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viernes, 16 de octubre de 2020
sábado, 22 de agosto de 2020
miércoles, 13 de mayo de 2020
martes, 12 de mayo de 2020
domingo, 3 de mayo de 2020
martes, 18 de julio de 2017
miércoles, 16 de noviembre de 2016
500 AÑOS DESPUÉS, DE RODILLAS ANTE LUTERO
Lo decimos con
profundo dolor. Se diría que es una nueva religión la que ha surgido el pasado
31 de octubre en Lund durante el encuentro ecuménico entre el papa Francisco y
los representantes de la Federación Luterana Mundial. Una religión cuyos puntos
de partida están claros pero su meta es oscura e inquietante.
La consigna
que más ha resonado en la catedral de Lund es la necesidad de un «camino
común» que lleve a católicos y luteranos a pasar «del conflicto a la
comunión». Tanto el papa Francisco como el pastor Martin Junge, secretario de
la Federación Luterana, aludieron en sus respectivos sermones a la parábola
evangélica de la vid y los sarmientos. Los católicos y los luteranos serían
ramas secas de un mismo tronco que no lleva fruto a causa de la separación de
1517. Pero nadie sabe cuáles serían esos «frutos». Lo que por el momento
parecen tener en común católicos y protestantes no es sino una profunda crisis,
si bien por causas diversas.
El luteranismo
ha sido uno de los principales factores de secularización de la sociedad
occidental, y hoy en día agoniza por la coherencia con que ha desarrollado los
gérmenes de disolución que llevaba en sí desde su nacimiento. A la vanguardia
de la secularización han estado los países escandinavos, a los que durante
mucho tiempo se ha considerado un modelo para nuestro futuro. Pero Suecia,
después de transformarse en la patria del multiculturalismo y de los derechos
homosexuales, es actualmente un país en el que apenas el 2 % de los luteranos
son practicantes, mientras que el 10% de la población sigue la religión
islámica.
Por el
contrario, la Iglesia Católica atraviesa una crisis de autodemolición por haber
abandonado su Tradición para abrazar el proceso de secularización del mundo
moderno, precisamente mientras éste se descomponía. Los luteranos buscan en el
ecumenismo un soplo de vida, y la Iglesia Católica no advierte en dicho abrazo
el hálito de la muerte.
En la
ceremonia de Lund se ha afirmado también: «Lo que nos une es más de lo que nos
divide». Pero ¿qué es lo que une a católicos y luteranos? Nada salvo el
bautismo, que es el único de los siete sacramentos que reconocen los luteranos.
En realidad, para los católicos el bautismo limpia el pecado original, mientras
que para las luteranos no puede eliminarlo, porque para ellos la naturaleza
humana es radicalmente corrupta y el pecado es invencible. La fórmula de
Lutero «peca mucho pero cree mucho más» sintetiza su pensamiento. El
hombre es incapaz de hacer el bien y no puede sino pecar y abandonarse
ciegamente a la misericordia divina. De un modo arbitrario e inapelable, Dios
decide quien se salva y quien se condena. No existe la libertad, sino tan sólo
la rigurosa predestinación de los elegidos y los condenados.
viernes, 22 de julio de 2016
FRANCIA - II
Niza:
la guerra de religión continúa
Tiene
razón el papa Francisco cuando, desde hace más de un año, afirma que ya ha
empezado la tercera guerra mundial, que se está librando en pequeños episodios
aislados. Pero es preciso añadir que se trata de una guerra de religión, porque
los móviles de quienes la han declarado son religiosos, y hasta los homicidios
que se perpetran en su nombre son de índole ritual.
Francisco
ha calificado la masacre de Niza de acto de violencia ciega. Ahora bien, la
furia homicida que indujo al conductor del Tir a sembrar la muerte en el paseo
marítimo no fue un acto irracional de locura: fue fruto de una religión que
incita al odio e instiga a la violencia. Los mismos móviles religiosos
desencadenaron las matanzas del Bataclan de París, de los aeropuertos de
Bruselas y Estambul y del restaurante de Dacca. Ninguno de estos atentados, por
muy bárbaros que sean, son ciegos, sino que forman parte de un plan lúcidamente
expuesto por el DAESH en sus documentos.
El
portavoz del Daesh, Abu al-Adnani, en una grabación difundida en Twitter a
fines de mayo, lanzó un llamamiento a asesinar en Europa en nombre de Alá con
estas palabras: «Rómpele la cabeza con una piedra, asesínalo a cuchilladas,
atropéllalo, arrójalo de un lugar elevado, estrangúlalo o envenénalo». Y el
Corán no se expresa de modo diferente al hablar de los infieles. Lo que sí es
síntoma de locura ciega es seguir cerrando los ojos a esta realidad.
