula” del P. Ceriani en la “Radio Cristiandad”. Curiosamente alguna vez el último sacerdote citado se sirvió del buen ejemplo del Kempis en alguno de sus sermones, aunque no parece haberse “amilanado” tanto como Mons. Lefebvre…en fin. Si quien lee el Kempis lo tomara en serio, seguiría a Cristo como lo hicieron aquellos santos que hemos citado y tantos religiosos que a lo largo de la historia se han servido del más eximio libro de espiritualidad y el que más ediciones tiene después de la Sagrada Escritura.

Pero ocurre que algunos, que para darse por sabios ante el pueblo no instruido, caen en un petulante “intelectualismo”, simplifican mayúsculamente el tema de la devotio moderna, y achacándole al Kempis cosas que no le corresponde, se vuelven “ilustrados” y “teólogos” de tribuna deportiva, volcándose a un intelectualismo ayuno de caridad que sólo sirve para inflarse a sí mismos en nombre de la “luz” y la  “verdad”. Si alguien se priva de leer a Santo Tomás, ¿la culpa la tiene Tomás de Kempis? Si alguien se vuelve liberal, ¿la culpa la tiene la “Imitación de Cristo”? El hecho es que la devotio moderna, en que participa Kempis, resulta de un desencanto con la ciencia teológica, entonces en manos de bárbaros: los nominalistas. No conocía a Santo Tomás sino de oídas, porque el tomismo estaba eclipsado en las universidades, por eso tal vez la referencia negativa de Kempis a la ciencia; pero no deja de estar enteramente en la línea evangélica de crítica de la vanagloria de la ciencia de los hombres, que no es más que soberbia. Además, aunque nacida en el vacuo de la verdadera teología, la Imitatio es sin imitación: una perla, surgida de la encarnadura de las enseñanzas de la Sagrada Escritura en la vida fervorosa y ascética de un santo religioso. Todas las comunidades religiosas tradicionales la tienen presente en la lectura cotidiana en el refectorio (y no sólo Econe como parece dar a entender el citado cura, además si la Neo-Fraternidad está cayendo no es por leer el Kempis, sino por no comprenderlo o no ponerlo por obra) y sus consejos alimentan la más pura devoción a Cristo. Es parte de la cristiandad y de la misma tradición.

jueves, 30 de octubre de 2014

APUNTES DESDE LA TRINCHERA






La pasión de la verdad      

"Sólo en la verdad se puede fundamentar una verdadera grandeza; sólo diciéndola se puede caminar a ella. Hoy día estamos tan sumergidos en mentiras que el amor a la verdad representa una especie de martirio, y conduce al martirio real cuando se vuelve verdadera pasión; y la verdad se vuelve pasión en todos aquellos que se abren al espíritu de Dios". Esto dijo el Padre Castellani.
Pero en los que no se vuelve una pasión, la verdad se vuelve tal vez –y como mucho- una afición, algo con lo que se puede juguetear un rato cada día, sin que comprometa demasiado en el resto de la vida. Esta es una forma muy fácil de engañarse. Publicamos en la Internet algunas frases o citas combativas, filosas, inteligentes, católicas apostólicas y romanas, o hacemos o concurrimos a conferencias y charlas, a jornadas de formación o presentación de libros, o armamos videítos o archivos que reenviamos, y con eso nos creemos cumplidos y a otra cosa. Eso es algo que cunde mucho en la línea media y que la FSSPX le ha copiado a ésta. Se hacen conferencias y ciclos “esplendorosos” sobre la Cristiandad, sobre el Liberalismo, se lo condena con los Papas de la Iglesia pre-conciliar…muy bien, pero…pero después se actúa como liberal, se piensa como liberal y… se “duerme” como liberal. Hay por allí muchos grupos y sub-grupos que a su vez se dividen en otros grupos más pequeños, nacionalistas, líneas-media, congregaciones pseudotradicionales, “castellaneanas”, etc. que no van más allá de esto. Furibundas críticas al liberalismo, pregones tradicionalistas, iniciativas muy lindas pero que no comprometen la vida entera de nadie, y después por una verdad que incomoda o despatarra toda esa estructura ideológica…el silencio, el desdén, el encierro en la propia morada confortable de la congregación, la capillita, el grupo de estudios o el sitio web. La confusión lo invade todo y el espíritu liberal –a veces disfrazado de “Tradición”- se inmiscuye en los ambientes que parecían o se creían blindados. “Somos adultos y no necesitamos censuras ni reconvenciones”, dirán algunos. “Estamos sinceramente comprometidos en esta lucha”, se ufanarán otros. “No puedo hacer más” dirán otros más bien distraídos, y unos cuantos se contentarán con obedecer ciegamente, sin animarse a pensar. Pensamiento tradicional y conducta liberal. Fustigar a la Masonería y aceptar el secretismo y la obediencia ciega de los superiores. Mentar el martirio y sonreírle al Jefe de la secta modernista. Facilidades por todos lados, orgullos que no esperan ni desean esa “especie de martirio” que representa el amor a la verdad. Mediocridad. Hasta ahí llegamos. Conferencias, cursitos, charlas de café y tertulias: eso “demuestra” nuestro combate. Sí, muy bien, muy meritorio, pero muéstrame tus heridas. Muéstrame lo que has perdido en el camino. Muéstrame lo que has resignado, muéstrame los que te han abandonado o negado la palabra. Muéstrame los que te han rechazado, los que debiendo ayudarte te han olvidado o te han perseguido, y entonces sabré que tu compromiso no se ha quedado en las palabras, sino que ha tomado tu vida entera y quieres ser otro Cristo. Amor a la verdad, qué fácil se proclama, qué difícil se vive. Cristo, misericordia de nosotros.



