jueves, 18 de mayo de 2017

LA NEO-FSSPX EN UN TEMPLO DEL ANTICRISTO





¿Pues qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O en qué coinciden la luz y las tinieblas? ¿O qué concordia entre Cristo y Belial?

(II Cor, 6,14-15)


 …“tienen boca, pero no hablan;
tienen ojos, mas no ven”

(Sal. 113,5)




Tuvimos la fortuna de poder visitar recientemente el santuario de la Sma. Virgen de Lourdes. Conocimos el lugar sagrado donde nuestra Madre del Cielo, la Madre de Dios, apareció a Santa Bernadette en 1858.  Apreciamos en nuestro encuentro con la historia, los templos benditos que la Iglesia realizó para ofrendar a la Sma. Virgen, como signo de acatamiento y honor. Particularmente nos impresionó el magnífico Via Crucis en lo alto de la colina, magnífica obra de arte que, por cierto, no tiene nada de ecuménico sino que más bien recuerda con insistencia el ultraje judío contra Nuestro Señor. ¡Oh, es que tan pocos lo visitan, y tan pocos tiene ojos para ver!  “…óculos habent, et non vidébunt” (Sal. 113, 5).

Pero también pudimos constatar el odio satánico vertido por los ocupantes de la Iglesia en la actualidad, los herejes modernistas, que, no pudiendo destruir todo aquello, han buscado desvirtuarlo, desfigurarlo, falsificarlo y transformarlo, para uso de su nueva religión. Así es como debimos sufrir observando los mosaicos horrorosos realizados para evocar los “misterios luminosos” del nuevo rosario de Juan Pablo II (expresión de la nueva teología del misterio pascual que reduce la importancia de la cruz en la salvación), obra de Maiko Iván Rupnik. Son figuras grotescas, ridículas, con inmensos ojos negros, nuevo arte que ha impuesto para su iconografía la iglesia modernista del Vaticano II, que ha formado fieles –o adeptos- con ojos que no ven: “…óculos habent, et non vidébunt” (Sal. 113, 5):




También pudimos ver una “iglesia” de Santa Bernardita que no es otra cosa que una pirámide truncada o incompleta, símbolo masónico por excelencia:



Pero hay algo que se lleva las palmas, en este arte esotérico anticatólico, instalado en medio de tan sagrado santuario. Nos referimos a la Basílica subterránea (¡!) San Pío X. Fue consagrada el 25 de marzo de 1958 por el Cardenal Roncalli, futuro Juan XXIII. Como vemos, el enemigo modernista ya estaba bien presente en la Iglesia antes del diabólico concilio.


Obra de los arquitectos Pierre Pinsard, André Le Donne y Pierre Vago (este último es el responsable de la moderna basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe en México), se trata a primera vista de un garaje para automóviles subterráneo de inmensas dimensiones (191 metros de largo por 61 metros de ancho), pero que mirado con más atención nos representa una barca invertida o, también, el gran vientre de una bestia. Publicamos debajo algunas fotografías que hemos tomado dentro del “vientre de la bestia”:




El altar, decorado con fuego que viene desde abajo :



El Via Crucis infernal:








Desde donde se lo mire, el templo representa una pirámide masónica, 
con el altar en el centro:



Ahora bien, esta basílica no tiene nada de católico, excepto algunos afiches con imágenes de santos y una imagen de San Pío X, arrinconada en un oscuro corredor de la plataforma superior que rodea al templo. Sin embargo, todos los años la Fraternidad San Pío X celebra allí una misa, cuando va en peregrinación al santuario de Lourdes. Todos los años la Neo-Fraternidad pretende alabar a Dios tolerando esas infamantes imágenes diabólicas, ese simbolismo infernal, esa arquitectura masónica, tan sólo cubriéndolos con un paño, mirando para otro lado, disimulando, pretendiendo que de esa forma se puede convivir con el enemigo, “permaneciendo como somos”, como le gusta repetir a Mons. Fellay.

