Hay
fariseos que indudablemente disimulan y se arrodillan. Otros que lo hacen pero
se los ha visto –como a Benedicto XVI- que en el momento de la adoración a la
Cruz aproximaba su cara al crucifijo pero evitaba besarlo. Hay también fariseos
entre los tradicionalistas y también de los que se presentan como “superrresistentes”.
Pero el caso de Bergoglio los supera a todos. Habitualmente no hace nunca
genuflexión después de la consagración, solo una ligera inclinación. En la ceremonia Novus Ordo de Corpus Christi ni siquiera hace una inclinación tras la consagración
del pan. Y pese a que le habían colocado un mullido reclinatorio delante del Santísimo Sacramento, optó por no
arrodillarse nunca. De hecho en estas ceremonias se lo ve siempre con otro
semblante del habitual, como abrumado y torturado interiormente, deseando escapar
de una situación a la que se siente sometido y de la que es prisionero. Esto
puede observarse en el video incluido debajo, con la ceremonia completa.
Recordamos que en la Parábola del Fariseo y el Publicano, Nuestro Señor nos presenta
a un fariseo que se queda de pie, sin "rebajarse" a hincar sus rodillas.