El odio a la mentira

Se dice que se ama la verdad, pero no se odia lo suficiente la mentira. Porque esto último es lo que al mundo de verdad le repugna. El mundo está dispuesto a aceptar una verdad, mientras ésta no sea exclusiva y no comprometa su mentira. Ahora bien, cuando esa verdad se torna intransigente con la mentira, esté esta donde estuviere y se disfrace como se disfrazare, allí surge el rechazo por quien no quiere someterse ni a la sombra de la mentira. Quien ama el vino puro de la verdad se torna un fanático para quien en alguna u otra medida hace compromisos. Se vive fácil del martirio ajeno. Claro que nadie tiene derecho a exigirle a nadie sino sólo a sí mismo por amor a Dios, todo el sacrificio que Dios quiere le demos como correspondencia a su entero amor por nosotros.
El problema está en que la mayoría (habría que recordar lo que dijo el P. de la Cloriviere, no?) para no tener problemas con la autoridad, prefieren tener problemas con la verdad. Por eso se quedan en el molde. Y al que dice demasiado la verdad lo prefieren lejos, donde no interfiera con su piadosa tranquilidad de vida (esto también ya lo dijo Ernest Hello), que ya bastante problemas tiene. Con esto se olvidan que Cristo N.S., que los Apóstoles, que los Mártires y los Santos todos tuvieron en algún momento de sus vidas problemas con las autoridades, ya sean políticas, de la Iglesia o de su misma congregación, o incluso de su propia familia. Y debieron elegir entre afirmarse en la verdad a costa de perder la tranquilidad de sus vidas, o permanecer en cierta tranquilidad de sus vidas volviéndose tibios y cobardes. Que Dios nos conceda el saber valorar el don de la verdad para hacer que nuestra vida sea verdaderamente a imitación de la Suya. 


A los nacionalistas

“NO HAY REMEDIO, hay que decir a los ''nacionalistas" grandilocuentes y efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga. "No hay remedio, no se aflija: Vd. fórmese, cíñase tranquilamente a su trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna. —¿Y la política?— Déjela: los jóvenes no son aptos para la política, por carecer de experiencia. —Pero yo trabajo además de periodista, tengo una audición radial, y estudio historia revisionista. —Puede tomar eso como violín de Ingres al margen de sus estudios de medicina, o de lo que sean,  —-Pero tenemos que tener ideas, tenemos que luchar por el porvenir, por el bien común, por la patria. —Lo único que puede Ud. hacer por la patria ahora es hacerse un hombre — para dentro de 10 años. Déjense de fundar diaritos, de "homenajear" la Vuelta de Obligado y de asistir a conferencias esplendorosas. . . Todo eso está resabido. —Pero ¿no puedo leer libros de política? —Como distracción: aquí tiene, le regalo estos dos: Satán en la Ciudad de Bigne de Villeneuve y Política de Santo Tomás de Bouillon.
El consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse mejor cristiano. "A Dios rogando y con el mazo dando". —Justo: pero primero alcanzar a Dios que te dé el mazo; ahora no tienes ningún mazo.” (P. Castellani, Revista Jauja N° 12).