Misas de la Fraternidad San Pío X en el horroroso templo:












Aclaremos sobre esto último que ciertos necios sedevacantistas, miembros de la “Iglesia perimida”, han utilizado estas misas celebradas allí para manifestar su desprecio por lo que llaman despectivamente “lefebvrismo”, como si el gran Arzobispo tuviera algo que ver con quienes llevan a cabo su traición. Porque no olvidemos que en aquel “permanecer como somos” Mons. Lefebvre estaba mencionando la irreductibilidad e intransigencia ante los errores liberales y modernistas, lo que se vio en su acción: rechazo de todo acuerdo o conciliación que lo llevaron a ser “excomulgado” por los que él llamó anticristos romanos, a la vez que rechazo del error sedevacantista. Quienes hoy promueven tales acuerdos con los modernistas están lejos de poder ser llamados “lefebvristas”. Y el “permanecer como somos” les será concedido, porque son otra cosa que aquello que quiso Mons. Lefebvre, auténtico seguidor de San Pío X. Y si es cierto que en una primera oportunidad quienes asistieron a tal misa en la basílica pudieron ser tomados por sorpresa, sin embargo las autoridades y sacerdotes de la Fraternidad no pueden ni deben desconocer qué significado o alcance puede tener la existencia de semejante “basílica subterránea” que no está hecha para adorar al Dios Uno y Trino, sino al dios de los masones, es decir, al diablo. La arquitectura en sí es una expresión de la fe que se profesa. Las nuevas iglesias y basílicas modernistas (Guadalupe, Fátima, Pietrelcina) no expresan el misterio de la Cruz de Nuestra redención, sino otra religión. Ellos ocupan la Iglesia y construyen, a la par de los magníficos templos del esplendor católico, sus guaridas. ¿Acaso no recordamos que cuando fueron llevadas unas “reliquias” de Juan Pablo II al santuario, se produjo una catastrófica inundación, al punto que las aguas cubrieron la gruta? Véase debajo una imagen del castigo dentro de esta basílica subterránea:


Pues bien, agreguemos que hay, en una sala lateral, muy cercana al “altar” del templo, una reliquia de “san” Juan Pablo II, rodeada de iconografía extraña y horrenda:




Cerca de esa reliquia, y haciendo gala de su gran tolerancia masónica (San Pío X y “san” Juan Pablo II, juntos, ¿por qué no?), la Neo-FSSPX celebra sus misas.

Dijimos también que hay una imagen de San Pío X en esta barca invertida, y no dudamos que el haberle puesto su nombre a la basílica es una afrenta deliberada perpetrada contra el gran enemigo del modernismo. La imagen de San Pío X junto a unos niños (ver debajo) permanece para ser ultrajada ante las ceremonias practicadas en el gran templo por los modernistas. Pero también es un símbolo de lo que será la Fraternidad San Pío X una vez del todo ingresada y “reconocida” en la iglesia conciliar: tendrá su oscuro rincón, donde no inquiete a nadie, como una estatua, sin que pueda impedir la prosecución de la diabólica neo-religión conciliar.

S. Pío X en un rincón, como una especie de rehén que observa cómo los modernistas que tanto combatió destruyen la religión católica.

¿Podemos entonces sorprendernos de que la FSSPX haya edificado en Madrid una iglesia horrorosa, de la que ya nos hemos ocupado (ver acá y acá)?

Usamos otra vez el sentido acomodaticio del salmo, para afirmar, ante el silencio abrumador en la FSSPX:

« Os habent , et non loquéntur;
óculos habent, et non vidébunt ».



 Plano del santuario de Lourdes: pueden verse claramente las diferencias entre la basílica antigua y la moderna: una es católica, la otra parece un “ojo de reptil”. ¿Cuál es católica y cuál no?






“Incorporar formas modernas en las iglesias es el resultado de varios factores, todos ellos negativos. Convertirse al arte moderno es convertirse a la mentalidad moderna. Convertirse al mundo moderno que se aleja más y más de Dios. Sus formas artísticas están adecuadas a su mentalidad. El efecto que producen es aquél para lo cual que fueron conformadas. (…) Comenzar creyendo que las formas artísticas modernas son indiferentes, inofensivas, o neutras para el culto, es desconocer la naturaleza profunda del hombre. Es no haber aprendido nada sobre el mal que religiosamente han producido - y que salta a la vista - desde hace muchos años. El mundo es quien debe convertirse a Dios, no los creyentes convertirse al mundo. Eso es apostasía. Si la jerarquía eclesiástica, hasta en sus más altas puestos, ha consentido con esto, es porque ha pactado con el mundo y apostatado de Dios, para su propia destrucción. Y, quienes le sigan, perecerán también con ellos”. (Alberto M. Borromeo, Las formas artísticas y el arte sacro)