Nos
engañan haciéndonos creer que la guerra que se está librando no la ha declarado
el islam contra Occidente, sino que es una guerra intestina del mundo musulmán,
y que la única forma de salvarse es ayudar al islam moderado a derrotar al
fundamentalista. Pero hablar de islam moderado es caer en una contradicción,
porque si los mahometanos se secularizan e integran en la sociedad occidental,
dejan de ser musulmanes o se vuelven musulmanes no observantes, malos
musulmanes. Un verdadero musulmán puede renunciar, por oportunismo, a la
violencia, pero siempre considerará legítimo hacer uso de ella con los
infieles, porque así lo enseña Mahoma.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
UN SIMIO EN SAN PEDRO
El 8 de diciembre pasado tuvo lugar en Roma un
detestable sacrilegio a la basílica de San Pedro, el que fue placenteramente
contemplado por el papa Francisco desde la ventana de sus aposentos, y al que
en nuestro país no le dimos, me parece, la importancia simbólica que tuvo.
Pueden ver el espectáculo aquí.
Todas las profecías sobre los últimos tiempos y
sobre los falsos profetas que lo poblarán hablan de las asombrosas magias que
éstos serán capaces de hacer a fin de encandilar a las multitudes. Y el
espectáculo de luz y sonido que se vio era mágico: parecía que
realmente la basílica se poblaba de enormes bestias salvajes y se inundaba por
oceánicas corrientes de agua.
Nuestros amigos italianos, particularmente dotados
de sensibilidad para estos temas, han reaccionado con firmeza y claridad frente
a tamaña profanación. Les dejo la traducción de los párrafos más sobresalientes
de los artículos de Roberto De Mattei, Antonio Socci y Alessandro Gnochi:
Durante el show, pagado por el
Banco Mundial, las imágenes de gigantescos leones, tigres y leopardos se
superpusieron a San Pedro, que se levanta justamente sobre las ruinas del circo
de Nerón, donde las bestias salvajes devoraban a los cristianos. Gracias al
juego de luces, la basílica parecía derrumbarse, disolverse y sumergirse en el
agua, mientras sobre su fachada aparecían peces payaso y tortugas marinas, casi
evocando la liquefacción de las estructuras de la Iglesia, privadas de
cualquier elemento sólido. Una enorme lechuza y extraños pájaros volaban sobre
la cúpula, mientras monjes budistas marchando parecían indicar un camino de
salvación alternativo al cristianismo. Ningún símbolo religioso, ninguna
referencia al cristianismo, la Iglesia cedía el paso a la naturaleza soberana.
Cuando hace cincuenta años se
concluía el Concilio Vaticano II, el tema dominante de ese hecho histórico
parecía ser un cierto “culto del hombre”, encerrado en la fórmulahumanismo
integral de Jacques Maritain. El libro del filósofo francés que lleva
ese título es de 1936, pero su influencia se da sobre todo cuando uno de sus
más entusiastas lectores, Juan Bautista Montini, convertido en Papa con el
nombre de Pablo VI, quiso hacerlo una brújula de su pontificado. El 7 de
diciembre de 1965, en el homilía de la Misa, Pablo VI recordó que en el
Vaticano II se había producido el encuentro “entre la religión del Dios que se
ha hecho hombre” y la “religión (porque eso es) del hombre que se hace Dios”.
Cincuenta años después, asistimos
al pasaje del humanismo integral a la ecología integral, de la Carta de los
derechos del hombre a la de los derechos de la Naturaleza. En el siglo XVI, el
humanismo había rechazado la civilización cristiana medieval en nombre del
antropocentrismo. El intento de construir la ciudad del hombre sobre las ruinas
de la ciudad de Dios falló trágicamente en el Novecientos, y de nada sirvieron
los intentos de cristianizar el antropocentrismo bajo el nombre de humanismo
integral. A la religión del hombre se la sustituye por la de la tierra; al
antropocentrismo, criticado por sus “desvíos”, se lo sustituye por una nueva
visión eco-céntrica. La teoría del género, que disuelve toda identidad y toda
esencia, se inserta en esta perspectiva panteísta e igualitaria. (Roberto
de Mattei).
“Un espectáculo inconcebible en la
plaza de San Pedro; una afrenta a la basílica símbolo de la catolicidad”,
escribía Riccardo Cascioli, director del diario católico online Nueva
brújula cotidiana.
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