lunes, 27 de febrero de 2017

LA TRAICIÓN DE LA FSSPX - I





“El simple buen sentido indica –y la experiencia confirma- que es actualmente imposible vivir plenamente y defender la fe católica estando aprobados por la Roma conciliar. Después de las consagraciones episcopales de 1988, Roma ha concedido la celebración de la antigua liturgia a algunas comunidades, mas ellas han debido en contrapartida reconocer la nueva misa como un rito plenamente legítimo y abstenerse de toda crítica acerca del Vaticano II. Han debido aceptar (o al menos, no criticar) la libertad religiosa y el ecumenismo. Un tal silencio constituye, en sí, una complicidad culpable”.
(CATECISMO CATÓLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA, P. Matthias Gaudron, FSSPX. Versión francesa, Editions du Sel, 2014)

La misma Fraternidad confiesa lo que ahora en los hechos niega. El simple buen sentido y la experiencia parecen ya no contar. La experiencia confirma que Francisco es el más maquiavélico de los últimos papas, quien más se ha ensañado con los tradicionalistas y quien más allá llega con la devastación de la Iglesia. ¿Por qué habría de tener, entonces, una preocupación especial porque la Fraternidad San Pío X despliegue su apostolado tradicional en aquellos fieles que él quiere llevar al superecumenismo masónico de la nueva religión mundial? Por otra parte, con la declaración doctrinal de 2012 la Fraternidad ha reconocido la legitimidad de la nueva misa, y las críticas contra el Vaticano II han sido cada vez más débiles, más tenues y más espaciadas.

“Las comunidades que han obtenido la liturgia tradicional a cambio de su silencio sobre los errores del Vaticano II son en particular la Fraternidad San Pedro (…), el Instituto Cristo Rey (…), la abadía benedictina de Barroux (…), la Fraternidad San Vicente Ferrer en Chémere (…), el Instituto de Opus Mariae (…), los dominicanos enseñantes de la rama de Pontcallec (…) y, en fin, más recientemente, la Fraternidad San Juan María Vianney de Campos en Brasil (dirigida por Mons. Rifan, y acuerdista desde 2002). Estas comunidades son generalmente designadas bajo el nombre global de “comunidades Ecclesia Dei”.
(CATECISMO CATÓLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA, P. Matthias Gaudron, FSSPX. Versión francesa, Editions du Sel, 2014)

Todas las comunidades que denuncia aquí la Fraternidad han debido conceder algo a Roma a cambio de la liturgia tradicional. Nuevamente, ¿por qué la Fraternidad San Pío X recibiría un tratamiento mejor que las otras y no concedería nada a cambio (como de hecho ya lo hizo)? ¿Acaso porque Roma es más débil que antes? ¿No se ve, por el contrario, que la demolición en la Iglesia es más fuerte que antes con Francisco, y que todas esas comunidades Ecclesia Dei no han podido impedir en ningún modo este avance de los impíos modernistas? De hecho la propia FSSPX ha dejado de criticar a las comunidades Ecclesia Dei, confraternizando con ellas. Recordemos, de paso, que estas comunidades se denominan así porque dependen de la comisión del mismo nombre, fundada en Roma luego de las consagraciones episcopales de 1988, para rescatar a aquellos que salieron de la FSSPX.  Ecclesia Dei es el nombre del infamante documento que “excomulgó” a Mons. Lefebvre.

“Las consagraciones de 1988 han contribuido a salvar la Tradición católica no solamente asegurando la transmisión del sacramento del orden –y por lo tanto la misa y sacramentos tradicionales- sino también protegiendo de los errores conciliares una pequeña parte del rebaño de la Iglesia. Sin embargo esos errores conciliares continúan devastando la Iglesia, y ellos reinan en Roma misma.  Para continuar protegiéndose eficazmente, es por lo tanto necesario guardar las distancias con las autoridades romanas. La victoria definitiva está aún por venir”.
(CATECISMO CATÓLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA, P. Matthias Gaudron, FSSPX. Versión francesa, Editions du Sel, 2014)

¿Es que acaso la prelatura concedida por Francisco sería la “victoria final” que estaba por venir?  La Fraternidad ya no piensa que haya que guardar distancias con las autoridades romanas, porque parece que es infalible e “inhundible”… como el “Titanic”.

“En tiempos de epidemia, la más elemental prudencia exige separar estrictamente los enfermos de los sanos. Una cierta comunicación es indispensable (para curar a los enfermos), mas ella es limitada lo más posible y en torno de grandes precauciones. Es lo mismo en la situación actual: no podemos frecuentar de manera habitual las autoridades conciliares sin exponernos a contraer sus errores. El ejemplo de las comunidades Ecclesia Dei es la prueba manifiesta”.
(CATECISMO CATÓLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA, P. Matthias Gaudron, FSSPX. Versión francesa, Editions du Sel, 2014)

Con la prelatura, los obispos y sacerdotes de la Fraternidad se verán obligados a tener frecuentes contactos con los obispos diocesanos y curas modernistas, cuya predisposición hacia la tradición no es ni será amistosa en la mayoría de los casos. Nuevamente, el contagio de las comunidades Ecclesia Dei es, como dice el P. Gaudron, la prueba manifiesta. Dijo Dom Gueranger: “Uno de los medios de conservar la fe, una de las primeras marcas de unidad, es la huida de los herejes”.

“La situación de las comunidades Ecclesia Dei que son constreñidas a abandonar más y más la doctrina tradicional, y que, sin embargo, no son aceptadas más que con muchas restricciones en las diferentes diócesis confirma evidentemente la existencia de este “estado de necesidad” que invocó Mons. Lefebvre para justificar las consagraciones de 1988. Hoy como entonces, es imposible a aquellos que quieren defender hasta el fin la fe católica meterse entre las manos de autoridades que contradicen o relativizan esta fe católica. Es por eso por lo que las “discusiones doctrinales” demandadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben preceder las soluciones prácticas. Mas esta situación no durará indefinidamente. Nuestro Señor lo ha prometido: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt. 16,18)”.
(CATECISMO CATÓLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA, P. Matthias Gaudron, FSSPX. Versión francesa, Editions du Sel, 2014)

Hoy como entonces, es imposible a aquellos que quieren defender hasta el fin la fe católica meterse entre las manos de autoridades que contradicen o relativizan esta fe católica”. Suficientemente claro. Estas autoridades de hoy, tal vez más que ningunas, contradicen la verdad católica cada vez más explícita y escandalosamente. Y no sólo la contradicen, sino que la desprecian y la combaten, favoreciendo a nuestros enemigos. ¿Alguien en la Fraternidad se atrevería a negarlo? Y cuando se dice que las discusiones doctrinales deben preceder a las soluciones prácticas, quiere decirse que sin coincidencia doctrinal no puede haber acuerdo práctico. Mas el imprudente Mons. Fellay ha desechado todo esto, dejando de lado la cuestión doctrinal –que separa absolutamente a los católicos de los modernistas- haciendo creer que los modernistas quieren verdaderamente discutir el concilio, cuando una y otra vez repiten que para ellos es inamovible. Como queda visto, el imprudente Mons. Fellay desecha lo que ayer sostenía oficialmente la congregación, y con la complicidad por acción u omisión de los obispos y sacerdotes, conduce a la FSSPX a la traición.