Apóstoles y obispos

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL HOMBRE CORRECTO, EL CABALLERO Y EL «DANDY» - IGNACIO B. ANZOÁTEGUI





Un hombre correcto es un personaje cuyo primer pecado consiste en crearse un tipo. No su primer error — porque un determinado hombre correcto puede, efectivamente, ser el tipo del hombre correcto—, sino su primer pecado: un pecado de orgullo que, como todos los pecados de esta clase, es un pecado de decadencia.
Así como no conviene que el hombre esté solo, tampoco conviene que esté acompañado de sí mismo, porque corre el riesgo de conten­tarse consigo mismo, que es el más seguro camino de la tontería. El conocerse es el no conformarse; el contemplarse —que es lo que ha­ce el hombre correcto — es el complacerse. El «conócete a ti mismo» de Sócrates es el «avergüénzate de tu miseria» que nos enseña el Cristianismo. Conocerse es prepararse para intentar la reconquista y no contentarse con festejar una mentida conquista. Es no acicalarse, sino rehacerse; rehacer la humanidad para liberarse de la inhumani­dad; hacer para volver a ser, para ser lo que se tiene la insobornable obligación de ser, y no para conformarse con seguir siendo.
Dejar hacer, dejar pasar. Tal es la actitud del hombre correcto. Dejar que los demás hagan y pasen, sin complicarse y sin compro­meterse en su hacer y en su pasar. Dejar que los demás se jueguen su vida entre las nubes doradas de la virtud gozosa o entre los anu­barrados gozos de la virtud doliente; dejar que los demás se jueguen su muerte entre la podredumbre de una alegría comprada o entre la podredumbre de una tristeza que ni siquiera tiene los medios para comprar un poco de alegría podrida. Dejar y siempre dejar. El hombre correcto es el perfecto extranjero en su propia patria. No el extranjero que se azora con su extranjeridad, sino el que la adopta y se aferra a ella como quien adopta y se aferra a un empaque de superioridad. Y, en realidad, la única superioridad del hombre correcto es su aislamiento: un aislamiento grotescamente suficiente, que le autoriza a arrogarse un título de hombre correcto por el mero hecho de respetar ciertas restricciones impuestas por la sociedad de los hombres correctos, desde la prohibición de expedir cheques sin provisión de fondos hasta la prohibición de salir en camisón a la calle durante un ataque de sonambulismo.
El hombre correcto es hombre correcto sólo porque es un hombre vegetativamente conforme con su propio ser: el producto más acabado de una sociedad que —por vegetativa y conformista— condena necesariamente a sus miembros al aislamiento; el producto de una sociedad que se conforma con la moral y, elevando su moral a la categoría de dogma, vive vegetativamente feliz en su dogma vegetal. Una sociedad que funda toda su paz y toda su confianza en la burocratización del hombre necesitado de un orden, de un orden pequeñamente burgués —y, por pequeño y por burgués, anticristiano—, que permite al hombre refugiarse en la corrección para desentenderse de la santidad; de ese mínimum de santidad que nos reclama constantemente y que constantemente nos perdona, que nos recuerda nuestra obligación de escuchar su llamada y nos consuela de la desesperación de no haberla seguido; ese mínimum de santidad que sólo puede comprender quien ha intentado llegar al máximum y quien no ha alcanzado a llegar al mínimum.

lunes, 9 de septiembre de 2013

VIVIR LA LUCHA



“Ha llegado el momento de recordar al hombre que su ocupación sobre la tierra no es la de vivir la vida sino la de vivir la lucha. Y para luchar es necesario saber que el enemigo existe y que se llama el Diablo.”


Ignacio B. Anzoátegui